Decisión
Regina se sintió mal al ver a Emma entrar en el taxi, Ruby había presenciado lo sucedido de lejos, se dio cuenta de que la morena estaba pálida y fue a ayudarla.
-¿Regina? ¿Qué ha pasado?- agarró a la mujer embarazada y la sentó en una silla en una esquina de la cafetería, en la parte de dentro. Regina parecía estar en otro planeta, estaba desorientada. Nada decía, las lágrimas rodaban por sus ojos, pero su rostro era gélido, no esbozaba ninguna reacción.
-¿Regina? ¿Regina?- Ruby la llamó tocándole los hombros. Nada. Ella no respondía -¡Dios mío! ¿Qué hago?- llamó a Lily, por suerte ya estaba de camino, Ruby le ofreció agua, ella la tomó con un gesto mecánico, hizo amago de levantarse, pero Lily llegó y se lo impidió.
-Eh…Regina…¿Qué pasó?- Lily miraba hacia el rostro rojo, rastros de lágrimas aún eran visibles, pero ya no lloraba, parecía pensar, su mirada estaba distante. Fue Ruby quien respondió.
-No sé muy bien, pero creo que han terminado…- la morena alta susurró a la amante. Lily desorbitó los ojos, ¿debería estar feliz? Quizás. Pero no lo estaba, conocía a Emma, cuánto había cambiado la rubia y se había apegado a ese bebé, cogió el bolso, se giró y salió, ni siquiera se despidió de su amada. Fue atrás de Emma.
Ruby se vio perdida al notar que la mujer que amaba salía sin ni siquiera darle explicaciones, sencillamente corrió tras Emma, como si nada más en el mundo importase. Tenía que hacer algo, Regina ya estaba sentada desde hacía cuarenta minutos. Cogió el bolso de la morena, encontró el móvil y miró la lista de contactos, sabía que la madre no vivía allí, la hermana tenía dos hijos de los que ocuparse, ¿a quién llamar? Recordó a la amiga rubia y bajita que había visto en el cumpleaños de Emma. Decidió preguntar, Regina respondió aún distante. Llamó y habló con Tinkerbelle que enseguida se presentó en la cafetería para llevarse a la amiga.
-Gracias por llamar…¿Ruby?- la morena alta ya le había explicado lo sucedido por teléfono
-Sí…¿Tinkerbell no?- Ruby confirmó su nombre. Apenas se conocían.
-Puedes llamarme Tink- sonrió hacia la morena –Vamos, Gina…- agarró a la amiga por el brazo y comenzaron a caminar lentamente hasta el coche. Le dio las gracias a Ruby una vez más antes de salir del establecimiento.
Fueron todo el camino en silencio, Regina se torturaba por dentro, sentía que había cometido el mayor error de su vida dejándose llevar por sus sentimientos, ella no era así, su madre tenía razón al decirle que el amor era debilidad. Ahora estaba débil, vulnerable, parecía haberse caído, estaba en el fondo de un pozo, ¿y quién la sacaría de ahí? Ella misma había ahuyentado a su salvadora.
Tenía miedo, y dejó que el miedo la venciera, se precipitó en sus palabras, ¿cómo vivir sin la madre de su hija? Pero, la rubia dijo que no era suya. Pero, ¿cuántas veces ella misma se había referido al hijo de ambas en singular? Ni lo recordaba, y por una elección equivocada de palabras, dejó llevarse por sus inseguridades, levantando aquella antigua muralla. Pero, ¿por qué? Porque todo se había vuelto demasiado real, no conseguía imaginarse sin su novia, quería una vida con ella, quizás más hijos, y verla con los cabellos blancos jugando con sus nietos. Miedo. No debería pensar esas cosas. ¿Y si? Sí. Regina pensaba demasiado, dudaba demasiado, la rubia le había demostrado tantas veces su lealtad, pero esa inseguridad, esa roca que era su alma le había impedido decirle "te amo" tantas veces, lo quería, y luchó, pero existía algo más, algo que no estaba dispuesta a entregar por miedo a volverse débil y sufrir de nuevo.
Estaba sufriendo, sufriendo más de lo que podría imaginar, se había dado cuenta de que había cometido un terrible error al decirle a su novia que se marchara, de nuevo. Pero, no daría su brazo a torcer, sufriría ahora, pero pasaría, todo pasa, y con ella no sería diferente. Emma no estaba preparada para ser madre, ella sí. Saldría adelante, lo sabía. Pero, ¿quería? No. Sabía que no. Aunque, al menos lo intentaría. Era mejor así, cortar el mal desde la raíz.
Tinker entró en el apartamento de la amiga, que enseguida se acurrucó en el sofá, aún pensaba, sin embargo, su expresión era más suave. Todo estaba igual, probablemente Emma no había estado por ahí.
-¿Qué ha pasado Gina?- Tink se sentó al lado de la amiga, agarrándole las manos
-Se fue…para siempre…- susurró mirando a la nada
-¿Cómo es eso? ¿Por qué?- no entendía, Tinker había percibido el amor que la rubia sentía por Regina y por el bebé, jamás huiría de ese modo, así porque así, a menos que la morena se lo mandase.
-Dijo que nuestra hija no es de ella…- una lágrima resbaló por su mejilla
-No quiso decir eso, Gina…Ella ama a ese bebé- pasó la mano suavemente por la barriga
-¡Claro que quiso decirlo, Tink! Si lo dijo, es que lo piensa; si lo piensa, es que lo siente…- dijo en tono acusador.
-Explícame mejor toda esta historia…- la rubia entrecerró los ojos, sospechando que la culpa de todo era de su amiga, precipitada e insegura. Regina lo hizo, le contó cada detalle de la repentina "pelea".
-¡La echaste!- la rubia gritó indignada
-¡No la eché! ¡Ella me dejó!- se defendió
-¡Porque tú le dijiste que se fuera!- se levantó abruptamente del sofá, caminó de un lado a otro, acababa de constatar que su amiga estaba loca o tenía alguna enfermedad mental para hacer algo tan sin sentido.
-¿Te vas a poner ahora de su lado?- también se levantó del sofá apoyando las manos en los riñones, se sentía ofendida por la amiga.
-¡Por el amor de Dios, Regina! ¡Ve tras ella a pedirle disculpas!- le gritó a la amiga, perdió la paciencia, Tinker nunca le había hablado a la morena en aquel tono. A Regina le extrañó
-¡No iré tras ella! ¡No la necesito! ¡No necesito a nadie!- gritó con la misma intensidad
-¿Sabes? ¡Ahora entiendo porque escogiste un donante de semen! ¡Es tu pareja perfecta! ¿No? ¡Nada de sentimientos!- Tinker iba a continuar, pero fue interrumpida por una Regina furiosa
-¡Cállate Tinkerbell! ¡NO NECESITO A NADIE! ¡NI SIQUIERA A TI! ¡MÁRCHATE!- ordenó groseramente, apuntando con un dedo hacia la puerta.
-Ok, Regina…Me iré. Pero acuérdate…Estás sola porque quieres…Existen personas que te aman y que se preocupan por ti…¡Pero tú los apartas!- dijo todo en tono calmo, estaba herida por las palabras de la amiga, Tinker era su única amiga porque no tenía miedo a enfrentarla y decirle la verdad a la morena por más que doliera, a fin de cuentas Tinker siempre estaba ahí, apoyándola y dándole los mejores consejos, siempre había sido muy paciente con la amiga, quizás hasta demasiado, sin merecérselo la morena. Pero aquello ya era mucho para que Tinker aguantara, Regina estaba literalmente tirando su felicidad a la basura por deseo propio. Salió del apartamento de la amiga con los ojos llorosos, dejando a una Regina aún más perdida en su propia confusión. Sola. Estaba sola una vez más, por su propia arrogancia.
Emma estaba en un bar al que siempre iba, o mejor, iba antes de conocer a Regina. No estaba bebiendo y así siguió, tomaba agua, la música alta la ayudaba a no pensar. No podía volver a casa de los padres, ya no, no después de todo lo que había vivido con Regina, Mary y David amaban a aquel bebé, así como Emma, era su hija, Regina no podía. ¡No podía! Era lo que la rubia pensaba, sintió sus pechos doloridos. "Joder", hacía días que sus pechos le molestaban, estaban mucho más grandes, en la última consulta a la que había ido con su novia, el doctor Whale le dijo que el organismo de Emma se había mostrado muy receptivo al tratamiento, lo que indicaba que ya tenía leche, incluso antes que Regina. Se estaba dando bofetones por dentro, no era verdad, aquello no estaba sucediendo. La hija era de ella también, Regina no tenía ese derecho. En el fondo de su alma lo sabía, la morena tenía más derecho, era la madre biológica, Emma no era nada, ni casadas estaban, ¿cómo entrar en una batalla judicial por una criatura sobre la que no tenía ningún derecho? Eso sin contar con el dinero de los Mills. Se recostó sobre la barra del bar y lloró compulsivamente. No podría vivir sin su hija, ella era también su madre, estuvo en todas las consultas, sintió la primera patada, corrió para conseguirle a Regina los absurdos antojos. No era justo. "También soy su madre", sollozaba sobre la barra.
-Emma…- una mano suave acarició los mechones dorados. Levantó la cabeza lentamente, su vista estaba nublada a causa de las lágrimas.
-Li…Lily…- dijo en un hilo de voz. Abrazó a la amiga y volvió a llorar desesperada en sus brazos.
-Estoy aquí, rubia…Estoy aquí…Nunca voy a dejarte…- abrazó fuertemente a la rubia, existía amor en aquel abrazo, un amor puro, Lilith solo quería ayudar, no soportaba ver sufrir a la rubia.
Llevó a Emma a su apartamento, la rubia tomó un baño, estaba frágil, sus ojos estaban rojos e hinchados. No sabía qué hacer, no sabía qué pensar. Lily preparó el almuerzo, Emma estaba en el suelo de la sala, aún lloraba, intentaba disimularlo, pero Lily lo sabía, a cada segundo la rubia se acordaba de Regina. Había incontables mensajes de Killian, el móvil sonaba, Emma ni se inmutó. Lily lo cogió y avisó de lo "ocurrido", que la rubia no estaba en condiciones de trabajar, el moreno dijo que él se ocuparía y dijo que guardaría el secreto, David no se enteraría.
-Ven a comer, rubia…He puesto un plato para ti…- Lily se acercó con el plato extendido hacia la rubia.
-Gra…gracias…- dijo igual que una niña pequeña que acaba de salir de un castigo
-¿Qué es eso Emma?- la morena desorbitó los ojos, la camisa blanca de la rubia estaba toda mojada por la zona del pecho izquierdo.
-¡MALDITA! ¡MALDITA!- exclamó furiosa, fue al baño a comprobar el "desastre" producido por la leche. Apoyó las dos manos en el lavabo. Gritó -¡AAAA! ¡MALDITA SEA! ¡MIERDA! ¡MIERDA!-Lily la escuchó, pero prefirió quedarse en la sala, Emma necesitaba tiempo.
Abrió la ducha, no necesitaba un baño, había acabado de tomar uno, pero necesitaba echar fuera toda aquella frustración de alguna manera. Se sentó en el helado suelo, rodeó las piernas con sus brazos, enterró la cabeza en las rodillas y lloró aún más, el agua caía en su espalda, llevándose consigo todo el dolor que sentía en aquel momento.
Salió tras unos largos minutos. Puso la fría comida en el microondas y se la comió sin ganas.
-Rubia…Tengo que volver a Granny's, estoy trabajando allí, y no puedo abusar de la buena voluntad de mi morena, a su abuela ya no le caigo bien…- rió débilmente –Quédate aquí, Emma…Cualquier cosa, me llamas y vengo. ¿Ok?- tocó el mentón de la rubia. Ella asintió, pasaba los canales de la TV. Lily salió con cierta prisa, recordó que se había marchado de la cafetería como una loca tras Emma, Ruby seguro que estaba pensando horrores de ella.
-¡Lily! ¿Encontraste a Emma?- preguntó Ruby preocupada en cuanto la morena entró en el local
-Sí…Está en mi apartamento…- se acercó a darle un abrazo a su amante
-Pensé que ya no ibas a volver a mí…- Ruby respiró aliviada, depositó varios besos por el rostro de la otra morena
-¿Y dejar que lleves esto sin mí? ¡Nunca!- rió alto y tomó a Ruby en un lento beso.
-¿Cómo está ella?- Ruby preguntó sobre la rubia
-Mal…- respondió triste
-Regina salió de aquí en brazos de su amiga, no sabía ni dónde se encontraba la salida…- suspiró, estaba profundamente preocupada con las dos, lo que más deseaba era verlas felices.
-¿Qué vamos a hacer? No podemos dejar que se torturen así…Se aman…- Lily intentaba buscar una solución.
-No lo sé…- Ruby no podía pensar en nada que saliera bien
-Pensaremos en algo…- afirmó Lily antes de volver al trabajo.
Emma decidió ir a trabajar, era la primera semana del queso Reina, normalmente el trabajo se duplicaba en la semana de estrenos. Killian estaba trabajando como un loco, había varios pedidos y clientes frente al stand cuando un adolescente, de más o menos dieciséis años, se detuvo delante, señalando precisamente al queso Reina.
-¿Ese es nuevo? ¡Adoro los quesos! ¿Cómo es?- el joven preguntó alegre, Emma estaba sentada de mala manera en la silla, su mente no estaba ahí, pero fue despertada por la palabra Reina, que le sonó como Regina inmediatamente, que además no salía de la mente de la rubia, miró al muchacho para responder.
-Ella es bella, arrogante y prefiere estar sola a confiar en mí…- dijo pensativa
-Peter…¡Deja en paz a Emma!- Tinker tiró del brazo del primo reprendiéndolo
-¡Pero yo solo quería saber de que estaba hecho!- reviró los ojos, molesto
-Ve a darle el almuerzo a Kiliian…¡Te traje para ayudar!- golpeó el hombro del adolescente, él siguió adelante con la bolsa, golpeando el suelo fuertemente con los pies.
-¿Emma?- Tinker llamó su atención, la rubia ni se había dado cuenta de que la otra rubia estaba ahí, parada delante de ella
-Hm…- movió la cabeza condescendientemente
-Lo siento mucho, Emma…- tomó a la rubia más alta en un abrazo
-No quería esto, Tink…No lo quería…- sollozó en medio de las lágrimas
-Lo sé…lo sé…La culpa no es tuya…- acarició los hilos dorados intentando pasarle algo de consuelo
-¿Cómo está ella?- dejó de llorar de repente. Sabía que Tinkerbell podría saber algo, era la mejor amiga de Regina.
-Realmente no sabría decirte…Me echó de su apartamento…- contó enfadada
-¿Cómo? ¿Por qué?- no comprendía
-Bueno…Yo…Digamos que le dije algunas verdades…Y ella no las aceptó de buen grado- bajó la cabeza, de verdad estaba resentida con la amiga.
-¡No! ¡No, Tink! Te necesita. No puede quedarse sola ahora, mi hija está a punto de nacer…- se desesperó, no soportaba la idea de que Regina se pusiera de parto estando sola.
-No puedo volver ahora…Está furiosa conmigo-suspiró. Emma agarró las dos manos de la rubia
-Solo confío en ti…Sé que Regina también…No la dejes sola…- pidió suplicante, Tinker la miró con pesar, Emma tenía razón, Regina podría ponerse de parto en cualquier momento, y no tenía a nadie más. Se tragaría su orgullo y volvería a intentar hablar con la amiga. Movió la cabeza positivamente, tenía los ojos humedecidos, acabó por constatar el amor que la rubia tenía por Regina y por esa hija.
-Cuida de mi hija…- sus verdes estaban empañados por las lágrimas, pero no lloró
-Lo intentaré…Te lo prometo- abrazó a la rubia de nuevo
-Gracias Tinker…- le dio las gracias con un hilo de voz.
Tinker caminó hacia su novio y su primo, se quedarían ayudando. La rubia bajita convenció a la otra rubia que se fuera a donde se estuviera quedando y descansara. Así que Emma volvió al sofá de Lily, ella solo llegaría por la noche, así que cayó en un profundo sueño allí mismo. Ya había llorado horrores y le dolía la cabeza, fue vencida por el cansancio emocional.
Pasaron dos días, Emma se hundió en los estudios, aún no había hablado con sus padres, no sabía cómo contarlo. Estaba trabajando también mucho, no había dormido bien esas dos noches, pero intentaba que no se le notase. Lily durmió con Ruby esas noches, estaban saliendo juntas. Emma se puso feliz por ellas, al menos alguien estaba feliz en medio de ese caos. Aún así, Lily siempre pasaba a la hora del almuerzo para comprobar que la amiga estaba alimentándose. Emma se incomodaba un poco, pero no podía quejarse, sabía que si no fuera por la insistencia de la morena, no comería.
Regina era otra que no pegaba ojos ni a tiros. La reunión sería aquella tarde, sus nervios estaban hechos añicos. Su madre llegó de Miami para la votación, estaba al tanto de todo lo que pasaba en la empresa, Robin estaba seguro de que lo conseguiría, llegó aquella mañana con su sonrisa orgullosa en el rostro.
La presidenta estaba en la sala comprobando algunos documentos. Belle anunció la entrada de la madre.
-¡Buenas tardes, hija!-Cora saludó, aún no se había enterado de que las dos habían terminado
-Hola mamá…Siéntate…Tenemos que hablar sobre la votación- dijo firme, pero había tristeza en su voz. Cora se dio cuenta.
-¿Qué sucede? No pareces estar bien. Creo que ya deberías estar de permiso…- dijo realmente preocupada por la hija
-Estoy bien, mamá…- mintió –No vas a votar por Robin, ¿verdad?- fue directa, necesitaba saberlo.
-Nunca, hija mía…Ese miserable apenas sabe llevar su propia casa- afirmó, Regina pareció tranquilizarse.
-Bien…Me quedo más tranquila…Pero sabemos que ellos van a intervenir de algún modo, y van usar mi permiso de maternidad como disculpa, alegando que no podré administrar la empresa. Así que, he seleccionado a algunas personas para que me sustituyan durante ese período en que estaré ausente- explicó, la presidenta era muy astuta cuando de la empresa se trataba, se anticipaba a los movimientos de sus oponentes como en un partida de ajedrez- Y me gustaría que tú hicieras la selección antes de llegar a mí- Cora sonrió ante la eficiencia de la hija, ya había pensado en eso.
-He traído a una mujer de Miami, es hija de una gran amiga mía, tiene un currículo excelente, está al frente de la empresa de los padres, posee un gran bagaje, me gustaría que la conocieras- dijo seriamente
-¡Perfecto mamá! ¿Dónde está?- quería resolver aquello cuanto antes
-Iré a llamarla, podréis entonces conversar mejor…- salió del despacho
Regina se sintió aliviada por un segundo, una preocupación menos por delante, encima le ahorraría entrevistas con más candidatos. Belle enseguida anunció la entrada.
-Srta. Dunbroch…Buenas tardes…- saludó con formalidad
-Mérida, puede llamarme Mérida, sra. Mills- A Regina le cayó bien la muchacha a primera vista, además de tener muy buena presencia, una postura firme, era joven y bella. Usaba una falda tubo, bien ceñida a las caderas, una camisa de seda de color verde claro, sus tirabuzones pelirrojos combinaban perfectamente con los zapatos de tacón que llevaba, elegante, si Regina no estuviera embarazada, seguramente tendría unos parecidos.
-Me puede llamar Regina, Mérida- sonrió –Siéntese…¿Algo de beber?- ofreció. La pelirroja cruzó las piernas, su falda le llegaba algo por encima de las rodillas, la morena no dejó de reparar en las bellas piernas de la imponente muchacha.
-No, gracias…- respondió hundiéndose en los ojos castaños, había reparado no solo en los ojos, sino en la boca así como en el redondeado cuerpo de la morena, ¿cómo podía ser tan hermosa estando embarazada? Era lo que Mérida se preguntaba mientras Regina le explicaba sobre lo que hacía allí.
No pasó mucho tiempo, Regina ya había tomado su decisión, Mérida era más que perfecta para sustituirla durante los meses que estaría ausente.
-¿Alguna exigencia señorita Dunbroch?
-Sí, señora Mills, me gustaría trabajar con mi asistente personal- pidió
-Belle es buena- afirmó
-Estoy segura de eso, no esperaría menos viniendo de usted, Regina…- lanzó una mirada algo intimidadora al pronunciar el nombre de la morena. Regina intentó disimular al darse cuenta, pero aquellos ojos verdes le recordaban a alguien –Pero, realmente no vivo sin Mulan, ¡ella es mi brazo derecho!
-No veo problema alguno…Solo no deje a la señorita French sin nada que hacer…- pidió amablemente, desvió la mirada, había algo en aquellos ojos que no quería recordar.
La reunión transcurría en un clima pesado, sin embargo Regina supo conducir el asunto majestuosamente, había respuesta a cualquier objeción, enseguida llamó a la nueva presidenta, temporal, pero aún así Regina le designó todo a la pelirroja, y dejó bien claro que cualquier acontecimiento tenía que ser pasado a Mérida de inmediato, ella estaría supervisionando a lo lejos. Los hombres de la sala no se quedaron nada contentos con el resultado final. Cora sentía un gran orgullo de la hija, Regina defendía el legado de su padre con mano firme. Robin no se atrevió a cuestionar, no entendió la actitud de la suegra, estaba enfadado, una vez más estaría bajo la supervisión de una mujer.
En los pasillos de la empresa.
-¡Vaya! ¡Si no es el presidente Locksley!- Jefferson rió alto, dándole una palmada en el hombro al "amigo"
-Las noticias corren rápidamente por esa empresa, ¿no, Jefferson?- fue seco
-Pues sí…como la pólvora- guiñó un ojo y se fue riéndose. Robin se enfadó más, tenía que hablar con la suegra.
Cayó la noche, Cora se fue a quedar con Zelena y los nietos tras la reunión en la Mills Company. Pero pasó antes por el apartamento de la hija pequeña para despedirse, ya que cogería el avión de vuelta durante la madrugada.
-¿Dónde está tu petulante rubia?- Cora miró el reloj de muñeca, marcaba las 00:28. Ya tendría que haber llegado.
-Me dejó, mamá…- dijo cabizbaja, sus ojos ya estaban llorosos
-Ah, Regina…Te lo avisé…- abrazó a la hija de lado, estaban sentadas en el sofá
-Está bien…Yo estoy bien, mamá…- mintió, no estaba nada cerca de estar bien, pero no podía mostrarse débil frente a la madre.
-Ha sido mejor así, mi reina…Va a pasar…Todo pasa…- tocó el mentón de la hija, como hacía cuando era una niña. Regina soltó el aire retenido en los pulmones y se pasó la mano por la barriga, parecía que iba a estallar. Cora estaba muy satisfecha con ese final, todo había salido mejor de lo planeado, sabía que la rubia no iba a aguantar la presión. Se había librado de la "nuera interesada". No quiso saber el motivo de la ruptura, no importaba, Regina se sentía aliviada por primera vez por la falta de interés de la madre.
-Lo sé…- pasó la mano por el rostro para secar una testaruda lágrima
-Llama a Tinker para que se quede estos días contigo…En cuanto mi nieta nazca, vendré a visitarte, y contrata desde ya a una niñera- avisó. "Tinker", pensó, ¡qué irónico! No podía llamarla, seguramente no querría verla nunca más.
Cora se marchó, Regina fue a acostarse, no podía dormirse, no encontraba una posición adecuada, se acordaba de Emma, siempre que no conseguía una posición, la rubia se acurrucaba con su cuerpo, y enseguida la morena se dormía. Lloró en silencio al recordar, ¿habrá cometido una estupidez? Pasaron dos horas. Nada. Regina no conseguiría dormir, aquella sería la tercera noche, no podía seguir así, necesitaba estar fuerte, el bebé nacería en cualquier momento, era consciente de ello. Al darse cuenta de que estaba sola se desesperó. ¿Y si se ponía de parto? No podía. Tenía que dejar el orgullo de lado y disculparse con Tinker, era todo lo que tenía, desde muy joven, sabía que se había portado muy mal con su mejor amiga, ella no merecía ese trato. Decidió llamar aunque fuera de madrugada.
-¿Diga? ¿Regina? ¿Está todo bien? ¿Va a nacer? ¡Ya voy para allá!-la rubia asustada ni dejó que la morena se explicara y colgó el teléfono. Regina se quedó mirando la pantalla del móvil hasta que se apagó, sonrió de lado acariciándose la barriga.
-Tu madrina no nos ha abandonado…Me va a perdonar…- habló con su propia barriga, sus ojos estaban llenos de lágrimas. No merecía tal gesto, sabía eso, sin embargo se prometió a sí misma que nunca más le hablaría a Tinker de aquella manera.
En menos de veinte minutos la rubia llegó.
-¿Regina?- entró buscando a la amiga, solo estaba esperando la oportunidad, Emma le pidió que cuidara a Regina, y cumpliría la promesa, aunque siguieran herida, amaba a la morena como a una hermana, y nunca la abandonaría.
-Tinker…Perdóname…Yo…No quise decir todo lo que dije…Echo de menos a mi mejor amiga…- abrazó a la bajita antes mismo de que ella dijera nada, se apartó de ella con los ojos desorbitados.
-¿Te encuentras bien?- agarró las dos manos de la morena comprobando su estado –Pensé que te habías puesto de parto…- dijo pensativa
-No te dije eso…- Regina rió traviesa
-Pero, ¿qué MIERDA es esta, Regina? ¿Me despiertas en plena madrugada para pedirme perdón? ¡Solo puedes estar de broma!- fingió irritación
-Tú…¿me perdonas, entonces?- tenía miedo de la respuesta
-¿Tengo otra opción que no sea perdonarte? ¡Tonta del bote! Estoy aquí…¡Y no te vas a librar de mí tan fácilmente! ¡Eh!- cruzó los brazos y golpeó el suelo con el pie izquierdo, poniendo cara de enfado.
-Te quiero, Tinkerbell…- abrazó a la amiga con mucha fuerza –Gracias por no desistir de mí…- dijo casi en un susurro
-Ya vale…Yo también te quiero Gina…¡Pero creo que la pequeña Lana y yo no queremos compartir el mismo cuerpo!- salió del apretado abrazo
-¡Perdona!- pidió avergonzada, necesitaba desesperadamente un abrazo, no exactamente aquel, pero tendría que bastar.
-Pero, ¿qué es eso, Regina? ¡Estás llena de ojeras!- tocó los párpados de la amiga. Regina sonrió débilmente, Tinker ya sabía el motivo –Ah, Gina…Vamos a echarnos…- agarró el brazo de la amiga y la condujo al cuarto. Se cambió de ropa, en realidad se puso un pijama de Emma. Esa vez Regina mantuvo todo en su sitio, tal vez tenía esperanzas de que la rubia volviera, Emma no había vuelto ni una vez al apartamento, ni siquiera para recoger su ropa, no iba a soportar tal dolor, estaba usando la ropa de Lily.
Pasaron algunas horas más, Regina aún seguía sin poder conciliar el sueño, su bebé se movía bruscamente, parecía querer salir. Se levantó y caminó de un lado a otro en el oscuro cuarto, Tink dormía.
-¿Regina? ¿Qué ocurre? ¿Va a nacer?- todo era motivo para que la rubia creyera que estaba de parto
-No, Tink…- su voz era llorosa, había llorado aún más, la echaba de menos –No puedo dormir…Nunca más voy a lograr dormir…- "sin ella", pensó, pero no lo dijo
-Siéntate aquí…- Tinker golpeó el borde de la cama, Regina se sentó al lado de la amiga y pegó su cabeza en su hombro –Vas a pedirle disculpas a Emma…- aconsejó
-Pero…- intentó protestar, pero Tink agarró la cabeza de la morena en su hombro
-¡Shhh! Sin peros, sabes que estás equivocada…- acarició los mechones negros. Su tono era ligero y calmado, no era una bronca, pero sí un aviso.
-Ay, Tinker…- lloró libremente, compulsivamente. Su llanto duró demasiado tiempo, estaba exhausta. Se durmió agarrada a la cintura de su amiga.
El día amaneció claro, el sol se hizo presente. Regina despertó sintiéndose dolorida, probablemente por la posición en que se había quedado dormida. Su cabeza aún le dolía y sus ojos estaban hinchados, resultado de tanto lloro, podía jurar que estaba deshidratada.
Tinker seguía ahí, había preparado el desayuno. Regina comía en silencio, estaba pensativa, ¿iría a buscar a Emma? ¿Acaso ella la perdonaría? Dudas y más dudas, el coraje se distanciaba con cada minuto que se alargaba su demorada decisión. Amaba a la rubia, eso lo sabía, y necesitaba decírselo a ella, quizás ya fuera demasiado tarde para eso. Dejó que su miedo la venciera, pero no sería débil, lo enfrentaría, Emma necesitaba saber de ese amor que sentía por ella, aunque ya fuera demasiado tarde.
-¿Entonces? ¿Vas o no vas a buscar a la madre de tu hija?- Tinker pareció leer los pensamientos de la amiga
-No sé dónde está…- dijo pensativa
-¡Pero yo sí!- colocó un papel con una dirección encima de la mesa, cerca de la mano de Regina. Sonrió victoriosa-Ve…¿A qué estás esperando? ¿Una invitación formal?- sonrió dando ánimos a la amiga.
-Tinker…¡Eres lo más!- se levantó enseguida y le dio un besó ruidoso en la mejilla a la amiga
-¡Lo sé! ¡También será la madrina de boda!- gritó desde la sala, Regina estaba en el baño. Tomó una ducha, se pasó unos largos segundos pensando qué ponerse, quería estar mínimamente presentable, decidió maquillarse primero, pues sus ojos estaban hundidos, resultado de tres noches mal dormidas. Se puso un maquillaje ligero, su pintalabios rojo. Quedó bien, quien no la conociera bien, diría que estaba genial. Volvió al armario, optó por un vestido largo y floreado, su estampado era alegre, propio de un día de primavera. Se calzó unas princesitas de color azul, que pegaban perfectamente con los estampados claros del vestido, que se ceñía perfectamente a su barriga, tenía un escote algo sugerente, no lo necesitaba, pero así lo dejó. Se pasó las manos por los cabellos despeinándoselos un poco. Fue derecha a la puerta.
-¿A dónde piensas que vas? ¿A una fiesta?- Tinker la reprendió, estaba buscando un libro en la estantería -¿Y esas llaves en las manos? ¡Dame eso!- le quitó las llaves del coche
-¡Tinker!- no entendía, tenía prisa
-Yo voy contigo…en taxi, no voy a dejar que conduzcas, tu bebé puede nacer en cualquier momento, ¿recuerdas?
-¡Estoy muy bien, gracias!- fue ruda, Tinker arqueó las cejas, se puso las manos en la cintura –Está bien, está bien…¡Vamos!- hizo una señal para que la rubia saliera primero –Pero, no te vas a quedar allí esperándome, ¿no?- preguntó con miedo de la respuesta
-¡Claro que no! Después voy a buscar a Killian…- dijo como si fuera algo obvio
Llegaron enseguida, Regina estaba nerviosa, ¿qué diría? No lo sabía, solo sabía que necesitaba intentarlo. Tinker le deseó buena suerte y se marchó en el taxi rumbo al centro.
Regina subió las escaleras lentamente, parecía reconocer aquel sitio, ya había visto la fachada de aquel edificio. No recordaba las fotos que Robin le había enseñado tiempo atrás. En su mano el papel indicaba segundo piso, era un edificio antiguo, no había ascensor. Las personas que allí vivían con certeza no tenían un nivel alto de vida. Tragó en seco cuando paró delante de la puerta. Aún no tenía idea de por dónde comenzar, aún así tocó al timbre, sus manos temblaban, nunca se había sentido tan nerviosa en su vida, su corazón latía fuertemente, demasiado rápido, su bebé se removía mucho, intentó ignorar la incomodidad.
-¡Ay, hija! ¡Calma!-comenzó un diálogo con la barriga, a fin de aplacar aquella fiesta, era eso lo que sentía, se movía demasiado, más de lo normal -¡Estás poniendo a tu mamá más nerviosa! Sé que quieres escuchar la voz de tu otra mamá…- no terminó, Emma abrió la puerta
-¿Regina?
