Calma
Regina y Emma no tuvieron una conversación concreta sobre los acontecimientos de aquellos tres días. Emma decidió postergarlo al máximo, le contaría sus pasos por la policía, pero no en ese momento.
Emma llegó a casa entusiasmada, parecía una niña cuando la madre le dice que tiene un regalo en el cuarto. Los padres de la rubia no supieron nada de lo ocurrido, mejor así, Swan no quería divulgarlo. Tinkerbell, que estaba con su ahijado en el apartamento de la amiga, agarraba a Henry mientras le leía un cuento, el pequeño parecía prestar atención, ¿cómo no? Tinker tenía una voz de hada, calmaba a cualquier niño, hasta los más agitados.
-¡CHICO!- dijo Emma dando saltos de alegría, cogió al niño de los brazos de la rubia, que sonrió ante el entusiasmo de la madre, Swan prácticamente ignoró a Tink, pero era debido a cómo había extrañado al pequeño –Oh hijo…mi pequeño…¡cómo te he echado de menos!- lanzó al pequeño hacia lo alto, él se echó a reír dejando a la vista las encías. Regina se apoyó en la columna entre la sala y la cocina, y los observó con los brazos cruzados –Te amo, Henry…¡Mamá te ha echado tanto de menos! ¿Echaste tú de menos a tu madre rubia? ¿Hum?- le acarició el mentó, observo que su rostro estaba diferente, le abrió la boca al pequeño y ya había dos dientes en la parte de abajo, casi expuestos totalmente. Henry estaba creciendo. Sintió su corazón encogerse, ¡qué diferencia eran tan solo tres días! Estaba aún más lindo y despierto, ya se sentaba en el regazo de las madres y no ya no podía quedarse solo en la cama, corría el riesgo de caerse, pues ya se arrastraba por cualquier superficie –Pesas, hijo…¿Qué ha pasado? ¿Tu madre te ha dado algún suplemento? ¿Algún fermento?- él rió y consecuentemente Emma también, estaba tan feliz de estar en casa, de vuelta con su familia. No podía actuar de aquella forma sin pensar, nunca más.
Tinker y Regina aún observaban a los dos, cómo se divertían, Emma jugaba con el hijo haciendo un avión, un barco, cosquillas, todo en el aire, jugaba a todo, ora lo besaba, ora lo abrazaba, estaba embobada con el hijo.
-Hoy cumplo cinco meses, mamá Em-Regina se acercó imitando la voz infantil, y le masajeó la barriguita. Él se movía alegre, brazos y piernas, parecía celebrar tener a las dos de nuevo cerca.
-Own, príncipe…- acarició al pequeño –Felicidades, mi amor…- lo besó varias veces -¡Te amo, mi bebé!- dijo y en seguida besó a Regina -¿Has visto?- abrió la boca del pequeño, exponiendo los dos dientitos que estaban saliéndole
-¡No!- Regina se asombró, no había tenido en reparar en ello en esos tres días -¿Hijo? ¿Cómo es eso?- se emocionó, los abrazó a los dos cariñosamente -¡Henry, vamos a parar! ¡Estás creciendo demasiado rápido!- parecía estar echándole la bronca al pobrecito. Emma se echó a reír ante lo que dijo su prometida.
-¿Viste Tink? ¡Esta madre aquí es una paranoica!- y en ese momento es que se dio cuenta de que no había saludado a la rubia -¡Ops! ¡Hola Tinker!- sonrió tímida
-¡Hola presidiaria!- se echó a reír. Emma la miró seria, puso cara de enfado -¡Eh, es una broma!- intentó solucionar la tontería que había dicho. Segundos después, Emma y Regina se echaron a reír como dos niñas pequeñas con Henry en los brazos, Tink no aguantó, y también se juntó a ellas hasta no aguantar más.
-¡Eres muy inocente, Tink!- dijo Regina en cuanto paró de reír
-¡Y tú no eras así! ¡Tonta alegre!- dijo secándose las lágrimas, Regina había cambiado mucho después de Emma, se tomaba las cosas más a la ligera, se había vuelto menos seria.
-Sí…¡creo que mi humor es contagioso!- dijo Swan bromista, Henry buscaba su comida con las manos -¿Hijo? ¿Dónde están tus modales? ¿No me invitas a una cena primero? ¿Ya que lo quieres todo a la primera?- Rió –Regina, sujétalo…- pidió, no podía amamantar al hijo recién salida de la prisión –Necesitó un baño, y ya vengo para que este comelón se alimente- sonrió pasándole el niño a la madre morena.
Tinkerbell jugó un poco más con el ahijado y se marchó. Regina sujetaba a Henry con una expresión de alivio, y lo estaba, consiguió resolverlo todo a tiempo. Se sentía culpable por Robin, no por él, sino por los sobrinos, no verían al padre tan pronto, pensó en Roland, él ya entendía las cosas y con seguridad, echaría de menos al padre.
-Oh, Henry…Tuve que hacerlo…No podría dejarte sin madre- le besó la cabeza al pequeño, iniciando una conversación –Emma nos ama, ella hizo algo muy feo…Pero fue por nosotros. No, no te preocupes, voy a conversar con ella sobre eso…- sonrió al hijo –Y vamos a estar bien, mi pequeño…- terminó la conversación emocionada, se sentía cansada.
Emma volvió a la sala de pijama, una blusa de manga larga azul, era corta, dejaba ver sus bóxers femeninos que llevaba debajo, un moño alto en su cabeza. A pesar de estar cansada, a Regina le gustó admirar a su prometida en aquella ropa, hacía tiempo que no se vestía de aquella manera. Los ojos castaños relampaguearon de deseo.
-¡Listo, mi muchacho!- Emma cogió al hijo en brazos –Mamá ha vuelto…- le dio el pecho, y en seguida el pequeño se durmió acurrucado en el seno de la rubia. Regina permaneció al lado de la novia durante largos minutos. Los tres juntos en un único abrazo. No importaba lo que había dicho la asistente social, tampoco la adopción, estaba claro que quería legalizarlo todo para que Emma tuviera todos los derechos, pero ya eso no era importante, pues el amor que se tenía era de corazón y podía suplir cualquier necesidad, Regina dejaría pasar un tiempo, pero volvería con el pedido de adopción, y saldría bien, tenía fe.
-Voy a poner a Henry en la cuna…- Emma se levantó despacio y se dirigió al cuarto
-Yo voy a preparar algo para cenar…- Regina también se levantó y se fue a la cocina.
Se detuvo frente a los armarios, buscando algo para preparar, pero no le venía ninguna idea de qué hacer, sus pensamientos estaban hechos un lío, aún procesaba todo lo ocurrido en aquellos días, sentía rabia dentro de ella, ¿cómo Emma había podido ser tan imprudente? Se preguntaba, pero se perdió cuando sintió las manos firmes apretar su fina cintura.
-¿Pensando en mí?- susurró Emma en tono provocativo, al mismo tiempo que le mordía el lóbulo de la oreja
-¡Mis pensamientos no son exclusivamente suyos, señorita Swan!- se apartó de la prometida, haciéndose la difícil, pero ya tenía la respiración pesada. No quería entregarse, quería conversar primero, pero su cuerpo reaccionaba casi solo cuando Emma ponía un dedo sobre ella.
-Apuesto a que me echaste de menos…- Emma prendió a Regina contra la encimera, sus bocas estaban casi pegadas –Apuesto a que echaste de menos esto…- subió el vestido de la amada y le tocó la intimidad por encima de las bragas. Regina gimió quedo con los ojos cerrados, quería retroceder y decirle que no, pero, ¿cómo? Emma le robaba todos los sentidos.
-No, Emma, tenemos que hablar…- dijo quejumbrosa, ya estaba entregada
-Después…¿Olvidaste que resolvemos todo después?- le besó aquella boca carnosa con voluptuosidad
Y era verdad, ¿cuántas veces habían conversado después de una buena sesión de amor? Habían perdido la cuenta, el deseo de ambas era avasallador.
-Hum…No me resisto a ti…- susurró Regina jadeante entre sus labios, se entregó al momento. En seguida, sintió los fuertes brazos subir su cuerpo sobre la encimera de la cocina, Emma le quitó las bragas velozmente, y sin aviso la penetró lentamente con dos dedos. Ella gimió, sintió toda la excitación de su cuerpo concentrarse en un único sitio.
-¿Te gusta esto?- Emma se movió lentamente, Regina permanecía vestida, excepto por aquella pequeña pieza de ropa que ya se encontraba en el suelo.
-S…sí…- gimió con los ojos cerrados –E…eso…¡Am!- Emma hizo una presión mayor dentro de ella
-¿Qué ibas a decir?- la incentivó masajeándole el clítoris ya mojado con el pulgar, mientras entraba y salía lentamente
-Eso…es…¡Own! ¡Ahí!- gimió más alto
-Habla…¡Aún no he escuchado!- la provocó
Regina jadeó, movió el trasero al encuentro de los dedos de la rubia, no conseguía hablar. Emma paró, de repente sacó los dedos y encaró los ojos castaños que ahora tenían un tono más oscuro, parecía furiosa.
-¿Cómo-te-atreves-a-parar?- dijo Regina entre dientes, podría matar con aquella mirada
-Pídeme que te folle de forma deliciosa, ¿venga?- Emma comprimió los ojos, había expectativa en su mirada
-Maldita…- Regina amenazó levantarse para ir a tocarla, pero Emma la agarró de los dos brazos, y se los sujetó por detrás, la dejó sin poder moverse.
-Pide- deslizó el pulgar en su entrada, podía sentir el líquido caliente resbalarse por su dedo
-¡N…No!- mordió el labio inferior de la prometida, Emma notó un dolor agudo en la boca. Regina le hizo sangre.
-¿Ah? ¿No vas a pedir?- Emma ignoró el cosquilleo en los labios, volvió a penetrarla con dos dedos -¡Eso lo veremos!- comenzó un vaivén lento. Subió el vestido de la morena hasta la cintura con una de las manos, pero no dejó de moverse dentro de ella, sintió cómo Regina la apretaba, anunciando un eminente orgasmo. Emma sonrió diabólica, apartó las piernas de Regina, la morena apoyó las dos manos en la encimera para equilibrarse, estaba literalmente abierta para la rubia –Pídemelo…Quiero escucharlo…- aceleró los movimientos, sintió a Regina convulsionar, y paró. La morena abrió los ojos enfadada, quería rápido, pero no iba a dar su brazo a torcer –Tú sabrás, puedo estar toda la noche en "casi ya"…- tomó los labios de la amada en un beso hambriento, volvió a masajear el clítoris de forma lenta, más líquido resbalaba de la morena denunciando su estado dolorido de excitación.
-¡Ah Em…Em-ma! ¡Arhhh! ¡Va…ven-ga…!- gimió enloquecida
-¿Hum? Quiero oírlo…- Emma tiró de los cabellos negros hacia atrás, le chupó la piel expuesta del cuello, aquello le dejaría una gran marca al día siguiente.
Regina era resistente, estuvieron largos minutos en aquella provocación, cuando la morena estuvo al límite por sexta vez, Emma volvió a parar.
-¡Eres-testaruda!- dijo la rubia entre dientes, ella también estaba ya muy excitada con todos aquellos gemidos de la morena, más que mojada, sentía la humedad de su propia vagina, palpitaba, quería ser tomada por Regina, pero después de escuchar las palabras. Sacó los dedos, si Regina podía resistirse a los toques, no podría resistirse a su mayor debilidad. Emma empujó a Regina sobre la encimera hasta pegarla contra la pared, presionó las piernas de la morena junto al cuerpo, los voluminosos pechos de Regina se pegaban a sus propias rodillas, y sin aviso alguno, Emma llevó su boca a la intimidad caliente y húmeda de la prometida, lamía de forma calmada, degustando aquel sabor que solo Regina tenía, succionaba y tragaba aquella afrodisiaca bebida.
Ahora Regina arañaba los brazos de la rubia, no podría aguantarlo, era insoportable, gemía sin pudor. Emma la encaraba, verdes en castaños, la morena quería de corazón continuar con aquella mirada descarada, pero ya no conseguía concentrarse, aquella era un incendio, quemaba, necesitaba correrse.
-¡Arhhh Em! Necesito…- jadeaba desesperada –Ay…- gemía –No pares…No pares…¡Ohnnn! Así…asíiii…gemía enloquecida, extasiada de placer.
-¡Dilo! ¡Y tendrás el mejor orgasmo de tu vida!- Emma sonrió malvada. Regina resopló mirando los ojos verdes, pero desistió
-¡FÓLLEME, SEÑORITA SWAN!- ordenó. Emma sonrió de oreja a oreja ante el pedido, satisfecha introdujo el dedo índice en el ano de la morena, y llenó su otra entrada con el pulgar. Sus dos dedos la embestían con velocidad, en una perfecta sincronía. Regina se movía en el intento de hundirse aún más en los dedos que la consumían con ímpetu. Emma bajó sus labios hasta el rígido clítoris y comenzó a succionarlo de forma rápida. Sintió las manos de Regina agarrarle los cabellos.
-¡Ahí, ahí! Eso…Arrr…¡Ahhh! ¡Em-maaaa!- Regina se entregó al orgasmo, sintió su cuerpo temblar violentamente, Emma ascendió hasta los labios entreabiertos de la prometida y la besó con cariño, y retiró los dedos lentamente.
-Hummm…-escuchó a Regina gemir al sentirse vacía –Sh, sh Swan…- Regina bajó de la encimera, tirando de su vestido hacia abajo -¡Qué cosa fea abusar de mi persona de esa manera…!- empujó a Emma hasta la columna que dividía la cocina de la sala, Regina parecía jugar con la presa –Provocarme así…- le robó un feroz beso, casi violento
-¿Me vas a castigar?- Emma sonrió maliciosa
-¡Castigarte es poco para lo que voy a hacer contigo, Swan!- entrecerró los ojos, apoyó los dos brazos estirados, uno a cada lado de su rostro
-¿Fui una niña mala?- Emma la provocó poniendo cara de adolescente rebelde
-Muy mala…- apretó la rodilla sobre la vagina de la rubia
-¡Ay, Regina!- Emma desorbitó los ojos, la morena apretó con más fuerza de lo normal
-¿Duele?- provocó moviendo la rodilla
-Aham…- cerró los ojos, sus bragas ya estaban echadas a perder
-¡Malvada es mi mote, Swan! ¡Mereces una reprimenda!- apretó el mentón de la rubia y volvió a besarla de forma violenta, siendo correspondida de inmediato. Regina subió la camiseta para llevarse a la boca los rosados pechos, Emma gemía, intentó apretar el trasero de la morena, pero Regina le dio una palmada en las manos
-¡Ya! Tú ya hiciste lo que quisiste. ¡Ahora es mi turno!- le retiró la camiseta y la tiró a lo lejos, Emma ahora solo estaba con las bragas, jadeaba de deseo, ¡cómo quería que Regina la dominase! Y fue lo que la morena hizo. Giró a Emma de espaldas, la prensó entre la fría pared y su cuerpo, después le quitó las bragas lentamente, dejando marcas rojas de sus uñas en la zona de la pelvis, muslos y piernas. Apartó las nalgas de la prometida y lamió allí.
-¡La madre que me parió, Regina!- Emma se agarró a la columna, quedándose de puntillas. Sentía la lengua de su novia juguetear en todo su centro, sintió las uñas clavadas en su trasero, podría jurar que las nalgas estarían rojas. Se perdió en pensamientos cuando notó que tres dedos la invadían.
-¡Ahnnn!- gimió sorprendida, Regina era delicada, y ahora lo estaba siendo
-Soy muy blanda cuando el tema es usted, señorita Swan…- dijo Regina en cuanto se acercó al oído, sus dedos seguían jugando en la intimidad de la rubia –Quiero que lo des todo de ti…- giró a Emma y se movió rápidamente dentro de ella, un gritó intentó salir de la garganta de la rubia, pero Regina lo ahogó con abrupto beso, solo la soltó cuando el aire se hizo necesario. Emma ya tenías las piernas de gelatina, temblaba en los brazos de la morena que la embestía cada vez más deprisa. No aguantó más, aquellos dedos la llenaban por completo, hondamente, Regina alcanzaba hasta donde sus dedos ya no podían más. Los labios carnosos descendieron hasta el pecho derecho, sus dedos seguían con la misma velocidad, chupó con deseo, y aquello fue el gatillo.
-¡Ahhhh Re-Regi-na!- gimió Emma agarrándose al cuerpo, temblaba, el sudor era visible, respiraba con dificultad, intentando recuperarse.
Regina abrió una sonrisa de oreja a oreja, adoraba cuando Emma gemía su nombre en el clímax. Volvió a besarla de forma calmada.
-Ven…- arrastró a su prometida al baño -¡Voy a acabar contigo!- miró maliciosa, la rubia sonrió caminando hacia la estancia.
Se amaron una vez más debajo de la ducha, pero de forma calmada, sensual y provocativa. Permanecerían allí para siempre, pero existía Henry, y pronto el pequeño dio señas de que se había despertado.
-Nuestro hijo…- Regina sonrió a su amada, sus cabezas estaban pegadas, le dio un beso rápido y cogió la toalla. Emma hizo lo mismo, pero miró a la morena con una sonrisa traviesa y salió corriendo delante de ella como si jugara al pilla pilla. Antes de entrar en el cuarto, gritó
-¡Es mío!- levantó al pequeño de la cuna con todo el cariño de una madre. Regina llegó al cuarto quitándose la toalla de la cabeza y secándose enseguida
-¡Todo tuyo, mi amor!- rio, se puso un camisón y buscó el secador, miraba por el espejo cómo Emma conversaba con Henry
Emma puso a Henry en mitad de la cama, cogió un pañal y se tapó el rostro, jugaba a "tras tras" con el hijo, él sonríe alegre, se arrastraba hasta su madre rubia, se dio cuenta de que si se apartaba más del hijo, él iría gateando hasta ella. Y así estuvieron hasta que Regina entró en el juego.
-¡Te pille, pequeñajo! ¡Me toca!- prácticamente saltó a la cama y agarró al hijo haciéndole cosquillas, él reía a carcajadas. Enseguida, Emma entró en el juego y los tres hacían una fiesta, carcajadas estallaban por el cuarto. Todo aquello eran tan perfecto, tan surreal que ambas madres podrían decir que era un sueño. Ahora las dos estaban echadas muy cerca, Henry en medio se mordía sus propios piececitos.
-¿Está rico, hijo?- Emma apartó uno de los pies y Henry alzó el cuerpo para cogerlo de nuevo. Emma se rió ante la reacción del hijo.
-¡Para Emma! ¡Deja al niño en paz!- dijo Regina en tono serio, pero era broma, su expresión era suave, tenía una sonrisa leve en el rostro
-¿Mira? ¡Parece que este pie es lo más sabroso del mundo!- rió una vez más
-¡Es el príncipe de mamá!- dijo Regina con voz aniñada, apretó y besó aquello pies hermosos
Henry se restregó los ojitos y dio un gran bostezo cerrando los ojos.
-Miren quién se cansó…- dijo la morena a Emma con una mirada cómplice
-Creo que es mejor que le des de mamar antes, así se dormirá hasta mitad de la madrugada…- Emma dio la idea. A Regina le extrañó, la rubia siempre le daba de mamar al hijo por las noches.
-Sí…- cogió al pequeño y le dio el pecho, él respiraba sereno mientras succionaba. Regina comenzó a reír de repente.
-¿Qué ocurre?- preguntó Emma curiosa
-Esto…- señaló al hijo agarrado a su pecho
-¿Qué pasa?- Emma no entendía
-¡Por el amor de Dios, Emma! ¡De verdad que eres rubia! ¿No lo ves?- rió -¿No sientes esto? Quiero decir…a veces, no siempre sucede…- la morena se sonrojó, sentía vergüenza
-¡No te entiendo!- Emma se rascó la cabeza, fingiendo no saber de lo que se trataba, quería escuchárselo decir
-¡A veces, esto me excita!- susurró y escondió su rostro con una mano. Emma intentó aguantar la risa, pero falló, rió escandalosamente, despertando a Henry, que ahora tenía los ojos abiertos de par en par hacia su madre rubia, incluso dejó de mamar.
-¡Emma!- la llamó, ella reía sin parar con las manos en la barriga -¡Emma!- la llamó de nuevo, nada -¡EMMA!- le tiró una almohada con fuerza
-¡Eh! ¿Qué pasa?-puso cara de enfado mientras se secaba las lágrimas
-No tiene gracia…¡Es serio!- juntó las cejas, realmente sentía vergüenza por eso.
-Es normal, amor…Yo también lo siento a veces…Al principio me sentía como tú, preocupada pensando que era una pervertida y eso. Pero hablé con mi madre al respecto, y me dijo que era normal. ¡Y lo que mi madre dice va a misa!- levantó los brazos en señal de rendición
-Hum…menos mal…- Regina respiró aliviada con la nueva información.
-Menos mal que lo estás haciendo tú, yo suelo quedarme sensible después…- se ruborizó. Regina entendió en ese momento, fue por eso que Emma no quiso amamantarlo -¡Y creo que estoy seca!- dijo Emma masajeándose los pechos.
-¿Cómo?- Regina desorbitó los ojos preocupada, Emma era la mayor fuente de leche de Henry, según el doctor Whale, Regina dentro de un mes ya no daría más leche.
-¡Qué! ¡Tú acabaste con todo horas atrás!- Emma se echó a reír de nuevo. Regina la miró seria, y le volvió a tirar la almohada, pero enseguida se juntó a ella.
Henry se durmió rápidamente acurrucado en los brazos de la madre. Emma le pidió a Regina que lo dejara dormir esa noche entre las dos, quería estar cerca del hijo. Regina la dejó, pero antes le dio un sermón, diciendo que solo esa vez, porque no había que acostumbrarlo mal. Emma se rió y acurrucó al pequeño en sus brazos.
-¿Sabes que lo que hiciste estuvo mal, no?- Regina entró en el asunto antes de apagar la lámpara
-¡Se lo mereció!- Emma no quería entrar en el tema, no después del haber hecho el amo de forma tan fabulosa y teniendo al hijo ahí entre ellas.
-¡Ok! Estoy de acuerdo, pero no se resuelven las cosas así, Em.…Actuaste como uno de ellos, ¿y no luchamos por la igualdad, por el no al prejuicio? E hiciste exactamente lo que un homófobo haría…¿Me entiendes?- agarró el mentón de la rubia, la miraba seria, pero había amor en su mirada –No resolvemos las cosas así…Y Robin está preso…- le contó. Emma se sorprendió
-¿Cómo? ¿Por qué?- no entendía, él no la había tocado.
-Lo denuncié por sus actos de delincuencia de años atrás. Bueno, Jefferson también fue encarcelado- explicó de forma rápida
-¿Am? No entiendo, ¿después de tantos años?- Emma lo sintió por Jefferson, y entonces pensó en August y en la hija de ambos
-Precisamente, le pedí a Jefferson que denunciara a aquel miserable comisario…- apartó los pensamientos, no le contaría el desagradable desencuentro- Resumiendo, Robin me chantajeó. Quería la presidencia, como siempre- reviró los ojos –Y yo vi muy extraño no poder pagar tu fianza, entonces uní los puntos y conversé con Kathryn. ¡La ayudé a coger a la cuadrilla para sacarte de aquel lugar!- contó aparentemente irritada.
-¡Hm, mi espía!- a pesar de la sorpresa, Emma bromeó
-¡No es un juego, Emma! ¿Tienes noción del peligro que hubiera corrido nuestra familia si algo hubiera salido mal? Es eso lo que quiero que veas. No puedes actuar por impulso, no más, reconozco que has cambiado bastante por nosotros, pero aún no es suficiente, tienes que pensar antes de hacer, necesitas poner a nuestro hijo en primer lugar…Nuestra relación, nuestra familia…- era un ruego, no quería volver a pasar por aquello de nuevo.
-Perdóname…por hacer que tú y nuestro hijo pasarais por eso…Sé que tengo que controlarme más…- Emma bajó la cabeza, estaba profundamente arrepentida, ahora aún más. Jefferson preso, lo sentía incluso por Robin, no por él, sentía rabia de aquel idiota, pero era padre y Emma sintió en la piel lo difícil que era estar lejos del hijo.
-Es la vida...-Regina suspiró cansada –Aprendeos con nuestros errores, mi amor…Y sé que no se volverá a repetir…- tocó el blanco rostro apartando algunos mechones antes de darle un beso en la mejilla.
-Nunca más, mi amor…- Emma tenía los ojos llorosos, Regina le había demostrado una vez más el amor que le tenía. Emma reconocía eso y tenía que darle valor. Se desearon buenas noches, y enseguida los tres se quedaron dormidos, unos en los brazos del otro, un único amor, una familia.
Una semana después-Mills Company. Sala de la presidenta
-Dígame, señora Mills- Mérida entró en el despacho algo cohibida, se dirigió a ella formalmente, después de cómo fue tratada la última vez por la morena, se había pasado la semana entera evitando el contacto.
-Creo que te debo una disc…- la pelirroja interrumpió sus palabras
-¡No! No tienes por qué, eres mi jefa. No me debes explicaciones…- tenía una mirada comprensiva, una mirada casi inocente. De inocente no había nada, Mérida ciertamente usaría aquello en su favor.
-Lo necesito, yo…Es…- Regina nunca perdía el habla, pero la maldita conseguía desconcentrar a cualquiera con aquel escote, llevaba una camisa blanca de algodón y un chaleco negro muy apretado, dejaba los pechos casi que saltando fuera de la camisa, parecían más grandes de lo que eran.
-¿Sí?- preguntó Mérida al notar la mirada de la morena, sabía usar sus atributos muy bien, aprovechó la ocasión y se llevó los mechones rojos hacia el lado izquierdo de forma lenta. Regina carraspeó intentando disimular lo inevitable, había una cosa en lo que Regina no era buena, y era precisamente aquello, no lograba esconder nada de aquellos ojos sedientos de deseo.
-Necesito que te quedes en lugar de Robin- se levantó de la silla abruptamente y se giró hacia la ventana, ojos que no ven, corazón que no siente.
"¡Cielos! ¿Por qué? ¿Por qué esa mujer tiene que ser tan…provocativa? ¡Esto no puede ser coincidencia!" Regina pensó mirando a los coches en la calle.
-¿Qué ha sucedido?- Mérida no entendía, no sabía que Robin estaba preso, su idea era estar dos meses más en la empresa y volvería a Miami.
-No volverá, creo que al menos durante dos años…Pero eso no viene al caso, Srta. Dunbroch- se giró hacia la pelirroja de nuevo –Sé que administra la empresa de sus padres, y aquí solo es una trabajadora más…Aun así, me gustaría que se quedara…Si no la va a perjudicar…- pidió al terminar la explicación.
-Será un placer…Puedo llevar la empresa de mis padres incluso de lejos. En realidad, mi madre está bastante activa, yo solo era su asistente. Tú me estás dando una increíble oportunidad de crecimiento y conocimiento, Regina…No sé cómo agradecer…- claro que aceptaba quedarse más tiempo en la Mills Company, era todo lo que quería.
.¡Entonces, hecho! ¡Se quedará en el puesto de Robin hasta nueva orden! Puede trasladarse a su antiguo despacho. Traiga lo que quiera, decore…Haga lo que desee…- informó
-Muchas gracias, Regina…¿Puedo pedirte algo?- fue sutil
-Claro…¿Qué?- Regina removió algunos papeles, así se distraía del escote llamativo de la pelirroja
-Aún deseo salir contigo…No tiene que ser una cena, sé que tienes a Henry…Solo un almuerzo informal…Me gustaría conversar con Regina…Solamente Regina, no la dueña de este imperio…- pidió casi rogando
-Bueno, es…- Regina no quería, pero era mejor librarse rápido de aquello
-Por favor…No muerdo…- se acercó a la morena, se quedó demasiado cerca de la presidenta que ya le fallaba la respiración –A menos que me lo pida…- tocó el mentón de Regina
-M…Mé..- tartamudeó
-Calma…¿Amigas?- Mérida dijo rápido al percibir el desconcierto de la morena, cada vez se convencía más de que algo le removía a su jefa.
-¡Amigas!- Regina sonrió soltando el aire que no sabía que estaba aguantando. Se sintió aliviada con las palabras de la pelirroja.
-¡Te aviso cuando llegue el día!- se refirió al almuerzo y salió con una sonrisa victoriosa en el rostro.
Regina llegó pronto a casa, Emma estaba con Henry en la alfombra de la sala, había varios juguetes esparcidos por el suelo, el pequeño ora mordía algunos, ora los tiraba hacia la rubia. Regina quedó encantada con la escena de los dos. Soltó el bolso en la mesa y abrazó a Emma por detrás, acariciando los cabellos castaños del hijo.
-Mis amores…- tocó el rostro de los dos al mismo tiempo
-Mira quién llego, chico…- Emma sonrió de oreja a oreja y besó a su prometida de forma calma, de repente, sintió un pequeño ser arrastrase hacia ellas.
-¿Hijo?- Regina rió -¿No quieres que mamá me bese?- agarró al pequeño en los brazos y le dio varias mordidas en su barriguita, Henry se echó a reír escandalosamente en los brazos de su madre morena -¡Babón!- Regina cogió un trozo de tela para limpiarle la boquita.
-¡Te echamos mucho de menos!- dijo Emma apretando un juguete que hizo ruido, captando la atención del pequeño –Casi te vamos a buscar a la empresa…Pero como el tiempo cambió, creí mejor que darnos, Henry está algo revuelto… le di la papilla de plátano con manzana, pero comió poco, entonces complementé dándole de mamar… - le contó su día
-¿Estás enfermo, hijo?- Regina frunció las cejas. Le tocó la frente, estaba caliente -¡Dios, Emma! ¡Tiene fiebre! ¿Cómo no te has dado cuenta antes? ¡Vamos al hospital!- Regina se dirigió al cuarto de Henry para preparar la bolsa, en un momento estaba con todo en las manos -¿Vamos?- cogió al niño de los brazos de la rubia que se quedó sin reacción, se sentía culpable por no haberlo notado antes.
-Discúlpame…- dijo Emma mientras arrancaba el Mercedes, Regina no iba en el escarabajo con Henry debido al ruido del motor
-Tienes que estar más atenta, Em…- dijo con cariño –Estará bien…Lo sé…- sujetó al niño algo somnoliento en la sillita –Listo, mi príncipe…- le besó los cabellos castaños –Ya, ya, pronto te sentirás mejor, mi amor…- se sentó en el asiendo del copiloto
Llegaron rápido al hospital, el doctor Whale, que también era especialista en pediatría, parecía vivir en aquel sitio, siempre estaba listo para atender a los pacientes.
-¿Qué ocurre, mamás Mills?- acostó a Henry en la cama, midió la temperatura, escuchó el corazón, comprobó boca y ojos, antes de que las madres incluso respondieran -¡Son los dientitos, mamás!- comenzó a explicar –No hay de qué preocuparse, puede sentirse algo revuelto debido a la incomodidad de los dientes, la fiebre es normal también, ya que el proceso de salir los dientes rasga la encía…- Emma hizo una mueca ante la explicación del médico. Regina respiró aliviada, había ido el camino entero pensando cosas negativas –Le voy a dar este remedio ahora para cortar la fiebre, y ya podrán llevárselo a casa, cualquier cosa solo tienen que darle algunas gotitas cada ocho horas…- le entregó la receta a la madre rubia, ya que Regina no se soltaba al hijo.
-Gracias doctor…- Regina agradeció agarrando al pequeño con toda la delicadeza del mundo, parecía estar sujetando un carísimo jarrón de porcelana.
-¿Me dejas en el restaurante, amor?- pidió Emma en cuanto entraron en la avenida principal
-Claro…- Regina condujo hasta el establecimiento
-Gracias, cariño…- Emma le dio un rápido beso a la prometida –hoy llegará un poco más tarde…¡Cualquier cosa me llamas acá, que voy a casa corriendo!- le dijo, y entró en el local
-No te preocupes, Em…Te voy a echar de menos…- Emma gritó un yo también a lo lejos.
Tres meses después
Era la hora del almuerzo en la Mills Company, Regina seguía llegando temprano, trabajaba media jornada por la mañana, Emma abría el restaurante a última hora de la tarde, así, ambas madres dividían el tiempo, la rubia se quedaba con el hijo hasta la tarde, y Regina llegaba a tiempo de estar con los dos antes de que su prometida salir a trabajar. Fue un horario montada por las dos para poder continuar disfrutando del hijo.
-Belle, ¿puedes pedir el almuerzo, por favor? Hoy comeré aquí. Gracias- pidió la presidenta a su asistente por el telefonillo. En menos de dos minutos, Belle anunció a Mérida
-¿Srta. Dunbroch? ¿En qué puedo ayudarla?- pensó que había algún problema
-¡Puedes dejar de trabajar como un loca, y venir a almorzar conmigo!- agarró las manos de la morena y la levantó de la silla -¡Vamos!- arrastró a la presidenta hacia fuera. Regina rió, aquella pelirroja era de verdad muy descarada. En ese momento, se acordó de Emma. Pelirroja petulante.
-¡Mérida! ¡Para! ¿Te has vuelto loca?- Regina se soltó de la pelirroja, aún sonriendo
-¿Por ti? ¡Puedo decir que sí!- agarró la mano de la jefa mientras bajaba las escaleras, había ascensor, pero la pelirroja quiso ir por las escaleras.
-¿Y a dónde vamos?- preguntó la morena quien se soltó sutilmente de las manos al llegar a la planta baja
-¡Puede ser a Granny's! ¡Está cerca y la comida es buena!- dijo mientras se recogía el cabello en una cola de caballo, y se ponía sus gafas oscuras. Estaba linda, y extremadamente sexy. Regina tragó en seco, y se apartó el cuello de la camisa. Aquello tenía que parar, en los últimos meses Mérida se había acercado mucho a la presidenta, incontable reuniones y proyectos de mejora que habían creado juntas, algunos cafés hasta terminar la jornada laboral, aquello era flirteo, Regina tenía plena consciencia de lo que estaba pasando ahí, tenía que decir un basta antes de caminar por un camino del que sentía pánico.
Se sentaron en una mesa en una esquina, Regina pidió lasaña, hacía tiempo que no comía su plato preferido hecho por Ruby. Lilith, que fue a servir, recordó a la pelirroja que había conocido junto con la oriental, amiga de la camarera, le extrañó la proximidad de Regina con aquella desconocida, pero recordó que Mérida estaba ocupando el puesto de presidenta de la Mills Company, y concluyó que debían ser cercanas, se quedó algo incómoda por Emma, pues conocía bien a la amiga, la rubia nunca dio muestras de celos, pero tratándose de Regina, Lily había aprendido que todo podría ser diferente.
Enseguida llevó los pedidos, Mérida había pedido una ensalada de pollo a la plancha, Lily preguntó cómo estaban Henry y Emma, Regina respondió alegre, le contó que Henry estaba enorme, ya se apoyaba en los muebles, habló con orgullo que muy pronto caminaría solito. En cuanto la morena terminó de servir, Mérida tocó la mano de Regina, acarició los dedos finos de la morena que los retiró de inmediato, fingió no ver.
-¿Alguien te ha dicho ya que esa cicatriz te deja muy sexy?- preguntó Mérida mientras se limpiaba la boca con una servilleta, después de haberse llevado un bocado de la ensalada a la boca. Regina se atragantó. Sí, Emma. Emma había sido la primera persona que le comentó sobre la cicatriz, ella ya había presenciado esa escena, se estaba repitiendo. Tomó un sorbo del zumo y respiró hondo antes de responder
-Emma…- sonrió tontamente –ella me lo dijo, aquí mismo…- contó con una sonrisa de lado, contenida, pero había pasión en su mirada
-Hum, ella tiene muy buen gusto…Y supo persuadirte bien…- esta vez agarró firme la mano de la morena por encima de la mesa. Ruby presenció la escena de lejos, pero nada dijo, volvió a sus quehaceres.
Regina sintió el corazón dispararse, no podía seguir con aquello, ella aceptando los coqueteos de la pelirroja. ¡Aquello estaba mal! Jamás se perdonaría traicionar a Emma, ella, que se pasó su juventud luchando contra lo que la madre le hacía al padre, sintió en la piel el sabor de la traición, de hecho en su momento estaba loca por Robin, enamorada, y dolió, cómo dolió, solo ella sabía el peso de tal acto. Y dejarse llevar por una atracción momentánea no era la respuesta para el amor que deseaba dedicarle a su futura esposa.
Regina respiró hondo, miró a los ojos a la pelirroja, que tenía una gran sonrisa en la cara. La morena había estado receptiva a todos los coqueteos de Mérida, cosa que llenaba de esperanzas y ansias a la joven por las palabras que intentaban salir de aquellos labios.
-No voy a mentirte, Mérida…- Regina comenzó de forma leve, necesitaba ser clara –Si te hubiese conocido algún tiempo atrás, con toda seguridad, te llevaría a la cama, incluso sin saber mi interés por mujeres…- dijo aquella de corazón, ella lo sabía, lo sentía, lo que Mérida quería era más que un sencillo flirteo –Pero…Amo a la madre de mi hijo…Y esto…- soltó sus manos –Nunca podrá suceder…Eres una joven valiente, de talento, inteligente, y bonita…con toda certeza alguien con todas las cualidades que me gustan…- pasó las manos por sus cabellos y respiró otra vez –en fin…aún soy tu jefa, y si pretendes seguir conmigo…que por mí…seguirías…esto tiene que parar…- señaló a las dos
-Yo…- no sabía qué decir, no imaginó que Regina fuera tan directa. Sus coqueteos eran sutiles, pero la morena no era tonta. La presidenta era diferente a las mujeres que Mérida había conocido, ella percibía las cosas, y por algunos momentos, la pelirroja pensó que estaba alcanzado su objetivo, estaba equivocada. Necesitaba cambiar de estrategia, no se rendiría. Sin embargo, daría un tiempo a sus avances.
-Discúlpame si te ofendí…- pidió avergonzada. Sonrió débilmente
-No me has ofendido, de manera alguna, y hasta me siento halagada por tu interés…Pero…soy mujer de una sola persona…- sonrió de lado al recordar a Emma
-Comprendo, una pena que no seas mía…- bromeó, aunque había un fondo de verdad
.¡Llegaste tarde, pelirroja!- Regina rió- Somos adultas…y…profesionales…Soy yo la que pide disculpas si en algún momento te di falsa esperanzas…- fue sincera, le gustaba la joven.
-Ya…¡Las diste!- bromeó –Quién sabe en otra vida…o en una despedida de soltero…-Mérida le guiñó un ojo. Regina se echó a reír, la pelirroja tiraba a matar
-Ni lo pienses…Ni te voy a invitar para no correr el riesgo- rió más alto
-¡Upa! ¿Quieres decir que tengo posibilidades? ¿Cuándo sería la boda?- preguntó entusiasmada
-No. ¡No tienes la menor oportunidad!- mintió, pero era mejor así -¡Ya te mandaré la invitación! No te preocupes…- le guiñó un ojo
El almuerzo siguió de forma amigable, rieron bastante, compartieron algunos recuerdos y situaciones inusitadas que habían vivido como jefas, ambas mujeres eran muy parecidas, sus conceptos empresariales eran casi idénticos. Podrían, de hecho, ser buenas amigas si Mérida no tuviera segundas intenciones.
¡Bendita esperanza!
