Érase una vez…..Segunda parte. Fiesta

Las novias Swan Mills aún se besaban como si no hubiera un mañana. Los aplausos y silbidos estallaron.

Ellas pararon el lento beso en cuanto el aire se hizo necesario, en realidad, se habían olvidado de que necesitaban respirar, sonrieron la una a la otra con mirada apasionada. En seguida, Regina cogió al hijo en brazos y lo besó repetidas veces, él sonreía ante aquella agitación. Emma se juntó a la esposa e hijo en un abrazo acogedor, besó la cabeza de la morena e hizo lo mismo con Henry.

-Tenemos la familia más hermosa del mundo…- susurró envolviendo a los dos en el abrazo

Regina sonrió convencida con aquel comentario, iba a decir algo, pero fue interrumpida por los labios de la esposa. No tuvo tiempo de hablar, cerró los ojos dejándose llevar por el beso que tanto le agradaba.

-¡Ok! ¡Ya basta vosotras dos! Mi cuota de veces de veros intercambiando saliva acabó en el "puedes besar a la novia"- David se acercaba bromista.

-Creo que podéis esperar a la luna de miel…- recordó Mary –el mundo no irá a acabar hoy, hijas…- besó la cabeza a la nuera –Estás majestuosa, Regina…- elogió el vestido, no había podido hacerlo debido al retraso.

-Gra…gracias…- respondió tímidamente la morena

-¡Cuida de mi princesa!- abrazó a la nuera fuertemente. Mary era intensa

-¡Será tratada como tal! ¡Lo prometo!- Regina buscó aire en el sofocante abrazo donde Mary ya lloraba.

-¡Hermanita! Pero, ¿qué beso fue ese, eh?- llegó Zelena quien agarró a la hermana y haciendo que Mary la soltase. Regina no sobreviviría a todos aquellos apretones.

-Zel…Me aprietas…- dijo

-Disculpa, Gina…¡Es que ha sido todo tan cautivador! ¡Qué lindos votos! ¿Y tú, rubia entrometida?- se giró para mirar a la cuñada que parpadeó mientras era sofocada en el abrazo de la madre -¡Si besas la boca de mi hermana de esa manera, no quiero imaginar el resto!- rió ante las palabras de doble sentido

-Felicidades, Regina…- Milah felicitó a la morena –Por cierto, tu mujer es muy bella, pero no tanto como tú…- besó la mano de la morena

-Gracias…Por cierto…un bello discurso- agradeció formalmente –Quédate a la fiesta…- la invitó –Si no tienes otra ceremonia que realizar, claro…- añadió al ver la sonrisa tímida de la jueza.

-Bueno…En realidad no, me quedo si me concedes un baile…- pidió maliciosa

-No sé bailar, señorita Milah…- brotó una sonrisa sarcástica en los labios de la recién casada

-No fue eso lo que me pareció dos noches atrás…- recordó el baile caliente que tuvieron en la despedida de soltera

-Está bien…- sonrió

-¿Viste, hermanita?...Esta morena hizo un hermoso discurso- Zel se entrometió en la conversación.

Emma cogió a Henry y se lo presentó a los primos a los que veía con menos frecuencia. Todos encantados con el hijo de la rubia.

-Si te digo que se parece a ti, ¿vas a pensar que estoy mintiendo, prima?- comentó uno de los primos de la rubia

-¡Sonríe de forma traviesa como tú!- dijo otro pariente. Emma adoró aquello, que reconocieran expresiones faciales entre ella y el hijo era un regalo.

-Un hermoso discurso, sí, Zelena…- Regina continuó la conversación

-¿Hermanas? ¿En serio?- Milah pareció sorprendida

-¡Sí…hermanas! ¿Por qué el asombro?- indagó Zelena

-Bueno…Es que…Regina es bellísima, pero tú posees una belleza poco común, Zelena…- dijo el nombre de la rubia de forma sensual –Con toda certeza, la familia Mills tiene las mujeres más bellas que he tenido el placer de conocer- observó a Zelena de la cabeza a los pies de manera maliciosa. A Zelena no le pasó desapercibida la mirada de deseo sobre ella.

-¿Qué te parece conocer el sitio en mi compañía?- invitó a la morena extendiendo la mano

¿Zelena era depredadora? ¡Parecía que sí! Regina la miró indignada, tenía que hablar con su hermana sobre ese lado lésbico que ciertamente desconocía.

-Llévala a la plantación de uvas y a los establos…- Regina y su lado celestinesco dando "ideas" –Habrá algunos trabajadores por allí, podrán enseñaros los caballos y probad los vinos de la bodega…

-¡He escuchado decir que los vinos Swan's son los mejores!- comentó la jueza

-¡Con toda certeza, Milah!- Regina sonrió maliciosa a las dos -¡No entréis en el depósito de vinos!- dijo aquello a propósito, si conocía bien a Zelena, iría allí solo por el hecho de que le hubieran dicho de no hacerlo. Un lugar perfecto y apartado para estar a solas.


La fiesta prosiguió animada, varios invitados bailando al ritmo marcado por el DJ, otro comían, algunos paseaban por la amplia hacienda. Los niños corrían por mitad del césped, reían y jugaban sin parar. Henry parecía una hormiguita al lado de los otros niños, Neal y Dorothy que eran los mayores, jugaban juntos, y siempre había alguien cuidando de los tres.

Cora desapareció durante un largo tiempo, volvió a la fiesta yendo en dirección a las bebidas, quería felicitar a la hija, pero no tenía valor. ¿Era débil? Quizás.

En otra mesa apartada, una cierta joven parloteaba asustando a otra joven pelirroja.

-¡Hola mi nombre es Anna! ¡Quiero decir, soy Anna, la hermana de Elsa!- Ariel miró a la muchacha con asombro, estaba distraída observando a cierta rubia tímida –¡Sí, aquella a la que no dejas de mirar! Por la que incluso ahora estás babeando. Y mira…¡Ella tampoco deja de mirarte a ti! ¡Muévete, muchacha!- a esas alturas, Ariel no estaba entendiendo nada. ¿Y Elsa? Estaba roja como un tomate de tanta vergüenza al otro lado de la mesa. Tenía ganas de estrangular a la hermana.

-Errr…- Ariel no sabía cómo actuar

-¡Vamos! ¿A qué estás esperando? Ella está interesada en ti…Se lo escuché decir…- susurró empujando ligeramente a la pelirroja -¡Ve!- y la sub chef caminó torpemente hasta Elsa

-¡Menos mal que Ariel ha movido ficha! ¡No parece mi prima! ¡Tonta!- Mérida reviraba los ojos

-¿Cómo es eso? ¡Tonta eres tú, pelirroja!- Mulan le dio un beso, Mérida necesitaba acostumbrarse a aquello, su asistente era fogosa

-V…ve con calma…Por favor…o…- pidió jadeante

-¿O…?- dejó en suspenso la oriental

-¡Me las apañaré para follarte aquí mismo!- le avisó. Después de haber escuchado a Regina en la empresa, se habían ido al apartamento de la pelirroja y desde entonces no habían parado.

-Eso no es problema, pelirroja…- le mordió el labio inferior arrancando un quedo gemido de la jefa –Hay mucho verde por aquí…una plantación de uvas enorme…- agarró a la pelirroja por la cintura de forma provocativa.

-¿Qué estás pensando exactamente…?- entrecerró los ojos fingiendo no saber de lo que hablaba

-Intenta imaginar…- cogió a la jefa de la mano y desaparecieron por medio de la plantación.


Tras una larga sesión de fotos, las novias fueron felicitadas por todos los invitados a lo largo de la fiesta. David y Mary ya bailaban sobre el gran escenario de ladrillo que había sido montado entre los árboles. Tinker, después de felicitar a la amiga y llorar un mar de lágrimas decidió ir a bailar con Killian. ¡Ah! Tinker amenazó a la rubia, le dijo a Emma que cuidara muy bien de su mejor amiga, pues si le hacía daño, ella misma acabaría con la petulancia de Swan. Emma se echó a reír ante la amenaza de la bajita, pero renovó la promesa hecha durante los votos.

-¡Prometo amar a esta morena, Tinker! ¡Puedes confiar en ello!- dijo besando la mejilla de la esposa

-¡Así lo espero, rubia del escarabajo!- Tinker cruzó los brazos y puso cara de seriedad. En seguida, las tres rieron a carcajadas.

Lily y Ruby abrazaron con afecto a las novias, pero para no perder la costumbre, hicieron chistes, incluso recordaron cierto cumpleaños de una rubia. Aquel en que las dos habían hecho escandalosamente el amor después del fin de "huelga" por parte de Regina cuando aún estaba embarazada. Mills desorbitó los ojos, recordaba aquella noche con claridad, fue la noche del "Quedaos" a partir del cual Ruby y Lily ya no se despegaron.

-¿Co…co…cómo?- Regina tartamudeó

-Relaja amor…¡Eso es envidia! Están locas por saber cómo es entre nosotras…- Emma intentó calmar a la esposa que ahora estaba colorada de vergüenza

Pero, ¿será posible que ya todos las hubieran escuchado?

-¡Qué es eso! ¡Lo imaginamos, rubia!- Lily intentó aguantarse la risa -¡SEIS orgasmos! ¡No es para cualquiera!- decía lasciva

-Es más…esperamos que uséis con moderación nuestro regalo…- dijo Ruby maliciosa. El regalo de ellas no era nada discreto, es más era algo de lo que la pareja nunca había conversado.

-¿Qué será?- preguntó la morena con recelo. Un regalo de parte de Ruby y Lily podría ser considerado una bomba. No eran discretas, y tampoco tenían pudor cuando se trataba de sexo.

-¡Un regalo es un regalo! ¡Tendrás que ir a verlo! ¡No nos gastamos el dinero en empaquetarlo por nada!- las madrinas se echaron a reír -¡Contadnos después de usarlo! ¡Ah! ¡Vamos a exigir compensación!- salieron riéndose, dejando a Emma y Regina con cara de "¿Qué ha sido eso?"

-¿Cómo es que conseguí unas amigas tan retrasadas?- comentó Emma agarrando a la esposa por la cintura

-¡TE HE ESCUCHADO RUBIA!- gritó Lily desde la pista de baile. Imposible no reír, las novias lo hicieron juntas.

De repente cierto muchachito sonriente se agarró a las piernas de las madres tirando de ambos vestidos, pedía atención.

-Mi amor…- Regina cogió al hijo en brazos -¿Es la hora del baile? ¿Mi príncipe quiere sacar a las madres a bailar?- sonrió al hijo que dijo sí con la cabeza, aquello era un sí –Qué así sea, pequeño príncipe…- le dio varios besos en su pequeño rostro.

-¡Ok! ¡El muchacho manda!- dijo Emma alegre guiándolos para el primer baile

El día estaba claro, la temperatura era amena, el sol amenazaba con ponerse, pero sus rayos aún atravesaban las nubes iluminando el lugar entre las hojas de los árboles.

No habían escogido una canción exacta para el primer baile, no lo habían planeado, fue un acto espontáneo.

Regina apretó al hijo entre sus brazos y caminó hasta un sitio vacío entre otras personas que ya disfrutaban de la música. En seguida, la madre rubia envolvió a su esposa en sus brazos. Henry en medio con las manitas abiertas en el rostro de la madre morena. Acabó una canción y comenzó otra un poco más animada. El pequeño Mills se agitó en los brazos de su mamá morena, movía los bracitos de forma animada, el muchacho de hecho estaba bailando. Emma sonreía, estaba muy feliz, compartir aquel momento con su familia era perfecto, nada podría estropear aquel instante, aquel sentimiento, el amor que sentía desbordaba, y en un determinado momento, Swan dejó resbalar unas lágrimas, era felicidad. Regina se dio cuenta, acarició el rostro de la esposa y Henry tocó la mejilla de la madre rubia.

-Os amo mucho…- Emma apretó los labios en la cabeza de la morena. La vida no podía ser más perfecta, los tres allí abrazados eran una roca, firmes y sólidos, los tres estaban completos.

-¡A..abu!- Henry se agitó abriendo los brazos hacia cierta señora que estaba de pie admirando a aquella familia. Sí, familia, pensó la matriarca Mills -¡Abu!- él llamó de nuevo y Cora desorbitó los ojos emocionada. Henry había pronunciado su primera palabra.

-¿Amor? ¡Hijo!- Regina se emocionó con aquello -¡Ha hablado, Emma! ¡Ha hablado!

-¡Abu!- el pequeño gritó esta vez, arrancando una gran sonrisa emocionada a la madre rubia. Emma no podía ni pronunciar una palabra.

-Está bien, príncipe…mamá ha entendido que quieres ir con tu abuela…- Regina entrelazó los dedos en los de Emma mientras agarraba a Henry en el otro brazo y caminaron en dirección a la madre que estaba paralizada, estática, sus ojos estaban llorosos, no sabía si iba a poder aguantar aquello. Demasiado tarde, cuando Regina llegó lo suficientemente cerca de la madre, Henry se tiró a los brazos de la abuela que lloró sin poder contener las lágrimas. El pequeño rodeó con sus bracitos el cuello de Cora y apretó su boca en el rostro de la abuela como si le diera un beso, aquel abrazo fue tan agradable y verdadero que Cora se vio desarmada, las lágrimas resbalaban por el rostro de la mujer que ahora sentía el corazón henchirse, sentía el amor.

Una única lágrima resbaló de los ojos almendra, estaba emocionada, por más herida que estuviera con la madre, quizás ya no tanto a esas alturas, conseguía ver el amor que la madre le tenía a su nieto y era recíproco, el muchacho amaba a su abuela.

Emma sonrió ante aquella escena, agarró la mano de la esposa y le dio un breve beso.

-Deja que nuestro hijo disfrute de su abuela…Parece que ambos se han echado de menos…- Regina sonreía abobada con la escena, parecía todo tan surreal. Sonrió a la esposa y fueron a comer algo. Henry estaba en buenas manos.


A aquellas alturas de la fiesta, todos habían comido, bebido, sacado innumerables fotos, algunos charlaban y otro paseaban por la gran hacienda.

Regina divisó a Belle con Graham, intercambiaron algunas palabras. La asistente no era amiga íntima de la presidenta, pero aún así, Mills quiso invitarla. Emma bailaba con algunos primos y conversaba animada, después improvisaron una mesa de póquer y se pusieron a jugar. Mills se indignó con aquello, su esposa era de verdad una niña. ¡Solo le faltó ponerse a jugar al futbol vestida de novia!

-¿Puedo saber quién trajo una baraja de cartas a la boda?- Regina tocó el hombro de la esposa arqueando una ceja como si la reprendiese, pero estaba bromeando.

-August…- Emma cogía una carta

-Hummm…- se encogió de hombros -¿Me acompañas al baño?- susurró Regina la oído de la esposa

-Claro, amor…- Emma sonrió victoriosa y le dio vuelta a las cartas dejándolas sobre la mesa -¡Con permiso! – pidió de manera sarcástica, Swan era buena haciendo faroles. Los primos y August resoplaron y comenzaron otra partida.

La pareja caminó hacia las escaleras de manos dadas.

-Emma, ayúdame con esto…- pidió la morena al bajarse la cremallera del vestido en cuando llegaron al cuarto

-¡Quién te mano escoger un vestido de estos!- Emma reviró los ojos divertida

-¿Me vas a decir que no te ha gustado?- preguntó maliciosa ya entrando en el baño

-¡Me ha encantado! Pero, ciertamente, voy a preferir quitártelo- gritó desde el cuarto mientras miraba algunos de los regalos encima de la cama, pero por supuesto buscaba el paquete con el nombre de Ruby y Lily, había deducido lo que podría ser, a fin de cuentas, conocía muy bien a esas dos.

-¿Solo piensas en eso?- Regina salió del baño y entró en el vestidor para buscar un pintalabios para retocarse

-¿Cómo no pensar? ¡Te has mirado en el espejo! ¡Si pudieras ver lo que yo veo, no pensarías en otra cosa!- Swan encontró el paquete y muchos otros parecidos.

-¡Eres una pervertida, Emma!- rió mientras se retiraba el exceso de pintura.

-¿Yo? ¡Pervertidos mis parientes! ¡Ven a ver!- Emma llamó a la esposa para que viera algunos de los regalos. La morena no podía creer lo que veía. ¡Aquello era absurdo!

-¿Qué problema tiene estas personas?- Regina reviró los ojos aún sin creerse en la cantidad de dildos que les habían regalado.

-Bueno…Supongo que piensan que nos falta algo en nuestra relación- dijo Emma agarrando el "juguete" color violeta -¡Mira! ¡Este tiene luces! ¡Y vibra!- sonrió entusiasmada

-¿No estarás pensando en usar esas cosas, no?- Regina hizo una mueca

-¿Por qué no? ¡Estimula la relación!- dijo Emma divertida

-¡Estás loca!- la morena le golpeó el hombro

-¡Loca por ti! ¡Mi esposa!- besó aquellos labios románticamente

-¿Ya los has usado antes?- preguntó Regina en cuanto el beso cesó

-Algunas veces…- dijo tímida, nunca habían hablado sobre eso. Mills tenía una expresión entre la duda y la curiosidad.

-¿Con quién si puede saberse?- apoyó una mano en la cadera, y arqueó una ceja

-Humm, creo que no te va a gustar saberlo…- Emma se mordió el labio inferior, no quería hablar

-¿Quién, Emma?- la morena exigió una respuesta

-Ruby…Lily…y algunas de las que no recuerdo el nombre…- Regina hizo una mueca

-¿Lo usaron en ti?- no sabía si quería saber la respuesta, pero aún así hizo la pregunta

-¡NO! Quiero decir…Yo…Yo era la que lo usaba en ellas…- Swan se puso nerviosa y hasta vergonzosa por algunos instantes, Regina estaba sorprendida con aquello.

-¿Nunca te has acostado con un hombre y nunca has usado nada parecido a un pene? ¿Solo conoces dedos y lengua?- indagó más para ella que para la propia esposa

-Err…- Emma no sabía cómo responder aquello, era algo de la vida sexual de la rubia

-¿Aún estáis vestidas?- Anna abrió la puerta lentamente fingiendo no espiar

-¡Pues claro que estamos vestidas! ¡Estamos en mitad de la fiesta!- Regina casi gritó, no tenía paciencia con Anna.

-Yo qué sé, vete a saber…He escuchado por ahí que sois algo desesperadas- dijo Anna tras haber escuchado algunas conversaciones con Ruby y Lily, y también entre Mulan y Mérida.

-¿Qué quieres Anna? ¡Hay un baño abajo!- le dijo Emma, quería tiempo a solas con su esposa

-¡Eh! ¡Calma, rubia! Vine a entregar esto…- Anna extendió un sobre blanco a Regina

-¿De quién?- preguntó Mills

-Creo que de tu madre, dijo algo como: "entrega esto, muchacha, dile a mi hija que es mi regalo"- Anna intentó imitar la voz de la mujer

-¡Increíble!- Regina resopló –Mi madre ni tiene la decencia de entregármelo en persona…- cogió el sobre y abrió el cajón del escritorio

-¿No lo vas a abrir?- preguntó Emma curiosa, parecía una niña pequeña cuando el tema era regalos

-¿Para qué? Deben ser algunos dólares…o un cheque con una cuantía absurda- cerró el cajón –Mi madre no sabe hacer regalos…Como si yo necesitara su dinero…- reviró los ojos

-Tu madre se ha mostrado menos agresiva con nosotras…- recordó la esposa tocando su rostro de forma cariñosa

-¿De qué sirve si no es de corazón?- suspiró pesarosa, quería creer que su madre cambiaría

-No lo sabes…Me gusta pensar que todos tenemos una segunda oportunidad…Mírala con Henry…son bellos…- Swan habló esperanzada, había heredado eso de sus padres. En seguida le robó un piquito a la otra, quería transmitirle confianza.

-¡Qué lindo esto…! ¡Sois tan…Own!- Anna suspiró ante la escena

-¡Sal Anna! ¿Por qué sigues aquí?- Emma se dio cuenta de que la prima aún estaba presente

-¡Ay, perdón prima! Es solo que…¡Sois tan lindas juntas!- Emma y Regina le lanzaron una mirada de "vete ya" –Bah, ya me voy…¡Me he ido! ¡ESTOY BAJANDO LAS ESCALERAS!- gritó traviesa

-¡Tu familia está loca!- Regina constató lo obvio

-¡Sea bienvenida, sra. Swan! ¡Ahora también formas parte de esta locura!- rió


Cierta jueza gemía con constancia sobre los dedos finos de la pelirroja que masajeaba con fruición su intimidad empapada.

-¡Oh, Zel…Ohhhh! ¡Ze-le-naaaa!- Milah llegó al clímax apoyada en la pared del viejo depósito de vinos. Respiraba alto, intentaba recomponerse, no imaginó que la Mills podría proporcionarle un orgasmo de aquellos esa tarde, sobre todo después de celebrar una boda.

-¿Te gustó, jueza?- Zelena agarraba la nuca de la morena de ojos azules y la besó violentamente. Pararon cuando el aire se hizo necesario.

-¡Me ha encantado, Mills! ¡Voy a querer repetir!- cambió las posiciones y metió el muslo entre las piernas de la pelirroja que gimió entrecortadamente.

-¡Acaba conmigo, jueza!- entrelazó las piernas en la cintura de la morena

-¡Para ti, soy solo Milah!- y volvieron con las eróticas sesiones, poco tiempo después Zelena gritaba el nombre de la morena escandalosamente.

Se estiraron las ropas rápidamente, se habían dado cuenta de que ya habían pasado horas desde que se habían marchado a "conocer" la plantación de uvas.

Volviendo al sitio de la fiesta, la pelirroja buscó algo para comer, había gastado muchas energías en ciertas actividades pesadas. Divisó a la madre que estaba bebiendo más de la cuenta, la miró con desprecio, la de más edad se dio cuenta y se acercó a su hija mayor.

-¿Qué sucede, hija mía?- preguntó Cora a Zelena algo alterada debido al exceso de alcohol.

La matriarca ya se había dado cuenta de que su hija mayor estaba distante con ella desde hacía algún tiempo, desde el cumpleaños de Henry para ser exactos. La vieja Mills estaba incómoda con aquella frialdad por parte de sus hijas. Ellas, que siempre habían estado apegadas a ella, siempre queriendo afecto, ya no buscaban los brazos de la madre. Cora siempre lo había evitado por no saber lidiar bien con esos sentimientos, pero ahora lo echaba de menos, y ¡cómo lo sentía!

-¿De verdad, mamá? ¿En serio? ¡Porque creo que sabes muy bien lo que está pasando!- dijo Zelena revirando los ojos y cruzándose de brazos

-¿Cómo Zelena? No sé de lo que hablas…- realmente no le venía nada a la mente a la matriarca de la familia Mills

-¡Robin, mamá! ¡Mi marido! ¡Está preso! Y adivina…- dijo irónica -¡Solo hay una culpable de todo eso! ¡Tú! Que intentaste perjudicar a Emma, y acabaste haciéndole daño a mi hermana…y como consecuencia Robin fue encarcelado. ¡Todo por tu soberbia, mamá! Pero, ¿quiere saber? Nada funcionó…Robin saldrá dentro de un año…Y Regina está casada con Emma…Y van a conseguir la custodia compartida de Henry…¿Sabes por qué? ¡Porque tienen amor, mamá! ¡Al contrario que tú que parece que no tienes corazón!- Zelena soltó todo de una vez en un tono bastante elevado, dejando a Cora sin reacción.

Apenas sabía ella lo arrepentida que estaba Cora, aún más ahora, Henry había logrado acabar con las murallas de la mujer, había conseguido ese hecho incluso antes de pronunciar su primera palabra. Sus únicas hijas la trataban con frialdad. ¡Lo estaba sintiendo en sus carnes! Quería explicarse, pedir perdón, pero no sabía cómo, al menos Regina sería más maleable, Zelena siempre había sido hostil.

Cora respiró hondo, se sentía romperse por dentro, su pecho encogido insistía en desestabilizarla, su garganta se cerró. ¿Iría a llorar? No. Claro que no, su cota de lágrimas se había agotado solo con su nieto, se masajeó las sienes.

-Nada que decir, ¿verdad, mamá?- Cora abrió la boca varias veces para defenderse, pero nada salió, no sabía por dónde comenzar, aquel día había estado lleno de demasiadas emociones para que ella pudiera soportarlas -¡Perfecto! ¡No digas nada, mamá! No puedes…- meneó la cabeza –¡Ni sabes el motivo de toda esa oscuridad en tu corazón!- Zelena le dio la espalda dejando a la madre más pensativa aún.

Cora sabía muy bien el porqué de esa "oscuridad". ¿Sería el momento de contarles su doloroso pasado? No, no sabría cómo entrar en el tema, llevaba años intentando echarlo para fuera, pero tenía miedo. ¿Miedo de qué exactamente? No lo sabía, quizás por inseguridad, miedo al desprecio. Para las hermanas Mills la madre siempre había sido rica, Cora nunca les contó su pasado y jamás permitió que Henry lo hiciera, para ella aquello era humillante, uno de los motivos por lo que daba tanto valor al dinero.

Se acercó a uno de los camareros y cogió otro ponche. Le estaba dando unos sorbos ajena a lo que pasaba a su alrededor, estaba perdida en sus pensamientos cuando cierta rubia entrometida se puso delante de ella sonriendo de oreja a oreja, la mujer se llevó un pequeño susto, pero lo disimuló bien.

-¡Ahora es oficial! ¡Suegra!- Emma sonrió guasona

-Infelizmente "nuera"- reviró los ojos sin ganas. Jamás se daría por vencida, Cora era orgullosa

-Pensé que me ganaría un abrazo…una bendición…no sé…-dijo irónica. Cora suspiró, en el fondo, bien en el fondo, le gustaría decirle algo.

-Tienes mi aprobación, Swan… -dijo reluctante desviando la mirada

-¿Cómo? Perdona…Es…- la rubia le iba a decir que lo repitiera, pero fue interrumpida

-¡Lo que has oído, Swan! Eres de hecho de la familia…Una Mills a partir de ahora. ¡Al menos honra nuestro apellido!- se giró yendo al bar a beber más, aquel día parecía interminable para ella.

Emma sonrió con aquello. ¿Cora estaba cambiando? Le gustaba pensar que sí.

-¿Amor?- Regina llegó por detrás de su esposa y la abrazó. Swan sonrió, se giró hacia la morena y la besó de forma calma.

-Creo que ya es la hora de sacar a mi esposa para un baile solo nuestro…- agarró la mano de la morena y la condujo al sitio reservado donde los invitados bailaban alegres.

Había algunas parejas bailando, algunos niños corriendo por medio de las personas. En aquel espacio había algunas lamparitas colgadas en medio de los árboles, los ladrillos blancos parecían ganar tonos anaranjados bajo el crespúsculo del sol. La noche caía lentamente.

Emma hizo una señal al DJ que estaba en la música y él enseguida entendió, le guiñó un ojo a la rubia, pues ya sabía qué música poner.

Regina se quedó quieta siguiendo a la esposa con la mirada mientras cuchicheaba algo con las personas responsables de la iluminación y la decoración, habló con el fotógrafo también y se giro hacia su esposa.

Apoyó una de las manos en la cintura de la morena que sonrió con el gesto, la otra entrelazó la mano con su ahora esposa. Sonrió al pensar en Regina como su esposa.

Pegaron sus cabezas, la música comenzó a escucharse, la melodía escogida por ambas no podía ser más perfecta, una onda de electricidad pasó de un cuerpo a otro, un torbellino de sensaciones nuevas surgieron.

Era inevitable no recordar la primera cita, cuando "bailaron" sin música. Aquella primera vez, en aquel primer baile, nunca imaginaron estar ahora ahí, casadas, con una familia.

Ambas continuaban flotando sobre la pista de ladrillo y una vez más fue inevitable no recordar las dificultades, los tantos finales, idas y venidas que habían superado. Se habían enfrentado a las dificultades juntas y ahí estaban ellas, una vez más reafirmando sus votos de horas atrás.

A partir de este momento, mientras yo viva

Te voy a amar, eso te lo prometo

No hay nada que no concede

De ahora en adelante

Allí solo eran Regina y Emma, una promesa hecha la una a la otra. Estarían siempre juntas, ante cualquier adversidad. No necesitaban testigos o papeles firmados para asegurar su unión, pues existía algo mucho más fuerte y poderoso, la unión de almas. Se pertenecían la una a la otra, eso lo sabían, lo sentían.

Tú eres la razón por la que creo en el amor

Y eres la respuesta del cielo a mis oraciones

Todo lo que necesitamos es solo nosotros dos

Mis sueños se volverán realidad por ti

Emma encaraba profundamente los ojos almendra, era como si no hubiera nadie bailando con ellas, solo existían ellas, todo pareció desvanecerse. La letra de la canción resonaba en sus mentes como si hubiera sido compuesta para ambas. Sus miradas conversaban, podrían jurar que escuchan los pensamientos de la otra, sentían las mismas cosas, el mismo amor.

A partir de este momento, mientras yo viva

Te voy a amar, eso te lo prometo

No hay nada que no conceda

A partir de este momento

Todo aquello resumía lo que querían de la vida como casadas, aquello era una promesa de amor

Voy a amarte mientras viva

Desde este momento en adelante

Cuando el baile acabó, Regina fue a darle atención especial a su hijo, quería estimular al muchacho para que hablara, estaba desbordante de alegría, aquella fecha sería memorable.

Emma besó la parte alta de la cabeza de su esposa y se dirigió al bar, quería brindar con su mujer.

Cora no dejaba de beber, la mujer ya estaba tambaleándose entre las personas, aún así no quería parar.

-¡Eh! ¿Cómo se llama?- Cora preguntaba a la camarera que la había servido durante la fiesta, aunque no era una muchacha, era más adulta, una bella mujer, alta y rubia. Mills no dejó de reparar en la mujer a pesar de aquellas ropas, sí, podría ser llamada de señora, aparentaba ya sus 50 y pocos años, muy bien puestos, su uniforme desentonaba de los otros camareros, probablemente ella era la jefa de los otros barmans, era la única mujer en aquel traje femenino color gris, la camisa abierta hasta el busto dejaba ver un bello par de pechos. Llevaba un sombrero del mismo color, los cabellos rubios recogidos en un moño muy bien hecho. Movía la coctelera de un lado a otro, y enseguida vertió el contenido en la copa de Cora.

-Smith…-sonrió profesionalmente y señaló su apellido escrito en la placa dorada colgada en su uniforme.

-¡Sí, sra. Smith, ya lo leí! ¿Cómo suelen llamarla las demás personas?

-Me llamo Maléfica Smith…Pero mi nombre no suena bien, así que todos me llaman Mal…Mi padre estaba borracho cuando escogió mi nombre…- la mujer sonrió

-¿Ha besado a alguna mujer antes, Mal?- Cora se levantó acercándose demasiado a la camarera, estaba alterada

-Sí…- Mal respondió con normalidad

-¿Y cómo es?- preguntó Cora curiosa, quería saber, a fin de cuentas, Regina había acabado de casarse con una, ¡no debía estar mal!

-Muy bueno, se lo puedo garantizar…- la otra sonrió lasciva como si recordase algún beso que había vivido.

-Hmmm…¡Enséñeme lo bueno que es besar a una mujer!- Cora agarró el cuello de la camisa y le robó un abrupto beso. Mal desorbitó los ojos, pero correspondió tras unos instantes, ya se había fijado en la señora Mills desde el comienzo de la fiesta, se quedó intrigada por la cantidad de alcohol que la otra estaba tomando, dedujo que Cora quería huir de todo aquello, lo que era verdad.

-¡Suegra!- Emma aplaudió sarcástica, despertando a las dos del cálido beso -¡Quién lo diría! ¡No cae la manzana tan lejos del árbol! ¡Al final, el refrán es cierto!- Swan se echó a reír sin parar. Cora estaba atónita, abrió la boca para explicarse.

-Disculpe sra. Mills…Yo…yo…- la camarera intentó explicarse

-Puede llamarme Swan…- corrigió, por más que el apellido también fuera de ella ahora, le seguía pareciendo extraño ser llamada por el apellido de la esposa -¡Y no! ¡No se disculpe! ¡Lo que acabo de presenciar ha sido un verdadero regalo! ¡No tiene precio!- Emma se rió otra vez y cogió el champán, marchándose llorando de tanto reír.

-¡GENTE!- Emma llamó la atención de los invitados tras volver del bar con la bebida –¡Me gustaría proponer un brindis!- las personas clavaron sus miradas en Swan, que agarraba una copa llena de champán –¡Quiero agradeceros vuestra presencia! Y agradecer a una persona en especial…- rodeó el borde de la copa divertida –Pues, por más que yo no le caiga bien, me acuerdo de que si no fuera por ella, Regina no existiría…Así que…¡Mi brindis va para mi querida suegra!- sonrió irónica, pero lo estaba haciendo de corazón.

Cora salió del bar de prisa tras la rubia petulante, necesitaba impedir que aquel "mal entendido" saliera de allí, se detuvo frente a la nuera y abrió una larga sonrisa guasona alzando la copa en dirección a la rubia.

-¡Sabía que me lo ibas a agradecer, querida nuera!- ironizó sorbiendo un poco más de amargo líquido -¡Ya sabes cómo puedes agradecérmelo!- le lanzó una sugestiva mirada, Swan entendió en seguida que se refería al beso.

Cora quería olvidar lo que había hecho, pero no tenía vuelta, ¡ya estaba hecho! ¡Aquello no era arrepentimiento, era miedo! No por el beso, aquel acto impulsivo fue lo de menos. Ahora necesitaba esperar la reacción de la hija ante el "regalo" dado, temía no poder recuperar su amor.

-Bueno…Creo que mi esposa ya ha hablado demasiado…Y…Es mejor no meterse con Cora Mills…- alertó Regina, conocía a la madre y no quería estropear ese día perfecto –Yo solo quiero decir una cosa más antes de tirar el ramo…- sonrió tras el brindis, parecía avergonzada. Miró los ojos esmeralda y agarró las dos manos de la esposa –No preciso decir nada más, en realidad ya hemos dicho todo lo que queremos de ahora en adelante y…Solo me gustaría dejar claro que…el "para siempre" no es el final de todo, porque nuestra historia no termina aquí, todo lo contrario, acabamos de dar el primer paso para el comienzo, siendo así, sugiero que comencemos por: Érase una vez…- Terminó de hablar sonriendo, su corazón latía fuertemente.

"Yuhhhuuu", silbos y aplausos estallaron de nuevo, la noche ya había caído por completo, pero la llama que iluminaba a la pareja era capaz de iluminar metrópolis enteras, tal era la energía que las dos desprendían.

-¡Puedes tirar el ramo!- alguien gritó

-¡Sin alborotos, chicas! ¡Si mi princesa se ha casado, todas, con seguridad, también llegarán a eso!- Mary intentó apaciguar el pequeño tumulto que se había formado cerca de las novias.

-¡Quién lo diría! ¡Emma Swan casada!- otra voz en medio de las mujeres rió -¡Hoy debe haber un mogollón de mujeres llorando!- voces y más voces hacían comentarios inoportunos para la situación. Regina y Emma decidieron ignorarlos.

-¿Juntas?- Emma miró a la esposa

-¡Juntas!- Regina sonrió cómplice y comenzaron la cuenta atrás

¡10, 9,8…3,2,1!

Lanzaron los ramos en direcciones opuestas, las mujeres saltaron casi a cámara lenta, torpes, desesperadas, como si la vida dependiese de aquello. Swan y Mills consiguieron girarse a tiempo para mirar sobre quién caerían. Como prometido, Regina miró muy bien, el arreglo floral fue a parar a manos de su mejor amiga. ¡A Tinkerbelle poco le faltó para echarse a gritar! Bueno, mentira, estaba literalmente gritando y dando saltitos, corrió a los brazos de Killian que la recibió y le dio una vuelta en el aire, dándose unos besos apasionados.

Emma no había mirado a nadie, sencillamente lo tiró, y lo hizo con tanta fuerza que el ramo fue a parar a manos de la prima Elsa que estaba detrás de todas las otras mujeres. ¡Esa era la ventaja de ser una boda lésbica, dos ramos! Posibilidad doble de nuevas relaciones. Elsa desorbitó los ojos, sorprendida, estaba allí solo para no quedarse sola en la mesa, un pensamiento surgió en la mente de la rubia, miró en dirección a Ariel y ambas intercambiaron una sonrisa tímida, pero llena de significados.


La fiesta estaba en su final, muchos de los invitados ya se habían marchado, quedándose solo los más íntimos para despedir a las novias antes de que partieran rumbo a la luna de miel.

-Henry, hijo…Di mamá. Ma-má- repetía Emma incontable veces, el muchacho solo reía, parecía estar burlándose de la madre rubia -¡Pero decir abu sí sabes, eh!- reviró los ojos

-¡Abu!- repitió Henry

-¡Ya chico! ¡Tu madre tonta ya ha entendido!- sonrió -¡Abu! ¡No quieres decir mamá!- movió la cabeza dándose por vencida

-¡Déjame mamá Em! ¡Ahora no quiero decir otra palabra!- Regina llegó defendiendo al hijo de la madre rubia

-Ya…Ya me he rendido por no ser la primera…¡Jo! ¿Dos madres y va y me dices "abu"? ¡Debo estar pagando por mis pecados!- Emma montó un drama, Regina se echó a reír

-Bien…La fiesta acabó, mi amor…Hora de despedirnos de nuestro príncipe…- tocó la punta de la nariz del hijo -¡El abuelo David se va a poner todo bobo si lo llamas abu, hijo!- le dijo como si Henry pudiera entender

-¡Pásame a ese muchacho aquí!- Mary llegó extendiendo los brazos para coger al nieto –Hora de marcharse, hijas… el vuelo está marcado para dentro de unas horas…Henry estará en buenas manos, Regina…- intentó pasarle confianza, por más que Henry siempre pasara uno o dos días con ellos, nunca había pasado cuatro días. Estaban preocupadas, por eso las novias optaron por viajar solo esos días, no soportarían estar lejos del hijo. Los corazones de ambas ya estaban encogidos.

-¡Ok! ¡Te voy a echar de menos, hijo!- Emma apretó al hijo ya en los brazos de su madre

-¿Qué es eso, hija? ¡Ya te pareces a Regina! ¡Qué exageración! ¡Ella parece más calmada que tú!- comentó Mary

Regina estaba distraída con una mano en su boca, pensativa

-¿De verdad vinisteis en ese proyecto de abeja? ¿En serio?- dijo arqueando la ceja

-Sí, amor…- respondió Emma como si fuera obvio

-¿Y el coche de tu padre? ¿Dónde está?- indagó

-Hummm…se quedó allá, ¡yo no podría venir en otro coche! ¡Mi escarabajo me trae suerte!- sonrió abobada

-Hummm…¡Tanta suerte que os quedasteis en mitad del camino! ¡Por Dios Emma! ¡No voy a entrar más en esa cosa! ¡Vamos en mi coche!- avisó, pero aquello sonó como una orden

-¡Wow! ¿Apenas nos hemos casado y ya estas mostrando las uñas? ¡Bien dicen que después de que te casas las cosas van para atrás! ¡Empiezo a creerlo!- Emma fingió enfado

-¡No voy a entrar en eso! ¿Ok? ¡Se quedo parado en mirad de la carretera, Emma!- le recordó, parecía que Swan se había olvidado del motivo del atraso.

-¡Ah! ¡Pero, vas a entrar en "eso", sí, sra. Swan Mills!- Emma cogió a Regina por los muslos, alzando a la morena, y echó a andar hasta el escarabajo, ella gritaba intentando soltarse, reía sin parar. ¡Swan estaba loca! –¡Deja de protestar, soy más fuerte que tú!- rió divertida -¡PA! ¡ABRE AQUÍ!- señaló la puerta, David abrió. En seguida Emma soltó a la esposa en los asientos y cayó encima de ella. Sonrieron, ambas intercambiaron una apasionada mirada y juntaron sus labios en un lento beso.

-¡Me pagas esto, srta. Swan!- amenazó Regina, pero ya estaba completamente entregada

-Tengo la vida para eso, mi amor…¡Toda la vida!- volvieron a besarse de forma tierna

Y fue allí que todo comenzó, un nuevo punto de partida, una nueva fase, otra etapa de una vida que pretendían compartir juntas.

Un recomienzo.

David y Mary estaban abrazados con Neal en los brazos, Lily y Ruby de manos dadas, Tinker al lado de Killian, Zelena con los dos hijos y Cora, sentada en el suelo agarrando al pequeño Henry, todos saludaban mientras el bendito escarabajo amarillo hacía ruido alejándose, había un pequeño cambio en la matrícula del proyecto de abeja, que decía…

Swan Mills