Entrega
Emma presentó su trabajo de fin de curso con elegancia, mejoró el postre de melocotón empanado con licor, una receta inédita y peculiar, la bautizó con el nombre "antojo de príncipe". Regina se sintió orgullosa al recordar la noche de su antojo más raro, realmente salió bien, aquella presentación parecía la final de Master Chef, tres profesores en un estrado examinando el plato. Además del postre, Emma también presentó un entrante y el plato principal, la morena miraba con orgullo a su novia, David y Mary y su pequeño cuñado también asistían a la presentación.
-Ay, Henry…Mamá está tan nerviosa…¡Imagina a mamá Em!- se desahogó con el pequeño mientras los profesores chefs probaban el postre.
Emma entrelazaba sus manos a la espalda y miraba a cada uno de los chefs, estaba nerviosa, aguantó el aire en los pulmones cuando los tres profesores salieron de la sala para poner las notas. En ese momento lanzó una mirada hacia la novia que estaba sentada en una de las primeras filas, esa era la ventaja de tener bebé. Regina sonrió amablemente, levantó a Henry, le agarró su bracito y le hizo mandar un beso a la madre, movió lentamente sus labios y pronunció un "Buena suerte. Vas a sacar un diez", hizo una señal con las dos manos abiertas mostrando los dedos, Henry soltó una carcajada cuando Emma hizo una mueca y le sacó la lengua al pequeño, él se reía horrores con ella. En seguida, los chefs volvieron, el clima se volvió tenso y lleno de expectativas cuando uno de los profesores cogió el micrófono para anunciar la nota.
-La alumna Emma Swan Nolan ha aprobado el curso de gastronomía, ¡su nota es un diez!- un profesor se acercó para entregarle la hoja con la nota de la prueba -¡Felicidades, señorita Swan! ¡Qué tenga éxito en su nueva etapa, sé que será una excelente chef!- agarró las dos manos de la alumna, aquel profesor había acompañado el crecimiento de la joven cocinera, había visto sus dificultades y cambios, era un orgullo sin paragón verla finalmente graduada. Emma tenía una sonrisa de oreja a oreja, parecía no creérselo, sus manos temblaban y su corazón estaba acelerado, no sabía cómo agradecer, aquel profesor había creído en su potencial -¡Te veo en la ceremonia! ¡Quiero ser yo quien te entregue el diploma!- el profesor-chef sonrió amablemente.
Mary y David estaban orgullosos, podrían estallar de tanto orgullo, aplaudían sin parar. Regina tenía los ojos llorosos, había acompañado el esfuerzo de la novia en ese último semestre, había conciliado trabajo, casa, estudios y encima se había convertido en madre. ¡Cómo la amaba Regina! Sintió su corazón disparar cuando vio al amor de su vida caminar hacia ella. Emma estaba linda, un mujerón, no existía aquella inocencia en la mirada, la morena se preguntó el porqué, pero enseguida comprendió, Emma estaba maquillada, labial rojo, un maquillaje algo fuerte en los ojos, destacando sus iris esmeraldas, llevaba la chaqueta de chef, sus cabellos estaban recogidos en una floja cola de caballo, un mechón largo le caía sobre un ojo. Hermosa. Regina nunca había visto a su mujer de aquella forma, rebosaba belleza, en los pies unos tacones rojos se destacaban debido a la ropa blanca, sus pantalones en un tono crema, casi blanco, se ceñían a su cuerpo, le faltó el aire, Regina se sintió palpitar, ¿cómo era eso posible? Juntó más las piernas, estaba excitada solo con verla, se mordió el labio inferior en el intento de contener aquel deseo insano de tomar a Emma allí frente a todos, se despertó de sus devaneos cuando Henry le tiró del pelo.
-¡Ay Henry! ¡Eso duele, hijo!- habló con el pequeño automáticamente, Emma se acercó, sus ojos no dejaron de encarar los verdes mientras su novia atravesaba el gran salón.
-¡Lo conseguí, mi amor!-abrazó a Regina y a Henry que estaba en sus brazos -¡Mamá lo consiguió, hijo! ¡Gracias a vosotros! ¡Mi héroe!- tomó al pequeño en sus brazos y dio una vuelta con Henry -¡Te quiero, chico! ¡Te amo!- lo besó varias veces. Regina admiraba el amor de aquellos dos, madre e hijo, su familia -¡Os amo!- se giró alegre hacia la novia y la besó en la boca, le tapó los ojos al hijo con la otra mano. El besó fue largo, lleno de deseo y amor, y tomaría mayores proporciones si no fuera por los padres de la rubia.
-Paramos ya con eso. ¡Las personas están mirando! ¡Parecéis dos adolescentes!- las reprendió Mary. Las dos se apartaron avergonzadas.
-¡Felicidades, hija!- David abrazó a la hija levantándola del suelo.
-¡Pa! ¡Ya no soy una niña!- se soltó riendo del padre
-¡Lo sé! Por como besas a tu novia…¡Ya no eres una niña!- se rió
-¡Pa!- lo reprendió dándole un golpe en el hombro
-Felicidades, hija…- Mary abrazó a la hija con cariño –Sabía que lo conseguirías, Emma…Mi princesa…- susurró con los ojos llorosos. Emma se apartó, también emocionada.
-¡Ya ma! ¡Se me va a borrar el maquillaje!
-¡Y mira que me dio trabajo para convencer a esta rubia de que me dejara maquillarla!- Ariel se acercó, también ella había hecho su presentación, Regina le lanzó una mirada de rabia, recordó el día en que se había separado de Emma.
-¡Pero me gusta!- la rubia agradeció abrazando a la alegre pelirroja. A Regina no le gustó nada aquello, pero permaneció callada. Tenía que concordar en que la pelirroja había hecho un gran trabajo.
-¿Este es tu hijo?- señaló al pequeño Neal en brazos de Mary
-No…Es es mi hermano…- cogió a Henry de los brazos de su novia –¡Este es mi chico!- se lo enseñó orgullosa
-¿Así que tú has sido el creador del postre más amado por los chefs?- le hizo cosquillas en la barriga al pequeño, él rió, Henry era un bebé simpático. Regina enseguida se acercó a cuidar lo que era de ella, abrazó a Emma por la cintura y apoyó su mentón en su hombro, aprovechó para aspirar el perfume dulce y de canela de su amada.
-¡Felicidades, Regina! ¡Su hijo es hermoso!- se dirigió a la morena que quiso ignorarla, no le había caído bien desde el principio, pero le lanzó una sonrisa irónica.
-Gracias- respondió sin deseo. La pelirroja miraba demasiado a Emma, admiraba con encanto a la rubia.
-¡Realmente deberías maquillarte más, Emma! ¡Estás deslumbrante!- seguía encarando a la rubia que empezó a preocuparse porque su novia no estaba nada calmada.
-¡Gracias una vez más, Ariel!- Emma le agradeció tímida
-Debería cursar entonces un curso de estética, ¿quién sabe si así deja de mirar a mi mujer?- arqueó una de las cejas
-Soy cocinera, señora, maquillar solo es hobby para los íntimos- respondió irónica, Emma se llevó la mano a la cara tapándose los ojos, sabía que vendría una respuesta malcriada, conocía a la novia.
-Ay, muchacha…- sonrió diabólica –¡Si fuera buena en lo que hace, no habría sacado un siete en la presentación! Creo que sería mejor que cambiara de profesión…¡Así no corre el riesgo de pasar hambre! ¡O mejor! ¡De matar a alguien por una intoxicación alimenticia!- Regina fue cruel. La pelirroja movió los labios para replicarle, pero desistió, salió a paso largo de allí con los ojos llorosos, hubiera querido sacar más nota.
-¿A qué vino eso, Regina? ¿Qué pasa? Es mi amiga- defendió a la pelirroja
-¡Es fácil para ti decir que todas son tus amigas, porque no te das cuenta de que TODAS te tiran los tejos!- afirmó furiosa
-Yo solo tengo ojos para ti, mi amor…Eso no era necesario…- le acarició el rostro a la amada
-¿Entonces? ¡Ven aquí con el abuelo!- David se acercó dando palmadas para coger al nieto –¡Te va a encantar pasar la noche con nosotros! ¡Nadie duerme en aquella casa!- rió con el risueño nieto en los brazos.
-¿Pasar la noche?- Regina se asustó, miró a Emma sin entender
-Hm…No tuve tiempo de avisarte, amor…Le pedí a mis padres que se quedarán esta noche con nuestro hijo…- explicó
-¿Por qué?- Regina seguía sin entender
-Bueno…- se acercó a la novia y le dijo mordiéndole el lóbulo, Regina sintió sus piernas de gelatina –Quiero llevarte a un sitio…- la morena ya tenía la respiración pesada.
-Hmm…- gimió bajito. Sintió su cuerpo incendiarse, ¿a dónde quería ir Emma? Se apartó un poco, pero aún estaban cerca –Pero Henry…No va a dejar dormir a tus padres…¿Y la leche?- se preocupó, él no había pasado un día lejos de las madres, sintió encogerse su corazón.
-No te preocupes, amor…Nadie duerme allí, Neal no los deja, y además…Mi madre puede darle de mamar…Y si no quieres que lo haga…Me saqué algunos litros esta mañana…- rió
-¿Litros?- Regina preguntó confusa
-Es solo una hipérbole, amor…- la besó varias veces
-No me importa…Mary puede hacerlo…Si a ella no le importa, claro…- dijo aún confusa, ¿qué estaba tramando Emma?
-¡No le importa! Entonces, ¿estás de acuerdo en salir conmigo esta noche?- Emma dijo entusiasmada, aquella mirada de adolescente estaba de vuelta, su sonrisa podría iluminar un planeta. No creía que Regina aceptaría a la primera. El hecho es que la morena se quedó curiosa, ¿a dónde la llevaría Emma?
Todos los alumnos acabaron sus presentaciones, ya era de noche, Regina les estaba dando todas las instrucciones a los suegros, Emma reía de lado, no necesitaban todas aquellas recomendaciones, aún así David y Mary prestaron atención a todo.
-Puedes estar tranquila, Regina…También soy madre, sé lo que sientes, estará bien…- Mary se acercó para coger al nieto, la morena retrocedió un poco
-Ay hijo…¡Mamá te va a echar mucho de menos!- besó al pequeño sin parar, Emma estaba agarrada a la cintura de la novia
-¡Yo también te voy a echar de menos, llorón!- besó la cabecita del pequeño. Regina se lo pasó a la suegra que lo puso al lado del tío en la sillita en el asiento de atrás del coche. Regina se llevó la mano al pecho, sus ojos estaban húmedos.
-¿Por qué crecen tan rápido, Em?- escondió el rostro en el cuello de la novia
-¡Solo tiene dos meses, Regina!- se echó a reír
-Aún así…Ya va a pasar la noche fuera…- dijo ronroneante, puso morritos. Emma no se resistió, besó aquella boca roja. Regina se apartó.
-¡No traje ropa suficiente para él! ¡No hay pijama en la bolsa!- se desesperó
-Amor…Calma…Yo pensé en todo…Va a estar bien…¡Es solo una noche!- miró el reloj –O mejor…algunas horas, ¡es mejor que nos demos prisa! O nuestra reserva será cancelada…- empujó a la novia hacia el escarabajo.
-¿Reserva? Swan…¿qué estás tramando?- preguntó curiosa
-¡Cuando lleguemos lo verás!- sonrió traviesa
David arrancó y le tocó la pita a las dos antes de marcharse. Regina sintió el apretón en el corazón una vez más en cuanto el coche se perdió de vista en dirección opuesta. Emma encendió la radio, sonaba una música romántica.
-¿A dónde vamos?- preguntó una vez más
-No te lo voy a decir…- apoyó su mano derecha en el muslo de la amada, ella se estremeció, estaba sensible. Emma se dio cuenta y no perdió la oportunidad. Llevó la mano a la parte interna del muslo, levantando un poco la falda.
-Emma…- Regina suspiró, también ansiaba aquellos dedos, no iba a privarse, escucharía a Zelena, no había nada que temer, Emma era su mujer, su cuerpo era de ella. La rubia alcanzó la intimidad de la morena, metió un dedo por las bragas, jugueteaba allí, podía sentir la excitación de la novia. Regina cerró los ojos para sentir mejor, ¡cómo había echado de menos aquellas caricias! Emma permaneció con la mirada en la carretera, pero sus dedos jugaban con aquellos húmedos labios de la novia –Oh Em…- gimió mordiéndose los labios. Emma nada dijo, invadió la entrada de la novia lentamente, ella gimió más alto, la rubia sacó los dedos.
-Ah…¿Emma? ¿Por qué haces eso? ¿Me provocas y paras?- la reprendió quejumbrosa. Emma aparcó el escarabajo en el arcén.
-¡Dios de cielo! ¡No consigo llegar a donde quiero contigo mojada de esa manera!- se quitó el cinto -¡Mujer!- tomó a Regina en un hambriento beso.
-¡Ay Em!- gimió más melindrosa cuando Emma la empujó al asiento de atrás, Regina se sentó en su regazo, agarró los mechones rubios, sus lenguas batallaban, se provocaban la una a la otra –¡Creo que estoy en deuda contigo!- dijo Regina abriéndole los botones de los pantalones de la novia. Le tocó su palpitante botón.
-¡Arrr! Regina…- gimió Emma, su deseo era enorme –No tardes…¡No voy a aguantar!- le avisó, estaba demasiado sensible.
-Adoro sentirte así…- se acercaba y se alejaba del clítoris encharcado de la rubia, no estaba contenta, quería provocarla. Entró en el apretado y caliente centro, sintió las paredes internas apretarla, Emma de verdad sentía un deseo inmenso, gemía, jadeaba, estaba loca de tensión. Regina sacó los dedos lentamente y los lamió como si chupara un helado.
-¡Ah no, Regina! ¡Sabes que eso me enloquece!- hizo amago de tocar la intimida de la morena
-Sh, sh, Swan…Ahora no…- bajó los pantalones de la rubia junto con las bragas hasta la mitad de los muslos, echó los asientos de delante más hacia el frente, para tener más espacio, besó aquella zona con lascivia, deslizó la lengua por toda la extensión, del ano hasta el clítoris, succionaba todo el líquido afrodisiaco que manaba de su novia.
-¡Ahhh!- Emma gemía enloquecida, sentir aquella lengua caliente era surreal, podría jurar haber muerto, porque aquel placer no existía. Regina entró con la lengua en la rubia que arqueó la espalda y se agarró con fuerza al asiento -¡Dios mío! ¿Qué es esto?- Emma no podía creer lo que estaba sintiendo, era una mezcla de frío y calor, temblores, sentía que su orgasmo se acercaba, apretaba la lengua de la novia dentro de ella, la morena la sacaba y la metía adrede, cada cierto tiempo la dejaba un rato dentro, moviéndola de un lado al otro. Emma no aguantó más, apretó la cabeza de la novia y se movió frenéticamente sobre los labios que la chupaban con deseo -¡ARRRGGGG, AHHHH, VA!...¡NO, NO, NO…AHÍ! ¡AHÍ, SÍ…! ASÍ…ASÍ…OHHH…¡REGINAAAA! ¡AHHH!- Emma sintió todo su cuerpo estremecerse, sus músculos se contrajeron con fuerza, aún sentía cómo su cuerpo se vaciaba en aquel orgasmo alucinante. Respiraba rápido, su pecho subía y bajaba, estaba exhausta, Regina se acercó y besó en la boca a Emma de forma voluptuosa.
-Creo que yo casi estoy…- dijo al pie del oído, como si le contase un secreto. Emma aún no recuperada, respiraba entrecortadamente. Atrajo a Regina y la hizo sentarse en su regazo, no tenía mucho tiempo, vio a excitación en la mirada de la morena.
-¡Me excitas demasiado! ¿Cómo es posible?- sus manos se pasearon por debajo de la falda, empujó las bragas hacia arriba con fuerza, Regina sintió la tela mojada en su centro. Gimió alto, aquello era maravilloso, Emma sabía provocarla. Tiró de las bragas aún más, casi se las metía por todo el centro de la novia.
-¡Joder Emma!- gimió Regina, comenzó a moverse sobre las bragas enrolladas en su intimidad. De repente, sintió las manos de la novia apretarle las nalgas con fuerza, gimió alto.
-¡Sabrosa!- Emma apretó otra vez, y como en un pedido automático, rasgó las bragas, Regina sintió la tela romperse dentro de ella. Desorbitó los ojos.
-¡Emma!- la reprendió -¡No tengo otras!
-¿Y a quién le importa?- invadió a la morena con tres dedos de una vez, su estocada fue algo brusca, Regina sintió una puntada de dolor, pero no le importó, comenzó un vaivén de forma violenta, casi desesperado, subía y bajaba. Sintió su clímax acercarse.
-¡Ahhh Emma!- aumentó las embestidas. Su respiración era totalmente descontrolada. Sintió su cuerpo temblar de forma violenta sobre Emma, perdió el aire -¡EM!- gimió durante largos segundos, sus piernas se contrajeron en varios espasmos, se enterró en el cuello de la novia aún intentando tomar aliento.
Se quedaron largos minutos de aquella manera, ambas sintiendo el aroma de la otra, sus ropas arrugadas y sudadas.
-Te eché de menos…- Emma acariciaba la espalda de la novia
-Yo también, mi amor…Eres increíble…Te amo…- la besó románticamente.
Enseguida estaban otra vez en la carretera, ahora se acercaban a un lugar iluminado, pronto Regina comprendió.
-¿Un hotel?- arqueó una ceja
-¡Eh! ¡Sí!- dijo entrando en el garaje privado
-Creo que no necesitamos esto…Tenemos un apartamento…una cama cómoda…
-Un hijo llorón…- dijo bromista, Regina la miró seria -¡Wow! ¡Calma! ¡Fue una broma! Es que…nunca hemos hecho esto…Digo…No salimos juntas como novias…a pesar de que lo somos…Y…Eres la única mujer que no ha pasado una noche conmigo en este sitio…
-¡Preferiría no haber venido entonces!- se cruzó de brazos. No quería ser una más en la lista. Emma agarró el rostro de la novia emburrada con las dos manos.
-Estamos aquí…¡porque tú eres la última! Y la única a la que volveré a traer aquí- miró los ojos castaños, Regina le dio media sonrisa
-¿La última?- dijo derramando encanto
-¡La única!- afirmó y le robó un lento beso. Regina rió al finalizar el beso.
-Pero acabamos de hacerlo…creo que nos anticipamos…- le guiñó cómplice. Emma salió del coche y le abrió la puerta a la morena.
-Solo fue el calentamiento…- sonrió agarrándola por la cintura – ¡Hoy te tendré hasta que no consigas levantarte!- metió el muslo en medio de las piernas de Regina
-¡Ammm!- gimió con los ojos cerrados
-¿Vamos?- Emma tiró de ella y subieron las escaleras, antes de abrir la puerta, cogió a Regina en brazos, que se asustó por miedo a caer.
-¡Emma! ¡Ponme en el suelo!- se agarraba al cuello de la rubia
-¡No!- la provocó y le dio un beso –Yo te aguanto…¿confías en mí?- la beso otra vez. Regina dejó de protestar y se entregó al momento.
El cuarto olía bien, era grande y luminoso. Había pétalos esparcidos por la cama redonda, era enorme, a un lado había una pequeña salita con una mesa y dos sillas, una botella de champán en hielo, una tabla con algunos entremeses fríos, al otro lado había una pared de cristal que separaba la bañera y la sauna. Todo muy hermoso, luces de colores en el techo. Emma entró aún cargando a su novia y la recostó en la cama, encaró la mirada encantada de la morena, cogió un mando a distancia y puso una luz rítmica, el ambiente quedó parecido a una discoteca, encendió el sonido para que se juntara a las luces parpadeantes.
-Siempre sorprendiéndome, señorita Swan…- Regina se sentó en la cama y besó a la novia.
-Tengo que sorprenderte, ¿no? Y conquistarte cada día…- le robó dos besos –¡Deja que las lesbianas te descubran! ¡Estoy en problemas!- se rió –Ya tengo suficiente con esos hombres que no apartan los ojos de ti…¡En serio! ¡Voy a empezar a dispararle en esas caras!- Emma dijo seria, Regina se sorprendió otra vez, su novia no había dado nunca señales de celos.
-¿Y desde cuándo te importa eso?- preguntó Regina divertida
-Desde nuestro primer encuentro…- sonrió al recordar
-No tienes de qué preocuparte, mi amor…Mi corazón en todo tuyo…-recostó a Emma en la cama y la besó de forma tierna.
-¿Qué tal si tomamos un baño…comemos algo…nos bebemos ese espumoso sin alcohol…?- sonrió señalando al baño, aún no bebían debido a que estaban dándole de mamar a Henry.
-Óptima idea…- respondió Regina alegre, ambas tomaron un baño lento, lleno de intensas caricias, se provocaban. Después fueron a comer, había aceitunas, salami, jamón de Parma y queso, claro, el queso no podía faltar. Tenían sus manos entrelazadas encima de la mesa, la esmeraldas encaraban las almendras, ambas estaban con un camisón, eran finos, casi transparentes. Emma había llevado ropa, así que las bragas rasgadas de la novia no serían un problema, había planeado aquel momento. La rubia estaba descalza, levantó el pie para acariciar la piernas de la otra por debajo de la mesa, Regina sonrió maliciosa, Emma adoraba provocarla, y para no quedar atrás, ella hizo lo mismo, de forma más osada, llevó el pie hasta la intimidad de la rubia, que gimió.
-Ammm…- se mordió los labios
-Te ves hermosa cuando haces eso…- apretó más el pie en el centro de la rubia. Otro gemido, Regina agarró una de las manos de la novia y la besó, comenzó a besarla de forma lenta y provocativa, Emma cerró los ojos, Regina agarró tres dedos de la rubia y los chupó, Emma sintió un escalofrío por todo su cuerpo, ¿cómo aquel sencillo gesto podía causarle ese efecto?
-Hm Regina…No lo comprendo…Juro que no comprendo cómo haces esto…- abrió los ojos para encarar a la morena, se deparó con una mirada extremadamente sexy y oscurecida, los castaños ardían de deseo. Regina se levantó sin decir nada, agarró a Emma por atrás y la condujo al otro lado de la pared de cristal, la bañera estaba llena, una cascada de agua descendía intensamente por uno de los lados. Ambos pares de manos se paseaban por el cuerpo de la otra, espalda, cintura, cuello y pechos.
-Estoy loca por ti, Emma…- Regina le quitó el camisón, ya estaba desnuda, nada más la cubría, paseó las manos por el cuerpo albo, giró a la rubia y le besó la nuca, sintió su vello erizarse en sus labios, enseguida Emma hizo lo mismo, antes de entrar en la bañera lamió uno de los pechos arrancando un alto gemido a la morena.
Sus respiraciones eran altas e irregulares, el agua se movía con la agitación de los cuerpos, Emma siempre tomaba las riendas y agarraba a Regina, pero no esa vez, la morena atrajo el cuerpo de la rubia hacia ella, Emma cruzó las piernas alrededor de la cintura, Regina la embestía de forma calmada y lenta, sus movimientos eran leves, sus cuerpos subían y bajaban, Emma gemía de forma ahogada, escondía el rostro en el cuello de la novia, aquello estaba siendo demasiado placentero, sus bocas se encontraron, sus lenguas danzaban, las estocadas se fueron intensificando y Emma gimió el nombre de la mujer que amaba al alcanzar su punto álgido de placer.
En cuanto recuperó el aliento, tomó a Regina en brazos, le apretó los pechos voluminosos, eran tan apetecibles que Emma necesitaba probarlos, y fue lo que hizo, el vapor del agua templada dejaba el ambiente borroso, el aroma a eucalipto marcaba aquel momento íntimo de las dos, lamió y succionó los pechos de la morena durante largos minutos, Regina se retorcía dentro del agua, la presión de la rodilla de la rubia entre sus piernas empeoraba su estado, gemía locamente, palabras inconexas eran pronunciadas, Emma podía sentir su propia excitación de nuevo. Dejó de dar atención a los pechos, giró a Regina de espaldas a ella, sus propios pechos se pegaban a la espalda mojada causándole placer. Empujó a Regina hasta la cascada, apoyó a la morena sobre su propia cuerpo y le apartó las piernas, el agua caía con fuerza sobre el clítoris de la novia, ella sintió, en un primer momento, un impacto, pero era muy excitante, su cuerpo daba señales del orgasmo inminente, temblaba en pequeños espasmos mientras el agua la golpeaba, arañó los fuertes brazos que la sostenían, sentía como si fuera a estallar, e iba, no aguantó más cuando Emma invadió su centro con un dedo.
-¡E…Emmaaa!- su voz falló, aquel orgasmo fue increíble, nunca había sentido nada parecido a aquello, su novia siempre la sorprendía.
-Te amo…- susurró Emma a su oído apartando algunos mechones mojados. Regina aún estaba recuperando su respiración. Agarró la nuca de la rubia y la atrajo a un beso lento, pararon cuando el aire se hizo necesario.
-Yo soy la que te amo, Em…mucho…- la besó de nuevo, el beso comenzó calmo y lento, pero pasaron algunos minutos y se volvió urgente, las horas parecieron detenerse, allí solo eran Emma y Regina, se amaban de forma plena, entrega total de sus cuerpos.
-Re…- pegó sus cabezas, jadeaba de excitación aún con los ojos cerrados –el agua ya no está tan caliente…Creo que es mejor que vayamos a la cama…- Regina dijo que sí con un gesto. Emma cogió a la morena por los torneados muslos, y aquella de inmediato rodeó la cintura de la rubia con las piernas, sabía que Emma la llevaría. Y así lo hizo, ambas desnudas y mojadas en todos los sentidos, Emma caminó con su morena agarrada a su cuello. Recostó a Regina en la cama y la giró de espalda, comenzó a besarle la nuca, arrancando a Regina de la realidad, ya estaba loca de nuevo, descendió besándole toda la espalda, subió al cuello y allí le dejó unos besos más osados, Regina mantenía los ojos cerrados, quería sentir aquel placer que le estaba siendo dado. Emma descendió lentamente, dejando un rastro de saliva por la espalda de la morena, sus labios se acercaron a donde Regina más ansiaba, al sentir la respiración cálida en su trasero, flexionó las rodillas, quedando a cuatro patas para la novia que sonrió ante la espontaneidad del gesto.
-¿Me quieres aquí?- lamió entre las nalgas
-Ajam…-gimió jadeante
-¡Desvergonzada!- le dio una nalgada
-¡Ay!- gimió alto, no se esperaba aquello, miro a la rubia incrédula
-¡Quieta! O te daré más…- la reprendió apretando su centro con fuerza, Regina gimió melindrosa -¡Quiero escuchar tus gemidos! Nada de palabras ¿Entendiste?- ordenó
"¿Dominadora?", pensó Regina. Hizo lo que la novia pedía, pero fue inevitable no pronunciar algunas palabras sin sentido cuando sintió que Emma la lamía de forma felina, podía sentir las uñas de la rubia clavadas en sus nalgas mientras la succionaba, chupaba, lamía. Regina se agarraba a las sábanas, arrancándolas de la cama. Emma la estaba enloqueciendo, gemía sin pudor alguno, algunas palabrotas, nunca pronunciadas por aquellos labios, salieron de forma espontanea, había perdido la cabeza. Emma se sorprendió ante tal entrega de su mujer, estaba en su límite, paró lo que estaba haciendo, giró a Regina de forma rápida, casi violenta y encajó sus piernas en su centro, a Regina le extrañó, nunca lo habían hecho de esa manera, quizás por estar ella embarazada, no hubiera sido cómodo, perdió sus pensamientos cuando sintió la resbaladiza y húmeda intimidad encajarse en la suya que estaba de la misma manera. Sus vaginas chocaban bruscamente, los movimientos ganaron agilidad, Emma atrajo el trasero de Regina hacia ella en el intento de fundirse más con su novia, lo estaba consiguiendo, palpitaban, y en un último fuerte movimiento, las dos gimieron juntas, escandalosamente, podían sentir el líquido de cada una mezclándose entre sus muslos. Jadeaban con sus sexos pegados, el uno al otro.
Tras largos minutos en aquella posición, Regina decidió decir algo.
-Has acabado conmigo…- respiró –no sé si mañana podré caminar…- dijo acariciando el muslo que reposaba en su abdomen. Emma no se movió, ni respondió, dormía entrelazada aún al cuerpo de su amada -¿Emma?- Regina rió, ella dormía con una gran sonrisa en su rostro, debería estar satisfecha, al menos ella no sería la única que no podría andar por la mañana. Se apartó lentamente del cuerpo, cogió las sábanas y tapó con ellas su cuerpo y el de Emma, y acurrucada a la mujer amada se durmió serena.
