Gracias por la espera, y espero les guste el capitulo. Especialmente a:

BMadness

Faby

Kuroda. Kumico. miss

Lina-san

Mimi Weasley

estefani75

hazy


Cap.3 (Taichi Y. / Catherine D.)

"Lo peor de la pasión es cuando pasa. Cuando al final de los punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos." –Joaquín S.

Mi móvil vibro, y lo saque a prisa pensando en que era la rubia, y que me decía que ya había llegado a Japón, que me estaba esperando en el lugar de siempre. Por lo que apresure el paso devolviendo el móvil al bolsillo trasero de mi pantalón de mezclilla sin ver de qué se trataba aquel mensaje y esperando que ella no llevara tanto tiempo en el parque y que tampoco estuviera molesta. Prácticamente volé hacia el lugar donde acordamos vernos, que fue donde nos habíamos visto por primera vez, hace cuatro meses. Siempre nos veíamos en ese punto, en parte porque era especial para ambos el recordar aquel día, aunque también porque ya nos era una costumbre la brisa del lugar, la calidez, las personas y el mismo asiento.

Cuando llegue, ya estaba preparando una gran disculpa para que no se volviera a molestar por mi falta de puntualidad, pero no fue necesario que terminara de formularla, porque no había nadie en el parque. Estaba extrañamente solitario, ni siquiera la señora que siempre paseaba sus perros a estas horas estaba a la vista. Y sobre todo, no lograba ver sus cabellos dorados por ningún lado. A lo que tome el celular, preocupado de que su mensaje dijera otra cosa, que no fuera que estuviera aquí, esperando. En cuanto desbloquee la pantalla no vi su nombre brillando junto a un signo de mensaje, sino el de Ken. Me di una palmada en la frente con la mano que no sujetaba el móvil, sintiéndome absurdamente tonto, a la vez que abría le mensaje.

'Tenías razón, Tai. Dijo que sí. Te debo una.- Ken I.'

Eleve las comisuras de mis labios en una sonrisa. No hubo necesidad de responder el mensaje. Por la hora que era, de seguro ese par seguía en la cena, y Ken sólo había notificado como una manera de agradecimiento y de presumir que estaba con su chica. Además yo no necesitaba que me agradeciera, eran mis amigos, estaban felices y bien, cosas que siempre procure en el Digimundo, cosas que procuraba también aquí en Odaiba. Mire la hora, eran las nueve con treinta y ocho minutos. Sólo llegue ocho minutos tarde. No era nada en comparación a mi tardío habitual. De hecho, había sido puntual, porque ni siquiera Cath se veía por ningún lado. Bien, Yagami. Dos buenas en una noche. Me felicite a mí mismo, para luego tomar asiento en una de las bancas, en la más cercana al árbol que en esta época estaba rebosando de flores blancas.

Eleve mi vista hacia aquel árbol y una sonrisa apagada apareció en mi rostro. Misma banca. Mismo árbol. Me sorprendió escuchar como mi voz había reproducido aquel pensamiento. No fue con alegría, o cariño, sino con monotonía.

Sacudí la cabeza, apartando mi mirada del árbol para llevarla hacia el frente. Una silueta apareció ante mi vista, aún estaba lejos, pero reconocería aquel andar y aquellas curvas en cualquier lugar. Sonreí ampliamente poniéndome de pie y dando unos cuantos pasos hacia ella. Su melena dorada se movía con el viento, a veces pegándose en su rostro y otras volando libremente cerca de su cabeza. Sus piernas se colocaban una delante de la otra con suma gracia, haciendo sonar sus tacos. Sus labios tenían aquel tono carmesí que tanto le encantaba y que manchaba mis camisas, mientras que sus ojos brillaban siendo mejor cualquier sonrisa que pudiera brindarme. Sin decir una palabra, rodeo mi cuello en cuanto me tuvo en frente y beso mis labios con fuerza y urgencia. Rodee su cintura al mismo tiempo que eso sucedía, y que mis labios le correspondían con la misma intensidad.

Misma Catherine. Misma bienvenida.


Estire una mano buscando a tientas su cuerpo, pero todo lo que encontré fue un espacio vacío. La alargue un poco más allá, pero paso lo mismo, ella no estaba ahí, y todo lo que mi cuerpo encontró fueron sabanas arrugadas, y una gran incertidumbre. Tenía que admitirlo, la preocupación comenzó a invadirme, no entendía porque no estaba en la cama. Dejando la pereza de lado me senté en el borde de la cama, y eche un vistazo al reloj digital que descansaba en la mesita de noche. Eran las cuatro treinta y cinco de la mañana, era muy temprano para que ella se fuera, incluso la luna aun brillaba con intensidad en el oscuro cielo, aunque a decir verdad, ella siempre pasaba conmigo todo el fin de semana y el domingo por la semana era el día en que desaparecía, pero lo hacía tras dejar una nota. Y hoy era sábado. Algo debía de andar mal aquí.

Comencé a caminar descalzo en dirección a la sala, y ni siquiera fue necesario buscarla demasiado porque ella estaba de pie y semi vestida a unos dos metros de la puerta que conducía a la salida del apartamento. Ella sostenía su chaqueta, vestido y zapatos en entre sus brazos, con la vista fija en el recuadro de madera, tal como si fuera algo importante. Por unos instantes la observe, esperando algún movimiento de su parte, pero nada paso y estaba seguro que tampoco se daría cuenta de mi presencia por detrás de ella.

-¿A dónde vas?- inquirí cruzándome de brazos y dando un paso más hacia ella. Catherine se giró hacia mí, mostrando una expresión sombría. Si, definitivamente algo anda mal. Susurro mi subconsciente.

-Estas en calzoncillos- musito, tratando de embozar una sonrisa para encubrir su voz llena de nerviosismo, pero todo lo que apareció en su rostro fue una mueca, lo que empeoro la situación.

-Y tú en ropa interior con mi camisa encima. Pero no desvíes el tema y dime, ¿A dónde vas?- repuse sin poder evitar sonar irritado, ella balbuceo un poco para luego tirar de golpe al suelo todas sus cosas. Acto seguido se abalanzó contra mí, enredando sus manos en mis cabellos, y estampando sus labios contra los míos. Durante unos instantes me quede quieto, hasta que el deseo pudo más y termine cediendo a los caprichos de la rubia. Al cabo de unos instantes se separó de mí, negando con la cabeza con fuerza. Tome una profunda bocanada de aire antes de dirigirme a ella de nuevo. –Dime que pasa, Cath.

-Esto Tai, esto, ya no está funcionando. No para mí- y después de decir eso, volvió a besarme con la misma intensidad con la que lo había hecho cuando nos encontramos en el parque hace unas horas. En aquel momento no había tomado eso como una señal, pero ahora sí, algo estaba terriblemente mal, y a pesar de sus acciones ella lo había dicho. Esto ya no funcionaba, pero me besaba. Mi mente era un desorden y entonces, ella volvió a alejarse lentamente y ahora fui yo quien negó, sujetándola de los codos, haciendo que me mirara con miedo y deseo, todo a la vez.

-Vas a volverme loco- replique a tiempo que le arrancaba mi camisa de un tirón. Ella dejo caer la tela al cuerpo y la pegue a mí, sujetándola por la cadera.

-¿Acaso no has escuchado lo que dije?- murmuro con la respiración agitada, a vez que recorría mi espalda con las yemas de sus dedos.

-¿Qué esto no funciona? Sí, pero, ¿Acaso eso importa?- susurre contra su oído y pude sentirla estremecerse y negar contra mi piel. –Eso pensé.

La sujete por el muslo y la eche a mi hombro, cargándola como un costal de patatas, mientras tanto ella reía y acariciaba mi espalda baja logrando que sintiera urgencia por llegar a la cama, antes de que termináramos en cualquier otro rincón. Con una sonrisa de suficiencia, la deje en la cama y ella dio un giro al asunto, colocándose sobre mí y sujetando mis muñecas, una a cada lado de mi cabeza. Sus labios descendieron hasta mi pecho y ahí se deshicieron en caricias, besos y demás, mientras poco a poco mi mente se iba despejando, comprendía lo que ella había querido decir, porque yo mismo había estado pensando en eso, solo que no era que esto no funcionaba más. No. La verdad es que, esto era una rutina. Estábamos acostumbrados al mismo ambiente, las salidas, las bienvenidas, los besos, las caricias, a nosotros.

Encubrí un suspiro, para que ella no se diera cuenta que mi mente vagaba en otro lugar, al tiempo que recordaba todo lo que habíamos pasado juntos. El día que nos encontramos, figuramos un mundo, una fantasía, cosas por hacer, lugares que visitar, días en los que amar. Cumplimos muchas de aquellas cosas, pero poco a poco dejo de parecer importante, y todo se volvió un hola, beso, adiós. Pero no podía culparla. No podía culparme. Porque nosotros no habíamos sido lo que cambio aquí.

Misma Catherine. Mismo Taichi. Pero no la misma pasión.

Y esta, la última vez que la tenía en mis brazos. Sujete su mentón elevándolo a la altura de mi rostro y repartí besos hasta llegar a sus labios rosados, los cuales no tarde en convertir en rojos. Esta sería la última vez, y sería bueno que valiera la pena.


Mordí mis labios por última vez, sin despegar mi vista de la puerta de mi habitación. En cuanto el sol salió, ella partió, dejando solo una sala desordenada, varias marcas de donde una vez hubo pasión, y mucho silencio. No puedes quedarte aquí, sin más. Refunfuño mi mente, y le di la razón. No podía quedarme sin hacer nada, pensando en algo que no existía. Tome mi teléfono, y merodee por mi lista de contactos, deteniéndome en uno. No hacia mal llamar. No importaba que fueran solo las siete de la mañana. Ella no podría molestarse. Pulse el numero doble vez, enlazando una llamada. Acerque el aparato a mi oído, escuchando el timbre sonar un par de veces, cuando estaba seguro de que el siguiente llevaría al buzón de voz, su voz se escuchó.

-¿Aloh?- Sonaba somnolienta y entonces me sentí un tanto tonto, con ganas de colgar pero entonces encontré voz para hablar.

-Eh, hola Mimi- si, encontraba la voz y decía una estupidez.

-Taichi, ¿Eres tú?

-Sí.

-¿Por qué llamas un sábado por la mañana?

-Porque…no sé. Yo quería… perdona por despertarte es solo que…no sé.

-¿Estas bien?- ahora sonaba preocupada. Genial, soy terriblemente obvio.

-¿Por qué no habría de estarlo?- bien, ya sonaba más confiado.

-Quizá porque es sábado en la mañana, y estas hablando conmigo. Es decir, generalmente nadie sabe de ti todo el fin de semana. Días de Catherine, ¿No? Así que debe ser algo gordo para que estés hablando conmigo.

-Mira, solo quiero salir de la rutina por hoy. Y pensé en hacerlo contigo, el salir, pero si no quieres tranquila, yo buscare algo que hacer.

-Pasa por mí en media hora. Se puntual- dicho eso corto la llamada, dejando una sonrisa en mis labios.

Si, hice bien en llamar a Mimi.


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