Despedida de soltera. Primera parte
-Regina…-dijo Zelena fríamente -¡Entra, Roland!- fue lo único que dijo. El pequeño obedeció cabizbajo.
-Zel, yo…- Regina intentó explicar
-¡Nunca más hagas esto, Regina! ¡Roland es mi hijo! ¡No tienes derecho a quedarte con él de esta manera! ¡Hoy él tenía que ir a ver al padre! ¿Y sabes lo que tuve que hacer? ¡Mentir! ¡Por tu culpa!- la acusó
-Zel…- intentó otra vez
-No, Regina…- Zelena no estaba dispuesta a escucharla
-Mamá…Tita…No peleéis…Por favor…Sois hermanas…- Roland volvió y agarró las manos de ambas, quería ver a las dos bien, unidas de nuevo
-¡Ve a tomar el baño, Roland…Ahora!- la pelirroja ordenó
-¡No tienes por qué tratarlo así, Zel!- la más joven la reprendió –Si quieres castigar a alguien…¡Castígame!- dijo firme
-¡No me vengas a decir cómo educar a mi hijo, hermanita!- reviró los ojos de forma irónica
-No es eso, Zel…- Regina intentó disculparse, bajó la cabeza, todo lo que quería era un abrazo, y su hermana no cedía –Ya me voy…Aún así, gracias por dejarlo ir…- Regina giró la espalda en dirección a las escaleras. Aunque Zelena actuaba de esa forma, la morena estaba agradecida por, al menos, haber pasado el cumpleaños con el sobrino.
Zelena vio a la hermana descender el primer escalón, sintió encogerse su corazón, recordó lo que la madre le había dicho, "la unión de vosotras dos es fuerte y poderosa", y tenía que estar de acuerdo, todos los días había echado de menos a la hermana, también al marido, pero maridos y novias van y vienen, como decía Cora, ella tenía razón, ¿de qué había servido tanto orgullo por parte de las dos? Ellas se querían, eran hermanas. ¿Para qué prolongar aquel sufrimiento?
-Gina…- Zelena la llamó. Regina la miró de lado –Felicidades…- dijo Zelena casi en un susurro. Pero fue suficiente para arrancarle una hermosa sonrisa a la más joven, asintió con los ojos llorosos y bajó las escaleras, dejando a la pelirroja pensativa encima de sus tacones.
-¡Mira mamá! ¡Me han dado dos regalos!- Roland le enseñó los juguetes que Emma y la tía le habían regalado. Zelena miró al hijo ajena, pérdida en sus pensamientos.
-¡Te mandé ir a bañarte, hijo!-la pelirroja reprendió al pequeño que no la había obedecido.
-Sí, mamá…Ya voy, pero es que quería verte a ti y a la tita abrazarse- dijo con expresión traviesa
-Ah, hijo…- abrazó al pequeño con cariño, acariciando su travieso rostro-Te ayudo a bañarte, cariño…- condujo al hijo al baño.
-¡Ma!- el pequeño paró a la madre en mitad del camino –Ve a darle un abrazo a la tita Gina- pidió con los ojos del gato con botas. ¿Cómo resistirse?
-Hijo…La mamá y la tita…- no sabía qué decir, el hijo no era tonto –Estamos reconciliándonos…- dijo intentando librarse del tema
-¡No! ¡No lo estáis! Escuché cómo le hablaste a la tita…¡Mamá!- el pequeño tiró de la madre para que se agachara y quedara a su altura, la miró seriamente, como si fuera a darle una bronca –¡Ve a darle un abrazo a mi tita! ¡No quiero saber cuál está equivocada!-dijo exactamente de la misma forma en que la madre hablaba con él cuando se enfadaba con su hermana -¡Sois hermanas y no podéis pelear! ¿No es así que siempre me dices cuando no quiero jugar con Dorothy?- el pequeño la miraba serio con los bracitos cruzados, golpeaba el suelo con uno de los pies. Zelena rió ante la situación, aquello era verdad, no estaba siguiendo su propio consejo. Ese no era el ejemplo que quería darle al hijo, ¡aquello tenía que parar! ¿Cuántas veces Regina le había pedido perdón sin ni siquiera estar equivocada? Zelena ya ni se acordaba, ahora era su turno, mostrar que sí, que sí podían ser hermanas inseparables.
-Roland…hijo…- la pelirroja acarició al hijo una vez más, ¡qué listo era, incluso tan pequeño! Sabía usar los argumentos a su favor.
-¡Sin peros, mamá! ¡Ve ya!- el pequeño señaló la ventana, Regina aún atravesaba el largo aparcamiento hasta llegar al escarabajo.
Zelena se levantó, sonriendo, besó la cabeza del hijo.
-¡Vigila a tu hermana!- le dijo, pero ya estaba bajando las escaleras corriendo hacia la morena. Roland sonrió ante el gesto de la madre, sintió orgullo, quería a las dos, y echaba de menos verlas juntas.
Mientras bajaba las escaleras, recordaba las innumerables veces que Regina le había demostrado su amor, ahora se sentía culpable, ¿cómo había dejado pasar tantos meses? Debería haber escuchado a su corazón, Regina hizo lo que hizo para proteger a su familia, si ella misma hubiera convencido al marido para que retirara aquella denuncia contra Emma, Robin no estaría preso. A fin de cuentas, la pelirroja sabía que el marido era el gran culpable de todo.
Aún bajaba los escalones desesperada, atravesó la puerta de recepción corriendo.
-¡Reginaaa!- gritó en dirección a la hermana, que entraba en el coche, no la escuchó porque el ruido del motor era alto
Roland fue al cuarto de la hermanita, la ventana de ese cuarto daba para el aparcamiento, se subió en una silla, quería ver la escena.
-¡Reginaaaa!- Zelena gritó una vez más, la morena lo oyó, abrió la puerta del coche y miró a la hermana, sonrió al constatar que su hermana sonría caminando hacia ella
-Gina…- una lágrima resbaló de sus ojos azules al percibir la sonrisa en los labios de la hermana, destacando la cicatriz en el lado izquierdo de la boca, cicatriz que debería estar en ella, recordó. Si Regina no se hubiera puesto delante de aquel perro, podría haber acontecido algo peor.
"Zelena jugaba con la hermana en un parque, cuando escuchó a dos pequeños gritando.
-¡Cuidado! ¡Cuidado! Salgan de ahí
El perro avanzó rápidamente hacia la pequeña pelirroja que sujetaba una pelota, que había rodado hacia ella segundos atrás, probablemente era de los pequeños que corrían desesperadas detrás del animal, y en un movimiento involuntario, Regina se tiró encima de la hermana en un gesto de protección, haciendo que las dos cayeran al suelo, pero ya era tarde, el perro era de la altura de la morena, él no quería atacar, solo estaba jugando, pero aquello fue suficiente para hacerle un profundo corte en la más pequeña.
-¡Ay!- la pequeña se pasó la mano por la boca, aún encima de la hermana en el suelo, ella vio la sangre y se desesperó
-¡Gina! ¡No mires! ¡No mires!- Zelena se quitó el suéter y lo sujetó sobre los labios de la hermana hasta que los padres fueron a socorrer a su hija pequeña.
Cora le dio una bronca a la mayor, pero la pelirroja ni prestaba atención, Regina ponía cara de dolor, pero no lloraba, miraba de forma cómplice a la hermana. Zelena estaba desesperada, solo lloraba sintiéndose culpable. No tenía que ser Regina, sino ella.
Cuando llegaron al hospital y se le hubo hecho la cura, Zel hizo compañía a su hermana mientras los padres firmaban el alta.
-Perdóname…Debería haberte protegido yo…No al contrario…- la pequeña pelirroja agarró la mano de la hermana y le acarició los largos cabellos
-No dejaría que nada malo te pasara, Zel…- la pequeña agarró más firmemente la mano de la hermana
-Pero yo soy la mayor…Yo debería estar en tu lugar, protegerte…Ahora, ¡mírate!- señaló el labio de la hermana donde ahora había una gran tirita.
-Todo está bien, hermanita…¡Somos hermanas! ¡Y las hermanas se protegen!- Regina sonrió a la hermana, que tenía expresión arrepentida.
-No tendrías que…- lloró otra vez
-Eh…No te pongas así…- tocó el mentón de la hermana -¿Hacemos una promesa?- la pelirroja asintió -¡Siempre estaremos juntas! ¡Y vamos a protegernos, nunca vamos a separarnos! ¿Ok?- sonrió traviesa –Dame el meñique- la joven entrelazó el dedo meñique de la hermana y sellaron la promesa envueltas en un abrazo.
-Nada nos va a separar, Gina…- Zel confirmó
Zelena agarró a la hermana en un abrazo apretada y fue retribuida al momento, Regina apretó con fuerza a la hermana y respiró aliviada.
-Zel…- susurró
-¡Nada nos separará, Gina! ¡Nada! Perdóname…Somos hermanas, nos lo prometimos, no lo he olvidado…- le tocó la cicatriz a la hermana que sonrió tímidamente. Regina recordaba la promesa hecha tantos años atrás y que Zelena lo recordara era algo que no se esperaba –Discúlpame, hermana…- ella lloraba, la morena también, pero la sonrisa en sus labios denunciaba la alegría que sentía por, finalmente, estar bien.
-Todo bien, Zel…Todo bien…Las hermanas se protegen…y perdonan…
Se quedaron un rato así, paradas en el aparcamiento, abrazadas e intercambiando sonrisas tímidas. Zelena fue a saludar a la rubia, aprovechó para ver al sobrino, y terminó por invitarlas a almorzar. Roland adoró tener a las tías y al primo en el almuerzo. El clima entre Emma y Zelena era medio tenso, pero ambas intentaron actuar de la forma más natural posible y todo transcurrió bien.
Henry había cumplido un año, montaron una gran fiesta en un salón de Nueva York, invitados de las dos familias fueron a felicitar al pequeño, claro que la mayoría de aquellas personas eran invitados de Mary, que tenía una infinidad de amigos y parientes. La familia Mills no era grande, sin embargo, Cora estaba presente, había comprado decenas de juguetes caros, además de ropa para el nieto, casi le faltó darle un coche al pequeño de un año, Zelena estaba más cercana a la hermana, después de la reconciliación, todo mejoró, la amistad y la afectividad eran mucho mayores.
La fiesta transcurrió animada, había música, había juguetes, aperitivos a mansalva, magos y payasos para entretener a los niños. Henry acabó, al final de la fiesta, en la piscina de bolas. Emma, como de costumbre, pareciendo una niña, tiró de la prometida y ambas cayeron en la piscina con el hijo, jugaron y rieron durante largos minutos, David, Mary y Neal se juntaron al juego, Roland tiró de la madre y de la hermana y así se quedaron hasta que los dueños del sitio les avisaron de que ya tenían que limpiar.
Cora se había quedado ahí, observaba las hijas y a los nietos, ¡cómo amaba ver a sus dos hijas unidas! ¡Cómo le gustaría haber compartido momentos así con sus hermanos! Un pensamiento vino a su mente, ¿podría encontrar a sus hermanos después de tantos años? Ahuyentó esos pensamientos cuando Roland saltó al regazo de la abuela.
-¡La fiesta acabó, abuela! ¡Solo estamos nosotros! ¡Mira!- el pequeño apuntó al salón de fiesta ya vacío, excepto por ellos, la familia más inmediata.
-Ya vamos, cariño…- le sonrió al nieto
En seguida, Zelena se despidió de la madre, pudo percibir que Regina estaba distante de Cora, parecía querer evitar a la de más edad. Zelena hizo una nota mental para preguntar si tenían algún problema. Regina no tocaba el asunto sobre su madre desde hacía algún tiempo, la pelirroja lo había notado, la más joven no quería que Zelena se decepcionara con Cora, por eso no le había contado que ella había sido la culpable de que la adopción de Henry no saliera adelante, y sobre todo porque aquel tema envolvía el encarcelamiento de Robin.
Los días pasaron y la primavera se hacía presente en las calles y plazas, los colores y los aromas de la estación marcaban el evento tan esperado especialmente por las dos mujeres que tanto se amaban. La boda llamaba a la puerta, los últimos detalles y preparativos estaban a toda máquina, solo faltaban unas semanas.
Ya era de noche, Regina y Emma jugaban con Henry en la alfombra de la sala tras cenar, el pequeño balbuceaba palabras sin sentido, pero de hecho aún no hablaba, sabía mover la cabeza en señal de sí o no, las madres alentaban al hijo, ¡como ansiaban escuchar su primera palabra!
Regina estaba echada en el regazo de su prometida, su cabeza apoyada en el muslo, Swan acariciaba los cabellos negros con una mano, la otra agarraba un juguete de Henry.
-Di ma-má- Regina agarró al hijo que se subió en las piernas de las madres, él reía dejando ver los dientes y escondía el rostro, no quería hablar.
-¡Vamos, chico! Ma-má. Ma-má- Emma repetía la palabra lentamente para ver si el hijo pronunciaba algo, nada, él solo reía de las caras de las madres que esperaban expectantes –Vale, Henry…¿No quieres decir mamá? Entonces…Di coche. ¡Co-che-ci-to!
-¡To!- Henry repitió la última sílaba
-¿Escuchaste eso? ¡Habló!- Emma sonrió de oreja a oreja y besó al hijo
-No habló, Emma…- Regina reviraba los ojos riéndose del entusiasmo de la prometida
-¡To es algo!- Swan rebatió
-Vale…Creo que ya es hora de irnos a la cama…Este travieso ya está rascándose los ojitos
Sonó el timbre.
-¿Estás esperando a alguien, Em?- preguntó Regina ya abriendo la puerta
-¡Hora de llevarnos a la novia!- le faltó poco a Ruby para entrar como un tornado en el apartamento, antes incluso de que la morena abriera la puerta por completo
-¿Ruby? ¿Lily? ¿Qué hacéis aquí?- la Mills no entendía por qué estaban ahí, sobre todo a aquella hora de la noche
-¡No podéis dormir juntas al menos en una semana!- dijo Ruby, llamando a Henry a sus brazos
-¿Qué gracia tendría entonces la luna de miel?- dijo Lily, saludó a Emma en un abrazo caluroso y se sentó en el sofá de la sala
-¿Y dónde va a pasar Emma estos días? ¿Os habéis vuelto locas?- preguntó Regina incrédula ante aquel absurdo
-En casa de mis padres, amor…- dijo algo finalmente Emma, estaba sentada en el sofá de la sala con una sonrisa traviesa. Sabía que a la morena no le iba a gustar la idea, por eso no había tocado el tema antes.
-¿Lo sabías? ¿Y no me dijiste nada? Peor…¿Estás de acuerdo con esto, Em?- encaró a la prometida
-Es la tradición, amor…- se encogió de hombros, intercambiando una mirada cómplice con Lily
-Pero…voy a estar sin ti…- dijo triste, su expresión era hermosa, tenía un toque inocente en ella, Regina parecía una niña que no quería dormir sin su oso de peluche preferido.
-Solo una semana, amor…- Emma se levantó y abrazó a la morena, le acarició el rostro, ella suspiró
-¿Qué vas a hacer esta semana? No tendrás despedida todos los días, ¿no?- se agarró más a la prometida, no quería soltar a la rubia, Lily y Ruby se rieron de la escena, Henry montaba un caos por la sala, llevando juguetes de un lado a otro.
-¡Casi todos!- dijo Lily, y Ruby la golpeó en el hombro llamándole la atención -¡Ay!- gimió masajeándose el hombro.
Regina desorbitó los ojos, y Swan enseguida se despidió de ella.
-Iré a trabajar, amor…Y vendré a ver a nuestro hijo…- llamó al niño con la mano, él caminó agarrando su camioncito, casi mayor que él, regalo de cumpleaños de su abuela Cora –Chico…- cogió al niño en brazos, él rió, Emma le dio besos en su carita, despidiéndose de él.
La Mills se cruzó de brazos, no le había gustado nada aquello, pero no iba a privar a la novia, a fin de cuentas, dentro de una semana estarían casadas.
-Relaja, Regina…¡Vamos a cuidarla!- Lily guiñó un ojo, maliciosa, a la morena
-Precisamente es ese "cuidar" lo que me preocupa…- Regina suspiró, pero estaba controlada, confiaba en su futura esposa.
-Emma ya no es una niña, Regina…- Ruby se echó a reír ante la forma de hablar de Mills
-Cierto…¿Os la vais a llevar ahora?- Regina agarró a la rubia por detrás en un abrazo apretado, no quería soltarla, Swan sonrió ante el desespero de la prometida.
-Amor…- Emma puso a Henry en el suelo de nuevo, él corrió a tirar de los pantalones de la morena de mechas rojas –No va a suceder nada…Tinker ha planeado algo para ti también…Será sorpresa…Ruby y Lily incluso han ayudado… Ellas no irán porque estarán conmigo…- le tocó el mentón a la morena y encaró los ojos castaños -¡Diviértete! Relájate y disfruta lo que las chicas nos han preparado…Te veo en el altar…- besó la boca dulce de forma tierna –Cuando te vea de nuevo…Serás mi esposa…- la besó de nuevo, pero esta vez un beso cargado de deseo y romanticismo, profundizaron el beso, se olvidaron del mundo a su alrededor, solo pararon cuando Ruby y Lily hablaron con Henry en un tono más alto.
-¡Sí, pequeño…Si tus madres pudieran hacer bebés, seguramente tendrías varios hermanos!- Ruby rió con el niño en brazos
-Ehh…- Regina miró avergonzada a las morenas que sujetaban a Henry, estaba mareada, Swan tenía un poder sobrenatural sobre ella.
-Vamos, rubia…- Lily tiró de Emma
Regina tiró de Emma otra vez y le dio un beso lento.
-Te voy a echar de menos…- sonrió con la cabeza pegada a la de la otra
-Yo también, mi amor…Voy a echar de menos tu olor…- besó el cuello de su prometida. Lily y Ruby agarraron a Emma, alegres, una por cada brazo y se encaminaron a la salida.
-¡Eh! ¡Emma tiene un hijo al que criar, oid!- Regina gritó agarrando la puerta, mientras las tres entraban en el ascensor, Henry estaba agarrado a sus piernas.
Aquella misma noche, Ruby y Lily llevaron a Emma a un bar, ya hacía algún tiempo que la rubia no tenía ese tipo de diversión, bailaron y bebieron toda la noche. Varias mujeres y hombres se acercaron a la rubia, pero Emma les decía que no quería compañía, se divertía sin mayor contacto, tener a sus mejores amigas ahí era suficiente.
Al otro día, hicieron lo mismo, pero esta vez fueron a un bar de moda de Nueva York, Ariel se juntó al grupo. Fueron cuando Swan acabó su turno en el trabajo, bebieron y charlaron, el clima era ligero y cargado de alegría.
Los otros días Emma optó por quedarse en casa, disfrutar del hermano y de su familia, Mary estaba sensible, cualquier cosa era motivo para llorar, pensar que su princesita finalmente había crecido y tendría responsabilidades como mujer adulta. Emma tuvo que recordarle a la madre que ya estaba "casada", solo lo iban a oficializar ante la sociedad. David era todo sonrisas, jugaron todas las tardes y noches, al ajedrez, a la consola, llevaron a Neal a jugar a la plaza. Pasaron un tiempo en familia como hacía mucho que no lo pasaban.
Regina, por otro lado, trabajaba más, ya se había acostumbrado a dormir con la rubia, echaba de menos su cuerpo pegado al suyo en esas horas, usó a Henry como válvula de escape, el pequeño durmió con la madre todos los días, así Regina sentía menos la falta de su prometida.
Tinkerbell salió con su mejor amiga y ahijado, pasaron un día agradable en Central Park, Regina no era de fiestas y salidas nocturnas, y la rubia lo sabía muy bien. Henry se quedó con la tía por la noche, y las dos pudieron ir al bar preferido de las dos, escucharon música y charlaron de todo y de nada, como hacían cuando estaban en la universidad, pasar un tiempo con Tinker era siempre maravilloso y natural.
Regina almorzó en casa de su hermana en ese tiempo, ellas estaban más unidas que antes. Algunas cosas fueron esclarecidas entre ellas, como el hecho de que Cora estaba envuelta en la adopción de Henry. Zelena no lo pudo creer, ¿así que, su propia madre había sido la causante de todo el sufrimiento entre ellas? Al igual que Regina, Zelena sintió rabia de Cora, la culpable, en parte, de toda aquella confusión había sido ella.
-¿Por qué no me lo contaste antes, hermanita? Me habría puesto de tu lado…- Zelena estaba indignada con el relato
-No pensé que fuera relevante, Zel…Y además lo descubrí bastante después de que…Ya sabes…- no quería hablar del encarcelamiento del cuñado, Regina se encogió de hombros
-¿Nuestra madre no tiene corazón? Incluso parece que no quiere verte feliz…- la mayor no podía creerlo, lo sentía por la hermana –Lo siento mucho, Gina…Disculpa…Me necesitabas…¿Y qué hice yo? Te dejé de lado…- la pelirroja suspiró arrepentida
-Ya pasó, Zel…Ahora estamos bien, y eso es lo que importa…- le tocó la mano a la hermana
-¡Nada puede separarnos, hermanita…Nada!- afirmó –Ahora…vamos a hablar de la despedida que Tinker y aquellas colegas de tu rubia han preparado, ¿eh? ¡Vamos a divertirnos mucho! ¡Recordar viejos tiempos!- recordaba las noches que se habían pasado bebiendo a escondidas de Cora cuando eran adolescentes.
-Tengo miedo de lo que pueda haber en esa despedida…- suspiró
-¡No seas boba! ¡Es una despedida de soltera! ¡Es para eso! ¡Para emborracharte y hacer lo que no podrás hacer después de casada! ¡Suéltate, hermanita! ¡Eres muy seria!- se rió
Esos cinco días se pasaron volando, solo faltaban dos para la boda, Tinker era la madrina perfecta, nada se escapaba a los ojos de la rubia, Regina no tuvo que preocuparse por nada.
La noche llegó y era prometedora, el día de la tan esperada despedida de soltera. Esperada por todos, menor por Regina, ella ni quería ir, quería quedarse con su hijo, pero Emma quiso ir a buscar al niño y dejarlo con sus padres, pues aquella noche debía ser de ellas, cada una en un sitio.
-¡Basta de trabajar, Regina!- Tinker invadió el despacho de la mejor amiga, ya era la hora
-¡Se debe llamar antes de entrar en el despacho de la presidenta!- Regina apoyó las manos en la cintura y señaló la placa encima de su mesa
-Pensé que abrirías una excepción para tu mejor amiga…y madrina de tu boda…- fingió enfado
-¿Quién más va a venir a esta despedida mía?- reviró los ojos
-Bien…Zelena y yo…¿Vamos? Ella está charlando con Belle…dijo mientras salían del despacho
Zelena estaba enfrascada en una animada conversación con la trabajadora de largo tiempo, y acabó por invitar a la asistente de la hermana.
-¡Ah! ¡Cuánta más gente mejor! Belle es un amor…- dijo Tinker, conocía a la asistente desde hacía algún tiempo, como la rubia también era administrativa, tenía contactos con la Mills Company y Belle siempre resolvía los imprevistos.
-¡Vaya! ¿Dónde es la fiesta?- Mérida se detuvo frente al grupo que se había formado alrededor de la mesa de la asistente.
-¡Estamos llevando a esta morena a su despedida de soltera! ¿Vienes también? ¿Sabéis? ¡Vamos todas!- dijo Zelena refiriéndose a Mulan que estaba sentada al lado de Belle, no la conocía, pero no podía invitar a Mérida y a Belle y dejar a la oriental ahí, sería una falta de respeto.
-¿Despedida de soltera de la presidenta?- Mérida sonrió, miró a la morena de forma seductora. Regina carraspeó intentando disimular que no estaba feliz ante la invitación repentina, aquella pelirroja era un problema.
No muy lejos de ahí, Swan entraba en uno de los clubs más de moda de Nueva York acompañada de Lily, Ruby, Ariel y Elsa.
-¡Caramba! ¡Habéis arrasado! ¡Siempre he querido venir acá! ¡Mira este sitio!- dijo Emma entusiasmada en cuanto entró en la gran sala, el lugar parecía una discoteca, la música estaba alta, había sillones y sofás en las esquinas, las bailarinas exhibían sus cuerpos esculturales en la poll dance. Apenas habían entrado y una camarera con poca ropa, de hecho muy bella, les sirvió las bebidas. Ruby cuchicheó con otra camarera, eran conocidas, Ruby ya había trabajado en ese tipo de sitios sirviendo bebidas, tenía muchos contactos, cosa que facilitó en montarle una despedida a su amiga como ella se merecía.
-¿Con derecho a palco VIP y en la parte de arriba?- Emma sonrió aún más ya probando el cóctel. Tendrían un sitio solo para ellas con exclusivas camareras en ropa interior sirviendo al grupo, la rubia se estaba deleitando con las agradables vistas, sin contar los volúmenes detrás de los sujetadores cada vez que venían a llenar las copas. Servían lentamente, inclinando el cuerpo, mostrando adrede el exagerado escote.
-¡Wow morena! ¡Ve despacio!- dijo Emma mientras la camarera se sentaba en su regazo para echarle el contenido de la botella directamente en la boca
-¿Te gustan las morenas, cariño?- la camarera le arañó el mentón con la uña –Hoy puedo tener el nombre que desees…- se acercó a los labios de la rubia que giró el rostro sonriendo.
-¡Estoy servida, morena! ¡Puedes servirle aquella rubia de allí…!- señaló a Elsa que admiraba a Ariel disimuladamente bebiendo algo. La camarera rió y pasó la mano por la parte interna del muslo de Emma, después caminó, de forma seductora, hacia Elsa.
Ruby y Lily conocían la preferencia de la amiga, las morenas, por eso, todas las camareras que servían la mesa cumplían ese patrón. Claro que ninguna de ellas le llegaba a Mills a la suela del zapato, Emma no tenía ojos para nadie más. De hecho se estaba divirtiendo, pero en el fondo preferiría estar haciendo el amor salvajemente con Regina en cualquier otro lugar. Quizás había cambiado, Swan era una mujer de familia ahora, nada de aquello le interesaba como antiguamente.
-¿Qué lugar es este? ¿Es un club de alterne?- Regina tenía una expresión de espanto. Mérida rió bajito ante el comentario de la morena, probablemente la Mills no frecuentaba aquel tipo de sitios.
-¡Gina! ¡Eres una carca! ¡No es un club de "alterne"" ¡Qué palabra más fea!- Zelena reprendió a la hermana
-¿Y tú ya has estado en un sitio de esos acaso?- reviró los ojos, en su cabeza era la primera vez que Zelena estaba en un bar de ambiente
-¡Pues claro!- respondió con naturalidad
-¡QUÉ! ¡ZEL!- Regina no podía creerlo, no sabía aquello
-Ya probé de esa fruta, hermanita…No eres la primera…Pero prefiero a los hombres…- barrió el sitio con la mirada, Zelena quería soltarse la melena, olvidar que el marido no estaba cerca para darle la "asistencia" que la pelirroja tanto necesitaba.
-¿Por qué nunca me lo has contado?- la morena estaba indignada con el nuevo descubrimiento sobre la hermana
-¡Ah! ¡No sé! Probablemente me habrías juzgado…- se encogió de hombros al divisar a una mujer rubia bien vestida en una mesa del centro asistiendo al show mientras bebía de su copa.
Regina miró hacia la rubia, no podía ver bien, pues las luces y el humo entorpecían la visión. Cuando se acercó, identificó a la mujer, pero ya era tarde, Zelena estaba tirándole los tejos descaradamente. Regina se llevó la mano a la boca, asustada, pensó en ir a decirle a la hermana que aquella mujer era la comisaria responsable de la detención de Robin, pero se contuvo. En seguida, Mérida llegó con dos bebidas y le ofreció una a su jefa que aceptó dándole un sorbo inmediatamente.
La música estaba alta, y las bailarinas seguían su espectáculo cada vez de forma más osada. En el fondo, a la morena le estaba encantado aquello, la bebida hacía efecto y los movimientos no eran tan precisos, las mujeres reían sin parar. Zelena ya se encontraba besándose con Kathryn, Regina no conseguía creerse lo que estaba viendo, volvió a mirar a la mesa donde las mujeres reían y bebían cada vez más.
Tinker conversaba animada con Belle, las únicas heteros de aquel grupo hablaban sobre sus relaciones, Belle se desahogó contando que Graham no quería un compromiso serio, Tinker, por otro lado, dijo que Killian siempre comentaba sobre la boda, pero él quería abrir su propio negocio antes, amaba trabajar con la familia Swan, sin embargo, le gustaría crecer profesionalmente.
Mérida fue a conseguir más bebidas para Regina y Mulan, la morena percibió las miradas de la asistente hacia la pelirroja, la Mills era buena Cupido, incluso sin querer, como sucedió con Zelena y Robin; el hecho era que tenía que librarse de la atractiva pelirroja, y la mejor opción era que ella tuviera a otra persona. Se acordó de Lily y Ruby, aquel "quedaos", dio lugar a un bello compromiso entre ambas hacía casi dos años. Sonrió al recordar a las dos, pensó en Emma, ¿en dónde estaría ahora? Ahuyentó los pensamientos, era mejor no pensar en eso, puso en práctica su plan.
-¡Siéntate aquí, Mérida!- Regina llamó a la pelirroja para que se sentara al lado de Mulan, la oriental se sintió avergonzada con la cercanía de la pelirroja, pero agradecida a la morena al mismo tiempo, pues Regina se levantó y se dirigió a la pista de baile, dejando a las dos solas.
Emma bailaba sin parar al lado de Elsa, que había llegado esa tarde, pues quería formar parte de la despedida y de los últimos preparativos de la boda, sin contar que Swan necesitaba a alguien que la ayudara con el maquillaje y los ajustes finales del vestido.
Ruby y Lily estaban absortas en sus caricias detrás de las columnas del bar. Ariel sujetaba su copa sentada en el sofá, admiraba a las bailarinas con poca ropa, pero su mirada, sin querer, volvía a cierta delicada rubia, Elsa era poseedora de una belleza sublime, llevaba con ella la alegría en su mirada, pero para alguien como Ariel, que muchas veces se ganó el título de "entrometida", si se fijaba más profundamente, se percibía que ella cargaba el peso de la responsabilidad en su mirada, aún siendo joven, y aquello despertó una curiosidad en la entrometida pelirroja.
Elsa, desde muy pronto, tuvo que encargarse de las riquezas de la familia, Anna siempre había sido su mayor fuerza para continuar, el amor que tenía hacia su hermana la motivó para lidiar con las responsabilidades empresarias de la familia desde muy joven. Sus padres fallecieron en un grave accidente de coche cuando tenía apenas 16 años, Anna acababa de cumplir 13. Elsa siguió adelante con un pensamiento "Jamás te apartes de tu hermana, necesitáis enfrentar todo juntas, una con la otra, no importa lo que suceda". Esas fueron las últimas palabras de sus padres antes de marchar a un viaje sin retorno.
-¡Tenemos una novia hoy aquí, público!- una voz femenina resonó por los altavoces. En seguida, una de las bailarinas descendió del escenario, llevaba un vestido de cuero negro, muy ceñido, los pechos parecían querer saltar hacia fuera, era corto, dejando casi al descubierto el trasero, llevaba unas botas de caño alto, que le llegaban un poco por encima de las rodillas, la bailarina se soltó el pelo y se encaminó hacia la novia, que ahora tenía una pequeña tiara con un velo encima de su cabeza.
-¿Qué es esto?- Emma desorbitó los ojos en cuanto una fuerte luz la enfocó y la sexy bailarina, de cabellos negros, tiraba de ella hacia una silla en el centro del escenario.
-¡Emma Swan!- la bailarina presentó a la rubia a las mujeres que asistían el show, entusiasmadas y expectantes -¿Sabéis lo que hacemos con las futuras esposas?-las mujeres se agitaron y aplaudieron. De repente, las luces se apagaron y cuando volvieron a encenderse, la bailarina estaba sentada en el regazo de la rubia. Swan no perdió la oportunidad, agarró la cintura de la morena mientras ella se exhibía desabotonando la camisa de la rubia lentamente.
Bueno, chicas no sé cuándo podré seguir subiendo capítulos. La verdad son casi cuatro años traduciendo, y estoy un poco cansada, además veo que este fic no está cosechando tantos RW como creía. No lo dejaré, porque no es mi política dejar nada inacabado, pero no esperéis tanta asiduidad.
