No hay nada que no conceda
Nueva York-Central Park
-No quisiera irme…- Elsa caminaba sobre el puente dada de la mano con Ariel
-Me gustaría parar el tiempo y quedarme contigo aquí para siempre…- Ariel acarició el mentón de la otra, la rubia sonrió tímida, sus bocas estaban cercanas
-¿Ven conmigo?- susurró Elsa pegada a los labios de la pelirroja. Ella desorbitó los ojos, sorprendida. Pues claro que quería ir, mucho, pero Ariel tenía sus compromisos.
-¿A Alaska?- preguntó sin creérselo
-¿Y a qué otro sitio iría yo? Vivo allí…-sonrió tímida
-Me encantaría, rubia…Pero llevo el restaurante Swan's y a tu prima no le iba a gustar…- dijo la verdad
-Tienes razón…- acarició el cabello de la pelirroja –Emma luchó mucho por ese restaurante…Vamos a hacer una cosa…- le tocó la punta de la nariz –Quiero que pases las vacaciones allá…No sé cuándo…Pero yo hablo con mi prima y pago tus vacaciones- le dio la solución
-¿Te has vuelto loca?- se echó a reír de la locura de la rubia
-¡No! Quiero que vayas a visitarme…Y…- Elsa parecía avergonzada –Quiero jugar en la nieve contigo…- sonrió, tímida. La rubia amaba cualquier actividad en la nieve, desde un sencillo juego de bolas de nieve hasta esquiar en las montañas más altas de Alaska.
-¿Acaso sabes si me gusta el frío?- preguntó traviesa. En realidad, Ariel lo amaba igual que Elsa
-Espero que sí, pelirroja…Estando conmigo…¡El frío nunca te molestará!- tomó los labios rosados cariñosamente -¿Prometes al menos llamarme?- pidió cuando el beso terminó.
-Todos los días…Voy a morir echándote de menos, El…- pegaron sus cabezas.
-Esperaré ansiosa por escuchar tu voz…Quiero que cantes para mí en las noches más frías…- susurró contra el oído de la pelirroja.
-Te canto, mi linda…- prometió también en un susurro, lo suficiente para que Elsa sonriera de oreja a oreja. Otro beso llegó enseguida, pero esta vez fue uno más profundo e intenso. Ambas sentían que un nuevo sentimiento afloraba en sus corazones. ¿Sería amor?
Hacienda de los Swan's
-¡David! ¡Mira a Henry!- gritó Mary al marido que estaba en la sala "vigilando" a los pequeños, en realidad estaba prestando atención al partido de baloncesto. ¡Demasiado tarde! Henry mordió al tío. Neal abrió la boca y comenzó a llorar -¡Joder, David!- Mary corrió a coger al hijo. El pequeño lloraba hipando, fue un mordisco profundo -¡Agarra a ese monstruito, David!- acarició al hijo intentando calmarlo.
-No es para tanto, Mary…¡no llames a nuestro nieto monstruo! Deja que Regina te escuche, ¡nunca más lo dejará con nosotros!- cogió al nieto en brazos -¿Qué ocurre, muchacho? ¿Por qué has mordido a tu tío? ¿Hmmm?- le hizo cosquillas y él se encogió en los brazos del abuelo.
-¡Oder!- exclamó Henry en cuanto David dejó de hacerle cosquillas
-¡Felicidades, Mary!- David reviró los ojos –Ahora Henry ha aprendido una mala palabra y Regina de verdad nos va a prohibir quedarnos con él- se sentó en el sofá con Henry en el regazo.
-¡Mordió a nuestro hijo, David!- Mary reclamó
-Super normal, ¿no? Neal también lo mordió a él en otra ocasión, ¿y qué hicimos? ¡Convencimos a nuestra hija para que bañara a Henry hasta que la marca desapareciera!- le recordó lo ocurrido meses atrás -¡Por suerte, Regina no se dio cuenta! ¡Emma pasó por apuros por nuestra culpa!- aumentó el volumen de la TV, su equipo estaba perdiendo -¡VA! ¡VA! ¡ENCESTA!- David gritó. Henry levantó los bracitos junto con el abuelo, parecía también celebrarlo. Mary resopló y fue a buscar algo para que el hijo comiera, así se le olvidaría algo el "dolor" -¡Le das suerte a tu abuelo!- despeinó los cabellos castaños del nieto.
Cancún. México
Emma y Regina caminaban despacio por la orilla de la playa. Sus manos estaban entrelazadas, ambas con gafas oscuras y Regina con sombrero. El viento balanceaba las hojas de los cocoteros y el aire salado entraba por las fosas nasales trayendo ese sabor a mar arrastrado con el sonido de las olas del mar, la arena blanca en contraste con los colores del mar exageradamente azul. Lindo, perfecto para marcar el comienzo de aquella nueva vida.
Entraron en un bistrô cercano a la casa donde estaban hospedadas. Emma pidió un plato brasileño. Regina, por otro lado, pidió tacos, ya que de hecho estaban en el país de ese plato típico. Se sentía muy a gusto, hablar español era cómodo, aunque en cualquier establecimiento hablaban ambas lenguas, el inglés y el español formaban parte de la cultura del lugar, a fin de cuentas la mayoría de los turistas provenían de América del Norte.
-¡Te dije que la comida de aquí no era mejor que la de Brasil!- dijo Emma convencida al probar la supuesta feijoada, ¡eso no le llegaba ni a la suela de los zapatos! Eso eran judías con carne, ¿de ternera? Emma llamó al chef.
-Emma…- Regina la reprendió con la mirada, pero ya era tarde, el chef estaba de pie al lado de la mesa
-¿Sí? ¿Algo mal con el plato?- preguntó el chef preocupado
-¡Esto no es una auténtica feijoada!- la rubia señaló al plato
-¡Emma!- Regina escondió el rostro entre las manos
-Amor…Solo lo estoy ayudando…- volvió a mirar al chef –No cocine algo que nunca haya probado en el país de origen…Por lo menos no para servirlo en un bristrô como este…¡Es un consejo de alguien que entiende de gastronomía!- dijo simpática
-¿Y usted quién es?- preguntó el chef curioso. ¿Quién se creía que era esa rubia petulante?
-Emma Swan- respondió con normalidad. La rubia no esperaba ningún reconocimiento, realmente quería ayudar al joven a no pasar vergüenza.
-Perdón…Pero nunca he oído hablar de usted, ¿acaso es chef?- el joven cocinero no se dio por vencido
-Emma Swan Mills, joven…Y sí, es chef de un gran restaurante en Nueva York…- Regina entró en la conversación arqueando las cejas. El chef desorbitó los ojos, sorprendido, el peso del apellido Mills era grande allí.
-Sra. Mills…Mil perdones…Revisaré el plato…- retiró el plato con rapidez –Con permiso, ¿qué desea comer sra. Mills?- miró a la rubia que ahora tenía una sonrisa convencida y guasona.
Con toda seguridad, usaría el apellido Mills en su favor con más frecuencia. Pidió otro plato, optó por un pescado, a fin de cuentas la feijoada era un plato pesado y tenía planes para pasar la noche de una forma más "agitada". Ciertamente no iba bien con lo que tenía en mente. El chef salió apresado, no era bueno dejar a ningún Mills esperando.
-¿Emma Swan Mills? ¡Me gusta!-la más joven dijo entusiasmada a la esposa
-No abuse, srta. Swan…El apellido Mills tiene su peso…Ten más cuidado…- le avisó dando un sorbo de vino
-¡ME GUSTÓ ESO!- gritó en mitad del restaurante, alguno clientes miraron. Pero, ¿acaso sería posible que Regina estuviera condenada a pasar vergüenza en lugares públicos?
-¡Por Dios, Em! ¡Ten modales!- reviró los ojos y volvió a apreciar el taco como si nada hubiera pasado. Emma acarició la mano de la esposa sonriendo, en un gesto de disculpas, Regina se lo devolvió, estaba tranquila, a pesar de todo, aquella rubia tonta hacía que su mundo valiera la pena, independientemente de las payasadas.
Más tarde entraron en el mar, perdieron horas allí, entre caricias y abrazos más osados. Emma conseguía provocar a Regina en cualquier lugar. La morena huyó de varios ataques, si fuera por Swan haría el amor con su esposa en la playa pública.
-Estoy echando un montón de menos a nuestro hijo…- dijo Regina mientras salían del agua. Emma agarraba a la esposa por detrás, caminaban pegadas a la orilla, sus pies dejaban huella en la arena.
-Yo también, mi amor…- la rubia mordió el lóbulo de la oreja de la otra –Está genial estar aquí solo contigo…Pero…Henry hace falta…- Emma suspiró con nostalgia.
-¡Vamos a llamarlo! ¿Y si ya ha dicho otra palabra?- Regina se giró hacia su esposa con un entusiasmo que daba envidia, sus ojos brillaban solo por el hecho de pensar en su hijo. De repente, Emma salió corriendo en dirección a la mansión.
-¡QUIERO VER SI ME ALCANZAS!- Swan corría por la orilla del mar riéndose a carcajadas, aquello era música para los oídos de la morena. Puso una de sus manos en la cadera y sonrió indignada con aquello. ¡Emma era toda una niña pequeña!
-¡EMMA! ¡PARA DE CORRER!- ordenó, pero de nada sirvió
-¡VOY A HABLAR CON NUESTRO HIJO YO SOLA!- se detuvo ya bastante lejos de la morena, y puso sus dos manos en la boca para gritar de nuevo -¡VOY A DECIRLE A HENRY QUE TIENE LA MADRE MÁS TONTA DEL MUNDO!- y volvió a correr. Regina no tuvo otra elección que correr tras ella, se reía ante aquella locura, con Emma se volvía ella misma una niña grande.
-¡ME PAGAS ESTA SEÑORITA SWAN!- corría golpeando la arena
-¡LLÁMAME SEÑORA SWAN MILLS! ¡POR FAVOR!- bromeó ya dejando de correr. Apoyó las manos en las rodillas para tomar aliento, pero la morena llegó a tiempo y tiró a la rubia en la arena, estaban delante de la mansión. Regina quedó encima de la esposa, sonreía bobaliconamente intentando recuperar el aliento.
-Estás linda así, ¿sabías?...- Regina habló bajo quitándole la arena de los brazos a la otra.
-¿Ah, sí? ¡Debo estar guapa con el cabello lleno de arena! ¡En serio, sra. Mills!- se sentó pasándose las manos por el cabello.
Subieron las escaleras dadas de la mano, desde la playa entraron en la zona de la piscina, la casa quedaba justo en frente. Al llegar allí, Emma empujó a la morena a la piscina.
-¡EMMA!- gritó nerviosa. Swan saltó al agua enseguida y calló a la esposa con un beso lleno de deseo.
-¡Shhh!- puso el dedo índice en los labios de la morena, iba a decir algo cuando el beso terminó, pero Emma fue más rápida -¡Calla! Deja de mirarme así…Soy tu esposa ahora…- la reprendió, pero estaba sonriendo –Ya no soy una niña, amor mío…- besó el lateral del hombro de la morena deshaciendo al mismo tiempo la parte superior del biquini. Regina iba a protestar de nuevo y fue impedida por los finos labios de la rubia, aquella prenda ya flotaba en la piscina –Te deseo…¡Y te tendré aquí mismo!- agarró los muslos de la esposa y la sentó en el borde de la piscina, en seguida le quitó la parte de abajo apoyando las piernas de la morena en sus hombros.
-¡Amnnn, Emmaaaa!- gimió Regina apoyando las dos manos en el suelo, y llevando la cabeza hacia atrás en cuanto sintió la lengua caliente de su esposa en aquel sitio que tanto le gustaba.
¡Swan lo conseguía, siempre lo conseguía! Mills se estremeció fuertemente sobre los labios finos y gritó alto en cuanto alcanzó el ápice de su placer. Después de recuperar el aliento, empujó a Emma y entró en el agua, desvistió a la rubia y le acarició los pechos, de la cintura para abajo ambas tenían sus cuerpos en el agua. Regina entrelazó las piernas de la otra en su cintura y apretó las nalgas con deseo. Swan gimió el nombre de su esposa cuando sintió dos largos dedos invadirle la intimidad por debajo del agua. Regina succionaba los pechos a la misma velocidad en que se movían sus dedos, que hacían subir y descender a Emma, creando olas en la piscina, sus bocas se sellaron y un shock se apoderó de la rubia cuando la morena le introdujo el tercer dedo, gimió profiriendo palabrotas, Regina sonrió con aquello, dedujo que le estaba gustando a su mujer. De hecho era verdad.
Fueron a bañarse juntas, estaban muriendo de hambre, habían gastado demasiadas energías poco antes. Emma fue a buscar algo de comer para las dos mientras Regina marcaba el número de la casa de los padres de la rubia.
-¡Mi príncipe! ¡Cómo te echa de menos la mamá!- Regina puso el sin manos y Emma se acercó apoyando el mentón en el hombro de la esposa. Regina pasó la mano tras la nuca de la rubia, aún de espaldas a ella, y enseguida escuchó la risa del hijo.
-¡Oder!- dijo el pequeño al otro lado de la línea. Regina desorbitó los ojos, tenía una expresión de susto.
-¿Da…David? ¿Mi hijo acaba de decir joder?- preguntó preocupada, no quería creérselo
-¡No! Es…No…no es exactamente eso…¡Casi quizás!- el hombre intentó explicarse, tímidamente, al otro lado de la línea. Le lanzó una mirada a la esposa como si dijera "¡te dije que se enfadaría!"
-PERO…¿QUÉ DIABLOS LE ESTÁIS ENSEÑANDO A MI HIJO?- dijo gritando, Emma dio dos pasos hacia atrás, no esperaba un grito de esos.
-Err…Regina…Él está bien…¿Cómo estáis vosotras?- intentó cambiar de tema. Por suerte, Emma tomó el móvil de las manos de la morena, como siempre Swan tenía que apagar el "incendio"
-¡Hola papá! ¡Estamos muy bien! El clima está maravilloso…- la morena fusiló a la otra con la mirada como si dijera "¿te has vuelto loca?" –Sí, llegamos bien…- le devolvió una mirada que decía "calma! Ninguna necesitaba pronunciar nada, sus ojos sabían exactamente lo que tenían que decir.
-¡Ah! ¡Qué bien! Estoy contento, mi princesa…Henry está agitado queriendo coger el móvil de mi mano- el hombre rió –¡Para Henry, vas a colgarle a tu madre!
-¡Mamá! ¡MAMÁ!- el pequeño se agitó aún más en los brazos del abuelo, parecía querer entrar dentro del teléfono para ir al encuentro de sus madres. El estrés que Regina sentía se desvaneció en ese exacto momento, sintió henchirse su pecho de felicidad y su cara se llenó al momento de lágrimas de emoción. La morena no consiguió decir nada, estaba feliz y triste al mismo tiempo, lo que más quería era ver a su hijo pronunciar la tan esperada palabra.
Emma, por otro lado, sonreía de oreja a oreja sin conseguir formular una frase, tal era su alegría, agarraba el aparato como si fuera a morder la pantalla del móvil, estaba encantada, en las nubes, atontada. Escuchaba a David alentar al nieto para que hablara al otro lado de la línea, "di mamá de nuevo…Ella está aquí, te está escuchando…"
"¡Y deben estar llorando a mares!", gritó Mary desde la cocina, riendo. Neal estaba corriendo por la casa "¡De la manera que son con este pequeñajo! ¡Habrán muerto de amores!", Mary se acercó al marido.
-¿Hijas? ¿Estáis ahí? ¡Henry solo ha dicho mamá, nada más, si estáis así ahora no quiero imaginar cuando dé su primer beso!- rio divertida. A Mary le gustaba provocar a aquellas dos madres bobas.
-¿Beso?- Regina pareció despertar al escuchar tal absurdo, cogió el móvil de la rubia -¡Solo es un bebecito, Mary! ¡Por Dios! ¿Para qué apresar las cosas sin necesidad?- su tono de voz era suave, estaba calmada, acababa de olvidar por qué estaba enfadada.
-¡Mamá!- Henry se manifestó de nuevo al escuchar la voz de su madre morena
-Mi pequeño príncipe…Sí…Es la mamá, Henry…Mamá Regi…- suspiró abobada secándose las lágrimas.
-¡Chico! ¡Puedes decirme mamá a mí también! ¡Tengo celos, jo!- Emma tomó otra vez el móvil.
"Esto ya lo vi…", Mary reviró los ojos "¡Qué comience la competición entre estas madres!", rió "¡Buena suerte, mi pequeño! ¡Tienes madres por partida doble! ¡Estás en un lío!"
-¡Io!- dijo el niño
"¡Mierda!", exclamo David mentalmente. Cada vez estaban más en un lío.
-Ah, qué cosa más linda…Mi hijo…- Mills comenzó el "sermón" irónicamente, o mejor, le hubiera gustado comenzar. Notó que Emma le daba golpecitos. "¿Qué ocurre?", preguntó con la mirada.
-Nuestro…nuestro hijo…- susurró Emma. Regina reviró los ojos y decidió dejar eso de lado, de nada serviría, estaban muy lejos de casa.
-¡Mamás!- exclamó Henry.
-¡Oh, cielos! ¡Cielo y tierra! ¡Nuestro hijo ha dicho MAMÁS! ¡En plural, amor!- Emma saltó a los brazos de su esposa, alegre.
-Está bien, hijas…¡Sé que estáis alegres y emocionadas, pero ya ha pasado la hora de que estos chicos se vayan a la cama! ¡Y vosotras también, chicas! ¡Meteos en la cama pronto para poder apreciar el amanecer! ¡Henry estará bien! Y pronto estaréis en casa…Buenas noches…- Mary quiso terminar aquel asunto, de verdad tenía que acostar a los niños, pero la realidad era otra, quería pasar la noche con su marido.
-¡Buenas noches, mamá!- respondió Emma sonriente -¡Dale muchos besos a ese muchachote!
-¡Sí, hija, se los daré! ¡Tu padre os da las buenas noches! Besos, mi princesa…Y otro para tu reina malvada también- Mary rio traviesa antes de colgar.
-Tu madre no me dejó despedirme de nuestro hijo…- Regina puso morritos, quejica, rodeando el cuello de la rubia.
-Mañana llamaremos de nuevo, amor…- la besó por todo el rostro –¡Ahora vamos a cenar porque la noche promete ser larga!- dijo Emma maliciosa apretando el trasero de la morena.
-¡Emma!- la reprendió con una palmada.
-¿Qué?- se hizo la desentendida
-¡Eres muy descarada! ¿No te cansas?- sonrió bromista
-¿Cómo? ¿Yo, la que no me canso? ¡Eres tú la que no quieres parar después de comenzar!- dijo en tono de indignación. ¿Cómo tenía el coraje Regina de decir una cosa de esas?
-¡Es diferente!- se defendió
-Hablando de diferente…- Emma dijo la frase haciendo un baile "sensual" a la esposa.
-¡Ahí viene la bomba!- Regina reviró los ojos sonriendo
-Tenemos algunos "regalos" en la maleta…- dijo lasciva
-¡Ah no, Emma! ¡Ya vienes con ese tema de nuevo!- recordó lo ocurrido en el aeropuerto.
-¿De nuevo? ¡Pero si no hemos tocado el tema! ¿Eso te molesta? ¿Te estoy ofendiendo?- preguntó muy preocupada. No deseaba ofender a la esposa en hipótesis ninguna.
-No, Em…Nunca…Er…No sé…Nunca pensé en eso, siento vergüenza…- susurró escondiendo el rostro en el cuello de la rubia.
-¿Vergüenza de mí?- le tocó el mentón para mirarla a los ojos –Si no quieres, todo bien…No voy a insistir…- dijo comprensiva.
-No…No es eso…Quiero…Es que…Yo…Err…- no conseguía decirlo, sentía vergüenza precisamente por quererlo tanto, pero lo quería de una manera con la que tal vez Emma no estaría de acuerdo, tenía dudas.
-¿Tú…?- la incentivó
-Quiero hacerlo en ti…- susurró tímidamente. Swan entendió la vergüenza de la esposa y se sorprendió al mismo tiempo, no lo imaginó de aquella forma, pero estaba dispuesta, al final era Regina. Mills, por otro lado, sabía que Emma lo quería hacer con ella, no al contrario, pero aquel descubrimiento de que Swan nunca había experimentado algo "mayor", había dejado a la morena intrigada y con un deseo enorme de ser la primera en tener a Emma de aquella forma.
-Bueno…Err…- Swan necesitaba pensar, aquello era algo inesperado y nuevo para ella.
-Todo bien, amor…Déjalo estar…Vamos a cenar…- Regina pensó que era un no, sintió sus mejillas arder, sentía mucha vergüenza, se giró para ir a la cocina.
-¡Regina espera!- agarró la mano de la morena –No hay nada que no te conceda de ahora en adelante…¿Recuerdas?- recitó un pedazo de la letra que había aderezado su boda, aquella canción que, de hecho, había sido una gran elección. Regina sonrió de lado, aún tímidamente.
-¿Nada…?- la morena estrechó los ojos, desconfiada, necesitaba tener la certeza
-¡Nada amor! Te concedo lo que quieras de mí…- hundió la mirada en los castaños -¡Soy tuya!- reafirmó. Regina no tenía por qué dudar, Emma era de ella.
-Mi Em…Mi rubia del escarabajo amarillo…- acarició el rostro albo con las dos manos y besó a su amada lentamente.
Miami. Mansión de los Mills
Cora había llegado a su ciudad hacía pocas horas, pero lo que traía consigo era el sabor del miedo, de la incerteza y por encima de todo, el orgullo herido. La señora Mills no podía dejar de pensar en cierta dueña de un bar de Nueva York, sus pies ya estaban en Miami, pero su mente seguía en la gran metrópoli.
Tras pedir el beso y ser rápidamente correspondida, se asustó, se asustó tanto que su única reacción fue huir de aquel lugar, correr en dirección a la parada de taxis más cercana y coger el primero que vio. Aún podía ver a Mal correr tras el coche amarillo con una expresión confusa y triste en su mirada.
Cora apoyó su cabeza en la ventanilla del taxi y se pasó los dedos por la boca, ¿qué era aquello? Aquel beso tenía sabor, había sentimiento y calor, un calor que Cora ciertamente desconocía.
¿Le gustó? ¡Oh, sí! ¡Y tanto! Por eso había huido. No era propio de la señora Mills humillarse o correr tras alguien, mucho menos por una persona pobre. ¡No! ¡Jamás! "¡Las clases opuestas no se atraen!" Esa era la afirmación de Cora en su propia mente, sin embargo aquello no parecía tener ningún sentido. La señora Mills no conseguía ver a Mal como a alguien por debajo de ella, aún así tenía plena consciencia de que aquello que había hecho era un error terrible, un momentáneo impulso de curiosidad. Intentaba convencerse de eso.
Se sentó en el largo sofá de la enorme sala, se llenó una copa de whisky y se lo tomó de un solo sorbo, y se puso otro inmediatamente. Se detuvo un momento a pensar en el tamaño de aquella casa, tantos hombres habían pasado por ella y, ¿qué sentía Cora? Vacío, nada más aparte de un vacío gigantesco en su corazón amargado.
"¡Maldito sea este silencio!", gritó irritada. ¿Desde cuándo Cora se preocupada por la casa vacía? Nunca le había importado, ¿estaría pensando en el tipo de vida que había escogido?
Tenía plena consciencia de que estaba sola por su propio deseo, pero, ¿aún quería eso? ¿Quién dormiría a su lado en la vejez? Nadie. Suspiró pasándose los dedos por el lateral de su cuerpo.
¿Estaba deseando a alguien para compartir el resto de su vida? Quizás. Pensó en su hija menor. Soltó el aire con una débil sonrisa en el rostro.
"Deseo que te guste mi regalo, mi reina y perdones a esta madre sin corazón…", cogió la foto de su hija que tenía en la mesa de centro, al lado de una foto de Zelena. "Al menos tú has escogido bien en tu vida…Y has tenido el valor suficiente para enfrentarte a todo por amor…" Pasó los dedos por el retrato "Un día, tú y tu hermana me habréis de comprender…Amar duele…Y como todo dolor, amar es mi mayor debilidad…" Por fin, se permitió llorar, un llanto sin reservas o miedo, hacía mucho que Cora necesitaba desahogarse y lo hizo aferrada al retrato de sus dos hijas.
Cancún. Última noche
Después de tres días fantásticos regados de amor y lujuria, Regina y Emma estaban por fin abrazadas en el porche apreciando el sol tiñendo de naranja el cielo, el mar adquiriendo un tono oscuro y los pájaros hacían su ruta siguiendo el brillo del sol.
Habían hecho muchos paseos, visitado las exuberantes cavernas de la zona, habían ido a los centros comerciales, nadado en los golfos, comido diferentes platos típicos y picantes, habían hecho el amor locamente todas las mañanas, sí, las mañanas y algunas tardes, pues por las noches siempre estaban exhaustas debido a los paseos. Como aquel sería su último día allí, habían optado por un leve paseo, un paseo en barco cerca de los corales y caída la tarde, se sentaron en el amplio porche.
-¿Ya nos has imaginado a las dos sentadas así en nuestra casa con nuestros hijos jugando?- dijo Regina con los ojos brillando, su cabeza reposaba en el hombro de la esposa
-¿Querrás decir Henry jugando, no?- Emma corrigió el hijos.
-Sí…Henry…- Regina se desdijo, no sabía cómo entrar en el tema, ella quería más hijos. No se contuvo, respiró hondo dos veces y dijo de un tirón -¡Quiero tener otro hijo!- Emma desorbitó los ojos, medio perdida, para la rubia, Henry estaba bien de momento
-¿Otro hijo, amor? Err…¿Quieres decir uno más? Tipo…¿Un hermano para Henry?- miró a la esposa a los ojos
-Sí, Em…Yo…No quiero que Henry sea hijo único…Quiero que aprenda a compartir…Los lazos fraternos son extremadamente importantes, yo creo en eso, mi madre puede no ser la mejor del mundo, pero siempre nos enseñó a compartir todo, siempre dio valor a ese lazo entre Zelena y yo, deseo que Henry tenga eso…- se desahogó con recelo
-¿Otro hijo?- dijo Swan en voz alta para sí misma, ¿deseaba tener otro hijo? No. Amaba a Henry, adoraba ser madre del muchacho, pero dos era demasiado. Se mordió el labio, pensativa y acarició el rostro de la esposa -¿Podemos pensar en eso más adelante? Acabamos de casarnos…Henry aún es solo un bebé…Prometo que voy a pensar en ello con cariño…- intentó pasarle confianza, estaba dispuesta a plantearse tal posibilidad.
-Ok…- fue lo único que dijo Regina, no quería alargar el tema, sabía que aquel deseo era de ella desde el comienzo, no podía exigirle eso a la esposa, ella ya había cambiado por Henry, Mills necesitaba, al menos, pensar en lo que quería la otra.
Regina se cepillaba el cabello frente al espejo mientras Emma hurgaba en la maleta buscando alguna lencería sexy, encontró unas braguitas blancas, tipo hilo dental, se la puso junto con un camisón del mismo tono, pero transparente, que dejaba sus pechos completamente visibles, se colocó el cabello hacia un lado y se puso el primer pinta labios que encontró. ¡Hermosa! ¡Emma Swan estaba hecha una verdadera mujer! ¡Extremadamente sexy! Regina salió del baño distraída mientras miraba algunos videos del hijo hechos por el suegro, así no se perdía nada. Llevaba puesto un camisón de encaje color vino, y estaba sin bragas, la rubia se dio cuenta de la falta de la prenda, una vista excitante y suculenta para el par de esmeraldas que ya ardían de deseo sobre el cuerpo escultural de la morena.
-¡Menos mal que mañana ya regresamos a casa! Voy a morir de abstinencia de nuestro hi…- no terminó de hablar, sus ojos castaños se posaron en aquella beldad, una diosa griega. ¡Eso es lo que era!
Emma estaba arrodillada en medio de la cama con mirada felina, se lamió los labios de forma provocativa y llamó a Emma con el dedo índice, la morena tragó en seco, dejó el móvil en un sitio cualquiera que encontró al tacto, no desvió la mirada por un segundo, caminó hasta la cama sonriendo maliciosamente.
-¿Qué significa esto, srta. Swan? Inspiró, sintió una ligera incomodidad en las piernas, Regina ya palpitaba de deseo solo ante aquella divina visión.
-¿Te gusta?- preguntó Emma provocativa. Regina no se molestó en responder, lanzó una mirada desvergonzada y entrelazó los dedos en el cabello de la esposa, olió el cuello, y enseguida mordió la piel expuesta.
-¡Me encanta!- le hizo un chupetón. A Emma no le importó si al día siguiente aparecerían marcas, quería ser tomada por Regina.
Sus besos se volvieron intensos, ambas ya tenían la respiración desacompasada. Tras la conversación que habían tenido sobre los "regalos", no habían vuelto al asunto, las dos tenían vergüenza. Regina deseaba tomar a su esposa, sin embargo estaba esperando a que ella se pronunciara, ya que la morena sentía un deseo mucho más que intenso.
Las caricias quemaban sus cuerpos, pero ninguna de las dos las profundizaron, ambas querían lo mismo en aquel momento, sabían que aquella era la última noche y probablemente el día siguiente lo ocuparían en organizar las cosas para partir.
Emma decidió pronunciarse, aquellas caricias la estaban dejando loca.
-Hazme tu mujer, Regina…- pidió, y rezó para que Regina entendiese a dónde quería llegar. Mills miró los verdes, desconfiada, aún así esperó a que ella dijera algo más –Quiero que me toques como nunca antes he sido tocada…- mordió el labio inferior, traviesa, quería mucho que la morena entendiera lo que quería decir.
-Quiero penetrarte…- Mills susurró jadeante, no había llegado a entender las señales de la rubia, pero se dejó guiar por su propio deseo.
-Haz lo que desees…- Emma concedió, era, a fin de cuentas, lo que quería pedir.
Rápidamente, Regina le dio un piquito a la esposa y fue a buscar el "regalo", lo encontró enseguida, no sabía cómo encajar aquello de forma correcta, pero lo hizo, se miró rápidamente en el espejo, no había quedado del todo mal, el accesorio tenía, de hecho, un tamaño y diámetro de un pene de verdad, su color era neutro, transparente con mucho brillo, a la morena le gustó, se volvía menos extraño. Volvió al cuarto algo avergonzada, intentó dejar la vergüenza de lado y sonrió a la esposa con las dos manos en la cintura.
-¿Y? ¿Qué te parece?- se pasó los dedos por el pelo
-Extraño…- Emma hizo una mueca, aquello era "grande"
-¡Genial! ¡Jo, Emma! ¡No sé cómo hacer esto!- suspiró sentándose en el borde de la cama y se tapó el rostro con las dos manos, deseaba aquello, lo deseaba mucho, pero no sabía cómo proceder.
-Eh…- tocó el mentón de la morena –Estás hermosa…
-¿De verdad?- sonrió débilmente
-De verdad…Yo lo deseo…Y deseo que seas tú quien lo haga…No podría ser con otra persona…- Emma miró el strap on que la morena llevaba y se rascó la cabeza como si pensara -¿Estás usando el doble?
-Sí…¿Cogí el que no es?- miró el consolador dentro de ella
-¡No! Todo lo contrario, ¿cómo te sientes?- preguntó curiosa, ya que Regina parecía muy a gusto con aquello.
-Loca de tensión…- Emma sonrió maliciosa con aquella confesión tan espontanea y verdadera
-Yo nunca he usado ese…Por eso pregunté…y estoy ansiosa por más…quiero esto tanto como tú…Deseo ser tuya…- fue atrayendo el cuerpo de su esposa hacia ella.
-Em…Te amo tanto…tanto…- volvieron a besarse de forma calmada, en cuestión de minutos el beso se volvió urgente y ambas estaban en el centro de la cama.
-Ar…Regi…naaa…- gimió Emma al sentir el "objeto" pasar por su intimidad. La morena sonrió ante aquello, comenzó a quitarle a la esposa aquella prenda transparente y se llevó los pechos ya rígidos a la boca, le dio mordiscos y chupetones, sentía su propia intimidad contraerse alrededor del dildo dentro de ella, a medida que Emma gemía con la sensación de placer proporcionada por la esposa. Regina trillaba un lento camino hacia el clítoris ya mojado de la otra aún por encima de las bragas. Emma arqueó la espalda con aquella presión, notó que se mojaba aún más y Regina se deleitó con aquello, acercó los labios a la pelvis de la esposa y le quitó la mini prenda con los dientes. La rubia jadeaba de deseo, comenzó a apretarse sus propios pechos para aplacar aquella llama que la quemaba.
Regina pasó la lengua lentamente por la zona que palpitaba y la mordió arrancándole un gritito a la rubia. Abrió su mayor sonrisa traviesa, Emma estaba, de hecho, dispuesta a todo, sentía el placer sin preocuparse de nada más. Mills lamió y chupó aquella zona por largo tiempo, pudo percibir lo agitada que estaba Emma, ansiaba por más.
-Amor. Haz…Rápido…lo…que…necesites…hacer…Por…favor…- su voz salió cortada, tal era su excitación.
Regina agarró su "juguete" y lo presionó en la entrada de la rubia, hizo un movimiento de vaivén lento y otra vez Swan gimió ansiosa
-Si en algún momento te molesta, dime…- avisó introduciendo dos dedos antes de entrar con algo más grueso.
Regina introdujo el tercer dedo y sintió cómo Emma se los apretaba, una señal clara de que quería más. Agarró su "accesorio" de nuevo, presionando en la entrada, y fue forzando a medida que Emma gemía ante la sensación, Regina se sentía hormiguear, aquella zona parecía incendiarse, imaginar a Emma ser llenada por ella y sintiendo lo mismo era extremadamente excitante. Mills apoyó un brazo al lado del cuerpo de la rubia y a medida que deslizaba hacia dentro el objeto, masajeaba el clítoris con delicadeza, aquello mantenía a Swan relajada, Regina sabía cómo agradar a la esposa, de repente el cuerpo de la rubia se tensó.
-Amor…- Emma interrumpió el movimiento retrocediendo en la cama en cuanto sintió que Regina sobrepasaba de donde alcanzaban los dedos –Ve con calma…- suspiró, la sensación de ser llenada por completo era nueva para la rubia.
-¿Te he hecho daño?- Regina preguntó preocupada
-No…Es que…- hizo una mueca –Esta hondo…- su voz salió cortada y la respiración era pesada, todo era nuevo en aquel instante
-Estás muy apretadita, amor…- Regina sonrió volviendo a penetrar a la esposa con delicadeza.
-Ay, Regina…- Emma gimió -¡Ufff!
-¿Estás bien? ¿Te duele?- preguntó Regina, muy preocupada, Swan tenía una expresión extraña, parecía sentir dolor.
-Estoy bien, amor…Solo quédate así…un momento…por favor…- suspiró intentando contener la pequeña incomodidad, sentía un ligero ardor, un cierto malestar, aun así era placentero.
-No me voy a mover, amor…- Regina pasó a darle un masaje en los pechos con las dos manos, se quedó parada por un buen rato, sabía que su esposa necesitaba acostumbrarse a aquello.
En pocos minutos, Swan comenzó a mover la pelvis hacia la esposa, Regina se dio cuenta y su propio deseo la hizo comenzar un vaivén lento experimentando aquella sensación placentera de ser también llenada.
-¡Arr!- gimió la rubia -¡Ohhh!
-¿Así?- Regina jadeó encima de la rubia, podría jurar que iba a estallar antes de tiempo.
-¡Uhummm!- susurró Emma moviendo su pelvis a un ritmo moderado, aquello estaba dejado a Regina cada vez más mojada y loca por correrse, pero necesitaba contenerse y proporcionarle placer a su esposa. Cerró los ojos y respiró hondo intentando controlar el deseo de penetrar con fuerza.
-Avísame si duele…- abrió los ojos que ahora estaban negros de deseo, aquello era una tortura para la morena. Continuó el vaivén un poco más ritmado, siguiendo el ritmo de la esposa. Emma gemía en voz baja, parecía sentir vergüenza de lo que estaba haciendo, Regina lo percibió, llevó sus labios al oído de la rubia, estaba extasiada, sentía que podría perder el control en cualquier momento y presionar con mucha fuerza –Gime para mí, Emma…Gime para saber si te está gustando…- dijo con la respiración entrecortada. Y así Emma lo hizo, sus gemidos ganaron fuerza y el vaivén ya no era lento. Regina perdió el poco control que le quedaba en el momento en que Emma pronunció su nombre en su oído
-Re…Regina…- Swan tiró de los cabellos negros forzando a que sus miradas se cruzaran, miró a su esposa con sus ojos verdes oscurecidos –Fóllame con fuerza, amor…- pidió y no tuvo que repetirlo, Regina comenzó a entrar y salir violenta, vorazmente, perdió el control de hecho. Ahora Emma gemía con constancia, gritaba en realidad, soltaba palabrotas y arañaba la espalda de la morena con ardor. Regina se aferró al cabecero de la cama para continuar aquel movimiento de manera más precisa, embestía a la rubia placenteramente, pasó a morder el cuello de la rubia, entrelazó los dedos con los de Emma y ambas apretaron con fuerza y en una última estocada profunda, Regina alcanzó su ápice de placer, Swan respiraba pesadamente, pero no había llegado al orgasmo como era lo esperado.
-¿Amor…?- preguntó Regina dudando de si había hecho algo malo con la rubia
-Está todo bien…Yo…Er…- Emma no quería decir que no había llegado al orgasmo, tenía que relajarse –Creo que necesito que hagas esto con un poco más de paciencia…- dijo tímidamente, estaba sonrojada
-Perdóname…Oh, Em…¿Te he hecho daño?- Regina seguía inmóvil encima de la otra
-Shhh…No me has hecho daño…Todo lo contrario, has estado maravillosa, ya casi estaba…Pero en ese momento…Ya sabes…- Regina entendió, ella se había corrido demasiado rápido.
-Ok…Creo que ahora podré aguantarme por más tiempo…- sonrió avergonzada –Disculpa…
-No te disculpes…Solo ámame…como solo tú eres capaz de amarme…- y esta vez Regina beso a su amada con más calma.
-Ponte de lado, Em…- salió de dentro de su esposa y acurrucó a Swan junto a su cuerpo, pegando sus pechos en la espalda de la rubia –Lo haré con cariño…- agarró el muslo de la esposa y rápidamente introdujo el dildo, escuchó a Emma jadear y comenzó a moverse a un ritmo moderado, debía ser placentero para Emma, ya que ella misma aumentó la velocidad y Regina siguió rápidamente el ritmo de la otra, no pasó mucho tiempo y Swan se entregó al clímax estremeciéndose.
Pero Regina no se detuvo, esperó a que Emma recuperar la respiración y giró a la rubia de espaldas, colocándose detrás de las nalgas, masajeo el clítoris encharcado y enseguida penetró de nuevo a Swan, una de las manos agarró firmemente los cabellos rubios formando una cola de caballo, la otra se dirigió a aquella parte palpitante, sus dedos jugueteaban con el duro clítoris de su esposa y sus estocadas comenzaron a intensificarse enseguida.
-¡Ahhhh, Regina!- Emma gemía extasiada con aquello, sentía su trasero golpear contra Regina velozmente, ya sudaba, sus cuerpos haciendo ruido mientras chocaban.
-¡Sabrosa!- Regina gruñó mientras entraba y salía con deseo, no tardó mucho, Swan gimió escandalosamente, pero la morena no paró, ni siquiera esperó a que Emma respirara, agarró firmemente las caderas de la esposa con las dos manos y continuó chocándose contra el trasero de la rubia. Regina pronunciaba palabras sin nexo en medio de aquella presión, sintió su clímax acercarse, no lo soportó, Emma gimió alto por tercera vez gritando el nombre de la morena, ambos cuerpos convulsionaron y Regina cayó sobre la espalda sudada de la esposa.
Emma gimió bajito en cuanto sintió a Regina dejar su cuerpo, era una sensación extraña, sentía un vacío. Mills besó con cariño la espalda alba de la otra apartando algunos mechones sueltos.
-Te amo, Em…- susurró al oído de la rubia, se echó a su lado y se quito el arnés -¿Todo bien?- preguntó al notar a la rubia inerte, parecía haberse desmayado.
-¿Eres real?- dijo en un susurro casi inaudible, estaba exhausta, no sabía si podría caminar por la mañana. Regina sonrió al constatar que Emma estaba bien y acarició el rostro de la amada y le besó los hombros –No siento mis piernas…- susurró aún de ojos cerrados, respiraba lentamente –Conseguiste acabar conmigo…Nunca me he sentido así…- dijo abrazando a la esposa en un gesto remolón.
-¿Eso es bueno?- preguntó Regina, trazando dibujos invisibles en el abdomen definido de la rubia.
-Sí…Consigues sorprenderme cuando creo que ya no es posible…Es genial…- le dio un piquito –Haces que quiera descubrirte un poquito más cada día…- atrajo a la morena hacia sí –Yo…te amo, Regina…Mucho…Mucho…¡Demasiado!- sonrió de esa manera alegre, aquella sonrisa de sol, la sonrisa que hacía que el mundo de Mills se perdiera en un arcoíris, la sonrisa boba e infantil, aquella que daba sentido a todas las formas de amar. Se amaban. Más que nada en la vida.
Nueva York. Calle principal
-¿Qué sucede, Emma?- preguntó Regina desconfiada en cuanto la rubia detuvo el escarabajo.
-Amm…Er…El escarabajo se ha parado…- hizo una mueca. Regina, con toda certeza, se iba a quejar.
-¡Maldición! ¡Lo sabía! ¡Lo sabía!- salió del coche golpeando la puerta -¡JODER, EMMA! ¡TE DIJE QUE NO QUERÍA ENTRAR EN ESTE PROYECTO DE ABEJA!- Regina gritaba irritada.
-Amor…Paz…¿Ok? ¿Acabamos de volver de luna de miel y ya quieres pelear?- salió del coche para comprobar el neumático, uno de ellos se había pinchado.
-¡No quiero discutir! Solo quiero ir a casa…abrazar a mi hijo…- lloriqueó cansada, volviendo a sentarse en el asiento del copiloto.
-Solo ha sido la rueda, amor…¡Mi escarabajo está en un óptimo estado!- se defendió
-Para lo viejo que es, ¿no?- cruzó los brazos revirando los ojos.
-¡Más respeto, Regina! ¡Ya te he dicho que tiene sentimientos!- abrazó el capó del escarabajo, como una niña pequeña
-¡Sentimientos son los que vas a tener cuando mande a esta cosa a la chatarrería!- abrió la guantera cogiendo un sobre que allí había
-¡No te atrevas a amenazar a mi escarabajo! ¡Te estás metiendo con el coche equivocado!- Emma sacó la caja de herramientas para cambiar la rueda.
-¿Coche? ¡Esto es más un proyecto de abeja, mal diseñado, por cierto!- Regina dijo en tono bromista esta vez, intentó aguantar la risa cuando vio a Swan acercarse con mirada reprobatoria.
-¡Dame eso!- cogió el sobre de las manos de la esposa -¿Cómo te atreves a herir mis sentimientos de esa manera? ¿Hum?- levantó a Regina del asiento y metió el muslo entre las piernas de la morena, Mills sonrió traviesa pegada al lateral del coche.
-¿He dicho alguna mentira?- intentó besar a la esposa, pero esta desvió provocando mientras abría el sobre.
-¡Mi escarabajo no es un proyecto de abeja, sra. Swan Mills! Deja de llamarlo así o habrá graves consecuen…- Swan no consiguió finalizar la frase, pues lo que vio disparó su corazón.
-¿Amor? ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? Estás pálida…- Regina sujetó el cuerpo de la esposa que pareció ablandarse, temblaba y de repente las lágrimas llegaron junto a un llanto compulsivo. Regina se desesperó y sentó a la esposa en el asiento -¿Emma? ¿Amor? ¿Qué fue?- se preocupó
-Henry…- el corazón de la morena disparó, ¿le había pasado al hijo de ambas? Su expresión cambió drásticamente cuando finalmente cogió el papel, no se contuvo, también lloró, lágrimas de alegría, sus ojos se encontraron con los verdes intensos de su esposa y ella sonrió, una sonrisa genuina, alegre, feliz –Henry Daniel Swan Mills…- Emma pronunció sonriendo en mitad de las lágrimas de emoción.
-Nuestro hijo, amor…¡Henry es nuestro hijo!- Regina abrazó a su esposa con toda la delicadeza del mundo, un gesto fuerte, cargado de sentimiento, en aquel abrazo existía comprensión, cariño y amor.
-Henry también es mi hijo…- Emma parecía no creérselo
Cora consiguió finalizar el proceso de adopción hacía algunos meses, pero quería hacer entrega del documento en el momento propicio. Aquel certificado de nacimiento modificado con ambos apellidos parecía algo mágico, habían luchado tanto por eso, Cora no podría haberles dado regalo mejor. Con toda certeza aquel era el mejor regalo que ambas madres podrían recibir.
-Sí, amor…Y…bien…- afirmó, secando las lágrimas de la esposa con el pulgar –Trata de arreglar esta cosa para que puedas abrazar a tu hijo…- dio énfasis en el "tu hijo", precisamente para que Emma sintiera la alegría que ella sentía al compartir tanto amor.
Finalmente, una familia, no solo de corazón, ¡eran una familia ante la sociedad!
