Graduación

Henry cumpliría tres meses esa semana, todo era un corre que corre, el baile de graduación de Emma se acercaba, la inauguración del restaurante, la vuelta de Regina a la empresa, sí, no tenía necesidad de regresar ahora, pero optó por decidió que durante tres días a la semana iría media jornada, Mérida era realmente fantástica, aún así, la presidenta prefería estar cerca y cuidar de su propio patrimonio. Además, el día más importante que no podría dejarlo pasar, haría un año que chocaron en el aparcamiento del hospital, el día de la inseminación de Regina, el día que todo cambió, y que para ella tendría que ser especial. No tenía idea de qué hacer, quería sorprender a la novia, Emma siempre conseguía superar sus expectativas y a Regina no le gustaría quedarse atrás.

Era sábado por la tarde, Henry dormía en la cuna de la sala, Emma estaba sentada en el suelo jugando a la consola, Regina organizaba algunos papeles de la empresa en la mesa de comedor, había traído algunos contratos que necesitaban ser revisados de forma más detallada.

-¿Amor?- Emma llamó sin apartar la vista de la pantalla, sus dedos se movían frenéticamente en el mando.

-¿Hm?- Regina llevaba gafas y hacía anotaciones en un bloc de notas, el portátil estaba encendido.

-No sé si recuerdas…Pero…- puso en pausa en juego antes de hablar –Va a hacer un año que nos conocimos…- dijo tímida, para ella era muy importante, su vida había cambiado desde aquel "accidente"

-Claro que lo recuerdo, Em…¿Cómo podría olvidarlo?- sonrió aún mirando los papeles

-Quiero llevarte a un sitio…- dijo alegre

-No me digas que a otro hotel…¡Ya hemos dejado a Henry con tus padres cuatro veces en esos últimos veinte días!- miró riendo a la novia

-¡NO!- rió alto –Vamos a parar con eso un tiempo…¡Dentro de poco habremos acabado con todas las posiciones!- se echó a reír –En realidad quiero llevarte a ese lugar desde el día en que…- se calló un segundo para pensar, no era un recuerdo muy bueno

-¿Desde el día en que te dije que estaba embarazada?- aquel recuerdo aún estaba en la memoria de la morena, ya no le dolía, pero recordó en ese momento el jardín de manzanos. Emma nunca la había llevado allí, ni siquiera después cuando ya habían ido varias veces a la hacienda.

-Bueno…Sí…Digo…Yo…- tropezaba con las palabras

-¿Cuál era el "otro momento" que nombraste aquella noche, Emma? No me he olvidado…- Regina era astuta

-Te iba a pedir en noviazgo…- Regina sonrió al certificarse que era eso –Pero después de descubrir que tendrías un hijo…Yo…- sentía vergüenza ante la estúpida actitud que había tomado meses atrás.

-Ya sabemos lo que sucedió, Em…Todo está bien…Di…¿En qué has pensado?- Regina prefería no recordar, ya no importaba, estaban bien.

-Quiero llevarte allí…pasar una tarde romántica con la mujer que amo…Creo que sería el sitio perfecto…- se levantó y caminó hasta donde estaba la novia sentada, sus cabellos estaban recogidos, usaba una camiseta y pantalones de chándal, pantuflas en los pies, parecía una adolescente en el colegio, era raro ver a Regina a gusto de aquella manera.

-Hm…- Regina gimió al sentir a Emma morderle su cogote –Creo que es una idea fabulosa…¿qué tienes en mente?- preguntó mientras seguía siendo acariciada por los dedos de Emma en el cuello.

-Pensé en un , solas tú y yo…- le mordió el lóbulo –El delicioso sol de verano, el aroma a manzanas a nuestro alrededor…- susurró deshaciendo el moño de mechones negros – Tu suave boca pegándose a la mía…- la besó de forma calma.

-Pero y Henry…- se apartó del beso. Siempre hacía esa pregunta, Emma ya lo encontraba gracioso.

-Se puede quedar con mis padres, mi amor…Ya debes estar cansada de saberlo…- se sentó en el regazo de la amada.

-Yo…Ya…No podemos dejar a Henry siempre allí cada vez que queramos estar solas, Em…- dijo en un tono preocupado, no quería abusar de los suegros.

-Déjalo con Tinker…Ella vive tirando indirectas, está loca para pasar una tarde con él- recordó Emma

-¡Creo que será mejor contratar a una niñera!- dijo pensativa

-¿Por qué?- Emma no estaba de acuerdo -¿Una desconocida? ¡No quiero! ¡Si es así, nos lo llevamos!- dijo en un tono de reprobación

-Pero Em…- para la morena era una buena idea

-Sin peros, Regina…¡No lo voy a permitir! ¡Dejar a nuestro hijo con una niñera está fuera de toda discusión! ¡Tiene dos madres!...¡Mis padres que siempre están felices de quedarse con él! ¿Cuál es el problema de que su madrina pase una tarde con él? Estará bien…- para Emma era todo muy sencillo, era Regina la que lo complicaba.

-Ninguno…Solo que no quisiera abusar de los demás…Es nuestro hijo, amor…- acarició el rostro albo.

-No sería abuso, mi amor…todos adoran a Henry, él no da trabajo, ¡apuesto a que hasta Zelena se quedaría con él!-dijo divertida

-¡No lo dejaría con ella! ¡Zel está loca!- rió alto, su hermana era carta fuera de baraja.

-Está bien…¿Qué va a ser entonces?- Emma quería una solución

-Vamos a hablar con Tinker…- dijo Regina sin ganas. Sabía que su mejor amiga cuidaría bien del niño, aún así no consideraba correcto dejarlo con ella para ir a "divertirse", pero lo haría por Emma, aquella fecha era especial.

-¡Yesss!- Emma celebró –Podemos…- se puso roja

-¿Qué?- cuando Emma ponía aquella cara era que quería pedir algo

-¿Podemos ir en tu helicóptero…?- pidió avergonzada. Regina sonrió.

-¿Mi helicóptero?- arqueó una ceja –Por lo que sé…es de la empresa…-dijo altanera

-Ah, Gina…Si es de la empresa, es tuyo, ¿no?...- los ojos verdes brillaban, tal era su entusiasmo –Así podemos ir más rápido…Y volver más rápido, piensa…Vamos a ahorrarnos casi dos horas- lo usó como argumento

-¿Y quién va a pilotar, doña-pienso-en-todo?- le tocó la punta de la nariz

-¿Ehhh? Tu chofer, ¿no? ¿No es también piloto?-Se refería a Graham.

-Sí lo es, mi amor…Está bien, avisará a Belle para que se encargué de nuestra partida la semana que viene…- le besó los labios rosados

-¡Ainnn! ¡Gracias amor!- estaba aún más entusiasmada, nunca había subido en helicóptero, quería habérselo pedido hacía tiempo, pero con Regina embarazada muchas cosas eran complicadas, ahora estaba sacando provecho.

-De nada, Em…¿Qué no haría yo para ver esa sonrisa linda?- sus bocas se aproximaron, iban a besarse una vez más, pero Henry se despertó llorando. Ambas madres rieron, Emma fue a coger al hijo mientras Regina volvía a los quehaceres empresariales.


La graduación tuvo lugar a mediados de semana, Emma quería participar solo de la entrega de diplomas y dejar eso del baile, pero Mary y Regina habían insistido tanto que Swan no pudo negarse.

La entrega de diplomas fue como cualquier otra, agradecimientos, músicas inspiradoras, algunas bandas para alegrar el momento, después los profesores entregaron los diplomas. Emma, una vez más, estaba maquillada, esta vez fue Regina la que quiso ayudarla, ya que su novia no tenía el menor talento para eso, su labial era rosado, en los ojos un color suave, sus rizos estaban perfectos, vestía una beca verde. Al escucharse el nombre "Emma Swan", David, Mary, Ruby, Lily, la abuela Granny y Regina se levantaron aplaudiendo al unísono, el señor Swan gritaba el nombre de la hija y silbaba, Ruby y Lily parecían dos niñas pequeñas, llevaron pitos y confeti, literalmente estaban montando una fiesta, al escuchar el "jaleo", Emma miró a toda su familia, todos a los que amaba estaban allí, celebrándolo con ella, pero entre todos aquellos rostros, uno atrajo su mirada, los ojos almendrados brillaban de tanto orgullo, Regina tenía una gran sonrisa, en aquella mirada le decía tantas cosas, y Emma lo sabía, entendía lo orgullosa que estaba su novia, la recién graduada nunca le había dicho eso a nadie, pero siempre le estuvo agradecida a Regina por apoyarla siempre y no importarle el estatus, pues Emma era consciente, vivían en mundos diferentes y a su morena nunca le importó eso. La rubia sentía un alivio, se sentía mejor, ya no iba a sentirse tan por debajo de su novia, a fin de cuentas, su familia merecía lo mejor. Tras largos segundos mirando aquellos ojos, finalmente alzó el diploma en dirección a la familia, sonrió y apuntó el dedo a cada uno de ellos, susurrando un "Gracias", vio a Henry en los brazos de su madre morena, qué unidos estaban. Volvió a su sitio. Después de que todos los alumnos recogieran su diploma, tiraron los birretes al aire, y vinieron las risas, los gritos, los lloros de emoción, carcajadas y abrazos colectivos del curso. Emma bajó del palco rápidamente, todos la abrazaron felices, y enseguida cogió a Henry en brazos.

Se dirigieron al salón de fiestas, allí tendría lugar el baile de graduación. Emma lo consideraba innecesario, pensaba que ya no tenía edad para eso, pero en realidad estaba adorando todo. Regina estaba elegante como siempre, usaba un vestido ceñido, largo, pero marcaba bien sus curvas, el escote en "V" valorizaba esa parte que Emma no quería que los demás viesen, pero prefirió ignorar ciertas miradas.

La música estaba alta, las personas bailaban animadas por el gran salón, luces de colores daban al ambiente un aire a discoteca, camareros servían carnes y entremeses en las mesas que quedaban aparatadas de la pista de baile, había barra libre de bebidas.

Ruby y Lily enseguida divisaron a August, que también se había graduado. El escritor se entusiasmó al saber que sus amigas morenas estaban saliendo desde hacía meses, para él era novedad, Emma se acercó a los amigos, Ariel también se juntó a ellos.

-¡Eh, gente! ¡Escritor!- abrazó al amigo, lo había echado de menos –¡Este fin de semestre ha sido tal caos que no hemos tenido tiempo de vernos!- golpeó el hombro del amigo

-Han pasado tantas cosas, rubia…- suspiró –No fue nada fácil llegar hasta aquí…- se desahogó y miró hacia la mesa, había un hombre con una niña en los brazos, ella debía tener como máximo dos años de edad, Emma siguió su mirada y se asombró. El hombre vino en su dirección con la niña dada de manos.

-¿Jeff?- desorbitó los ojos, no esperaba verlo -¿Qué haces aquí?- preguntó confusa

-¿August no te ha dicho?- soltó a la pequeña que caminó torpemente a los brazos del escritor

-¡Papá!- la pequeña apretó las mejillas del recién graduado.

-¿Papá? ¿Vosotros? ¡Oh, cielos! ¡August!- Emma dijo alegre, conocía la orientación sexual del amigo, pero Jefferson, eso era novedad, él se las daba de tío bueno, de tirarse a todas.

-Pues sí, rubia…Solo que no lo vayas soltando por ahí…- pidió

-¡Venga, Jeff! ¡Sal del armario ya, el mundo ha cambiado! Solo explícame una cosa…- estaba confusa -¿Y la madre de la pequeña?

-Bueno…Estaba enferma, creo que lo recuerdas…No aguantó…August me ha ayudado bastante, Regina también, dándome una segunda oportunidad en el trabajo, estoy haciéndolo mejor…- contó con voz cansada

-Lo siento mucho, Jeff…- no sabía qué decir

-No teníamos una relación, si es lo que estás pensando, ella quería un hijo, y básicamente hice lo que me pidió…Pero en cuanto Grace nació, ella descubrió la enfermedad, no tenía familia, era huérfana, por eso quiso quedarse embarazada, y entonces no pude dejar sola a mi hija, no era mi intención tener un hijo…Pero…La verdad es que hoy no me veo sin mi pequeña Grace…- explicó con un débil sonrisa

-Wow…¡qué historia!..-Emma tenía los ojos llorosos –Yo tampoco pretendía ser madre…Y mírame…- señaló a la mesa. Jefferson rió

-Lo conocí en la empresa, estaba en los brazos de Belle, hace casi un mes, ya veo que ha crecido bastante- dijo Jeff entusiasmado

-¿Ariel? – una joven pelirroja elegante se acerca al grupo. Todas las miradas caen sobre ella, llamaba la atención, incluso Emma miró a la atractiva mujer.

-¡Prima! ¡Viniste!- Ariel abrazó alegre a Mérida. La pelirroja de rizos miró a Jefferson, no esperaba ver a alguien de la Mills Company allí.

-Srta. Dunbroch…- Jefferson saludó formalmente, a fin de cuentas era su jefa inmediata hasta el momento

-Emma…Quiero que conozcas a mi prima, Mérida…- Ariel empujó a la pelirroja de rizos para presentarla. A Emma le sonaba ese nombre, pero no recordaba de dónde.

-¡Emma Swan! Al fin. Ariel siempre habla de usted…Una gran cocinera, ¿no?- le dio la mano

-¡Ah! Estoy feliz de que esta pelirroja haya hablado de mí…Realmente es usted muy elegante, Mérida…- dijo casualmente, y enseguida vuelve a la conversación con August y Jefferson.

Mérida sonrió y se giró para saludar a otros del grupo, pero su mirada se paró en la mesa de detrás de las morenas que estaban dándose besos.

Su sonrisa aumentó considerablemente, caminó hacia la morena que no salía de sus pensamientos.

-¡Regina! No esperaba verla aquí…¡Qué placer verla fuera del trabajo!- dijo entusiasmada

-¿Mérida? ¡Qué sorpresa!- se levantó con Henry en sus brazos, le dio un beso en la mejilla, la pelirroja se estremeció. Carraspeó cuando su mirada descendió hacia el escote, y para completar, Henry le hizo el favor de tirar del vestido, mostrando uno de los pechos por unos breves segundos.

-¿Hijo? ¿Dónde están los modales, Henry? ¿Quieres desnudar a mamá?- rió hacía el pequeño

Mérida tragó en seco, ¡cómo querría verla desnuda!

-¿Su hijo?- intentó disimular agarrando la pequeña manita

-Sí…mi príncipe…¡dueño de toda la casa! Consigue lo que quiere…- sonrió orgullosa al hijo

-¿Puedo cogerlo?- la pelirroja extendió los brazos

-¡Claro!- le pasó a Henry a sus brazos

-Es hermoso, Regina…tiene sus ojos…tan hermosos como los suyos…- miró los castaños con mirada sensual –Hasta en esto la admiro, mi sueño es ser madre. Me encantan los niños…- dijo entusiasmada con el risueño bebé en sus brazos

-Confieso que no fue una decisión fácil, Mérida…Pero jamás me arrepentiré…El amor que le tengo es incondicional, no existe amor mayor que este…Fue mi mejor elección…-tenía una sonrisa de oreja a oreja

-¿Yo fui tu mejor elección, mi amor?- llegó Emma abrazando a Regina por detrás

-Tú eres una de ellas, amor…- la besó de forma tierna. Mérida se sorprendió, no sabía que Regina tenía a alguien.

-Esta es Mérida, mi amor…- Regina las presentó

-Nos acabamos de conocer…- Emma dijo alegre, Henry estiró los bracitos hacia su madre rubia –Eh, hijo…¡Ven con mamá, muchachito!- cogió al pequeño de los brazos de la pelirroja.

-Yo…Eh… no sabía que vosotras…que usted, señora Mills estaba casada…- Emma rió alto

-No estamos casadas…quiero decir…aún…- frunció las cejas confusa, no habían hablado de eso.

-Bueno…nos casaremos un día, vivimos juntas…- respondió con normalidad

-No sabía que…- la pelirroja estaba confusa, no sabía que su jefa se relacionaba con mujeres.

-Ah no, no Mérida…Emma es mi primera y única mujer…- sonrió a su amada

-¡Tuve esa suerte!- dijo Emma con orgullo en la voz -¿Y vosotras de qué os conocéis?- preguntó la rubia

-Ella es la que me sustituye…- Regina respondió

-¡Vaya! ¡Qué coincidencia! Es prima de Ariel, amor…- jugaba con Henry en los brazos, él parecía cansado, apoyo el rostro en el hombro de su madre rubia.

-¿Conoce a Ariel?- Mérida se sorprendió, ¡qué pequeño era el mundo!

-La conocí…algo entrometida, ¿no?- Regina dijo revirando los ojos

Mérida rió alto

-¡Infelizmente tengo que concordar, Regina!

-¡Alto ahí, vosotras dos! ¡Ariel ni está aquí para defenderse!- Emma defendió a la pelirroja una vez más

-Tienes razón, mi amor…No diré nada más…- tiró de su mentón y le dio un beso

-Bueno…Yo…ya me voy…Fue un placer verla, Regina…- le besó la palma de la mano, aquella ya era su marca con la morena. Salió de allí a paso largo, estaba destruida, ¿habría llegado demasiado tarde? Pensó en echarle la bronca a la prima por no decirle que conocía a su jefa.

-Pero, ¿qué fue eso, Regina?- Henry ya dormía en los brazos de Emma

-¿El qué?- disimuló

-¿No te has dado cuenta? ¡Esa pelirroja abusada está loquita por ti!- se echó a reír

-¡Claro que no Emma! ¡Trabaja para mí!- aquello no era posible

-¡Dios mío! ¡Estás ciega! ¡Conozco esa mirada de lejos, amor!...Y ella es una hermosa mujer…- dijo de forma natural

-¡Emma!- le dio una palmada en el hombro

-¿Qué? ¿Me vas a decir que tampoco habías reparado en eso?- le besó la cabecita al hijo

-¡No reparo en esas cosas, Emma!- mintió

-¡Ah para! ¡Está bien! Solo tienes ojos para mí…- dijo irónica. Puso a Henry en la canastilla

-Ella es bonita…- susurró, Emma agarraba a la novia por la cintura

-Hm…¿Qué más?- le robó dos besos

-Solo eso Emma…Para ya…- dijo tímida. Comenzó una música lenta, era el vals para los graduados.

-¡Después hablamos sobre eso! ¿Vamos a bailar?- Emma la invitó, Regina sonrió, nunca habían bailado juntas, a no ser en la primera cita, pero no había música, así que sería como una primera vez. Dejaron a Henry con los abuelos que permanecieron sentados en la mesa con los dos bebés.

Poco a poco, los recién graduados fueron llenando la pista con sus parejas. Emma llevaba un vestido color crema escotado en la espalda, con algo de vuelo por encima de las rodillas y unos zapatos negros, caminó lentamente agarrando la mano de la amada hasta mitad de la pista de baile.

Agarró firmemente la cintura de la morena que sonrió ante el gesto.

-Yo llevo…- dijo Emma agarrando la mano de la morena

-Siempre tú, ¿no?- susurró al oído

-¿Me vas a decir que no te gusta?- miró los ojos almendra con curiosidad

-¡Lo adoro, mi amor!- rió

Bailaron tres canciones, David pidió la mano de la hija en la cuarta y Regina fue sacada por Jefferson. Enseguida estuvieron juntas de nuevo, la música aún era lenta, muchas parejas estaban en la pista, los solteros se quejaban al DJ, pues querían músicas más animadas. Regina y Emma parecían paradas en el tiempo, estaban agarradas, la una a la otra, ya no bailaban, aquello era más un abrazo, cada cierto tiempo se daban besos apasionados, Emma, como siempre, osada, deslizaba las manos bobas hacia las caderas de la novia que tuvo que apartarlas varias veces. Sus cabezas estaban pegadas, sus alientos se mezclaban, los ojos cerrados, se amaban abrazadas en la pista de baile, y entonces alguien las despertó.

-¿Puedo?- Mérida reclamó a Regina para bailar. Emma lo permitió aunque sin ganas.

Enseguida, Mérida agarró firmemente la cintura de la morena, Emma bailaba con August, pero observaba con atención a la pelirroja.

-Es tan linda, Regina…- susurró al oído de la morena que sintió una corriente eléctrica pasarle por el cuerpo, lo disimuló

-Gracias- respondió avergonzada, Regina sabía el efecto que causaba en los hombres, en la mujeres todavía era una novedad.

-Pensé que era soltera…es una pena…¿Cómo se conocieron?- apretó la cintura fina hacia ella. Regina sintió un escalofrío, aquella mirada tenía algo.

-Ella chocó contra mi coche…- sus bocas estaban cerca

-Suerte la de ella…- susurró más para ella misma, Regina fingió no escuchar, su respiración estaba algo desacompasada.

-Es bastante madura, para su edad, señorita Dunbroch…- fue cambiando de tema para olvidar aquellas cosas que estaba sintiendo. Apartó sus bocas. Regina era diez años mayor que la pelirroja.

-A fin de cuentas…¿cuántos años tiene Emma?- lanzó la pregunta, por lo visto quería hablar de su relación con la rubia

-Treinta. Seis años menos que yo…- respondió normalmente

-La edad no es un problema, ¿verdad?- sonrió gentilmente –Me hubiera gustado haberla conocido antes, señora Mills…- miró los castaños con lascivia –Es usted muy atrayente…

-Gra…gracias…- tartamudeó al sentir lo dedos de la pelirroja acariciar su nuca, su corazón se disparó. ¿Qué quería Mérida? Se apartó de forma brusca, su respiración estaba agitada.

-Con…con permiso, señorita Dunbroch…- salió de prisa, fue al baño, se mojó el rostro y la nuca, se miró en el espejo "¿Qué es esto, Regina? ¡Por Dios! ¡No puedes sentir esas cosas! ¡Tienes mujer! Una mujer que te ama. ¡Y tú también la amas, Regina!", se reprendió. Se lavó el rostro una vez más, aún respiraba irregularmente, cuando alguien la agarró por detrás.

-¡Sácame, Emma!

-¿Todo bien, amor? Estás pálida…- agarró el rostro de la novia. Emma no había presenciado la escena entre su mujer y la pelirroja, fue en el momento en que David la había llamado, pues Henry no dejaba de llorar.

-Estoy bien, sí…Yo…¡Te amo, Emma!- se sentía culpable por sentirse atraída por otra, sabía que no era nada más que eso, amaba a Emma y lo sabía, pero Mérida podría ser un problema.

-Yo también, amor…Te pediría bailar un poco más…Pero a Henry le tiene cólicos, creo que es mejor que nos vayamos a casa…- le besó la cabeza, aquel sencillo gesto calmó a Regina de cierta forma, pero sus pensamientos aún estaban perdidos en sentimientos de culpa.

-¡S..sí..claro! Vamos…- cogió la mano de la novia y se marcharon.


El día amaneció soleado, dejando claro la llegada del verano. Emma adoraba aquella estación del año, aún más porque había conocido a Regina en esa época. La inauguración del restaurante sería a última hora de esa tarde, Emma estaba que no paraba, Regina volvería a la empresa ese día, pero optó por no ir, ya que Emma estaba atareada con el restaurante, muchas cosas que resolver, los trabajadores, la publicidad, todo era bastante apremiante, además de que Regina no estaba preparada para encarar a su sustituta después de "huir" de ella. Y también estaba Henry, que no podía quedarse solito, así que Regina tuvo una idea.

Abriría en la empresa una guardería para bebés de hasta dos años, para que las madres trabajadoras pudieran pasar más tiempo con sus hijos, y además de contribuir con el tiempo de amamantamiento, los bebés estarían cuidados por pedagogos, así se facilitaría el desarrollo motor y cognitivo de los pequeños, sería un espacio lúdico para el aprendizaje.

Ya era de noche, Emma estaba recibiendo a los clientes, quiso, al menos esa noche, ser ella la anfitriona, además supervisaba de lejos la cocina, le había pedido a Ariel que se encargara de los cocineros durante la inauguración, serían días temáticos, y por ser un viernes, la jefa optó por platos orgánicos, algo más sofisticado. La decoración del sitio era ligera y alegre, varias parejas y grupos de amigos comían y conversaban en las mesas.

Emma quiso innovar, no llevaba el chaleco de maître, llevaba un vestido largo, estampado, un maquillaje leve, su sonrisa era la más hermosa de todas, se podía percibir la felicidad y el orgullo en sus ojos, finalmente había realizado su sueño. Nada le faltaba, su felicidad era completa, o así pensaba hasta que vio aquel hermoso rostro, aquella mirada arrebatadora, su amada.

Regina usaba un mono también estampado, en colores verdes, unos tacones enormes, elegante, ¿cómo conseguía Regina superarse cada día? Emma no lo entendía, ni quería, amaba a su mujer, ahora sí que nada le faltaba. Regina se acercó con Henry en los brazos y aquella sonrisa de sol iluminó todo el recinto. ¡Cómo amaba Regina esa sonrisa! En ese mismo momento sintió Emma calentarse su corazón, tenía a su amor.

-Felicidades, Em…- le dio un beso en la mejilla

-Soy yo la que te tengo que agradecer, amor…-le devolvió una débil sonrisa –Nada de eso sería real sin ti…Gracias…- sus ojos verdes se humedecieron –¡No pasa un día que no agradezca a los cielos haber chocado aquel Mercedes!- rio bromista

-¡Desastrada!- rio también al recordar aquel día

Los padres de la chef también se acercaron a felicitarla por la inauguración, aunque más entrada la noche, el lugar ya estaba vacío, comieron alegres, el clima era de fiesta, todo estaba perfecto, su restaurante, sus padres, Regina y su hijo, su familia estaba completa. Nada podría ser más gratificante que aquel momento.

Centro de Nueva York. Apartamento alquilado de Mérida

-¿Hola? ¡Desastre! ¿Estás ahí?- Ariel llamó a la prima en su lujoso apartamento

-¡Ariel! ¡Menos que has llegado! Así no vamos a terminar nuestra maratón de series- la reprendió la pelirroja

-Te avisé de que llegaría tarde…Fui invitada para actuar como chef en la inauguración del restaurante Swan's…- explicó el atraso, Mérida ya estaba con el pijama

-Hmmm…¿Te va a pagar, no?- buscaba algo en el armario

-¡Pues claro! ¿Crees que trabajo gratis? Y hablando de trabajo…¡Qué sitio!- admiró el gran y lujoso apartamento

-Todo por cuenta de Mills..- suspiró al pronunciar el apellido de la morena

-¡Caramba! ¿Ganas un salario que te cagas y encima regalos, como un apartamento de estos en el centro de Nueva York? ¡También quiero trabajar ahí!- bromeó

-Vale…Te puedo recomendar, Regina no rechazaría una recomendación mía…Soy eficiente- dijo orgullosa

-¿Regina? ¡Dios! ¿Regina Mills? ¿Cómo he podido ser tan burra?- Ariel no había ligado el nombre de la jefa de la prima con el de la novia de Emma.

-¿Cómo?- Mérida no entendía

-¡Tu jefa es aquella mujer arrogante, la novia de Emma! ¡Odio a esa mujer!- concluyó

-Sí…Pensé que lo sabías…Hasta te iba a echar la bronca el día de la graduación, pero bebiste tanto que me olvidé de hablar contigo- abrió un brick de zumo

-Nunca iba a "ligar" a esa Regina de la que tan bien hablas como aquella mujer asquerosa- escupió las palabras

-¿Qué dices? Regina es una mujer increíble…- la defendió

-¡Estás loca Mérida! ¡Tiene que ser eso! ¡Es más, las dos, tú y Emma! ¿Dónde se ha visto considerar a aquella víbora una persona increíble?- andaba de un lado a otro con una de las manos en la cabeza. Regina no había sido muy amigable con la pelirroja, aún sentía rabia.

-¿Qué te ha hecho?- Mérida no entendía –Me vas a decir que tú…¡No! ¡Tienes celos por Swan!- cogió dos vasos y los llenó con zumo

-No es nada importante. Ni pretendía contarlo. Y no. No tengo celos de nadie. ¡Mucho menos por Emma! Está feliz con su hijito maravilloso…¡Aff!- reviró los ojos y se tiró en el sofá.

-¡Eso!- señaló a la prima -¡Eso son celos, señorita Ariel! ¿Te gusta ella?- cogió el hielo y lo metió en los vasos

-Claro que no…Ni tiempo he tenido para eso…La conocí a comienzos de la universidad, ella era novia de una mujer llamada Lily, si es que a eso se le podía llamar noviazgo…- recuerda, en aquella época Emma no era muy fiel –Por ironías del destino, dejamos el curso y nos volvimos a reencontrar ahora, estaba bien conocer a alguien, y…ella ya estaba con Regina…No comprendo, nunca le gustaron los niños, cambió radicalmente a causa de esa…- sentía asco de pronunciar esas palabras

-Sí Regina…Regina…- dijo para sí con adoración. Para Mérida era imposible que a alguien no le gustara la morena

-¡Da igual! ¡No me gusta! ¡Se acabó el asunto! Emma siempre me ha considerado como una colega de universidad- dijo en tono decepcionado, Emma la consideraba una amiga, pero la pelirroja no lo sabía

-Curioso…Creo que fuiste boba en dejar marchar a la rubia. Pero…allá tú- cogió las palomitas para ponerlas en el microondas antes de escoger qué seria iban a ver.

-¿Y tú? Antes no sabías que su "majestad" estaba comprometida…¿Y ahora? Por lo que veo en tus ojos…Digo, ¿cuánto te gusta esa Mills? Confieso que siento curiosidad por saber qué tiene, porque, ¡la madre que me parió, primero Emma, que se tiraba a todas, y ahora tú!- Ariel estaba asombrada, Mérida no corría detrás de nadie, no lo necesitaba, hombres y mujeres caían a sus pies, aunque solo las mujeres tenían suerte.

¿Pero Regina? Regina era indescifrable para Mérida, aquellos ojos eran misteriosos, y la pelirroja estaba segura de que se hundiría en aquellos iris almendrados.

-Swan es solo un pequeño estorbo, prima…Quiero a Regina en mi cama, Emma no necesita saberlo…- quería convencerse de eso, de sus propias palabras, pero sabía, en el fondo, que no era solo atracción. Mérida estaba enamorada.

Ariel rió alto

-¡Sé que eres buena en seducir, desastre! Pero es de Emma Swan de quien estamos hablando…¡Es casi una leyenda en Nueva York! Su lista es inmensa…- escogió la seria y encendió la tele

-Cuando tenga a Regina en mis brazos, Emma no pasará de ser un pequeño recuerdo, prima…- sacó las palomitas del horno

-¡Veremos!- se rió una vez más. Se sentaron en el sofá y comenzaron a asistir la seria con las palomitas en las manos.