Pérdida
Cuatro años atrás
Cora estaba en una habitación de hotel lujoso, el más caro de Miami, allí era donde la madre de Regina y Zelena se entregaba a los placeres de la carne, pero últimamente todo lo que sentía cuando estaba con alguien era frustración, nadie la tocaba como la camarera y aquello se reflejaba en su cuerpo que no reaccionaba a caricias de nadie más. Gold, el amante de hacía décadas, estaba encima de la señora Mills, restregándose con el cuerpo semi desnudo, ¡nada sucedía! Aquel trozo en medio de las piernas del hombre parecía no funcionar, ella solo quería olvidar, sacarse de la mente las lujuriosas noches vividas con Mal. Minutos se pasaron en ese vaivén sin sentido, ¿Gold ya no servía ni para tener una erección? Cora sintió asco.
-¿Qué sucede, Gold?- encaró al hombre desafiante, no tenía humor, hacia mucho que había perdido la atracción por ese viejo, pero para garantizar el silencio del empresario consentía aún a esos encuentros.
-Disculpa, querida…¿Puedes esperar un minuto?- en los últimos meses Gold necesitaba la ayuda de la píldora azul, su "amigo" no funcionaba como antes y Cora no estaba tampoco colaborando mucho, reviró los ojos cuando el hombre salió de la cama en dirección al baño.
En pocos minutos el viejo volvió y esta vez Cora no tuvo cómo escapar, fingió el orgasmo cuando Gold se derramó dentro de ella.
Días actuales
Cora dormía serena, en un profundo sueño, se encontraba en un apartamento sencillo en la ciudad de Nueva York, era grande, localizado en la plata alta de un edificio, pero muy cerca del metro, lo que hacía que el sitio temblara a cada minuto.
Mills sintió una suave mano tocar su hombro, sonrió aún con los ojos cerrados, ni el mismísimo ruido del metro fuera la incomodaba, todo era perfecto, hacía cuatro años que no había tenido un orgasmo decente, ni en sus innumerables viajes durante ese tiempo encontró ningún hombre que le diera placer. Palpó la cama buscando el cuerpo de la camarera, pero no estaba acostada y para sorpresa de Cora, cuando abrió los ojos, la sra. Smith estaba vestida impecablemente con uno de sus trajes, la más vieja no entendió, ¿por qué Mal no estaba en la cama?
-Me marcho a trabajar, dejé toallas limpias en el baño, no he preparado café…Así que sugiero que busques una cafetería…La llave está en la encimera, llama a un taxi y deja la llave en la portería…- la rubia cogió el bolso y se dirigió a la puerta del cuarto.
Cora se quedó sin entender, ¿qué estaba pasando? ¿Por qué Mal la estaba tratando con indiferencia? Habían follado toda la madrugada. ¿No estaba todo bien? No. Mal no estaba nada bien, ella no quería sexo, no era suficiente, se había pasado cuatro años pensando en cómo probarle a Cora que podía ser bastante para ella, Mal sabía que la amaba y si tenía que actuar de aquella forma para que la otra lo sintiera, lo haría.
-¿A dónde piensas que vas?- Cora se levantó abruptamente, arrastrando las sábanas para cubrirse el cuerpo, agarró el brazo de la camarera.
-Trabajar…lo he dicho…- respondió soltando el brazo sin ni siquiera mirar a la otra a la cara, sabía que no podía, corría el riesgo de flaquear.
-¿Qué te está pasando? Nunca te fuiste de la cama antes…- Cora creía que todo estaba bien, para ella era así, decía lo que quería y cumplía con lo dicho.
-Ya…Parece que eso ha cambiado…Han pasado cuatro años…Y bueno…Estuvo bien matar el deseo…Qué tengas un buen día…- salió del apartamento con el corazón en un puño, todo lo que más quería era abrazar a la más vieja y decirle que la noche había sido maravillosa, que la había echado de menos, decirle un "te amo", pero nada de eso era opción. Respiró hondo y bajó las escaleras, necesitaba caminar para aclararse la mente.
Cora se quedó de pie, mirando la puerta por largos minutos, hasta que despertó. ¿Qué sentimiento era aquel? ¿Vacío? ¿Pérdida? Aquella no era la camarera que había conocido, Mal estaba diferente y Cora no sabía si era bueno o malo, tenían que conversar, pero ¿cómo? ¿Sobre qué? Mills no estaba dispuesta a asumir una relación con una mujer, ahora no, ¡no en la tercera edad! "¡Tu tiempo ya pasó, Cora Mills! ¡Ponte en tu lugar!", se reprendió saliendo de sus devaneos, tenía que salir de aquel miserable lugar, es más, tenía que volver a Miami.
Ya era un viernes, tarde, Emma acababa de llegar del restaurante, había tomado un baño y puesto una ropa ligera, Henry dormía desde hacía algunas horas y Regina estaba en la cocina comiendo, como siempre hacia todas las noches después del descubrimiento del embarazo.
Swan entró en la cocina para coger una cerveza, pero sus ojos se detuvieron en las caderas de su esposa, Regina estaba girada hacia el poyo pelando una naranja, la fruta le evitaba la acidez siempre que comía cualquier basura. No notó a la esposa entrar, canturreaba una canción infantil que Henry había aprendido en la escuela y se había pasado el día cantando, Emma encontró la escena muy linda, Regina parecía tan feliz y suelta que la rubia no se resistió, caminó en silencio hasta la esposa y la abrazó por detrás, Mills se llevó un ligero susto, pero sonrió de la rubia boba, no dijeron palabra, Emma comenzó a masajear el lateral del cuerpo por encima del fino camisón, comenzó a depositar besos más osados en los hombros y cuello de la morena, ambas ya sentían la excitación acrecentarse, Regina sobre todo que echaba terriblemente de menos ser tomada por la esposa, respiró hondo unas cuatro veces antes de recomponerse.
-¡Por Dios Emma! ¡Deja de provocarme! Ya estoy en un estado dolorido…- Regina se giró hacia la esposa intentado apartarse, aquella situación estaba complicada.
-Podemos hacerlo muy despacio…¿Vamos? ¿Qué me dices…?- Emma insistió besando la nuca de la morena
-Hummm yo…Arrr…Em…- por un instante Mills vacilo, también quería aquello, pero el Dr. Whale fue claro en cuanto al sexo, Regina ya no era una muchacha, el embarazo después de los 40 tenía sus riesgos, habían ido al hospital dos veces debido a pequeños sangrados.
-Sé que lo deseas…- mordió el lóbulo de la oreja de la otra, Mills suspiró frustrada.
-Quiero…lo quiero mucho, pero no quiero abusar…Sabes que no estoy en condiciones…Tengo miedo…- dijo recordando el día después de volver de la hacienda, cuando Regina sintió unos cólicos muy fuertes tras hacer el amor en el jardín de los manzanos, por suerte solo fue un susto y aunque habían evitado mayores contactos en esos tres meses, la morena tenía sus inseguridades.
-Tienes razón…Disculpa, amor…- Emma se apartó y abrió la nevera, buscaba la cerveza. Sabía que estaba siendo egoísta de nuevo, no debía ni provocarla, mucho menos insistir.
-Em…Ven acá…Yo no puedo, pero aún puedo proporcionarte alguna diversión a ti…- Regina tocó el brazo de la rubia y depositó un beso cariñoso en el expuesto hombro de la esposa, ella estaba con un top gris y unos pantalones de chándal negros.
-No necesitas hacer eso, amor…Te vas a excitar y yo no voy a poder hacer nada, no quiero causarte esa agitación…- cerró la nevera mirando los dos ojos castaños, comprensiva.
-Estoy agitada hace días…- suspiró –Ya lo sabes…- recordó todas las noches que tuvieron que parar –No es justo contigo…que tienes que estar privándote de sexo por mi culpa…- agachó, triste, la cabeza, conocía las necesidades de la esposa.
-Está todo bien, amor…- tomó un sorbo de la bebida directamente del botellín –¿Vamos a ver una peli con tus mamás?- tocó la barriga de la morena dejando un beso en ella, Regina sonrió ante aquello, Emma siempre hacía de todo para agradarla, en el fondo le gustaba ser mimada.
-Creemos que es una gran idea, mamá Em…- puso voz infantil agarrando la mano de la rubia sobre el vientre.
La película pasaba por la pantalla, pero ninguna de las dos mujeres prestaban ya atención, Regina estaba echada al lado de la esposa en el sofá, los besos y caricias estaban acabando con ambas, demasiado intenso, demasiado placentero, hasta que la morena se sentó de nuevo intentando recomponerse, suspiró pasándose las manos por el pelo.
-¡Voy a tomar agua!- se levantó descalza y entró en la cocina, se pasó el agua por las muñecas y un poco en la cabeza, su cuerpo estaba caliente. "Uff Regina…contrólate…contrólate…", pensó mientras llenaba el vaso. Volvió al sofá, Emma fingía prestar atención en la tele, pero sus ojos no se apartaban del cuerpo de su esposa, la barriga ya tenía una ligera protuberancia, casi imperceptible, pero Swan la conocía tan bien que cualquier alteración la notaba. "Linda, demasiado linda", pensó la rubia.
Regina volvió a sentarse en el sofá, pero volvió decidida a proporcionarle placer a su esposa, y fue lo que hizo. Comenzó con un beso calmo, pero pronto Swan se vio jadeando e intentó parar, pero fue inútil, pues Regina sonrió lasciva y descendió una de las manos hasta la intimidad de la rubia, Emma jadeó con aquello y todo su esfuerzo para no hacer nada se desvaneció, intentó cambiar de posición para tocar a la morena, sin embargo Regina la detuvo.
-No me toques, amor…Por favor…- pidió y volvió a masajear aquella zona ya encharcada. No pasó mucho tiempo y Emma gimió más alto de lo esperado gritando "¡qué rico! Regina sonrió divertida con aquello, besó la cabeza algo sudada de la otra y recostó la cabeza en el sofá buscando una manera de aliviar aquella calentura entre sus propias piernas.
-¿Quieres tomar un baño conmigo?- Emma intentó ayudar, se dio cuenta de lo tensa que estaba Regina
-¿Contigo? ¡Nunca!- bromeó, no había la menor posibilidad de que eso pasara, Emma desnuda, Regina desnuda, agua…No era una combinación sana, no, al menos, para lo que tenía en mente. Swan se acercó tocando el brazo de la otra como si quisiera, de algún modo, aliviar aquella tensión, ella se apartó –No te pegues a mí, Em…- lloriqueó
-¡Ok! ¿Qué sugieres?- levantó las manos en señal de rendición
-¡Cama! Voy a dormir…- se levantó, apresurada, del sofá yendo directa al cuarto, Emma llegó en seguida, no abrazó a la esposa como todas las noches, Regina se lo agradeció mentalmente, sintió que Emma le daba un beso en la cabeza y se giraba rápidamente hacia el otro lado, tardó unos minutos más de lo acostumbrado en conciliar el sueño, pero lo consiguió en cuanto el cuerpo se calmó.
Regina despertó pronto como de costumbre, pero para sorpresa de la madre, Henry estaba de pie frente a su cama, sonriendo travieso.
-Buenos días, hijo…- susurró con la voz ronca mirando enseguida a Emma, ella dormía profundamente, una de sus piernas estirada sobre la esposa -¿Te caíste de la cama, príncipe?- subió al niño a la cama.
-Hambre, mamá…¡Quiero ayudar a preparar el desayuno!- dijo susurrando -¡Vamos a darle una sorpresa a mamá Em!- sonrió abrazado a la madre morena.
-¡Ok! ¡Vamos a la cocina!- besó los cabellos del hijo y salió despacio de la cama para no despertar a la esposa.
Prepararon, alegres, el desayuno, cantando juntos la cancioncilla infantil.
-Aquí…Ponlo en la mesa para mamá…- le pasó dos vasos al hijo –Cuidado, si se caen, te puedes hacer daño…- le avisó
-¡Lo sé, mamá!- el chico reviró los ojos, sonriendo, se consideraba ya "grande"
-Sé que lo sabes…- se dijo para sí misma acariciándose la barriga –Dentro de poco serás tú quien revires los ojos a tu madre…Ay, ay…¡estás sensible, Regina Mills!- se echó a reír sola, mientras llevaba a la mesa el resto del desayuno.
-¡Voy a despertar a mamá Em!- Henry dijo en cuanto la mesa quedó lista y corrió dando saltitos hacia el cuarto.
Al llegar, saltó a la cama de la madre, abriendo sus manitas sobre la espalda, Emma estaba boca abajo y se tapó la cabeza con la almohada cuando notó a Henry saltar encima de ella.
-¡Despierta mamá Em! ¡Despierta!- golpeaba la almohada de la rubia.
-¡Ya estoy despierta, chico! ¡Ya estoy despierta!- se giró y atrajo al hijo en un abrazo de oso -¡Estás muy enteradillo, travieso! ¿Esas son maneras de despertar a mamá? ¿Hum?- apretó los dientes mordiéndole con algo de fuerza.
-¡Ay mamá Em! ¡Eso duele! ¡Socorro! ¡Mamáaa!- gritó llamando a la morena
-Pero, ¿qué os pasaba a vosotros dos?- Regina se paró con los brazos cruzados apoyada en el marco de la puerta, intentaba aguantar la risa, los dos se quedaron serios al ver la expresión de la morena. Regina no aguantó y estalló en una sonora carcajada, siempre les llamaba la atención cuando jugaban de aquella manera, pero aquella mañana estaba feliz, cuando se dieron cuenta de que no se llevarían una bronca, también se echaron a reír.
Los tres se sentaron para comenzar a desayunar. Comían conversando sobre las novedades de la semana, sobre todo de la escuela de Henry, últimamente era el tema preferido de esas madres bobas, el muchacho ya sabía leer y escribir, cosa que enorgullecía mucho a Regina.
-¿Estabais comienzo tarta de manzana anoche, mamá?- preguntó Henry mientras sorbía su chocolate caliente con canela.
-No, querido, ¿por qué?- respondió Regina masticando un pedazo de pan
-Porque escuché a mamá Em decir que estaba rico…- cogió un bizcocho y en ese mismo momento Emma se atragantó con el chocolate.
-¿CÓMO?- Swan arqueó las cejas
-Era chocolate, hijo…- inventó Regina una mentira, le lanzó una mirada de "¡comiste chocolate SÍ, señorita Swan!"- Mamá Em adora el chocolate, ¿no es verdad?- pisó el pie de la esposa por debajo de la mesa, ella gruñó reprendiendo a la esposa con la mirada.
-¡Ahhh!- sonrió el niño siguiendo bebiendo su chocolate
-Deberías haber estado durmiendo, chico…- Emma encaró al hijo con mirada de reprensión.
-Lo estaba mamá, pero fui al baño…- explicó calmo
-Oh cielos…- A Regina le faltó poco para llorar –Henry, hijo, ¿nos viste?- preguntó con miedo de la respuesta, ni siquiera podía imaginar tal posibilidad, no quería aquello para el hijo, ella, más que nadie, sabía, con pesar, lo que era ver a la madre en aquella situación.
-No, mamá…- Regina y Emma soltaron el aire que ni sabían que estaban reteniendo, aquello era un alivio –Estaba con mucho sueño y volví a mi cuarto, pero escuché a mamá decir que estaba rico…¿Sobró chocolate para mí? ¿Por qué vosotras podéis comer chocolate por la noche y yo no?- preguntó inocente
-¡Podrás cuando seas mucho más grande!- dijo Emma divertida, evidentemente estaba pensando en segundas intenciones
-Hum…Quiero crecer pronto entonces…- masticó un pedazo de pan, pensativo
-¡No! ¡No quieres! ¡El chocolate por la noche tampoco es tan bueno!- Regina intentó cambiar de tema, imaginar a Henry creciendo ya era difícil, ¡imaginar a Henry teniendo sexo aún era peor! Solo era un bebecito en la mente de la morena y siempre lo sería si dependiera de ella.
-Si no lo fuera, mamá Emma no gritaría rico…- dijo astuto mirando a las madres
-Dios…¡Vamos a dar un paseo por Central Park!- Regina cambió el foco de aquella conversación y pronto el hijo olvidó el asunto del "chocolate"
Un mes transcurrió y desde el último encuentro con Mal, Cora no ponía los pies en Nueva York, decía que no tenía tiempo, que en Miami hacía un sol divino, todo disculpas, no quería correr el riesgo de cruzarse con la camarera o peor, ir tras ella para charlar de sabe Dios qué. Debido a esa negación de la madre, Regina y Zelena se vieron forzadas a contarle el motivo por el que debería visitar la ciudad, Cora se quedó asombrada, no les había dicho el nombre de los hermanos, en realidad, había tocado el tema superficialmente, el dolor era gigantesco y recordar a los hermanos aún la hería.
Desembarcó en Nueva York aprensiva, no sabía qué esperar de ese encuentro, hacía más de 50 años, eran completamente desconocidos los unos para los otros, sin embargo saber que todos estaban vivos era impagable, de momento Cora solo conocería a sus dos hermanos, pues no habían encontrado a la más joven, se llamaba Ruth, al menos era lo que la más vieja recordaba, ¿seguirá con el mismo nombre? Para tristeza de Cora no la habían encontrado con la misma facilidad que a los otros, la búsqueda continuaba, habían descubierto cosas sobre ella, Ruth no había tenido una buena vida como Greg y Archie, lo que hacía que Cora ansiara un posible reencuentro, Mills solo quería ayudar, tener la oportunidad de cuidar de ellos de alguna manera, aunque ya no eran unos niños, se sentía en deuda con ellos, ¡cómo si hubiera podido impedir que fueran puestos en adopción hacía tantas décadas atrás!
Emma preparó una cena, se cogió un día en el trabajo para dedicárselo a los tíos de Regina, Gregory llegó primero, claro, era el vecino, el hombre se quedó sorprendido con la noticia, siempre supo que era adoptado, pero no tenía ni idea de sus orígenes, tenía tantas preguntas que hacer. Archie llegó después, para desventura de Regina, el abogado llevó a su maldito perro, llamado Pongo, Henry adoró al animal, la morena solo rezaba para que el hijo no quisiera uno igual, es más, ¡que no quisiera ningún animal!
Zelena llegó con el marido y los niños, la pelirroja relajó a los tíos enseguida, al contrario que Regina, ella se sentía más a gusto con los hombres recién conocidos.
Archie, que era el abogado de la morena, se sentía muy a gusto, por otro lado, Regina se sentía con cierto recelo, lo había tratado con indiferencia tantas veces que ahora sentía vergüenza, a él parecía no importarle, siempre le gustó la ruda morena, incluso pareciera que supiera que eran parientes. El vecino de Regina apenas la miraba, siempre se veían en situaciones embarazosas, cosa que hizo que la morena se quedara callada delante de él. Hubo buenas carcajadas cuando Zelena comparó su cabello con el de Archie.
Finalmente Cora llegó, el clima se tensó, eran personas extrañas, a pesar de la felicidad, los tres no sabían cómo actuar, Archie no tenía idea de que podría tener más hermanos, pero le cayó bien Greg y rápidamente hicieron planes para salir por las noches, le hicieron varias preguntas a Cora, cómo eran los padres, si aún seguían vivos, ella les dijo que no, les contó su pasado.
Al final de la cena, después de muchas risas y algunos momentos embarazosos que envolvían los gemidos del apartamento 108, que Zelena sacó a relucir, Regina se tensó, y su humor se fue por el desagüe, le tocó a Emma calmarla, decirle que todo estaba bien, que Zel solo estaba bromeando. Incluso Robin estaba poniendo de su parte para que el clima estuviera relajado.
Para los niños fue lo más conocer a más parientes, Roland, Henry y Dorothy abrazaron a sus tíos-abuelos con cariño cuando dieron por concluida la noche. Cora no sabía cómo agradecer a las hijas, las tomó a las dos en un abrazo y lloró, pero su llanto era de emoción, alegría, agradecimiento por aquella inimaginable sorpresa.
El reloj de cabecera marcaba las 2:48 de la mañana, era una noche calurosa, aquel verano prometía mañanas soleadas.
Emma llevaba despierta desde hacía unos minutos, había tenido una pesadilla, no quiso despertar a su esposa, ella parecía cansada, Regina había acabado de cumplir 20 semanas (cinco meses), pero al contrario que con el embarazo de Henry, su barriga era poco visible y aún no habían notado moverse al pequeño, eso frustraba a las madres, seguían en abstinencia de sexo, todo parecía ser peligroso y la morena actuaba siempre con mucha cautela.
Emma observaba a la esposa bajo la claridad que entraba por las rendijas de la ventaba, Regina dormía inquieta, parecía soñar o tener una pesadilla.
-¿Amor…?- Emma la llamó preocupada, Mills aún se movía asustada, comenzaba a sudar, de repente se encogió en la cama apretándose el vientre.
-¡Ayyy!- Se incorporó abruptamente
-Re…- Emma tocó su rostro sudado –Todo bien…solo fue una pesadilla…- intentó consolarla, parecía asustada.
-¡Ayyy! – la morena sintió dolor –Em…me duele…me duele mcho…¡Esto no es normal!- se levantó de la cama apresada y fue al baño, cuando Swan miró a la cama desorbitó los ojos.
-¡Estoy sangrando Emma!- gritó Regina desde el cuarto de baño, Emma aún estaba en shock, era una cantidad fuera de lo común -¡Arggg, Emma!- la morena gruñía de dolor y preocupación. Rápidamente la rubia fue a ayudar a la esposa, cogió a Henry, aún somnoliento y lo puso en el asiento de atrás del coche, Regina lloraba con miedo de perder a su bebé, infelizmente tenía un mal presentimiento.
-Calma…no debe ser nada, amor…- Emma arrancó, estaba tan asustada como Regina
-Es algo, Emma…Y no es bueno, me está doliendo como…como si estuviera dando a luz…- lloró aún más, conseguía aguantar el dolor, pero tenía miedo.
-Cálmate…Pasó algo parecido cuando estabas embarazada de Henry…Vas a ver que no es nada…- intentó consolar a la esposa, deseaba desde el fondo de su corazón que realmente no fuera nada.
Llegaron al hospital y enseguida fue atendida.
-¡No! ¡No! ¡No!- Regina lloraba inconsolable
-Cálmese, sra. Mills… Necesitamos de usted…- dijo el enfermero
-¡MI HIJO NO HA MUERTO!- se negaba a creerlo
-El medicamento ya va a empezar a hacer efecto y las contracciones irán a aumentar…Tiene que calmarse y respirar…- el muchacho intentó en vano calmar a la paciente.
-¡NOOOO!- Regina sentía que el dolor tomaba cuenta de ella, lloraba, las lágrimas resbalaban gruesas por su rostro -¡N…No!- aquello no estaba sucediendo.
-¿Mamá? ¿Por qué mamá Regi está llorando?- preguntó Henry sin entender tal agitación, estaban en el pasillo frente a la sala
-No sé mi amor…Tengo que ir a ver…- Emma acarició el rostro del hijo, su expresión era de preocupación.
-¡Ahhh!-Mills gemía alto, podía ser escuchada desde el pasillo, Henry estaba asustado -¡Noooo doctor! Salve a mi hijo…¡Salve a mi hijo! ¡Ahhh!- Regina se debatía en la cama, no quería forzar aquel aborto, luchaba como si pudiera de alguna manera impedirlo, pero todo lo que sentía era dolor, físico y emocional.
-Ven hijo…- Emma llevó al pequeño a la zona de alimentación -¡Henry! ¡Escucha a mamá! – agarró el mentón del pequeño –¡Yo tengo que estar con mamá Regi y tú te vas a quedar sentadito hasta que yo vuelva! ¿Entendiste?- pidió
-¿Mi hermanito va a nacer?- Emma tragó en seco, sus ojos lagrimearon, sabía que algo bueno no era si Regina estaba gritando de aquella manera.
-No sé…Yo…yo…- no sabía qué decir -¡Ahora eres el hombre de la casa, pequeño! ¡Y tienes que ser fuerte! ¡No salgas de aquí hasta que mamá vuelva! ¿Ok?- miró al hijo a los ojos, los suyos ya encharcados de lágrimas.
-¡Ok mamá!- respondió obediente
-¡Cualquier cosa manda un audio para el móvil de mami morena! ¡Y no hables con extraños!- Emma corrió por el pasillo. Entró en la sala sin llamar.
-Emma…- Regina lloraba con expresión de dolor.
-¡No puede entrar aquí!- el enfermero intentó impedirle el paso a la rubia
-¡Es mi esposa!- ignoró al muchacho ya agarrando la mano de la morena -¡Todo va a salir bien, mi amor…!- intentaba consolarla, besó su sudada cabeza. Emma no era tonta, dedujo lo que estaba pasando, a fin de cuentas, Regina había acabado de completar cinco meses.
-¡Quieren matar a nuestro hijo, Emma! ¡No les dejes…! ¡Arggg! ¡Nooo!- lloró aún más, aquello era una tortura
-Es necesario, mi vida…Va a estar todo bien…Confía en mí…- agarró la mano de la esposa con más firmeza para pasarle consuelo.
Cuando ese momento terminó, Regina se quedó muda, miraba hacia la nada, parecía vegetar. Emma conversó con el dr. Whale, que le explicó lo que había sucedido, el feto no se desarrollaba desde hacía más de dos días y le dijo que Regina había tenido suerte, pues el útero no se vio afectado, le dijo que por ahora no volviera a intentar quedar embarazada, quizás en un plazo de seis meses. Mills necesitaba un tiempo para que el órgano se recuperara. Swan comprendió lo ocurrido y sabía que tenía que apoyar a la esposa, la morena estaba visiblemente abatida.
Salió de la sala, cansada, devastada, triste, pero necesitaba mostrase fuerte, recordó al hijo y salió corriendo a la zona de alimentación. No divisó al muchacho, sus ojos se llenaron de lágrimas otra vez, ¿qué más podría pasar ese maldito día?
-¡HENRY! ¡CHICO!- se paró delante del kiosco –Perdón…¿Ha visto a un niño de cabellos castaños? Agarraba un paño y un libro, tiene poco más de 5 años…¡Estaba sentado ahí!- señaló al sitio y vio el libro del hijo.
-Disculpe, señora, no presté atención…la dependiente se encogió de hombros
-¡Dios! Mi hijo no…¡Ya es suficiente con haberme arrancado uno!- lloraba, la adrenalina corría a mil por su cuerpo, muchas emociones para un solo día. "Regina no me perdonará si algo le sucede a Henry…", pensaba corriendo por los pasillos.
-Con perdón, ¿han visto a un niño…?- preguntaba a todos los que veía. Ya lloraba sin parar, desesperada, hasta que divisó a un señor limpiando el suelo.
-¿Usted lo ha visto?- preguntó exasperada
-Sí…¿Henry, no?- el señor preguntó sonriendo
-¡Sí, eso es! ¿Dónde está?- tocó el hombro del señor
-Lo llevé a la biblioteca infantil…- caminó por el pasillo hasta una sala más apartada -¿Es aquel?- señaló al pequeño
-¡Henry!- agarró al hijo como si la vida le fuera en ello -¿Por qué no me obedeciste? ¿Por qué te fuiste de allí?- reprendió, era una mezcla de susto y alivio al mismo tiempo.
-¡Fui a sacar un refresco de la máquina con esta moneda!- sacó la moneda del bolsillo –¡Entonces me encontré con esa niña con ese paño diferente en la cabeza! Mira mamá, no tiene cejas como nosotros ¿No es chachi? ¡Destaca sus ojos! ¡Es muy bonita! Estábamos jugando y yo le leí un cuento…- contó inocente
-Oh, Henry…Hijo…- suspiró aliviada -¡Nunca más desobedezcas a mamá! ¿Estás escuchando? O te castigo- abrazó al niño fuertemente
-¡Hola señora madre de Henry!- una simpática niña le tocó el hombro a la rubia -¡Soy Violet! No lo castigue, no…Me leyó un cuento de princesas, Rapunzel es mi preferido- Emma sonrió encantada con la pequeña, de hechos sus ojos eran hermosos.
-No lo castigaré, Violet…¡Solo porque tú me lo has pedido!- sonrió a la niña
-¡Bien! Entonces…¿El hermanito de Henry ya nació?- preguntó la niña inocentemente, Emma no consiguió aguantar y lloró. La niña entendió, Henry estaba confuso –No llores mamá de Henry…Muchos de mis amigos no volvieron nunca a las clases…¿Sabe por qué?- Emma absorbió y le sonrió débilmente – ¡Porque ellos se convirtieron en estrellitas del cielo! Y todas las noches me pongo en esa ventana cantando para tooodos ellos…Y también voy a cantar para su bebé…- Emma lloró aún más, ¿estaba siendo consolada por una niña de cinco años? Parecía que sí -¿Sabe por qué las estrellas solo aparecen de noche?- Emma dijo que no con la cabeza –Porque de día nuestros amiguitos están en nuestro corazón…Y de noche ellos van allí para que el cielo brille y nosotros no nos olvidemos que de día calientan nuestro corazón- explicó lo que los pediatras del hospital el habían dicho, Violet prácticamente vivía allí debido a los tratamientos a los que era sometida desde muy pequeña, el hospital era su casa.
-¿Mi hermanito se convirtió en estrellita del cielo?- preguntó Henry pensativo al escuchar la explicación de su amiguita.
-Sí, pequeño…Y nosotros le vamos a cantar todas las noches como Violet nos ha enseñado…- abrazó a los dos emocionada.
Emma buscó a una enfermera responsable de la niña y pidió permiso para llevar a la pequeña al cuarto de Regina, Violet había pedido conocer a la otra mamá de Henry y Swan no pudo negárselo. Dejó a los dos sentados en el pasillo y entró primero en la sala, quería comprobar si la esposa estaba en condiciones de recibir visitas.
Regina estaba sentada en una silla, frente a la ventana, miraba el cielo pensativa, escuchó a Emma entrar, pero nada dijo, sintió la mano suave de la esposa tocar su hombro, ella suspiró poniendo la suya encima.
-¿Por qué saliste de la cama…? Necesitas reposo, amor…- besó los mechones negros, Regina no pareció escuchar
-¿Viste…lo viste…?- se giró con los ojos llorosos
-No, amor…Pero era un niño…- contó triste y más lágrimas resbalaron por ambos rostros, el silencio se abatió sobre el cuarto hasta que Regina lo quebró
-Me hubiera gustado al menos ver a nuestro hijo…No pude despedirme de él…- se secó las lágrimas pesarosa
-Todo va a estar bien…- Emma no sabía ciertamente qué decir de momento, era difícil para ella, pero sabía que para Regina era mucho peor, intentó cambiar de tema -¿Sientes algo? ¿Dolor?- preguntó preocupada por la salud de su esposa.
-Dolor mayor que este…- apoyó la mano derecha en el corazón –No hay…Ya lo perdí…Solo quería poder mirar su rostro y disculparme, al menos decirle adiós… Pero ni eso puedo hacer…- lloró otra vez, Emma la abrazó fuerte.
-No has tenido la culpa, amor…Ni los médicos saben por qué este tipo de cosas sucede…- besó la cabeza y secó sus propias lágrimas, intentó sonreír –Henry ha hecho una amiguita en la biblioteca del hospital, ella quiere conocerte…- le dijo con cierto recelo, no sabía si Regina ya estaba preparada para ver a más personas.
-Está bien…- concordó sin emoción en la voz.
Enseguida, Emma llamó al hijo y a la pequeña, Violet intercambió algunas palabras con Regina, que terminó por sonreír ante la inteligencia y madurez de la muchacha con respecto a la pérdida, Henry abrazó a la madre con amor, aunque sin comprender el dolor de las madres, quería consolar de alguna manera.
-Nuestro bebé se convirtió en estrellita, mamá…- Henry susurró en el oído de la madre morena, repitiendo lo que le había escuchado a Violet –Mi amiguita dice que ellos brillan allí en el cielo…- señaló por la ventana sonriendo –No nos vamos a olvidar de él, mamá…- tocó el rostro de la madre con las dos manos, sus ojos brillaban, Henry tenía esperanza.
-Sí, mi amor…Debe estar brillando para nosotros…- intentó sonreír junto al hijo, Emma abrazó a los dos frente a la ventana, el sol empezaba a surgir dando al cielo un tono anaranjado y con aquel nuevo día que iba a nacer, Henry sabía "yo pedí un deseo y se va a realizar"
