Érase una vez…. 1ª parte (Ceremonia)

Regina se reajustaba el vestido al cuerpo. Conocía a su mujer, conocía su forma de ser, su cuerpo, pero no entendía por qué tantos nervios. ¡Emma no huiría! No huyó ni cuando había nacido el hijo de ambas. Era una estupidez que eso pasara por la cabeza de la morena.

Respiró hondo frente al espejo y se tocó delicadamente el collar con una corona que Emma le había regalado casi dos años atrás. Su corazón estaba disparado.

-¿Lista, Gina?- Tinker entró en el cuarto dando saltitos con el ahijado en brazos -¡Wow! ¡Estás…magnífica!- la rubia dejó a Henry en la alfombra y corrió a abrazar a su amiga.

Regina le devolvió un fuerte abrazo, estaba descargando sobre la amiga toda la ansiedad que guardaba en su pecho, sus ojos se humedecieron.

-¡Ei ei, ei! ¡Nada de lágrimas hoy! ¡Es tu día!- Tink agarró las dos manos de la amiga

-¡Está bien, está bien! ¡No voy a llorar! ¡Soy fuerte!- se pasó los dedos por los ojos, con cuidado para no borrar el maquillaje.

-Sí, lo eres…¡Nada de borrar mi obra!- la rubia se refería al maquillaje hecho por ella

-Yo…Pensé que este día jamás llegaría a mi vida…Pensé…que ya estaba vieja para esto…se desahogó, intentando no llorar

-Nunca es tarde para el amor, Gina…¡Tienes mucha suerte! ¡Te vas a casar con el amor de tu vida!- Tinker hablaba entusiasmada

Regina sonrió, a fin de cuentas, era verdad, Emma era su amor verdadero.

-¡Eh, eh! ¡Caballerete! ¡Nada de tocar eso!- Tink corrió tras Henry que se acercaba al enchufe

-¿Hijo? Pórtate bien, Henry…¡Que si no, la tita Tink no va a querer quedarse contigo!- se puso una mano en la cintura.

-Me quedo con él el tiempo que quieras, solo mira bien a quién le tiras el ramo ¡Killian tiene que pedirme ya en matrimonio! ¡Mírate! ¡Me has adelantado, no quiero ser la tía solterona!- Tink le hacía cosquillas al ahijado que reía sin parar. Él estaba lindo, con un trajecito gris con una delicada rosa en el pequeño bolsillo del chaleco, un verdadero príncipe.

-¡Tía ya lo eres!- se rió en la cara de la amiga

-¡Re-Gi-Na! ¡No te doy una mala respuesta porque hoy es tu día, pero ya verás!- rió con su mejor amiga y ahijado que jugaba en sus brazos

-¿Vamos hermanita? ¡Los Mills nunca se atrasan!- Zelena entró en el cuarto y miró a la hermana de los pies a la cabeza. -¡Eres insoportable, Regina! ¡Qué vestido maravilloso! ¡Tengo una pizca de envidia!- Zel pronunció irónica la última frase al recordar que su vestido era mucho más raro y el de Regina no era nada llamativo y sí muy elegante.

-¿Cómo estoy?- sonrió hacia la hermana abriendo los brazos

-Pareces una sirena…- rió bromista

-¿Eso es malo?- Regina se asustó ante el comentario de la hermana, ¿era algo bueno?

-No, tonta…- rió –Estás vestida como una reina…¡Solo dije eso por ese culo!- dijo dándole una nalgada a la hermana, que se rió masajeándose la zona -¡Dios! ¿Por qué no he heredado eso también?- fingió indignación meneando la cabeza. Se acercó a la hermana y le dio un apretado abrazo –Estás majestuosa…¡Papá estaría orgullosa de entregarte a aquella rubia descarada!- apretó a la hermana más en los brazos

-Papá…- se emocionó al recordar al padre, humedeciéndosele los ojos una vez más

-¡Nada de lágrimas!- Tinker y Zelena la reprendieron a la vez

-Está bien…Ya sé…ya sé…No voy a llorar… Es que…solo quisiera que él estuviera aquí…- soltó. Regina lo echaba mucho de menos.

-Estoy segura de que está feliz, esté donde esté…Ahora, ¿vamos?- Zelena sonrió genuinamente, en seguida agarró el brazo de la hermana y salieron de la habitación.


-¡Ay, mamá, no voy a poder andar nunca con estos tacones!- Emma se quejó, andaba de un lado a otro intentando caminar correctamente.

-Pues claro que lo vas a lograr, mi princesa…- Mary acarició el rostro de la hija

-¡Debería haber escogido un traje, mamá!- lloriqueó -¡Nunca he sido una princesa!- puso morritos

-¡Ya! Siempre preferiste jugar a los superhéroes y monstruos antes que jugar a castillos y princesas, aun así, cuando jugabas siempre te buscabas la manera para ser el príncipe…

David entró con Neal en los brazos, sonrió a la hija, sus ojos se humedecieron.

-¡Tengo que admitir que me sorprendió que no escogieras un traje!- rió –Pero tengo que concordar con tu madre…¡Estás tan hermosa como una princesa!- Sonrió emocionado

-¡Papá!- le sonrió al rubio -¿Por qué estoy nerviosa? ¿Debería estar así?- soltó un largo suspiro y se cubrió el rostro con las manos –¡Regina debe estar majestuosa y yo ni sé caminar este tramo!- se sentó en la cama para quitarse los zapatos

-Mary, querida, ¿puedo quedarme un minuto a solas con nuestra princesa?- pidió David pasándole a Neal que quería ir al suelo. Mary cogió al hijo y antes del salir del cuarto, besó al marido

-Ah, papá…- Emma suspiró una vez más. Estaba completamente nerviosa

-Calma…- se sentó al lado de la hija -¿Sabes? Cuando conocí a tu madre, sabía que estaba metido en un problema, nos casamos deprisa para que tú no aparecieras antes…- David rió al recordarlo, le tocó la nariz a la hija –Estaba tan nervioso. Nervioso porque me preocupaba por tu bienestar y el de tu madre…Pero sabía que estaba haciendo lo correcto, porque era la mujer de mi vida la que me estaba esperando. Y Regina estará allí con la sonrisa más hermosa que has visto en tu vida, una sonrisa destinada a ti y cuando te cruces con su mirada…Todo, todo a tu alrededor parará y ese nerviosismo desaparecerá, al igual que el viento, soplando, se lleva las hojas a otro lugar…Así que, no pienses…Siente…Hoy es tu día, disfrútalo- besó la cabeza de la hija –Te quiero, Emma…- se levantó para salir del cuarto

-¡Papá!- Emma lo llamó antes de que cruzara la puerta

-¿Sí?- se giró hacia la hija. Ella corrió hasta él y le dio un fuerte abrazo

-Gracias, pa…- susurró

-Perdóname por herirte tantas veces, por haberme resistido a tu elección por tanto tiempo. Quiero que sepas que estoy muy orgulloso de la mujer que te has convertido, hija…- le dio un beso en la cabeza

David nunca se había disculpado por todas las veces que se había resistido a la orientación sexual de la hija, no sabía cómo hablar sobre eso y ese momento le pareció el apropiado.

-Gra…gracias, papá…Yo…Yo también te quiero…- lo abrazó de nuevo con los ojos inundados por las lágrimas que insistían en caer, ¡cómo había soñado con escuchar aquellas palabras venidas del padre! Y saber que había conquistado su orgullo era todo lo que Emma había buscado durante años.

-¡Tío! ¡No tenías que hacer llorar a la novia!- Elsa entró en el cuarto de la prima con un estuche de cosméticos -¡Menos mal que no he acabado el maquillaje!- Elsa agarró el brazo de la novia –¡Siéntate aquí, prima! ¡Tengo que pasarte el lápiz!- David rió de la mueca que hizo la hija y salió de allí. Emma odiaba tener que ponerse lápiz de ojo, lo consideraba una incomodidad innecesaria.

-Aquella amiga tuya, quiero decir tu sub chef…Ariel se llama…- Elsa intentaba preguntarle algo mientras acababa de pintarle los labios a la prima -¿Va a estar en la boda?-preguntó tímida. Después de aquel beso en la despedida de soltera, no habían tenido más contacto, ni siquiera se habían dado los números de teléfono, y Elsa quería una oportunidad para conocer mejor a la pelirroja.

-¿Estás interesada en Ariel?- Emma soltó una carcajada, conocía muy bien a su prima. Elsa no era de salir con nadie, ni siquiera relaciones temporales, no era lo suyo. Se dedicaba con empeño a cuidar del patrimonio dejado por los padres, no tenía tiempo para relaciones amorosas, pero frente a la boda de su prima, al cambio sufrido por esta, ante el hecho de que su hermana pequeña estaba empezando una relación, se sentía sola y también quería a alguien para compartir su vida, a fin de cuentas, Anna no estaría con ella para siempre.

-Ehh…- pensaba qué responderle a la prima que esperaba una respuesta con una sonrisa traviesa

-¡No me lo puedo creer! ¡De verdad Emma lleva un vestido! ¡Gracias a todos los dioses!- Anna entró en el cuarto dando saltitos –¡Pensé que tío David se estaba burlando en mi casa!- agarró las dos manos de la prima y la hizo dar media vuelta -¡Prima! ¡Estás hermosa!- Anna hablaba entusiasmada

-Gra…- Emma no logró terminar, Anna la interrumpió pues había escuchado la última frase dicha por la prima

-¡No, no me lo agradezcas! ¿Quién es Ariel? ¿Hermana? ¿Has conocido a alguien? ¿Y no me lo ibas a contar? ¿Cómo es? ¿Desde cuándo estáis juntas? ¿Por qué no me contaste, bruja? ¡Quiero conocer a mi cuñada!- como de costumbre, Anna parloteaba. Elsa reviró los ojos

-¡No existe cuñada alguna, Anna! ¡Por Dios! ¿Nunca a vas a dejar de escuchar las conversaciones tras las puertas?- Elsa reprendió a la hermana, aquella costumbre le venía desde la infancia.

-¡No estaba tras la puerta! ¡Estaba abierta por si no te has dado cuenta!- colocó las dos manos en la cintura, quería una respuesta. Emma se reía de las dos, los años habían pasado, pero las hermanas aún tenían la inocencia de la infancia.

-¡No te interesa, Anna! ¿Dónde está tu novio? Debe estar sintiéndose perdido en esta familia- intentó librarse del tema, Elsa era tímida

-¡Hermanita, Kristoff está entusiasmado jugando con Neal y Svem!- Anna sonrió apasionada al recordar al novio. Sven era el perro del muchacho –Además, ¡realmente necesitas empezar a salir con alguien! No quiero que te quedes solterona. Porque Kristoff y yo nos casaremos en breve. Pero…dime…- se acercó a la hermana como si fuera a decirle un secreto -¿Cómo es ella? ¿Dónde os conocisteis? ¿Ya os habéis besado? ¿A qué se dedica? ¿Es bonita? ¿Emma es su amiga? Porque sí lo es…todo es más fácil, ¿no? ¡Ahnn! ¡Cuéntame, bah!- miraba a la hermana con esperanzas, tras el bombardeo de preguntas.

-¡Vamos Emma! ¡Estás atrasada! Killian acaba de llamar y dijo que Tinkerbell ya está con Regina, estarán de camino a la hacienda dentro de poco- Mary le metía prisas a la hija y a las sobrinas, librando a Elsa de un apuro. La rubia respiró aliviada, sin embargo Anna no se olvidaría y volverían al tema en breve.

-¡Ya voy, mamá!- Emma se pasó las manos por el vestido y se colocó la corona de flores en los cabellos -¡Lista!- dijo firme con una sonrisa brillante en el rostro -¿Cómo estoy?- preguntó a las primas

-¡Perfecta!- dijeron juntas y sonrieron.


La ceremonia sería al aire libre, nada como señalar aquel momento en el lugar donde todo comenzó, no existía salón, por más lujoso que fuera, en aquella ciudad que fuera más apropiado que la hacienda de los Swan.

Se llevaría a cabo por la tarde, casi poniéndose el sol, regado por los colores y aromas de la primavera. Habían escogido aquella estación a causa de Henry, el más joven de los Mills había nacido el primer día de aquella majestuosa estación, la más hermosa de todas. Henry vino al mundo en un hermoso día, la primavera parecía conmemorar la llegada del pequeño, así que decidieron que la primavera sería la estación adecuada, pues Henry formaba parte de la historia de ambas, los tres estaban ligados, un cordón triple los unía en un único sentimiento, el amor.

Las sillas y el arco rectangular fueron colocados cerca del inmenso jardín de los manzanos, el corto césped y el aroma a manzanas perfumaba el aire, el sol parecía sonreír a las hojas verdes de los árboles y una brisa fresca soplaba en el ambiente.

No había una alfombra de camino al altar, no era necesario, en lugar de eso, el césped fue cubierto por algunos pétalos de flores blancas, un pequeño escenario fue montado, solo de un escalón, solo para que los invitados pudieran ver mejor. Las flores eran blancas, había un arreglo de flores en cada silla, varios maceteros bajos, también con flores blancas, decoraban el sendero por donde las novias pasarían, había un toque rústico, pero delicado al mismo tiempo, la decoración era alegre.

Los invitados llegaban en grupos grandes, y como de costumbre, más de la mitad de aquellas personas eran invitados de Mary. La familia Mills no era grande, Henry, padre de Regina era el último heredero de aquella familia, la fortuna que poseía pertenecía a la hija más joven, su única hija legítima. Zelena fue criada con todo el amor del mundo por el millonario, pero Regina era la heredera y ahora lo sería el pequeño Henry Daniel quien continuaría el legado de la familia.


David conducía el escarabajo orgulloso. Emma, que estaba en el asiento del copiloto, quiso ir con su tan estimado coche, decía que le traía suerte.

Swan golpeaba sin parar los pies en el suelo del automóvil, estaba visiblemente nerviosa. Mary parloteaba sobre la decoración, la comida, la bebida, los invitados, amaba los grandes eventos y como era la boda de su princesa, eso la dejaba más entusiasmada. Mary siempre respetó la elección de la hija, pero íntimamente soñaba con verla casarse y estaba muy feliz por eso. Neal canturreaba animado una cancioncilla infantil. De repente, el escarabajo comenzó a dar brincos y se paró en mitad del camino.

-¡PAPÁ!- Emma desorbitó los ojos. Aquello no podía estar sucediendo, no el día de su boda.

-No será nada, hija, voy a ver…- intentó calmar a la hija, percibió su nerviosismo en su mirada

David abrió el capó y salía humo de él. El motor se había sobrecalentado.

-¡Lo sabía! ¡Debía haber traído mi chaqueta!- Emma lloriqueaba, su chaqueta le daba, de cierta forma, seguridad, además de su escarabajo, era su otro amuleto -¡Nunca me has dejado tirada!- salió del coche y le dio una patada, frustrada, a una rueda.

-¡Ema! Hija… Calma, ¡vas a mancharte el vestido!- Mary la reprendió desde la ventana del coche, la rubia caminaba de arriba abajo, preocupada.

-Regina ya debe estar allí…Joder…¡No puedo retrasarme el día de mi boda, mamá!- fue a ver el motor junto con su padre, nadie conocía aquel escarabajo como ella.

-Hija…Las novias se atrasan…¡Es absolutamente normal!- Mary intentó calmarla otra vez. David ya estaba metido en faena, tenía que esperar a que el motor se enfriara.

-¡No para mí! ¡Regina odia los atrasos!- abrió el maletero y cogió una caja de herramientas, estaba decidida a ayudar al padre.

-Emma, déjame eso a mí…- cogió la caja de manos de la hija y le hizo señas para que volverá a meterse en el coche. Ella resopló, pero hizo lo que el padre le había pedido –Llama a Regina y le avisas del atraso- David le dijo ya quitándose la parte de arriba del traje, quedándose solo con la camisa, no podía manchar el chaleco.

-¡Joder! ¿Dónde está mi móvil?- Emma buscó el aparato en la guantera del escarabajo, no estaba ahí -¡Mamá, necesito tu móvil!- Swan pidió, Mary lo buscó en el bolso y se lo dio. El problema es que no había cobertura -¿De qué sirve este trasto? ¡NADA!- tiró el móvil al asiento de atrás, impaciente.

Mary ni se había dado cuenta de la aflicción de la hija, estaba mirando con deseo los brazos del marido, él sudaba, y cada cierto tiempo se limpiaba el sudor con el brazo, Emma la miró, indignada.

-¡Mamá! ¡Ten modales! ¡Buajjj!- Swan hizo una mueca, la madre era la que tendría que calmarla de alguna manera, no estar mirando para el rubio que ya peinaba algunas canas.

-¡Buaj, buaj!- el pequeño Neal repitió imitando la mueca de la hermana. Encontraba aquello gracioso, por no entender nada todo era una fiesta para él.

-¡Eso mismo, chico!- despeinó los cabellos negros del hermano. Intentó distraerse, cogió al hermano y fueron a correr por el arcén, ambos jugaban, ora lanzaban piedrecitas en medio de los arbustos, ora jugaban escondiéndose tras de los árboles. Mary ya estaba con los pelos de punta, gritaba sin parar "¡cuidado, Emma!" "¡Vas acabar rompiendo el vestido!" "¡Neal se va a hacer daño!" "¡Parad!" De nada sirvió que la de más edad gritara sin parar, ellos continuaron ignorando a la madre por completo.

Ya habían pasado 20 minutos, Emma estaba cada vez más nerviosa y ansiosa, pero sobre todo preocupada con su novia, nada paciente, conocía a la morena. Estaban a un poco más de la mitad del camino. Pasaba un autobús cada hora, o sea, ni una segunda alternativa tenían, pues hacía media hora que había pasado uno.

-¡Voy a ayudar a papá! ¡Y no intentes impedírmelo!- Emma salió del coche, decidida, ya quitándose los tacones.

-¡No será necesario, mi princesa!- David se sacudió las manos y se secó el sudor del rostro -¡Tu padre ha resuelto el problema!- sonrió a la hija y le hizo una caricia al hijo que estaba agarrado a su pierna-¡Vamos muchacho!- cogió al hijo en brazos y agarró la mano de la hija –Tu hermana tiene a una cierta reina esperándola…- puso al hijo en la sillita.

-¡Furiosa! Se te ha olvidado mencionar eso…- soltó el aire de los pulmones. Todos rieron. En seguida el rubio tocó el hombro de la rubia, pasándole confianza y arrancó el coche.


Regina había llegado al sitio de la ceremonia y de la fiesta, fue a saludar a los invitados que allí estaban. Los pequeños jugaban corriendo cerca de las sillas, Roland cuidaba de la hermana y del primo bajo la mirada cautelosa de la abuela Cora, Henry corría por medio de las personas, el muchacho atraía las miradas de todos, casi no podía jugar con los otros niños porque siempre había alguien que lo quería coger en brazos, fue el caso de Ruby junto con Lily que comenzaron a mimar al pequeño, la Mills pasó rápido por ellas haciéndoles una seña que ambas devolvieron sonriendo alegres, la morena de mechas rojas susurró un "está buena" "Yo me la tiraba", recibiendo un golpe en el hombro por parte de Lily, fue inevitable no reír, después la morena divisó a August con la hija de Jefferson. Como había prometido, Regina no los había abandonado, fue a hablar con el escritor, le preguntó cuándo salía Jefferson de la prisión, si estaba bien, conversaron brevemente, el escritor respondió esperanzado que en tres meses, más o menos, estarían en familia. August le preguntó sobre la amiga, lo que hizo que a la Mills se le pasara algo por la mente, ya habían pasado varios minutos, le dijo que seguramente estaría en camino. Le recordó que Emma no era muy puntual, el escritor se echó a reír ante la observación, conocía a la amiga, con toda certeza se retrasaría.

La Mills saludó también a Ariel, Mérida y Mulan, que estaba con sus manos entrelazadas con las de la pelirroja. Regina sonrió maliciosa y al darse la vuelta chocó con Anna y un muchacho alto y rubio, "probablemente debe ser su novio, Kristoff a quien Emma mencionó", pensó. Anna le robó tiempo a la morena parloteando sobre la decoración, el fotógrafo, los músicos, los arreglos florales, la elección del escotado vestido, Regina ya estaba perdiendo la paciencia, no prestaba atención en las palabras de la prima de Emma, gracias a Dios Elsa se acercó para felicitar a la novia, salvando los oídos de Regina, que en seguida le preguntó qué hora era, se dio cuenta de que ya se había pasado la hora del comienzo de la ceremonia.

Caminó hacia la casa de los Swan para llamar a su atrasada novia, sin embargo, antes de atravesar el pequeño portón de madera que dividía el jardín de la casa, divisó a una mujer morena, a quién reconoció, Regina tenía buena memoria y aunque la hubiera visto solo una vez, recordaba aquellos bellos ojos azules. Se acercó

-¿Milah?- Regina arqueó la ceja sorprendida

-Hola Regina…No esperaba verte de nuevo…Estoy feliz en saber que te acuerdas de mi nombre…- la morena de ojos azules sonrió maliciosa

-Tú…¿Qué haces aquí? No recuerdo haberte invitado…- dijo irónicamente, con una sonrisa sarcástica en los labios

-Bueno…Tú y Emma…¿Emma es su nombre, verdad? Necesitáis un juez de paz…En este caso…jueza…- ella rió -¡Qué mundo tan pequeño! Casaré a la mujer más sexy que he visto en la vida…¡Y no he visto pocas! Es…una pena…Es más, aún estás más hermosa vestida de novia…Estoy verdaderamente curiosa por saber si tu novia es tan bella como tú…- dijo maliciosamente y percibió la mirada de reprobación de la morena, aun así, Regina respondió.

-La más bella que he tenido el placer de conocer…- suspiró con mirada apasionada

-Hummm…Y…¿Dónde está?- preguntó como si insinuara algo, a Mills no le gustó esa provocación –No es que me importe…¡Para nada! Todo lo contrario, con novia o sin novia, gano yo de momento, cuanto más tiempo pase aquí, mejor para mí…- sonrió sarcástica, uno de los mayores placeres de la jueza era provocar "inseguridades" en las novias, era su diversión particular en su trabajo. Adoraba asistir a la "novia histérica" y después narrar un hermoso discurso sobre la unión, amaba su trabajo –Mucho mejor…- guiñó a la morena que la ignoró dándole la espalda. Pero Regina no lo dejó pasar, se giró de nuevo mirando a los ojos azules con mirada asesina.

-¡De hecho, sí, mundo pequeño en que vivimos!- dijo dejando claro que no le había gustado nada la insinuación de la jueza.

-¡Que quede claro, Regina, si ella no aparece, me caso yo contigo!- dijo casi gritando, la morena ya estaba caminando a paso largo en dirección a la hermana

-¿Dónde está Emma?- preguntó Regina en cuanto llegó cerca de Zelena, su tono de voz salió más alto de lo que le gustaría. Miró a los lados buscando a alguien de la familia Swan, David o Mary. Nadie estaba ahí.

-No han llegado, hermanita…esa rubita…- señaló a Elsa que ahora estaba sentada mirando en dirección de cierta pelirroja, no tenía valor para saludar a las tres mujeres que parecían encantadas con la belleza del lugar -…dijo que Emma había salido un poco después que ellas…- informó

-¡Voy a buscar el móvil…ya vuelvo!- caminó rápidamente hacia la casa, cogió el aparato y comenzó a marcar, solo daba señal "Joder, Em" ¡Coge esta mierda!", miraba la pantalla frustrada. Volvió al jardín.

-¿Has conseguido hablar con ella?- Tinker se acercó con el novio al lado. Todos ya comentaban el atraso de la otra novia.

-No. No lo coge- dijo visiblemente irritada, la verdad era que estaba nerviosa. Aquello parecía algo tan tópico, tan tonto, pero Milah había conseguido poner a Regina de los nervios.

-¡Qué linda estás, hija…! – Cora finalmente fue a felicitar a la hija. Aunque la "felicitación" de Cora era prescindible. Regina miró indignada a la madre -¡Qué elección más maravillosa de vestido, mi reina!- agarró la mano de la hija haciéndole dar una vuelta para ver el vestido.

-¿Qué haces aquí, mamá?- Regina no lo podía creer, en ningún momento su madre comentó que iría, no tenía esperanzas, por más feliz que estuviera, fue inevitable no pensar que Cora podría simplemente haber aparecido para desdeñarla.

-Me mandaste la invitación, hija…- dijo cínica

-Pensé que entenderías que después de lo que hiciste contra mi familia- puso énfasis en la palabra familia –te la había retirado- Aquello no era realmente verdad, pero no iba a rendirse fácilmente ante las artimañas de la madre, la conocía muy bien, Cora era capaz de muchas cosas para conseguir lo que quería.

-¡Da igual! Estoy aquí…Pero…- fingió duda -¿Dónde está tu rubia petulante? Ya se pasa del tiempo…- dijo Cora irónica

-Yo…Es…- Regina no sabía qué decir, pero pensó rápido –¡No es de tu incumbencia, mamá!- volvió su atención al móvil ignorando a la madre por completo.

Pasaron algunos minutos y Regina estaba cada vez más impaciente, ya había contestado mal a los músicos que nada tenían que ver con aquella situación. Caminaba hundiendo los tacones en el césped, si pudiera hacer ruido, con certeza los zapatos resonarían provocando un estruendo.

Cora, que analizaba a la hija desde hacía algunos minutos, decidió intervenir, a fin de cuentas, tenía que hacer su papel de madre, pero sería a su manera. Caminó hasta la hija, quien le lanzó una mirada mortal, como si dijera "no te acerques", no tenía paciencia para escuchar otro "calma" "está llegando". Le dio la espalda a la madre, Cora tiró de su brazo.

-Pero, ¿qué te está pasando? ¿Has perdido el juicio? ¡Recomponte, Regina! ¡No te enseñé esas maneras! ¡Ten elegancia! ¡Todos te están mirando portándote como una histérica! ¡Cielos! ¡Eres una Mills! Ponte en tu sitio y espera que llegue la novia, todas las novias se atrasan, es tan tópico como vosotras dos- Cora reviró los ojos

-¡Cállate, mamá! No te he pedido tu opinión…Es más…¿A ti qué te importa? Si ella no aparece, será tu mayor triunfo, ¿no? ¿No es eso lo que quieres?- la acusó bruscamente

-¡Por Dios, Regina! ¡Mírate! Tan insegura, tan débil como un jarrón de porcelana- resopló -¡Ojalá tuviera esa suerte! ¡Pero tu rubia petulante no te abandonará! Infelizmente…- suspiró, Cora más que nadie sabía que Emma no desistiría, Swan le había afirmado eso tantas veces -¡Calma a tu hermana, Zelena!-ordenó –Antes que todas estas personas piensen que Regina está loca- se apartó de allí con caminar imponente, Cora odiaba llamar la atención.

-Gina…Mamá tiene razón…Los invitados están mirando…- dijo recelosa, conocía a la hermana que tenía. Pero ya era tarde, Regina le lanzó una mirada mortal

-¡MALDICIÓN! ¡PARAD! ¡PARAD DE DECIRME QUE ME CALME! ¡NO QUIERO CALMARME! ¡NO NECESITO ESTAR CALMADA! ¡SOY LA NOVIA! ¡LAS NOVIAS SE PONEN NERVIOSAS! ¡ES SUPER NATURAL!...- caminaba de un lado a otro meneando negativamente la cabeza, indignada, ¿cuál era el problema de todos? Regina no quería escuchar más aquello -¿DÓNDE SE HA METIDO EMMA? ¡NO COGE EL MALDITO TELÉFONO!- apretó el móvil entre los dedos

-¡Debe haber huido de ti! ¡Mira ese temperamento!- Killian reviró los ojos, bromista, había hablado bajo, pero Regina lo había escuchado

-¿QUIÉN TE PIENSAS QUE ERES?- miro al moreno con desprecio, claro que sabía quién era, pero quiso ser grosera.

-Gina…Está todo bien, Killian solo está bromeando…-miró al novio reprendiéndolo, él hizo una mueca y rió divertido. Estaba adorando aquella escena con la morena, se imaginó casándose con Tinker, ella no se pondría tan nerviosa.

-¡Broma de mal gusto! ¡Sal de aquí, impresentable!- ordenó. Killian levantó las manos en señal de rendición y salió riéndose -¿Cuál es el chiste? ¿Acaso estoy vestida de payaso en lugar de novia?- reviró los ojos

-¡Cielos, hermanita! ¡Para! ¡Hace años que no te veo así!- Zelena intentó, en vano, acercarse

-¡A otras con esa! ¡Parece que nunca has estado en mi lugar!- la pelirroja retrocedió, sabía que no podía calmar a la hermana, y si había alguien capaz de hacerlo además de Emma era Tinker. Zelena golpeó el hombro de la rubia y le lanzó una mirada como si dijera "solo tú sabes amansar a la reina malvada"

-Gina…- la madrina tocó el mentón de la amiga –La señal en el camino es mala, por eso no consigues hablar con ella…Y si de verdad es la señal, significa que está cerca. ¿Ok?- miró a la amiga con cariño. Regina suspiró.

"¿Estará de camino con aquel proyecto de abeja?", pensó. Pero la frase acabó saliendo demasiado alta y arrancó una carcajada de la rubia. Iba a decir algo, pero fue interrumpida por un muchachito gritando el nombre de la tía

-¡Tita Gina! ¡TITA GINA!- Roland corrió en dirección a la tía y la abrazó por la cintura, arrancando una sonrisa genuina de la novia ansiosa. En aquel momento se olvidó de los nervios, su sobrino formaba parte de las personas más amadas del mundo.

-Hola, mi príncipe…¿Qué ocurre?- se agachó para darle su atención al sobrino

-Lo vi…lo vi…¡Lo he visto!- dijo dando algunos saltitos entusiasmado

-¿Él quién, Roland?- preguntó casi impaciente

-¡El coche de tita Emma! ¡HA LLEGADO TITA! Puedes parar de gritar a Killian ahora…Él es mi amigo…- le dio una sonrisa traviesa. A Killian se le daba bien los niños y los dos se entendían.

Regina sintió su corazón dispararse al escuchar que Emma había llegado, sus ojos brillaron de emoción. Apretó aquellos hoyuelos lindos del sobrino y se puso de pie emocionada, pudo oír el ronco motor de aquella lata vieja, reviró los ojos sonriendo. Ni el día de su boda Emma dejaría ese escarabajo de lado.

Roland miró a la tía y agarró su mano conduciéndola al altar. En seguida los invitados se acomodaron en sus debidos asientos.

Regina sentía el estómago dando vueltas, notaba millares de mariposas ahí, su corazón latía dentro del pecho, podría jurar que cualquier de los presentes podría escuchar el estruendo que estaba haciendo. Respiró hondo como si inhalar le trajera calma, pero de nada sirvió, sintió el corazón vacilar, le faltó el aire en cuanto sus ojos se encontraron con un par de esmeraldas.

Se dio cuenta de que estos estaban unos tonos más claros, brillaban con un verde intenso. Sus manos sudaron cuando la música comenzó dando inicio a la entrada de Swan.

Juro que siempre estaré a tu lado

Te daré cualquier cosa y todas las cosas

Y siempre me preocuparé

En la debilidad y en la fuerza

Felicidad y tristeza, en lo mejor y en lo peor

Te amaré con cada latido de mi corazón

Nadie cantaba, lo que se escuchaba era el melodioso sonido de la guitarra y el saxofón de los músicos al lado del pequeño altar, una combinación perfecta para la música que ambas habían escogido.

Dos instrumentos distintos que juntos daban una combinación única, así como Emma y Regina, tan diferentes, pero al mismo tiempo dependientes y complementarias una de la otra. La canción resonaba en la mente de Mills, a pesar de solo escucharse los instrumentos, Regina sabía en qué parte encajar la letra de la música, la canción expresaba todo lo que a ella le gustaría decir.

A partir de este momento, la vida comenzó

A partir de este momento, tú eres el único

Bien, a tu lado es mi lugar

Desde este momento en adelante

Los ojos color almendra clavados en los verdes, el mundo pareció detenerse. Lo que David le había dicho a la hija era verdad, no había nadie más alrededor. Emma quería correr y aferrarse a la mujer amada. Regina estaba tan hermosa, su vestido estaba hecho de una fina tela, bordado en las mangas y ceñido a su cuerpo, marcando muy bien sus curvas. Un escote generoso dejaba parte de la piel expuesta hasta la altura del ombligo, el vestido hacía una curva bajo las rodillas, abriéndose un poco más, era del famoso tipo "sirena". A Emma le gustó la elección, imaginó que la espalda también tendría que estar bordada. Perfecta. Majestuosa, diría Emma, y era lo que pensaba, su reina aguardaba su llegada con una gran sonrisa en el rostro.

A partir de ese momento, he sido bendecida

Vio solamente por tu felicidad

Y por tu amor daría mi último suspiro

Desde este momento en adelante

-Papá…no me dejes caer…- susurró Emma al apartar los ojos de la novia. Agarraba el brazo del padre con firmeza.

-Estás yendo muy bien, princesa- dijo David con una sonrisa en los labios y acariciando la mano de la hija

-Siento como si fuera a desmayarme…- susurró Swan, sintió las piernas temblar, pero continuó caminando con una hermosa sonrisa en sus labios

-¡Si eso pasa, tus primos te van a estar dando la brasa el resto de la vida!- susurró en tono sarcástico

-E…ella…Yo…¿Me estoy casando?- ignoró el comentario del padre. Desvió la mirada un segundo para encararlo. Todo parecía tan surreal.

-Sí, hija…Lo estás haciendo- afirmó David sonriendo, la hija parecía desconcertada –Y no voy a dejar que huyas…Es más, si intentas huir, me caso yo con esa morena- bromeó. A Emma no le gustó nada, pisó adrede el pie del padre y le sonrió al fotógrafo disimulando. David apretó el brazo de la hija en señal de protesta.

¿Cómo era posible que se metieran el uno con el otro de camino al altar? Cuando se trataba del padre y de la hija, se podía esperar todo.

Te doy mi mano con todo mi corazón

Apenas puedo esperar pera vivir mi vida contigo, apenas puedo esperar para comenzar

Tú y yo nunca no separaremos

Mis sueños se volverán realidad por ti

Finalmente llegaron al altar y fue ahí que Regina consiguió reparar en la elección del vestido de su amada. Era sencillo, también de manga corta, bordado, un escote en "V" en la parte de delante, menos escandaloso que el de la morena. La espalda también tenía el diseño en "V" hasta la altura de la cintura donde había una fina cinta, que dividía la parte del busto de la vaporosa falda, el tejido era ligero, y el conjunto dejaba a la rubia mucho más hermosa. Regina amó la elección de esa pieza, sencilla y alegre. Sonrió cuando David le entregó la mano de la hija. Asintió al suegro y tomó la mano de su casi esposa, ambas temblaron con el toque.

-Llega atrasada, señorita Swan…- susurró en cuanto la novia se acercó. Emma le dio una larga sonrisa traviesa

-Estaba repensando en esta locura…- bromeó –Pensé en huir…- susurró de nuevo, girándose hacia la jueza Milah que sonrió hacia ambas.

Ella comenzó con el discurso acostumbrado, si estaban ahí por libre y espontanea voluntad, si nada las coartaba, si había alguien en contra, todo lo que un juez de paz pregunta.

A petición de las cuatro madrinas, antes de empezar la ceremonia, la jueza realizó un breve discurso romántico y anunció que podían hacer los votos. Sin embargo, había un pero, ninguna de las dos había pensado qué decir, ambas lanzaron una mirada perdida a Milah, que sonrió de forma cómplice a Zelena, Tinker, Ruby y Lily, que sonreían traviesas, las cuatro sabían que ellas no querían prolongar esa parte de la ceremonia, no necesitaban hacer votos públicos, ya les estaban demostrando a todos la unión de ambas, sus votos eran renovados cada mañana, con cada nuevo día.

Regina intentó decir algo, decir que no iban a hacerlo, quería decirle a Milah que no había sido contratada para eso, pero ya era tarde. Otra música comenzó a sonar y la jueza habló al micrófono para que se intercambiaran las alianzas.

Regina y Emma pensaban que quien iba a entregar las alianzas era Roland, pero lo que vieron les arrancó gruesas lágrimas a ambas madres. Henry caminaba tambaleante con una pequeña cesta, que contenía las alianzas, y Roland caminaba detrás con otra cesta un poco mayor, y tiraba pétalos hacia los lados.

Fue inevitable, todos los invitados se giraron para ver a los pequeños Mills. Henry sonreía tropezando sus piececitos, cada cierto momento paraba y miraba al primo como si pidiese permiso para continuar. Roland era un amor, guiaba a Henry y sonreía a todos, varios "ohnn" "qué lindo" "qué bonitos" se oyeron desde los asientos.

Regina se ahogaba en lágrimas, menos mal que el maquillaje era a prueba de agua. Se preguntaba cómo Henry había crecido tan rápido. Su muchachito parecía un mini hombre en aquel trajecito, ¿y Roland? Parecía un joven, que hubiera adoptado una gran responsabilidad.

Emma miró a Zelena y a Tinker, que sonreían traviesas en cuanto Roland ayudaba a Henry a subir el escalón. Ella sabía que aquello lo habían planeado las dos, lo pactado había sido que Roland llevara las alianzas, no Henry. Sin embargo, aquella mirada no era de reprensión, y sí una de agradecimiento. Había sido un lindo gesto, no podía quedar más perfecto. Emma estaba tan emocionada como Regina, pero sus lágrimas rápidamente cesaron.

-Gracias, hijo…- Regina sorbió al agacharse para coger las alianzas. El pequeño llevo su manita al rostro de la madre y secó sus lágrimas como si le dijera "no llores", y después corrió alzando los bracitos para que Emma lo cogiera en brazos.

-¡Chico! ¡Estás creciendo!- besó al hijo y lo puso de nuevo en el suelo, Roland guió al primo hacia Zelena.

-Podéis comenzar los votos- Milah dijo con mirada sugestiva mirando a Regina, alentándola a que comenzara ella.

-Bueno…yo…- la morena fue pillada desprevenida. Respiró hondo, no sabía por dónde comenzar, había tantas cosas que deseaba decir –Ehh…Me gustaría comenzar diciendo lo magnífico que es conocer a alguien con quien poder compartir el alma- miró hacia los profundos ojos verdes –Que nos acepte, así…sin querer cambiar nada- agarró una mano de la novia –Estuve un largo tiempo intentando superar en lo que me había convertido y contigo…siento que finalmente he conseguido cambiar…contigo a mi lado siento que nunca estaré sola- sonrió, su corazón latía rápido, decir aquello en voz alta delante de tanta gente era extraño.

Regina parecía esperar el pronunciamiento de la novia con ansias, no tenía nada más que decir. Emma se dio cuenta de que era su turno para decir algo. Se pasó una de las manos por el pelo, estaba nerviosa. ¿Cómo expresar algo que estuviera a la altura de lo que sentía? Aún más después de las bellas palabras de la amada, se sentía perdida. Entonces, decidió comenzar hablando de cómo veía a la imponente mujer que había cambiado su vida. Cogió aire y comenzó

-A pesar de que todos consideran a esta mujer fuerte e independiente, yo he conocido a una mujer de corazón puro y amable que siempre creyó en mí a pesar de mis inseguridades…- dijo de una única vez

La morena consideró gracioso la manera desesperada de hablar de su novia. Le lanzó una mirada cómplice a su casi esposa y volvió a hablar

-Yo creo en ti, Em- pasó la punta de los dedos por el blanco rostro de la novia –Y cuando se cree en alguien no es solo durante un minuto o un momento, es para toda la vida. Te dedico toda mi vida, toda mi historia, todo lo que soy- al contrario que la rubia, Regina dijo todo en calma, parecía menos nerviosa, agarró más firmemente la mano sudada de su compañera

-Ehh…Para ser digna de acompañar tu historia me comprometo a ayudarte a amar la vida, a abrazarla con ternura y tener la paciencia que el amor exige- Emma parecía más calmada, el toque firme en su mano le daba seguridad –Prometo hablar cuando las palabras sean necesarias y compartir el silencio cuando no lo sean…- dio media sonrisa y volvió a hablar –Prometo estar en desacuerdo y de acuerdo con tus paranoias en relación a nuestro hijo- en ese momento los invitados rieron, todos sabían de los ataques de la morena, Regina reviró los ojos indignada con aquello, pero continuó mirando las esmeraldas –Y vivir en el calor de tu corazón- Emma apoyó la mano en el pecho de la morena, Regina reposó la suya sobre la de la rubia.

-Yo prometo llamar hogar el espacio que hay entre tus fuertes brazos y besarte todos los días por la mañana. Prometo hacerte feliz y quererte feliz incluso lejos de mí- hizo una mueca al darse cuenta de lo que había acabado de prometer. Continuó –Te prometo mi amor eterno- Regina prácticamente recito esas palabras, como si hubiera ensayado todo ese discurso.

-¿Sabes? Cuando te conocí, tuve la certeza de que tenía que ir tras lo que deseaba- sonrió al recordar a la arrogante mujer que había conocido y aun así, corrió tras ella –Dejé mis miedos y me enfrenté a mi interior solo para estar contigo- ella se refería a haber escogido una familia, tuvo miedo, se había sentido tan insegura con todo aquello, un hijo, una familia, una vida hogareña, nada de aquello estaba en sus planes –Superé algunos obstáculos y hasta mis límites, y mi amor solo aumentó cada día más- sus ojos lagrimearon, nunca se imaginó haciendo tal declaración, mucho menos de forma pública. Prosiguió tras tomar una bocanada de aire –Te amé cuando sonreíste, te amé cuando lloraste, te amé cuando me enseñaste lo maravilloso que podía ser vivir en familia, te amé al hundirme en la inmensidad de tu mirada- sus miradas estaban clavadas la una en la otra, un imán mantenía fijos esos iris humedecidos.

Regina secó las lágrimas que insistían en resbalar a causa de aquellas palabras, se estaba odiando por ser tan emotiva. Sonrió emocionada, pero necesitaba recomponerse una vez más y volvió a hablar.

-Yo me comprometo a amarte seriamente en todas tus facetas- le tocó el rostro con las dos manos –Ahora y siempre. Prometo que nunca voy a olvidar que nuestro amor es un amor para toda la vida y siempre sabré en el fondo de mi alma que no importa cuántos desafíos puedan querer separarnos, siempre encontraremos el camino de vuelta la una hacia la otra, siempre tendremos nuestro amor para refugiarnos, siempre tendremos la paz de una mirada…- miraba las esmeraldas con profundidad, cariño, pasión y amor. Por encima de todo, amor.

En seguida pegaron sus cabezas sus respiraciones estaban desacompasadas, sus alientos se mezclaban, se iban a besar, pero aquel no era el momento.

-Podéis daros las alianzas…- la jueza interrumpió, las novias, que parecían despertar del transe, estaban en otro planeta, un mundo creado por ellas, el mundo Swan Mills. Sonrieron avergonzadas, habían perdido la cabeza. ¿De verdad se iban a besar antes de serles concedido el permiso? ¡Parecía que sí!

"Sí, quiero" "Sí, quiero". Ambas pronunciaron mientras intercambiaban las alianzas con rapidez, parecían dos adolescentes desesperadas, querían besarse ya.

Muchos de los invitados aún lloraban emocionados con las bellas palabras intercambiadas por las dos, en especial Tinker y Mary, ambas lloraban sin parar, David carraspeó algunas veces disimulando la emoción, pero una cierta señora, en el momento del intercambio de alianzas, se levantó y salió rápidamente.

Cora caminó en dirección a la plantación de uvas que había en las cercanías y lloró silenciosa, no se permitiría demostrar cualquier sentimiento. La verdad era que, de hecho, estaba emocionada con los votos intercambiados por las dos, aquello era amor, podía afirmarlo solo por la forma en la que se miraban, pero las palabras…¡Las palabras tiene poder!

Pocos minutos después, las madrinas, y en este caso, las testigos, Ruby y Lily firmaron y luego fue el turno de Tinkerbell y Zelena. Regina firmó los documentos con su caligrafía perfecta, en seguida Emma hizo lo mismo, temblaba sobre el papel.

-¡Os declaro casadas!- anunció Milah –Ahora sí podéis besaros…- la jueza sonrió cómplice. Las novias sonrieron traviesas, como si fueran a planear algo o hacer algo prohibido.

No fue necesario decirlo dos veces. Emma se mordió el labio inferior de forma traviesa mirando a la morena a los ojos, agarró la nuca de la esposa que se humedeció los labios con la lengua y le dio un beso de quitar el aliento. De aquellos cinematográficos, lento, cargado de amor y deseo. Un beso diferente a los otros, no porque tuviera un gusto diferente o forma diferente, todo lo contrario, se conocían muy bien, sus labios buscaban caminos hacia un nuevo rumbo, una nueva vía, una nueva vida, un recomienzo, un Érase una vez…