Celebraciones
-¡He dicho que hoy no, Emma!- se apartó del tierno beso con cierta dificultad –Déjame dormir…Por favor…- pidió jadeante.
-Sé que me deseas…- Emma intentó besarla de nuevo. Regina se apartó de inmediato.
-¡Resuelve tus problemas sola! ¡No tengo ganas!- se echó de nuevo, esa vez un poco más hacia el borde de la cama, no podía estar muy cerca de la rubia.
-¡Arrggg!- Emma resopló, cogió la almohada y se la apretó contra la cara -¡Me voy a volver loca!- refunfuñó y se giró hacia el otro lado, necesitaba intentar dormir.
Regina se mantuvo un rato despierta, no conseguía dormir, decidió levantarse y cepillarse los dientes, ya que se había olvidado antes, había comido el pollo con mermelada antes de acostarse. Decidió que tomaría un baño, su cuerpo aún mostraba señales de excitación. No sabía si podría seguir con aquello por mucho más tiempo.
A la semana siguiente, Regina recibió a Jefferson en su despacho, conversó con él, distinguió una mirada diferente en el hombre que había conocido, parecía preocupado. Tenía un excelente currículo, y sabía convencer mejor que nadie, la presidenta decidió ponerlo en la sección de marketing exterior. Jefferson pareció contento, el salario era óptimo, se sintió en deuda con Emma y agradecido por tener una segunda oportunidad, incluso después de haber intentado engañar a la morena. Al salir del despacho de ella, se chocó de cara con Robin.
-¡Vaya, vaya! ¡Si no es el ilustre mercenario en persona! ¿Qué haces aquí? ¿Has venido a intentar otro golpe?- preguntó Robin con desdén.
-¡Todo lo contrario, fuera de la ley! Estoy aquí por trabajo- dijo serio
-¿Qué tipo de trabajo? ¿Puedo saber? Porque aquí no vas a conseguir lo que buscas.
-Ya no formo parte de esa vida, Robin. He sido contratado por tu…hum…¿ex novia? ¡Ah, perdona! Es tu jefa- rió irónico e hizo mención de entrar en el ascensor que se había parado en la planta.
-¿Cómo? ¡Regina solo puede haberse vuelto loca!- estaba indignado –Primero decide quedarse embarazada, después se consigue a una mujer para salir, y para confirmar mis sospechas, contrata a un tipo que intentó robarle
-Ah, viejo amigo…¿Quién es el ladrón aquí?- preguntó más irónico aún. Por lo visto Jefferson de verdad había cambiado, una cosa menos de lo que Emma tendría que preocuparse -¡Daré lo mejor de mí para esta empresa! Nos vemos por los pasillos, amigo- agitó la corbata y bajó las escaleras, ya que el ascensor se había marchado.
Robin se puso más nervioso, ¿cómo Regina contrata a alguien así como así? ¿Sin hablar antes con él? Fue hacia el despacho de la presidenta.
-¿Pero será posible? ¿Vas a entrar siempre sin llamar? ¿Voy a tener que poner seguritas en la puerta, señor Locksley?- descansó los brazos en la mesa, lo miraba seria
-¿Has contratado a Jefferson? ¿Te has vuelto loca?- dijo en tono algo elevado
-¡Ay, Robin! ¿Cuál es tu problema? ¿Desde cuándo tengo que consultarte para tomar cualquier decisión que tenga que ver con la empresa?- se levantó para coger un documento del cajón
-Bueno, solo estoy un puesto debajo de ti, tienes que comunicarme tales decisiones- dijo convencido
-Muy bien recordado, querido cuñado…- sonrió diabólicamente- Estás por debajo de mí. Tu superior. ¡No te debo ninguna explicación!- encaró al cuñado con la ceja arqueada –Por cierto, busca el documento de la vinícola Encantados en ese cajón, por favor- ordenó educadamente, sin embargo había ironía en su voz. Robin resopló, hizo lo que Regina le pidió y salió, lleno de odio, del despacho, necesitaba hacer algo pronto para no estar subyugado a las órdenes de su cuñada.
Noche del 24 de diciembre
La nieve caía por toda Nueva York, las luces llenaban las calles y los edificios, los árboles derrochaban belleza, los tonos verdes y blancos dejaban todo aún más encantador.
-Me hubiera gustado haber hecho algo sencillo en tu apartamento- se quejó Emma, estaban conduciendo el escarabajo en dirección a la hacienda, la fiesta sería allí. Como su cumpleaños era un día después de Navidad, la familia Swan pasaría la Navidad y el día siguiente en la casa de campo.
Mary invitó a un montón de gente para celebrar el día 26, Emma ni los conocía, David no quería hacer la fiesta tan lejos, pues Mary ya había entrado en el noveno mes y el pequeño Neal nacería en cualquier momento. Sin embargo, Mary siempre conseguía lo que quería.
Emma ya había estado en la hacienda unas horas antes, ella misma había preparado la cena, puesto la mesa, lo único que no había puesto era el árbol, prefirió esperar para montarlo con toda la familia.
Regina pasó por casa de Zelena, llevó regalos a sus sobrinos, a su hermana y también a Robin. Queriendo o no, era la familia que tenía, envió un detalle a la madre, lo hacía todos los años, ya que Cora nunca tenía la intención de celebrar las fiestas al lado de la familia. Quien los reunía era Henry, pero después de su fallecimiento, Cora nunca más pasó las Navidades con las hijas.
-¡Veo perfecto celebrarlo en la hacienda! Es un hermoso lugar…- Regina movía sin parar el cinto, le estaba apretando la barriga.
-¿Te está molestando? Traba aquí…- Emma ayudó a su novia a ajustarse el cinto con una mano, la otra seguía sobre el volante. Cuando terminó, la posó sobre el muslo izquierdo de la morena, que suspiró como si se acordase de algo.
-Roland se enfadó porque no me quedo a la cena…- acarició la mano de la novia que estaba sobre su muslo.
-Podrías invitarlos a que vinieran…- sugirió Emma
-No sé si sería una buena idea- dijo Regina pensativa, Robin era un verdadero estorbo
-Llama, no cuesta nada…- Regina cogió el móvil y le mandó un mensaje a su hermana, que respondió de inmediato. Le dijo que no irían, pues la familia de Robin decidió a última hora pasar por allí. Fue un alivio, no quería ver a Robin, quién diría pasar tres días al lado de ese miserable, aunque se quedó triste por su sobrino que de verdad echaba de menos a la tía.
Llegaron a la hacienda, David y Mary ya estaban ahí.
-¡No entres en tu cuarto, Emma! ¡Los regalos están ahí!- gritó Mary a la hija, Emma siempre se las apañaba para ver los regalos antes de la hora.
-¡Vamos a montar el árbol primero!- David salió del despacho con una caja llena de adornos.
-¡Regina, hija! ¡Siéntate aquí!- Mary la llamó acariciando su enorme barriga. Ella ya estaba toda hinchada, realmente no era una buena idea pasar la Navidad tan lejos de un hospital –Vamos a ver a estos dos- cogió la mano de la nuera con una alegre sonrisa.
Conversaron alegremente sobre temas de embarazo, Emma y David reían, o ponían cara de asco ante el rumbo de la conversación de las embarazadas.
-¿Entonces hija? ¿Ya has resuelto aquel problema tuyo?- David susurró mientras miraba de reojo a las dos mujeres en el sofá, no estaban prestándole atención a ellos, por lo visto el tema de ellas era más interesante.
-¡Buf! Ni me hables, pa…- reviró los ojos –He decidido esperar…No me da tregua- David se echó a reír.
-¿Quién lo diría, eh hija? ¿Tú en esa situación?- aún se reía, él que siempre había reprendido a la hija por acostarse todos los días con mujeres diferentes estaba adorando el "castigo"
-¿Cuál es el chiste? ¿Puedo saber?- dijo Mary
Padre e hija se miraron, y se guiñaron un ojo.
-¡Nada!- respondieron juntos -¡Vamos a encender las luces!- el árbol estaba perfecto, las luces intermitentes se encendían y apagaban como si estuvieran regidas por alguna música lenta. Mary llamó a la nuera para que cogiera los regalos del cuarto y los colocara debajo del árbol.
Cenaron alegremente, comían y bebían escuchando música, risas llenaban el ambiente, después de todos abrazarse y desearse feliz Navidad, se fueron a las habitaciones.
La noche fue esplendida para Regina, hacía años que no pasaba una Navidad tan alegre sin su padre. La complicidad entre ella y la rubia había aumentado considerablemente, eran más que novias, eran compañeras y por encima de todo se habían convertido en grandes amigas. Regina estaba cansada, se durmió enseguida, Emma había dejado de buscarla hacía días, y al mismo tiempo que supuso un alivio, también era un tormento, Regina estaba segura de que la novia la estaba provocando, usaba ropas apretadas y demasiado cortas para dormir, la morena tuvo que aliviarse con más frecuencia de lo que pretendía, estaba siendo insoportable.
El día amaneció blanco, la nieve caía con intensidad esa mañana, los cuatro, o mejor, los seis, pasaron el día en casa. Emma y David jugaron a la consola casi todo el día, Regina y Mary prácticamente no salían de la cocina, comían todo el tiempo, y ya por la noche todos se reunieron para asar malvaviscos en la chimenea. La conversación era agradable, entraron en el asunto del cumpleaños. Emma ya esperaba lo que estaba por venir, Mary iba a contar por trigésima vez el día de su nacimiento. Regina prestó atención a cada detalle, le encantaba saber más cosas de la madre de su hijo.
-…fue uno de los inviernos más crudos registrados en la ciudad de Nueva York, Emma nació a las diez de la mañana del día 26, el médico dijo que estaba de vaga, ¡tuve que empujar sola!- Mary contaba sonriendo, fingió indignación.
-Ya…¡A Emma no le gusta levantarse temprano!- Regina soltó una carcajada. Emma pinchó a la novia en señal de reprobación -¿Qué? ¿He dicho alguna mentira?- rió aún más. Las carcajadas estallaron frente a la chimenea.
Ya eran casi las once de la noche, la familia Swan solo celebraría el cumpleaños de la hija a partir de las diez del día 26, ya que había nacido a esa hora, Regina lo creyó gracioso, decidió respetarlo, le daría su regalo de cumpleaños en último lugar.
-¡Vamos a abrir los regalos, padres! ¡Dentro de poco se pasa la Navidad y no he visto nada!- Emma se agachó frente al árbol como una niña pequeña, buscó su nombre y comenzó a romper los envoltorios.
-¡Qué suerte la tuya, eh! ¡Tienes dos regalos casi a la vez!- comentó Regina riéndose de la novia que más parecía una niña desesperada. Emma la provocó sacándole la lengua.
-¡Soy especial! ¡No tengo la culpa!- rio convencida
Todos abrieron los regalos, Mary dio una ropita para su nieto, David escogió una joya para la nuera. Emma le regaló a su novia un viaje, en realidad era un regalo para los tres, un viaje a Brasil, escogió Porto de Galinhas como destino, podrían escoger la fecha, valía por un año. Regina llevó regalos para los cuatro, una ropa para el pequeño Neal, un reloj, bien caro, sea dicho, para el suegro, y una joya para la suegra.
-Bien…Para ti…me gustaría darte un coche decente, pero sé que no vas a aceptar…Así que, toma- era un sobre, dentro estaba el contrato de la vinícola Encantados, Regina le devolvía la parte a los Swan, Emma había comentado que quería comprar de nuevo su parte en un desayuno informal con su novia, la morena no se lo iba a permitir, todo era de ellas ahora, así que vio justo devolverlo, ahora solo los Swan eran los dueños, detentaban el 100% de su propio negocio. Emma ni se lo podía creer cuando abrió el sobre, aquello era mucho más de lo que merecía, besó románticamente a su novia, no le importó la presencia de sus padres, Regina también pareció olvidarlo, el beso duró demasiado tiempo, se apartaron cuando David carraspeó.
-Creo que será mejor que subáis al cuarto…- fue Mary quien habló –Buenas noches, hijas- besó la cabeza de las dos mujeres más jóvenes. David abrazó y acarició la barriga de la nuera. Antes de abrazar a su hija, le susurró al oído
-¡Es hoy!- salió y le hizo una señal positiva con la cabeza, Regina ya estaba casi en el cuarto.
Emma lo deseaba, pero decidió no provocarla aquella noche, el día había sido más que perfecto, y después del regalo de Regina, lo más sensato era respetar a su novia. La rubia decidió ser más cariñosa con la morena, por más que la provocara y quisiera algo más, estaban bien, las conversaciones habían mejorado en los últimos días.
Jefferson llamó a la rubia muy contento, le dijo que le debía una, invitó a Emma a tomar una cerveza, pero ella lo rechazó, no quería causar más problemas, a fin de cuentas, sospechaba que estaba siendo seguida. Se sintió aliviada, aquel asunto con Lily estaba enterrado, moriría con ella, Lily no hablaría, Emma sabía que ella era una buena persona y merecía a alguien que le diera el amor que ella no podía darle.
Regina se cambió de ropa, se puso un camisón lila de seda, era corto, de premamá, estaba lindísima. Emma no dejó de mirar las bellas piernas y los muslos torneados. Por otro lado, la rubia se puso una camiseta ancha, parecía una de esas de baloncesto, tenía el número 30 estampado, pero era corta, sus brazos quedaban a la vista, la morena miró de reojo, pero lo ocultó, ¡qué sexy estaba Emma! La rubia se colocó en la cama, le dio un beso en la cabeza a su novia y le susurró un último "Feliz Navidad" seguido de un "Te amo". Regina nunca le contestaba "Te amo", ni siquiera un "Yo también", y eso empezó a incomodar a la rubia, aunque intentaba ignorarlo.
Le dio un beso en sus carnosos labios, se giró y la abrazó por detrás, estaban de cucharita, Regina sentía una paz inimaginable en aquel abrazo, después de muchos días luchando contra su cuerpo, aquella noche no tuvo que hacerlo, solo se sentía en paz, viva y completa, no necesitaba nada más. Lo tenía todo ahí.
Emma sentía lo mismo, sentía deseo, pero no era carnal, lo que sentía en aquel momento era algo puro e inexplicable, era amor, solo amor. Acarició la barriga de la novia y depositó un beso demorado en la nuca de la morena.
-Os amo a los dos…Buenas noches…- Regina ya estaba durmiéndose, los toques de Emma le proporcionaron tanta paz que no consiguió responder. Cayó en un profundo sueño.
Había mucha gente en aquella hacienda, Mary realmente tenía muchos amigos, algunos camareros servían bebidas y aperitivos a los invitados, la música no estaba baja, pero tampoco demasiado alta, los únicos rostros conocidos para Regina eran los de sus suegros, además de Ruby y de su abuela que ya se conocían, Elsa y Anna llegaron un poco después.
Amigos de la infancia de Emma estaban ahí, además de tíos y tías distantes, August también había sido invitado, se sentía pez fuera del agua, como Regina que pasó sus ojos por la amplia sala y divisó a la mujer de la foto, fingió no verla, pero ella caminó en su dirección.
-Así que usted debe ser Regina…- Lily se acercó con cierto desdén en la voz. Solo había dos mujeres embarazadas en la sala y una de ellas era la madre de Emma.
-Perdone. Para usted, soy la señora Mills. ¿Y usted quién es?- se giró. Fingió no saber quién era.
-Lilith, señora Mills- soltó una ligera risa al pronunciar su apellido.
-No puedo decir que sea un placer conocerla, señorita- dijo irónica
-¿Por qué? ¿Ya ha oído hablar de mí?- puso cara de desentendida
-Nunca, señorita- mintió descaradamente, su tono era irónico
-Curioso…Bueno, solo quería conocerla…Y no me he quedado muy impresionada, pensé que Emma prefería a mujeres más jóvenes.
Una rabia fuera de lo común se arrastró por las venas de Regina. Iba a perder el control. ¿Aquella muchacha la estaba llamando vieja?
-Mire, Lilith. No sé quién es…- mintió de nuevo, se aceró a la morena más joven para decirle –Pero…YO SOY LA MUJER DE EMMA. Y TENDREMOS UN HIJO. ¡CONFORMESE!- se giró hacia las otras personas de la fiesta.
Lily la siguió y agarró por el brazo a Regina, quien le lazó una mirada de pura rabia, cualquiera podría jurar que, si aquella mirada incinerara, Lily se habría convertido en ceniza. Dándose cuenta de la mirada, Lily enseguida soltó el brazo de la morena. Aún así, se atrevió a hablar.
-¡Ese hijo no es de ella! Se va a cansar de usted, y cuando eso suceda, me buscará. ¡Yo no voy a desistir de ella!- encaró los ojos almendra con furia y convicción
-¡Inténtelo! ¡Pero ella está conmigo!- dijo en tono de amenaza
-Ella ni quiere ese tipo de vida. Emma no nació para eso. Usted no puede hacerla feliz. ¡Yo sí! ¡Porque la amo!- estaba convencida de que conseguiría probarle su valor a la actual mujer de Emma.
-Escuche…- se acercó al rostro de la morena más joven -¡Pues solo se lo diré una vez! ¡Yo también la amo! ¡Y soy correspondida! Es conmigo con quien ella ha decidido estar, conmigo y con NUESTRO hijo!- enfatizó el "nuestro hijo". Se marchó dejando a la morena sin habla.
-Hija…- dijo Mary, había presenciado de lejos la escena de las dos mujeres, el clima no estaba nada bien
-¿Sí, mamá?- respondió Emma, estaba conversando con Ruby
-Creo que es mejor que vayas a ver si tu esposa está bien…Estaba hablando con Lily ahora mismo…- alertó
-¡No es mi esposa, mamá!- corrigió a Mary, solo en ese momento se dio cuenta -¿Lily? ¡Ay, Dios!- se llevó las manos a la cabeza
-¡TODAVÍA! Ya es hora, ¿no hija?- gritó Mary y le guiñó un ojo antes de que Emma atravesara la puerta velozmente
-¿Todo bien, mi amor?- Emma se acercó, observando cierta incomodidad en su novia. No quiso comentar que sabía que Lily y ella habían hablado.
-Sí, mis pies…Me están doliendo- era verdad, se pasaba la mano por la barriga mientras se miraba los pies, solo que omitió la conversación con Lily.
-¿Quieres ir a casa?- Emma se mostró amable
-No…Ni te hemos cantado el Cumpleaños feliz…- pasó la mano por el pelo
-Eso no me importa…- tocó el rostro de la novia
-Pero a mí sí, es tu cumpleaños Em…aprovecha…No quiero molestar- fue hacia un banco a sentarse
-Tú nunca me molestas, amor…- sujetó a la novia -¿Cómo está ese pequeño misterioso?- le había puesto ese nombre, ya que aún no sabían el sexo
-¡Ay! ¡Se ha movido Emma!- Regina cogió la mano de la novia rápidamente y la posó sobre la parte superior de la barriga –Aquí…Mira…- Regina agarró la mano de ella, miraba a la rubia que parecía encantada con eso.
-No me canso de sentirlo…Siempre es un regalo. Es el mejor regalo de cumpleaños que podrías darme, mi amor…- besó los labios carnosos sin quitar la mano de la barriga
-¡Ay, ay! ¡Hijo! ¡Dios! ¿Quieres matarme?- se apartó del beso, sintió un pinchazo más agudo en la parte de arriba del vientre
-¿Qué fue?- Emma desorbitó los ojos preocupada, lo pudo notar en su mano
-Es su pie…¡Estoy segura! Está aquí…- llevó la mano de Emma cerca del estómago.
-¿Eh? ¿Está boca abajo?- preguntó la rubia dudosa, había leído que el bebé cambia de posición cuando llega a los seis meses.
-Sí, lo está…- llevó la mano de la novia a la parte baja de la barriga –Aquí está su cabecita…- la boca de Emma formó una perfecta "O", aquello indicaba que faltaba poco.
-¿Hemos entrado en el tercer trimestre?- preguntó la rubia, curiosa, intentaba contar mentalmente
-Aún no…La semana que viene- respondió Regina sonriendo
-¡Dios mío! Hijo…¡esta tu madre rubia está ansiosa!- se inclinó para hablar con la barriga –Mira…Leí que estás ahí dentro escuchando los sonidos de aquí fuera, así que, ya sabes quién soy, ¿no?
Se movió, parecía haberse cambiado de posición. Regina se quejó.
-¡Ya basta de charleta por hoy, Emma! Sabe quién eres. Me está rompiendo por dentro…- reviró los ojos
-Eh, chico…Deja de hacer daño a tu madre…- dijo más bajo y besó la barriga de su novia.
Lily presenciaba la escena desde lejos, las dos mujeres reían y cada cierto tiempo soltaban algunas carcajadas, se daban besos románticos, rápidos y respetuosos, pero los gestos de cariño de la una hacia la otra eran visibles para todos.
-¡Parece feliz!- Ruby se paró al lado de Lily, pudo ver que ella no apartaba los ojos de las dos
-Ya…- se limitó a decir
-Creo que nos hemos visto más veces, pero nunca hemos sido presentadas. Soy Ruby- dijo con una gran sonrisa en los labios
-Lilith. Pero puedes llamarme Lily- saludó con un apretón de manos
-¿Ella te gusta, no?- preguntó Ruby
-Desde que la conozco…- suspiró. No sabía por qué había respondido, sencillamente se sintió bien para expresarse.
-Yo también la quise…Pero fue hace tiempo…- rió –Descubrí que las rubias no son mi tipo…- guiñó un ojo cómplice
-Hum…Creo que no puedo decir lo mismo…- dijo pensativa –Sinceramente, siempre quise recibir aquella sonrisa, pero nunca tuve éxito…
Señaló con la cabeza a las dos mujeres. Emma aún reía conversando con la barriga de su novia.
-Sí…Regina ha conseguido lo que a muchas les hubiera gustado…el corazón de Emma…- Ruby dijo alegremente, estaba feliz por la amiga, y le gustaba la morena.
-Sí…Me he dado cuenta…Creo que no puedo competir con ella…- balanceó la cabeza negativamente
-No lo intentes…- agarró la barbilla de la morena -¡Busca tu felicidad!- sonrió
-No sé si puedo ser feliz sin Emma…- desvió la mirada
-Eh…Si de verdad la quieres, como así lo creo…Déjala…cuando se ama a una persona de verdad, la dejamos libre para que pueda ser feliz con quien desee…- sonrió encarando los ojos de Lily
-Ella está feliz, eso no lo puedo negar…- concluyó suspirando
Ruby llevó a Lily a conocer los establos. Ella era una excelente amazona, conocía al caballo más veloz que había ahí. Lily fue de buen grado, nunca había estado allí, pero le gustó la idea de cabalgar, podría despejarse.
Ya era casi de noche. Cantaron el cumpleaños feliz, todos estaban alrededor de la gran mesa que Mary y David habían preparado, la nieve cubría el suelo y el tejado, las luces tintineaban en los árboles, ventanas y puertas. Todos estaban aplaudiendo, cantando y celebrando, menos Ruby y Lily que llegaron solo cuando Emma ya había soplado las velas. A la rubia eso no le pasó desapercibido.
-¿Y? ¿Para quién será el primer trozo?- alguien desconocido gritó
Emma se detuvo un momento para pensar, tantas personas se merecían aquel primer pedazo. Su madre por ejemplo, su hermanito, su padre…Pero allí, ante tantos rostros, había uno, solo uno, que hacía su corazón latir más rápido, encaró el par de almendras, ¡cómo amaba a esa mujer que era dueña de su corazón!, pero no, daría su primer pedazo a alguien cuyo rostro era desconocido, a alguien que en breve formaría parte de aquella familia, a alguien a quien amaba ya incondicionalmente.
-Mi primer pedazo…¡tchan, tchan, tchan!- hizo suspense -¡Ahora en serio, gente!- rió –Va para una personita cuyo rostro no conozco, pero que ya amo más que a mi propia vida…Su otra madre aún no ha pensado en el nombre…en realidad vamos a tener que hablar de eso, ¿no, amor?- lanzó una mirada a la novia, las carcajadas resonaron por la habitación, el clima seguía siendo navideño –Este pedazo es para mi hijo- entregó el trozo a su amada, le dio un romántico beso. Silbidos y aplausos llenaron el ambiente.
-Creo que he salido ganando…- Regina sonrió en los brazos de la amada
-¿Quién diría que Emma Swan podría estar tan orgullosa de ser madre?- Killian se acercó con su novia, Tinkerbell. Habían llegado para el Cumpleaños feliz. Emma golpeó en el hombro a su amigo, moviendo afirmativamente la cabeza, y se marchó a seguir sirviendo el pastel.
-¡Tink!- Regina saltó en un abrazo caluroso con la amiga -¡No sabía que vendrías!- se llevó un trozo de tarta a la boca
-Hum, menos mal que tengo un novio que trabaja con tu rubia, eh, porque si no fuera por eso, ni invitada sería- le lanzó una mirada reprobatoria
-¡Ay, Tink…perdóname! Lo olvidé- dijo tímida, realmente no se había acordado de llamar a su amiga
-¡Eh, rubia abusona!- Tinker llamó a Emma -¡No me está gustando nada esto!, ¿viste? ¡Me has robado a mi mejor amiga!
Puso cara de enfado. La rubia sonrió de lejos, aún estaba sirviendo pedazos de tarta a los invitados, e hizo un gesto como diciendo "no puedo hacer nada"
-¡Ah, Tink, qué bien que estés aquí! ¡Todo está más que perfecto!- dijo sinceramente abrazando a la rubia una vez más
-Falta un poco más de consideración para la madrina, ¿no?- se señaló
-Claro…¡Disculpa de verdad, Tink! Te he echado de menos- la abrazó de nuevo
-¿Y esta muchachita?- Tink quiso provocar tocándole la barriga
-Hum…- Emma se acercó y abrazó a Regina por detrás, acariciando la barriga –Di eso de nuevo, y a esta madre le faltará poco para matarte- dijo Emma divertida
-¡Ah lo sé! Su pequeño príncipe. No digo nada más- la rubia bajita se echó a reír
-¡Es un niño! Lo sé- acarició el vientre junto con las manos de Emma
-Pero no quiere dejarse ver, así que lo he llamado príncipe misterioso- Emma soltó una gran carcajada
-¡Bueno! Debe ser la ansiedad de la madre. ¿No, Reginina?- señaló a la amiga –¡Pues yo creo que este bebé te va a dar una sorpresa!
-Por mí todo bien…mientras que salga de allí abajo- Regina rió de su broma. La mirada de Lily se giró hacia ellas sin querer, aquella escena del pastel y la afirmación del "hijo" estaba asqueando a Lily.
-Ven…- Ruby empujó a Lilith, percibió su malestar –Vamos a probar algunos quesos…o robar algunas uvas- arrastró a Lily hacia fuera
Ya era tarde y casi todos los invitados se habían marchado.
-¿Nos vamos a quedar aquí? Ya es tarde…- preguntó Emma a la novia que estaba echada en el sofá con los pies hacia arriba, sabía que estaba cansada.
-Querría ir a casa, pero coger la carretera a estas horas, no lo veo una buena idea- se pasaba la mano por la barriga, sus ojos estaban cerrados.
De repente escucharon voces, risas acercándose a la puerta de la sala, Mary y David ya se habían retirado. ¿Quiénes serían? Ruby entró con Lily, riendo, no se habían dado cuenta de que todos ya se habían marchado.
-¡Ops!- Ruby dejó de reír de repente, miró a Regina, que frunció el ceño. Emma sonrió de lado –Disculpas, no vimos el tiempo pasar…- dijo Ruby tímidamente
-¡Está bien! ¡Dormid aquí!- sugirió Emma –Regina y yo vamos a quedarnos también, ya es muy tarde para coger la carretera, y por lo que veo, habéis abusado del vino…- la rubia soltó una carcajada
-Pienso que mejor no- comentó Lily tímidamente mirando a Ruby
-Quedaos. El cuarto de invitados está preparado- fue Regina quien respondió, Emma la miró sorprendida. La morena era astuta, percibió algo más entre las dos, lo que sería genial para ella misma, pues se libraría de Lily intentando seducir a su mujer.
-Bueno…Será mejor que nos quedemos, Lily…- le lanzó una mirada de permiso –Sí que hemos abusado del vino. ¡Por cierto! ¡Había olvidado lo bueno que eran los vinos de los Swan!- elogió a la amiga
-¡Los mejores!- dijo Emma orgullosa
Se prepararon para acostarse, a pesar de haber tres cuartos, Lily y Ruby prefirieron compartir uno. Regina y Emma entraron en el cuarto de la rubia. Regina tenía recuerdos fantásticos de aquella habitación. Sonrió al entrar en ella una vez más. Aún estaba castigando a Emma, pero era su cumpleaños, decidió que ya no iría a rechazarla si la novia la buscaba.
-Bueno…Creo que solo falta mi regalo, ¿no?- Regina se sentó en la cama con una pequeña caja en las manos, estaba con un camisón, era naranja claro, con encaje blanco, abierto hasta la parte alta de la barriga, dejándola algo a la vista. A pesar del intenso frío de afuera, allí hacía calor, había calentador en todas las estancias.
Emma llevaba puesta una camiseta blanca, como de costumbre, y unas braguitas finas, no solía usar ese tipo de lencería, pero de unos días para acá se había permitido usarla, no le pedía nada a la novia, había decidido que iba a esperar hasta que la morena la buscara de nuevo, pero siempre andaba provocándola con ropa sexy. Regina se dio cuenta del cambio, intentaba en vano disimularlo. En el fondo, Emma sabía que estaba volviendo loca a Regina.
Emma, antes de mirar a la novia, se puso el pelo hacia un lado, su mirada era algo intimidadora, algo maliciosa, estaba maquillada, no se había retirado el maquillaje de la fiesta, es más, parecía que se lo había retocado. Se acercó a la novia, se sentó en el borde de la cama, frente a Regina.
Regina extendió la mano y le entregó la caja. Hizo señas para que la abriera. Era una llave. Emma puso expresión de duda, ¿de dónde era aquella llave? Bajo la caja, había una nota con una caligrafía perfecta.
"¡Considera este regalo como algo adelantado…Pues, a partir de ahora, ya no serás mi chef particular!"
Emma sonrió de oreja a oreja, los ojos se humedecieron, no podía creérselo. Regina había reformado el antiguo caserón, donde habían tenido su primera cita y el primer beso. Ahora el sitio era un majestuoso restaurante. La rubia no tenía palabras para agradecer, su agradecimiento vino en forma de lágrimas, abrazó a Regina y distribuyó besos ruidosos por todo el rostro de la morena que tenía una sonrisa en sus labios, el regalo había sido genial, pero aquella sonrisa no tenía precio para Emma, aquello sí era el mejor regalo que podría haber recibido.
Regina agarró el rostro de su novia con las dos manos, secó las lágrimas sin decir nada, atrajo el mentón de Emma hacia ella y pegó sus labios carnosos en los rosados.
El beso era calmo, sentir los finos labios de Emma en los suyos era divino, la morena pidió pasó con la lengua, le fue concedido de inmediato, sus lenguas danzaban un vals dictado por ellas, se movían en perfecta sincronía, no había disputa por dominar, ellas solo sentían el sabor de la otra, el corazón aceleró, el aire se echó en falta, sus lenguas comenzaron a moverse con más agilidad. Regina empujó a Emma hacia el centro de la cama y pasó el pulgar alrededor de los finos y rosados labios, encaró el par de esmeraldas y volvió a besarla con rapidez.
-Regina…Yo…- Emma se apartó, necesitaba tener la seguridad de que su novia quería aquello. Encaró los ojos avellana como si pidiera permiso. Regina entendió.
-Te deseo, Emma…- dijo en un hilo de voz, volviendo a tomar los labios de su novia con los ojos cerrados.
