Sobresaltos
Emma aún lloraba histérica, Regina, por otro lado, estaba estática, no movía un músculo siquiera, para ella el tiempo se había parado, sus manos estaban posadas en su vientre, lo miraba sin poder creérselo, pero al mismo tiempo que estaba incrédula tenía la certeza de que allí reposaba otra vida, parecía que la ficha no caía, pero de repente las lágrimas vinieron con intensidad, seguidas de sollozos y se arrodilló al lado de la esposa tocando sus hombros, retirando los mechones rubios que estaban pegados al rostro.
-Em…embarazadas…- susurró encarando los ojos verdes –Yo…nosotras…- intentaba decir algo
-¡EMBARAZADAS!- Emma se levantó abruptamente asustando a Regina -¡Dios! ¡Dios! ¿Qué hemos hecho Regina? ¡Oh cielos! ¡Lo sabía! ¡Debería haber esperado! ¡Yo no tenía que estar embarazada, Regina! ¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a dar cuenta de dos bebés? ¡Peor! ¿Cómo vamos a hacer todo? ¿DOS BARRIGAS? ¿Y si nos ponemos de parto las dos juntas?- aquello era su mayor preocupación -¡No tengo estructuras mentales para eso! ¿Cómo te voy a cuidar? ¿Quién va a cuidar de mí?- andaba de un lado a otro desesperada, una lluvia de preocupaciones asolaba su mente.
-Amor…- Mills la llamó –Emma…- otra vez, ella parecía no escuchar, golpeaba los pies en el piso -¡Mírame, Em!- agarró a la rubia -¡Srta. Swan! ¡Míreme!- encaró con expresión seria
-¿Am?- Swan estaba como un vegetal.
-Todo saldrá bien…Vamos a conseguirlo, sí…- afirmó convencida –Ya hemos pasado por tantas cosas juntas… Será un desafío más, amor…Vamos a tener que hacer algunos cambios, pero ciertamente podremos con todo…- intentó pasarle seguridad, Regina también tenía sus preocupaciones, pero estaba segura de sí misma, para ella aquello era una bendición, alegría por partida doble.
-¿Mamás?- Henry entró en el baño del cuarto de las madres restregándose los ojitos, aquella agitación y subida de voces había acabado por despertar al pequeño -¿Todo bien? ¿Qué sucede? ¿Estáis riendo o llorando?- preguntó preocupada al observar a las dos.
-Un poco de las dos cosas, hijo…- Emma sonrió en mitad de las lágrimas, estaba sentada en el suelo otra vez.
-¿Mamá Regi? ¿No estabais peleando otra vez, verdad?- preguntó receloso
-No, mi principito…Ven acá…- atrajo al pequeño a un caluroso abrazo –Tus madres tienen mucha suerte, mi pequeño…- se agachó para oler los finos cabellos castaños.
-¿Por qué, mamá? ¿Qué pasa?- preguntó curioso
-Sucede que tú…Eh…- se tocó su propia barriga, quería contarlo, pero se contuvo, tenía que confirmar el embarazo, miró a Emma para que le contara el de ella, Swan asintió con una sonrisa de lado, se acercó a la esposa abrazándola por los hombros.
-Tendrás un hermanito o bueno…una hermanita…- Emma completó la frase de la esposa
-¿Tú, mamá Em?- él desorbitó los ojos sorprendido -¡Te vas a poner muy gorda!- apoyó una de las manos en el mentón pensativo –¿No voy a poder saltar en tu regazo? ¿Quién me va a cargar en la espalda y hacer el caballito?- se rascaba la cabeza
-Bueno…Ehhh…- no sabía qué responder, no tenía idea de que el hijo le fuera hacer esas preguntas.
-Solo será por un tiempo, querido, después de que tengamos otro bebé, mamá Emma jugará con los dos…- dijo para consolar al hijo
-¿Querrás decir los tres, no?- Emma corrigió a la esposa sin darse cuenta
-¿TRES?- Henry desorbitó los ojos
-¡Emma!- la morena la reprendió
-¡Qué!...He dicho la verdad. Mamá Regina también está esperando otro bebé, chico…- contó de la forma más natural posible, intentaba acostumbrarse a la idea.
-¡Wow! ¡Qué chachi! ¿Las dos tenéis un bebé ahí dentro?- el pequeño señaló las barrigas, sonreía de oreja a oreja con la noticia
-En realidad, Henry, mamá Regi aún no lo sabe…Pero todo indica que sí, tus mamás se van a poner gordas como has visto en la tele…- explicó Mills.
-¡Vaya, mamá, eso es tan guay! ¡Voy a tener dos hermanos!- alzó los bracitos como si lo celebrase -¡Voy a contárselo a todos en la escuela! ¿Mañana hay clase? ¡Quiero contarlo ya!- dijo batiendo palmas
-Sí, hijo…- sonrió –Mañana es lunes…- afirmó
-¿Lunes? Siempre me olvidó de que el lunes viene después del domingo…- pensaba. -¿Sabes mamá?...Aún no sé de dónde vienen los bebés…Yo dije que vosotras los teníais en la nevera y todos se rieron en la escuela…Me dijeron que dos mamás no hacen bebés, ¿cómo nací yo entonces?- preguntó con curiosidad, quitándolo a él y a Hércules, los otros compañeritos tenían papás y mamás.
-Bien…- la morena no quería entrar en aquel tema, tragó en seco –Creo que ya se ha pasado la hora de irse a la cama, príncipe, tendremos esta conversación en otro momento, ¿ok?- Regina distribuyó besos por el rostro del hijo y lo guio al cuarto seguida de la esposa, aquella explicación tendría que esperar.
-Aún no consigo entender…Si no lo bebéis, ¿cómo entran los bebés ahí?- el pequeño insistía mientras se metía en la cama
-El médico pone la semillita en mamá, hijo…- dijo Emma de forma casual, Regina, por otro lado, estaba incómoda con el rumbo de la conversación.
-¿Cómo? ¿Por dónde?- continuó
-¡Ay, hijo! Aún eres muy pequeño para eso…- la morena apoyó una mano en la cabeza, se moría de la vergüenza, Henry parecía siempre buscar las respuestas más extrañas, nunca estaba bien.
-¡Él quiere saber, Regina, vamos a decírselo de una vez!- Emma no quería darle más vueltas, desde los cuatro años estaba haciendo esa pregunta.
-¡Sí, mamá, ya voy a cumplir seis años! ¡Ya soy grande!- dijo sacando pecho
-Ah…No quiero hablar de eso, Em…¡Solo es un bebé!- sus ojos de humedecieron al mirar a su esposa, Regina estaba muy incómoda con aquello.
-¡Pero él quiere saber! ¡Vamos ya acabar con esto!- Swan perdió la paciencia
-Está bien…- suspiró pesarosa -¿Sabes por dónde la mamá hace pipí?-preguntó dubitativa
-Sí…- respondió espabilado
-Pues por ahí el médico coloca la semillita…Entonces el bebé comienza a crecer aquí dentro de mamá…¿Entendiste?- rezaba para que sí, a aquellas alturas no sabía dónde meter la cara.
-Uhumm…Extraño…¡Pensé que había que beberlo!- puso cara de estar pensando, parecía analizar los hechos –Cuando yo como demasiado, mi barriga se queda grande, pensé que era así…- se encogió de hombros, ambas mujeres soltaron el aire aliviada, una pregunta embarazosa menos.
-No tienes que contarles eso a tus amigos, chico…- continuó Emma –Será un secreto nuestro, ¿ok?- le hizo prometer al hijo.
-¡Sí, mamá Em! ¡No voy a contárselo a nadie!- cruzó los deditos y enseguida los besó
-¡Genial! ¡Mamá está feliz!- dijo Regina aliviada –¡Ahora vamos a cerrar esos ojitos porque mañana este príncipe tiene que levantarse temprano!- le hizo cosquillas al hijo antes de apagar la luz –Te queremos, pequeño…- le besó la cabeza, Emma repitió el gesto.
-Yo también os quiero, mamás…Ahora más que nuestra familia va a ser muy grande…- atrajo a las dos a un abrazo largo –Buenas noches, mamás…- bostezó y se giró hacia un lado, parecía que lo hubieran desenchufado, pues se quedó dormido antes de que ellas salieran del cuarto.
-Creo que se desmayó…- Emma cerró la puerta y prensó a su esposa contra la pared, con mirada maliciosa.
-¡Creo que ya estás mejor! ¿No?- paró la embestida
-Sí…Ya me había olvidado, ahora necesito aliviar cierto malestar aquí…- agarró la mano de la morena y la bajó hasta su entrepierna –Humm…¿Lo notas? Ya estoy lista…¡Puede ser una rapidita!- susurró jadeante.
-¡Yo…cielos! Estoy loca por eso…tan mojada…- Regina sintió su propio cuerpo dar señales ante aquello.
-Lo estoy, amor…- se restregó en los dedos de la morena –Últimamente ando así…siento deseos de la nada…- susurró
-Pero…¿Y si de verdad estoy embarazada? ¡Puede ser peligroso!- alertó
-Puedo darte placer sin penetrarte, amor…- recordó
-Ok…- Regina pareció pensar –Creo que no hará mal, ¿no?- le dio un piquito, ella también quería –Con cuidado, srta. Swan…- pidió mientras agarraba la cintura de la rubia.
-¿Nunca vas a perder esa manía de llamarme así, verdad?- le robó otro piquito.
-Te pega…- le devolvió un beso lento
-Si tú lo dices…está bien…- respiró hondo para contener la excitación repentina. Condujo a su esposa a la habitación –Lo voy a hacer con todo el cuidado que te mereces…- se echó sobre la morena en la cama, aguantaba su propio peso para no aplastar a la morena -¿Cómo vamos a hacer esto cuando las dos tengamos un barrigón?- preguntó mientras mordía el lóbulo de la oreja de la otra.
-No sé…- la morena dijo tímida –Ya nos apañaremos…- sonrió –Siempre encuentras una manera cuando el tema es sexo…- colocó las manos por debajo del camisón de la rubia y le apretó los pechos con delicadeza.
-Hummm…- Swan gimió ante la sensación, estaban más sensibles de lo normal -¿Podemos pensar en eso después?- dijo jadeante –Confieso que no sé qué pensar…ni cómo hacer…¿Podré encontrar algo en Internet?- Emma miró a la esposa, estaba realmente preocupada con eso.
-¡Emma! ¡Ni sabemos a ciencia cierta si estoy embarazada! ¡Cálmate! Solo sospechamos…Una mera deducción…- recordó, Mills adoraba la idea de estar también embarazada, pero en el fondo estaba preparada para una posible negación.
-¡No he deducido nada, sra. Mills! ¡Es un hecho!- dijo espabilada
-¿Y cómo te sientes con ello?- preguntó al recordar la primera reacción de la rubia.
-¿A parte de aterrada?- rió –Estoy feliz…Feliz por ti…por nosotras…- agarró la mano de la esposa y la reposó sobre su propio vientre, repitió el gesto sobre el vientre de Regina –Somos mujeres de mucha suerte…- la besó con pasión.
Hicieron el amor intensamente por horas, todo lentamente, querían prolongar aquella sensación, aquella alegría que compartían, se durmieron en paz, sin preocupaciones o ansias, como hacía mucho que no dormían, allí había esperanza ante las dos nuevas vidas que estaban por venir.
El día amaneció claro y el despertador sonaba frenético, sin embargo ellas no querían levantarse, Emma paró el reloj, perezosa y abrazó a la esposa de lado, ambas aún desnudas.
-Buenos días, mi vida…- Regina metió su nariz en los cabellos rubios y los olió -¿Nos levantamos?- su voz aún era ronca
-¿Qué tal quedarnos aquí?- se anidó al cálido cuerpo de la morena.
-Henry tiene que ir a clase, srta…¿quieres que la directora nos llame a una reunión?- le recordó acariciándole la espalda.
-Ay- gimió ronroneante
-¿Qué ocurre?- Regina desorbitó los ojos, preocupada
-Creo que no estoy en condiciones de salir de esta cama…- sonrió aún con los ojos cerrados -¡No le lleves la contraria a una mujer embarazada! Henry nunca falta a clase, ¡vamos a decretar hoy día libre para él y para nosotras!- se sentó en la cama tapándose los pechos.
-¿Y eso qué tiene que ver, Emma?- entrecerró los ojos cuando se dio cuenta de que la esposa se estaba aprovechando del embarazo –¡Actuando así tu restaurante se irá a la ruina! ¡Y la Mills Company al fondo de un pozo!- reviró los ojos y miró, seria, a la otra –Si yo estoy embarazada, no podemos quedarnos sin empleo…Dos bebés…un hijo…¡Tres facultades!-recordó
-Hummm…- pensó -¡Tienes razón!- pero ella no estaba pensando en todo eso, aún no.
-Ah, muy bien seño…- Regina no pudo terminar de hablar, Emma calló a la esposa con un beso
-¡Shhh!- sonrió de oreja a oreja, parecía una niña ansiosa –Vamos a levantarnos para confirmar la espera de nuestro otro hijo…- acarició el rostro de la más vieja con adoración –Todo va a salir bien…Tendremos dos embarazos tranquilos…- afirmó con sus ojos verdes brillando –Deja de pensar en su futuro, ¡vamos a pensar en el ahora!- le acarició el mentón
Regina no tuvo tiempo de protestar, Emma había hablado con tanta seguridad que lo único que consiguió hacer la morena fue exactamente lo que la esposa había sugerido. No llevaron a Henry a la escuela, desayunaron juntos y se fueron a la consulta del doctor Whale, y enseguida la sospecha fue confirmada, ¡Regina y Emma estaban embarazadas! Las instrucciones ya se las sabían de memoria.
-¡DOS HERMANITOS!- gritó Henry alegre -¡Lo sabía! ¡Sabía que mi deseo se iba a realizar, mamás! ¡Tuve fe!- dijo convencido, no paraba quieto en el asiento de atrás del coche.
-¡Ok, ok! Deja de darle patadas a nuestros asientos…- Regina le llamó la atención
-¡Perdón mamá!- se encogió de hombros
-Ponte el cinto, Henry…-pidió la morena, Emma solo reía de la escena, imaginaba aquel coche con dos hijos más, más pies golpeando los asientos, meneó la cabeza de un lado a otro, pero sonreía acariciándose el vientre.
-Siento unos temblores…¿Eso es normal?- le extrañó la agitación dentro de ella
-Sí, amor…- miró por el retrovisor -¡Henry, el cinto, hijo! ¡Ya te lo he dicho!- tuvo que repetir mientras arrancaba.
-¿Cuándo se lo vamos a contar a los abuelos?- el muchacho estaba ansioso por hacer correr la noticia
-¿Qué tal ahora?- sugirió Emma
-¿Ahora?- Regina desorbitó los ojos, no sabía si estaba preparada, no sabía aún si creía en todo lo que estaba pasando, era tan surreal.
-Sí, amor…Neal debe estar en el colegio, pero mis padres están en casa…Creo que estoy preparada, ¡les va a dar un patatús!- rió
-¿Me dejáis que se lo diga yo, mamás? ¿Por favorcitoooo?- juntó las manos como si rezase.
-Bueno…Er…- Mills no sabía qué responder
-¿Qué ocurre, amor?- Swan agarró la mano de su esposa en el volante.
-Yo…¿No es muy pronto?- dijo preocupada –Quiero decir, no tenemos ni un mes y si…- tenía miedo de perder de nuevo al bebé
-Eh…- tocó el rostro de la morena, pararon en un semáforo –Olvida ese "y si"…Todo va a salir bien, mi amor…Confía…- Regina suspiró, deseaba desde el fondo de su corazón que así fuera.
-Vamos a estar bien…- dijo más para sí que para la esposa –embarazadas…- pareció pensar y esa vez el desespero tomó cuenta de ella. El semáforo pasó a verde, pero ella siguió parada, los coches comenzaron a pitar y Regina parecía estar en otro planeta.
-¿Mamá? ¡El semáforo!- Henry señaló para la señal
-Dios mío…Em…- se tocó la barriga –No me esperaba esto…- miró a la esposa con expresión seria –Quiero decir…¡sí! Ero todo lo que yo más quería, pero no así…Por Dios, ¿qué hemos hecho?- susurraba pensativa
-Regina, el semáforo…- esta vez fue Emma, no le respondió, aquello podría esperar.
-No lo consigo…no puedo…- la morena bajó del coche, no se sentía con fuerzas para conducir
-¿REGINA?- Swan salió del coche, gritando, Henry se quedó sin entender, había una fila de coches detrás del Mercedes, algunos conductores insultaban a las mujeres, llamándolas locas, otros decían que volvieran en sí y otros pasaban asombrados.
-Em…- lloró –Estoy embarazada…Yo…Er…¿Estamos embarazadas? Creo que no puedo asimilarlo…- lloró y se llevó las manos a la cabeza, Regina estaba aturdida.
-¡MAMÁS! ¿ESTÁIS LOCAS? ¡HAY UN POLICÍA QUE VIENE PARA ACÁ!- el muchacho avisó
-¿Señoras? ¿Todo bien?- el guardia se acerco a las dos en la carretera
-Señor agente…Er…Sí…Estamos bien…Ya vamos al coche…- Swan no quería que les pusieran una multa
-Tienen que salir del medio de la carretera, están provocando molestias a los otros conductores…¿Ella está bien?- apuntó el bolígrafo hacia la morena que aún lloraba caminando de un lado a otro
-Bueno…No sé con certeza en estos momentos…Pero lo estaremos en la medida de lo posible…- el guardia las miró a las dos
-Ok…- el policía comenzó a hablar –Voy a dejar estas…
-¡Embarazadas!- Regina agarró el hombro del guardia y lo sacudió como si lo quisiera despertar de algo
"¡Dios! Regina no está bien!", pensó Emma muriéndose de la vergüenza delante del hombre.
-Discúlpeme, señor…No se volverá a repetir…- agarró a la morena por la cintura –Ven, amor…- la condujo al asiento del copiloto –Yo conduzco…- salió de allí torpemente
Regina fue todo el camino callada, miraba hacia fuera con mirada distante, Emma no dijo nada, sabía que la esposa necesitaba de un tiempo, Henry parloteaba, hacía planes y planes para la llegada de los bebés, preguntó si su madre morena estaba bien, ya que parecía no escuchar, Swan, que le respondió al hijo, le dijo que todo estaba bien, intentó distraer al pequeño hasta llegar a casa de los padres.
-¿Mamás? ¿Dónde van a dormir los bebés? ¡No caben dos en mi cuarto!- dijo pensativo mientras bajaba del coche
-No hemos pensado en eso, chico…Tu madre y yo vamos a hablar de eso…- bajó del coche para abrirle la puerta a la esposa -¿Amor…?- Regina estaba leyendo el resultado positivo por milésima vez, sus ojos estaban empañados, aún le costaba asimilarlo.
-¿Llegamos…?- miró a la esposa ajena a dónde estaban.
-Sí, hermosura…Estamos en casa de mis padres…
-Ah sí, llegamos- decía Regina aún presa en sus confusos pensamientos
-¿Vamos?- dijo la rubia cogiendo las compras del almuerzo
Regina bajó del coche junto con el pequeño Henry.
-Hijo, no les cuentes a los abuelos lo de tus hermanitos ahora, ¿ok? Vamos a esperar el momento oportuno…¡Será nuestro secreto!- dijo la morena mirando al muchacho a los ojos.
-Uhum…¿Y si son hermanitas?- dijo con el ceño fruncido. Emma observaba lo parecido que era a Regina
-Chico, da igual, ¿no lo vamos a contar, está claro? ¿Puedes guardar ese secreto?- dijo Emma acariciando los cabellos del pequeño
-Ok, mamá, soy listo, ya entendí. Va a ser nuestra operación "Bebés Swanqueen"- dijo el niño corriendo hacia la puerta.
-¿Operación qué?- dijo la rubia soltando una carcajada, ellas respiraron aliviadas al estar el pequeño de acuerdo en guardar el secreto. No querían que el embarazo de ambas fuera revelado sin al menos preparar el terreno. A fin de cuentas, conocían muy bien a Mary y el jaleo que se formaría si lo descubriese repentinamente no sería poco, iba a tener no uno sino dos nietos y uno de cada mujer. Algo que ya era confuso para Emma y Regina, imaginen para Mary Margareth.
Henry toco el timbre desesperadamente. Sus madres no le dieron mucha importancia al hecho, era común que el pequeño tuviera esa ansiedad para almorzar con los abuelos y el tío.
-¿Abuelo? ¿Abuela? ¡Abre la puerta, abuela!- gritaba el pequeño mientras tocaba repetidas veces al timbre.
Regina y Emma observaban de lejos, mientras sacaban varias cosas del coche que habían comprado para aquel almuerzo sorpresa.
-¿Será todo eso hambre?- dijo Emma mientras cogía algunas bolsas
-¡Ah, con toda certeza, Sra. Swan! Es tu hijo, ¿recuerdas?- dijo Regina bromista dejando a Emma indignada con lo que acababa de escuchar.
Henry insistía en el timbre hasta que su abuela finalmente abrió la puerta.
-¡Henry, chico!- dijo con asombro, no esperaba ver al nieto -¿Me puedes decir dónde es el incendio?- miró al pequeño que tenía los ojos como platos
-¡Sorpresaaaaaa!- dijo el pequeño Swan Mills saltando a los brazos de la abuela –Hemos venido a almorzar, abuela, ¡y estoy muriendo de hambre!- apretó las mejillas de la más vieja.
-¡Calma, mi comilón! ¿Qué hacéis aquí un lunes? ¿Dónde están tus madres? ¿No debías estar en el colegio?- dijo Mary apretando al pequeño en sus brazos, pudo ver a la nuera y a la hija avanzando hacia la puerta.
-¡Síiii! ¡Pero me dejaron hoy tener el día libre!- dijo animado
-¿Ah sí? ¿Y qué ocasión especial es hoy? Ya que tu madre Regina no bromea con eso- sospechó de la repentina visita
-Ah, debe ser por lo de los be…Ops…quiero decir…¡Tengo muuuucha hambreee!- se contuvo a tempo, casi lo había dejado escapar.
-Entonces, vamos a preparar ese almuerzo, ¿ok?- abrazó a la hija y a la nuera
Ellas entraron en la casa y fueron derechas a la cocina a preparar aquel almuerzo sorpresa. Regina ayudó a la suegra a preparar todo mientras David y Emma colocaban la mesa en la sala.
-¡Vamos a almorzar, Henry!- gritó Mary mientras colocaba las bandejas en la mesa. Adoraba cuando la familia se reunía incluso sin ser avisada, no veía la hora de ir a buscar al hermano de Emma a la escuela.
-Mary, disculpa no haber avisado, pero Emma insistió en darte la sorpresa- dijo la morena depositando un beso rápido en la mejilla de la rubia, y a continuación se sirvió en el plato.
-¡Las sorpresas están bien, mi amor, sobre todo cuando envuelven comida!- dijo Emma mientras se servía una generosa ración de arroz.
-No hay problema, Regina, adoro cuando me venís a visitar, aunque yo detesto las sorpresas- dijo riendo mientras le servía al nieto
-¡No hables así, Mary! Siempre es bueno comer bien, incluso un lunes- dijo David con la boca llena de pollo, arrancando las risas de los demás.
-¡Emma y Henry han tenido a quién salir!- dijo Regina moviendo la cabeza de un lado a otro
El almuerzo estaba yendo viento en popa. La interacción de la familia era algo contagioso y un sencillo almuerzo de un lunes se volvió una fiesta, todo se agitó más cuando Neal llegó de la escuela y fueron a jugar a la consola.
Henry y Neal movían los dedos, frenéticos, en una disputa con sus coches de Formula 1 en la gran pantalla, Emma estaba entusiasmada con la competición, sus ojos no salían de la tele, Regina, por otro lado, pensaba en una forma de contar la noticia.
-¿Qué tal un vino?- sugirió David ya levantándose para ir a la bodega
-Buena idea, amor, voy a buscar las copas – dijo Mary caminando hacia la cocina
Regina y Emma se miraron, sus pensamientos estaban en otro mundo hasta la vuelta de la pareja más vieja, no habían caído en lo de la bebida alcohólica.
-¡Aquí está!- dijo David dejando la botella sobre la mesa de centro. Mary llegó con las copas enseguida
Henry, que hasta ese momento estaba concentrado en el juego, comenzó a mirar detalladamente aquella escena mientras Mary servía el vino en las copas.
-Eh, abuela, tengo una duda- dijo el pequeño colocándose la manita en el mentón poniendo en pausa el juego, bajo las protestas del tío.
-¿Qué duda, mi amor?- dijo la más vieja sirviendo otra copa
-¿Los bebés pueden beber vino?- el pequeño arqueó una ceja
Mary no entendió y quería saber a dónde quería llegar el nieto con esa pregunta.
-¿Bebés? ¿Qué bebés, pequeño?- dejó la botella cerca de la última copa servida.
-Henry…- Emma intentó reprender al hijo, pero el chico ni siquiera prestó atención a la madre
-¡Jo abuela! ¿Mis mamás pueden beber vino?- dijo el muchacho con una arruga en la cabeza, ahora era él quien no entendía
-Sí, cariño…¿Qué hay de malo?- fue David quien respondió
-¡Mis madres no pueden!- Henry alertó mirando a Mary –¡Abuela, ellas van a tener dos, dos, abuela! ¡Eso puede hacer mal!- decía desesperado, estaba preocupado por sus hermanitos
-¿Dos qué, pequeño?- David no entendía
-¡Dos, abuelo!- el pequeño gritó
-Henry…-Regina encaró al hijo seria, pero fue en vano
-¡Dos hermanitos! ¡Voy a tener dos hermanitos! ¡Uno de cada mamá!- dijo el pequeño sonriente señalando las barrigas de sus madres, mostrando así que eran dos.
-Herman…- Mary ni siquiera consiguió acabar la frase, se desmayó, dejando caer todo el vino en la mesa manchando el mantel.
-¡Noooo!- en ese momento, Regina gritó llevándose las manos al rostro, querían evitar precisamente aquello.
Emma se quedó estática, mientras Henry salió corriendo, asustado con la escena y David se agachó para socorrer a su esposa aunque él estaba totalmente confuso.
-¿Mamá murió?- Neal desorbitó los ojos dejando caer al suelo el control de la consola
-¡Perdón, mamás! ¡Yo no quería matar a la abuela!- Henry lloraba encogido detrás del sofá
-¡NADIE HA MUERTO, NIÑOS!- afirmó David, Henry dejó de llorar y Neal respiró aliviado –Ahora, a ver si entiendo…- el hombre alternaba las miradas entre Mary, Regina y Emma -¿Hermanitos? ¿Cómo es eso? ¿Dos? ¿Yo escuché DOS? ¿Vosotras…?- apuntaba a la barriga de la nuera -¿Tendréis gemelos?- decía mientras intentaba despertar a la esposa -¡Dios mío! El doble de pañales – dijo arrancando carcajadas de la hija y de la nuera.
-En realidad no…- Emma comenzó la explicación, David no había entendido lo que el nieto había querido decir –Henry lo dijo bien…uno de cada madre…- hizo una mueca señalándose a ella y después a la esposa
-¿EMBARAZADAS?- Mary despertó gritando -¿LAS DOS? ¿AL MISMO TIEM…?- se desmayó otra vez
-Er…Sí, papá…- Swan respondió a la pregunta de la madre mirando al hombre canoso, ella estaba roja como un tomate –Creo que es mejor que cuides de mamá…
-¿Cómo ha pasado eso?- Nolan colocó a Mary en el sofá
-¡El médico colocó la semillita en el agujerito del pipí de mamás!- respondió Henry creyéndose muy listo.
-¿Qué? ¿Qué está diciendo este niño? ¿QUÉ LE ESTÁIS ENSEÑANDO A MI NIETO?- Mary saltó del sofá, echó a andar de un lado a otro aturdida - ¿HABÉIS PERDIDO EL JUICIO?
-Mary Margareth…- David susurró reprendiéndola, ella no prestaba oídos
-O mejor, no tenéis juicio ninguno…- cogió el móvil de la hija, buscaba un contacto específico -¿Cómo habéis dejado que esto pase? ¡Son dos bebés!- marcó el número deseado -¿Quién os va a cuidar? ¡Emma no tiene cabeza para ser madre sola!- el móvil daba señal de llamada, Regina y Emma no entendían nada.
-¡Espera un momento, mamá! ¡Tú misma me dijiste que sería una buena madre!- Swan se defendió
-¡Dije eso porque confío en Regina para cuidarte! Pero ahora…- la mujer atendió -¡Cora!
-Disculpe, ¿quién habla?- Cora desconocía aquel número
-¡Mary Margareth! La madre de su nuera…Cora, ¡debe venir a mi casa ahora mismo! Le mando la dirección por mensaje…¡No haga preguntas! Tiene que venir, ¡es sobre nuestras hijas!- colgó
-¿Qué has hecho?- Regina desorbitó los ojos
-¡He llamado a tu madre, muchachita!- le devolvió el móvil a la hija
-¿Muchachita?- Regina cruzó los brazos con mirada irónica
-¿Mamá? ¿Has perdido el poco sentido común que te quedaba?- Emma miró del hermano al hijo, que ya jugaba ajenos a la "conversación" de los adultos.
-¡Mira a ver cómo hablas conmigo, muchacha! ¡Soy tu madre! ¡Y Cora tiene que estar al corriente de esta confusión en que os habéis metido! ¡Necesitáis ayuda!- alteró el tono de voz
-¿De qué hablas, mamá?- la rubia no entendía
-Mary…¡Sé cuidarme!- la morena resopló, ya irritada
-¡No! ¡No sabes! ¿Tienes alguna idea de lo que es tener todo en versión doble? ¿Ya habéis pensando en las nauseas? ¿En la incomodidad de las barrigas? ¡Emma no tiene noción de lo que es ser madre, Regina!- Mary estaba histérica
-¡Mamá! ¡Ya no soy una niña!- Swan puso cara de enfado
-Querida…Regina y Emma son adultas…- David intentaba apaciguarla antes de que la conversación se convirtiese en discusión.
-¡Puede ser, querido! ¡Pero nuestra pequeña me necesita! ¡Y yo voy a cuidar de nuestra hija!- afirmó
-¡Yo puedo cuidar de Emma!- Regina alteró la voz irritada
-Claro que puedes, Regina…- David tocó el hombro de la nuera –Mary y yo vamos a comparar el postre…¡Ya venimos!- agarró a la esposa por la mano escapando de aquel fuego cruzado, ella lo siguió a disgusto.
-¿Tu madre se volvió loca?- Mills encaró a la esposa
-Ya no iba muy bien…- intentó aguantar la risa, traviesa
-¿Sabes?...- agarró la cintura de la rubia –En una cosa tu madre tiene razón…
-¿En qué sería?- rozó la nariz con la otra
-Vamos a necesitar ayuda…- confesó sin muchas ganas
-Creo que ya hemos pasado por eso…Somos madres…- recordó descendiendo una mano tonta hacia las caderas de la esposa
-¿Hasta de las hormonas a flor de piel?- retiró la mano atrevida
-Sobre todo…- dijo maliciosa
-No se engañe, srta. Swan…las hormonas envuelven mucho más que nuestro apetito sexual…- agarró las manos de la rubia frente al cuerpo.
-Nos la apañaremos…- pegó su cabeza en la de la otra que sonrió
-Has madurado tanto desde que te conocí…- susurró Regina
-Espero no estar tan madura…- hizo una mueca -¿No estoy vieja, no?- encaró los ojos almendra
-No, Em…¡Deja de ser boba! ¡Me has entendido!- le dio un leve golpe en el hombro
-Ay…¡no se debe golpear a una gestante, bruta!- montó drama
-¡Emma!- Mills miró seria
-¡Vale, vale! Paro…- apartó algunos mechones de la morena –Te debo todo en lo que me he convertido a ti, amor…Viviremos una nueva fase y estoy feliz por compartirla contigo…- cerró el espacio entre ellas con un beso calmo y romántico –Te amo…- susurró entre labios
-Yo también…- respondió con los ojos cerrados –Vamos a conseguirlo…Creo en ello…- volvieron a darse besos y caricias sin prisa, nada importaba en aquel instante, solo esperar a que su familia aumentara.
