Inseguridades
Cora fingió todo el tiempo, conversó con Emma y con la hija durante toda la cena. Regina estaba más que feliz con la presencia de la madre, Emma no hablaba mucho, se pasó la cena en silencio, Cora no parecía querer marcharse, ya era tarde, la rubia fue a tomar un baño mientras Regina lavaba la loza con la madre.
-Regina, esa muchacha no te ama…Es una chica sin posición, no te merece- dijo en voz baja, Emma estaba en la habitación de ellas, el ruido de la ducha ayudaba a que no escuchara la conversación entre madre e hija.
-No digas eso, mama. Ella me ama. Y yo también la amo mucho…- se acarició la barriga con una sonrisa boba
-¡Por Dios Regina! ¡Hija! ¿Estás ciega?- casi gritó
-No…Nunca he visto tan bien en toda mi vida, no me importa la posición, mamá, lo sabes…Solo quiero ser feliz…Y ella me ha traído eso. Quiero casarme con ella- confesó algo que habitaba en su interior desde hacía tiempo.
-¿Qué? ¡No estás hablando en serio! ¡No estás pensando correctamente, hija!- Cora no creía lo que escuchaba, la cosa era más seria de lo que ella pensaba.
-Ah, mamá…Lo quiero mucho, y me gustaría que tú no te pusieras en contra…- pidió suplicante
-¿Ya se lo has dicho a ella?- sondeó
-¿El qué?- Regina no entendió
-Que la amas. ¿Se lo has dicho?- Regina suspiró
-No…
-Piensa, hija…No estás completamente segura de lo que quieres…¿Y quién te garantiza que ella quiere a ese bebé? ¿Que no te ira a dejar en cuanto nazca…? Sé que te dejó una vez…- Cora sabía tocar las emociones de la hija –Puedes cuidarlo sola…- tocó la barriga de la hija. Regina estaba confusa, Emma le decía que jamás la abandonaría de nuevo, que la amaba a ella y a la hija que iban a tener, pero aún tenía dudas, aún tenía miedo de quedarse sola, pero Emma le había demostrado varias veces, había cambiado toda su vida para vivir al lado de su novia y del hijo de ambas.
-Confío en ella, mamá…No me dejaría…- dijo pensativa, tenía sus dudas.
-Has dicho lo correcto hija…Quizás no te abandonaría si fueras tú sola…Pero…No eres tú sola, un bebé significa mucho más que la atracción física que sentís la una por la otra…Eso que…eso que llamáis amor…solo es atracción. Tensión. Y estás embarazada…Sé cómo te sientes…- Regina se sonrojó, su cuerpo parecía tener vida propia cuando el tema era sexo –Cuando esa fase pase, ella se distanciará…Después de que mi nieta nazca, ella no podrá tocarte…Y va a buscar en otra lo que tú no puedas darle…- tocó la mano de la hija en un gesto cariñoso. ¿Emma la esperaría? ¿Cómo vivirían con un bebé entre ellas? Apenas han vivido una relación normal, casi no habían tenido tiempo para disfrutarse como novias, hacían el amor frecuentemente, sí, pero Regina sabía que no era de la misma manera, no era viable. Emma era siempre muy activa, no dejaba nada que desear en la cama, todo lo contrario, le daba todo lo que ella quería.
-Piensa, mi pequeña…Sé que aún tienes dudas…Ella también es muy joven, creo que no es el tipo de vida con el que ella ha soñado…¿Quieres vivir este romance? ¡Vívelo! Pero no te lo tomes tan en serio, puedes arrepentirte de haberte vuelto tan dependiente de esa muchacha- agarró el rostro de la hija con las dos manos –Es consejo de madre, mi reina…- Besó la cabeza de la hija que nada dijo, pensaba. Quizás su madre tuviera razón, realmente se había vuelto muy dependiente de la novia, ya no se veía sin ella. Eso le daba miedo, miedo de no conseguir cuidar de la hija sin su novia. Pero no podía pensar así. No debía. Esa elección había sido solo de ella, necesitaba desesperadamente creer en sí misma. Creer que lo conseguiría sin la rubia si algo cambiara. No quería apartarse de Emma nunca, pero necesitaba pensar en tal posibilidad.
-Ve a descansar…Yo ya me voy…- acarició los cabellos de la hija y caminó hacia la puerta. El ruido de la ducha había parado, probablemente Emma ya había terminado su baño y Cora no quería tener que despedirse de la rubia petulante. Gracias a Dios, pues lo último que quería Emma era a su "suegra" deseándole unas falsas buenas noches.
Emma había pensado que llegaría a casa y estaría con Regina el resto de la noche haciendo el amor. Estaba engañada, el deseo fue marcharse en el momento que vio a Cora. Regina se le insinuó, pero la rubia la rechazó, por primera vez, no tenía cabeza para aquello. A la morena le extrañó, se sintió horrible, si ya tenía dudas del deseo de la novia por ella, ahora estaba confirmado, quizás Emma había perdido la atracción por su extraño cuerpo. Se quedó dormida mientras pensaba en eso y en todo lo que la madre le había dicho en la cocina.
Regina entró en el octavo mes de gestación, ahora se sentía más cansada que antes, ya ansiaba que llegara la hora. Realmente no aguantaba más, lo que las madres decían era verdad, el embarazo duraba ochos meses y un año. Aquella primera semana parecía que no pasaba, para completar el mal humor de la morena, Belle le dio un recado.
-Señora Mills, Robin ha convocado una reunión en la sala principal, el sr. Gold también está presente- anunció
-Gracias, señorita French- agradeció, desconocía el motivo de aquella reunión. Entró en la sala de reuniones, no tenía uno de sus mejores días, su barriga estaba enorme, y la incomodidad era grande, desde que había entrado en el octavo mes, su hija se movía de forma brusca, había dormido mal cuatro días seguidos. Robin y Gold parecían animados esperando en la sala.
-¿A qué se debe esta reunión repentina?- se sentó en su silla giratoria en la punta de la mesa. Encaró a los dos hombres pasándose la mano por la barriga, era difícil encontrar una posición confortable.
-Bueno Regina…- Robin tomó la palabra –Es sobre la presidencia de la Mills Company- Gold sonrió
-¿Cuál es el problema? Estamos en un momento favorable en los negocios…- Regina no entendía
-Bueno…Gold y yo hemos hablado, y hemos llegado a un acuerdo
-¿Qué acuerdo? ¡Deja de irte por las ramas, sr. Locksley!-perdió la poca paciencia
-Dentro de pocos días, te cogerás permiso, y después estarás ausente. La empresa necesita a alguien que pueda encargarse del trabajo y administrarla sin mayores preocupaciones- Gold explicó
-¿A dónde queréis llegar?- Regina acusó deduciendo lo que estaba por venir
-¡Quiero ser el nuevo presidente!- afirmó Robin
-¡Nunca! ¿Crees que dejaría la Mills Company en tus manos? ¡Jamás, pedazo de impresentable!- casi gritaba, aquello era absurdo
-Sé que no. Pero Gold ostenta una gran parte del porcentaje de la empresa, así como tú, y él está de acuerdo que lo mejor para todos nosotros es que yo asuma la presidencia- Robin afirmó. Gold continuó
-Tendrás un hijo, Regina, cuida de él, el lugar de una madre está en casa, un hombre siempre es mejor administrando este tipo de negocios…
-¿Acaso estás insinuando que no soy capaz de conducir la empresa porque seré madre, Gold? ¿En qué era vives?- el rumbo de aquella conversación no era nada bueno, la morena ya estaba irritada al máximo.
-Acepta Regina, piensa en tu hija…Pasa más tiempo con ella, puedes estar en la administración, no te estamos echando, solo queremos que trabajes menos, para que cuides a tu familia- dijo Robin en su tono más irónico
Regina soltó una carcajada maléfica.
-¡Callaos los dos! Sabéis que no renunciaré a mi cargo. ¿Cuál es vuestro plan? Pues debéis tener uno…- contrajo los ojos -¿No?- Regina no era tonta, sabía que el mayor porcentaje era el de ella, ni siquiera una votación con los principales socios daría al cuñado la presidencia, a no ser…su madre.
Pero Cora no haría eso, era lo que Regina pensaba.
-Queremos una votación- respondió Robin firme
-¡Genial! ¡Pues eso tendréis! Hablaré con Belle, y colocaremos la reunión con nuestros socios. ¿Satisfechos queridos?
-Cuánta eficiencia, querida- Gold soltó una risa irritante
-¡No preciso elogios de ti! ¡Sé lo que hago!-la presidenta habló firmemente, no le caía bien el hombre, mantenían una relación estrictamente profesional.
-¿Por qué tanta seguridad, Regina? ¿Estás tan segura de que tu madre te apoyará?- Robin dijo con desdén
-Tan segura como en tu incompetencia en perjudicarme, queridísimo cuñado- salió de la sala.
Llegó a casa, preparó la cena…Estaba pensativa, ¿la apoyaría Cora? Emma llegó, parecía de mal humor, tiró la mochila en el suelo y se echó en el sofá, no se dio cuenta de que Regina estaba en la cocina. Resopló.
-¿Emma? ¿Todo bien?- preguntó quitándose el delantal
-¿Amor? Perdona…No te vi…- se levantó enseguida –Estoy bien, sí…- mintió. Fue a abrazar a la novia.
-No pareces bien…¿Qué ocurre? Cuéntame. En los buenos y en los malos momentos, ¿no?- sonrió acariciando el rostro, rodeando los finos labios rosados
-No me salió bien la prueba, necesito sacar nota…o…suspenderé…- dijo avergonzada.
-Lo vas a conseguir Em…Veo cómo te has venido esforzando. Estás acabando…-En realidad solo faltaba un trimestre, pero aún así Emma pensaba en desistir, Regina le daba todo su apoyo, lo que la ayudaba mucho, pero la estudiante tenía tantas preocupaciones en la cabeza, para comenzar Regina estaba en la última etapa del embarazo, lo que asustaba a la rubia, pronto tendría un bebé en los brazos, no tenía miedo a ser madre, pero sentía el peso de la responsabilidad. Por otro lado estaba Cora perturbándola y la falta de dinero, no es que a ellas les faltase, sin embargo Emma pensaba a largo plazo, y no podría hacerse cargos de tantos gastos trabajando media jornada en las ferias.
-Lo conseguiré…- respiró hondo masajeándose las sienes. Quería creer de verdad que lo lograría. Se sentía insegura en tantos aspectos.
Cenaron como de costumbre, Regina estaba algo aprensiva a causa de la empresa, pero no quiso volcar más preocupaciones en la novia. Hicieron el amor para olvidar los problemas, de cierta forma les ayudaba a ambas, pero la realidad siempre volvía a perturbar sus mentes.
La fiesta había comenzado hacía algunas horas, era más una cena en familia, Tink y Killian llegaron primero, después los padres de Emma con el pequeño Neal, Zelena y Robin con los pequeños, y Cora. A Regina le gustaba mucho Ruby, pero prefirió no llamarla debido a Lily, aún no le caía muy bien la morena.
Una música suave llenaba el salón, enseguida Zelena comenzó una conversación animada con Mary, cuando las mujeres se vuelven madres, rápidamente encuentran temas en común. David jugaba con Roland a la consola que Emma se empeñó en comprar. Killian conversaba animado con Emma, eran amigos desde hacía muchos años, y a pesar de que se veían a menudo, siempre tenían tema de conversación. Robin siempre con la misma cara, nada parecía gustarle.
Cora analizaba a la familia de la rubia, no les cayó bien, demasiado sencillos, quizás más humildes de lo necesario, percibió la gran cercanía de la hija con ellos, cosa que no le agradó nada, separarlas sería más difícil de lo que Cora imaginó, sin embargo ya tenía todo en mente. Esperaba el momento oportuno para quedarse a solas con la "nuera"
-…Entonces, ¿es una niña?- Tink dijo animada, saltando como palomitas en la sartén -¡Te lo dije! ¡Lo sabía!- hablaba victoriosa –¡Mi ahijada más bonita del mundo! ¡No veo la hora de ver su carita!- le tocó la gigante barriga a la amiga.
-Sí…Yo tampoco veo la hora, de verdad quiero acabar con esto, Tink…Estoy exhausta…- soltó el aire
-Ya, Gina…Ya está acabando…- la consuela –Quería haber visto tu cara cuando descubriste que era niña- dijo traviesa
-¡Ah! ¡Lo tenías que haber visto, bajita!- Emma abrazó a la novia de lado, Robin puso cara de asco a lo lejos
-¿Qué intimidad es esa, rubia abusona?- bromeó Tink, las dos estaban más cercanas, la rubia las visitaba a menudo.
Roland se metió entre las piernas de las tres mujeres y se paró agarrando las de la tía. Las mujeres se echaron a reír, David fingía que era un monstruo.
-¡Socorro, tía Gina! ¡Salvarme!¡Me va a convertir en un monstruo!
-Yo te protejo, mi príncipe- agarró al sobrino detrás de las piernas. Cambió su tono de voz, metiéndose en el juego
-¿Qué buscas aquí, monstruo?- le guiñó un ojo al suegro
-Un muchachito muy sabroso, ¡será mi comida! ¿Dónde está?- David puso una voz ronca. Roland agarró la mano de Emma escondiéndose más entre las dos.
-¡Jamás le pondrás un dedo encima, nunca lo permitiré!- Emma se agachó y se puso a Roland en la espalda, y echó a correr con él por la sala, fingiendo ser un caballo. Las carcajadas resonaron por toda la sala, David iba tras ellos haciendo ruidos grotescos, los dos jugaban como niños pequeños.
-Me parece que esa rubia será una buena madre…- Tink se sentó en el taburete de la barra, Regina hizo lo mismo
-Sí…- Regina dijo apasionada siguiéndolos con la mirada –La amo tanto…
-Lo sé…- Tink tocó la mano de la amiga -¿Pero…? – sabía que había algo, conocía a Regina muy bien
-No consigo decírselo…Sé que lo está esperando, Tink…Pero…- cerró los ojos, parecía arrepentida
-Tienes miedo…- completó
-Sí…¿Y si me deja? ¿Nos deja?- se acarició la barriga
-Deja de ser boba, Regina…¿Acaso parece querer marcharse? Míralos…- señaló a los tres que estaban jugando en la alfombra, David y Emma echados en el suelo, Roland entre ellos, Zelena y Mary reían sin parar con la escena, Killian sostenía a Neal, y Cora estaba en el cuarto con el yerno y la nieta.
-Mi madre…- confesó
-¡Ah, Gina! ¿Vas a escuchar a tu madre? Deja eso y dile pronto a aquella tonta que la amas- la alentó
-Se lo quiero decir, de verdad…Mucho…- suspiró pesarosa
-¿Emma?- Tinker la llamó -¡Ven aquí!- gritó
-¿Qué estás haciendo, Tink?- Regina desorbitó los ojos
-Se lo vas a decir…¡Listo! ¡He resuelto tu problema!- Tinker tenía una sonrisa traviesa en el rostro, Regina se puso roja. Emma se acercó
-¿Qué ocurre? ¿Amor? ¿Te duele algo?- la rubia preguntó preocupada, Regina respiraba pesadamente. Tink miró a la amiga incentivándola con un gesto. Susurró un "habla"
-¡Vamos a cortar la tarta!- se levantó bruscamente, llamó a Zelena para que la ayudara a poner la tarta en la encimera.
-¿Qué ocurre, Tink?- preguntó Emma sin entender, Tinker tenía la mano en la cabeza
-Nada. Solo una amiga que no sabe lidiar con los sentimientos…- reviró los ojos y caminó hacia su novio que seguía con el bebé en los brazos. Emma se quedó aún más confusa con la afirmación de la mejor amiga de su novia.
Enseguida todos estaban degustando el pastel, era de nueces. Emma no era especialista en dulces, aún así se le daba muy bien cuando el tema era la cocina. Regina le dio el primer pedazo a Emma, dijo que su vida nunca más sería la misma sin el desorden dejado por ella. La rubia sonrió emocionada, amaba mucho a aquella familia, la familia que ahora era de ella. Cora miraba a la rubia siempre que podía, su mirada era intimidadora, Emma fingía que no se daba cuenta, pero estaba seriamente incómoda por aquello. Cuando finalmente la rubia se encontró sola, cosa que no tardó mucho, Cora la siguió hasta la cocina, mientras los otros seguían en la sala saboreando los dulces.
-¡Ponte a trabajar, chica! De nada te servirá estudiar…Ya eres una fracasada. Creo que lo mejor es que consigas un buen empleo, pues lo vais a necesitar…Eso si quieres continuar con mi hija. Regina cree que te quiere porque ahora no necesita nada, a ver qué piensa cuando ya no tenga su estimada presidencia. Y tú no puedas arrancarle ni un centavo a los Mills…¡Ah! Porque lo sé…sé que Regina devolvió la parte de los Swan, ¿era eso lo que querías desde el principio? Salvar aquella vinícola. Pero eres tan ambiciosa que no te contentas solo con eso…quieres más…¡Pero no lo tendrás!- miraba los ojos verdes próximos a los suyos, manía de los Mills hablar todo a centímetros de la cara.
-¿Co…cómo que…perder la presidencia?- Emma no se creía lo que estaba escuchando, aquello era grave, Regina no le había comentado nada todavía. Solo podía pensar en cómo una madre podría pensar en tal hipótesis, ¿perjudicar a su propia hija por orgullo?
-¡Oh! ¿No te ha contado?- fingió indignación –Para que veas el tamaño de tu insignificancia, muchacha…Te diré una cosa, y espero que lo escuches bien…- se acercó en tono amenazador- Como afirmas que amas a mi hija, creo que no te va a gustar ver cómo pierde su cargo por tu culpa, ¿no?- encaró los ojos verdes esperando la respuesta. Entonces, ¿eso era una amenaza? ¿Cora sería capaz de quitarle a su hija el bien más preciado solo para demostrar que el dinero es la llave de todo? Cora pensaba que sí. Sabía que Emma no podría mantener el modo de vida de la hija, y quizás quitándole la presidencia la rubia se alejaría, ya que no podría sacarle nada a los Mills.
-Se lo vuelvo a decir, señora Mills. Amo a su hija. ¡Y no estoy con ella por dinero! ¡No me apartaré de ella por ese motivo! Ni por cualquier otro. Si eso sucede, seguiré a su lado. ¡En la riqueza y en la pobreza!- soltó el brazo de la mujer de más edad, ni se había dado cuenta de que la agarraba con fuerza mientras hablaba, sus ojos echaban chispas, tal era su rabia.
-Vaya, vaya…¡Qué romántico ese discurso! ¡Digno de una bella boda!- escupió las palabras irónicamente -¡Regina no se quedará contigo para siempre! ¡Se va a dar cuenta de que no eres más que una interesada! Tú y tu familia de encant…- no terminó, Emma le dio una bofetada en la mejilla izquierda.
-¡No se atreva a mencionar a mi familia, maldita cobra! ¡Nunca más!- señaló con el dedo al rostro de la mujer –Regina no merece a alguien como usted…- Cora tenía una mirada de asombro, aún sentía su mejilla arder -¡No me curvaré ante usted! ¡Confórmese!- salió de la cocina a paso largo, bajó las escaleras del edificio, se fue a caminar, necesitaba pensar.
Cora se quedó boquiabierta ante la actitud de la rubia, sentía rabia, pero admiración al mismo tiempo, lo que Cora más odiaba eran las mujeres débiles, y su "nuera" no era una de esas.
-Te arrepentirás de esto, Swan…- susurró, había una sonrisa diabólica en su rostro. Ahora era cuestión de honor, Emma había comenzado una guerra.
La fiesta terminó enseguida, Emma volvió a tiempo de despedirse de los padres, Regina había echado en falta a su novia, pero no cuestionó, todos se despidieron, Cora partiría aquella madrugada. El clima estaba tenso entre nuera y suegra, no se miraban, Mary se dio cuenta, hizo una nota mental de conversar con la hija sobre eso.
Ya estaban preparadas para acostarse, Emma aún no le había dado su regalo, no sabía qué comprarle, la morena no necesitaba nada, así que pensó en algo que las representase. A pesar de tener la cabeza llena de las majaderías de la suegra, consiguió no pensar en eso, por lo menos no en el cumpleaños de su novia.
-Bueno…este es mi regalo…- Emma entró en cuarto cargando un pequeño esqueje de árbol en una maceta. Era un manzano, y ya tenía algunos frutos. Regina se acercó a la novia para tocar el regalo, era tan delicado.
-¡Qué lindo, Em…!- los ojos se humedecieron, siempre quiso tener un manzano, desde la infancia, pero nunca tuvo la oportunidad, y después lo dejó pasar.
-¿Te gusta? El jardinero me dijo que se puede cultivar en maceta, pero si quieres plantarlo en algún sitio…también puedes…Entonces pensé…si quieres…que podemos plantarlo en nuestro restaurante…- admiraba la expresión apasionada de la morena.
-Me encanta…No sé ni qué decir…Es…es tan lindo…- paseaba los dedos por los pequeños frutos –Y sí…Quiero plantarlo en tu restaurante, así siempre tendrás un pedacito de mí bien cerca de ti…- tomó los labios en un beso lento.
-Nuestro restaurante…Lo que es mío, es tuyo también, mi amor…- la corrigió, la rubia no era egoísta, todo era de las dos, no tenía por qué separar, a fin de cuentas, había sido Regina quien había reformado el sitio, se sentía en deuda.
-Gracias, mi amor…Yo…- pensó en decirlo, Tinker tenía razón, ella no se marcharía, pero tragó en seco- Estoy loca por ti…- Emma sonrió de lado, casi logró contener la decepción. Se dieron otro beso romántico, calmo y lleno de amor. Emma adoraba ser llamada "mi amor", se sentía amada, era casi un "te amo" que, de momento, bastaba, tenía que bastar, tendría paciencia.
Emma estaba pensativa en el aula de clase, estaba haciendo el examen, pero no conseguía pensar con claridad, Regina podría perder la presidencia, ella no podía dejar que eso sucediera, no iba a sucumbir a los deseos de la suegra, tampoco se apartaría de la madre de su hijo, Cora tendría que soportarla, le gustara o no.
Emma ya se consideraba parte de aquella familia, y lucharía por ella, sin embargo, necesita pensar en algo, si Cora cumplía la amenaza de darle el voto a Robin, Regina se pondría furiosa, así que Emma pensó en trabajar más, pero para eso necesita dejar de estudiar, pero si dejaba los estudios no conseguiría inaugurar su restaurante, que además estaba fantástico. Sentía el peso del mundo en sus hombros, tenía que tomar una decisión. Y la tomó.
Se levantó de la silla y salió del aula, dejando el examen en blanco. Caminó, caminó y caminó por las calles iluminadas de Nueva York. Su familia la necesitaba, y no pensaría en nada más. Trabajaría el triple si fuera necesario, no dejaría que nada le faltara a su familia. Regina no había dicho las palabras, la rubia estaba ansiosa por escucharlas, pero si la morena no se sentía segura para hacerlo, ella esperaría, tenía que esperar, y aunque eso no sucediera, Emma lo sabía, no podría vivir sin ellas, ¿egoísmo quizás? Sí. No huiría, había intentado apartarse dos veces, y no iba a cometer el mismo error, pues Regina era su destino.
Llegó a casa algo más temprano de lo normal. Regina estaba en el cuarto del bebé. Colocaba algunas cosas. Emma se acercó.
-Buenas noches, mi amor…Te he echado de menos…- Regina abrazó a la novia con fuerza, la rubia no se lo esperaba, pero respondió al abrazo con la misma intensidad, volcando en él toda su frustración y preocupación.
-Buenas noches, mi amada…- susurró Emma con los ojos cerrados en el abrazo –Te amo tanto…tanto…- sus ojos se humedecieron, estaba renunciando a su restaurante por ellas.
-¿Cómo fue el examen?- preguntó Regina apartándose del abrazo, acariciándole el blanco rostro con el dorso de la mano.
-Hm…El examen…- Emma intentó decirlo, pero sentía vergüenza, ¿cómo decirle que se había marchado antes de acabarlo? ¿Cómo decir que tenía que abandonar los estudios de nuevo, pues su propia madre la estaba amenazando con quitarla de su puesto, solo para separarlas y probar que el amor no sustituye al dinero?
-¡Ayyy!- gritó Regina
-¿Qué ocurre, amor?- preguntó preocupada, la expresión de dolor era clara en su novia
-Ay, Em…ay, ay..- gimió apoyando las manos en los riñones
-¿Va a nacer?- se desesperó
-No sé…ufff- respiró más lento –Creo que no…¡Ay!- sintió el pinchazo de nuevo
-¿Cómo que no? ¿Te está doliendo, no? ¡Vamos al hospital!- determinó, Emma cogió el bolso que ya estaba listo
-Sí Em…Creo que es mejor ir…- aún sentía dolor
Llegaron al aparcamiento, Emma echó a caminar hacia el escarabajo.
-¡Para Emma! ¡No voy a correr el riesgo de dar a luz en un escarabajo!- caminaba lentamente con las manos en los riñones. La rubia parecía desesperada, Regina, en calma.
-Venga ya, Regina…Entra en el coche- sus manos sudaban y temblaba.
-¡No voy a entrar en ese proyecto de abeja! Toma las llaves de mi coche. ¿Vamos?- abrió la puerta y se sentó en el asiento del copiloto, Emma la ayudaba
-Pareces bien…- comentó Emma mientras echaba hacia atrás el asiento, ella estaba mucho más asustada que la novia.
-No me está doliendo tanto…Quizás sea solo una falsa alarma, aún estoy de 34 semanas…- Regina se pasó la mano por la barriga intentando aliviar el malestar.
-¿Aún? Te quejas todos los días de que no aguantas más, ¿y dices aún?- arrancó el coche riendo –¡Te dije que me ibas a suplicar que condujera tu coche!-dijo Emma victoriosa, intentando relajarse ella misma.
-No supliqué, te lo mandé, es bien diferente- respiró con algo de dificultad -¡Dios! ¡Hija, me estás rompiendo las costillas! ¡No consigo respirar!- intentó cambiar de posición a una más cómoda.
Al llegar al hospital, el doctor Whale la examinó, y en efecto, confirmó que había sido una falsa alarma, el bebé se había sentado y esa era la causa de la gran incomodidad y dolor. Aún faltaban dos semanas, el nacimiento estaba previsto para finales de febrero o la primera semana de marzo. Emma entonces se calmó, estaba más nerviosa que Regina, en realidad la morena estaba muy calmada, preguntó cómo podría acelerar el parto, pues ya no aguantaba más, el peso era mucho. El obstetra la alentó a que caminara y "practicara" con más frecuencia, ya que las contracciones pueden ser estimuladas a través del orgasmo. Regina y Emma anotaron eso en sus cabezas y volvieron a casa. Decidieron no "practicar" aquella noche, el susto ya había sido grande.
El día amaneció menos frío, el invierno estaba acabando, pronto llegaría la primavera. Emma abrazó a Regina, que aún dormía de lado, la rubia se acurrucó en el hueco del cuello de la morena, y depositó lentos besos en la zona, una Regina ronroneante se despertó con una sonrisa bobalicona en los labios.
-Buenos días, Em…- dijo aún con los ojos cerrados y con la voz ronca
-Buenos días, mi amor…¿Dormiste bien?- preguntó acariciando los cabellos negros.
-Hmm…Imposible dormir mal en estos brazos…- se giró hacia la novia
-¿Vamos a pasear? El día está hermoso…Digno de la bella primavera que está por venir…- acarició la barriga de la morena -¿Qué te parece, hija?- Emma conversaba con aquella pequeña vida que comenzó a moverse, parecía reconocer la voz de su otra madre.
-¡Me parece una idea genial! Pero…vamos a desayunar, me estoy muriendo de hambre…y…- se detuvo un momento a pensar –Tengo antojo de un chocolate caliente con crema y canela
Emma comprimió los ojos, ella siempre tomaba eso en el desayuno, pero Regina nunca quería, prefería zumo o té.
-Hm…Está bien…¡Yo lo preparo!- Emma se entusiasmó
-Em…- no quería hacer de menos a su novia –Perdona, pero…quiero el de Granny's, preferentemente hecho por Ruby…- dijo tímidamente
-¿Cómo es eso?- miró a la novia con una falsa indignación. Rió alto –Está bien…Vamos para allá y paseamos por Central Park- dijo contenta levantándose de la cama como una niña desesperada. Regina rió mientras se levantaba lentamente.
En pocos minutos estaban en Granny's. Ruby se puso más que contenta al ver a las dos, sobre todo a Regina, era increíble cómo habían forjado una gran amistad, Emma estaba muy feliz por ellas, al final, le tenía un gran apreció a la camarera.
Ya estaban saliendo de la cafetería cuando Ariel se acercó a las dos mujeres, estudiaban juntas, y la pelirroja se había dado cuenta de que Emma se había marchado sin terminar, la noche anterior, el examen.
-¿Emma? ¿Qué sucedió ayer? Me preocupé, ¿no terminaste el examen?- la pelirroja ni se dio cuenta de que Regina estaba allí, parecía muy interesada en la rubia. Emma le lanzó una mirada de "cierra la boca", pero ya era tarde.
-¿No terminaste el examen?- Regina agarró la mano de la novia encarando el par de esmeraldas, estaba confusa, Emma no le había dicho nada.
-Hm, te lo iba a decir anoche…- intentaba encontrar las palabras para explicarse.
-¡Oh Dios!- la pelirroja parecía no creérselo, miraba de Regina y de su barriga a Emma -¿Tú? ¿En serio? ¡Tu novia está embarazada! No sabía que estabais juntas desde hace tanto tiempo…- estaba asombrada
-En realidad cuando nos conocimos ya estaba embarazada, así que…no es mío…Pero tendremos una hija- Emma habló sin pensar, dio una explicación rápida solo para librarse de la colega de clase. Gran error, a Regina se le humedecieron los ojos.
-¿Cómo dices? ¿No es tuya?- preguntó Regina, su expresión era de dolor, decepción y angustia. Temía aquello y estaba sucediendo.
-No quise decir eso, amor…Perdona…- se dio cuenta de la estupidez que había dicho.
-Claro que querías…Lo de anoche se hizo muy real para ti…¡Tienes miedo!- acusó recordándole la falsa alarma, Emma parecía desesperada, no sabía cómo actuar, la morena unió los puntos.
-¡Pues claro que tengo miedo! ¡Estoy aterrada, Regina!- confesó –No acabé la prueba ayer…porque he decidido dejar de estudiar…- dijo un poco más bajo cerca de la novia, la morena necesitaba entender que ella no había querido decir aquello –porque si estudio, solo puedo trabajar a media jornada, y no voy a poder hacerme cargo de los gastos…Tengo que trabajar…- dijo más bajito, había vergüenza en su voz
-No se trata del dinero, ¿no? Tú no quieres esto…nunca lo has querido…-dijo cabizbaja, su propia coraza, sus propias incertidumbres, su miedo la estaban venciendo.
-¡Emma siempre ha dicho que no quería hijos!- dijo Ariel metiéndose en la conversación
-¿Qué estás haciendo aquí todavía, Ariel? ¡Márchate!- Emma expulsó a la compañera de clase. Volvió a mirar a la novia.
-No pongas palabras en mi boca, Regina…¡Quiero a nuestra hija!- intentó acercarse para tocar la mano de la amada, pero ella retrocedió
-Soy una tonta…- se pasó la mano por la barriga, pensativa, intentando contener las lágrimas que ya resbalaban
-¡No! ¡No lo eres!- agarró el rostro de la novia con las dos manos, encarando los ojos marrones
-Pero tú dijiste…- dijo en un hilo de voz embargada por el llanto
-¡No fue lo que dije! Es lo que tú escuchaste. ¡Y tú también tienes miedo!- aún sustentaba la mirada de la novia
-¡Claro que tengo miedo! Tengo miedo de que te marches…y me dejes…¡No voy a saber qué hacer! Márchate ahora Emma…- apartó a la rubia y desvió la mirada
-¿Qué?- Emma no daba crédito a la escuchado –Yo…¡No quiero irme! ¡Esto es una locura!- estaba roja de rabia, sentía que se estaba desintegrando. Regina no podía hacerle eso después de todos esos meses juntas, aquella familia era también la suya, la morena no tenía ese derecho.
-Si no te vas tú…Me voy yo…- lloraba, su escudo estaba levantado con más fuerza que antes.
-Ok- Emma balanceaba la cabeza en señal positiva, no podía creerse esas palabras –¡cuando lo analices todo, te vas a dar cuenta de que la culpable eres tú!- se giró y echó a andar en dirección contraria
-¡Estaba bien sin ti!- se refería al hecho de ser madre soltera –¡Pero tenías que aparecer! Yo estaba bien…- lloró aún más al ver a Emma cruzar la calle alejándose de ella.
Hola lectoras. Bueno, creo que por primera vez estoy traduciendo un fic que no es muy del gusto de vosotras, ¿no? El capítulo pasado solo ha tenido un comentario. No lo voy a dejar porque yo si comienzo algo lo acabo, soy así en mi vida. Pero no voy a actualizar tan a menudo, porque tengo muchas otras que cosas a las que dedicarme. No sé por qué este fic no ha suscitado tanto interés, a mí me encanta. Y ya dije que es largo, pasarán muchas cosas, habrá más personajes que añadirán interés a la historia, otros personajes cambiarán, otros se llevarán su merecido, etc… No puedo decir más porque sería spoiler, y alguna lectora queda. En fin, hasta el próximo, que no sé cuándo tendré tiempo de subirlo.
