Lazos
La noche estaba sofocante, Cora golpeaba el piso del avión con sus pies mientras esperaba la salida del vuelo hacia su tierra natal.
"Todo va a salir bien, mamá…"
Cora recordaba las palabras dichas por su hija pequeña, su corazón estaba encogido, había soñado tanto con un reencuentro amigable, no se imaginaba en aquella situación. Recordaba a Ruth cuando aún era bebé, una bebecita indefensa de solo dos meses llevada al orfanato. Ruth fue adoptada rápidamente por una familia de clase media, familia que no cuidó adecuadamente de la pobre bebé que fue llevada de nuevo al orfanato. Los años pasaron y Ruth ya adolescente huyó de aquel miserable lugar, no tenía esperanzas de encontrar una familia, no después de haberse marchado y vuelto varias veces a aquel sitio. Su vida no le dio oportunidades de acierto, se envolvió con personas indeseables y desde entonces se volvió adicta a las malditas drogas, a muchas de ellas, vendía su cuerpo para alimentarse con esos estupefacientes. ¿Tuvo hijos? Seis que recordara, todos dados en adopción, hoy hombres y mujer formados. En su momento no supo ni los nombres ni el sexo de sus bebés, mucho menos de sus familias, no quiso verlos, sabía que no podía ser una buena madre, tampoco darles una educación adecuada, sabía que sus vicios siempre ganarían, su mejor opción fue entregarlos.
Ahora a los 47 años luchaba para sobrevivir, luchaba desde hacía dos meses, pero no por ella, si por fuera por ella ya habría muerto en el instante en que aquel coche vino en su dirección a alta velocidad golpeándola fuertemente. Un milagro, decían los médicos que un ángel la había abrazado en el momento del impacto, puede que sí hubiera sido una entidad divina o sobrehumana. Ruth estaba embarazada de cuatro meses el día del accidente y ni ella lo sabía. Aún bajo los efectos de los remedios para el dolor, los médicos le pidieron que luchara, luchara por la criatura que llevaba en su vientre, su salud era precaria a causa de las drogas ingeridas durante tantos años, un embarazo a una edad tan avanzada solo empeoraba el grave cuadro clínico en que se encontraba. Las heridas del accidente estaban casi cicatrizadas al final de esos 60 días, sin embargo seguía bajo los cuidados de buenos médicos en una clínica para drogodependientes, no le dieron el alta, pues sabían que volvería a las calles. Además de haber sobrevivido al coche fuera de control, la hermana de Cora tuvo otro acceso de suerte, un médico de buen corazón costeó sus medicamentos y los gastos en la clínica privada en donde él trabajaba. Ruth le dio gracias a Dios por tener a alguien que finalmente la veía como un ser humano. Ella sufría el mono, estuvo a punto de escaparse, pero no lo hizo, aquella criatura no tenía culpa alguna de sus errores, luchó y permaneció hasta que un agente desconocido la encontró y le dijo que tenía una hermana que la estaba buscando, lloró, lloró y lloró, anegada en llanto, una sonrisa y un suspiro de alivio, sus oraciones finalmente habían sido escuchadas, alguien se preocupaba por ella, alguien de su verdadera familia. Una hermana.
Zelena agarró firmemente la mano de la madre en cuanto avistó las tierras de México. Regina hubiera querido ir con la madre, pero no podía dejar a Emma y Henry, además su estado no le permitía tantos esfuerzos o emociones fuertes. Abrazó a Cora fuertemente en el aeropuerto, pasándole toda la confianza que la madre necesitaba en ese momento, le pidió a Zelena que la informara de cualquier novedad. Y allí estaban ellas, de pie frente a la puerta de la habitación donde se encontraba Ruth.
-Entra mamá…- Zelena la incentivaba al darse cuenta de que Cora suspiraba pesarosa agarrando el pomo desde hacía un minuto –Te espero aquí, ve sola, a lo mejor te sientes más a gusto…- sugirió y le dio una sonrisa que transmitía seguridad. Cora asintió y tomó una profunda bocanada de aire.
Al abrir la puerta, sus ojos barrieron el cuarto, era sencillo, pero acogedor, había una cama en el centro y una pequeña cómoda al lado, una puerta corredera daba acceso a una zona exterior, no muy grande, apenas cabían dos sillas y allí estaba Ruth, sentada mirando a la nada, parecía pensar intensamente, una de sus manos acariciaba el volumen de su vientre. Cora se quedó mirando a la hermana un tiempo, no sabía cómo llamarla o cómo actuar. Aunque estaba de espaldas a ella, le pareció que Ruth se secaba unas lágrimas, estaba inmersa en sus pensamientos, cómo habría sido su vida de diferente si hubiera tenido familia. Mills pudo imaginarse lo miserable que había sido la vida de su hermana pequeña por los mechones blancos esparcidos por su cabellera, sus expresiones faciales la hacían aparentar mucho más mayor de lo que era. Suspiró culpándose internamente por nunca haber pensado en la posibilidad de llevar a cabo una investigación. Se acercó y le tocó el hombro.
-Hola…- la mujer más joven se giró con expresión confusa, no era la hora de su medicación. De repente su cara cambió y una sonrisa brotó en los labios de Ruth.
-¿Er…eres…?- preguntó esperanzada -¿…mi hermana?- intentó contener el deseo de abrazar a la desconocida.
-Cora Mills…quiero decir…Yo…Si…Sí, soy tu hermana…- pensó en abrazarla, pero se contuvo y para sorpresa de la más vieja, la otra la aferró en un abrazo apretado, cargado de emoción, ambas soltaban ahí toda la necesidad que tenían de aquel gesto tan anodino, pero que en ese momento estaba cargada de significados –Mi pequeña Ruth…- lloró en mitad del abrazo –Mi muñequita…- la llamó por el apodo de tantas décadas atrás, cuando aún era una niña que solo quería estar junto a sus hermanos.
Tras ese abrazo caluroso, conversaron un rato más, sus mundos eran tan opuestos, la más vieja optó por una conversación ligera, marcada por los gustos de la más joven. Tras un rato, Ruth dio señales de cansancio debido a su embarazo, Cora se había dado cuenta y no quería molestar, le dijo que volvería a otra hora, sin embargo la más joven agarró las manos de la hermana y le suplicó que no la dejara sola.
-¡Nunca más te dejaré, hermana!- afirmó apretando las manos de la mujer, que enseguida cayó en un sueño profundo.
Zelena, que esperaba a la madre, decidió tocar a la puerta, dado que ya habían pasado horas desde que había entrado en la habitación.
-¿Mamá…?- susurró al notar que la tía dormía
-¡Shhh!- le hizo un gesto para que guardara silencio, y la llamó con la mano
-¿Todo bien?- notó la expresión cansada de la tía -¿Habéis hablado? Debes tener hambre, mamá…
-Oh sí…No quiero salir de aquí ahora…Me pidió que me quedara…- sonrió a la hija sin apartar los ojos de la hermana –Voy a llevarla a Nueva York y pagarle la mejor clínica…- contó llena de esperanzas –Tendrá una vida digna, por lo menos ahora, y podrá darle un futuro a esa criatura…Mal y yo cuidaremos de los dos…- nombró a la compañera con una gran sonrisa en los labios, realmente la amaba.
-¿Cuándo se lo vas a contar a Regina, mamá? Ella tiene derecho a saberlo…Estoy segura de que se pondrá tan feliz como Roland y yo…- Zelena se refería a la reciente relación de su madre
-Bueno…No sé aún cómo contarle algo así…digo…Estuve tan en contra y conservadora en su relación con Emma…- suspiró arrepentida por las tantas veces que quiso acabar con la relación de la hija –Pago por mi lengua por lo que hice…- usó la metáfora para explicar su temor, no había malicia en sus palabras.
-¡Innecesario que nombres la lengua, mamá!- la pelirroja reviró los ojos en una clara provocación y estalló en una carcajada en seguida, ¡ella no perdía una! Ni en un sitio como ese. Cora la miró con furia, pero dejó que la carcajada saliera despertando a Ruth de su leve sueño.
-¿Eso quiere decir que mi hermana y mi sobrina hacen la tijera…?- Ruth aún de ojos cerrados aguantó la risa en medio de la tos –Familia tradicional a la que pertenezco…- aguantó la risa un poco más, pero cuando abrió los ojos y vio la mirada indignada de la hermana estalló en una carcajada junto con Zelena.
-¡Mira a quién salí, mamá! ¡Tía Ruth tiene sentido del humor!- la pelirroja habló en medio de las risas, Cora se juntó a ellas, realmente estaba siendo un encuentro inusitado.
Regina fue informada de todo detalladamente en cuanto Zelena regresó de México, había pasado casi un mes desde que Cora había ido a la clínica a conocer a su hermana. Quería transferirla a Nueva York, echaba mucho de menos a Mal, pero no podía dejar a Ruth en aquel estado, los médicos no la dejarían viajar en avión y arriesgarse a que entrara en trabajo de parto, con ese embarazo de riesgo de Ruth, el bebé podría nacer en cualquier momento.
En Nueva York, los días se pasaron volando, las quejas de Emma en relación al cuerpo, al peso, a los dolores en la espalda y en el abdomen aumentaron, sin contar que Swan ya tenía los pechos enormes y produciendo calostro. Regina intentaba, de la mejor manera posible, ayudar a la esposa a lidiar con las incomodidades, le decía que todo eso indicaba que los bebés estaban creciendo saludablemente, la rubia seguía extremadamente sensible, Mills siguió el buen consejo de Tinker y comenzó a ponerlo en práctica, amaba y mimaba a la esposa cuanto podía y cuando su paciencia le era favorable.
Mediados de agosto, el calor aún se derramaba por la ciudad, Henry llevaba un tiempo cambiado, por más que estuviera ansioso y feliz por la llegada de los hermanos, sentía algo muy cercano a los celos, estaba más quejica y exigente de atención, no quería estar lejos de las madres por mucho tiempo. En el corre corre diario, Regina y Emma no habían notado tal cambio, hasta que la pedagoga del niño llamó a ambas para una reunión.
-No entiendo, profesora, Henry siempre ha sido un niño despierto…- Regina no comprendía
-Sí, lo es, nunca duden de eso. Lo llevo observando y no deja de ser una fase…¿Comprenden a dónde quiera llegar?- la mujer se quitó las gafas y miró a las madres
-Tiene celos…- Emma respondió pensativa, se pasaba la mano por la barriga de seis meses y medio.
-¿Celos?- dijo Regina para sí misma, no había pensado en aquello
-Sí, amor…Recuerdo a Elsa cuando Anna nació, estaba feliz, claro, pero no es del todo fácil de digerir para un niño pequeño…- recordó a la prima
-Exactamente, sra. Swan…He hablado mucho con nuestro pequeño Henry, sin embargo necesito que hablen en casa también con él…que lo incentiven y lo incluyan en las decisiones sobre los bebés…- aconsejó –Imagino que todo debe estar patas arriba estando las dos embarazadas, pero no dejen al pequeño Henry de lado…Eso se refleja en su forma de actuar aquí…Ahora él las necesita, incluso más que antes, precisa ser amado…
-¿Está insinuando que no amo a mi hijo?- Regina se levantó de la silla apoyando las manos en la mesa, fusilaba a la profesora, que se asustó con el gesto
-¿Amor?- Emma tocó la mano de la esposa, pero su gesto fue totalmente ignorado
-Sra. Mills, cálmese…no he dicho eso…todo lo contrario, sé cuánto se desviven por él, solo quise enfatizar, pues entiendo que la familia pasa por un momento delicado…- su tono de voz salió calmado, sabía lidiar con aquel tipo de reacción.
-Lo comprendemos, profesora…Regina y yo estaremos más atentas a nuestro muchacho…- apretó la mano de la pedagoga –Gracias…- agarró el hombro de la esposa guiándola hacia fuera del despacho –No era necesario eso, amor…ella solo quiera ayudar, sabes que le hemos dado la mínima atención a Henry…- recordó esos meses de locos
-¡Dios mío, Em! ¡Nos echa de menos…!- se sentó en un banco en el pasillo con los ojos llorosos –Estoy fallando…No quiero fallar como madre…- se desahogó, estaba preocupada por el hijo, que de hecho estaba cabizbajo.
-Nadie es perfecto, amor…todos fallamos, basta con arreglarlo…- se sentó al lado de la esposa y le acarició el mentón -¿Sabes? ¡Vamos a hablar con la directora y llevarnos a nuestro hijo para que escoja con nosotras la nueva casa! ¿Qué te parece?- sugirió con alegre expresión
-Hm…Le va a encantar…- pudo visualizar la escena, Henry era muy servicial.
-Y podemos dejar que escoja de qué color pintar las paredes, ayudar con la decoración y muebles, vamos a dejar que Henry forme parte de todo esto, nuestro muchacho desea a nuestro bebés tano como nosotras…- tocó la barriga de la esposa y ella hizo lo mismo.
Como habían planeado, cogieron al hijo de la escuela, al niño le faltó poco para saltar, festejó el día libre en mitad de la semana, abrazó a su mejor amigo, Hércules y salió del aula dando saltitos agarrando las manos de sus madres.
-¿Qué vamos a hacer, mamás? ¿A dónde vamos?- preguntó entrando en el coche
-Vamos a escoger una casa nueva para vivir, querido…- Regina sonrió al niño por el retrovisor
-¡Wow! ¿De verdad? ¿Voy a poder ayudar a escoger?- levantó los bracitos
-Oh, sí, mi amor…¡Ya eres un hombrecito y formas parte de nuestras decisiones!- enfatizó la última frase y pudo ver por el espejo del coche sus ojos brillar.
-¡Qué guay! ¡Voy a escoger mi cuarto! ¡Mamá Emma, quiero una casa con jardín!- tocó el hombro de la madre que se acariciaba la barriga sin parar -¿Me construyes una casa en el árbol para mí?- ella rió con el entusiasta pedido del hijo.
-Cuando tu hermanita nazca…¿Hecho?- despeinó los cabellos castaños
-¡Sí, mamá!- se levantó del asiento para abrazar el cuello de la rubia
-Henry…siéntate bien…- la morena pidió preocupada
-No se hará daño, amor….Solo ha venido a darme un abrazo muy bueno, ¿verdad, chico?- apretó al niño por el hueco de los asientos delanteros, Regina reviró los ojos, pero sonrió contrariada.
-¿Quieres sentarte atrás, amor? Quédate ahí con Henry…- sugirió ya que los dos parecían no querer despegarse.
-¡Ven mamá Em! ¡Quiero que estés aquí conmigo!- se entusiasmó aún más
-¡Ok, ok! ¡Habéis ganado! ¡Voy!- se quitó el cinto mientras Regina desaceleraba para parar el coche y que Emma se pasara al asiento de atrás, sin embargo la niña interior de la rubia parecía que se había despertado y ella pasó atrás con el coche aún en movimiento.
-¡Emma! ¡Por Dios! ¿Qué te costaba esperar a que parase?- Regina habló asustada, Emma parecía cansada
-¡Estoy bien! Es solo…¡Ay!- una punzada le golpeó la parte alta de la barriga.
-Em…
-¿Mamá?
-Estoy bien…ya lo he dicho…Es esta pequeña que no hace sino el favor de dar patadas…- explicó a la esposa e hijo, los dos respiraron aliviados.
-¡Deja sentirla, mamá!- Henry pegó su cabeza en la barriga de la madre -¡Oh! ¡Se ha movido, mamá! ¡Se está moviendo mucho!- dijo con los ojitos abiertos de par en par.
-Sí, cariño…Le gustas, le gusta tu voz…- tomó a su hijo en brazos
-¡Voy a ayudar a cuidarla, mamá!- prometió acariciando la barriga de la rubia
-Sí…Y le vas a enseñar muchas cosas guays también, ¿no?- le tocó la punta de la nariz
-¡Yeahhh! ¡Les voy a leer cuentos y enseñarles a jugar a la consola! ¿Cómo se van a llamar, mamás?- aún jugaba con la voluminosa barriga
-Aún no lo sabemos, querido…- Regina paró en frente de una gran casa -¡Llegamos!
-¡Wooow! ¡Esto es una mansión, mamás, quiero vivir aquí!- Henry bajó del coche y echó a correr por el espacioso jardín, Regina y Emma sonrieron ante la reacción del hijo, llevaban buscando un sitio mayor para vivir desde hacía un tiempo e incluir al pequeño en la elección del sitio había sido una buena idea.
El agente inmobiliario les enseñó todas las estancias, sí, era una gran casa, había un amplio despacho en la plata baja perfecto para Regina, la cocina ganó a Emma en el primer instante, todo en aquella mansión parecía estar hecho especialmente para ellas. Cuando llegaron a las habitaciones, fue el turno de Henry de manifestarse y enseguida eligió su espacio, su cuarto quedaba frente al jardín por el que había corrido al bajar del coche, había cuatro habitaciones en la planta superior, y Emma y Regina ya tenían la decisión tomada.
-La encuentro perfecta…- Regina abrazó a la esposa de lado, estaban en el balcón del cuarto que sería de ellas.
-Estaba pensando lo mismo…- susurró juntando sus labios a los de la morena –Henry parece muy feliz con todo este espacio…- observó al hijo hablando con el agente inmobiliario en el jardín, el pequeño parloteaba enseñándole dónde le gustaría construir la famosa casa en el árbol.
-Me ha gustado nuestro nuevo hogar…Y…Quiero plantar un manzano ahí- señaló al jardín, en ese momento su bebé dio una patada –Eh mi amor…Ok…El árbol crecerá junto contigo y con tu hermana…- sonrió a la esposa mientras conversaba con su barriga.
-¿Qué crees que será? Quiero decir, yo creo que será otra niña…- acarició la barriga de la esposa y se la besó. Regina sintió el corazón disparársele ante el gesto al mismo tiempo que su bebé se agitaba con la voz de su otra madre.
-No lo sé…Da igual, estoy tan feliz que eso realmente no me importa, solo deseo que todo salga bien, para ti y para nosotras…- tocó la barriga de la esposa y ella le agarró sus manos
-Tu toque me hace tanto bien…Siento como si ella fuera a saltar de aquí dentro y abrazarte…- confesó y recibió a cambio una hermosa sonrisa emocionada.
-Sé exactamente lo que sientes…Siempre que me tocas siento un lazo tan fuerte…- pegó su cabeza a la de su esposa -¿Es posible amarte aún más? ¿Es posible querer estar a tu lado así, todos los días?- rodeó los finos labios con su pulgar –Por más que me irrite contigo o quiera verte lejos a veces…- sonrió tímidamente pasando un mechón de la otra tras la oreja –Siempre buscaré tu abrazo a la hora de dormir…siempre buscaré en ti mi puerto seguro, mi paz…
-Mi corazón aún se acelera cuando te veo llegar…- Emma hizo otra confesión de ojos cerrados, disfrutando el cariño y las palabras inusitadas –No me canso de hacer el amor contigo…- abrió sus orbes verdes para hundirse en los ojos almendra que brillaban intensamente. El amor de las dos era palpable en aquel momento –tus ojos…- sonrió mirando a la esposa profundamente –aún me llevarán al infier…- no pudo terminar la frase, Regina reivindicó sus labios con cariño, sus dedos se enmarañaron en los rizos rubios y de nuevo sus corazones dispararon con la repentina cercanía, el beso se hizo más profundo y ambas ya jadeaban.
-¡Ayyy!- las dos gimieron a la vez, rompiendo el beso y tocando sus barrigas ligeramente doloridas. Se echaron a reír cuando se dieron cuenta de que sus bebés habían dado una patada casi al mismo momento.
-¡Mamássssssss!- Henry gritó desde mitad de la escalera -¡Tengo hambre!- entró en la habitación vacía dando saltitos, agarrando a las dos al mismo tiempo.
-Own, mi príncipe, entonces vamos a buscar un sitio para llenar ese agujero negro que llamas barriguita…- hizo cosquillas al pequeño y él empezó a reírse.
-¡Yo no sé tú, amor, pero tengo tanta hambre como nuestro pequeño!- Emma acarició el pelo del niño que se recuperaba tras la sesión de cosquillas -¡Necesito una hamburguesa triple!- se lamió los labios, podía sentir su boca salivando de gusto.
-¡Wooow! ¡Yo quiero mamá!- Henry levantó los bracitos –¡Después un milk shake de chocolate!- sonrió a la rubia
-Ah, estáis soñando…No vamos a comer eso para almorzar…Tu madre lo sabe bien…- fusiló a la esposa -¿No es verdad, srta. Swan?- arqueó una de las cejas y puso una mano en la cintura
-¡Podemos abrir una excepción! Para celebrar la compra de la casa…- intentó convencerla, pero su esperanza murió cuando vio la expresión seria de la morena -¡Ok! ¡Dieta saludable!- soltó el aire frustrada
-Nada de hamburguesas, papas fritas o refrescos…- dijo Henry mecánicamente, nadie doblegaba a aquella morena.
-Muy bien…Ya sabéis la lección…- sonrió irónica para los dos que reviraron los ojos desanimados.
Tras firmar los términos de la compraventa del inmueble, los tres marcharon al restaurante de la rubia, aún no estaba abierto, pero Emma quiso cocinar personalmente para la esposa y el hijo, eso sí, Mills solo estuvo de acuerdo si era un menú saludable y que concordara con sus embarazos. Henry ayudó a la madre a preparar los alimentos, él lavó las verduras y las colocó en la mesa junto con su madre morena. Almorzaron alegres haciendo planes y planes para la decoración de la casa nueva.
Pasaron unos días más y Cora seguía en Ciudad de México. Para tristeza de la señora Mills, Ruth estaba ingresada con un cuadro grave otra vez, los médicos intentaban salvar al bebé a toda costa, sin embargo la madre no tenía más fuerzas para luchar, pero lo necesitaba por su bien y el de su hijo. El reloj marcaba las 00:32, Cora dormía en el sillón al lado de la hermana, aquellos pocos días fueron únicos y placenteros para ambas mujeres, aunque fuera un ambiente hospitalario, desarrollaron un lazo familiar fuerte, Ruth se sentía viva, parte de algo por primera vez en su vida, se sentía entera, el lazo que tenía con Cora era algo especial, hubiera querido tanto haber vivido la infancia al lado de su hermana mayor, aún así estaba agradecida por haber tenido la posibilidad de conocerla, aunque fuera en los últimos días de su vida.
El sueño de Ruth estaba agitado, era así todas las noches, la falta de las drogas la hacía tener pesadillas constantes. Cora se despertó como de costumbre, velaba el sueño de la hermana esperando alguna mejoría o intentando calmarla, pero aquella noche algo sucedía, su corazón parecía demasiado encogido, ella agarró la mano de la hermana en un gesto cariñoso, necesitaba aliviar aquel mal presentimiento. Una enfermera entró en la habitación para inyectarle la medicación, sin embargo no lo hizo, la muchacha de blanco salió apresada del cuarto y en seguida un equipo médico entró. Ruth estaba perdiendo al bebé.
Todo sucedió muy rápido. Cora fue sacada de la habitación rápidamente y Ruth fue llevada al quirófano, pudo escuchar a su hermana gritar, dedujo que su sobrina nacería prematura, tuvo la seguridad cuando escuchó el quedo llanto del bebé y el silencio hacerse en la sala. Su alegría y alivio fue inmediato, entró sin el permiso de los médicos, necesitaba saber si todo estaba bien, algunos profesionales cuidaban de aquella pequeña criatura, era tan menuda y frágil que Mills temió por la vida de la recién nacida. Cuando finalmente miró a su hermana, se asustó con la escena, estaba extremadamente pálida y los médicos corrían intentando detener la hemorragia, de inmediato Cora se acercó a la hermana e intentó sonreír cuando vio a la más vieja aguantar el llanto, Cora no lograba pronunciar una palabra siquiera, sentía miedo.
-Cuida de ella…no la dejes sola…- Ruth pidió con voz débil, sus ojos estaban inundados por lágrimas de emoción, por primera vez tras seis partos se permitió mirar a la hija en los brazos de los médicos, lamentaba profundamente no poder cogerla.
-T..tú cuid…cuidarás de ella…- Cora dijo tartamudeando en medio de las lágrimas que llegaron sin permiso, agarró firme la mano de la hermana.
-Es una pena que no pueda ir en avión con vosotras…- cerró los ojos mientras buscaba aire
-No…no digas eso…nosotras…¡nos vamos juntas a Nueva York! Vas…vas a realizar tu sueño…- apretó más la mano de la hermana, Ruth intentó sonreír, pero un ataque fuerte de tos la golpeó. Los médicos inyectaban remedios y corrían contra el tiempo para contener el sangrado, pero sin éxito, ella no reaccionaba a los medicamentos -¡No puedes dejarme ahora!- Cora agarró a la hermana por los hombros –Vas a conocer a Archie y a Greg…Vamos a sacarnos una fotos todos juntos y ponerla en un portarretratos…Vamos a escoger la decoración del cuarto de tu pequeña…Tú…aún no…- cogió aire para disipar las lágrimas -¡Te llevaré a conocer el mar! ¡Y a comer el melocotón empanado de mi nuera!- sus palaras sonaron como una promesa.
-¿Melocotón empanado…?- dijo ya casi sin voz, su respiración estaba débil, aun con los ojos cerrados hizo un esfuerzo que no tenía para sonreír guasona –Yo…no…voy a comer eso…- intentó poner cara de asco en medio de otro ataque de tos.
-¡Shhh! Mi nuera tiene talento…Te encantaría el postre…Y ella te gustaría y mi otra hija…tienes unos sobrinos-nietos hermosos y…- Cora se negaba a creerlo, aquello no estaba pasando, después de años sin su hermana, no podía irse ahora. Un nudo se formó en su garganta, no lo soportaba, sabía que Ruth se estaba muriendo, lloró desolada abrazada al cuerpo de la hermana.
-Y…y…dos princesas de camino…- afirmó Ruth intentando devolverle el abrazo. En las conversaciones que habían mantenido, Ruth le había dicho varias veces que ella tendría dos nietas –Mi…mi hija…¿Estará bien?- preguntó al ver a los médicos llevársela a otra sala, imaginó que a la incubadora.
-Sí…Ella se pondrá bien y tú también…- acarició el rostro sudado de la hermana –Seremos una familia completa ahora…La verás crecer…- Ruth parecía no escuchar, los aparatos ligados a ella comenzaron a pitar.
-No la dejes…- suplicó susurrando en su último aliento –Dile que la am…- el cuerpo de la mujer desfalleció, los médicos intentaron reanimarla con masaje cardíaco, pero todo lo que Cora veía a través de sus ojos borrosos por las gruesas lágrimas era un cuerpo inerte alejándose, su propio cuerpo estaba siendo sacado de la sala.
-¡No…no…no! ¡No! ¡No!- se debatía contra los enfermeros -¡No puedes dejarnos, Ruth!- gritó para después sentir su propia visión oscurecerse.
Se despertó en mitad del hospital, los efectos del calmante se iban dejando paso a la claridad del sitio.
-¿Dónde está?- se despertó asustada, aún perdida
-Su sobrina está bien…Puede verla si quiere…- el enfermero avisó con cautela
-¿Ruth? ¿En qué cuarto está?- quiso levantarse, pero el hombre la agarró otra vez.
-Desafortunadamente ella no resistió…
