¡Tres son una multitud!
Regina y Emma estaban una vez más en la consulta de la doctora Tamara, ya era casi parte de la familia, sabía más de la vida de las dos que ellas mismas. Fueron años en su acompañamiento, sobre todo, después de la pérdida, si no fuera por ella, quizás Regina hubiera caído en una profunda depresión, Emma también colaboró en la recuperación de la esposa, sin embargo Swan se sometía a consultas semanales con la doctora, y así fue cómo había conseguido mantener las fuerzas hasta ahora, hasta este momento en que se encontraba frente a frente con su psicóloga, pues Tamara le pidió a Regina que saliera de la consulta un momento, necesitaba hablar a solas con Emma.
-Mire, Dra. Tamara, yo definitivamente nunca he querido ser madre como usted bien sabe…- Swan dijo tras escuchar todo lo que la mujer tenía que decir –Pero, ahora siento ese deseo, amo ser la madre de Henry y quiero mucho tener otro hijo con mi esposa, hoy sé que quiero…- ella suspiró pensativa -¿Quedarme embarazada? No sé si soy capaz…- bajó la cabeza, se sentía egoísta, solo estaba pensando en ella.
-No veo problema en eso, Emma…Es normal sentir miedo…Inseguridad, hasta cierta incomodidad con la situación…La cuestión aquí es tu deseo de ser madre, y lo deseas, ¿verdad?- preguntó, sabía que sí
-Sí….Más que nada, quiero otro hijo con Regina…- dijo con los ojos brillando
-Entonces, al menos inténtalo, no vas a quedarte embarazada de buenas a primera…- la doctora ya había hablado con el doctor Whale, ambos querían que ellas lo consiguiesen, habían acompañado todo de cerca, si Emma lo intentaba tendrían mayores posibilidades, o mejor, dos oportunidades más.
-¿Y? ¿Qué te dijo?- Regina entró en el coche, se pasó el cinto, miró a la esposa con esperanza.
-Nada significativo…Me ha hecho pensar un poco…¿Y sabes?...Deseo mucho otro hijo, nunca pensé que eso fuera posible, pero he cambiado…- dijo pensativa, estaba finalmente pensando en tal posibilidad, Regina sintió su corazón dispararse ante las palabras de la otra, su pecho se hinchó de emoción.
-¿Tú…?- sus ojos brillaron
-No, amor…Quiero decir…Aún no lo sé…Estoy pensando, ¿ok? Sin muchas esperanzas. No estoy diciendo que tengo ganas de quedarme embarazada, porque yo…Nunca pensé en eso, ¿me entiendes?- dijo con recelo
-Comprendo amor…Pero ya estoy feliz solo porque lo pienses…Ser madre es lo más hermoso que le puede suceder a una mujer, eres tan buena madre Em…Engendrar una vida es algo divino…Te sientes entera, no sé bien cómo explicarlo, pero la sensación es maravillosa…- soltó el aire sonriendo, recordaba el embarazo de Henry, todo parecía tan vivo en su memoria.
-Lo sé…Todos me dicen lo mismo…Pero…Qué sé yo…Yo quería cuidarte, como no lo hice en el embarazo de Henry…No al contrario…- soltó –Soy el "padre", ¿entiendes?- hizo una mueca –Quiero que todo sea perfecto…Sin separaciones o peleas…Estamos tan bien, nuestro matrimonio es tan bueno…- sonrió tocando el rostro de la esposa
-Sí, lo es mi amor…Soy tan feliz por tenerte, tú has cambiado mi vida, todo se ha vuelto tan vivo…- Regina agarró la mano de la rubia y apoyó su cara en ella
-Prometo pensar con cariño…Solo necesito un poco de tiempo para procesar todo esto…- besó la mano de la morena
-No deseo que hagas nada que no quieras…- susurró encarando los ojos verdes –Te amo demasiado para obligarte a hacer esto…Sé que soy insistente y te pido disculpas por estos días en que te he reclamado…No tengo ese derecho, tienes que sentirte cómoda con la idea…- dijo con sinceridad, se sentía culpable por exigirle tal cosa.
-Gracias amor…Yo…eh…- Swan perdió el hablar, quería decirle que lo haría, que se quedaría embarazada por las dos, pero aún no estaba segura de esa decisión –Err…
-¡Shhhhh!- Regina colocó su índice en los labios de su esposa –Calma…No tienes que decidirlo ahora, yo voy a seguir intentándolo…- dijo en cuanto leyó la mirada de la rubia –Cuando estés preparada, haremos lo que sea necesario…- sonrió –Si eso sucede…No soy mucho de hablar de Dios…- dijo tímida –Pero…que se haga su voluntad, ¡si está escrito que engendre otro hijo ciertamente sucederá!- dijo con convicción. Emma sonrió más tranquila, pudo sentir en las palabras de la esposa que la comprendía, e inconscientemente aquello despertó un deseo latente en la rubia, solo que aún no lo sabía.
Se dieron un piquito rápido y se encaminaron al colegio de su hijo, llevarían a Hércules hasta la casa de Ruby y Lily, almorzarían todos juntos.
Al otro día, Regina fue a trabajar algo más temprano, Gold y Robin la esperaban para una reunión de urgencia, le tocó a Emma llevar a Henry a la escuela. Decidió ir después a casa de los padres, quizás estaría bien ser otra vez "hija" de nuevo, ser mimada, sonrió traviesa mientras conducía el escarabajo, pasó por la escuela del hermano para ver al muchacho, hacía algunos días que no lo veía, fue algo breve, abrazó al niño y se dirigió a casa de los padres, no avisó, sencillamente entró sin llamar como en los viejos tiempos. Constató al entrar en la casa que Mary y David no estaban desayunando como imaginaba, ¿estaban en el cuarto? Emma subió las escaleras de puntillas.
-¡Eh mamá, papá! ¿Estáis vestidos?- llamó a la puerta, sonriendo traviesa
-¿Emma? ¿Hija?- Mary saltó de la cama, buscando una bata, David se puso los pantalones que estaban tirados en el suelo, solían "jugar" por la mañana después de que Neal se marchara al colegio.
-¿Mamá? ¿Puedo entrar?- abrió la puerta lentamente -¿Ya encontrasteis las ropas?-entró en la habitación, su tono era guasón –Espero no haber interrumpido…- aguantó la risa al ver los cabellos despeinados.
-¡No has interrumpido, princesa!- David abrió los brazos para abrazar a la hija, ella se echó hacia atrás
-¡Woww! ¡Calma ahí, pa!- se apartó, Mary se aguantó la risa –Sé bien lo que estabais haciendo…Sin contacto cercano, ¿ok?- se sentó en el sofá en una esquina de la habitación.
-Ok…- David soltó una carcajada -¿A qué debemos esta visita sorpresa en plena mañana?- preguntó preocupado, sabía que la hija y su esposa aún sufrían -¿Tú y Regina estáis bien…?-preguntó desconfiado, Mary percibió un mirad diferente en la hija, pero no consiguió identificar qué era.
-Estamos bien, papá…- Emma se levantó del sofá y caminó hacia él, lo abrazó de lado, quería mostrarle a través del gesto que todo estaba bien.
-¿Y dónde está mi abrazo?- Mary se acercó a la hija, celosa, no había manera, David y ella tenían un lazo más allá de lo que nadie podía comprender.
-¡Bah, ma, sabes que también te quiero!- abrazó a la más vieja con cariño, a aquellas alturas se había olvidado de lo que los padres estaban haciendo minutos antes.
-Tengo que hablar con vosotros…No sé…hace tiempo que no hablamos…Deciros que Regina y yo vamos a volver a intentarlo…- soltó de una vez, aquel asunto venía robándole el sueño a la rubia, Mary se dio cuenta.
-¡Ven hija, vamos a sentarnos!- David empujó a Emma y a Mary a la cama.
-Entonces, princesa, ¿qué está pasando?- preguntó Mary afligida por la hija, había percibido la incomodidad de ella ante el tema, ¿es lo que tenía que pasar? Swan quería otro hijo, todos los sabían.
-Ah, ma…- Emma suspiró, no sabía cómo lidiar con aquella situación, quedarse embarazada para Regina era algo tan sencillo, para ella parecía un monstruo de siete cabezas –Regina y yo hemos ido a una consulta y el doctor sugirió que yo me inseminara esta vez…Pero no sé si consigo pasar por el proceso de un embarazo, tener a un niño dentro de mí…- dijo rápido por no saber lidiar con eso, balanceaba la cabeza negativamente constantemente
-Entonces, ¿es eso?- David soltó una carcajada ante la expresión de pavor en el rostro de su hija, Mary, por otro lado, lanzó una mirada de reprobación al hombre, que se calló, Emma le sacó la lengua al padre, como si le estuviera diciendo "¡Toma esa!"
-¡Emma!- Mary reprendió a la hija -¡Respeta a tu padre, muchacha!- dijo divertida, cogiendo a la hija por los hombros –Emma, mi princesa…- comenzó para calmar a la más joven –Calma…- la alentó con una sonrisa alegre, adoraría ver a su hija embarazada –Un hijo es un regalo, llevarlo dentro es algo espléndido y único, sé que puede parecer algo muy complicado y difícil para ti, hija, pero has cambiado y madurado tanto…sobre todo después de casarte, ya has demostrado que amas a tu familia muchas veces, y sabemos que deseas ese bebé…- miró al marido que asintió con la cabeza, Emma miraba a los padres, pensativa.
-Tienes que pensar en Regina y Henry- David dio continuidad a las palabras de su esposa –Queréis otro hijo…y estoy seguro de que eres capaz de engendrar un bebé…Tu madre tiene razón, princesa, has cambiado tanto…No tiene por qué salir mal…Y si no sale bien, hay otro medios para que aumentéis la familia- sabía que la hija y la nuera querían un hijo de ellas, sin embargo si no daba resultado, también podrían adoptar.
-Es complicado, papá…me asusta, no sé si puedo…- Emma hablaba cabizbaja, quería intentarlo, pero aquello parecía algo tan distante de su realidad.
-Es normal…-Mary le sonrió a la hija –Asustarte…¿Crees que no tuve miedo cuando descubrí que estaba embarazada de ti? ¡Sentí pavor!- contó recordando la desesperación que ella y David sintieron 36 años atrás –Cuando diste tu primera patadita…lloré tanto...-la morena se emocionó, una lágrima resbaló
-¿Y cuando descubrí que era una niña? ¡Me volví loco! ¡Le había dicho a tu madre que sería un niño! Me equivoqué, pero me sentí tan feliz con la noticia y entonces comencé a llamarte, mi princesa…- sonrió el hombre nostálgico
-Lo que queremos decir es que…- Mary pensó un momento –No te prives de eso por miedo…¡Vive Emma! ¡No te arrepentirás!- la alentó otra vez –¡Regina ciertamente te amará por partida doble!- sonrió convencida, por conocer a la nuera sabía que Regina se quedaría toda boba con una Emma embarazada.
-Sí…Ella ya está así…yo…- no sabía qué pensar, aquello parecía algo tan loco –Voy a pensar un poco más…- dijo Emma con una débil sonrisa en el rostro, quizás embarazarse no fuera tan malo, Regina y Henry se lo merecían, pero no solo era por ellos, Emma también lo deseaba –Bueno, tengo que ir al restaurante, ver cómo andan las cosas por allí, hoy me vienen unos proveedores…Y aún quiero ver a Regina para almorzar…- dijo mirando el reloj, la hora pareció volar con aquella conversación.
-¡Oh sí! Ve, hija, y piensa con calma en lo que hemos hablado…- David viendo que la hija estaba menos afligida, le dio un fuerte abrazo, acarició los mechones rubios con una sonrisa boba –Has crecido…- constató
-Sí, papá…hace mucho tiempo…- se rió del padre devolviéndole el abrazo –Gracias, os quiero…- Emma soltó al padre y abrazó a Mary, ¡qué bien se sentía con ellos! –Dadle un beso a Neal de mi parte, ¡decidle que voy a venir a ganarle a aquel juego nuevo! ¡He entrenado a Henry!- rió convencida.
-¡Ay Emma! ¡Me voy a reír mucho cuando tu hermano te dé una paliza!- David la provocó -¡El puede con Henry!
-Pa…Papá…¡No metas a Henry en esto! Es mi hijo…Por tanto….Es tan bueno como la madre- lo defendió
-¡Pago por ver a Henry vencer a tu hermano, Emma!- Mary se entrometió en el tema –¡Apuesto a que juega tan bien como Regina!- rió guasona
-¿Qué quieres decir con eso, mamá?- preguntó desafiante
-¡Qué tu hijo no es rival para el mío!- la madre de Emma provocó, David se aguantó la risa, sabía que la hija defendía a Henry con uñas y dientes.
-¿Esto es una competición, ma? ¡Porque Henry es mucho mejor que Neal! ¡Vamos a marcar una partida para el fin de semana! ¡Ya verás cómo dirás que TU hijo no es rival para el MÍO!- dijo entrando en la pelea -¡Os veo después!- asintió divertida, Mary y David también le asintieron, riendo. Emma era extremadamente competitiva.
Unos tres días pasaron, Swan pensó mucho, su cabeza le llegaba a doler, estaba sentada frente al obstetra que ahora sonreía, la rubia golpeaba el suelo con el pie, estaba visiblemente nerviosa, de vez en cuando se mordía las uñas, Regina intentaba transmitirle calma y consuelo a través de caricias, sus manos estaban entrelazadas, pero lo que ocurría es que la morena estaba tan nerviosa como la otra, era una mezcla de ansiedad y alegría. Cuando Emma le dijo que lo intentaría, Mills lloró mares, la rubia tuvo que confirmárselo varias veces hasta que por fin se lo creyó.
-Podemos fecundar tus óvulos e implantarlos en ti solo para que te vaya preparando al procedimiento, no vamos a inyectar hormonas ni nada de ese tipo aún…- el médico miraba a la rubia –Realmente quiero saber qué sucederá, cómo reaccionará tu cuerpo ante esto y entonces podemos comenzar con el tratamiento hormonal…- Whale terminó de explicar entusiasmado, quería de corazón que ambas tuvieran otro hijo.
Emma decidió hacerlo, a fin de cuentas había tomado la decisión después de haber hablado con David y Mary, Regina aún estaba en mitad de su ciclo de fertilización, por eso siguieron con su procedimiento, no tenía sentido interrumpirlo. Swan escuchaba todo con atención, algo le preocupaba.
-¿Y si quedamos las dos, doctor? ¿No es mejor esperar a que el ciclo de Regina acabe?- preguntó preocupada, el médico sonrió simpático
-Eso es muy improbable, las posibilidades de que eso suceda son muy pequeñas…¡No tienes de qué preocuparte!- afirmó con convicción
-¡Vale, ok!- Swan respondió tranquila.
Aquella mañana el obstetra optó por implantar tres óvulos fecundados en la morena, era mucho, pero el doctor quería que ella tuviera todas las oportunidades, a fin de cuentas, era el último intento con el donante que habían escogido. Aún con la posibilidad de engendrar gemelos, Mills aceptó las sugerencias, lo intentaría todo, si no salía bien, ella y Emma ya estaban escogiendo otro "padre".
Emma, que estaba acompañando a la esposa, pasó por los exámenes de sangre y sonogramas, pudo conocer cómo funcionaba el tratamiento hormonal, y pudieron establecer los niveles de hormonas de la rubia. Como Regina tuvo que ser inseminada dos veces seguidas aquella mañana, el obstetra propuso inseminar también a Emma, ya que tendría que esperar a la esposa, y dicho y hecho, ambas madres salieron de la clínica inseminadas, ahora tocaba esperar.
Dos semanas exactas pasaron después de la inseminación, Emma se sentía extraña desde entonces, no es que pensara que estaba embarazada, todo lo contrario, ¡ni se acordaba de eso! No había hecho el tratamiento hormonal ni nada para ayudar, así que embarazarse para ella sería casi imposible, ¡casi! Sus pensamientos estaban centrados en Regina, quería mucho que saliera bien con la esposa, así no necesitarían seguir con aquello, pero el destino no estaba a su favor.
-Me ha bajado, Em…- Regina salió del baño buscando una compresa, y dijo cabizbaja, pero no estaba triste, aún tenía esperanzas, no había sido esa vez, pero estaba decidida a intentarlo hasta finales de año.
-Calma, amor…No hay manera de saberlo…el doctor dejó claro sobre esos sangrados, tenemos que esperar a la consulta, allí veremos…- tocó el hombro de la esposa –Puede ser reacción a los medicamentos…Hay mujeres que sangran aun estando embarazadas- dijo esperanzada.
-Ah Em…No creo que sea mi caso…Pero como dices…Mañana sabremos- fue hasta el vestidor a buscar una ropa, tenía que ir a buscar a Henry a la casa de la hermana, algunas veces el pequeño pasaba la noche allí, así los primos podían jugar juntos, Roland, incluso siendo el mayor, jugaba con Henry y Dorothy.
-Sí…Yo…voy a…- Swan iba a decir algo, pero fue interrumpida por un fuerte malestar, ¿estaba sintiendo nauseas? Corrió al baño, se agachó en la taza, Regina corrió detrás a ayudarla.
-¿Amor…?- agarró los mechones rubios de la otra, seguía echando el almuerzo –Em…- levantó a la esposa y la ayudó caminar hasta el lavabo, Emma estaba pálida.
-Re…Regi…- parpadeó un par de veces, pero su visión se oscureció, cayó desmayada.
Regina se desesperó, no tenía fuerzas para alzar a la esposa, pensó rápido y fue a buscar a su tío al apartamento vecino, por suerte Greg estaba allí, la ayudó a colocar a Emma en el coche, y se ofreció para conducir hasta el hospital, la morena estaba extremadamente preocupada, la rubia no se despertaba.
El médico llegó y examinó a la paciente, le sacó muestras de sangre y pidió que esperaran por el resultado, Swan despertó medio mareada, Regina estaba a su lado acariciándole el pelo, la esposa tenía una salud de hierro, difícilmente Emma cogía algún resfriado.
-¿Amor…? ¿Qué hago aquí?- se rascó los ojos, se sentía bien.
-Te desmayaste, Em…Dentro de un momento el enfermero trae los resultados…- informó aliviada
-¡Ah Regina! ¡Por el amor de Dios! ¿Qué hora es? ¡Tenemos que ir a buscar a Henry!- se levantó de la cama deprisa
-¡Eh, eh! ¡Échate ahí Srta. Swan! ¿O quieres que te obligue?- le lanzó una mirada dura, Emma se volvió a echar sin muchas ganas.
-¡Qué exageración, Regina…Afff!- reviró los ojos irritada, odiaba los hospitales, acompañar era diferente, pero ser paciente no era guay.
Un joven entró en la habitación con la ficha en las manos, comprobó el pulso y los ojos de la paciente.
-¡Está de alta, sra. Swan Mills!- avisó simpático –El doctor Whale hoy tiene el día libre, sé que él es su médico, así que me he tomado la libertad de marcarle una consulta a su esposa para mañana…- miró a Regina como si le pidiera permiso, ella asintió –Bien…¡Felicidades mamás! ¡Emma está embarazada!-contó animado entregándole el resultado a la rubia.
En ese momento, a ambas mujeres les faltó el aire, automáticamente los ojos de Regina se inundaron de lágrimas, por otro lado, Emma estaba en shock, se posó las manos en el vientre aún sin creerlo, su corazón latía fuerte, sentía algo diferente, de repente todo a su alrededor parecía demasiado peligroso, tenía que proteger aquella vida a toda costa, encaró los ojos castaños que brillaban y agarró las manos de la esposa, juntó ambas sobre la barriga, sonrió de oreja a oreja, nada decían, sus miradas intercambiaban palabras que no podían ser dichas. Emma no podía creerlo, aún sentía más miedo, más ansiedad, una preocupación sin fin, su cabeza daba vueltas, pero no por ella, y sí por aquel ser que ahora crecía dentro de ella. ¿Estaba feliz? Mucho, no sabría describir la emoción que la embargaba, parecía todo surreal, finalmente dejó resbalar las lágrimas de sus ojos verdes.
-¿Es…Estoy esperando un bebé?- se miraba el propio vientre sin creérselo
-¡S…Sí…sí! ¡Vamos a tener un bebé, Em! ¡Serás madre…Madre de nuestro hijo!- Regina lloró otra vez, asintiendo –Gracias mi amor…- besó la cabeza de la rubia con cariño –Este es el mejor regalo que podrías darme, te voy a amar aún más… -depositó un piquito en sus labios –Te amaré mucho, mi Em…- otro piquito –Voy a cuidaros a los dos…- sonrió bobaliconamente.
Después de la gran noticia, las madres comenzaron los preparativos, tomaron todas las precauciones, Regina se convirtió en la sombra de la rubia, casi no iba a la empresa, llamó a la madre contándole la novedad. Cora estuvo de acuerdo en ponerse al frente de la Mills Company durante algunos meses, ella fue la primera en enterarse, David y Mary se enterarían más tarde, Emma quería esperar un poco, prefería darles la sorpresa, Regina no se opuso, en realidad empezó a hacer todo según lo quería su esposa.
Cora subía las escaleras del apartamento de la hija a paso lento, Mal estaba tan cerca, se volvía aún más difícil ignorar, su cabeza daba vueltas, su corazón gritaba por ayuda y cada latido reprimido por su razón hacía que Cora se hundiera más y más en un mar de oscuridad, su luz se apagaba. Ella pensó y pensó, quería conversar con Mal, pero, ¿por qué le era tan difícil? Ella misma no lo entendía, tenía que hablar con alguien, pero, ¿con quién? No quería pensar en un psicólogo, la sra. Mills era muy orgullosa cuando se trataba de exponer los propios sentimientos. ¿Qué sentía? Miedo. Cora luchaba contra su propio deseo, contra lo que ansiaba, para ella todo era demasiado complejo, ¿asumir una relación ahora? ¿Después de toda una vida heterosexual? ¿Después de tener una familia? ¿Hijos? ¿Innumerables hombres? ¡Aquello era una desfachatez! Eso pensaba Mills, o por lo menos pensaba en lo que los otros iban a pensar de ella, un prejuicio interior, aquel estatus conservador estaba muy arraigado en ella, y eso la hizo desistir de llamar a la camarera tantas veces, dejando su "plan" de lado.
-¡Hola suegra!- Emma abrió la puerta, alegre, Henry corrió a abrazar a la abuela, entusiasmado, los dos tenían una fuerte conexión.
-¡Hola Swan!- saludó aún abrazada al nieto, le daba besos por la carita
-¡Te echaba de menos, abuela!- dijo el pequeño sonriendo –¡Ven a conocer a Charlie, abuela! ¡Él también es de la familia!- Henry agarraba la mano de la abuela, quería presentarle al panda, Emma sonrió con aquello, Regina aún reviraba los ojos cuando se trataba del oso.
-La abuela ya va a conocer a Charlie, querido…Ve delante…- despeinó los cabellos del nieto y él caminó hacia su cuarto.
-¿Cómo te encuentras?- miró a la nuera con mirada preocupada, estaba ahí por el embarazo de la rubia.
-Bien…Yo…No sé decir cómo…normal, creo…- dijo avergonzada, aquello era nuevo, quizás todavía no se había enfrentado a la realidad.
-¿Henry lo sabe?- preguntó
-Aún no…Regina prefiere esperar algunos meses…él ya ha pasado por mucho…- explicó
No querían causar ansiedad en el hijo, sentían miedo de que pudiera pasarle algo al bebé, era todo muy reciente, aún así la morena quiso contárselo a la madre de primera mano.
-¿Dónde está mi hija?- preguntó al barrer con la mirada la casa y no ver a la morena
-Regina fue a la farmacia a comprarme algo para las nauseas…- hizo una mueca, estaba visiblemente incómoda con ello, no quería darle trabajo a la esposa –Ya viene…- sonrió pasándose la mano por el estómago, aquel maldito malestar.
-Hum…Ok…Voy a conocer al tal Charlie…¿Es un perrito?- preguntó Cora divertida, sabía que a la hija no le gustaban las mascotas, decía que daban mucho trabajo, ensuciaban y todo eso sobre el cuidado de la casa, Cora se iba a reír mucho si Emma y Henry conseguían convencer a la morena para tener un animal.
-¡Ojalá! He intentando hablar sobre eso…pero Regina no quiere- dijo frustrada
-Ya has conseguido doblegar a Regina en otras cosas, querida nuera…- sonrió maliciosa -¿Qué ocurre?- rió divertida, amaba provocar a la rubia, aquello no cambiaba.
-Ay, suegra…no tengo problemas con eso…Regina aún adora todo lo que le hago…Creo que aún lo recuerdas, ¿no?- recordó cuando la había pillado en faena –Además…¿tú no te quedas atrás, no? Sabes cómo funciona la cosa…Quién diría…Cora Mills con una mujer…- provocó
-¡Cállate, Swan!- dijo irritada
-Ah nooooo….No sigo órdenes, suegra, creí que ya te habías acostumbrado…- ironizó –Ahora dime…¿Cuándo sucedió todo eso? No…cuándo no…- sabía que habían comenzado durante la boda -¿Cómo? ¿Sentiste curiosidad, eh? Después de vernos…- seguía provocándola, divertida.
-¡Ahórrame ese recuerdo!- resopló sin paciencia, no quería recordar la escena
-¡Venga, va! Cuéntame…¿Cómo vosotras…?- prefirió no decir la palabra- Me encanta saber los detalles…- se entusiasmó esperando una respuesta.
-¡No es de tu incumbencia!- dijo con amargura
-¡Ok! No lo es…Pero que sepas que estoy aquí si lo necesitas…- dijo Emma de corazón, pudo percibir por la negación en que se empeñaba la suegra que ella sentía algo más por la mujer del bar.
-¡Estoy bien, Swan! Soy mayor y vacunada- Cora caminó hacia el cuarto del nieto pensativa, sabía que la nuera no estaba bromeando cuando le había ofrecido "ayuda", quizás no estaría del todo mal, Cora necesitaba hablar de eso con alguien.
Regina llegó animada, estaba radiante, se sentía embarazada también, podría jurar que sentía nauseas, constató que era psicológico, la ansiedad estaba a toda máquina, quería cuidar y amar a Emma mucho más, todo parecía tan perfecto. Saludó a su madre alegre, Cora abrazó a la hija con fervor, una abrazo largo y cálido, Henry entró en medio de las dos pidiendo que lo cogieran en brazos, la más vieja alzó al nieto y olió su cuello, él soltó varias carcajadas diciendo que le estaba haciendo cosquillas.
-Vamos Henry…Es la hora de tu baño…- la morena avisó y vio que el hijo estaba sudado, habían jugado mucho.
-¡Yo voy solo, mamá! ¡Ya sé tomar el baño, soy grande!- corrió, travieso, hacia el baño.
-Ah mocito…¡No, todavía no eres "grande"!- sonrió a la madre que le dijo con la mirada "ve tras él" y Regina lo hizo, mientras ayudaba al hijo con el baño, Emma se sentó en el sofá con la suegra, se acariciaba la barriga imaginándose "gorda", rió sola con el pensamiento.
-Voy a tener que entrenar mucho en el gimnasio después de que nazcas…- se calló para pensar en lo dicho - ¿Nacer? No, no…¡Mejor no pensar en eso ahora!- se reprendió ante tal pensamiento, aquello la asustaba demasiado.
-Ya estás pensando en el parto, querida nuera…- preguntó Cora con sarcasmo, fingía prestar atención en la película que pasaban por la televisión, en realidad estaba atenta al monólogo de la rubia.
-En realidad no…No quiero pensar en eso…-dijo arrugando la frente
-Cálmate…Faltan más de ocho meses…-intentó ayudar
-Prefiero no pensar en ello, voy a vivir día a día…-explicó sonriendo
-Es una buena estrategia…- dijo Cora pensativa -¿Sabes?...Cuando quedé embarazada de Zelena, sentía ese mismo miedo, y créeme, si yo lo conseguí, tú sacarás matrícula- la alentó
-Gracias, creo que de verdad necesitaba escuchar eso…- Swan le devolvió el ánimo dado con una sonrisa sincera.
Al final de la tarde, Cora dejó el apartamento de la hija para ir a dormir a un hotel, nunca aceptaba quedarse a dormir. Henry estaba en su cuarto preparado para dormirse, Regina acababa de contarle un cuento, el pequeño adoraba escuchar aquellos cuentos antes de viajar al mundo de los sueños. Emma estaba en el cuarto caminando de un lado a otro, se sentía mal, aquello la irritaba, Regina apagó la lámpara del hijo y le dio un beso en la cabeza en cuando el pequeño se quedó dormido, al entrar en su cuarto no vio a su esposa.
-¿Emma…?- llamó a la rubia, enseguida escuchó el ruido de descarga, caminó rápido hacia el baño –Amor…Lo estás pasando mal…¿Por qué no me llamaste?- se acercó a la otra con expresión preocupada, aunque sabía que aquello eran síntomas del reciente embarazo, era inevitable no sentirse afligida.
-Ay, Regina…Joder…Yo…yo…- intentó mirar a la morena, pero vomitó otra vez.
-Todo bien, mi amor…- Mills agarró los largos cabellos de la rubia –Es lo que hay…dentro de poco se pasa, Em…- acarició la espalda de la esposa
-¿Dentro de poco? ¡Solo tengo poco más de dos semanas! ¡Cielos! ¡Estaré así durante dos meses!- lloriqueó estresada.
-Tampoco es así, Em…Ven…- se detuvo frente al lavabo agarrando a la rubia que aún estaba un poco débil, buscaba el cepillo de dientes de la otra cuando sintió unas fuertes nauseas –Amor…- se apoyó en el lavabo y se apretó el estómago, Regina vomitó allí mismo, Swan abrió el grifo mientras la morena intentaba recuperarse, cuando lo hizo, la morena se lavó la cara, ¡no podía ponerse mala ahora! "¡Mi esposa necesita mi ayuda! ¡No yo!", se reprendió mentalmente, después de haberse recuperado, miró a Emma, que ahora la miraba asustada, perpleja, Regina la encaró con expresión de duda, no entendía la reacción de la esposa.
-Regina…- se llevó las manos a la cabeza, la desesperación era evidente en la cara de la rubia
-¿Qué ocurre? Estoy bien…No fue nada, estoy un poco revuelta…disculpa por esto…- se cepilló los dientes antes que la esposa
-T…tú…- los ojos de la rubia estaban como platos
-¿Lo crees posible?- preguntó Regina cuando entendió a dónde quería ir a parar.
-No, Regina…quiero decir…¡Sí! ¡Dios! ¿Y si?- se cubrió la boca con las manos pensativa, un desespero se abatió sobre la rubia.
-No, Em…El Dr. Whale dijo que era muy improbable…Quizás comí algo que me sentó mal, no sé…- dijo pensativa, ¿será? Incluso a pesar del pequeño sangrado, Mills no confirmó el "no embarazo" cuando descubrió el de Emma se olvidó completamente de ella.
-¿Qué vamos a hacer Regina?- Swan habló con certeza, estaba segura de que la morena también estaba embarazada.
-Calma, Em…Ya he dicho que no fue nada…- la morena no se lo creía
-¡Sí fue! ¡También estás embarazada! ¿Acaso no te das cuenta?- sacudió los hombros de la morena, ¡Regina tenía que despertar!
-¡Claro que no, Emma!-se soltó de la otra- ¡Si estuviera embarazada, lo sabría!- dijo con certeza en la voz
-¡No! No lo sabrías, estás tan conformada que ni te has dado cuenta…¡Estás embarazada! ¡Dios! ¡Hemos dado un paso de gigante! ¿Tres? ¿Tres hijos? ¡Tres es multitud!- se dejó deslizar por la pared y comenzó a llorar de emoción, alegría y desesperación.
