Viaje
La noche estaba fría, el invierno se acercaba. Ariel fue a pasar la noche con la prima, otra maratón de series.
Antes de ponerse a ver las series, Ariel le resumía entusiasmada sus aventuras en la cocina de la chef Swan. Mérida reviraba los ojos, no quería saber nada de la casi esposa de Regina. Le pidió a la prima que cambiara de tema, pero la pelirroja no hizo caso y continuó hablando de la rubia.
-¿Te gusta esa Emma? ¡Como solo hablas de ella! ¿Eh?- la pelirroja de tirabuzones reviró los ojos otra vez
-¡No me gusta! ¡Es mi jefa!- dijo como si fuera obvio
-¡Gran cosa! Regina es mi superior…¿Y?- tomó un sorbo de refresco y cogió un puñado de palomitas en la mano
-Ah, Mérida…Creo que es muy atractiva, y bonita…Pero solo eso…Sé que Emma ama a Regina y a su hijo, he visto cómo ella ha cambiado…- Ariel no tenía interés amoroso en la rubia, admiraba a Emma como profesional.
-¡Buag! ¡Siento asco de esa Emma!- hizo una mueca
-¡Tienes envidia! ¡Eso sí! ¡Porque querrías estar en su lugar!- Ariel confirmó lo obvio
-¡Cierra la boca, Ariel! ¿Cómo eres tan entrometida?- se irritó
-Apuesto a que a esta hora de la noche, Regina debe estar llamado, clamando por Emma. ¡Oh, Emma! ¡Oh, Emma! Hazme mujer…- Ariel intentó imitar a Regina solo para provocar a la prima –Así…sí…sigue…
-¡Para con eso! ¡Para!- le tiró una almohada a la cara
-¡Ya paró, tonta!- Ariel se reía a carcajadas de la cara de la prima
-¡Ah, Ariel! ¡No me vengas con esas! ¡Emma no es tan perfecta como dices! ¡Por favor!- Mérida dijo indignada ante la payasada de la prima
-¡Deja a Regina en paz, trasto! Ella fue bien clara, no quiere una relación extra conyugal contigo…- Ariel intentaba, de alguna forma, meter juicio en la fértil cabeza de la prima. Conocía lo ocurrido en el almuerzo de las dos.
-¡Emma! ¿Qué es lo que esa Emma tiene?- se levantó del sofá, caminaba de un lado a otro
-¡Necesitas follar, Mérida! ¡Es eso! ¡Busca a alguien para aliviar esa tensión!- buscó la solución
-¡No quiero! La quiero a ella…quiero a Regina…- dijo con mirada enamorada
-¡Y venga Perico al torno! Nunca te he visto así, lo único que me faltaba: tenerte a ti enamorada de esa Regina…- balanceó la cabeza negativamente
Mérida se sentó en el sofá con expresión triste. Era exactamente eso. Su corazón latía de forma diferente por la morena.
-No te pongas así, prima…Ella no es mujer para ti…- Ariel intentaba consolarla al darse cuenta de que la cosa era seria –Si tuvierais alguna aventura, quién saldría herida serías tú…Es mejor así…- le besó lo alto de la cabeza
-¿Cómo es esto posible? Nunca la he besado…¿Cómo se puede amar a alguien que ni te ha tocado?- Suspiró
-¿Amor?- Ariel desorbitó los ojos -¡Prima! ¡No puedes amar a Mills!- reprendió a Mérida, solo podía estar loca
-Lo sé…- lloriqueó –Nunca seré correspondida…- suspiró, irritada –Es extraño este sentimiento…Yo no estoy acostumbrada a querer y no poder tener…-era un desahogo, necesitaba echarlo para fuera –Ella es perfecta…absolutamente perfecta…Y lo digo no solo por la inquietante belleza que posee…lo digo por su forma de actuar y pensar…Es tan divina…- hablaba con la mirada distante, parecía maravillada solo por pronunciar el nombre de la morena.
-Prima…¡Solo es un ser humano!- Ariel estrechó los ojos, Mérida estaba peor de lo que la pelirroja creía
-Da igual…¡Creo que de verdad necesito follar! Quizás esto que siento solo es carencia- concluyó Mérida al darse cuenta de que realmente hablaba de Regina como si fuera un ser superior.
-Es justamente eso, prima…Te las das de "vividora", pero en el fondo solo quieres tener una familia. Solo tienes que encontrar a la persona correcta…- Ariel conocía a su prima y sabia que en el fondo Mérida solo necesitaba un hogar.
-Quizás…- dijo Mérida pensativa, quizás fuese hora de sentar cabeza
Encendieron la tele para comenzar la serie.
Final de otoño, comienzo del invierno
-Amor…estaba limpiando este cajón y he encontrado nuestros billetes para Brasil…¡Vencen el mes que viene!- avisó Emma, estaba organizando el cajón del escritorio, ahora había dos mesas, una en cada esquina, una para Emma llevar la administración del restaurante, mientras Regina tenía la suya para las cosas de la empresa.
-Hum…Me había olvidado…- Regina andaba con Henry por el corto espacio del despacho, ora agarraba las manitas de él, ora las soltaba y él daba uno o dos pasitos solo.
-¿Vamos? ¿Qué te parece? Estamos entrando en el invierno…Podemos ir antes de mi cumpleaños, y coger el verano allí- dijo Emma entusiasmada
-¿Sabes hablar portugués?- preguntó Regina curiosa, no había pensado en aquello
-Un poco…- dijo tímida, su abuelo Leopold era portugués, no lo hablaba de corrido, pero sabía desenvolverse en el portugués de Portugal.
-¿Y eso?- Henry pidió brazos, Regina lo cogió -¡Hablas portugués! ¡Llevo contigo año y medio! No lo sabía- estaba impresionada
-¡Sé hacer cosas!- dijo convencida
-¡Ah! ¡Sabes muy bien cómo romper una nariz! ¡Aún no me he olvidado Emma! Deja de darle vueltas…¿Por qué fuiste tantas veces presa?- Regina aprovechó, quería saber aquello desde hacía meses, Emma lo había estado evitando todo el tiempo, pero tenía que contarle, tarde o temprano. Suspiró.
-Mi primera vez fue a las 16 años…Un chico idiota de mi clase quiso abusar de Ruby, diciendo que yo no tenía lo que él tenía…- cerró los ojos y apretó los puños, aún sentía rabia, Ruby era solo un chica en aquella época, ambas estaban descubriendo su sexualidad. Continuó –A los 18, fui a una fiesta de unos amigos con los que hoy ya no guardo contacto, ellos eran pareja, pero los padres no lo sabían, el padre de uno de ellos los vio besándose, y ya te puedes imaginar, ¡empujé a aquel viejo lleno de prejuicios!- puso cara de asco. El chico al que Emma "defendió" se apartó de ella, más tarde descubrió que se había casado con una mujer mayor que el padre le había conseguido –A los 21 y 23 fueron por los mismos motivos…Defensa…Ella estaba embarazada, el bebé no tenía la culpa…La madre de ella iba a acabar matándolos a los dos…- contó Emma con expresión de dolor –Si no hubiera pasado por aquella calle, la muchacha estaría muerta- la rubia ni la conocía, la chica era solo una adolescente embarazada en la calle –Y a los 23 fue un grupo de moralistas, esos que creen que iremos al infierno por ser homosexuales…¡Pero August y yo les dimos una buena paliza!- Emma rio al contarlo, aquella noche estaban alterados por culpa del alcohol -¡También nosotros recibimos una buena porque ellos eran cuatro, pero valió la pena, les rompí los dientes a dos!-terminó el relato de su paso por la policía.
Regina estaba pensativa, a fin de cuentas, Emma no era agresiva como la morena temía, Emma solo actuó en defensa, quizás un instinto protector. La morena estaba conmovida ante lo que acababa de escuchar.
-Los defendiste, Emma…- se acercó a la prometida –Al igual que a nuestra familia…- tocó su rostro, Henry hizo lo mismo, arrancando la sonrisa más hermosa de aquella rubia –Claro que no te apoyo, tampoco quiero que salgas haciendo justicia con tus manos…Pero comprendo lo que te llevó a ello, en todos los casos…Y en cierto modo, te admiro por eso…- confesó, realmente se había emocionado con el relato.
-Estoy feliz, y aliviada de compartir esto contigo…Gracias por comprender…- Emma tocó la mano que agarraba su rostro y la besó.
-Seré tu esposa, Emma…Tengo que esforzarme por compartir y dividir todo contigo…Te amo…- sonrió, aquella sonrisa que la rubia amaba, que hacía que todo en el mundo valiera la pena.
-Puedo parecer una convencida por lo que voy a decir…Pero siento ese amor…- besó la palma de la mano de la morena, con todo el cariño del mundo
-No lo eres…Yo también puedo sentirlo, y solo crece más, no sé cómo hay tanto espacio para amarte más cada día…- Regina confesó algo emocionada, cada día que pasaba estaba más segura, quería compartir todo con Emma.
-Yo también te amo, Regina…Mi Regina…Mi amor…- besó la cabeza de la prometida
-¿Cómo que Robin está preso?- Cora casi gritó al otro lado de la línea
-¿Cómo que cómo, mamá? ¡Regina!- Zelena limpiaba la boca de su hija pequeña con la mano libre, a quien acababa de dar la papilla
-¿Qué tiene que ver tu hermana con eso, hija?- Cora no entendía la relación de su hija pequeña con lo ocurrido
-¡Si al menos llamaras más a menudo, lo sabrías!- resopló, pero prosiguió –Ella lo denunció para sacar a su rubia de la cárcel…- explicó resumidamente
-Pero, ¿qué ocurrió para que Regina llegara a ese punto?- Zelena comenzó a explicarle de forma detallada todo lo sucedido hacía casi cuatro meses atrás.
Enseguida, Cora unió los puntos, Ingrid, la asistente social pagada por ella, había hecho un trabajo mejor de lo esperado, pero se sorprendió con la reacción de Regina, aún más con el rumbo que había tomado todo aquello, ahora las dos estaban más unidas.
La vida pasada de Robin no era un secreto para las mujeres Mills, todo lo contrario, Regina había ayudado al ex novio a librarse de los socios para tener una vida tranquila a su lado. Zelena, por ser compañera de confidencias de su hermana, siempre supo de la vida de su actual esposo, en realidad consideraba muy sexy y atractivo ese lado "bandido" del ex fuera de la ley. Poco tiempo después, los dos comenzaron un romance "prohibido" que enseguida fue descubierto, pues los dos no sabían mantener silencio sobre sus encuentros.
-¡Cielos! ¡Regina de verdad ama a esa muchacha!- concluyó Cora algo decepcionada al otro lado del teléfono
-A mí ella no me disgusta, mamá…Emma es una buena persona, pero lo que le hizo a Robin no tiene perdón- de cierto modo, Zelena entendía el lado de la cuñada
-¿No te disgusta? ¡Ah, Zelena, por favor! ¡Déjate de esas! ¡Eso es mala conciencia por haberle robado a Regina el único hombre que le gustó después de Daniel!- la madre la acusó de forma brusca
-¡Y precisamente por eso le doy mi apoyo, mamá!- a Zelena no le importaba lo que la madre pensara sobre la rubia –Nunca vi a Regina tan feliz desde lo de Daniel, Emma hace a Gina feliz…- Zelena había acompañado el cambio de la hermana. A media que hablaba se podía ver la nostalgia en su voz, quizás estuviera pesando en una posible reconciliación con su hermana pequeña.
-¡Que quede claro que Regina está con una mujer por tu culpa!- Cora la acusó de nuevo
-¡Pero mamá! ¡No tengo nada que ver con eso! Regina siempre fue extraña…- recordó las innumerables veces que había visto a Regina fijarse en las animadoras del colegio en vez de en los capitanes de los equipos.
-¡A tu hermana le gustaban los hombres!- afirmó la de más edad, parecía no creer que Regina estaba con una mujer. Cora siempre consideró a su hija "insaciable", sobre todo porque Regina siempre había sido muy parecida a ella misma, no le importaba, pero no entendía cómo funcionaban las cosas entre dos mujeres.
-¡Eso es lo que tú te crees, mamá! ¡Yo misma pillé a Regina cayéndosele la baba en los escotes de mis amigas! Es ella la que no lo sabía…- reviró los ojos, Zelena siempre dudó, pero nunca comentó nada, probablemente Regina diría que estaba viendo cosas raras.
-¿Y entonces por qué amó tanto a aquel muchacho?- se refería a Daniel
-Amó a Daniel, mamá, porque los sentimientos son sentimientos…Fue su primer hombre, pasión de juventud, y él siempre será perfecto para ella porque murió, lo que lo hace eterno en su corazón…- explicó la hija con voz cansada, ahora le daba agua a su hija con el biberón
-Está bien…¿Y cuánto tiempo le dieron a mi yerno?- cambió de tema, hablar de aquello era aburrido
-32 meses…- suspiró, y acarició el rostro de la hija que ya quería salir de la sillita y ponerse a gatear en el suelo.
-Puedo hablar con Gold, tiene mucha influencia, conoce a varios jueces de primera y segunda instancia. No podré sacarlo de la cárcel, pero puedo colaborar a una pena menor…- Cora tenía una solución para ayudar a la hija
-Gracias, mamá…- dijo con un tono cansado. Sin embargo, le surgió una duda que lleva años corroyéndole de curiosidad – Pero, ¡aclárame una duda! ¿Te estás acostando con Gold?- la pelirroja aguantó una risa
-¡No es de tu incumbencia, muchachita!- respondió seca, Zelena rió al otro lado de la línea, ahora estaba segura - ¿Sabes que tu hermana se va a casar con aquella rubia entrometida?- Cora cambió de tema rápidamente. Su relación con el socio principal de Mills Company se remontaba a décadas atrás.
-¡Claro que sí, mamá! Antes de toda esta situación, yo la estaba ayudando con los primeros preparativos, ni sé cómo andan ahora…- dijo triste, echaba mucho de menos a la hermana, estaban muy apegadas sin contar a Roland que siempre preguntaba por el padre y por la tía.
-Sé que parece que no me importáis ni tú ni tu hermana…Pero…No te apartes de ella, pequeña, sois todo la una para la otra…Maridos y novias van y viene, pero el lazo que os une a las dos es único y poderoso…- la mayor habló de corazón, sus hijas eran su bien mayor, aunque no supiera demostrar ese sentimiento.
Zelena soltó el aire al otro lado de la línea, echaba de menos a su hermana, pero nada dijo. Cora se dio cuenta y entonces cambió de tema, tampoco era buena en hablar de sentimientos, por lo visto, era un defecto de las mujeres Mills.
-Volviendo al tema por el que te he llamado…Llegaré a Nueva York en cuanto vuelva de París, dentro de unas dos semanas, ¡necesito ver a mis nietos!- explicó de forma rápida, ya que habían hablado bastante de otros temas
-¡Claro mamá! ¡Tu nieta ya anda por toda la casa! ¡Y Roland le lee a la hermanita!- habló con orgullo de los hijos, parecía más alegre
-¡Apuesto a que Henry también ya estará casi andando!- dijo con una tímida sonrisa tras el teléfono al recordar a su nieto, hijo de Regina.
-No te sé decir, mamá…Hace más de tres meses que no hablo con –Regina…- existía dolor en su voz
-¡Ya he hecho mi papel de madre emotiva! ¡Ahora es tu turno! Tengo que colgar, hija…¡Dale un fuerte abrazo a esos dos por mí!- ya había colgado el teléfono, ni esperó a que la hija se despidiera
-Ciao, mamá…- Zelena suspiró pensativa con el teléfono en las manos
Brasil. Desembarque
-¡Por Dios! ¡Qué calor!- se quejó Regina en cuanto puso el pie fuera del aeropuerto internacional de Guararapes. Henry dormía en su cuna portátil. A Emma parecía no importarle la temperatura de 37 grados.
-¿Cómo puede ser? ¡En Nueva York está casi nevando! ¡Y aquí es un infierno!- seguía quejándose mientras sujetaba al hijo en el asiento de atrás. Emma se reía de la exageración de la prometida. Tras más o menos hora y media, el chófer se detuvo frente a una casa y ayudó con las maletas. Regina le estaba poniendo protector de forma exagerada a Henry, parecía querer esconder al pequeño del sol.
La casa era enorme, había una piscina en el jardín, cinco cuartos, todos con baño, la casa era clara y muy bien decorada, algunos detalles en madera y otros en vidrio. Estaba situada frente al mar exuberante de Recife, próxima del pequeño centro, una pequeña ciudad acogedora, a pesar del fuerte sol, todos los establecimientos a los que la pareja entró poseían aire acondicionado, que de cierta manera alivió a Regina que no se acostumbraba al clima tropical de Porto Galinhas.
Llevaban ya cuatro días, Emma con su forma carismática y alegre de ser conversaba ya con los dueños y caseros de los puestos en los que se pasaban las tardes, sí, las tardes, pues Regina se pasaba desde el mediodía hasta las cuatro dentro de casa, decía que aquel sol era dañino y Henry podría coger una insolación. La mayoría de los brasileños que atendían a la familia hablaban inglés, cosa que facilitó la vida de Regina que aunque era fluida en español, entendía algunas cosas, pero otras las dejaba pasar por no comprenderlas.
Estaban a últimas horas de la tarde, se habían pasado el día dando un paseo por las bellísimas playas de Porto, Emma se hundió en las piscinas naturales, mientras Regina solo admiraba el hermoso paisaje con un alegre Henry en sus brazos, él adoraba el agua.
-¿Vamos Em? Ya estoy cansada, estos paseos han acabado conmigo…-Regina pidió, Emma jugaba a orillas del mar con el hijo
-Ah, Regina…Un poquito más, ¿eh? ¡Tampoco Henry se quiere ir ya! ¿No, hijo?- tiró agua al pequeño que inmediatamente se echó a reír batiendo las manitas en el agua, realmente ninguno de los dos quería marcharse -¡Ven, mamá! ¡Deja de ser estirada!- Emma puso voz infantil y movió los brazos del hijo como si llamara a la madre
-¡Estoy lidiando con dos niños!- Regina reviró los ojos riendo, pero se acercó a la orilla del mar a juntarse con los dos seres a los que más amaba en la vida. Emma, traviesa como una niña pequeña, cogió un puñado de arena y se lo tiró a la prometida que se acercaba.
-¡Emma!- la morena la reprendió con mirada furiosa. Ahora había arena en su floreado biquini.
-¡Ven a cogernos!- la rubia se puso a Henry en los hombros y salió corriendo por la orilla del mar riendo junto al pequeño
-¡Emma! ¡Para!- Regina corrió tras ellos
-¡Tu madre es muy blanda, chico! ¡Vamos a darle una paliza!- Emma corría sonriendo, alegre, hasta que vio a Regina parar para respirar con las manos en las rodillas. La rubia se acercó
-¿Amor? ¿Todo bien?- se preocupó
-¡TE PILLÉ!- cogió a Henry en brazos y salió corriendo, pero Emma era más rápida, enseguida los alcanzó y tiró de ella hacia la arena, daban vueltas en la orilla del mar, riendo a carcajadas, alegres, completos -¡Eres una bestia!- empujó a la rubia por el hombro
-¡Y tú una carroza!- rió, y enseguida Henry bostezó
-Creo que nuestro pequeño príncipe finalmente se ha cansado…- Regina mojó la espalda del hijo con agua salada, retirándole la arena, acariciando sus brazos -¿Nos vamos ahora?- pidió
-Sí…- dijo Emma sin ganas, por ella se quedaría hasta anochecer
Las madres llenaron la bañera para dos personas y tomaron un baño con el hijo. Henry estaba exhausto, se quedó dormido en cuanto se tomó el biberón.
Regina ya estaba en camisón, se detuvo en el balcón del cuarto a admirar las estrellas, balanceada por el sonido del agua del mar, cerró los ojos y respiró aquella brisa, el viento fresco de la cálida noche. Emma abrazó a su futura esposa por detrás, estaba desnuda, pero Regina no se dio cuenta, continuó con los ojos cerrados sintiendo los brazos torneados rodearla, un estremecimiento recorrió su espina cuando Emma besó su nuca de forma lenta.
-Hum…- rodeó el cuello de la rubia en un abrazo, aún seguía de espaldas a ella –Siempre me haces sentir estas cosas…- confesó
-¡Quiero hacértelo sentir siempre!- giró a la prometida y la tomó en un beso romántico, sus lenguas se encontraron, conocían el territorio, un marco. Eran sus lenguas bailarinas. Pararon cuando el aire se hizo necesario, Regina aún con los ojos cerrados, al descender las manos hacia el trasero de la rubia, se sorprendió, abrió los ojos y lo que se encontró fue un par de ojos verdes ardiendo de deseo.
-¿Me deseas?- provocó apretando las nalgas de la rubia
-Siempre…Todos los días, en cualquier sitio…- cogió a Regina en sus brazos, ella entrelazó las piernas en la cintura de su prometida y fue conducida al cuarto, había una hielera con una botella de vino y dos copas en la mesita al lado de la cama.
Emma recostó a la morena con delicadeza, llenó las copas con el vino y le dio una. Ambas degustaron el vino de forma lenta, los castaños quemaban sobre el cuerpo desnudo de la rubia.
-¿Qué ocurre?- preguntó Emma al percibir la hambrienta mirada sobre ella
-Es usted muy descarada, Swan…- Regina dejó la copa en la mesita, Emma hizo lo mismo cuando vio a su morena gatear lentamente sobre las sábanas hasta llegar a su cuerpo, Regina hizo aquel movimiento con maestría, podría fácilmente compararse a una pantera. Sonrió aún más maliciosa cuando Emma soltó un gemido de sorpresa en cuanto pasó la lengua por el sexo de la rubia.
-¡Wow! ¿Ya comienzas así?- preguntó Emma jadeante mientras Regina pasó los labios por su abdomen yendo a rodear la aureola de sus pechos rosados, la rubia sintió cómo se endurecían -¡Ah!- gimió quedo
-¿Sabes?- dijo Regina mientras mordisqueaba uno de los pechos, el otro estaba recibiendo un masaje con una de sus manos –Hay algunas cosas que me gustaría hacer contigo, que me parecen demasiado locas…Pero…- subió los labios hacia el mentón de Swan, lamió en la zona, chupó la barbilla lentamente y tomó los finos labios. Cuando el aire casi hizo amago de faltar, Regina mordió el lóbulo de la oreja y susurró ya jadeante de deseo, sobre todo por lo que iba a decir –Quiero tomarte…por detrás…- terminó de hablar y volvió a besarla sin esperar respuesta. Emma correspondió al beso, sintió el caliente líquido resbalar entre sus piernas, su vagina se contrajo al imaginar a Regina tomándola de aquella manera. Entonces se apartó del beso, y le dijo con voz entrecortada, pues su respiración ya no era regular
-Haz como desees…- concedió el deseo a la novia, a pesar de adorar tener a Regina de aquella manera, nunca lo había hecho con nadie, algo que ni Regina sabía. La morena sonrió de oreja a oreja. Recostó a Emma en la cama, pero no se abalanzó sobre ella, le lanzó una mirada lasciva y cogió un cubito de hielo de la hilera del vino y se lo puso en la boca, en seguida abrió las piernas de la prometida que se tapó los ojos con los brazos, ya imaginando lo que morena iba a hacer.
Regina prendió el hielo entre los dientes, antes de pasarlo por donde deseaba, presionó dos dedos en la entrada de la rubia que gimió queriendo más, pero no entró. Rápidamente, descendió los labios y los pasó por el mojado clítoris, Emma arqueó la espalda debido al impacto, caliente y helado al mismo tiempo. Regina continuó con el juego, pero ahora giró a su amada de espalda, hizo que empinara su trasero hacia su rostro, podía sentir el olor que emanaba de la rubia, aquello solo la invitaba a hacer lo que deseaba. El hielo ya casi se había derretido por entero, así que la morena cogió otro y lo pasó por el clítoris y el ano de forma lenta. Emma ansiaba por más, aquello era una tortura.
-¡Ahhh Reginaa! Venga…Date prisa con eso…¡Te quiero dentro de mí!- ordenó, a la morena le gustó eso, tiró de los cabellos rubios con intensidad moderada
-Creo que será mejor que sea cariñosa…No quiero hacerte daño…- dijo entre dientes, estaba tan excitada como la rubia
-No lo harás…Solo hazlo…- pidió ansiosa. Regina sintió su propia intimidad contraerse ante aquella petición, ¡cómo lo deseaba! No tardó, primero masajeó todo el encharcado clítoris, esparciendo aquel líquido hacia la parte de atrás, pasó el pulgar lentamente y presionó la entrada.
-¡Arrr!- gimió Emma –Eso…Ahí…- pidió, ansiaba por más
-¿Así?- metió el dedo índice de forma lenta
-Ahmmm…Sí…- gimió ante aquella sensación nueva de placer
Regina comenzó un vaivén moderado, con dos dedos de su otra mano la penetró por su otra entrada. Intensificó los movimientos, la rubia gimió enloquecida, colmada por Regina
-Eres tan sexy gimiendo así para mí…- Regina rozó su propia intimidad en la pantorrilla de la amada
-¡Tómame Regina! ¡Hazme tuya!- Emma casi gritó, estaba loca, jadeaba extasiada –Más rápido…- Y la morena obedeció, penetró el ano de Emma con otro dedo, mientras los otros dos continuaban de forma rápida. Forzó un poco más de lo que debía.
-¡Ayy!- gimió Emma al sentir los dos dedos y un pequeño pinchazo de dolor
-¡Disculpa!- Regina dejó de moverse con expresión preocupada, pero sus dedos permanecían donde estaban.
-Continúa…Despacio…- pidió Emma jadeante. Regina volvió a moverse de forma calmada, pero pronto las estocadas ganaron fuerza y agilidad, la morena comenzó a mover su intimidad en la pierna de la novia en un vaivén violento, al mismo ritmo de sus manos, que consumían a Swan sin piedad.
-¡Córrete conmigo, Emma! ¡Ahhh! Ven…- gemía, no aguantaba más, la rubia gritaba de placer, al sentir una última estocada honda y fuerte dentro de ella, se dejó caer sobre la cama, ya no podía aguantar su propio peso, y al mismo tiempo que caía, sintió a Regina convulsionar sobre su cuerpo, pues la morena también había llegado a su clímax debido al contacto con la pantorrilla de la rubia. Intentaba recuperar el aire, Regina sacó los dedos con delicadeza, Emma tembló al sentirse vacía.
-¡Eres mala, Regina!- Emma comenzó a reírse, tapándose el rostro con la almohada, sentía vergüenza.
-¿Qué ocurre? ¿Por qué te ríes, Em? ¿He hecho algo mal?- se preocupó, Emma generalmente tenía esas crisis de risa después del sexo
-No, mi amor…- atrajo a la morena a su cuerpo –Solo consigues ser mejor cada día…- era la más pura verdad
-¡Qué bien…!- respiró aliviada
-¡Pero esto tendrá su respuesta! ¡Te aviso desde ya!- la tomó en un beso calmo
-Apenas puedo esperar…- Regina sonrió al cesar el beso
Las ventanas estaban abiertas, incluso con la mosquitera puesta, se podía sentir la brisa del mar, el sonido cantarín de las olas. Emma y Regina se quedaron abrazadas durante largos minutos, la rubia ya estaba quedándose dormida sobre el pecho de la morena, Regina hacía diseños aleatorios en la espalda de Swan, ella respiraba tan calmada como Henry. "Henry…", pensó Regina, pronto se despertaría para la toma nocturna, era un reloj. Apenas lo hubo pensado, el hijo comenzó a lloriquear en el otro cuarto, se apartó de la rubia con cuidado para no despertarla y fue a coger al hijo.
-¡Hola, príncipe de mamá!- le besó las mejillas –Creo que tenemos que despertar a mamá Em…Ahora solo ella puede darte de mamar…- susurró, ya hacía dos meses que Regina no tenía leche.
Emma ya se había despertado, cogió al hijo con una sonrisa boba en el rostro. Henry se alimentaba agarrado al pecho de su madre rubia mientras Regina leía un libro al lado de ambos, ya estaban listas para irse a dormir.
-¡Ay Henry! ¡Despacio, chico!- Emma reprendió al hijo
-¿Qué ocurre?- Regina interrumpió la lectura y miró a su futura esposa
-¡Ayy!- Emma refunfuñó con cara de dolor, apartó al hijo del pecho -¡Me mordió!- dijo quejica masajeándose la propia aureola
-Henry, querido…Eso hace daño a mamá…- cogió al hijo y lo puso de pie en su propio regazo
-¡No sé a quién habrá salido!- Emma reviró los ojos fingiendo indignación, en realidad intentaba aguantar la risa
-¿Qué dices, Emma? ¿De qué hablas?- Regina no entendió al primer momento
-¡De ti, claro!- la rubia se bajó la blusa del pijama
-¡Ah!- pareció entender, Emma, de vez en cuando, se quejaba de que Regina se acercaba con mucha sed al bote –¿Viste hijo…? Mamá nos está peleando…- le dio un beso al hijo que despeinó a su madre morena –Pero vamos a hacer un trato…- le mordió el oloroso cuello al pequeño -¡Solo yo puedo morder a mamá!- guiñó un ojo susurrándole al pequeño, que sin entender nada, se echó a reír.
Los días pasaron rápidos, en realidad, volaron, el deseo de prolongar el viaje era grande, pero ambas mujeres habían dejado sus compromisos y tenían que regresar. Ya era fin de año, en breve, estarían las Navidades ahí, Año Nuevo, cumpleaños y la boda. ¡Ah! La boda…Tenían que agilizar los preparativos, pues solo faltaban unos meses.
