Dolor
Mills Company- Despacho de la presidenta
Regina esclareció algunas dudas con la comisaria, antes de marcar un encuentro para tratar el asunto. Por lo que la Mills entendió, la asistente social hacía buenos trabajos, sin embargo, de vez en cuando se dejaba llevar por propuestas no legales que siempre aparecen en ese entorno, ¿quién no lo haría? A fin de cuentas, el salario de una asistente social no era muy alto, daba para vivir, sin mayores lujos, pero Ingrid se alegraba cuando aparecía un "trabajo extra".
La presidenta sacó la conclusión de que a la mujer no le gustaron las caras de ambas madres, ya que no había ningún motivo aparente para que la asistente social hiciera lo que hizo. Aún así sentía que algo podría estar mal, un mal presentimiento la abatió. ¿Qué cosa más grave habría para que la comisaria no quisiera decírselo por teléfono?
Cora llegó pronto para el almuerzo, saludó alegremente a la hija, le preguntó sobre la boda. Como si nada le hubiera dicho a Swan. Regina sentía la falta de la madre, aún más ahora que no tenía el apoyo de Zelena, a quien echaba mucho de menos. Le contó alegre los preparativos, la Sra. Mills fingió darle todo el apoyo, comentó sobre el hecho de Robin estar preso, aunque ya sabía todo por boca de Zelena, la presidenta no quiso alargar el asunto, ya que la adopción por parte de Emma aún estaba archivada a causa del miserable, Cora, una vez más, fingió indignación y sorpresa cuando Regina le contó los motivos por los que la asistente social no había dado su visto bueno a la adopción de Henry. Por suerte del destino, la presidenta no le habló de la investigación sobre Ingrid, lo que salvó la integridad de los hechos, pues sin duda, si Cora se enteraba, encontraría una manera de intervenir.
La presidenta se dirigió a la sala pedagógica que había inaugurado algunos meses, había creado aquel espacio con la intención de tener a Henry siempre cerca, pero como Emma solo trabajaba al caer la tarde, era raro que trajera al pequeño a la empresa, pasaba las mañanas con su otra madre.
Al llegar a la gran sala de colores, Regina divisó a Mérida jugando con Henry junto con Mulan y Belle, que juntas parecían pelearse por la atención del pequeño Mills, él parecía encantado con la pelirroja, ¡no era para menos! Aquellos cabellos le llamaban la atención, tiraba de los tirabuzones y soltaba una carcajada alegre rápidamente. Regina lo encontró mono, no por ser Mérida, en realidad en aquel momento solo tenía ojos para su pequeño príncipe, le recordaba a su padre, por donde pasara, Henry Mills distribuía dulzura y con el pequeño Henry Daniel no era diferente.
-Entonces, ¿es eso lo que mis trabajadoras hacen a la hora de comer?- Regina entró en la sala, seguida de Cora
-¿Babando con mi nieto?- la de más edad se acercó a la pelirroja y cogió al risueño nieto en brazos -¡Cómo has crecido, pequeño Henry…!- dijo con dulzura, le distribuyó varios besos al pequeño que reía sin parar.
-¡Sra. Mills!- Mérida la saludó con una pequeña inclinación, Belle y Mulan hicieron lo mismo, había un gran respeto por la sustentadora de la empresa.
-¡Srta. Dunbroch! No esperaba verla…¡Qué placer…! ¡Regina ha elogiado su impecable trabajo!- Cora tenía un verdadero apego por la hija de la mejor amiga.
-Mamá…- susurró Regina tímidamente, no necesitaba que Mérida se enterara de eso, no después de todo lo que había hablado con Emma.
-¿Qué? Solo he dicho la verdad…Por cierto, srta. Dunbroch, su madre la echa de menos…- le dijo a la pelirroja
-Yo también la extraño y a Miami…Pero pronto tendré vacaciones e iré para allá…- dijo sonriendo al recordar a su madre –Podrías visitar nuestra casa, Regina…- Mérida la miró ansiosa esperando una respuesta positiva
-Am…Bueno…- la morena no sabía qué responder, no era una buena idea
-¡Pues claro que Regina irá! ¡Iremos a verla!- miró a la hija con reprobación, no era correcto rechazar una invitación como aquella –Así pasa un tiempo con su vieja madre, ¿verdad? ¿Hace cuánto que no va para Miami?- preguntó para no dar espacio a que su hija protestase, pero no sirvió de mucho
-Gracias por la invitación, Mérida…Pero…No creo que sea una buena idea…- Regina le lanzó a la madre una mirada como si fuera obvio el motivo por el que no podía aceptar.
-Deja de ser boba, Regina…¡Iremos! ¡Tiene mi palabra!- Cora se pronunció autoritaria como siempre
-Siendo así, avisaré a Emma sobre el viaje…- Regina no tenía otra opción, cuando Cora hablaba en aquel tono era irrecusable, al menos ese lado la morena lo había heredado –Ella no puede dejar el restaurante sin que alguien se quede al cuidado…- sonrió sin ganas.
Cora y Mérida hicieron una mueca, que Regina percibió, pero ignoró. Lo que importaba era que Emma supiera que nadie aparte de ella despertaba su interés, y aun siendo difícil ignorar la belleza de la pelirroja y sus miradas de deseo, Regina estaba llevando bien la situación.
Belle y Mulan se despidieron del muchacho en brazos de su abuela, y se fueron juntas a almorzar. Mérida salió pocos minutos después.
-Cuéntame…- dijo Belle ansiosa en cuanto pidieron la comida en un restaurante chino, Mulan nada había contado sobre su cena con su jefa
-Ah…Estuvo bien, pero…creo que lo voy a dejar estar, Bell…No tiene ningún interés en mí, solo soy una sencilla trabajadora, nunca me verá como algo más que eso…- dijo en tono triste, el camarero sirvió dos shimeji como entrante.
-¿Qué sucedió?- Belle saboreaba el plato. La compañera de trabajo preguntó con más curiosidad aún, Mulan había ido entusiasmada a la cena, y estaba evitando el asunto hacía días.
Mulan le contó en detalles, todo iba maravillosamente, hasta que apareció Mills y rompió el encanto. Belle analizó la situación y decidió darle otro consejo.
-Mira…¡Tu pelirroja no tiene ninguna oportunidad con Mills!- era lo que Belle pensaba –La conoces bien, y por lo que se puede percibir, ella te dio cancha ¡Usa tu sensualidad!- soltó los cabellos de la oriental, que sonrió avergonzada -¿Sabes? ¡Necesitas ir de tiendas! ¡Eso es!- tuvo una idea. Mulan, sin duda, era una mujer bella, pero vivía con los cabellos recogidos y con ropa demasiado formal, escondiendo sus formas –¡Vamos a cortar ese cabello y ponerte ropa más escotada! ¡Tienes que sacarle partido a tus curvas, chinita!- le tocó el mentón a la oriental, que tenía una sonrisa tímida imaginándose haciendo aquella locura a causa de su jefa. De repente, escucharon el timbre de la puerta que señalaba que alguien entraba, pero enseguida sonó de nuevo. Mulan miró por la ventana y vio a su jefa atravesando la calle a paso largo con la cabeza gacha, parecía irritada.
Inmediatamente la golpeó una evidencia. Se golpeó la cabeza con la mano y Belle se echó a reír.
-¡Ha sentido celos de mí, Mulan!- Belle aplaudía, lo estaba celebrando. De hecho, aquella escena presenciada por la pelirroja había sido de verdad una impresión, para nada estaba pasando lo que Mérida pensó, pero para alguien que no sabía de qué estaban hablando, aquel sencillo gesto parecía algo más.
-¿De qué te ríes, Bell? ¡Ahora me va a odiar!- lloriqueó
-¡No seas boba, Mulan! ¿Acaso no te das cuenta? Se interesa por ti…¡Vamos a poner en práctica nuestro plan! ¡Y enseguida tendrás a esa pelirroja, que se las da de super fuerte, en tus brazos!- Belle siguió comiendo, una sonrisa traviesa en su rostro.
-Espero que tengas razón…- Mulan sonrió débilmente, pero tenía esperanzas.
Por otro lado, Mérida atravesaba la calle algo perdida, y acabó por pararse en Granny's, estaba sintiendo algo nuevo, una furia incontrolable, quería volver y decirle a Belle que Mulan le pertenecía a ella, que no tenía derecho de tocar a la oriental de aquella manera. ¿Eran celos?
"¿Qué es eso, Mérida? ¡Te has vuelto loca? ¡Ella es tu asistente! Eso…¿Por qué estoy pensando estas cosas? Aquello no debería incomodarme…Pero…¡Arggg! ¿Qué está pasando contigo? ¡Solo habéis salido a una cena! ¿Y ya te crees con derecho a querer exclusividad? Es libre para estar con quien quiera…¡Ni nos besamos!"
Mérida reflexionaba mientras masticaba su comida sin prestar atención a lo que tragaba. Después de la "cena fallida", Mulan se había distanciado, trataba a la jefa con una formalidad exagerada, Mérida no estaba acostumbrada a aquel trato frío, la oriental casi no la miraba a los ojos, y aquel brillo que Mulan tenía en la mirada cada vez que miraba a la pelirroja se había apagado. Decepción, quizás, después de sentirse rechazada en el restaurante cuando Regina entró, Mulan esperó a que Merida volviera a la mesa y después se marchó, dejando a la pelirroja con dudad al respecto de lo que estaba haciendo, usando a la oriental tal vez, pero después de ver a Mulan con Belle, se quedó pensativa. Nutría un fuerte sentimiento por su asistente, un sentimiento de protección, solo que no sabía lo que era.
A veces no vemos lo que está frente a nuestros ojos
-¡Nene lindo de la abuela!- Cora agarraba los bracitos del nieto, andaba por la casa, ora Henry daba pasitos y caía riéndose en el suelo, ora daba dos y se quedaba parado en un sitio amenazando con caerse. El pequeño Mills había cumplido diez meses, pero ya era muy despierto, gateaba por toda la casa, las madres tuvieron que retirar todos los libros del estante que quedaba a ras del suelo, pues Henry los cogía y no quería soltarlos, y acababa por llenarlos de babas y romper las páginas, sin duda era una de las cosas que más distraía al pequeño.
Cora pasó el resto de la tarde con la hija y el nieto, se divirtieron mucho, hacía tiempo que no estaban así, madre e hija en aquella paz. Estaban sentadas en el sofá, la tele encendida en un canal cualquiera al que no prestaban atención, Henry dormía acurrucado en los brazos de su madre, Regina le acariciaba la punta de la nariz y aquel pequeño rostro, pasó las manos por los cabellos castaños.
-Mamá tiene que cortarte el pelo, hijo…- sonrió abobada, Cora se giró hacia la hija y nieto, prestando atención al monologo de Regina –Parece que naciste ayer, mi pequeño príncipe, y hoy ya eres un muchachito de casi un año…- seguía sonriendo agarrando la manita que apretaba su blusa.
-Crecen demasiado rápido, es verdad…Mírate a ti…- se acercó más a la hija y la agarró del hombro –Mi benjamina…que de hecho se ha convertido en una reina…Estoy muy orgullosa de ti, hija…- le acarició el pelo y llevó la cabeza de la hija a su pecho. Regina nada consiguió decir, ¿cuántos años había esperado por un gesto como ese? ¿Una simple caricia de la madre? Ya no lo sabía, cerró los ojos y apretó más a Henry en sus brazos, Cora besó los cabellos negros con cariño y llevó una de sus manos a la espalda del nieto.
Los tres en un único abrazo, Regina respiró en paz, todo parecía haberse vuelto tan perfecto. Estaba Emma, Henry y ahora su madre que, aparentemente, la apoyaba, lo sentía por Zelena, quería a su hermana en ese abrazo, pero tendría que serle suficiente, ya no iba a volver una vez más a pedirle perdón a su hermana, ella fue la que había corrido tras ella las últimas veces, incluso sin estar equivocada, y ahora sería diferente, si Zelena la quería de vuelta, tendría que pedirle disculpas. Cora intentó convencer a Regina para que llamara a Zelena, pero en vano, la morena estaba decidida. Zelena, por otro lado, no estaba dispuesta a ceder, así que, seguirían en aquel paréntesis.
-Yo…tengo que irme, mi reina…Me quedaré algunos días más, y volveré para el cumpleaños de nuestro príncipe- besó la cabeza de la hija. Regina se levantó con delicadeza, fue a poner a Henry en la cuna. Cora se despidió con un abrazo apretado, parecía que ambas presentían que ese clima cambiaría drásticamente.
Cuando Emma llegó ya era de noche, Regina preparaba la cena y servía la mesa
-¿Cómo fue tu día, amor?- Emma agarró a la novia por detrás, mientras colocaba los cubiertos en la mesa
-Muy bien, Em…- se giró y le dio un beso rápido -¿El tuyo?- Emma ya estaba en pijama, Regina, con camisón, como de costumbre, y una bata encima. Henry jugaba en la alfombra de goma E.V.A
-¡Perfecto! ¡Solo faltasteis tú y Henry!- se sentó casi sirviéndose la comida a la vez
-¡Calma Emma!- Regina golpeó la mano de la rubia que iba a coger un pedazo de carne con la mano.
-¡Ay!- protestó la rubia
-¡Henry, hijo! ¡Vas a hacerte daño!- Regina corrió para coger al pequeño que amenazaba con tirar las cosas que había en la mesa de la esquina-¡Emma! ¡Suelta esa carne!- ordenó cogiendo al hijo que tiraba de sus cabellos con fuerza -¡Henry! ¡Haces daño a mamá! ¿Emma? ¡Coge el tenedor! ¡Por Dios! ¿Queréis volverme loca?
-¡Pe…perdón! ¡Es que tengo mucha hambre!- dijo Emma con la boca casi llena atragantándose con la comida
-¡No se habla con la boca llena, Emma! ¿Qué ejemplo quieres darle a nuestro hijo? ¡Ay, Henry! ¿Qué quieres?- él tiraba de la camisa de la madre. De repente, Emma comenzó a reírse.
-¿Qué fue ahora?- Regina ya estaba empezando a perder la paciencia. Henry estaba inquieto en los brazos, quería ir al suelo.
-Henry…- señaló el busto de la prometida con lágrimas en sus ojos de tanto reír, el pequeño había movido el camisón y uno de los pechos de la morena estaba a la vista. Regina miró incrédula. ¿Cuál era la gracia? Nada que Emma no hubiera visto innumerables veces.
Miró a la rubia con aquella mirada amenazadora.
-¡Está bien! ¡No ha tenido gracia!- aún disimulaba la risa –Es solo que parece que tienes frío…- tomó un sorbo de jugo para no atragantarse
-¡Pues claro! ¡Hace frío! ¡Joder! ¿Qué tiene que ver eso, Emma?- puso al hijo de nuevo en el suelo, él salió gateando hacia la madre rubia, se apoyó en su piernas, pedía que lo cogiera.
-Nada amor…Solo lo encontré gracioso…¡Calma!- miró al pequeño que tenía cara del gato con botas, tan pequeño, pero ya sabía cómo persuadir a las madres -¡Ven, mi muchacho! ¿Quieres estar con tu madre rubia, no? ¿Mami Regina está sin paciencia para jugar contigo? ¿Hum?- puso un pedazo de patata guisada en la boca del hijo.
Regina se sentó en la mesa y finalmente se sirvió su plato.
-¿Viste, mami Gina? Solo tenía hambre…- Emma sonrió convencida poniendo voz infantil
-Hm…Acabo de darle puré de patata con caldo de carne y verduras…¡No pensé que este comilón quisiera comer de nuevo!- reviró los ojos
-¡Pues claro que quiero, mamá! ¡Quiero comer haciéndole compañía a mamá Em!- le hizo cosquillas al hijo que se echó a reír, en realidad casi se atragantó -¡Opa! ¡Opa! ¡Muchacho!- golpeó la espalda del pequeño –Listo…toma jugo de mamá…- le dio la bebida de su propio vaso
-¡Pónselo en el biberón, Emma!-la reprendió Regina
-¿Para qué? ¡Bebé bien! ¡Mira!- dijo abobada
-¡Pero puede atragantarse! ¡Como hace un momento!- se levantó para ir a buscar el biberón
-Cálmate…También soy madre…- volvió a darle jugo al hijo –Aprovecha tu cena…- dijo tranquila la rubia
-¡Me saldrán canas pronto!- exclamó revirando los ojos, pero volvió a la mesa. Swan se rió de la observación de la prometida.
-¡Muy posible!- la rubia sonrió alegre, aquella sonrisa contagiosa, luminosa como el sol. Sin darse cuenta, Regina también sonreía, contenida, pero en el fondo de su alma, estaba carcajeándose, tenía lo que quería ahí. A su familia.
El día amaneció frío, Regina se levantó temprano, había quedado para verse con Kathryn en el desayuno en el Starbucks cercano a su apartamento. Por algún motivo, la comisaria dijo que también fuera Swan. Y así hicieron, Henry apenas podía moverse dentro de aquellas ropas de invierno. Regina llevaba pantalones, botas y un abrigo por encima; Emma, como de costumbre, sus pantalones Jeans, botas y su chaqueta roja por encima de un suéter de cuello alto, además de su gorro gris que le dejaba marca en el pelo.
-¡Buenos días, srta. Swan! ¿No ha tenido más problemas, verdad?- la comisaria saludó bromista –Sra. Mills…- asintió y separó una silla para la morena, Henry permaneció sentado en su carrito, Emma jugaba con el niño para distraerlo.
-Bueno, seré breve y objetiva, sra. Mills…Lo que aquí ha pasado es un conflicto familiar…- Kathryn abrió una carpeta con varias hojas y la puso en la mesa. Regina arqueó las cejas, no estaba entendiendo el rumbo de aquella conversación –Bien…alguien pagó a Ingrid para que interviniera de aquella manera…- Emma, que jugaba distraída con Henry, al escuchar que alguien había pagado, enseguida lo dedujo, sus sospechas estaban confirmadas, había sido Cora, estaba segura, miró a la nada por largos segundos antes de pronunciarse.
-Cora…- susurró tristemente, no por ella, sino por su compañera, su futura esposa.
Regina escuchó el susurro de su prometida, pero no quería aceptarlo, no podía. Miró a la comisaria con una expresión asustada, casi le imploraba para que dijera que Emma estaba equivocada.
-Lo siento mucho, sra. Mills…Pero su madre, Cora Mills pagó a aquella asistente social…- sus ojos se humedecieron, no podía creerlo, ¿cómo su propia madre podía ser tan cínica hasta el punto de preguntarle por la boda? ¿Hablar de Robin con la mayor naturalidad como si no fuera la causante de todo aquel trastorno? Las lágrimas resbalaban por el rostro de Regina, se sentía destruida, traicionada por la propia madre, por alguien de su familia, alguien que debería apoyarla en sus decisiones. Al igual que Zelena hizo un día, aunque en otras circunstancias, pero era una traición. ¿En qué familia vivía? No tenía, por eso no había confiado en las personas durante años, ¡las personas son crueles y egoístas! No les importa la felicidad de los otros, a menos que les convenga.
-¡Gracias, srta. Kathryn! ¡No necesito saber más! ¡Tengo que hablar con Cora!- se levantó abruptamente cogiendo el bolso
-¡Espere!- la comisaria agarró a Regina por el brazo –Necesita decirme si quiere que siga con el caso…pues su madre está envuelta…y podría ser detenida…
-Disculpe, Kathryn…No tengo cabeza para pensar en eso ahora…Yo…- Regina estaba fuera de sí, le dolía la cabeza. Necesitaba pensar.
-Decidimos después, comisaria…Gracias por ahora…-Emma le dio las gracias y se acercó a Regina, cuya expresión era de rabia –Amor…Sé que esto es difícil…Es tu madre…Pero vamos con calma, tenemos que pensar bien en lo que hacer…- Emma secaba las lágrimas que resbalaban silenciosas
-No tenía ese derecho, Em…¡No podía interferir en m…nuestra vida de esa manera! ¿Quién se cree que es?- dijo la última frase demasiado alto, algunas personas de alrededor miraron
-Tu madre…recuerda eso…- agarró el rostro de la morena con las dos manos. Emma sentía rabia, furia en realidad, por dentro quería tirársele encima a Cora. Pero Swan había aprendido que actuar por impulso no era la mejor manera. Le dio el consejo acertado.
-¡Tengo que verla!- Regina se dio la vuelta y se encaminó a la salida
-¡Amor, espera!- Emma corrió tras la morena con Henry en brazos, el carrito aún estaba dentro de la cafetería.
-¡Cuida de Henry hasta que vuelva…! ¡Tengo que contarle algunas verdades a esa mujer llamada Cora!- le dio las llaves del coche a su prometida y cogió el primer taxi que vio. Emma se quedó preocupada, pero aquella conversación era entre madre e hija.
En pocos minutos estaba frente al lujoso hotel de cinco estrellas localizado a pocos minutos del centro de Nueva York.
-Cora Mills- dijo el nombre de la huésped –Dígale que Regina Mills tiene que verla- ordenó como de costumbre
-¡Sí, srta. Mills!- el muchacho de la recepción cogió el teléfono, susurró algo que Regina no comprendió, después le dijo que podía subir –Suite presidencial, 1314, ascensor a la derecha
-¿Regina? ¡Qué sorpresa!- Cora fue a abrazar a la hija, pero esta esquivó el abrazo y entró en el cuarto, que más parecía una casa, era casi del tamaño del apartamento de Regina. Miró a Cora con desprecio.
-¿Cómo te atreves a intervenir en mi vida, mamá?- Regina cruzó los brazos y miró a la de más edad a los ojos
-¿De qué estás hablando?- Cora realmente no tenía idea
-¡Piensa un poquito, mamá! ¡Haz un esfuerzo!- entrecerró los ojos. Analizaba a la mujer que tenía delante. Ella nada dijo, dedujo que Emma le había contado el encuentro entre las dos, pero haría que la hija se volviera en contra de la rubia.
-¿De verdad?- aplaudió irónicamente -¿De verdad no recuerdas?- se acercó más a la madre
-¿Qué te ha dicho aquella rubia petulante de mí?- preguntó Cora para defenderse
-¿Emma? Ella no me ha dicho nada…¿Qué…?- Regina la miró confusa, como un relámpago en su mente, recordó el pedido de su prometida, Swan lo sabía, al menos sospechaba, pero no quiso hacer sufrir a la morena, prefirió buscar pruebas, que llevaron directamente a Cora.
-¡Pues eso! ¡Aquella prometida tuya me amenazo con golpearme! Pero no quise ser insensible, porque sé que la quieres…¡Ella casi me expulsó del restaurante!- Cora contó su "versión" adulterada
-Emma no me contó nada de vuestro encuentro…- "¿Por qué?" pensó para sí
-Porque ella me quiere lejos de ti, hija mía…Quiere separar a nuestra familia…Mira lo que ha pasado primero Zelena…Ahora, ¿vas a discutir con tu madre?- se acercó a la hija con una expresión de víctima, agarró la mano de la morena
-¡Suéltame, mamá! ¿Cómo puedes mentir tanto? ¡Ni sabía de ese encuentro que tuvisteis! ¡Y desde luego Emma nunca te buscaría! ¡Conozco a mi mujer! Y te conozco muy bien a ti, mamá, para saber que eres capaz de todo para conseguir lo que quieres…- soltó el aire de sus pulmones, se pasó la mano por el pelo, respiró de nuevo intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir –Pagaste a aquella asistente social para que no le diera el visto bueno a Emma para adoptar a Henry…- su mentón temblaba ante tal afirmación, su voz salió fallida. Dolía, dolía admitirlo para sí misma, que su propia madre la había engañado, mentido, deseado el mal.
Cora estaba atónita, no conseguía formular frase alguna para defenderse. ¿Cómo había descubierto Regina eso? Todo fue hecho con mucho sigilo, Gold le había garantizado que nadie se enteraría.
-¿Acaso te das cuenta de lo que has hecho?- gruesas lágrimas descendían de los ojos almendrados, ya no podía contener el llanto –Por tu culpa, por un capricho tuyo…Emma fue llevada presa…¡Yo casi fui violada por un asqueroso comisario! Le pedí a Jefferson que testificara contra mi cuñado, arriesgando la relación con mi hermana para sacar a mi mujer… Repito ¡MI MUJER!- se goleó el pecho -…de la cárcel…
-Hi…hija…- intentó acercarse de nuevo. Regina dio dos pasos hacia atrás.
-¡No!- extendió la mano –No te acerques a mí…¿Cómo he podido ser tan ciega? ¿Tan estúpida?- sonrió indignada, era una sonrisa de nerviosismo, balanceaba la cabeza en negación, trastornada, caminaba de un lado a otro- ¿Cuándo aprenderás que no todo se resuelve con dinero? Que el amor…el amor verdadero existe…que las personas se aman incondicionalmente y solo quieren compartir cosas…Solo era eso…Yo solo quería paz…una vida tranquila con la mujer que amo y nuestro hijo…solo quería darle a él su apellido…¿Es pedir demasiado? Porque yo creo que no…- volvió a mirar a la madre –A ver si entiendes de una vez que nada me va a separar de Emma…Y una fallida adopción no nos iba a hacer pelear…si era esa tu intención…Disculpa, mamá…- Regina ya no lloraba, había dolor, solo decepción en su voz –Pero no te salió bien…
-¿Qué has hecho, Regina?- Cora se preocupó. ¿Acaso su propia hija habría llamado a la policía?
-Nada, mamá…Todavía nada…si es que te preocupa la policía…- se entristeció aún más, Cora tenía miedo de la policía, y no de perder a la hija.
-Por amor a tu padre, hija mía…¡No lo hagas!- agarró, suplicante, las dos manos de la morena.
-¡No menciones a papá! ¡Ni pienses en él!- se soltó de nuevo con fuerza, fue brusca
-¿Qué harás?- Cora se sintió aún más amenazada
-No lo sé…sinceramente no lo sé…Tengo que pensar sobre todo lo que ha sucedido…- encaró el par de ojos desesperados que tenía enfrente –Eres débil, mamá…Si hay algo que aprendí de ti…fue a no humillarme delante de los otros…¿Y mírate? ¡Suplicando a tu propia hija que no te mande a la cárcel!- rió nerviosa, pasándose las manos por el cabello otra vez -¡PATÉTICO!- gritó
-Por favor…Regina…No quise…
-¡No sigas mamá! ¡Solo harás que sienta asco por ti!- interrumpió las palabras de la madre –No se…necesito pensar…- dijo en un susurro, aún pensaba en qué hacer
-No hagas eso…¡Soy tu madre!- puso tono de orden
-¡SÍ! ¡ERES MI MADRE! ¡PERO NO TIENES MI RESPETO…- se acercó a la más vieja, estaban cara a cara -…CORA!- salió de la suite a paso firme, golpeó la puerta al cerrarla y dejó a una señora asustada en el suelo. Cora se sentó y apoyó los brazos en la cama, se permitió llorar sin reservas, como hacía mucho que no hacía, era una mezcla de miedo, rabia y angustia, y quizás, solo quizás, un resquicio de arrepentimiento.
Dejó de llorar de repente, se secó las lágrimas del rostro con un gesto rabioso. Arrancó las sábanas de la cama con fuerza. Estaba nerviosa.
-Swan…- pronunció el apellido entre dientes.
