Reacciones
Regina y Emma miraban a Henry y Neal mientras Mary y David todavía no habían vuelto del super, ellas estaban sentadas en el espacioso sofá, mientras los pequeños estaban con las piernas cruzadas en la alfombra jugando a la consola, gritaban y reían animados con el resultado del juego, rubia y morena ni prestaban atención a los muchachos, estaban bobas acariciando una la barriga de la otra, los ojos brillando y la sonrisa nítida en ambos rostros.
Cora llegó a casa de los padres de Emma algo preocupada, pensó mil cosas malas, su preocupación por Regina había aumentado mucho durante aquellos años, ni siquiera se podía imaginar el motivo de la extraña llamada de Mary Margareth, apenas se hablaban, así que, para que la mujer la llamara, algo grave tenía que haber sucedido.
-¡Mamás!- Henry detuvo el juego -¿Mamás?- llamó otra vez -¡MAMÁS!- gritó, ellas estaban en otro planeta, en el mundo que era solo de ellas.
-¿Am?- Regina despertó -¿Qué ocurre, hijo?
-¡Hay alguien en la puerta!- dijo
-¡Joder! ¿Se habrán olvidado la llave?- Swan pensó que eran sus padres.
-Em…Tu madre está fuera de órbita con la noticia…- Regina se echó a reír -¡Ve a abrir la puerta!- dijo riendo
-¡Neal, abre la puerta!- ordenó -¡Los hermanos pequeños sirven para eso!- y el muchacho se levantó voluntariosamente
-¡Qué cara tienes, Em!- le dio un golpe en el brazo - ¡Explotación de menores es un crimen!- rió otra vez, Henry observaba a las madres en silencio, ¡cómo le gustaba verlas bien!
-¿Qué? No pude disfrutar en su momento de un hermano pequeño…Él es feliz…- se encogió de hombros
-Ven acá, srta. Swan…- Regina atrajo a la esposa para un beso lento, eran puro empalague.
-¡Ems!- Neal llamó entrando en la sala seguido de una señora más vieja
-¿Mamá?- Regina desorbitó los ojos y Emma prácticamente saltó del sofá ante la presencia de Cora -¿Qué haces aquí?- dijeron ambas
-¡Eso pregunto yo! ¿Qué ha pasado para que aquella descerebrada me llamara! ¿Alguien ha muerto? ¡Por lo que veo la Tercera Guerra Mundial no ha estallado!- dijo Cora irritada, la casa de los Swan's no era un sitio muy agradable para ella.
-¡No hables así de mi madre! ¡Ella tiene nombre!- Emma defendió a su madre
-Vale, Swan…¿Dónde está ella?- preguntó impaciente
-A mi madre en verdad se le cruzaron los cables…-la rubia movía la cabeza de un lado a otro -¡Dios! ¿Tu madre en mi casa?- susurró más para ella misma que para Regina imaginando lo que Mary tenía que decirle.
-¡Aún no ha pasado nada!- entró Mary Margareth en la sala acompañada del marido -¡Hola Cora!- saludó, había escuchado el insulto pero lo dejó estar.
La madre de Regina se giró y saludó sin muchas ganas. Las esposas se quedaron mirando con cara de "¿y ahora qué?", Mary parecía estar más calmada, sin embargo agitada como si fuera ella la que estuviera embarazada.
-¡Sin rodeos! ¿Qué ha ocurrido?- Cora reviró los ojos
Mary Margareth sentó a la hija y a la nuera como si aún fueran dos niñas pequeñas y comenzó un discurso sobre todos los cuidados que deberían tomar, Cora dedujo que todo aquello se debía al embarazo de su nuera, hasta ahora todo lo que escuchaba salir de la boca de Mary era "bla bla, bla", sus pensamientos vagaban por bares y la bonita visión de una cierta rubia, iría tras Mal, había decidido, y por eso quiso poner fin a todo aquel parloteo.
-Con permiso…Estoy segura de que ya saben lidiar con la llegada de un bebé, ¿o se ha olvidado? Ya tienen a Henry, ¡deje ya eso! ¡Regina y Emma son adultas! Es más, ni sé qué pinto aquí…¡perder mi tiempo ciertamente!- casi escupió la última frase.
-¡Serán dos bebés, abuela!- contó Henry animado al escuchar la conversación, aún jugaba con el tío, pero sus oídos estaban siempre alertas.
-¡Oh! ¡Genial! ¡Su hija ha sido premiada!- soltó guasona Cora, pensaba que la rubia tendría gemelos.
-Yo también estoy embarazada, mamá…- dijo Regina avergonzada
-¿CÓMO?- desorbitó los ojos
-A eso quería llegar, Cora, ¡nuestras hijas han perdido la cabeza!- dijo Mary preocupada, Cora ya no aguantaba más aquel asunto
-¡Mi hija sabe muy bien lo que hace, sra. Swan! ¡No veo motivo para este escándalo!- Cora fue a abrazar al nieto para despedirse.
-Gracias, mamá…- Regina le dio las gracias en un tono bajo
-¿Qué no ve el motivo? ¿Cuál es vuestro problema?- Mary se excedió
-¡Mira, Mary Margareth, ya he escuchado bastante por hoy!- Regina se levantó irritada –¡Emma y yo seremos madres! ¡Bueno, ya lo somos! ¡Deja de dártelas de Blanca Nieves y los siete enanitos porque no lo eres! ¡La vida no es perfecta, los pajaritos no hacen las tareas por nosotros, tendremos dificultades y lo sabemos, no teníamos idea que sería en estas circunstancias, pero estamos disfrutando el momento así que deja de ser paranoica! ¡Estaremos bien!- cogió el bolso –Ven, Henry…Nos vamos casa…
-¡Pero ma el juego no ha acabado aún! – el muchacho protestó, quería pasar más tiempo en casa de los abuelos
-¡Ya habéis estado demasiado tiempo delante de ese aparato!- empujó al hijo hacia la salida
Emma siguió a la esposa en silencio, comenzó a sentir nauseas, Henry insistió para que Cora fuera a su casa, quería aprovechar el día "sin clase" al máximo y nada mejor que la compañía de la abuela.
Ya había caído la tarde, y Regina preparó la cena, Cora amaba pasar tiempo con su nieto, el amor de ambos era palpable, diferente a como la morena había pensado, su madre estaba feliz por ambas y no le dio un ataque como a Mary, la vieja Mills hasta se ofreció para ayudar en lo que necesitaran.
Cenaron animados, Henry se ofreció a ayudar a la abuela a lavar la loza y los dos canturreaban canciones infantiles mientras secaban los platos. Regina y Emma aprovecharon para tomar un baño juntas, ya que Henry estaba distraído con Cora.
-¿Qué le dio a mi madre?- Emma se desvestía bajo la mirada atenta de Regina que hacía lo mismo
-Se quedó sorprendida, amor…Como nosotras…- Mills a pesar de todo intentaba entender el lado de la suegra, se recogió el cabello y reguló la ducha a continuación.
Emma, que observaba atenta, tragó en seco ante la visión de la morena desnuda, ella estaba de espalda mojándose las zonas que faltaban y se estiró un poco para coger el gel, dejando así su trasero aún más empinado.
-Sigues hermosa…- Swam se olvidó del tema que estaban hablando y se aceró a la esposa agarrándola por detrás, rozando su intimidad en el voluminoso trasero de la otra, cubriendo los pechos con sus manos –Deja que yo te ayudo…- susurró contra la nuca de la morena que soltó un quedo suspiro.
-Em…- su voz salió en tono de súplica –Puedo bañarme sola…- cerró los ojos y se mordió el labio en el intento vano de contener el deseo que ya la asaltaba.
-Te deseo…- Emma giró a su esposa hacia ella y comenzó un beso casi desesperado, la morena jadeaba en mitad de los besos, sus lenguas danzaban, la una con la otra, alternaban entre lamidas y chupadas, aquel beso se volvió urgente y sus cuerpos ya estaban febriles por el calor. Regina, que hasta entonces intentaba contener su excitación y apartarse de lo que estaba por venir, acabó jadeando, sus ojos cerrados, las gotas de agua salpicaban las pestañas negras ofreciendo una visión divina, Swan pegó su cabeza a la de la morena, totalmente excitada, y agarró la nuca de su esposa, el baño ya estaba cubierto de vapor, creando un clima más sensual entre ellas.
-Yo también mi amor…Pero…- la morena iba a decir algo, sin embargo fue arrancada de su frase consciente cuando la rubia le tocó el clítoris comenzando un ligero masaje con el dedo índice.
-Shhhh…- Swan selló de nuevo sus labios y empezó a masajearla en "ocho"
-¡Oh cielos Em, no podemos hacer esto ahora…!- Regina intentó usar la poca sanidad que le quedaba –Henry puede escuchar…- su voz salió arrasada, Emma continuó ignorando a la mujer por completo –Mi madre está aquí…- apeló, suspirando, su cuerpo daba señales claras de que no quería parar, en realidad Mills no mandaba en su propio cuerpo cuando el asunto era su esposa, aquello no había cambiado.
-Olvídalos…Te necesito…- le mordió el lóbulo de la oreja –Te necesito más que antes…- llevó la mano de su esposa hacia su propia intimidad –Hazme el amor…-gimió en voz baja
-¡Dios! Estás…tan…- Regina sintió la humedad en sus dedos y claramente no era agua.
-¿Mojada?- gimió la rubia
-S…sí…Yo…- cogió aire –No es justo…- Regina acababa de dejar de luchar
-No pienses…Sé que también me deseas, que necesitas este contacto tanto como yo…- deslizó un dedo dentro de la morena.
-¡Ammmm!- tembló con la sensación de ser llenada, aquello era regocijante y extremadamente placentero –Lo nece…sito…- afirmó y comenzaron un beso caliente cargado de lujuria y sentimiento.
El agua templada mojaba sus cuerpos, la estancia estaba empañada debido al vapor, Mills ya tenía los pechos prensados en la puerta de la ducha, sus dedos dejaban marcas en el vidrio, gemía ávidamente con las caricias de la esposa en su espalda, podía sentir la intimidad de la rubia moviéndose frenéticamente contra sus nalgas, Swan mordía y chupaba el pulso palpitante de su cuello mientras sus dedos trabajaban sin descanso, el ruido en el cristal denunciaba el vaivén de sus cuerpos, Regina imploraba por más mientras la rubia la embestía sin prisa, ella quería prolongar el placer de la esposa, ora estocaba con velocidad, ora con extrema delicadeza.
-Em…- susurró Regina apretando los ojos, sentía una terrible desazón en su bajo vientre, necesitaba que aquello fuera contenido de alguna manera, quería acabar pronto con aquello, ¡Swan estaba jugando con fuego! Esa manía de hacer que la morena llegara casi al límite y parar en la mejor parte. Mills ya no aguantaba más aquello, quería gritar y soltar todas las palabrotas que contuviera su vocabulario, pero no podía gritar, sabía que Henry y Cora estaban en la sala, y aunque ellas estuvieran en el baño del cuarto, Regina tenía consciencia de que podría ser muy escandalosa. Emma paró las estocadas y puso a la esposa de frente, comenzó a chuparle los rígidos pezones, Mills gemía quedamente, su tórax subía y bajaba con constancia -¡No pares…Yo..yo…amm!- perdió el aire cuando la rubia sacó el dedo para añadir otro, lentamente -¡Rápido Emma! ¡Rápido! –ordenaba, ya estaba casi llegando -¡Haz que me corra, Emma! ¡Venga!- se desesperó agarrada a los cabellos mojados, forzó la cabeza de la esposa hacia su propia intimidad, Swan sonrió maliciosa y no se detuvo, sintió que Regina apretaba sus dedos denunciando el orgasmo que vendría, Mills gimió demasiado alto cuando sintió la voraz lengua succionarle el clítoris -¡Emmaaaaaaaaaa!- sus piernas flaquearon haciéndola deslizarse por el cristal, el clímax la había golpeado con una fuerza descomunal.
Regina intentaba recuperar el aliento, respiraba velozmente, sus ojos aún estaban cerrados, cuando los abrió se deparó con una nueva visión, Emma apoyaba una de sus manos en el cristal mientras se masturbaba, restregaba los dedos con ímpetu, palpitaba, no iba a aguantar a que la morena retomara sus fuerzas, gemía palabras inconexas y alguna que otra palabrota. Mills estaba sorprendida ante tal agonía de la rubia, estaba exhausta, pero aún así llevó a la esposa al suelo encajándose entre sus piernas, sus sexos se chocaron de forma brusca y desesperada, el agua que caía de la ducha aún mejoraba la sensación, la fricción de sus cuerpos mojados producía un placer sin límites, un vaivén violento se apoderó de las dos, la búsqueda de contacto se hacía cada vez más urgente, ora aumentaba el movimiento, ora lo disminuían, sabían que estaban al límite, el contraste con el suelo y el agua fue un efecto totalmente nuevo, estallaron en un orgasmo devastador, gimieron alcazando intensamente el ápice.
-Creo que es mejor que acabemos el baño…- pronunció Regina aparentemente recuperada tras algunos minutos, apoyó una de las manos en el suelo para levantarse.
-Eh…Sí…- Emma hizo lo mismo -¿Todo bien?- preguntó preocupada con el bienestar de su esposa, pensó de repente en el hijo que su esposa engendraba.
-Nunca me he sentido tan bien…- empezó a enjabonarse rápidamente
-Discúlpame…-Swan pidió avergonzada
-¿Por qué, mi amor? Ya te he dicho que estoy bien…- confirmó
-¿De verdad? ¿No estás sintiendo nada?- tenía dudas
-Sí, no…quiero decir…- se pasó las manos por las caderas –Estoy un poco dolorida, pero sabemos que la causa es este suelo…- pestañeó maliciosa, Emma aún tenía una expresión preocupada –No te pongas así, amor…- alzó la barbilla de la esposa para encarar los ojos verdes –No voy a privarme de ti…¡me siento genial!- afirmó –Nuestro bebé está bien…Yo…creo que todo será diferente esta vez, necesitaba esto tanto como tú…También es mi necesidad y no voy a huir de ello…
-No quiero haceros ningún daño…- suspiró –Sois mi vida…- tocó el vientre de la esposa y Mills hizo lo mismo en el de la rubia
-Somos parte uno de otros…- pegó su cabeza en la de la otra –Estoy segura de que nuestros bebés han adorado lo que hemos hecho…- la tomó en un beso tierno –Ahora tenemos de verdad que terminar este baño, pues mi madre debe estar preguntándose qué baño ha sido este…- hizo una mueca, no quería imaginar otra pillada de la madre.
-Y poner a Henry en la cama…- recordó Emma
-¡Oh cielos! ¡Ya ha pasado la hora de meter en la cama a ese mocito!- Regina que ya había acabado el baño corrió a coger la toalla, era muy estricta con los horarios del hijo, Swan rió ante el desespero de la morena.
-Calma, amor…¡Henry no va a huir!- cerró la ducha mientras observaba a la otra vistiéndose a toda prisa.
Regina entró en la sala algo avergonzada, encarar a la madre después de un buen polvo era extraño, Emma apareció tras la esposa, al contrario que la morena, ella parecía no importarle lo que habían acabado de hacer.
-¡Qué maravilla!- Cora aplaudía a ambas -¡Podríais esperar al menos a que yo me fuera! ¿Perdisteis el sentido común de repente?- fusiló a las mujeres con la mirada
-Disculpa la tardanza, mamá…el agua estaba de verdad muy agradable…- Regina dio la primera disculpa que le vino a la mente
-¡Por Dios, Regina! ¿De verdad piensas que me voy a creer que el baño tardó por eso? ¡Soy vieja, pero no idiota! Henry está aquí, ¡respetad a vuestro hijo!- reprendió indignada con la situación
-¡Calma, suegra! ¿Acaso se escuchó algo?- preguntó Emma cínica
-¿Eso es en serio Swan? ¿Prácticamente devoras a Regina sin pudor y aún tienes la poca vergüenza de preguntar tal cosa? ¡Gracias a Dios tenéis un buen "home cinema" que me ayudó a no escuchar esos gemidos! ¡Pero no puedo decir lo mismo de la obra que parecía que hacíais en la ducha! ¿Aún está entera?- dijo irónica
-Mamá…Yo…- Ehh…- no sabía qué responder, aquello tenía que dejar de suceder. Cada dos por tres Regina era puesta en evidencia por algún pariente –Voy a acostar a Henry…- dijo rápido desapareciendo
-¡Haces muy bien Regina!- reviró los ojos encarando enseguida a la nuera.
-¿Qué bicho te ha mordido?- Emma se dio cuenta de la incomodidad de la suegra, en realidad había estado observando que Mills se ponía cada vez más incómoda con las aproximaciones más íntimas entre ellas.
-¡Ninguno Swan! ¡Déjame en paz! ¡Ve a acostar a Henry junto con Regina!- ordenó para librarse de la nuera
-Ah, ah, suegrita…Te conozco bien, ¿qué está pasando? Sabes que puedes contarme lo que sea…- gesticuló con un asentimiento para alentarla
Cora suspiró y se sentó, pensativa, en el sofá, Emma hizo lo mismo, sentándose al lado de la suegra.
-No sé qué hacer…¡Siempre sé lo que hacer! ¡Tengo el control de la situación!- soltó de forma rápida, la rubia rió
-¿Es aquella camarera, no? Estás hablando de ella…- dedujo
-Ya lo sabes…siempre lo has sabido…yo…no puedo hacer esto, no sé cómo hacerlo…- escondió el rostro entre las manos
-¿Qué exactamente no sabes hacer? Tengo algunas películas guays que puedo enseñarte, ¡solo no se lo digas a Regina!- Emma rió traviesa
-¿Cómo?- Cora miró a la nuera incrédula -¡No hablo de eso!
-Ah, perdón…¿De qué hablas en realidad?- arqueó una ceja
-¡No soy lesbiana!- asumió su real preocupación, Cora estaba en un estado emocional delicado.
-¡Entonces es eso!- Emma se echó a reír
-¿Cuál es la gracia, Swan?- miró a la rubia con rabia y se levantó del sofá, caminando hacia la salida.
-Perdón…Vuelve aquí…- Emma la cogió del brazo –Es solo…da igual…Las cosas no son de esa manera…- intentó poner su expresión más seria –Aunque se haya llevado toda una vida heterosexual, es posible descubrir la homosexualidad en la fase "adulta", ¡en tu caso ya en la vejez!- dijo guasona, ¡no perdía una! Ni en aquellos momento serios.
-¡Ten cuidado Swan! ¡No estoy pidiendo consejos!- dijo seca
-¡Ok, ok! Lo sé…solo quería ayudar…- levantó las manos en señal de rendición, iba a marcharse
-Swan…- Cora la llamó, vacilante
-¿Sí?- se giró hacia la suegra
-¿Tú qué harías?- su voz salió demasiado baja, ¿estaba Cora avergonzada?
-Yo iría tras ella…- sonrió al recordar a Regina. De repente, una sonrisita traviesa brotó en los labios de la más joven -¡Le enseñaría quién manda! Eres muy sexy, Cora…- dijo el nombre de la suegra por primera vez, en tono casual, sin gracias o intercambio de zarpazos –¡Regina claramente heredó su belleza de ti!- elogió sincera
-¿Qué estás queriendo insinuar, Swan?- preguntó ya sabiendo la respuesta
-¡Empuja a esa mujer contra la pared y fóllala con fuerza!- dijo
-¿Cómo te atreves a decir tal absurdo…? – arqueó las cejas, indignada
-Sé que santa no eres…¡Así que deja de fingir ser la anciana recatada que a mí no me engañas!- encaró a la más vieja
-Swan…Swan…- meneó la cabeza de un lado a otro, en el fondo le estaba encantando la conversación con la nuera.
-Lo que estás sintiendo es algo bueno y absolutamente normal, no tiene nada que ver con la orientación sexual, ¡el amor no sigue calendarios, Mills!- afirmó –Regina misma es un ejemplo de eso, no todos tiene la suerte que yo he tenido…- se refirió a haber descubierto su homosexualidad en la adolescencia –no veo problema en que estés enamorada…¡Te apoyo! Amor es amor…Vívelo y no tengas miedo…- sonrió
-Creo que ella tiene a otra persona…- se desahogó otra vez -¿Y si me rechaza?
-¿Cora Mills insegura? ¿He vivido para ver esto?- rió sin pudor, pero pronto se contuvo, la más vieja la miraba con furia –Lo siento, suegra…- se tapó la boca con las manos –Si realmente le gustas…nadie la apartará de ti…- afirmó convencida –¡Deja de preocuparte por las etiquetas, por la sociedad! Olvida todo, sigue el afecto que sientes por esa mujer, lo que eres o dejas de ser solo te atañe a ti únicamente…¡Ve tras ella! ¡Si no vas, nunca sabrás! ¡Tendrás que arriesgarte!- sonrió –Confío en ti, Cora…Deja que el corazón te guie, te lleve hacia el camino del amor…Encontrar una nueva forma de amor con alguien del mismo sexo está mucho más relacionado con el afecto que con la sexualidad…Piensa en eso…- salió de la sala en dirección al cuarto de Henry, dejando a una Cora reflexiva en el salón. Mills pensó por algunos minutos encarando el techo.
"Sí…¡Mi hija es una mujer con suerte!", pensó en todo lo que Emma le había dicho y se puso en pie, iría a ver a Mal esa misma noche, poner su antiguo "plan" en práctica. Ya estaba girando el pomo de la puerta, cuando Regina salió del cuarto del hijo con Emma detrás.
-¿A dónde vas con tanta prisa, mamá?- preguntó la morena, Swan sonrió de lado deduciendo que sus consejos habían dado en el blanco.
-A resolver un asunto que lleva pendiente casi cinco años…- sonrió confiada, su mirada se cruzó con la de la nuera que le devolvió el gesto con una mirada alentadora como si le dijera: "¡Ve!" Y Cora salió del edificio de la hija rumbo a cierto bar, un bar que guardaba la llave de su corazón.
Al llegar, eligió un asiento en la punta de la barra, barrió el salón buscando a Mal, pero no la encontró, alzó el cuerpo para mirar mejor y allí estaba ella, elegante e imponente, gesticulaba con algunos camareros, claramente dando órdenes y la sonrisa que brotó en los labios de Cora denunciaba su acelerado corazón.
"¡Cálmate Cora Mills! Solo es una mujer con la que tienes que conversar"
Intentó convencerse de que solo era eso. Mal sonreía a todos, era palpable la alegría que ella ponía en su trabajo, parecía feliz, lo que de cierta forma molestó a Cora, sus miradas se cruzaron y la sonrisa en el rostro de la dueña del bar se deshizo, caminó mientras secaba una copa hacia ella.
-¿Qué haces aquí?- preguntó seca, dejando la copa en el estante
-Tenía que verte…- bajó la cabeza, su voz salió demasiado baja, era difícil asumir lo que de verdad la había llevado ahí
-No tengo tiempo, vuelve en otro momento…- Mal quería que Cora fuera directa, no quería jugar a tener sexo, quería compartir la vida.
A Cora le extrañó la frialdad de Mal, intentaba formular una frase coherente para explicar el motivo real de estar ahí, sin embargo nada salió de su boca, nada que viniera a su mente era suficiente para explicar. La sra. Smith encaraba los ojos castaños esperando una palabra, pero ante la demora, ella sencillamente se giró y volvió al trabajo. Mills permaneció allí, intentando poner su plan en práctica. Mal, en algún momento, miró a Cora por largos segundos, segundos en los cuales Mills desistió y salió del bar.
"No voy a humillarme"
Cora echó a andar por la ciudad sin rumbo, su orgullo estaba herido otea vez, pensaba en cómo hablaría con Mal, en cómo extrañaba el tiempo que pasaban juntas.
-¿Por qué has sido tan indiferente conmigo, Mal?- Mills pensó en voz alta, sentía el frío cortar su rostro mientras se secaba las lágrimas que descendían libres, ni siquiera se había dado cuenta de que lloraba, aquel trato frío y la forma en que Mal había hablado, la hizo pensar: "¡Mal está con otra persona!" Inhaló aire en el intento de recuperarse del llanto compulsivo que ahora la acometía, los celos eran algo doloroso, sentimiento extraño que insistía en quemar su pecho, su sangre hervía solo recordando la escena de Mal con Cruella aquel día en la hacienda Encantados. Cora necesitaba valor para poner su plan en marcha.
"¡No te voy a perder por una cualquiera! ¡Eres mía, Mal!"
Pensó, confiada, ¡volvería y ahora sería diferente! Mal no la haría pasar por tonta, nadie tenía ese derecho, ¿ser tratada como una vulgar cliente? ¡Jamás! La señora Smith mal sabía lo que Cora le reservaba.
Pasaron unos meses y Cora extendió su estancia en Nueva York, aún estaba armándose de valor para ir a aquel bar y hacer que Mal escuchara todo lo que tenía que decir, tenía que armarse contra cualquier objeción que la camarera pudiera aducir.
Robin comenzó a tener más carga horaria en Mills Company bajo la atenta mirada de la presidenta, la realidad era que Regina disminuyó sus quehaceres en la empresa, amaba su trabajo sin embargo su familia se había vuelto su prioridad, estaban a finales del tercer mes y habían decidido que sería ahora cuando dieran la noticia juntas.
-¡Dios mío! ¡Vais a enfrentaros a la Tercera Guerra Mundial!- gritó Ruby en medio del establecimiento -¿EMBARAZADAS? ¿CÓMO HABÉIS CONSEGUIDO ESA HAZAÑA?- parecía no creerlo
-¿Cuatro meses? ¿En serio? ¿CUATRO MESES Y SOLO NOS LO CONTÁIS AHORA?- Lily estaba indignada ante la tardía novedad.
-Lo siento, Lily…No queríamos armar tanto alboroto…- dijo Emma tímida, un poco culpable esta vez
-Queríamos garantías…Ahorrar un sufrimiento mayor si ocurría algo malo…- Regina completó la frase
-¡Podéis levantaros ya esas blusas! ¡Queremos ver las barriguitas!- Ruby empujó a las dos hacia la cocina de la cafetería.
-¡No! ¡Rubs! Por favor…- Swan se moría de la vergüenza, ya tenía una redondez visible, hasta su rostro estaba más redondo.
-¡No te vas a librar de esta, rubia! ¡Siempre escupías hacia arriba diciendo que nunca quedarías embarazada!- intentó levantar la blusa, pero Emma se apartó, Lily se reía de la amiga y de la esposa al mismo tiempo.
-No seas pesada…- lloriqueó poniéndose detrás de Regina, que se reía de la situación
-¡Vamos Emma Swan! ¡Levanta esa blusa!- Ruby alzó la tela con fuerza -¡Dios! ¡De verdad estás esperando un bebé!- desorbitó los ojos ante la sorpresa, era evidente la vida que estaba en camino.
-Bueno…Estoy gorda, ¿no?...- sonrió débilmente, aquello era lo que realmente molestaba a Swan –Pero feliz…Digo, estoy mejor ahora porque han sido meses pésimos. Apenas podía cocinar en mi propio restaurante…- hizo una mueca al recordar todas las veces que sintió nauseas.
-¿Y tú, Regina? ¿No dices nada? ¿Cómo os sentís con todo esto? ¡Vaya! ¡Qué locura!- dijo Lily todo de una vez, estaba entusiasmada
-Feliz…No podría describirlo de otra manera…- se acarició la barriga sonriendo –Estamos viviendo un momento diferente…- abrazó a Emma por detrás apoyando su mentón en el hombro de ella.
-Supongo que tendréis hambre, ¿no? Ya que lleváis dos vidas más…- Ruby hizo la observación y le gritó a Granny para que preparara una adecuada comida para las mujeres, de hecho, estaban hambrientas, como siempre desde que supieron lo del embarazo, se quedaron en la barra, ya que una de las dos camareras no podía dejar de atender a los clientes. Almorzaron conversando de asuntos banales, Lily fue a servir el postre, con una sonrisa maliciosa en sus labios.
-He escuchado decir que las mujeres en vuestra condición sienten excitación todo el rato…- susurró echada sobre la barra, después miró a los lados, tenía que comprobar que nadie la escuchara -¡Apuesto a que estáis follando como locas!- se rió sin pudor alguno en la cara de las dos mujeres, se marchó con una sonrisa guasona para atender un nuevo pedido. Regina se atragantó con el trozo de tarta al escuchar aquello, Emma pidió agua a Granny que prontamente se la sirvió.
-Aquí está…- colocó el vaso en la barra –Tened cuidado, comer deprisa puede hacerle daño al bebé…- alertó la anciana, Granny ya conocía lo del embarazo de ambas hacía tiempo, pues la propia Mary Margareth se lo contó, aunque la abuelita sabía guardar un secreto. Tras meterse mucho con la pareja, Lily y Ruby se pusieron serias, les dieron las felicidades oportunas y se ofrecieron para ayudar en lo que fuera necesario, Emma y Regina se lo agradecieron e hicieron una observación antes de marcharse.
-Hércules ya lo sabía…- contó Swan traviesa en cuanto entró en el escarabajo, ellas se quedaron boquiabiertas, pues el propio hijo les había escondido tal información –No lo culpéis…Sabe guardar un secreto…- rubia y morena rieron alto, y arrancaron dejando atrás a sus dos mejores amigas indignadas con el silencio del hijo, tendrían una conversación seria con el pequeño, ¡vaya que sí!
La notica se extendió rápidamente, todos en la Mills Company comentaban sobre el tercer embarazo de la presidenta, algunos rumoreaban también sobre su esposa, nadie sabía a ciencia cierta, pues Regina evitaba el menor contacto con los trabajadores. En el restaurante Swan's el equipo trataba a la chef con mimos, Emma se aprovechaba de la situación, nunca estaba de más la atención, tenía unos trabajadores maravillosos.
A Tinker, al enterarse, le faltó poco para volar. Saltaba y gritaba sin parar, abrazó a Emma y a Regina muchas veces, además de los besos que alternó entre ambas, Killian estaba sorprendido, nunca imaginó que viviría para ver a Emma embarazada, él se echó a reír sin vergüenza en la cara de la amiga, y le recordó que no podría beber y que se pondría gorda, Swan le dio unos buenos golpes al marido de Tinkerbell, pero al final se echó a reír con sus bromas.
Las novedades corrían tan deprisa que hasta Mulan, a través de Belle, se enteró, Mérida se puso feliz con la noticia, rió mentalmente de la torpe rubia, no había vuelto a tener mayor contacto con Regina, pero aún así las llamó para felicitarlas, les contó alegre que también estaba esperando un bebé, bueno, mejor dicho, esperaba a tres, trillizos, y en ese momento fue el turno de Emma de reírse.
-Si piensas que nosotras tuvimos "suerte", ¿te imaginas aquella pelirroja? ¿TRES? ¡Está esperando a un ejército entero!- la rubia no dejaba de reírse cuando la esposa le contó la noticia.
-¿Lo ves? Al menos hemos aprovechado el espacio para dos…- se refería a las dos barrigas –¡Mérida carga a tres en una sola!- dijo pesando en lo cansado que sería para la pelirroja –Deberíamos invitarlas a almorzar algún día…- pegó la cabeza en el hombro de la esposa que acarició los cabellos cortos de la morena dando un largo suspiro.
-Sí…Podemos…- dijo sin ganas, no le gustaba mucho la idea, pero tomando en consideración el tiempo que no se veían, sabía que Regina sentía cariño por su ex sustituta.
Mary y David seguían cuidando de las hijas aun de lejos, en sus mentes, tenían la obligación de estar cerca, ¡a veces demasiado cerca! A Zelena le encantó saber que tendría dos sobrinitos más, incluso dijo que aquella familia tendría que aumentar más, dio una fiesta sorpresa una semana después de descubrirlo, Roland y Dorothy eran solo sonrisas, no veían la hora de que sus primos o primas llegaran. Henry cuidó de las madres en los primeros meses, siempre mandaba un informe a los abuelos, que querían saber cada detalle de la gestación de Emma, el pequeño adoraba poder ayudar y era otro que ansiaba la llegada de los hermanos. Las reacciones fueron diferentes en cada uno, sin embargo todos se mostraron felices por la pareja y rezaban por el bienestar de esas mujeres a las que tanto querían.
Cora se miraba en el espejo de la gran habitación del hotel, ya habían pasado semanas y semanas, el valor parecía esfumarse cada vez más, ya no podía pensar más ni esperar que el valor surgiese de la nada. No. Aquello nada solucionaría, estaba decidida, sería aquella noche y todo sería diferente, ya había esperado demasiado tiempo, aquella situación cambiaría. Se vistió impecablemente, realzó el maquillaje dándole un aire más jovial, estaba muy bien arreglada y elegante, sin embargo en un vestido más sencillo y menos caro, quería mostrarle a Mal que ni el dinero sería un obstáculo para el amor que llevaba en su pecho.
Miraba, aprensiva, la puerta del bar, tuvo que tomar aire unas tres veces antes de entrar en el local, sus pasos eran firmes e imponentes, Cora anunciaba su entrada triunfal, entrada que no pasó desapercibida por Mal, ambas sintieron sus corazones dispararse cuando sus ojos se clavaron unos en los otros. Ni si dieron cuenta de que estaban próximas, estaban perdidas en las miradas, despertaron cuando un cliente solicitó otra bebida, Mal la sirvió rápidamente, estaba aturdida con la presencia de Cora. Tras ese corto encuentro, su corazón se encogió aún más, ¡cómo amaba a la madre de Regina! Siempre que miraba a Cora su mundo parecía tener sentido, si Mills estaba allí dispuesta a tener una franca conversación, al menos la escucharía.
-Discúlpeme, señora Mills…¿En qué puedo ayudar?- fue formal, sin embargo sus ojos brillaban, y sus manos temblaban denunciando su estado de esperanza.
-Por favor, Mal…Llámame Cora….-suplicó por atención -¿Vamos a otro sitio? Salir de aquí, quizás…He venido con mi chófer…¿Vienes conmigo?- pidió extendiendo la mano, pero su gesto fue ignorado.
-Estoy en mi horario de trabajo, como puedes ver…- gesticuló hacia lo lleno que estaba el establecimiento –no puedo ni debo salir ahora…Si has venido a decir algo, dilo de una vez…- dijo Mal seria
-Aquí no…Por favor…Puedes escoger tú el sitio…
-Ok…Ven…- guió a la más vieja hacia su despacho privado, el ambiente se parecía más a una bodega, todas las paredes cubiertas con estantes de vinos y otras bebidas, en el centro había una mesa con algunos papeles -¿Deseas sentarte?- retiró la silla, pero Cora recusó con un gesto –Está bien…Soy todo oídos, Cora Mills…- se apoyó en la mesa y se cruzó de brazos esperando las palabras de la mujer que tenía delante.
Por segunda vez, Cora se trabó, miró los ojos azules y se aproximó lentamente, quizás un gesto fuera mejor que las palabras. Sus cuerpos estaban a centímetros de distancia, Mal observaba atenta las expresiones de a otra, al segundo siguiente sus respiraciones compartían el mismo espacio, y Mills dio comienzo al beso, beso tierno y romántico que fue prontamente correspondido, Mal sabía que Cora era su debilidad, pronto el beso que había comenzado calmo se volvió intenso y Cora no quería esperar, su cuerpo ya ardía en brasas y sus manos fueron al encuentro de la intimidad de la otra.
-¿Qué piensas que estás haciendo?- Mal empujó a Mills lejos de sí en el intento de recuperar el aliento. Cora la encaró asustada, no esperaba aquello, pensó que su gesto habría salido bien, ledo engaño, la camarera la miraba jadeante, había furia en sus ojos –No estoy para satisfacer tus lujurias…Estás perdiendo el tiempo si es eso lo que has venido a buscar…Dime a qué venir para montar tanta escena Si quieres algo más, dilo...¡Asume de una vez!- dijo seca
-Mal, yo…Err…- Cora no sabía qué decir ante aquellas palabras, quería pedirle disculpas, encontrar las palabras adecuadas al momento, quería soltarlo todo, quería poner en práctica los consejos de la nuera, pero algo se lo impedía. ¿Y si Mal no correspondía sus sentimientos? Un cúmulo de incertezas asolaba su mente sin piedad, una película pasó por su mente, una vida infeliz y sin amor durante años y años, ¿de qué sirvió? De nada. Todo lo que le quedaba era una vida vacía, una vida en la que no quería permanecer.
-Deja decirte una cosa…En realidad es un pedido…- siguió al darse cuenta de que una vez más Mills no diría nada -¡No juegues más conmigo, Cora Mills! – su tono era amenazador –Vienes aquí porque sabes que tienes mi atención, sé lo que pretendes decirme…Pero, ¡eso no basta! ¡Di! ¡Habla!...Derrumba esa murada y dilo de una vez…¿Qué quieres de mí?- instigó
Cora permaneció muda, la confusión estaba estampada en su cara, las palabras de Mal golpearon a la más vieja con fuerza, tenía tanto que decir que no sabía cómo o por dónde comenzar.
-¡Es fácil quedarse callada, Cora! ¡Difícil es exponer los propios sentimientos!- rió irónica –No puedes…- afirmó con desprecio abriendo la puerta del despacho, iba a salir, pero sintió una mano agarrarle el brazo
-¡Espera!- gritó desesperada -¡Lo siento, Mal! ¡Lo siento por todo! ¡Maldición!- escupió llorando –Lo siento mucho…por todo…- miró a Mal profundamente con sus ojos humedecidos –Te amo…
