Hola gente, entramos en una nueva fase de la historia donde nos vamos a encontrar un salto en el tiempo. Según su autora, ella organizó el fic en tres fases, y esta es la última. El fic tiene 55 capítulos, digamos normales, y un capítulo extra.
Nostalgia
Cuatro años después
La sala de fiesta estaba abarrotada, como de costumbre, pero esta vez era diferente, estaban los amiguitos de la escuela de Henry para aumentar el follón, a fin de cuentas era el primer cumpleaños en que los compañeritos formaban parte oficialmente, los incontables parientes de la familia Swan también estaban presentes, los amigos cercanos de la pareja, los niños…¡Ah sí! Los niños, unos corrían por el amplio sitio decorado con la temática de Superman, otros jugaban en la piscina de bolas, algunos movían sus deditos frenéticamente en las consolas de juego que había en una parte de la sala.
Regina recorrió el lugar con su mirada en busca de su hijo para cantarle el cumpleaños feliz, muchos niños en un lugar solo, era complicado atender a todo, ya que Emma era peor que los pequeños, la rubia estaba en la piscina de bolas con el hermano y otros pequeños saltando y tirando bolas de un lado a otro. Mills sonrió revirando los ojos, aquello nunca iba a cambiar, los años parecían no pasar para la esposa, aquella inocencia que Emma poseía en la mirada continuaba intacta, enseguida divisó al hijo en una mesa, en una esquina, abriendo el regalo que Hércules le había dado.
-¡Caramba! ¡Este comic es muy chulo! ¡Me encantan los X-Men! Te pasaste Herc…- abrazó al amigo sonriendo
-¿Qué hemos hablado de esa palabra, Henry?- Regina reprendió al hijo arqueando las cejas en cuanto llegó a la mesa.
-Dis…Disculpa mamá…- Henry bajó la cabeza en señal de respeto.
-Agradécele a tu amigo grieguito como debe ser…- Regina solo llamaba al niño con ese apelativo "cariñoso", consideraba aquel nombre muy inapropiado, recordó, sonriendo, el día en que Emma colgó la llamada, entusiasmada, informando de la adopción del pequeño por parte de Ruby y Lily.
"¿Quién pone a su hijo Hércules?- exclamó Regina incrédula en cuanto se enteró de la noticia
-Lo han adoptado, y ya llevaba el nombre- explicó Emma comprensiva
Lucas y Paige se casaron algunos meses después de la ceremonia de Emma y Regina, de hecho Swan fue la madrina más solicitada que se hubiera visto, ambas novias parecían disputarse a la rubia. Tras un año de casadas, aumentaron la familia con aquella dulzura de niño, por tener la misma edad, Hércules y Henry se convirtieron en inseparables cómplices, también porque sus madres hasta el día de hoy estaban muy próximas.
-Ya me lo ha agradecido, tita Regi…- Hércules sabía que a la tía no le gustaba cuando Henry se lo agradecía con "te pasaste", la morena consideraba aquello una especie de jerga.
-¿Dijo gracias?- preguntó astuta, había escuchado la conversación. El hijo de Ruby balanceó varias veces la cabeza afirmando -Está bien…-la morena se encogió de hombros, no iba a reprender a su hijo otra vez, era su cumpleaños.
Regina y Emma cantaban el cumpleaños feliz, una a cada lado del hijo, los invitados aplaudían alegres. El clima era de nostalgia, todas aquellas personas formaban parte de la historia de los tres, directa o indirectamente, parejas que se acababan de formar, niños por llegar, familias y relaciones diversas, todas aquellas personas había sacado un tiempo para contemplar la alegría de la familia que tanto amor transmitía.
Tras terminar la canción, el más joven de los Mills apretó los ojitos con fuerza y sopló la vela haciendo un silencio deseo
"Deseo un hermanito para compartir el amor"
Llegaron enseguida los aplausos y los camareros comenzaron a servir el pastel.
-Amor, voy a sentarme un poco…- Regina le dijo a la esposa, estaba cansada. Emma asintió y se dirigió a la más reciente chef de un restaurante especializado en mariscos de Alaska.
-¡Ariel!- exclamó Emma entusiasmada cogiendo a la pelirroja en los brazos y dando vueltas con ella. La había saludado rápidamente al comienzo de la fiesta, ahora podría prolongar la charla, algunos invitados ya dejaban el salón.
-¡Rubia! ¡Cómo extraño tus broncas!- le guiñó un ojo
-¿Las extrañas? ¡Ja! ¡Lo dudo! ¡Nunca más me llamaste!- golpeó el hombro de la ex trabajadora -¿Estás cuidando de esta rubia boba?- agarró el cuello de la prima -¿Por qué me tenías que robar precisamente a Ariel?-le apretó las mejillas a Elsa. Hacía poco más de un año que Elsa se había casado con Ariel.
"Estaré contigo en las noches más heladas…en el invierno más intenso…Y como la nieve que se derrite al juntarse con el mar, seré tuya…"-pronunció Ariel en sus votos
"Me hundiré en tu mar hasta el fin de nuestros días, mi sirena…"- Elsa le dijo con un sencillo beso en medio de las lágrimas de felicidad.
La chef Swan sentía la ausencia de la pelirroja, ¡y cómo! Marian era buena, pero Ariel siempre sería su brazo derecho. Emma estaba más que feliz por su prima y amiga, de hecho se compenetraban muy bien, vivían felices y completas, la sonrisa estampada en ambos rostros denunciaban la alegría de la pareja.
"¡Olaf, mi amor! ¡El más reciente integrante de nuestra pequeña familia!"- Ariel se lo regaló a la esposa al cumplir un año de casadas. Olaf era un husky siberiano de piel clara y ojos azules, una sorpresa para la rubia que siempre deseó tener una mascota con aquel nombre.
En una mesa aparte, Regina sonría al recordar un momento incómodo mientras observaba a Ruby y Lily bailando aquella música infantil con el pequeño Hércules
-"¿Y? ¿Habéis usado nuestros regalos?- Ruby soltó la pregunta antes mismo que los saludos en cuanto las dos regresaron de la luna de miel.
-¡Oh Dios! ¡Conseguiste romper el sello de esta rubia testaruda! ¡Mereces mis respetos, Regina!- Lily reía sin pudor alguno, Emma y Regina nada dijeron, aquellas dos sabían interpretar cualquier movimiento facial, y por la expresión que Swan hizo, pudieron desvelar lo acontecido.
-¡Yo lo intenté! Juro que intenté penetrar a esa rubia sosa…¡Pero ella NUNCA me dejó! ¡Eso no es justo!- Ruby fingía rencor. Y por primera vez Emma sintió más vergüenza que Regina, ambas se sonrojaron y no conseguían decir nada.
Anna se acercó a Regina, que automáticamente se puso seria, la prima de Emma conseguía ser inconveniente siempre que era posible, tenía una barriga enorme, estaba esperando a su segundo hijo con ansias.
-¡Has dejado embarazada a mi hermana, miserable!- a Elsa le faltó poco para matar a Kristoff en su momento, Anna descubrió el embarazo en cuanto habían vuelto a Alaska tras la boda de la prima.
-¡Vamos a casarnos, cuñada!- Kristoff intentaba pasarle confianza, en realidad estaba tan asustado como Elsa
-¡Cielos, sois dos niños!- la más vieja lloriqueaba.
-¿Todo bien, Regina? ¡Estás pálida! ¿Te has alimentado bien? ¡Porque si de verdad queréis tener otro hijo tienes que estar sana! A lo mejor es por eso que no consigues quedarte…¿Sabes?...¡Creo que es la edad! Ya has pasado de los 40, es más difícil. ¿Estás en la menopausia?- se puso la mano en el mentón, pensativa, Regina la encaraba con una de sus cejas arqueadas, fusilaba a la prima de su esposa, los años habían pasado, pero Anna seguía siendo la misma, parloteaba sin noción, no solo ella, sino también el marido, Kristoff, que juntos parecían más dos niños pequeños cuidando de un bebé, y en breve serían dos.
-¡Mi barriguita!- Kristoff se detuvo frente a la esposa y acarició la barriga, interrumpiendo la "conversación" de la esposa con Mills -¡Regina!- saludó a la morena con un rápido gesto -¡Están sirviendo helado con la tarta! ¡Sé que te encanta! ¡Vamos!- Kris empujó a la esposa en dirección a los camareros.
Regina suspiró aliviada, estaba a un paso de pegarle a Anna. No era secreto para nadie que ambas deseaban tener otro hijo, sin embargo los años pasaban y cada fracaso dejaba a la pareja más frustrada.
-¡No consigo quedarme embarazada!¡Y tú debes estar feliz por ello!- Regina acusaba sin medir las palabras
-¡Joder, Regina! ¡Para! ¡Deja de decir eso!- Swan no soportaba más aquel reclamo.
-¡No! ¡No paro! ¡Tú no quieres! ¡Tampoco querías a Henry!- Mills aumentó el tono de voz.
-¡Deja de ser tonterías, Regina! ¡Quiero otro hijo tanto como tú!- se defendió, aquello era la más pura verdad.
-¡No lo parece!- se refirió a la "calma" de la rubia en relación a los incontables intentos sin éxito
-¿Cómo? ¡He ido a todas las malditas consultas! ¡Hemos hechos varias inseminaciones! ¿Crees que yo no me frustró también con esto? ¡Pues te equivocas!- también estaba sufriendo, ver a la esposa triste hacía que el mundo de Emma se derrumbara.
-¿Mamás? ¿Por qué hablan alto? ¿Peleando otra vez?- Henry interrumpió a las madres, el muchacho presenciaba aquel tipo de discusión desde hacía algunos meses y comenzó a rezarle a cualquier Dios que quisiera escucharlo, él solo quería a sus madres bien.
-No querido…Está todo bien…- Regina cogió al hijo y le dio un abrazo, quería calmarlo.
-¡No! ¡No está todo bien, Regina! ¡Pero joder! ¿Cuándo vas a enterarte de que lo deseo tanto como tú?- Emma salió del apartamento cerrando violentamente la puerta, probablemente esa noche llegaría tarde.
Regina recordó las innumerables discusiones que habían tenido, no solo esa, pelearon, gritaron, Emma se fue a dormir a la sala varias veces después de aquella primera vez cuando Regina, irritada, la echó del cuarto por haber encubierto a Henry en un pequeño hurto en la guardería.
-¿Te has vuelto loca? ¿Esconderme algo así? ¡SOY TU MUJER!- Regina cambió el tono de voz, furiosa
-Henry ya ha aprendido la lección, no es necesario castigarlo- Emma defendía al hijo, para ella no había necesidad de castigo.
-¡Pues bien! ¡Si consideras bonito que nuestro hijo se vuelva un pequeño delincuente, conténtate con dormir en el sofá!- la morena salió de la sala pisando fuerte en dirección al cuarto, cerró la puerta violentamente y pasó la llave.
Así lo hizo Swan, no estaba arrepentida, ya había reprendido al hijo y le había explicado que aquello no estaba bien, que si quería algo solo tenía que pedirlo y las madres lo solucionarían, el muchacho lo entendió y nunca más repitió el gesto.
Situaciones embarazosas que necesitaron esquivar con delicadeza durante aquellos años surgieron a montones, Henry era un muchacho muy vivaracho y perceptivo.
-¿Mamás?- preguntó Henry en cuanto una de las madres entró en la cocina
-Henry…¿Qué estás haciendo?- preguntó Regina. El niño estaba encima de una silla con el congelador abierto.
-Quería tomar helado…Pero encontré esto…- agarraba un frasco que claramente no era helado.
-Hijo…¡Oh, Dios!- la morena se quedó quieta, con las manos en la cabeza, atónita, no sabía lidiar con aquello
-¿Qué es esto mamá?- Henry preguntó curioso
-Bueno…Ehh…- la madre aún no sabía cómo responder aquello, abrió la boca algunas veces intentando formular una explicación plausible, pero nada salía.
-Son tus hermanitos, Henry- Emma llegó a la cocina, respondiendo a la pregunta del niño para suerte o desgracia de la otra.
-¡Emma!- Regina reprendió
-¿Qué?...Ya es hora de explicárselo, amor…- la rubia habló con naturalidad
-¡Henry tiene cuatro años, Emma!- Mills no podía dar crédito a aquello, su esposa de verdad que estaba loca
-Hijo…Dame eso…- Emma guardó el frasco en el congelador de nuevo –Es así, chico…Dos mamás necesitan de este frasquito para que tú puedas tener un hermanito…¿Ok?- agarró el mentón del hijo mirándolo a los ojos con complicidad
-Ok, mamá…¿Vais a beberos eso? ¿Puedo yo tomarlo también?- Regina escondió el rostro en el cuello de su esposa, estaba muriéndose de la vergüenza. ¿Cómo explicarlo?
Emma calmaba a la morena con constancia, sobre todo cuando ella entraba en crisis de madre hiper protectora.
-Henry ya es un hombrecito…- Regina lloraba en la puerta de la escuela
-Mi amor, solo es el primer día de cole en la enseñanza infantil…Henry no está yéndose a la universidad- Emma abrazó a la esposa intentando pasarle calma
-Pero ni ha llorado…Pensé que me echaría de menos…¡Ya es independiente de mí!- puso morritos
-Claro que no, amor…Los hijos siempre dependerán de nosotros…Hasta hoy yo necesito el regazo de mi madre algunas veces…Hasta tú…-se refirió a la suegra, Zelena, Regina y Cora se habían vuelto inseparables de unos años para acá.
-Oh, Em…No sé lo que haría sin ti…- abrazó a la esposa en un gesto calmo
-Te amo, Regina…- Swan besó la cabeza de la esposa y siguieron caminando con sus manos entrelazadas por la calle.
Mills desvió la mirada hacia su esposa con una sonrisa apasionada, ella estaba charlando con August y Jefferson, parecía admirar a la pareja, Grace ya tenía poco más de siete años actualmente.
-¡PAPÁAAA!- la pequeña gritó años atrás cuando August fue a buscar a Jeff a la puerta de la penitenciaria.
-¡Estoy libre, mi pequeña! ¡Papá está libre!- cogió a la hija en brazos y le dio besos por toda la cara.
-¿Vamos a vivir juntos ahora, papá? ¿Los tres?- preguntó apretando el cuello del padre, pero no esperó respuesta –¡Papá August cuidó de mí muchoooo tiempo! ¡Tú tardaste papá!- se agarró más al cuello del padre.
-Tardé, pequeña…Pero ahora estaremos los tres siempre juntos ¡Siempre!- el ex reo prometió
August editó poco después de la liberación del compañero una biografía contando cómo había pasado ese tiempo que Jefferon había estado preso. El amor de un padre, era el título del libro. Jefferon volvió a trabajar en la Mills Company con un buen aumento que la presidenta quiso otorgarle. La pareja vivía muy bien con la hija, Jeff se mostraba cada día más dispuesto a colaborar en el crecimiento de la empresa, uno de los mejores trabajadores cuya evolución la Mills ha tenido el placer de asistir.
Pensar en Jeff hizo que los pensamiento de la morena vagaran hacia el cuñado que meses después fue puesto en libertad y aquello la llevó a otro recuerdo notorio.
-¿VOSOTROS QUÉ?- grito Regina sorprendida, pensaba que ya Zelena no podría sorprenderla más, pero era un engaño ¡Zel estaba loca!
-A tres, hermanitas, ménage à trois, como prefieras llamarlo…- se encogió de hombros
-¿Y Robin te ha dado carta blanca? ¿Para salir con cualquier mujer que desees?- la de menos edad preguntaba desconfiada
-¿Por qué el asombro?- preguntó Zel sin entender
-Bueno…Machista como es…Déjalo…- se contuvo, era mejor no decir lo que pensaba del cuñado
-¡Ah, hermanita! Es así, él es mi único hombre, no deseo a otro, pero nos gusta innovar en la cama, carne nueva siempre es buena. ¿Qué diferencia hay que yo folle con una mujer o folle a tres con Robin? ¡Da lo mismo! Por eso a él no le importa, sabe que lo amo…Y no lo cambiaría por una mujer…Solo estoy aliviándome, ¿ok?- explicó como si aquello fuera la cosa más normal del mundo.
-¡Ok! ¡Eso me hace ver que lo nuestro, ciertamente, nunca hubiera salido bien!- puso cara de asco al recordar que un día había compartido cama con el cuñado.
-¡Robin es mío, hermanita!- afirmó Zelena, apasionada
-¡No tengo la menor duda, Zel!- rió, entrando en otro tema -¿Sabes que aquella mujer a la que besaste en mi despedida de solera era la misma que metió en la cárcel a Robin?- preguntó divertida. Zelena desorbitó los ojos.
-¿Bromeas? ¡Estaba loca por llamar a aquella rubia caliente!- las hermanas Mills se echaron a reír.
Es gracioso cómo un pensamiento lleva a otro, Regina sonrió abobada al recordar la conmovedora conversación que había tenido con la madre algunos meses atrás.
-¡Yo quería cuidar de mis hermanos! Nunca los hubiera dejado marchar…Yo los quería y mis padres me los arrancaron…- Cora lloraba al soltar tal cosa, las hermanas Mills se quedaron boquiabiertas, el pasado de la madre era mucho más sombrío y doloroso de lo que podrían imaginar. Acabaron por comprender en parte el carácter duro de la madre.
Zelena alisaba la ropa de su hijo mayor en una mesa cerca a la de la hermana, Roland ya era casi un muchacho, había cumplido diez años. Dorothy corría con los otros niños de su misma edad, incluido Neal, que ahora tenía poco más de cinco años, la niña y el hermano de Emma se llevaban muy bien.
-¡Hola Zelena! ¿Cómo estás?- saludó Kathryn ignorando a Robin por completo, sí, el cuñado de la morena estaba de "vuelta", todo por una buena convivencia en familia. El clima nunca era de los mejores con él cerca, pero Emma y Regina aprendieron a ignorarlo.
La comisaria era otra que no soportaba al sr. Hood, sentía asco hacia el hombre, no conseguía entender cómo una mujer fantástica, como Zelena, estaba casada con un trasto como ese.
-Hola para usted también, comisaria- dijo sarcástico Robin, se había enterado de la aventura de las dos en cuanto salió de la cárcel, los "rolletes" de sus esposa no eran un secreto para él.
-¡No me he dirigido a ti, impresentable! Cuidado, pues puedo mandar que lo detengan por desacato a la autoridad- dijo en tono de amenaza.
-Mire, comisaria…No me he olvidado de lo que hizo, pero estoy dispuesto a olvidar si comparte la cama con nosotros…Zelena siempre me ha hablado muy bien de usted…- dijo malicioso. Kathryn iba a decir algo, pero fue interrumpida por la pelirroja.
-Ah, Kath…Piénsalo…Nunca te he olvidado…- susurró Zelena en el oído de la comisaria, intentaba convencerla desde hacía tiempo.
-¡No me voy a la cama con ex presidiarios!- dijo firme, por ella tendría otro polvo con Zelena, de hecho se habían encontrado varias veces, la pelirroja la había llamado y habían tenido una breve relación hasta el día en que la rubia unió los puntos y descubrió que la Mills era la esposa del hombre que había perjudicado a Emma y Regina.
-Le puedo garantizar que valdrá la pena…- Robin tomó un sorbo de cerveza, provocando
-En realidad, solo he venido a saludar a Zelena, pues ya me voy…- besó la mejilla de la pelirroja y le susurró al oído de forma sensual "una pena, Zel, yo tampoco te he olvidado". La comisaria caminó hacia Regina, tenía que informar a la morena sobre la búsqueda de los hermanos de Cora.
-¡Regina!- Merida despertó a la morena de sus devaneos, cuando se dio cuenta estaba siendo abrazada por la pelirroja.
-Meri…- sonrió ampliamente –Estás cada día más guapa…¿Cuándo habéis vuelto de viaje? ¡Pensé que estabais en China! ¡Es una sorpresa verte aquí!- dijo todo de una vez en cuanto fue colocada de nuevo en el suelo, las había invitado, pero no esperaba por ellas, aquello era novedad, la familia Swan Mills era muy querida por todos.
-Ah, Regi…Te echo de menos, ¿sabes? No podía dejar de venir…Estás radiante…Como siempre…- sonrió admirando el rostro de Regina. Ambas administradoras se habían acercado mucho, podía llamárseles amigas, sin embargo las miradas de deseo no fueron dejadas de lado ni siquiera con el tiempo.
-¡Vamos a dejar de flirtear, por favor!- Swan se acercó a la esposa agarrándola por la cintura
-¡Incluso hoy temo dejaros solas a las dos!- Mulan repitió el gesto de Emma en su novia, no se habían casado, ambas vivían juntas hacía algunos años -¡Las dos tenéis esa maldita química en la mirada!- reviró los ojos
-Mil perdones, Mulan…Pero…¡Tienes mucha suerte!- sonrió cómplice a la pelirroja, ¡aquellas dos amaban provocar!
-¡Amor, que estoy escuchando, ok! ¡Más respeto! ¡O me veré obligada a arrancarle a esta pelirroja todos los pelos!- Emma tiró del mentón de su esposa para quebrar aquel contacto visual entre las dos.
-Ah, Emma Swan…No te atrevas a ponerle un dedo encima a mi valiente…- Mulan miró a la rubia con mirada amenazadora, pero estaba bromeando.
-Solo he venido a coger a Regina para ir a bailar…Si nos permitís…- pidió Mérida permiso tanto a la novia como a la esposa de la morena. Se lo concedieron sin muchas ganas y ambas empresarias fueron dejadas a "solas", claro que Mulan y Emma observaban de lejos.
-Después de todos estos años, aún consigues avergonzarme…- Regina agarró la mano de la pelirroja, conseguía dejar a la morena sin saber qué hacer.
-Amo a mi compañera…Pero tú siempre serás el desafío que desafortunadamente nunca logré alcanzar…- apretó la cintura de la morena que se tensó con el toque, la pelirroja lo notó, pero fingió no darse cuenta. Cambió de tema -¿Llevas bien la empresa sin mí?- dijo mirando los ojos castaños
-Por favor, srta. Dunbroch…Sé administrar la Mills Company sin ti…Siempre supe, en realidad…- respondió irónica, aquello era algo que estaba por descontado.
-¡Pero imagino que no es lo mismo sin mí!- dijo convencida
-Ah…En eso tengo que concordar, Robin no consigue agilizar la mitad de los contratos que tú revisabas…Por favor…vuelve…- suplicó en un susurro divertido
-¡Lo sabía! Admite que me echas de menos…-pasó los dedos por el mentón de la morena aflojando el otro brazo en la cintura
-Mucho…Te echo de menos Meri…- abrazó a la pelirroja en un gesto amigable.
-¡Sinceramente voy a dejar de contratar a DJs en cualquier fiesta en que estés presentes! ¡Dios! ¡Todos quieten "bailar" contigo!- Emma interrumpió el momento "amigas" golpeando el hombro de Mérida, ella sonrió como si pidiera disculpas por algo y se fue hacia su novia oriental.
-Sin crisis, Em…No tienes por qué sentir celos, soy tuya…Exclusivamente tuya…- besó profundamente a la esposa, pronto se dio cuenta de que nadie las arrancó del beso lento, sobre todo cierta señora que siempre las separaba cuando iban a besarse -¿Dónde está tu madre?- preguntó Mills en cuanto acabó el beso.
-Estaba con mi hermano y nuestro hijo…¿Por qué?- respondió Emma aún jadeante, hacía un tiempo que las noches no eran tan calientes debido a las recientes discusiones, no les estaba siendo fácil a ninguna encarar la realidad, aquel asunto de la inseminación se había convertido en un peso en el matrimonio.
-Ah, nada…Es que hoy ella se cogió el día para molestarme, ¡yo solo quería beber un ponche!- reviró los ojos, Mary, de hecho, había conseguido sacar de sus casillas a Regina en aquella fiesta.
-Pero sabes que no puedes beber, mi amor…- Mills suspiró triste
-Hace dos años que no bebo nada, mi amor…Dame un respiro solo hoy…Por favor…- su voz salió cansada, estaba visiblemente abatida
-Amor…¡Tendremos otro hijo!- aquella frase ya formaba parte del día a día de la pareja. Emma había consolado a su esposa tantas veces, mes tras mes.
-Maldita esperanza, Em…- soltó el aire, triste, quizás estuviera rindiéndose -¿Me traes alguna bebida fuerte…?- se colgó al cuello de la esposa poniendo morritos, tenía cara del gato con botas, Swan no se resistía cuando Regina hacía aquella injusta petición.
-Joder, Regina…No me pongas morritos…¡Sabes que no resisto!- besó la cabeza de la esposa, ya estaba rendida y enseguida fue a buscarle una bebida, "¡Regina no está embarazada!", pensó mientras caminaba en dirección a cierta camarera, una señora que de hecho no dejaba de mirar a otra señora, una cierta mujer llamada Cora Mills.
-¿Ese fuego entre las dos no acabará nunca? ¡Cómo puede ser! Cada vez que te miro estás besando a esa rubia!- Tinker agarró los hombros de la amiga, Regina se sintió mareada por un instante, pero lo disimuló bien.
-Hola…¿Qué ocurre, Tinker?- la morena balanceó la cabeza intentando poner en orden la mente, respiró hondo
-Ya me marcho…Killian y yo tenemos un asunto importante que tratar…- guiñó lasciva, pero no era nada de eso, la rubia sospechaba que podía estar embarazada y ambos habían decidido hacer la prueba esa noche. No quiso decírselo a la amiga sin estar segura, por más alegre que la Mills se pusiera, sentiría tristeza por ser la única en no conseguirlo, ya que por lo que se veía, todas las otras mujeres se le "habían adelantado"
Tinkerbell se había casado con Killian en cuanto el moreno asumió el puesto de quesos de los Swan's, David optó por vendérselo, ya que Emma no iba a trabajar más aquello, ¡salió todo muy bien! Killian no tuvo que abrir una tienda y hacerle la competencia, David ahora era su principal abastecedor de vinos y quesos, cosa que agradó a Mary, pues así tendría a su marido en casa con más frecuencia.
-¡Lo conseguí, amor! ¡Tendré mi propio negocio!- Jones le dio la noticia entusiasmado
-¡No bromees! ¡Wow! ¿En serio?- Tinker daba saltitos aplaudiendo alegre
-¿Sabes lo que eso significa, no?- Kill apretó la cintura de la mujer
-¿Qué?- se hizo la desentendida, quería escuchárselo decir al novio
-¡BODA, amor! ¡Puedes hablar con tu madrina! ¡Aquel ramo te dio suerte!- juntaron los labios en un rápido beso
-Nos dio suerte, Kill…¡Te amo, mi capitán!- Tinker llamaba al novio con ese apelativo cariñoso, ya que el moreno tenia la filosofía de que llevar un negocio era como llevar un barco, y esa analogía seguía al "capitán" allá donde fuere.
-Te lo debo todo a ti, amor…Hada de mi vida…- sonrió alegre agarrando a la rubia en brazos
-¡Mal! ¡Yo te lo debo todo a ti…! Contigo siento que puedo volar…- robó un beso traviesa
-¡Volaremos o navegaremos juntos amor! ¡Yo también te amo, Tinkerbelle…- volvieron a besar apasionadamente
-¡Presta atención en lo que haces, Hadita! ¡Aunque de hada solo te queda la travesura! ¡Después hablas de mí! ¡Estás pegada con pegamento a ese "pirata"!- dijo irónica el apelativo del moreno
-Capitán, Regina…¡Es capitán!- corrigió revirando los ojos, Mills no perdía la oportunidad de "irritar" a la amiga, la morena siempre decía que el "capitán" estaba más para "pirata", ya que vivía poniéndose lápiz de ojos. Tinker lo defendía diciendo que era porque le gustaba el rock.
-Da igual…- se rió de la cara de la amiga, que la reprendió con un golpe en el hombro
-¡Ay, Tinkerbell! Has "trabajado" en el "mástil" con frecuencia, ¿no? ¡Golpeas fuerte, jo!- Mills se hizo la dramática
-¡Y tú sigues la misma enteradilla de siempre!- reviró los ojos divertida
-Disculpad que interrumpa…- llegó Kathryn para despedirse de Regina
-No lo haces…¿Ya te vas?- centró su atención en la comisaria, antes hizo una señal a Tinker para que esperara.
-Sí…¡La fiesta ha estado maravillosa! ¡Muchas gracias por la invitación! Todo estaba impecable…Solo vengo a despedirme y informarte de que hemos encontrado a uno de tus tíos…Si mañana puedes tomarte un café, te daré más detalles…- dijo un poco más bajo, ya que Cora no sabía de las investigaciones que Zelena y Regina habían empezado meses atrás.
-¡Eso es fantástico, Kathryn! ¡Por mí, genial! Mañana en Granny's…¿Bien para ti?- Mills se entusiasmó ante la posibilidad, su madre se alegraría mucho.
-Me parece bien…Nos vemos mañana…Ciao…- la morena asintió a la comisaria y volvió su atención a Tinker.
-También me voy ya, Gina…¡Cuídate! No tienes buena cara…¡Descansa en cuanto la fiesta acabe!- agarró las dos manos de la amiga.
-¡Maldición! ¿Será posible que todos habéis decidido cuidar de mi salud justo hoy?- reviró los ojos irritada, ¿cuántas personas ya le habían dicho eso en horas? Ni sabía ya.
-Te cuidamos porque te amamos, Gi…Sabes eso…Cuídate, amiga…- Tinker abrazó a la morena cariñosamente, aquel abrazo acogedor de hermana, Regina se sentía tan bien allí.
Al lado del bar, Emma golpeó a la suegra en el hombro.
-¡Eh, suegra! ¿En qué planeta estás, puedo saber?- dijo irónica, la rubia era espabilada cuando el tema era intercambio de miradas.
-¡Por favor, Swan! ¡Déjame en paz!- pasó el dedo por el borde de la copa
-¿Y perder la oportunidad de meterme contigo? ¡Nunca!- rio traviesa, los años habían pasado y la convivencia entre nuera y suegra se volvió razonable, pero había cosas que ni el tiempo podía cambiar y el intercambio de zarpazos era una de ellas –Cuéntale a tu nuera petulante preferida que te molesta tanto…ya que la última vez que te vi así fue en mi boda…- sonrió sonrojando a Cora, Swan siempre volvía al asunto del beso.
-¡Por Dios! ¡Ve a cuidar a Regina! ¡Ella es tu esposa, no yo! Es más…mi hija parece cansada, deberíamos concluir la fiesta- se levantó de la mesa irritada
-¡Eh!- agarró el brazo de la suegra –Tuvisteis una aventura…- afirmó como si supiera eso hacía tiempo
-¿Qué estás insinuando, Swan? ¡Suéltame!- tiró del brazo haciéndose la desentendida, nadie sabía de la breve aventura entre Cora y Mal.
-Parece que a ella le gustas…- Emma susurró a la suegra volviendo su atención al bar, tenía que llevarle la bebida a su esposa, ya se había detenido varias veces a hablar con la gente, probablemente Regina le tiraría la copa a la cara por la tardanza.
Aquella frase dicha por la nuera petulante resonó como una bomba en la memoria de Cora y sus pensamientos retrocedieron en el tiempo.
-¿Cómo? No soy los suficientemente buena para ti, ¿es eso?- Mal miraba a Cora con desprecio
-Lo que hemos tenido ha sido solo sexo, Mal…Alivio del cuerpo…- Mills dijo aquello con la mayor frialdad, de dónde había sacado fuerzas para decir aquello de esa forma era un gran misterio.
-¡Yo no hice sexo contigo, Cora!- afirmó Mal con los ojos húmedos
-¡Ah!- Cora aplaudió de forma irónica -¿Crees que hemos hecho el amor? ¿De verdad? Fuiste tú quien dijiste que somos lo suficientemente maduras para saber lo que queremos…y fue genial, pero…- Cora inhaló juntando todas sus fuerzas para decir lo que tenía que decir, quizás la decisión más difícil que la Mills había tenido que tomar, estaba envuelta por completo, y aquel sentimiento no podía crecer más, su orgullo aún hablaba más alto -¡Acabó Mal! Somos de mundos opuestos…Nunca saldría bien…Siento mucho si te he herido, no quiero esto para mi vida…- Cora miró al techo en el intentó de ahuyentar las lágrimas que obstinadamente resbalaban.
-¿Entonces, es eso? ¿Todo lo que hemos tenido ha sido un pasatiempo para ti?¿Solo sexo casual?- tocó la mano de la otra intentando en vano pasarle confianza, la más vieja se tensó ante el toque, pero no se intimidó y con la frialdad que Cora poseía, buscó fuerzas dentro de ella para poner fin en aquel asunto.
-¡Solo sexo casual!- mintió soltándose las manos –Adiós, Mal…- Cora se giró y no miró hacia atrás, podía sentir la mirada de la otra siguiéndola hasta que salió del bar.
"¡Amor es debilidad!", Cora se reprendió mentalmente, intentando apartar aquel recuerdo nada agradable, pero fue inevitable, su corazón le dolía cada vez que sus ojos se cruzaban con los azules de Mal, podía sentir todo su cuerpo estremecerse.
"¡Maldición, Cora Mills! ¡Deja de pensar en ella! ¡Deja de actuar como una adolescente arrepentida! ¡Ya no eres una niña!"
La señora Mills caminó hasta el bar para coger una botella de whisky, tomar unas copas solo no le estaban dando el resultado esperado. Por suerte para ella, aquella pequeña sala de bebidas detrás de la barra estaba vacía, y Cora necesitaba quedarse ahí, necesitaba un tiempo a solas.
Mal había sido contratada por Emma, que recordó el bien servicio de la camarera en la boda, la sra. Smith era muy eficiente y su equipo era, de hecho, el mejor, claro que Swan se acordaba del beso de años atrás y creyó que sería interesante armar una "cita", meterse un poco con la suegra era su pasatiempo favorito, lo que la esposa de Regina no esperaba eran aquellas miradas y al momento percibió que las miradas en la boda solo habían sido el comienzo de algo que la suegra ciertamente había escondido muy bien.
Cora se había pasado aquellos cuatro años viajando por el mundo, buscando olvidar a cierta rubia, buscando la paz en su corazón, una paz que no encontraría en los cientos de viajes que había hecho fuera del país, pues su otra mitad estaba en el mismo lugar, en un bar elegante de Nueva York.
Cora encontró la botella en la nevera y se sentó en una silla dentro de la pequeña bodega, suspiró pensativa, Mal no se había dirigido a ella durante la fiesta, fusilaba a la Mills con la mirada, sin decir nada, parecía querer herir a Cora de alguna manera, lo estaba consiguiendo, finalmente, la madre de Zelena sintió el dolor causado por la indiferencia.
"¡Hace cuatro años, Cora! ¡Cuatro! ¿Y a tu corazón se le ocurre acelerarse! ¡Patético, Cora Mills!"
Y una vez más gritó consigo misma llenándose el vaso con la bebida.
-Por lo visto nada ha cambiado en estos años…- Mal se apoyó en el marco de la puerta cruzándose de brazos, miró a Cora con admiración y nostalgia, aquellos años habían herido a ambas, Mal sintió su corazón saltarse un latido cuando la más vieja clavó sus ojos castaños en los azules.
-Ciertas cosas no cambian…- se encogió de hombros, quería, al menos, fingir que estaba bien, la realidad era otra bien diferente, sentía las manos temblando y el corazón latía descontrolado.
-Por cierto…¿encontraste lo que estabas buscando?- preguntó Mal curiosa, se había enterado de los innumerables viajes de la sra. Mills, no era muy difícil obtener información de la mantenedora de una gran empresa.
-Quizás…- Cora fingió indiferencia
-No me lo creo…- se acercó a la otra como un león que se prepara para atacar a su presa –Lo que buscas siempre ha estado aquí…en el mismo lugar…- la camarera cerró la puerta de la pequeña sala, estaba decidida a enfrentarse a Cora, tendría que escuchar lo que Mal llevaba guardando todos aquellos años.
-¡No sé de lo que hablas, sra. Smith! ¡No tengo nada que tratar contigo!- Mills alzó su escudo, pero sin éxito, rápidamente se derrumbó cuando Mal, sin previo aviso, le robó un beso, colocó el cuerpo de Cora sobre la nevera, no era un beso calmo o cariñoso, había rabia, un mezcla de rencor y deseo.
Cora desorbitó los ojos, sorprendida, pero se entregó al momento, y enseguida, ambas jadeaban y sus cuerpos suplicaban por más, era devastador cómo se echaban de menos. Cora soltó un primer gemido cuando Mal apretó uno de sus pechos, estaba al rojo vivo, ¡cómo había extrañado aquello toques! Nadie la tocaba como Mal, rápidamente los gemidos de Mills ganaron proporciones mayores y la camarera tuvo que reprenderla.
-¡Calla, señora rica! ¡Gimes más que perra en celo! Y ni siquiera te he tocado donde te gusta…- Mal entró por debajo de la falda de la de más edad, apartando las bragas hacia un lado, tocó aquella zona –Más mojada que cualquier adolescente…¡Me echaste de menos, no, desvergonzada!- introdujo el dedo corazón, Cora jadeó intentando contener el gemido, era casi inevitable para ninguna de las Mills –¡Admite que esta pobretona lo hace de miedo!- Mal hablaba con autoridad en la voz, se podía notar el rencor tras sus palabras, Cora se dio cuenta, pero no tenía fuerzas para posibles protestas –¡Dudo que esos hombres millonarios te proporcionen lo que yo soy capaz!- subió la falda de la otra hasta la cintura -¡Admítelo! ¡Di en voz alta que me echaste de menos todos estos años! ¡Admite que huiste por miedo! ¡Por debilidad! ¡Amar no es tan malo, Cora Mills!- Mal abrió las piernas de la más vieja, colocándose entre ellas -¡Pide que te folle!- ordenó encarándola con lascivia
-Fo…lla…me…- Cora no conseguía pronunciar debido a la excitación, su boca se movió y las palabras salieron en un murmullo quejumbroso.
-No he escuchado, Cora…Creo que voy a volver con las bebidas, ya que no estás interesada- Se incorporó y se giró, Mills pareció despertar.
-¡Vuelve aquí, Mal! ¡Fóllame, ahora! ¡Es una orden!- dijo desesperada. La sra. Smith sonrió maliciosa, se giró y en seguida los gemidos de Cora llegaron con fuerza.
Regina, que aún esperaba a la esposa, se rindió, buscó a Emma por la sala, y una vez más la rubia estaba distraída con el hijo y su hermano junto con Mary, pasó por el lado de la esposa y del hijo, y le lanzó una mirada a esta de reprensión, "¿dónde está mi bebida?" y Swan respondió tirándole un beso al aire como pedido de disculpas, Henry estaba a la espalda de su madre rubia y enseguida comenzaron a jugar a pilla-pilla entre las mesas, David corría con Neal en la espalda, que se reía diciendo que la hermana no valía nada.
-¡Vas a ver, monstruito! ¡Pequeñajo!- provocó al hermano, Emma parecía tener, a veces, la misma edad mental.
-¡Vamos mamá Em! ¡El abuelo David está más rápido que nosotros!- Henry dijo cuando el abuelo le enseñó la lengua
-¡Agárrate muchacho! ¡Nadie puede con nosotros!- Emma cambió la voz y salió corriendo tras el padre, riendo a carcajadas.
Regina admiró la escena como una tonta, cómo amaba a aquella familia, la vida valía la pena cuando se encontraba con momentos livianos como ese, se sentía completa, y por más que deseara otro hijo, pensó "quizás nuestra familia esté completa". Aquello era verdad, y en aquel instante, se permitió dejar de pensar en eso, solo deseaba ser feliz al lado de los que amaba, Henry y Emma eran suficientes.
Caminó hacia el bar en busca de una botella de agua, no quería más bebida alcohólica, se sentía con nauseas, "He comido demasiada cosa salada", se reprendió mentalmente, entró en el bar, le extrañó la ausencia de camareros, era fin de fiesta, pero no era para que la barra estuviera sin que nadie la atendiera, hizo una nota mental para llamar la atención a la supervisora responsable de las bebidas. Cuando se acercó a la pequeña bodega, vio un bulto seguido de constantes gemidos, caminó lentamente hasta la puerta semiabierta de la pequeña sala y se quedó atónita con lo que estaba presenciando, se sintió mareada.
-¡Ma…mamáaa!- pronunció Regina antes de que la vista se le nublara, cayó desmayada.
