¡Vamos a tener un bebé!
-¡Ma…máaa!- Cora salió de su ensoñación en cuanto escuchó el golpe del cuerpo en el suelo. Se arregló la falda, empujó a la camarera de forma brusca y se arrodilló en el suelo recostando a su hija en los muslos.
-Mi reina…- Cora acarició el rostro inerte de la hija pequeña. Se giró hacia Mal que estaba de pie al lado, la camarera no sabía qué hacer, miraba a Cora, a la bodega, y a la morena desmayada, se sentía responsable de aquello -¡Lo ves! ¡Mira lo que has causado!- la acusó -¡Muévete! ¡Llama a mi nuera!- fusiló a la rubia que rápidamente salió a llamar a la esposa de Regina.
-M…mamá… despertó, aún mareada por el golpe
-Shhh, mi pequeña…Está todo bien…- Cora acarició el rostro de la hija apartando algunos cabellos, estaba preocupada.
-Ay, mamá…Yo…- la morena parecía confusa, de repente pareció recordar lo que la había conducido al desmayo -¡Oh cielos! ¡Maldición!- Regina se apartó de la madre, levantándose, pero se mareó de nuevo, lo que hizo que se sentara en la silla más próxima.
-Hija…- Cora intentó sujetar a la hija que se tambaleaba
-¡Apártate, mamá! Por favor…- Regina apoyó una mano en la cabeza mientras la otra masajeaba su estómago, sentía nauseas.
-¡Ah Regina! ¡Por Dios! Mira tu estado…Necesitas un médico…- la madre se dio cuenta de que Regina necesitaba a un profesional, la morena estaba pálida desde hacía horas.
-Estoy bien…- dijo pasándose la mano por la parte de su cuerpo que había chocado con el suelo.
-¿Amor…? ¿Qué ha pasado?- Emma llegó, y acarició, preocupada, el rostro de la esposa
-Ni quieras saberlo, Em…Mi madre…Affff…- puso cara de asco
-¿Qué pasa? Como si tú nunca lo hicieras…Esta rubia petulante debe hacer cosas peores…Cora reviró los ojos
-¡Es diferente mamá! ¿Qué fue eso?- Regina balanceó la cabeza varias veces intentando olvidar la imagen.
-¿Eso qué?- Swan abrió una sonrisa victoriosa, sospechaba lo que era, pero quería comprobarlo
-¡Nada! ¡No fue absolutamente nada! Estamos en paz, ¿ok?- Cora se hizo la desentendida y Swan acabó por imaginar lo ocurrido, miró a la camarera y a la suegra, percibió que ambas tenían la pintura de labios corrida, sonrió maliciosa y volvió a mirar a la esposa.
-Regina, mírame- pidió la rubia tocando el mentón de la esposa, necesitaba comprobar si la morena estaba bien, ella lo hizo
-¡Soy tu hija! ¡Eso es mucho peor!- Regina respondió a la madre, sin embargo habló más para ella que para la más vieja. Abrazó a su esposa intentando olvidar aquella imagen nada agradable.
-¡No seas dramática, Regina! ¡Por Dios! ¡Cuánto drama!- Cora reviró los ojos de nuevo -¡Swan lleva a Regina al hospital! Está claro que no está bien…Yo me marcho, cualquier cosa, llámame…- cogió el bolso que estaba sobre la mesa cercana, saludó con un gesto de cabeza a la hija y a la nuera, ignorando por completo a Mal.
-¿Mamá? ¿Estás malita?- Henry se acercó corriendo hacia la madre morena, traía una botella de agua –Para ti mamá…- se la dio y acarició su rostro
-Mi pequeño…Mamá está bien…- despeinó los mechones castaños y lo sentó en su regazo.
-Creo que es mejor que llevemos a nuestra morena al hospital, chico…-Emma agarró al hijo, retirándolo de los brazos de su madre morena
-Está bien, mamá Em…- Henry sonrió, solo quería que su mamá estuviera bien
-¡No voy a ir a ningún hospital!- Regina se levantó de la silla abruptamente. Para la morena la causa de su desmayo había sido la impresión.
-Amor…Te has desmayado…Tenemos que comprobar por qué…- Emma intentó convencer a su testaruda esposa, dándole un beso en la cabeza.
-¡No iré, Emma! ¡Hoy no! Es el cumpleaños de nuestro hijo…No quiero terminarlo en un hospital…Estoy bien, ¿ok? Me he desmayado por una tontería…- Regina abrió la botella de agua y se la tomó, como si aquello apartara las imágenes que insistían en volver, pero ¿será posible que después de vieja Cora hubiera conseguido traumatizar a la hija?
-Está bien, amor…¡Entonces vamos mañana! ¡No acepto un no como respuesta! Tenemos que cuidar de esa salud…- acarició los cabellos negros.
-¡Tiiiita! ¿Estás mejor? ¡Abuela me ha dicho que te cuide y que la mantenga informada!- Roland fue a comprobar el estado de la tía a petición de la abuela, el pequeño era muy responsable y Cora confiaba en él, a veces hasta más que en la propia madre del nieto.
-Tu tía está bien, príncipe…- Regina acarició el mentón del sobrino
-¿Estás esperando otro bebé, tía Gina?- Roland soltó la pregunta, alegre, para él todo estaba muy claro.
-¿Otro bebé?- la morena preguntó más para sí misma, pensativa, recordó la palidez y los mareos durante la fiesta, aparte del desmayo, también sentía nauseas.
-Sí, tita…Vi en una película que le gusta a mamá…La mujer se desmaya y cuando las mujeres se desmayan ellas tienen un bebé después al final de la película…- explicó Roland su teoría. "Tiene sentido", pensó Mills.
-¿Emma?- miró a la esposa, esperanzada, tenía una sonrisa enorme en los labios
-Regina…- Emma, que prestaba atención a la conversación entre tía y sobrino, se maldecía por dentro. "¿Cómo he podido ser tan tonta? ¡Es evidente que mi esposa está embarazada!"
-¡Oh, Dios, Emma! ¡Tenemos que ir a casa! ¡Tenemos que hacer la prueba!- Regina abrazó a la esposa fuerte, estaba ansiosa.
-¿Estás segura de que no quieres ir al hospital? Allí tendremos la certeza…- Swan intentó convencer a la esposa de nuevo, si de verdad estaba embarazada, quería tener todo el cuidado del mundo.
-Mañana…Ya te dije…Hoy aún es el cumpleaños de Henry…Un test de farmacia puede ayudarnos…- besó a la esposa de forma cariñosa
-¿Mamás? ¿Voy a tener un hermanito como le escuche decir a Roland?- Henry abrazó a las madres por la cintura, sus ojos brillaban, lo deseaba tanto como las dos.
-Oh mi pequeño…No lo sabemos…aún…- Regina se agachó tocando la punta de la nariz del hijo, él parecía ansioso.
-¿Y qué tienes que hacer para saberlo, mamá? ¡Quiero saber!- Henry daba saltitos batiendo palmas, lo que le arrancó una sonrisa a su madre rubia y los ojos de la morena se llenaron de lágrimas.
-Bueno…Tenemos que ir a casa…Después que finalicemos la fiesta…- Regina besó los cabellos del hijo
-¡ENTONCES MAMÁS! ¡ACABÓ LA FIESTA! ¡VAMOS!- Henry estaba que no cabía en él, tiraba de las manos de sus dos madres, Roland reía con la escena.
-Calma, mi muchacho…Vamos con calma, quizás no será ahora…- Emma intentó suavizar la tensión del hijo, a fin de cuentas no sabían si estaba o no.
-¡Seguro que sí, mamá! ¡Pedí un deseo!- el muchacho escondió el rostro, travieso, con sus dos manos, las madres se miraron la una a la otra con alegría, ¡cómo deseaban aquello! Y saber que el hijo compartía el mismo deseo era acogedor.
-Siendo así…Vamos a despedirnos del resto de tus amigos, primos y de la tía Zel…- sonrió contenta la morena
-Y de tus abuelos…y Neal…- mencionó Emma a la parte de su familia
-Claro amor…Quise decir todos…- Regina abrazó a los dos en un estrecho abrazo, su corazón estaba lleno de esperanza.
Estacionamiento de la sala de fiestas
-¡Cora! ¡Mírame!- Mal agarró el brazo de la otra -¿Te marchas? ¿Sin al menos conversar?- le mantuvo la mirada a la más vieja. La sra. Smith tuvo que correr para alcanzar a la otra.
-¡No tengo nada que hablar contigo!- Cora se soltó de la camarera, su tono era de superioridad.
-¿Nada? Entonces, ¿es eso?- la rubia cruzó los brazos, su mirada era cortante
-¿Eso qué, sra. Smith? Me marcho, aquello fue un error…- Cora se giró hacia el coche, abriendo la puerta.
-¡No me des la espalda, Cora Mills! ¿Quién te piensas que eres?- Mal agarró el brazo de la más vieja con un poco más de fuerza esta vez, Mills la miró sorprendida -¿Crees que me puedas tratar como a una empleada cualquiera? ¡Somos iguales!- afirmó de cabeza erguida
-¡No! ¡No lo somos, Mal! ¡Y lo que tuvimos quedó en el pasado!- Cora negaba el sentimiento hacia Mal, un sentimiento que se empeñaba en dejar inalcanzable, mientras la sra. Smith se acercó demasiado a donde no debía y Cora pudo sentir que Mal ahí tan cerca era señal de peligro, su corazón gritaba por ayuda.
-¡Ah! ¡No quedó en el pasado! No me lo parecía minutos atrás, mientras gemías para mí…- Mal se acercó a Cora, las miradas clavadas, la una en la otra -¿Por qué haces esto? ¿Por qué huyes de lo que tu corazón desea? Puedo ver en tus ojos cuánto me has echado de menos, puedo sentir por la reacción de tu cuerpo cómo deseas tenerme cerca…Por favor…No me creo que todo esto sea por dinero…- Mal quería intentar, necesitaba desesperadamente intentar entender, ella, más que a nadie, le gustaría entender a Cora y compartir, compartir los sentimientos, tal vez una vida.
-No es solo por dinero…Quiero decir…Es…Lo es y no lo es al mismo tiempo…- Mills soltó el aire, sus piernas temblaban, Mal conseguía desestabilizarla.
-Vamos a dejar las diferencias de lado…Puedo hacerte feliz…Basta con que me des la oportunidad…Permítete amar…Déjame hacerte feliz…- Mal tocó el rostro de Cora en un gesto cariñoso, en el mismo instante ella cerró los ojos, su respiración se aceleró.
-No puedo, Mal…No puedo…- Cora balanceaba la cabeza aún con los ojos cerrados, necesitaba pensar con claridad, pero, ¿cómo hacerlo? Mal pegó sus cabezas, ambas respiraciones se hicieron altas –Ya no soy una niña…- soltó –Tampoco la sociedad iba a ver esto con buenos ojos…- dijo la verdad, aquello incomodaba a Cora, ¿sería miedo al qué dirán?
-¿Es por eso por lo que estás preocupada? ¿Con lo que los otros vayan a pensar? ¡Cuánta inmadurez…!- Mal se apartó con decepción en la mirada. ¿Cómo Cora podía ser tan cobarde? –¿Prefieres renegar de tu felicidad por el estatus? ¿Para mantener la apariencia de "niña bien"?- preguntó preocupada con la respuesta que podría obtener, siguió con el tema –Sé sincera conmigo, Cora…¿De qué te servirá todo eso? ¿Qué sentirás cuando mires atrás y veas que no luchaste? – volvió a cerrar el espacio entre ellas –Sientes algo por mí…sé que sí…Siento que sí…- agarró la nuca de la más vieja, que vaciló con el toque -¡Vive! No sobrevivas…Siente esa pasión…- pegó sus cabezas de nuevo –Deja que el fuego nos consuma…- Mal descendió una de sus manos y la metió por debajo de la falda de la otra, que gimió quedamente –No luches contra esto…- masajeó la zona, aún sensible por lo de minutos atrás –Lucha conmigo, lucha por nosotras…- tomó los labios de Cora con deseo. Cora, sin fuerzas para luchar, se entregó a aquel momento. "Soy tuya, Mal", pensó la más vieja en mitad de los besos y caricias de la camarera.
Tras la fiesta, Regina y Emma se fueron a casa, pasaron por la farmacia antes como lo habían dicho. Henry estaba echado en la cama de sus madres, el pequeño había tenido un día agitado, terminó por quedarse dormido incluso antes de que sus madres lo ayudaran con el baño y el cambio de ropa.
Emma esperaba en la sala, se roía las uñas de tanto nervio, habían sido innumerables los intentos sin éxito, aquellos dos años se habían convertido en años de prueba para la pareja, tener otro hijo se había vuelto el deseo más íntimo que ambas compartían.
-¡Amor! ¡Positivo! ¡DIO POSITIVO! ¡DIOS! ¡GRACIAS!- a Regina le faltó poco para saltar al salir del baño
-¡AHHHH- Emma agarró a la esposa y la levantó dando vueltas con ella -¡Felicidades mi amor! ¡VAMOS A TENER UN BEBÉ!- Swan saltó con la morena enganchada en su cuello. Estallaban de alegría.
-¡Emma calma! Vas a hacerme daño…Cuidado con nuestro bebé…- pidió preocupada, no quería que nada malo sucediera, aún más después de tanto tiempo intentándolo.
-Disculpa, amor…- Emma puso a la morena en el suelo con delicadeza.
-¿Mamás?- Henry entró en la sala arrastrando una tela por el suelo, aquel "trapo" era inseparable del pequeño.
-Oh, Henry…¿Mamá despertó a mi bebé?- Regina se agachó y cogió al hijo en brazos
-Amor, Henry ya pesa…Creo que es mejor que no agarres tanto peso…-Emma cambió al pequeño de brazos
-¿Por qué estáis gritando, mamás?- el pequeño preguntó rascándose los ojitos, tenía miedo de que fuera una nueva pelea.
-¡Tenemos una noticia para ti, príncipe!- Emma se sentó en el sofá con el niño en su regazo
-¿Cuál mamá?- el pequeño se entusiasmó
-¿Recuerdas que hoy has pedido un deseo? ¿Un hermanito o hermanita?- Emma preguntó, cómplice, Regina sonreía bobaliconamente con la escena, se tocaba la barriga
-¡Sí, mamá!- En un segundo el muchacho abrió la boca en una perfecta O y se llevó las manos a la boca, había entendido -¿Estáis gorvidas?- Emma y Regina se rieron de la palabra equivocada del hijo
-Sí, mi amor…- Regina respondió esta vez –Tus madres están grávidas…Así se pronuncia, mi amor…- besó la cabeza del pequeño
-¡Ah! ¡Es porque la madre de mi amiguito de la escuela está gorda, mamá! Entonces, pensé que gorvida pegaba más…¿Las dos vais a estar grávidas? ¿Así con la barriga igual a la de la madre de mi amigo?- Henry hizo un movimiento con las manos en su propia barriga queriendo mostrar lo grande que quedaría.
-Posiblemente, chico…¡Pero solo mami Regi se va a poner gorda!- Emma se rió y recibió una mirada reprobadora de la otra
-Ok…Paro…- puso cara traviesa
-Pero…¿Por qué solo una de vosotras?- preguntó el muchacho confuso, en su mente las dos deberían engendrar al bebé.
-¡Pensé que solo querías un hermanito!- Regina se sentó al lado del hijo y la esposa, acarició el rostro del pequeño comprensiva.
-Ah mamá…No me va a importar compartir con dos…¡cuánto más mejor! ¡Más amor! ¿No?- dijo aquello porque había aprendido desde muy pequeño que dos madres era más amor, así que para el pequeño todo tendría que ser el doble. Una manera sencilla de cómo ambas madres supieron explicarle.
-¡Creemos que uno solo ya está bien!- las madres sonrieron al hijo
-Está bien, mamás…¿Puedo dormir con vosotras hoy? Aún es mi cumpleaños…- pidió aprovechándose de la situación.
-Me gustaría saber con quién mi pequeño príncipe ha aprendido a ser tan astuto…- Regina balanceó la cabeza de un lado a otro.
-¡Por favorcitoooo, mamás! Solo hoy…- puso cara del gato con botas.
-Ok, mi príncipe…Pero solo hoy…Pues es tu cumpleaños…- Regina se levantó del sofá, agarró la mano del niño y caminó hacia el cuarto, estaba derretida con la forma en que Henry había pedido su deseo.
-Vaya…¿Este muchacho te logró convencer tan rápido? ¡Me estás superando, hijo!- dijo Emma orgullosa, lo que hizo que Regina revirara los ojos aun estando de espaldas, enseguida Swan fue tras el muchacho haciéndole cosquillas hasta el cuarto. Carcajadas estallaron en aquella estancia, los tres exhalaban felicidad cuando estaban juntos.
Desayuno en Granny's
-¡Buenos días, señoras Mills! ¡No esperaba verla, Emma! ¿Dónde está Zelena?- la comisaria preguntó por la pelirroja, nunca estaba de más ver aquellos ojos azules.
-Mi hermana no ha podido venir, es la reunión de padres en la escuela de Roland…Pidió disculpas…- Regina informó
-Ah, vaya…Una pena…- Kathryn cogió la carpeta y la puso sobre la mesa, parecía un poco decepcionada –Muy bien…Su nombre es Gregory Walker…Los tres hermanos fueron dejados en el orfanato en México, sin embargo, dos de ellos, los varones para ser más exacta, fueron adoptados por familias americanas, no fue difícil encontrar al otro, y hoy encontramos a tu segundo tío, Regina, y ambos están más cerca de ti de lo que imaginas…- Kathryn hojeó los papeles –Aquí están…Archie Hopper, tu abogado…Y tu otro tío es…Gregory, tu vecino, Regina…Vive frente a tu apartamento, en el número 107. En ese momento, Mills desorbitó los ojos, ¡qué mundo pequeño! Sonrió con la posibilidad de una reaproximación, por lo menos sabía que su vecino era un hombre soltero, de buena vida y honesto, que por cierto, siempre había escuchado los gemidos de ella y de su esposa, sin contar las pilladas in fraganti en el hall de los apartamentos, sintió sus mejillas ponerse al rojo vivo al recordar de tales escenas. Emma intentaba aguantar la risa, se estaba acordando de lo mismo.
-¿Y? Ahora que ya lo sabes…¿Qué quieres hacer? Mi equipo puede entrar en contacto con los dos y comprobar si tienen interés en reencontrarse con la hermana…De ahí en adelante todo corre por vuestra cuenta…- informó
-Ehhh…Ok…- Regina estaba tan feliz que no sabía qué decir, no por ella, sino por su madre, que finalmente se enteraría de que sus hermanos habían tenido una buena vida, era hombres buenos y trabajadores, sin contar que la morena tenía un cariño especial por el Dr. Hopper, que aun manteniendo una relación profesional, demostraba un gran aprecio por Henry –Voy a conversar con Zel sobre esto y hablaremos con mi madre…Puedes entrar en contacto con ellos…Espero que lo quieran tanto como madre…- sonrió a la comisaria.
-Todo está ocurriendo bien…Cuando tenga alguna novedad sobre la hermana, avisaré de inmediato…- Kathryn guardó los papeles y tomó un sorbo de café -¿No vais a pedir nada?- preguntó a las dos, ya que solo ella estaba tomando café
-No…Nos vamos ahora al hospital…- Emma respondió alegre
-¿Pasó algo? ¿Estáis bien?- la comisaria preguntó, preocupada
-Sí…Lo estamos…- Regina se pasó la mano por la barriga suspirando, la emoción en su cara era nítida.
-Oh Regina…Felicidades…También para ti Emma. Buena suerte en esta nueva fase…- Kathryn les deseó a ambas -¿Ahora niña?- bromeo con las madres
-¡Si puedo elegir, quiero a mi rubita!- dijo Emma entusiasmada –Es mi bebé a quien está llevando…- sonrió de oreja a oreja, el óvulo era de ella. Regina sonrió con el entusiasmo de la esposa. Swan siempre conseguía sorprenderla, quería ser la madre biológica del segundo hijo, Mill no protestó, era un placer engendrar a la hija de ambas.
-Siendo así, señoras Mills…qué venga la niña rubita como Emma desea…- Kathryn sonrió a las dos mientras tomaba otro sorbo de café
-¡Amén!- afirmó Swan convencida, ya levantándose con la esposa
-Hasta luego…- saludó a las dos que ya salían de la cafetería.
-No conocía ese deseo tuyo, amor…- dijo Regina mirando a Emma por encima del coche mientras abría la puerta del Mercedes.
-Ahhh, yo…- Swan no sabía cómo decirle aquello, ella quería, pero no se había parado a pensar.
-¡Hey! ¡Hola, pareja!- Ruby y Lily estacionaron la camioneta al lado del Mercedes -¿Dónde está tu mecherito?- la morena de mechas rojas preguntó divertida, amaba meterse con la amiga
-¡Está en el mecánico!- Emma reviró los ojos, divertida
-¡Lo mandé a la chatarrería!- Regina entró en la broma -¡Nunca más veremos a aquel proyecto de abeja!- afirmó guasona
-¡Qué pasa, gente!...¿Por qué le hacéis bullyng a mi escarabajo? ¡Jo! ¡Tiene sentimientos!- defendió a su estimado coche
-Vale…¡Paramos!- Lily salió de la camioneta para saludar a Regina primero, la relación de las dos era buena, ya incluso quedaba olvidada la pelea por la rubia de años atrás -¿Te encuentras mejor, Regina?- preguntó haciendo referencia al desmayo en la fiesta
-Sí…estoy genial. Estamos, en realidad…- acarició la barriga con mirada sugestiva
-¡Ay Dios mío! ¡Lo conseguisteis!- Lily abrazó a la morena con fuerza
-¡Así se hace, rubia!- Ruby golpeó el hombro de la amiga y después le dio un abrazo -¡Felicidades! ¡Os lo merecéis!- dijo de corazón, la actual dueña del Granny's tuvo que darle fuerzas a Emma muchas veces, si no fuera por ella y Lily, Swan no habría soportado tantas discusiones.
-Sí…Vamos ahora al hospital a confirmarlo…- dijo Swan tímida
-Claro…Id…¡Y tenemos que hablar! La abuela debe estar echando pestes…Tuvimos que dejar a nuestro hijo en la escuela ahora…- Ruby hizo una mueca, la pareja no había escuchado el despertador después de una noche bien agitada.
-Me extrañó no veros a ninguna por aquí, por la hora…- dijo Emma maliciosa
-Fue por eso mismo, rubia…¡Tengo que atender a esta loba insaciable!- Lily mordió el labio inferior de la esposa
-¡Por Dios! ¡Vamos a parar! Tengo nauseas de tanto empalago…- pidió Regina entrando en el coche.
-¡Mejor empalago que un caliente agarre! ¡Tuve que taparle los ojos a mi hijo ayer cuando llegamos al aparcamiento! ¡Había dos abuelitas comiéndose allí! ¡Qué escena horrible!- Lily hizo una mueca al recordar
-Creo que una de las señoras era tu madre, Regina…con aquella camarera que estaba sirviendo las bebidas en la fiesta…- dijo Ruby pensativa, no consiguió ver el rostro, pues ambas estaban ocupadas casi tragándose la una a la otra.
-¡Oh cielos! Creo que voy a vomitar…- Regina salió del coche y corrió a la papelera más próxima, no tenía mucho que echar, lo que aún le causó mayores nauseas.
-¿Amor?- Emma le agarró el pelo -¡Joder, Ruby! ¡No sabes cuándo dejar de hablar!- reprendió a la amiga
-¡Vaya! Lo siento…¡Lleva a Regina ya al hospital!...Ciao rubia…- Ruby corrió hacia la cafetería. Lily movía los hombros como si pidiera disculpas y corrió tras la esposa aguantando la risa.
Al llegar al hospital, todo fue muy rápido. Regina se hizo un análisis de sangre y un ultrasonido, estaba de tres semanas, todas las instrucciones ya conocidas por ambas madres fueron escuchadas. Salieron de allí aún más animadas, conversaban alegres sobre los preparativos para la llegada del otro Swan Mills.
Mills Company. Después del almuerzo
-Sr. Locksley…No me encuentro bien.. ¿Puedo cogerme el resto del día?- preguntó Belle tímidamente, estaba esperando que llegara la presidenta, pero por lo visto Regina se cogería todo el día.
-¿No debería estar de permiso de maternidad?- preguntó Robin mirando algunos contratos en la mesa. Belle tenía una barriga enorme, probablemente de más de ocho meses.
-No señor…Entro de permiso dentro de dos días…Pero realmente no me siento bien…Por fav…- iba a pedirlo de nuevo, pero Robin interrumpió sus palabras
-Pues claro…Regina no te lo negaría…¿Sabe?...Cójase estos dos días que quedan, yo habló con Regina después…- miró a Belle comprensivo.
-Gracias…- respiró aliviada
-Voy a decirle a Graham que la lleve…- Robin estaba marcando
-No señor…La señora Mills puede necesitarlo cuando llegue…- rechazó, no le gustaba mezclar trabajo con vida personal.
-Si Regina necesita un chófer, yo la llevo…A fin de cuentas, ¿es su marido, no?- preguntó mientras escuchaba el tono del teléfono.
-Vivimos juntos, sr. Locksley…- dijo con la cabeza gacha, Belle no era de las de hablar de su vida personal. Deseaba casarse con Graham, pero él no compartía esa idea, según él vivir juntos ya era como un matrimonio.
-Es el padre de su hijo…- sonrió a la asistente, escuchó a Graham atender el teléfono. "Sr. Humbert cójase el resto del día libre con su mujer e hijo…Ella parece cansada…", dijo. Graham pareció sorprendido, pero enseguida fue a buscar a su novia.
A pesar de no ser lo eficiente que era Mérida, Robin, de verdad, se estaba esforzando en hacer las cosas bien. La prisión le había enseñado a tener respeto por el prójimo y a darle valor a la vida, pasó malos ratos en la cárcel.
Regina llegó a la empresa pasadas las 14:00, le extrañó ver la mesa de sus asistente vacía, fue al despacho de Robin, entró sin llamar, como de costumbre.
-Hm…Después te quejas de que no llamo a la puerta de tu despacho…- Robin reviró los ojos sin mirar a su cuñada -¿Qué quieres?- firmaba algunos papeles.
-¿Belle? ¿Está ella bien?- preguntó, preocupada, por su asistente, no era de las de faltar.
-Si está bien, no puedo decirte…Le di el resto del día libre a ella y al marido…-se encogió de hombros –Me lo pidió, me dijo que no se encontraba bien…Entonces dispensé a los dos…- explicó y miró a la cuñada.
-Bien…Has hecho bien…- Regina pareció pensativa –Llama a alguien, necesito un chofer…- pidió
-Yo te llevo…- Robin se levantó de la mesa prontamente
-Ah, querido…No, de verdad….- Mills soltó una carcajada.
-¿Qué ocurre? Sabes que conduzco…Es más…Ya hemos hecho muchas cosas dentro de un coche…Déjate de tonterías…¿A dónde vamos?- cogió la chaqueta y salió del despacho -¿Te vas a quedar mirándome con esa cara de asombro o me vas a decir a dónde tengo que llevarte?- Robin ya estaba en mitad del pasillo
-¿Qué le ha pasado a mi cuñado perezoso?- la presidenta lo miró desconfiada
-Ah, Regina…Por favor…No empieces…Vamos…- hizo una seña con la mano
-Ya que insistes…Vamos al restaurante de mi esposa…- dijo Regina irónica, el cuñado no podía echarse atrás
-¿Estás de broma, no? ¿Por qué no vas con tu coche?- preguntó lo obvio
-Voy con mi coche…Solo que no quiero conducir hoy…- Regina conocía sus límites y estaba sintiendo mareos desde el cumpleaños del hijo. El Dr. Whale le recetó un medicamente, aun así no quería abusar.
-¿Puedo saber por qué? No dejas que nadie conduzca tu Mercedes…- Robin estaba confuso
-Solo llévame y no digas nada…¡Tú has sido el que has insistido, sr. Locksley! Cumple con tu palabra…- sonrió sarcástica, no le iba a contar lo del embarazo, el hombre resopló
-Joder…A Emma no le va a gustar…- reviró los ojos
-Ah, querido cuñado…No, no le va a gustar para nada…Quién sabe, a lo mejor arregla tu nariz…ya que la tienes medio torcida…¡Oh no! Es así- rió divertida
-¿En qué momento me he vuelto tan imbécil hasta el punto de dejarte meterte con mi cara de tal modo?- sonrió a la ex novia
-No sé…Solo sé que me gustas un poco más así…- le tocó el hombro al cuñado y entraron en el ascensor.
De hecho la convivencia entre los dos había mejorado después de que había vuelto a la empresa, la prisión le vino bien, Regina desconfió los primeros meses, tenía miedo de lo que Robin podría hacer, miedo hasta de una posible venganza contra ella y Emma, sin embargo el tiempo había pasado y la presidenta pudo percibir ciertos cambios, claro que siempre estaría con una mosca tras la oreja, sin embargo estaba feliz por poder finalmente convivir en "paz", el clima aún no era de los mejores cuando estaban todos en el mismo sitio, pero se podía convivir sin mayores trastornos.
Hacienda Encantados
Pues sí, ya no era la hacienda Swna's, David y Mary le habían cambiado el nombre a la hacienda unos dos años atrás, salió bien con la marca de vino y desde entonces creyeron mejor cambiar el nombre del sitio también. Había hasta una placa con el nombre: ENCANTADOS. La letra era cursiva, de estilo rústico, dos cisnes decoraban el nombre, uno frente a otro formando un corazón. Regina reviraba los ojos cada vez que pasaba frente a la placa "hortera", era así cómo la veía la morena.
Aquel fin de semana era especial, Killian quiso hacer una barbacoa, quería compartir la noticia de iba a ser padre con su gran amigo, consideraba al padre de Emma como alguien de la familia. Cuando el sr. Nolan colgó el teléfono alegre con la notica del amigo y socio, Emma llamó, gritaba al teléfono contándole que iban a ser abuelos de nuevo, así aprovecharon e invitaron a todo el mundo.
-¡Tinker!- Regina abrazó a la amiga en cuanto llegó a la hacienda -¡Felicidades, bajita!- le acarició la barriga a la amiga
-¡Felicidades para ti también, Reginina! ¡Vamos a ser mamás!- Tink daba saltitos agarrando las manos de la morena -¿Recuerdas que hablamos sobre esto en la universidad? ¿Que quedaríamos embarazadas juntas? ¡Ha pasado!- se colgó del cuello de la morena que reía sin parar.
-No puedo creer que esto sea real, Tink…- se abrazaron otra vez emocionadas.
Emma sonrió ante la escena, amaba cómo una cuidaba de la otra, se acercó a su amigo Killian, se extendieron en una conversación de cómo era ser "padre". Swan entendía del tema, Killian prestaba atención, curioso.
Granny llegó con el bisnieto, seguida de Ruby y Lily. Hércules corrió al encuentro de su amiguito Henry y enseguida Neal se juntó a ellos, y comenzaron a jugar al pilla-pilla en medio del césped. El día estaba hermoso, soleado y alegre, los árboles llenos de flores, de hecho la primavera era la estación más hermosa del año.
Emma reviró los ojos cuando divisó a Mulan saliendo del coche con Mérida. Regina había querido invitarla ya que ambas estarían en Nueva York solo algunos días más, después se irían por trabajo a Escocia.
Ya era tarde, todos habían comido, Tinker paseaba con Killian dados de la mano, el padre primerizo estaba todo bobalicón con su bajita, le concedía todos los caprichos. Estaban en mitad de la plantación de uvas, Killian metiendo la fruta en la boca de la esposa, mimándola y dándole besos, la sonrisa de los dos era contagiosa.
Mary estaba en la silla de balancín al lado de Granny mirando hacia los pequeños, Neal, Henry y Hércules. Ellas charlaban, animadas, sobre el futuro de los pequeños, hacían planes y planes.
David y Emma disputaban a saltos bomba en la piscina, los dos eran dos niños cuando estaban juntos. Regina estaba con sus gafas de sol sentada en la tumbona y sonreía admirando la escena, se pasaba la mano por la barriga, aquellos temblores eran señal de la pequeña vida que allí se estaba formando.
Mérida y Mulan estaban sentadas al borde de la piscina, riéndose de Emma y David, las dos apostaban a ver quién ganaba. Cuando los dos se calmaron, decidieron jugar a tirarle agua al otro, la oriental acabó por entrar en el juego empujando a la pelirroja con ella. Agua. Había agua por todos lados, el follón era tan grande que Mary tuvo que intervenir, pero fue ignorada por completo, hasta que tiraron agua sobre Regina, que fusiló con la mirada a su esposa. A Emma le importó poco, le sacó la lengua y siguió jugando con el padre, los pequeños vieron aquello y saltaron a la piscina junto con ellos, dejando a Mary y Regina con los nervios a flor de piel. "¡Cuidado David! "¡Mira a Henry, Emma!" y ambas morenas se desgañitaban alertando pero inultamente.
Ruby y Lily llegaron cerca de la piscina encima de los caballos, habían pasado la tarde cabalgando, había aprovechado cuando Hércules estaba distraído con los otro niños, era un niño muy apegado a sus madres, quizás por miedo al abandono, el pequeño no podía recordar eso, pero ese sentimiento se reflejaba en el modo de ser del pequeño.
-Pero, ¿qué follón es este? Creo que hay más agua fuera que dentro de la piscina…- soltó Ruby una carcajada agarrando las riendas del caballo.
-¡Mamás!- Herc salió de la piscina y corrió hacia el caballo -¡Me llevas, mamá Rubs! ¡Yo también quiero montar!- levantó los bracitos
-Hemos venido a recogerte para eso, precioso…- Ruby bajó del caballo y enseguida puso al hijo delante de ella, se marcharon bajo el sonido del trotar de las patas del caballo mezclado con las carcajadas del pequeño.
Mérida también salió de la piscina, extendió una toalla en el césped y se giró boca arriba para aprovechar el sol de la tarde. Mulan se juntó al sr. Nolan, jugaba con Henry y Neal aún en el agua.
-¿Te gusta la vista?- preguntó Emma divertida, se sentó al lado de la esposa. Regina estaba literalmente con la boca abierta mirando a Mérida que se pasaba protector solar por las piernas.
-Err….Em…Yo…- Mills se asustó con la pregunta, ¿cómo explicarle aquello? Swan percibió el malestar de la morena y le tocó una de sus manos para pasarle confianza.
-La pelirroja es de hecho muy atractiva…¿Qué piensas de ella?- la rubia preguntó con mirada cómplice
-Ah Em…Ya te lo dije una vez, lo sabes…¿Por qué esto ahora?- Regina no quería tocar el tema, Mérida conseguía moverle cosas, de una forma algo embarazosa.
-Por nada…Quiero decir…Me doy cuenta de cómo te pones cerca de ella…- Emma se echó en la tumbona, le fingió que no le importaba.
-No sé qué decir…- Regina desvió la mirada hacia las hojas de los árboles.
-No tienes que decir nada, sé que me amas…- Swan puso las manos detrás de la cabeza, balanceó los pies.
-Mucho Em…- afirmó
-Pero…¿Saldrías con ella si pudieras?-Regina reviró los ojos y miró, incrédula, a la esposa
-No quieres saberlo, Em…¡Créelo!- Regina soltó aire, sus pensamientos no eran puros y sentía vergüenza de admitírselo a sí misma.
-¡Wow! ¿Qué no quiero saber? Creo que quiero saber…¡Ah! Sí que quiero…- se sentó y tocó el mentón de la morena, su mirada era comprensiva –Soy más que tu esposa, amor…Puedes confiar en mí…- pidió
-A veces me veo…Ay, amor…En serio, no quiero hablar de eso…- desvió la mirada con vergüenza.
-Veo que tus pensamientos no son nada decentes…- Emma se rió sin pudor
-Jo, Em…Para con eso…- pidió avergonzada
-¿Te acostarías con ella?- soltó a bocajarro
-¡EMMA!- la morena la reprendió, ¿era esa una pregunta que se hiciera a una esposa? Mills no podría creer lo que había escuchado.
-Venga ya…no te voy a pedir el divorcio por esto…- agarró el rostro de la esposa con las dos manos
-¡Ay, Em! ¡Sabes que mis hormonas están descontroladas! Y me haces este tipo de preguntas…- intentó cambiar de tema, de hecho sus hormonas comenzaban a dar señales, pero Mérida siempre le había causado eso a la morena, tenían eso que se puede llamar de química.
-Amor…No voy a juzgarte ni pelear contigo…Me gustaría que fueras sincera conmigo sobre cualquier tema, que me veas también como una amiga…Hace tiempo que percibo eso entre vosotras, pero siempre lo dejé estar, confieso que estoy loca por saber…Puedes contarme cualquier cosa…- suplicó susurrante
-Es muy atrayente…Segura…No sé explicar…Me mueve por dentro…- suspiró poniendo una mueca
-Sientes ten…deseo…¡Ah! Ya sabes lo que quiero decir…- Swan se mordió el labio algo avergonzada, quería saber, aunque no sabía bien por qué
-¡Ah Em! Por favor…Ya te he dicho lo que siento…Es confuso, pero tampoco es importante, yo te amo a ti…- garantizó la esposa
-¿Sientes o no?- ¿para qué insistía tanto la rubia? Regina perdió la poca paciencia que tenía
-¡Maldición! ¡Siento! ¡Sí, siento! ¿Satisfecha?- Emma se carcajeó, se estaba quedando sin aire de reír, la había presionado porque quería ver a la esposa avergonzada por admitir tal cosa -¿Por qué te estás riendo, Em? ¡JOLÍN! Para, que me estás dejando avergonzada- golpeó el hombro de la esposa, intentando que dejara de reír.
-¡HE ESCUCHADO MAMÁ!- dijo Henry desde la piscina llamando la atención de la morena, David se rió junto con el nieto, el muchacho no iba a dejar pasar aquella palabra por la que la madre siempre le reprendía.
-¡Calla, Henry! ¡No has escuchado nada! ¡Ve a jugar con tu tío y abuelo!- lanzó aquella mirada amenazadora, rápidamente el hijo volvió a jugar.
-Es comprensible, amor…- Emma dijo cogiendo aire, aún se recuperaba de las risas
-¿Cómo?- la morena miró sin creer a la esposa –Acabo de decir que siento…ah…ya sabes…por otra mujer, ¿y me dices que "es comprensible"? ¿Te has vuelto loca?- puso cara de espanto
-En realidad estoy queriendo estrangular a la pelirroja en este momento…- se estalló los dedos –Aun así, estoy completamente cuerda, amor…Es más…Soy tu primera y única mujer…Lo que te hace sentir eso por otra, o por otras…es diferente para ti sentir eso…- explicó, quizás Regina aún no tuviera conocimiento de su sexualidad.
-A mí no iba a gustarme nada saber que andas deseando a otras mujeres, Emma Swan Mills…Espero que esta conversación no sea aprovechada en tu interés…- dijo pensativa, ¿aquello eran celos? Con toda seguridad, Mills era posesiva.
-Ah Regina…Por favor…Solo tengo ojos para ti desde el día en que choqué tu coche en aquel aparcamiento…- afirmó. Swan no tenía dudas, ya había vivido todo lo que tenía que vivir, había conocido a diversas mujeres, aprovechó la vida a su manera, ahora era madre de familia, feliz, sosegada.
-¿Qué te hace pensar que el que yo sienta estas cosas es normal?- preguntó aún sin entender
-Porque de hecho…no has tenido a más mujeres para saber…Pero las miras con otros ojos…ojos de deseo y lujuria, porque es tu opción sexual, amor…- explicó como si nada
-De verdad me gustan las mujeres…- Regina respondió tras algunos segundos pensando en ello, tenía sentido.
-Me quieres a mí…Pero…sientes atracción hacia las mujeres…- sonrió a la esposa
-¿Soy lesbiana?- Regina arrugó la frente pensativa
-Sí, amor…¡Eres muy lesbiana!- Swan sonrió divertida. Estaba bien tener esa conversación sobre la sexualidad con su esposa, hacía años que Emma quería hablar de eso.
-Creo que puedo convivir con ello…- sonrió tímida, colocando una mechón de cabello detrás de la oreja.
-Sé que sí, siempre que sea conmigo…¡Puedes ser HIPER lesbiana!- atrajo el mentón de la esposa cerrando el espacio con un beso cariñoso y lento
-¡YA BASTA DE BESOS, HIJAS! ¡NO ESTOY OBLIGADA A VEROS INTERCAMBIAR SALIVA!- Mary gritó desde el porche. Ambas acabaron con el beso, intercambiaron una mirada cómplice
-¿Vamos al jardín de los manzanos? Tenemos nuestro árbol allí…- Emma sugirió melosa
-Y lo mejor…él no habla…- Regina jadeaba aún sobre los labios de la otra.
-Para nuestra suerte, ¿no?- Swan cogió a la esposa de las manos sonriendo maliciosa, salieron hacia los árboles.
Aún pudieron escuchar a Mary gritar "¡A ver lo que vais a hacer! ¡Los niños están cerca del jardín!"
Sonrieron una hacia la otra ignorando a la más vieja por completo y comenzaron otro beso, uno más osado, un beso que no se daban con aquella intensidad desde hacía meses.
