Hace dos meses que no consigo dormir
David y Mary fueron a visitar al nieto por la mañana, estaban más que orgullosas de la hija, y David, sobre todo, no era más que orgullo de ese nieto, que si nieto para acá, que si nieto para allá, incluso ya había hecho planes para llevar a Henry a pasar las tardes con Mary y el pequeño Neal, David sentía pasión por los niños, tener la casa llena era su punto flaco.
Ruby y Lily fueron por la tarde, se quedaron poco tiempo, y aún así quedaron encantadas por el pequeño, salieron de allí pensando en adoptar uno. Más tarde llegó Tinker con su novio, Killian, Tinker le llevó un montón de regalos, no quería salir de allí, agarraba al pequeño como si fuera su hijo, Killian también quedó encantado, sin embargo, solo lo cogió unos minutos, pues Tink lo acaparó de nuevo, parecía una niña pequeña con juguete nuevo, Regina y Emma se reían del desespero de la rubia bajita.
Zelena fue a visitar al sobrino en cuanto la hermana ya estuvo en casa, era difícil salir con dos pequeños, Robin no fue, lo que dejó a Regina mucho más tranquila, Roland quedó entusiasmado con el primito, decía que en cuanto el pequeño comenzara a andar iban a jugar juntos.
Cora desembarcó en Nueva York un mes después del nacimiento del nieto. Lo que no sorprendió a Regina, su madre era así, ora era todo amor, ora no siquiera daba una llamada de teléfono.
Emma amamantaba al pequeño en el sofá mientras veía la televisión, Regina termina el almuerzo que Emma había empezado. Sonó el timbre.
-¡Mamá!- Regina abrazó a la madre, la había echado de menos. Emma reviró los ojos, no soportaba la falsedad de aquella cobra.
-¿Todo bien contigo, pequeña?- miró a Regina de la cabeza a los pies. Hacía apenas un mes que el niño había nacido, pero ya casi estaba en su peso ideal.
-¡Mejor, imposible mamá! Entra…- Cora entró y se deparó con su nieto agarrado al pecho de aquella rubia petulante
-Pero…¿Qué hace ella aquí?- se sorprendió, no sabía que la hija había vuelto con la buena para nada.
-¡También es una alegría volver a verla, suegra!- la rubia saludó irónica desde el sofá
-¿Por qué está amamantando a mi nieto? ¡Qué absurdo!- Cora soltó
-Mamá…- Regina susurró intentando apaciguar a la furiosa madre
-¡Eso es inadmisible, Regina! ¿Perdiste la cabeza?- casi le gritaba a la hija quien no se incomodó ni un poco con la reacción de la madre
-Volvimos…el día que Henry nació…- explicó –Si vinieras más a menudo, lo sabrías…- caminó a la sala a coger al pequeño. Emma lo pasó a los brazos de la morena.
-Ponlo en vertical, aún no ha eructado…-avisó Emma, se había vuelto una madre super protectora.
-Ven mama…Cógelo…- se lo pasó a la madre –Henry Daniel…tu nieto…- sonrió emocionada, inevitable no acordarse del padre y primer amor de su vida.
Cora carraspeó, intentó ahuyentar las lágrimas, también se acordó de Henry, su fallecido marido, una hombre bueno, honesto, que amaba a su esposa e hijas, había criado a Zelena como si fuera de él, aún consciente de la traición de Cora. En el fondo, lo echaba de menos, quizás había descubierto demasiado tarde el amor que sentía por el marido, le gustaría poder volver atrás en el tiempo.
-Es lindo…- acarició la cabeza del bebé –Tiene tus ojos…- comentó, Regina sonrió orgullosa –Mi pequeño Henry…Tu padre estaría orgulloso, hija…- dijo con cariño en la voz, parecía haberse olvidado de que la rubia estaba ahí.
No se había alegrado para nada de saber que las dos habían vuelto, consideró un absurdo que Emma amamantara a su nieto. Tenía la certeza de que aquella rubia era de verdad muy engreída, tenía que pensar en algo, pudo percibir que Regina la quería mucho. Lo que la hizo pensar que quizás, solo quizás, estuviera equivocada.
Aún agarraba al nieto, Henry le traía paz, siempre quiso un hijo varón, y tener al hijo de Regina en sus brazos era reconfortante, algo más allá de lo que le gustaría sentir. Ignoró a la rubia cuando esta quiso coger al hijo.
-¿Has perdido algo aquí?- se giró con el pequeño, Regina estaba en el baño
-En realidad no, suegra…- sonrió –Solo es que creo que hay que cambiarle el pañal…- respondió irónica
-Regina puede hacerlo…- se levantó con el pequeño, apartando a la rubia.
-Está bien…Puede seguir con él…Voy a lavar la loza…- dejó a la suegra ahí. Cora jugueteó con su nieto, que de repente le vomitó en el chaleco.
-¡Maldición! ¡Esto ha sido jugarreta de tu madre petulante!- ni se había dado cuenta de que había llamado madre a la mujer que quería ver lejos.
-¿Me llamó, suegra?- Emma realmente actuaba de forma engreída con Cora.
-¿Qué problema tienes, muchacha? ¡Ve a jugar a las casitas a otra parte!- exclamó furiosa. Emma se dio cuenta del estrago que había hecho Henry. Se echó a reír descontroladamente, incluso soltó algunas lágrimas de tanto reír.
-¿Emma? ¿Mamá? ¿Qué ha ocurrido aquí?- Regina miró a las dos mujeres, enseguida comprendió. Y se echó a reír junto con la novia.
-Pero, ¿qué pasa aquí? ¿Las dos habéis perdido la cabeza? ¿Acaso estoy lidiando con dos criaturas?- Cora no entendía, Regina no era así. Aún reían sin parar -¿Qué has hecho con mi hija?- Cora lanzó una mirada furiosa a Emma.
-¡Nada! Yo iba a cogerlo…Pero usted no me dejó…- seguía riendo
-Ay, mamá…Perdona…- se enjugó las lágrimas –Es una broma nuestra, Henry tiene una hora precisa para expulsar su bomba de leche…- explicó, Emma sabía que el pequeño iba a hacer aquello cuando fue a provocar a Cora al decirle que tenía que cambiarle los pañales.
-¿Y por qué no me avisaste? ¡Me habría colocado un paño, por lo menos!- Cora estaba indignada
-Dámelo, mamá…Ve a tomar un baño…yo voy a ponerlo en la cuna…- cogió al pequeño y lo llevó al cuarto, Emma llegó después, agarró a Regina por detrás, causando escalofríos por el cuerpo de la morena –Em…- cerró los ojos –No puedo…- suspiró
-¿Quién ha dicho que quiero algo?- giró a la morena hacia ella y la besó apasionadamente –Te amo…- le dijo entre besos, sus cabezas estaban pegadas.
-Yo también, Em…Te amo mucho…- salió del abrazo, era difícil estar tan cerca de la novia, se puso la mano en las caderas –Ahora…¿Qué fue aquello? ¡Tú sabías que iba a eructar!- preguntó apartándose el cabello hacia un lado.
-¡Jo! Estás muy sexy cuando haces eso…me ha entrado calor…- se acercó de nuevo, le apretó la cintura a la morena –Sí, lo sabía…¡Se lo dejé a propósito!- afirmó traviesa.
-¡Es muy mala, señorita Swan!- rozó las narices
-Tu madre me provoca…- besó el cuello de la amada, que soltó un fino gemido.
-Hm…Para Em…- se apartó de nuevo con la respiración pesada –Voy a buscarle un chaleco a mi madre- salió corriendo.
Emma se giró hacia la cuna, su hijo dormía tranquilo, le acarició su pequeño cuerpecito.
-¡Tu madre es una delicia, hijo…!- se desahogó -¡Cielos! ¡Dame fuerzas para resistir a esa mujer!- se rió y marchó a la cocina a coger el postre.
Lo que apaciguó a la de más edad fue el propio Henry, tenía el poder de conmover a las personas, era un bebé calmo cuando estaba en el regazo de alguien, mimado en exceso, porque cuando lo colocaban en la cuna, lloraba frenéticamente hasta que una de las madres lograba tranquilizarlo.
Cora pasaría algunas semanas en la ciudad, vigilaría de cerca la empresa, ella era los ojos de Regina, la cual había simpatizado con su sustituta, pero aún así prefería coordinar todo a su manera.
Henry cumpliría dos meses aquella semana. Lo que David le había dicho a la hija era verdad, Regina no dejaba a la rubia acercarse, Emma estaba en pura agonía, decidió pasarse por Granny's antes de ir a la facultad, eran sus últimos días, pronto se graduaría, no veía la hora de acabar.
-¡No aguanto más, Ruby! ¡Necesito follar!- Emma se desahogó en la barra. Lily se acercó y se sentó en el regazo de la novia, se dieron un beso algo exagerado. Emma protesto -¡Eh! ¿Queréis parar? ¡Una aquí está a dos velas! ¡Me estoy excitando!- se quejó
-¡Wow, rubia!- Lily rió -¡A tomar una ducha fría!- se echó a reír. Emma reviró los ojos y se puso a comerse sus papas.
-Está muy sensible…- Ruby le susurró a la amante -¿Quieres ver?- le guiñó un ojo traviesa. Se acercó por detrás de Emma y le pasó la mano por la parte interior del muslo, la rubia dio un salto.
-¡Ohhh! ¿Qué es eso? ¿Me estáis volviendo loca?- tenía la respiración acelerada, ambas morenas comenzaron a reír sin parar. Emma se puso roja, furiosa, pero enseguida entró en el juego, y también se echó a reír. -Solo vosotras podríais hacerme reír… -dijo tras recuperarse de las carcajadas.
-¿Por qué? ¿Problemas en el paraíso?- preguntó Ruby preocupada, Lily se sentó de nuevo en el regazo de la novia para poder escuchar.
-No exactamente un problema…Solo…ya no consigo dormir…Estoy cansada…-Además de estar exhausta a causa de las noches mal dormidas, estaba estudiando como una loca, pronto presentaría su proyecto final, temía no lograrlo.
-Ay, rubia…¿Quién te dijo que ser madre sería fácil? Es así, tu hijo es solo un bebé…- dijo Lily
-Ya falta poco para que puedas aliviar ese estrés…- le guiñó un ojo Ruby
-No es solo eso…Amo a Regina, amo a mi hijo…Solo…- resopló –Solo estoy aprendiendo a lidiar con eso…- tomó un poco de jugo y se comió otra papa –Siento…como si ya yo no le importase…- soltó lo que realmente la estaba preocupando.
-¡Ah, Emma! ¡Deja de ser egoísta! ¡Hace dos meses que habéis tenido a un bebé!-Ruby se estresó
-Es verdad, Emma, ve con calma…¡Tu reina malvada te necesita!- completó Lily, se había quedado con ese mote, la morena nunca llamaba a Regina por su nombre.
-¡Dios! ¿Cuándo os volvisteis así?- Emma se asombró con la conexión de las dos
-¡Después de que admitiera que me amaba!-respondió Ruby convencida, le robó un beso lento a la novia.
-¿Sois un asco, sabéis?- Emma hizo una mueca, en el fondo estaba más que orgullosa, sus mejores amigas juntas, nada podría ser más perfecto.
-Ahora, volviendo al tema…¡Debes hablar de eso con ella!- afirmó Ruby
-Ya…No sé cómo hacerlo…- tenía miedo de ofender a la morena
-Regina es consciente, rubia…Ella sabe que todo es nuevo para ti…¡Confía en nosotras!- volvió a completar Lily, de verdad las dos estaban conectadas.
-Voy a pensar en ello…Gracias…- pidió el postre, y después salió en dirección a la facultad.
Eran más de las 3:15 de la madrugada. Henry lloraba en la cuna, habían colocado la camita en su habitación, aún era muy pequeño, preferían estar cerca del hijo.
-Amor…-Regina dio golpecitos a su somnolienta novia –Henry…- dijo
-Ah no, Regina…Tu turno…- se giró hacia una esquina, encogida.
-¡Emma!- la reprende –Es tu semana…Recuerda.
-Lo sé…lo sé…Pero estoy cansada…Solo hoy…¿Puedes quebrar esa regla por mí?- pidió quejica, aún con los ojos cerrados. Regina sonrió
-Está bien…Ganaste…Puedes dormir…- acarició los cabellos rubios –Te amo Em…- Besó la cabeza de la novia y fue a coger a su hijo -Mamá te abandonó hoy, Henry…-rió -¿Es hora de la leche?- miró el reloj que había en la cabecera de la cuna –Hmm…No. Debes estar sucio…- miró el pañal, estaba limpio, seguía llorando.
-¿Amor? ¡Haz que se calle! ¡Necesito dormir! ¡Estoy en los exámenes finales!- Emma puso la cabeza debajo de la almohada.
-Lo estoy intentando, creo que tiene cólicos…- dijo pensativa –Oh, hijo…calma…calma…- lo acunó de un lado a otro.
Emma se levantó abruptamente y cerró la puerta del baño con fuerza.
-¿Emma? ¿Todo bien, amor?- Regina se acercó a la puerta, aún con el niño en brazos, parecía más calmado, aún así rezongaba.
-¡Estoy cansada Regina! ¡HACE DOS MESES QUE NO LOGRO DORMIR! ¡TENGO EXÁMENES! ¡TENGO QUE PRESENTAR MI TRABAJO FINAL! ¿Y A TI TE IMPORTA? ¡NO! ¡PORQUE NO TIENES TIEMPO PARA MÍ!- gritó desde el otro lado de la puerta, estaba sentada en la tapa del wáter, apoyando las manos en la cabeza. Explotó, no quería haber dicho aquello, se arrepintió en el mismo momento, tendría que haber escuchado a Ruby y Lily, conversar con la morena.
Regina no se esperaba esa reacción, Emma estaba realizando muy bien el papel de madre. Se preguntó si realmente había dejado de lado a la novia.
-¿Emma? ¡Abre la puerta!- puso a Henry boca abajo. La rubia abrió, avergonzada, ya se había arrepentido de haberle hablado en aquel tono a la morena.
-Perdona…- no acabó, Regina la besó con cariño
-¿Por qué no me lo contaste antes, Em…?- era una petición –Tienes que decirme cómo te sientes…Perdóname por esto, creo que realmente te he dejado de lado…Sé que estás pasando un momento delicado en los estudios, y de hecho, me olvidé…Pero estoy aquí, Emma, ¡aún estoy aquí! Puedes contar conmigo. ¿Qué te aflige?- su mirada es cariñosa, su tono calmado.
-Estoy tensa…y te echo de menos…- le tocó la nuca a la novia que al momento entendió lo que ella necesitaba. Dio dos pasos hacia atrás.
-Aún no, Em…No estoy lista…- de verdad no se sentía preparada, su cuerpo ya era el mismo de antes, pero aún así sentía vergüenza, como si todo comenzara de nuevo. Deseaba a la rubia, en realidad estaba loca por ella, pero se sentía insegura.
-¿Quieres conversar sobre eso?- preguntó Emma dulcemente, había complicidad.
-No…Pero puedo…resolver eso de alguna manera…- tocó la intimidad de la novia por encima del pijama
-Hm…Regina…- Emma suspiró con los ojos cerrados –Pon a Henry en la cuna…- susurró, él parecía dormir. La morena lanzó una mirada maliciosa e hizo lo que la novia le pidió.
-Ven…- llamó a Emma que se subió en la cama ansiosa, ya quitándose la ropa. Se acostó encima de la novia, la besó de forma voraz, comenzó a pasearse por las curvas de la morena, que enseguida masajeó el clítoris húmedo de la rubia.
-Ahnnn…Ah, Regina…¡Ahhh!- Emma gimió enloquecida.
Regina hizo movimientos circulares un poco más rápidos, parecía querer acabar pronto con aquello, escuchó a Henry rezongar en la cuna, Emma no se dio cuenta, estaba deleitándose con los dedos de la novia.
-Mete…venga…- pidió, se movía desesperada sobre la morena, sintió dos dedos invadirla -¡Ahhh! ¡Más rápido! ¡Ohhh!- se movía buscando más contacto, más placer.
Henry comenzó a llorar, Regina intentó ir más deprisa, no podía dejar a la rubia así.
-¡Vamos Emma! ¡Goza para mí! Anda…- miró de forma preocupada hacia la cuna, y en ese momento Emma se dio cuenta de que Regina lo estaba haciendo por obligación. Dejó de moverse -¡No pares, Emma!- casi le ordenó. La rubia retiró lentamente los dedos de la novia, estaba frustrada.
-Ve a coger a Henry…- suspiró
-Emma…Disculpa…- se levantó rápidamente, fue al baño a lavarse las manos antes de coger a su hijo.
-Oh, oh, príncipe…¿qué ocurre hijo? ¿Te duele? Mamá sabe que te duele…- masajeó la barriguita del pequeño
-Tenemos que conversar…sobre esto…- Emma ya estaba echada, se giró hacia un lado –Porque para mí no es suficiente- apagó la lámpara de su lado de la cama.
Regina solo asintió, ¿tendrían una conversación sobre sexo? Temía lo que podía venir. Ahuyentó sus pensamientos, se marchó a la sala con el niño en brazos, acunándolo. Y así habían pasado aquellos dos meses, ambas compartían las tareas, pero no tenían tiempo para ellas mismas, quién diría para pasar un rato juntas.
El día amaneció colorido, los árboles desplegaban belleza y las flores exhalaban su dulce aroma, digno día de primavera.
Regina ya estaba en pie, había preparado el desayuno, para compensar la desastrosa madrugada. Henry dormía tranquilo en el cuarto, a aquella hora de la mañana, él era un amor, ni rezongaba, ni siquiera parecía moverse.
Emma se despertó medio desorientada, parecía ser demasiado tarde, pero miró el reloj y vio que solo eran las nueve. Se levantó, miró a su hijo y se aseó. Después se detuvo frente a la cuna.
-Hijo…- cogió al pequeño que se movió despacio –Perdona a esta madre tuya…Te amo, y también amo a nuestra morena linda…- rió –Lo sé…Lo sé…¡Fui egoísta! ¡Pero le voy a pedir disculpas a mamá! ¿Vamos a decirle buenos días?- fue a la cocina con el pequeño en brazos, sintió el aroma a tortitas.
-Buenos días, Em…- abrió su sonrisa más linda, ver a los dos se había vuelto el mayor de sus regalos. Vertió el zumo en la jarra.
-Buenos días, amor…- le besó los carnosos labios delicadamente –Perdóname…Y…por lo de esta noche…no tenemos por qué hablar de eso…- desvió la mirada
-Sí tenemos, Emma…- bajó la mirada
-¡No! No tenemos…Te doy el tiempo que necesites…- apoyó a Henry en el hombro
-¿Y este perezoso?- Regina acarició la espalda del hijo
-Está somnoliento, como siempre a esta hora…- reviró los ojos -¿Vamos a comer esas tortitas o no? ¡Me muero de hambre!- Emma le dio un mordisco a una de las que ya estaban en el plato.
-¡Emma!- la reprendió –Espera…Vamos a la mesa- rió ante la desesperación de la novia –Dame a Henry…- cogió al pequeño, siempre le daba de mamar ella por la mañana, mientras desayunaban.
Se sintió aliviada por no tener que hablar sobre aquello, pero se preocupó, pensó en hablar con su hermana mayor, quizás ella pudiera darle un consejo. Emma fue a trabajar, aquella misma noche presentaría su trabajo de fin de curso, había aprobado todos los exámenes, algunos con algo más de dificultad, pero aun así, alcanzó notas altas. Regina iba a asistir a la presentación, estaba orgullosa, a fin de cuentas, en breve, Emma podría realizar su sueño e inaugurar su estimado restaurante.
Era por la tarde, Regina había invitado a Zelena a pasar un rato de hermanas, hacía tiempo que no charlaban relajadamente. Aquel era el momento perfecto para resolver una duda, estaban tomando té en la sala.
-Ay Zel…No sé qué hacer…- le había acabado de contar lo ocurrido.
-¡Deja de ser boba, hermanita! ¡Yo me acosté con Robin durante el tiempo de la cuarentena! Y mira…¡Fue maravilloso! ¡Estaba tan ansiosa! Y Robin…- dijo apasionada, parecía estar recordando esa noche de placer.
-¡Lo sé Zel! Sin detalles- pidió
-¡Pero tengo que hablar! ¡Hermana! ¡No me dio tregua!- dijo orgullosa
-¡Ya basta, Zel…Sé cómo es Robin!- reviró los ojos, no tenía necesidad de saber aquello.
-¡Ops! Disculpa…Siempre me olvido de eso…- dijo sincera
-Está bien…Ya no me molesta…- sonrió a la pelirroja
-¡Para con eso, Gina! ¡Y dale ya a esa rubia lo que quiere! ¡Un hijo no es un problema para eso! Cuando Roland tenía dos años, Robin se lo puso en la espalda y le dijo que estábamos jugando "a caballito", los tres nos divertimos mucho- se echó a reír al recordar la "broma", Regina tenía el asombro en su rostro, Zelena realmente estaba loca. ¿Cómo aún seguía sorprendiéndose por eso? Estaba indignada, no consiguió decir nada, imaginaba la escena, quería sacarse aquello de la cabeza, su sobrino "pobre", pensó. Gracias a Dios, fue despertada por la pelirroja que la bombardeó a preguntas –Al final…¿Cómo va a ser? ¿Cuándo os casáis? ¿Ya empezaste con los papeles de adopción de Henry?- preguntó curiosa, todo de una vez, según ella Regina ya se debería haber casado.
-¿Casar?- se asustó ante la idea, ya lo había pensado, pero, ¿cómo hacerlo?
-¿Qué? ¿No pensareis estar siempre como novias, no?- preguntó a su vez
-No…- dijo pensativa. Cambió de tema -¿La adopción? Bueno, ya hablé con el dr. Hopper, dijo que una asistente social vendrá primero aquí…Estoy algo preocupada con eso…Emma es una madre genial…Pero…No sé, Zel…Confieso que aún tengo miedo sobre esa decisión- se desahogó, confiaba en Emma, pero saber que tendría los mismos derechos de madre sobre el pequeño la asustaba.
-¡Déjate de tonterías! ¡Ella abandonó una vida para dedicarse a vosotros! Se lo merece, Gina…Dale algo más de confianza…- la incentivó
-Lo sé…Eso lo sé…- confirmó
-Entonces, ¿qué es?- Zelena sabía que había algún problema
-Yo qué sé, Zel…Si un día ya no estamos juntas, puede querer quitarme a mi hijo…- dijo pesarosa, no quería pensar en esas cosas, pero era realista
-¡Jamás haría eso, hermana! No me digas que…- miró a los ojos a la hermana pequeña, conocía esa mirada -¡Tienes celos! ¡Igual que los tenías de mí con respecto a papá!- pareció desvelar el misterio, Regina se sintió expuesta, era exactamente aquello, solo que aún no lo sabía.
-¡Claro que no! ¿Celos? ¿De Emma? ¡Ella también es su madre!- intentó disimular
-¡Es precisamente eso lo que te asusta! Ellos se llevan bien…- Zelena conocía a la hermana
-¡Para con eso, Zel! ¡No es nada de eso! Yo…yo…- balanceó la cabeza negativamente –A veces pienso que se queda más tranquilo cuando está con ella…- se desahogó. De hecho, Henry se quedaba más sereno cuando mamaba de la rubia.
-No te pongas así…No dejas de ser madre por eso…Ellos también tienen esa unión a causa del amamantamiento.
-¡Es eso! Ella le da de mamar más que yo…¡produce más leche que yo! ¡Se saca biberones enteros de leche! Mientras yo…apenas consigo darle adecuadamente una comida…- dijo triste, probablemente dejaría de producir leche más pronto de lo esperado.
-Ah, Gina…No te pongas así…Agradécele a Emma eso…Así no tienes que estar corriendo tras leche materna. Además de ser caro, es difícil de encontrar- explicó -¡Tiene que ser mal de familia!- dijo indignada, ella había dejado de dar de mamar a Roland con apenas seis meses porque ya no tenía leche, y no fue diferente con la hija pequeña, apenas tuvo para siete meses, pero ya se tomaba sus biberones además de tener como complemento las papillas.
Regina se quedó pensando un instante, ella tenía razón, menos mal que Emma tenía.
-Es verdad, Zel…Gracias por hacerme ver eso…
-Ahora vamos a hablar de tu sustituta en la empresa, ¡Robin está estresado con ella! ¡No ve la hora de que tú vuelvas!- contó
-¿Cómo? ¿Robin me quiere cerca?- se echó a reír, nunca imaginó escuchar aquello.
-¡Mal contigo! ¡Peor sin ti! ¡Aquella mujer es el diablo!- afirmó, probablemente el marido se quejaba a su esposa.
-¡Pues yo digo que es perfecta! ¡Ha ganado más puntos conmigo!- aún reía –Dentro de poco me incorporo…Mamá ya ha ayudado bastante, y como Mérida es eficiente, voy a contratarla por algún tiempo más, y trabajar yo solo media jornada. Así estoy más tiempo con Henry…- tuvo esa idea en el momento
-Hmmm, es una buena idea…- miró el reloj –Me tengo que ir…Voy a recoger a Roland en la escuela…- se levantó del sofá y fue a coger a su hija de la cuna, dormía al lado de su primo –Es muy tranquilo…- acarició a su sobrino.
-¡Ah, sí! ¡De día! ¡Te querría ver pasando las noches aquí!- reviró los ojos. Zelena rió
-Es así…Ven hija…- cogió a la pequeña somnolienta –Mamá está boba con él- comentó –Henry para acá, Henry para allá…¡Tengo envidia!- bromeó
-Pues no la tengas, Zel…Henry hace eso, a fin de cuentas es mi hijo…-sonrió alegre
-¡Eres insoportable Regina! ¿Cómo puedes? ¡Siempre la preferida!- dijo una tanto herida
-Oh, Zel…Perdona…No quise decir eso…¡Y además, no es verdad!- intentó arreglarlo
-No tenemos que fingir, hermana…Sabemos la verdad…- abrazó a la bejamina amablemente –Y te quiero aún así, Gina…
-Yo también Zel…- Zelena siempre se sintió excluida, Henry había sido un buen padre para ella, pero al nacer Regina, las cosas cambiaron, y todo era para la hija pequeña, se pasó mucho tiempo envidiando a la hermana pequeña, pero la quería, eran cómplices, con el tiempo aprendió a ignorar ese sentimiento.
Zelena se marchó, aún era temprano, Regina decidió pasar por la empresa rápidamente para felicitar a la pelirroja que estaba en su puesto. Después iría a la facultad a ver la presentación de Emma. Le puso un pelele azul a Henry, con una toca del mismo color, tenía orejitas de oso, estaba lindo, un príncipe.
-¿Vamos a conocer la empresa de mamá? ¿Hm?- besó la mejilla del pequeño, él rió –Oh, Henry…¡Me derrites con esa sonrisa hermosa!- lo besó varias veces más, y después salió con destino la empresa.
Entró con el niño en brazos, Graham llevaba la bolsa del bebé.
-¡Señora Mills!- Belle la saludó alegremente -¿Su hijo?- se acercó entusiasmada
-Sí, Belle, puede acercarse a verlo- fue amable, no era de acercarse a los trabajadores, pero Belle era diferente, le gustaba, era su asistente desde hacía años. Mulan se levantó en señal de respeto.
-¡Señora Mills! ¡Es un placer conocerla finalmente! Realmente es hermosa, como dicen- fue simpática
-¿Hermosa? ¿Quién dice eso?- arqueó la ceja. Tenía una sonrisa convencida
-Una cierta pelirroja, que por cierto la admira bastante, señora Mills- afirmó algo incómoda
-La señorita Dunbroch ha hablado muy bien de usted…Está haciendo un gran trabajo…- Regina había visto los informes realizados por Belle -¿Puede anunciarme, por favor?- le pidió a Mulan –Belle…¿Puede quedarse con Henry un minuto?- pidió, y la asistente se puso aún más feliz, estaba encantada con el pequeño, enseguida lo cogió en brazos.
-¡Puede entrar, señora Mills!- la avisó Mulan, Regina le dio las gracias con la mirada. Entró en el despacho.
-Señora Mil…- perdió el habla. Los ojos de la pelirroja pasaron de los pies a la cabeza de Regina. Ella vestía una falda gris por encima de las rodillas, unos zapatos muy altos, de aquellos que se moría por volver a ponerse, una camisa de seda color crema, un collar que atraía la mirada hacia su escote, pues la camisa estaba abierta en el busto. Mérida carraspeó.
-Ah…Sí…Disculpe…Señora Mills…No esperaba verla- "tan linda", pensó
-¡Para usted solo Regina! A fin de cuentas…ha hecho un fantástico trabajo, Mérida…- se sentó en la silla en frente de su mesa, cruzó las piernas. Mérida deglutió en seco. Nunca había visto a Regina antes de ser presentadas, y ella estaba embarazada, linda, la mujer más hermosa que Mérida había visto. Y lo era. Pero no imaginó que la morena podría ser aún más bella, más perfecta con su escultural cuerpo bellamente ceñido en aquellas ropas. Tenía que conocer mejor a esa mujer, su jefa, se hundió en los ojos castaños y finalmente consiguió respirar para decir algo.
-Gracias, Regina…- su voz salió entrecortada debido a la excitación-Solo lo he hecho lo mejor que he podido…- fue humilde
-¡Pues ese mejor es increíble! Realmente estoy impresionada. ¿Cómo puedo compensarla por tal eficiencia?- Regina no sabía cómo darle las gracias, el trabajo hecho por la pelirroja podría equipararse al de la misma morena, nunca imaginó que alguien pudiera cuidar tan bien de su patrimonio.
-Bueno…siempre he admirado su trabajo…aunque de lejos, en realidad la sigo desde mi adolescencia…- aquello era novedad para Regina –Y nunca imaginé llegar aquí…Yo…Me gustaría conocerla mejor, es usted fantástica…Administra una empresa de este porte con mano firme, y siendo mujer, que no es fácil. ¡Es fascinante!- dijo con mirada admirativa.
-Bien…Podría pedir cualquier cosa, Mérida…Una carta de recomendación…Un puesto fijo en la Mills Company. Y lo que me pide es…no sé si he comprendido…- estaba confusa
-Salga conmigo…-pidió
-¿Salir? ¿Cómo es eso?- su corazón se disparó, ¿qué quería decir la pelirroja?
-Una cena…de negocios, por supuesto. Me gustaría hacerle algunas preguntas, creo que sería muy enriquecedor para mi currículo…- su mirada se detuvo en las bellas piernas de la morena.
-Es…bueno…ahora tengo que cuidar a Henry…Pero puedo reservarle un tiempo- le debía eso a la pelirroja
-Será un placer, Regina…- caminó hasta la morena, habló en un tono sensual y le besó el dorso de la mano. Regina se estremeció ante el gesto inesperado, podría jurar que la pelirroja estaba interesada en ella, no lo sabía a ciencia cierta. También consideraba a la joven muy atractiva. ¿Desde cuándo miraba a las mujeres con otros ojos? Desde Emma. Claro. Pero Regina pensaba que no se sentiría interesada en otra mujer que no fuera ella. Se preguntó si hasta en eso había cambiado, ya no sentía deseo por hombres, cuando estaba embarazada reparaba en los escotes y curvas de otras mujeres, pero pensó que eran las hormonas, estaba equivocada. Tenía dudas, ¿cuál era su sexualidad al final? Dejó esos pensamientos atrás en cuanto Belle entró en el despacho con Henry, él estaba inquieto, se despidió de la pelirroja y se marchó.
Solo había un problema, a la presidenta le gustaba ser cortejada.
