Superación
Regina estaba sentada en la toalla, sobre el césped, el sol de la mañana bañaba su rostro, exhalaba e inhalaba el perfume que provenía del jardín de los manzanos, aquel, definitivamente, era un buen lugar para despejar la mente, el mismo lugar donde le había pedido matrimonio a la persona más alegre y amable de la tierra, por lo menos para la morena.
Una única lágrima resbalaba esa mañana, la secó como de costumbre al notar que Emma se acercaba. Ya había pasado un mes de la pérdida, Swan había optado por pasar un tiempo ahí, un lugar tranquilo donde podrían compartir momentos en familia, quizás suavizar el dolor, sin embargo todo parecía empeorar con cada nuevo día.
-No necesitas guardar el dolor solo para ti…Yo también siento lo de nuestro hijo…- Emma se sentó al lado de la esposa y miró hacia la nada, quería ayudar, querría tener el poder de arrancar aquella angustia de la esposa, pero parecía algo tan distante.
-No te estoy culpando…- respondió Regina sin moverse, su tono era frío
-Lo sé…Pero…Hace 30 días que estamos aquí y apenas hablas conmigo…- suspiró pesarosa, lo intentaba, lo intentaba todos los días
-Perdona Emma…No lo hago por mal…- finalmente encaró el par de esmeraldas, Regina también lo intentaba. ¿Por qué era tan difícil?
-Ya, me llamas Emma…Ya no me abrazas por las noches, no dejas que te abrace…No le has dado la mínima atención a Henry…- se desahogó -Te echamos de menos…Echo de menos a mi Regina…Aquella que me peleaba porque Henry y yo poníamos todo en desorden en los desayunos…que me reprochaba por las porquerías que comemos…que se ría con nuestras bromas…- suspiró triste –Quiero recuperar tu alegría, deseo que puedas volver a sonreír. Regina, tenemos un hijo y él también lo nota, nos has abandonado…- agarró el mentón de la esposa y prendió sus miradas –Vuelve. Vuelve a mí, a nuestro hijo, vuelve a ti misma, sé lo que estás sintiendo…- iba a seguir, pero fue interrumpida
-¡No! ¡No lo sabes!- Regina alteró la voz y su rostro se bañó de gruesas lágrimas
-¡Lo sé, Regina! ¡Sí, lo sé!- Emma agarró firmemente los hombros de la esposa -¡Las dos! ¡Las dos hemos perdido un hijo! ¡No solo has sido tú! ¡También era mi hijo!- dijo más alto, a esas alturas sus ojos también lloraban -¡No quiero perderte a ti también!- lloró, lloró sin reservas como hacía mucho que no lloraba, toda aquella angustia de un mes, Swan la echó para afuera en aquel instante, se estaba haciendo la fuerte, pero ya no podía soportar tanto dolor sola, el luto era algo sin explicación, solo ellas sabían lo que era sentir la muerte de un hijo.
Regina, que también sollozaba, prendió a la esposa en un apretado abrazo, un abrazo que no compartían hacía semanas y ambas allí lloraron juntas, se permitieron sentir el dolor, ya se podía escapar de eso, para curar una herida es necesario aceptar que se está herido.
-Perdóname…- Regina susurró al oído de la otra –Sé que también sufres…Yo…creo que nos pondremos bien…¿Verdad?- encaró los ojos verdes inundados.
-Sí…Lo vamos a superar juntas…-Emma agarró la mano de la esposa y se levantaron de allí.
Y tras un largo y doloroso mes, Regina, finalmente, se permitió olvidar, aunque fuera por un breve tiempo. Fue a despertar al hijo como de costumbre, al lado de Emma, el muchacho sonrió de oreja a oreja, echaba de menos eso, de ver a las madres juntas, sus ojos brillaron y las abrazó a las dos fuertemente.
-Te quiero, mamá Regi…- abrió los brazos hacia la morena -¡Así! ¡Grandeeeee como el mundoooo!- estaba feliz, su sonrisa podría iluminar una ciudad entera, Henry lo había sentido todo con ellas, aunque no lo comprendiera completamente, el niño sabía, no estaba siendo fácil para ellas.
Enseguida los tres fueron a desayunar al aire libre, el día prometida venir regado de bromas, cariño y amor, los tres juntos, como una verdadera familia tenía que ser. Unidos. El dolor no se iría de un momento a otro, sin embargo, ambas estaban dispuestas a intentarlo, ya no más solas, sino juntas, como los cimientos que sustentan una gran estructura. Lo superarían.
Aquel mes habría un evento en la vinícola Encantados, una feria de vinos en la propia bodega de la familia Swan, los viñedos y cultivos se abrirían al público. La gran hacienda nunca había recibido tantos visitantes, el evento era motivo para la conmemoración, se celebraba los treinta años desde la gran reinauguración por las manos de Mary y David, un sueño realizado para Mary que había conseguido levantar el legado de su padre Leopold. Había empresarios, dueños de bares y pequeñas bodegas, algunos amantes y degustadores de vinos caminaban por la pequeña fábrica artesanal de vinos Swan's. Killian, que había organizado el evento junto con su socio David Nolan, enseñaba cómo se hacia el procedimiento de la cosecha, la fermentación hasta el producto final, todo realizado con cautela y amor. Mary Margaret estaba entusiasmada recibiendo a los compradores y críticos culinarios, Emma estaba ayudando a la madre, enseñando los nuevos viñedos, sirviendo los vinos más añejos, los compradores parecían satisfechos con todo.
Regina caminaba con Henry por medio de las plantaciones, para ellos nada de aquello era novedad, aquella hacienda era el segundo hogar de la familia Swan Mills. Cora y los hermanos habían sido invitados para pasar el día allí, como era un evento importante para la familia de su hija, la mantenedora de la Mills Company apareció, por más que se negara, los Swan's era parte también de la familia, claro que nunca se lo admitiría a nadie. Archie había hablado con Gregory para encontrarse, ambos llegaron temprano, degustaron los vinos y disfrutaron del resto del sitio, Cora se hacía la difícil diciendo que solo estaba ahí por los hermanos, en el fondo le gustaba tanto como a cualquiera ese sitio, se acordaba de alguien especial, suspiró pensando en Mal. Quizás ya fuera hora de dejar el orgullo y los prejuicios de lado, darle valor a algo más importante que los bienes materiales, aún más ahora que había descubierto que su hermana Ruth vivía en la calles de México, las investigaciones continuaban, sin embargo encontrar a una drogadicta que deambulaba por la ciudad sin documentación dificultaba las cosas.
Cora se pasó la mano por el cabello con la intención de relajarse, se llevó a la boca un generoso sorbo de vino, necesitaba relajarse, intentar de alguna manera suavizar aquella tensión, echaba de menos a Mal, además de la investigación de la hermana que parecía estar más lejos cada día de ser cerrada, tenía mil cosas en la cabeza. Caminó hasta entrar en la bodega, suspiró mirando alrededor, ya había saludado a sus hermanos y a toda la familia, además de a algunos empresarios que conocía, cuando divisó a una señora que nunca había visto descender de un Jeep y a otra que, para su sorpresa, era Mal, su corazón quiso detenerse en ese mismo momento, no esperaba verla, sus latidos se descontrolaron cuando vio una escena de afecto entre Mal y la otra mujer. Sintió que su estómago le daba vueltas, ¿serían celos? ¡Pero espera! ¡Cora no podía sentir celos! No tenía aquel derecho, Mal se acercó con su brazo entrelazado con el de la otra, miró a la más vieja con una sonrisa cortante, se dio cuenta enseguida de la incomodidad de la señora Mills.
-Buenas tarde, sra. Smith, no esperaba verla aquí- saludó con asentimiento, sin ganas.
-Buenas tarde, Cora, la sorpresa es recíproca- sonrió guasona, sabía lo que luchaba Cora contra sus verdaderos sentimientos hacia la familia Swan
-¿Y usted? No la conozco…- se refería a la mujer que estaba al lado de la camarera
-Devil. Pero puede llamarme Ella…Mal me llama así- dio una sonrisita boba, quizás apasionada, Cora sintió nauseas -¡Un placer, sra. Mills!- apretó sus manos.
-Un placer…- dijo Cora con ironía y desprecio.
Mal, dándose cuenta de los celos de Cora, quiso jugar un poco, incluso con su mente y corazón gritando por un abrazo, cada día y cada mes que pasaba, la sra. Smith tenía la certeza de que amaba a Cora, sin embargo Mal tenía una gran cualidad, era paciente, sabía esperar el momento oportuno. Mill caería.
-Con permiso, Mills, tenemos que trabajar…Vamos querida…-sonrió cínica
-Claro Mal, vamos…- dijo Cruella con una sonrisa en el rostro. Mal cogió a la rubia de la mano y se encaminaron hacia la muestra de vinos añejos.
Se fueron a sus quehaceres y Cora se quedó observando la sintonía que ambas tenían juntas, se sintió angustiada, a fin de cuentas era ella la querida de Mal, era al menos lo que pensaba, y aquella escena presenciada entre las camareras le demostraba que una era feliz junto a la otra. Se reprendió por sentir aquello, pero era inevitable, echaba mucho de menos a la mujer que, se insistía a sí misma, no amaba, aquella señora le había revuelto cosas que nadie en toda su vida había logrado. Cora no era de las de rendirse, y no lo haría ahora, estaba decidida a luchar por Mal, aunque tuviera que quitarse del medio a aquella mujer, Mills estaba tramando un plan, ¡Mal sería de ella!
Cuando el evento se dio por concluido, y los compradores y socios dejaron el lugar, la familia Swan y Mills entraron en la casa, en medio de la hacienda, Cora conversó un poco con sus hermanos y enseguida se marchó, estaba visiblemente abatida por la forma en que había sido tratada, aquella indiferencia total la estaba corroyendo por dentro, ¿la sra. Smith parecía feliz? ¡Aquello era terrible! Mills quería ser la causa de la felicidad de Mal. Antes de decir adiós, intentó, en vano, consolar a la hija, pero no era buena en dar consejos o ser afectiva, si había algo con lo que Cora no sabía lidiar eran con los sentimientos, específicamente con los de la pérdida, le dio un apretado abrazo a la hija y al nieto, y se marcho a casa de Zelena.
Mary se había pasado el día observando el mal humor de la hija, Emma parecía irritada, sin paciencia para lidiar con los clientes y socios, Mary tuvo que parar algunas veces para calmar a la hija, sin embargo la rubia no era de abrirse fácilmente, lo que llevó a la morena a hablar con el marido, David tendría que hablar con la hija al final del día, él siempre conseguía llegar a la hija con más facilidad que Mary, y así él lo hizo.
-¿Todo bien, princesa?- David se acercó a la hija que estaba sentada en un pequeño banco frente al lago, miraba el ocaso.
-Uhum…- tiró una piedra al agua. No estaba bien, aquel era uno de los días en que estaba sintiendo el dolor de la pérdida, intentaba al máximo que Regina no lo viera.
-Sé que algo te incomoda…- el sr. Nolan se sentó al lado de la hija, ella siguió muda –Esto es normal…- comenzó con el tema, conocía muy bien a la hija –Estar distante o irritada…Cada persona reacciona de una forma diferente, y no hay manera buena o equivocada de sentir esto…- escuchó a la hija suspirar pesarosamente, ella escuchaba, pero no tenía fuerzas para hablar. David continuó –La mejor manera de lidiar contra ese juicio tan duro contra ti misma es hablar abiertamente con Regina…¿Has hablado con ella?- preguntó analizando la expresiones de la hija.
-Sí…Quiero decir…Quizás…Más o menos, papá…- agachó la cabeza –Intento hablar de ello, pero ella parece que se queda aún más triste…- soltó el aire –Hemos tenido una conversación, hemos estado de acuerdo en intentar…Pero es todo tan complejo, papá…- permitió que las lágrimas resbalasen –Ya no sé cómo agradarla… A veces se despierta en mitad de la noche llorando, está comiendo poco…No se concentra en cosas sencillas como los deberes de Henry…- suspiró –Tengo miedo, papá…Miedo de que me deje…- confesó triste.
-Regina no haría eso…Ella te ama, hija…- afirmó con convicción
-Lo sé, papá…Pero está tan cambiada…- pegó su hombro en su padre
-Esto te está afectando- afirmó acariciando los mechones rubios, como hacía cuando Emma era solo una niña, ella balanceó la cabeza afirmando, se pasó el dorso de la mano por la nariz y sorbió secándose las lágrimas –Acepta tus sentimientos…Permítete sentirte triste, no intentes darle un fin. Siente…- agarró el mentón de la hija –Necesitas lidiar con el dolor según él te llegue. Puede ser que tarde un poco más de lo que deseas…Es necesario tomarse un tiempo para procesar lo sucedido…- sonrió alentador, Emma intentó devolverle el gesto -¿Sabes?...No tienes que hacerte la fuerte frente a Regina, es importante que ella sepa lo que tú también estás pasando, interiorizar tus sentimientos no va a hacer que vuestra relación mejore…Lo mejor es intentar mantener un diálogo sincero sobre el tema y respetar tu tiempo, como el de ella…- aconsejó –Quizás ayude a disminuir la soledad…- el hombre se levantó y se detuvo frente al lago, el sol se escondía reflejando su brillo en el agua.
Emma estaba procesando todo aquello, su padre tenía razón, conversaría más con su esposa, estaba decidida a exponer sus sentimientos, Regina merecería saber, a fin de cuentas, un matrimonio era eso, en la alegría y en la tristeza, momentos buenos y momentos malos, juntas. Tendría que salir bien.
Swan puso en práctica los buenos consejos del padre en los meses siguientes, salió bien, la relación entre las dos, de hecho, mejoró mucho cuando Regina, finalmente, comprendió que Emma estaba sufriendo lo mismo que ella, pero aún así la rubia siempre mantenía un diálogo frecuente y respetuoso.
-Amor…- Emma la llamó con cautela, ya habían pasado tres meses desde el evento en la vinícola, aquel mes sería el mes en que hubiera nacido su hijo, el sentimiento volvió fuerte la víspera, Regina estaba melancólica –Killian acaba de llamar…Lizzy ha nacido…- dijo preocupada ante la reacción de la morena, Regina aún tenía días de luto, de vez en cuando recordaba, y eso la hacía sentirse triste.
-¿Tinker está bien?- preguntó sintiendo una ligera incomodidad, ¿parecía sentir rabia? Sí. Se asombró ante eso, pero su mejor amiga no tenía la culpa de su pérdida, se reprendió mentalmente ante tal absurdo sentimiento, fue sacada de sus pensamientos cuando Emma siguió hablando.
-Sí…Fue por cesárea, pero todo fue bien, es una niña saludable según su bobo padre…¿Vamos a verla?- Swan dijo entusiasmada, quería abrazar a su amigo y quién sabe, tomar unas cervezas para celebrarlo.
-Er…Creo que es mejor esperar a que esté en casa…- Regina dijo avergonzada, no estaba bien, quería ver a su amiga, pero algo le decía que esperara un tiempo, necesitaba aceptar aquello, dolía, dolía demasiado, a esas alturas ella misma hubiera estado con su bebé en brazos.
Emma, finalmente, acabó por convencer a la morena, Regina entró en la habitación reluctante, no quería demostrar desapego, besó la cabeza de la amiga y saludó al padre. Ver la alegría de su mejor amiga era algo maravilloso, sin embargo no veía el momento de irse, quería llorar, Emma notó algunas lágrimas cuando la morena cogió a Lizzy en brazos, acarició a la pequeña y deseó desde el fondo de su corazón que estuviera bien.
-Tu madrina te quiere mucho, Lizzy…Te voy a dar todo el amor de una madre, en memoria de mi pequeño…- susurró bajo con los ojos humedecidos.
Henry posó su pequeña mano en la cintura de la morena pidiendo ver a la bebé, Regina secó sus lágrimas rápidamente y le sonrió al hijo, enseguida lo sentó en un sofá cerca de la ventana, el muchacho sonrió y sujetó a la bebé, aunque era pequeño, él la agarró con cuidado, Emma sonrió ante la escena, con toda certeza Henry amaría tener un hermanito. Regina se quedó al lado del hijo todo el rato hasta que la pequeña reclamó que quería mamar de nuevo. Se despidieron y fueron a pasear a un centro comercial próximo, era bueno pasar momentos como aquel, los tres paseando por las tiendas, Henry en medio de ambas madres agarrando sus manos, conversaban alegres hasta que el muchacho quiso parar en una tienda de juguetes, y allí se entretuvo en la sección de juegos. A diferencia de los niños de su edad, Henry se interesaba más por libros, juegos de mesa, además de juegos electrónicos y puzles, el pequeño jugaba con todo, las madres no lo privaban de ser un niño.
Emma se entusiasmó en la sección de osos de peluche, Regina reviró los ojos cuando la esposa cogió un peluche grande y abrazó a la morena en mitad de la tienda.
-¡Para Emma! ¡Para! ¡Para con eso!- Mills intentaba desviarse de los "abrazos", aguantando la risa, Swan era una niña, parecía no comprender que aquello juguetes estaban llenos de polvo al haber estado en las estanterías.
-¡Ven aquí, Regina Swan Mills! ¡Te lo ordeno como tu esposa! ¡Abraza a este panda ya!- Emma agarraba al oso que era la mitad de su tamaño, Mills se apartaba intentando, en vano, callar a la tonta de su esposa.
-Nooo, Em…¡Mírate! ¡Míranos!- apuntó a la rubia, después a ella misma –¡Nuestro hijo parece más maduro que nosotras dos juntas!- susurró mirando a los lados, los dependientes fingían no ver, con toda certeza se reirían de la pareja en cuanto salieron de la tienda.
-¡Me parece genial! ¡Nuestro hijo es pura cultura! Se parece a ti…- sonrió abrazando el cuerpo de la morena por la cintura, el panda gigante entre ellas
-Uhumm…¡Con certeza, Henry salió a mí en cuanto a madurez!- dijo convencida arqueando una ceja, sus bocas estaban muy próximas.
-¡Eso lo acepto! Pero vamos a ser sinceras…¡Me adoras!- rozó los labios rosados en los carnosos
-Sí, srta. Swan…No solo te adoro, sino que te amo…Te amo demasiado…- la besó lentamente –Eres una parte de mí…- sonrió apasionada, sus cabezas pegadas.
-¿Ah, sí, madame…?- sonrió abobada, aquella sonrisa que Regina conocía tan bien, "ahora viene la bomba", pensó Mills.
-¡Este panda enorme formará parte también de nuestra familia!- se escondió detrás del oso.
-¿Cómo es eso?- Mills cruzó los brazos indignada
-Lo que has escuchado: ¡par-te-de-la-fa-mi-lia! ¡NOS LO LLEVAMOS!- arrastró a la esposa de la mano hasta la caja, el dependiente sonrió, Regina se sonrojó e intentó esconder el rostro con las manos
-Es para ella…- dijo Swan al joven dependiente –¡Mi esposa adora estas cosas! He intentado convencerla de no cogerlo…Pero, ¿ha visto? ¿Qué no hacernos por amor?- dijo cínica y abrazó a Regina por los hombros, Mills le lanzó una mirada mortal a Swan.
-Comprendo señoras…- el muchacho sonrió simpático -¿Su hijo?- preguntó señalando al pasillo de los juguetes de cocina.
-¡Oh! ¿Henry, hijo? ¿Ya escogiste? ¡Nos vamos!- llamó Emma al muchacho que caminó hacia ellas agarrando una caja casi de su tamaño, las madres ya se habían olvidado del pequeño –Sí…Nuestro hijo…- respondió al dependiente con orgullo.
-¡Linda familia!- el muchacho cogió la caja de Henry para ponerla en la bolsa
-¡Qué guay, hijo…! ¿Has escogido un horno?- preguntó Regina acariciando los hombros del pequeño.
-¡Sí, mamá, quiero jugar a hacer comidas! ¡Voy a ser el chef Henry! Y mi restaurante se va a llamar Swan Mills!- contó entusiasmado, quería seguir los pasos de su madre rubia, adoraba verla cocinar, siempre le pedía que lo dejara ayudarla, cuando estaba en el restaurante se quedaba todo el tiempo sentado en una esquina de la cocina observando a los cocineros montar los platos, y aquella influencia se reflejaba en sus juegos.
Las madres se contentaron con la elección del nuevo juguete, Emma se emocionó con aquello, saber que su hijo la admiraba hasta el punto de reproducirlo en su fantasía era un deleite.
-¿Y?- Regina abrió el maletero del Mercedes para que Emma metiera el oso panda, pero ella no lo hizo, lanzó una mirada traviesa y colocó el bicho en el asiento de atrás del coche junto con Henry.
-¿Tú…?- Regina encaró a la esposa con una mano en la cintura "¡No estás loca, amor, de verdad!", pensaba
-¿Qué ocurre? ¿Has visto algún ET?- miró a los lados –Porque yo no he visto ninguno…- se encogió de hombros –Te dije que era de la familia…¿No, chico?- guiñó cómplice, el pequeño asintió
-Sí, mamá Regi…¡Es nuestro amigo!- abrazó al enorme oso sonriendo -¿Ves mamá? Charlie es guay…
-¿Charlie?- preguntó Regina, incrédula. ¿El oso ya tenía nombre?
-Vamos, amor…Charlie quiere conocer su nueva casa…O mejor…Nuestra cama…- bromeó para ver la reacción de la morena.
-Si ese pedazo de tela va a parar a nuestra cama…tsc, tsc, tsc-balanceó negativamente la cabeza -¡Los dos se irán al sofá, srta. Swan!- entró en el coche y arrancó, segundos después Emma y Henry se echaron a reír a carcajadas, realmente estaban riéndose de la morena, ella reviró los ojos y miró al panda por el retrovisor. "¡Voy a tener que acostumbrarme a ti, Charlie"!, pensó reluctante, en el fondo le había gustado el nuevo miembro de la familia, aún sentía la pérdida, sin embargo conseguía de algún modo olvidar, al menos suavizar el dolor cuando vivía momentos como esos, se sentía plena.
Ya era de noche, Regina se cepillaba el pelo frente al espejo, su mente vagaba y un pensamiento se hacía presente en su cabeza. Ya habían pasado siete meses desde que había perdido al bebé, pero Regina aún quería intentarlo, no iba a rendirse, miraba su reflejo, cuando Emma entró en el cuarto y la abrazó por detrás besando sus cabellos.
-¡Qué bien huelen…! Como siempre…- inspiró el aire para sentir el aroma que emanaba de la morena, sonrió ante el gesto de la rubia, sintió un escalofrío atravesarle la espina.
-¿Cómo haces esto después de todos estos años!- se giró para contemplar aquella sonrisa de sol, Emma desprendía alegría, tenía el don de calmarla solo con una mirada
-No sé…¿Hacer qué?- sonrió traviesa sentándose en el regazo de la morena.
-Esto…- apartó el cabello hacia un lado para mostrarle el vello erizado –Me provocas cosas, srta. Swan…- le robó un piquito lento, que enseguida la rubia profundizó. Sus corazones aceleraron y la respiración se descontroló. Emma comenzó a deslizar sus manos por el valle de los senos al mismo tiempo que pasaba la lengua por el hombro y lóbulo de la oreja, Regina jadeaba, ya sentía la excitación dar señales en su lencería.
-Em…- suspiró –Quiero volver a intentarlo…- dijo jadeante en mitad de las caricias, aquel tenía que ser el momento. Swan paró lo que estaba haciendo y encaró a la otra algo confusa, Regina no tocaba ya el tema, por eso la rubia se asombró ante el repentino deseo de la esposa. Aunque no era repentina, Swan sabía que Regina no se iba a rendir, pero hacía tanto tiempo que ni se acercaban al tema "otro hijo" que se quedó sin saber qué decir.
-Amnn…¿Estás segura?...No hace mucho tiempo…- dijo desconfiada, no quería herir a la otra- Quiero decir, podemos esperar un poco, amor…- Swan estaba preocupada, sabía que, a pesar del tiempo, la esposa aún sufría por la pérdida de su segundo hijo, Regina se hacía la fuerte, pero en el fondo, Emma lo sabía, aquella situación era extremadamente delicada.
-No tengo tiempo que perder, Emma…Ya tengo 42 años…¡No me voy a rendir!- dijo Regina decidida, estaban en febrero, la morena acababa de cumplir años.
-Por mí, todo bien, amor…Si estás preparada, tienes todo mi apoyo…- Emma se levantó del regazo de la esposa arrastrándola con ella a la cama, recostó a Regina y cubrió su cuerpo con el suyo –Si yo pudiera…te dejaba embarazada ahora mismo…- sonrió maliciosa, Regina sonrió con las mejillas coloradas -¿Qué ocurre? ¿Dije algo malo?- se preocupó con la expresión de la morena, hizo una mueca.
-Ya he marcado la consulta con el doctor Whale para mañana…- Mills dijo avergonzada
-¡Wow! ¡Ok! Todo bien, entonces…- a pesar de la sorpresa estaba feliz con la seguridad de la morena. Volvió a deslizar las manos bobas por el cuerpo de la esposa.
-Gracias amor…por apoyarme…- su respiración falló cuando Emma arrancó sus bragas –No sé…que sería de mí…sin ti…- agradeció en mitad de la caricias osadas de la rubia, jadeó cuando la otra tocó la intimidad ya humedecida.
-Siempre juntas…Lo juré…- Emma introdujo su muslo entre las piernas de Mills, ella gimió alto con los ojos cerrados.
-Henry…- jadeó preocupada -¿Está durmiendo?- movió la pelvis en dirección a la esposa, aquel contacto era muy placentero.
-Uhummm…Solo relájate…- Emma se llevó a la boca uno de los pechos y cubrió el otro con la mano.
-Pero…- intentó decir algo
-¡Shhh!- la rubia selló sus labios de nuevo –Lo metí en la cama…Ya debe estar dormido…Solo tienes que guardar silencio…- descendió los labios hasta llegar a su meta, pasó la lengua con deseo sobre el sensible clítoris.
-¡OH EMMAAA!- gimió alto
-¡Shhh! ¡Silencio! ¿Quieres despertar a Henry?- la reprendió con la mirada, sus dedos jugueteaban en sus dos entradas, se deslizaba de una a otra.
-Voy a intentar…- agarró una almohada, se tapó el rostro
-Buena niña…- volvió a aquella zona, pero esta vez comenzó a chupar de forma hambrienta, los gemidos ahogados por la almohada ganaron fuerza, Emma introdujo dos dedos y Regina arqueó la espalda, el placer la consumía.
-Em…- retiró la almohada de su rostro, jadeando, quería pedirle algo
-¿Hummm…?- Swan continuaba succionando sin parar.
-Arr…- intentaba hablar, pero su cuerpo reaccionaba como brasas bajo aquella lengua –Sabes lo que quiero…Hazlo…- pidió ya en mitad de los espasmos, quería fervientemente gozar. Swan miró los ojos castaños, indignada
-De verdad eres una perra…- dijo en broma, presionando el dedo donde a la morena le gustaba.
-Ahhh…Venga Em…Fóllame…- forzó el trasero contra el dedo hasta que Swan no pudo más.
-¡Amor…Ve con calma que no tengo más dedo!- dijo mientras lo movía en un lento vaivén.
-Entonces, sugiero que cojas nuestra caja…- la encaró arqueando una ceja, Swan la miró lasciva.
-¡Cielos! ¿Cómo me he casado con una mujer tan pervertida?- se levantó sensualmente de la cama y caminó hacia el vestidor, mientras, Regina estimulaba su clítoris para no perder la excitación y prolongar el placer. Emma trajo un dildo que solo usaba la morena, no era tan grueso, era más o menos del ancho de dos dedos, tenía alrededor de 10 centímetros. Su forma era algo graciosa, parecían varias bolitas chinas, una pegada a la otra, Mills enloqueció con el juguete cuando lo vio en el sex-shop. Evidentemente, Emma fue obligada a comprarlo, aunque en realidad estaba feliz con la elección del accesorio -¡A cuatro patas!- golpeó la nalga, Mills gimió ronroneante, alzó el trasero hacia el rostro de la esposa que, en seguida, apretó las nalgas con deseo. Emma derramó lubrificante en el dildo, y puso también una buena cantidad en su entrada, escuchó a la morena gemir ansiosa, forzó la punta del dedo e introdujo el accesorio de una sola vez, Regina soltó un estridente grito.
¡Despacio Emma! ¡Jolín!- agarró la mano de la rubia
-Disculpa amor…Es que…Pensé que ya estabas acostumbrada…- Swan puso una cara divertida, era raro que la morena se quejara de algo, siempre estaba dispuesta a todo.
-Me gusta Em…Pero tienes que ir con calma…Eso es mayor que un dedo o dos…- dijo señalando el dildo.
-Lo siento…Ven acá…Relaja…- agarró a la morena por detrás –Mira…Voy a entrar despacito, como a ti te gusta…- comenzó a masajear el mojado clítoris mientras movía el objeto hacia dentro y fuera.
En pocos minutos, el movimiento ganó proporciones mayores, Emma le mandó que se apoyara en el cabecero de la cama mientras ella se mantenía debajo pincelando aquella cálida zona, a la morena le faltaba poco para sentarse en la cara de Swan, si es que ya no lo estaba. Emma agarraba el juguete con firmeza mientras la otra descendía y subía a la velocidad deseada. No tardó, Regina gritó el nombre de la esposa cuando alcanzó el orgasmo, Mills aún temblaba intentando agarrarse para no caerse sobre el rostro de la rubia, aún podía sentir a Emma lamiéndola, cada parte, por más escondida que estuviera, Swan la "limpiaba" sin dejar resquicio, aquello causaba temblores en ambos cuerpos.
-Cada año que pasa estás más buena…- dijo Emma lamiéndose sus labios sintiendo el gusto de la morena.
-Cada año que pasa me follas mejor…- se sentó en el abdomen de la rubia –Tu turno…- Regina descendió los labios por el cuello, pechos, barriga hasta llegar a la parte interna de la rubia, Swan soltó un gemido de satisfacción cuando finalmente sintió la lengua caliente de la esposa adentrarse en su apretada intimidad. Emma no tardó en alcanzar el clímax en mitad de los gemidos de placer, se quedaron dormidas juntas, el cansancio se apoderó de ambos cuerpos, Emma abierta con las piernas abiertas, Regina echada sobre los acogedores músculos de la rubia, una de sus piernas entrelazada con la otra, dormían serenas, en paz y por encima de todo, con la esperanza en un nuevo día que nacería. Lo habían superado.
Emma y Regina dejaron a Henry en la escuela y siguieron, animadas, en dirección a la consulta.
-¿Cómo están las mamás?- pregunto el Dr. Whale cordial, intentaba transmitirles confianza, había sido una sorpresa para él el que Regina volviera tan pronto.
-Estamos bien…- Swan respondió agarrando la mano de la esposa con firmeza, Regina estaba tensa, Emma se dio cuenta en cuanto entraron en la sala.
-Bien…Son conscientes de que solo tenemos cantidad para dos intentos más del donante que habéis escogido…Tengo que decirles que si no sale bien, tendrán que escoger a otro…- el obstetra explicaba con voz calma, mansa, ambas mujeres se miraron con espanto, aquel donante era perfecto, las esposas habían escogido juntas al "padre" de su hijo y en su momento habían tardado meses en decidir finalmente qué donante usar.
-¿Está diciendo que hemos acabado con el esperma del tipo?- Emma desorbitó los ojos
-Digamos que sí…Han conseguido dejar al hombre sin manos…- Whale bromeó para relajar el ambiente.
-¿Y qué nos sugiere, doctor…?- Mills se dio cuenta de que el médico tenía algo más que decir.
-Sugiero que inseminemos a su esposa, Sra. Mills…- dijo calmo, como si aquello fuera lo más sencillo y fácil de hacer.
-¿QUÉ?- Emma se asombró con la idea, Regina por otro lado, se puso la mano en su barbilla, pensativa, nunca lo había pensado.
-No sería mala idea, amor…Eres más joven que yo…Tendrías más posibilidades…- agarró la mano de la rubia con mirada llena de esperanza.
-No, Regina…- balanceó la cabeza negativamente varias veces –Lo rechazo, doctor…De verdad…- encaró al hombre suplicante con una mirada que decía "¡No dé ideas! ¡No dé!"
-¿Quieren pensar en el tema?- Whale se dio cuenta de la confusión en el rostro de ambas madres.
Una estaba maravillada ante la idea, incluso conseguía imaginar a la rubia con barriguita, Regina ya soñaba con los nueves meses en cuestión de segundos. Por otro lado, Emma estaba desesperada, nunca se había imaginado embarazada. ¡Era aterrador! ¿Una vida dentro de ella? "¡Qué horror! ¡Se va a mover dentro de mí! ¡Peor! ¡Tendrá que salir! ¡No! ¡No! ¡No! ¡Es terrible!", pensó Swan aún con los ojos desorbitados.
-No, no…No queremos pensar, doctor…haremos la inseminación en Regina…- dijo decidida, jamás se quedaría embarazada. Aquello no era una opción.
-Emma…Por favor…Solo tenemos dos oportunidades con "el padre perfecto"…- miró suplicante
-¡No, Regina! ¡Eso ya es pedir demasiado…!- meneaba la cabeza negativamente, quería sacarse aquellos pensamientos de la cabeza.
-Está bien…Haremos el procedimiento en la sra. Mills…- el obstetra percibió la incomodidad en la Sra. Swan y desistió de la idea, ellas necesitaban conversar –Vamos a mirar su informe…¡Aquí está! La semana que viene estarás ovulando…¿Podemos marcar?- señaló el calendario, Mills suspiró triste afirmando con la cabeza, pero no iba a desistir de la idea, aquello era una óptima opción.
