Aloh, aloh mundo(?) Bien, muchas cosas pasaron estos días, cosas sobre escribir para mi misma, o que no sabia que mas hacer con esta historia. Es decir, cuando comencé esto en mi libreta, estando en el secundario, no pensé que terminaría así. Tras unos arduos meses de ausencia y trabajo, traigo esto. Quizá sea mucho, quizá no. Pero realmente que me gusto como quedo. Perdón, por el tiempo entre este capitulo y el pasado, pero he decir que al fin pude escribir este.

Bueno, gracias a todos lo que tienen en favoritos, siguen la historia, o han dejado Review. Si no han hecho nada de esto, ¡Háganlo! Es gratis, y no muerdo.

Espero les guste el capitulo, y ¡Ciao!


Cap. 4 (Yamato I./Hikari Y.)

'El amor se hace con el corazón, y se deshace con los sentidos.'

-¡Hay que jugar al escondite!- chisto Mimi, a la vez que comenzaba a tirar de los presentes para que el juego comenzara.

Por su parte, el rubio que observaba la escena apoyado en el tronco de un árbol, no hizo más que rodar los ojos, cruzándose de brazos, claramente indispuesto a participar de aquello. El solo quería un tranquilo día de campo, no jugar como si tuvieran cinco años. Por lo mismo no comprendía como sus amigos se dejaban llevar por el comportamiento de la castaña, que a él le resultaba irritante, al momento. Aunque había otro trasfondo para sus pensamientos amargos y sus desganos. Para Yamato, los días se estaban volviendo más complicados, no había vuelto a espiar a Mimi desde el día en que Sora decidió bailar la misma canción para él. Ahora si sentía como un pervertido, porque si la veía seguramente comenzaría a comparar y nada bueno saldría de ahí. Sin mencionar que cada vez sentía menos apego hacia la chica pelirroja y eso no le agradaba en lo absoluto. Algo andaba mal, su cabeza era un lio, no sabía que era lo que su corazón quería o sentía y su humor no era el ideal para estas cosas.

-¡Equipos! ¡Necesitamos equipos!- el de cabello granate, alzo su puño al aire, con esa idea suya. Si, definitivo: Davis era el más emocionado de todos los Digielegidos, y quien más le seguía el juego a Tachiwaka, pero poco después todos estaban dispuestos a participar en aquello. Matt rodo los ojos de nueva cuenta, pero esta vez soltó un bufido a la par y con las manos en sus bolsillos de alejo de todo esa escena, él no tenía ganas de entrar en su juego y no sería obligado tampoco. Por lo que opto por esconderse, solo que para descansar de su alboroto y niñerías.

Camino y camino por todo el bosque, pateando rocas que se atravesaban en su camino, sin fijarse demasiado por donde andaba, que en fin estaba seguro encontraría la salida en algún momento. El bosque a donde Mimi los había llevado, no se comparaba en lo absoluto con el Digimundo, y si no lograba perderse en aquel universo, menos lo haría entre simples árboles y maleza.

Unos minutos después, que significaron más metros de camino, se encontró con un claro por el cual ventilaba a la perfección el aire, el solo no entraba casi, las hojas provocaban un arrullo al moverse, y era el lugar perfecto para recostarse un rato. Apoyo su espalda en el tronco de un árbol que en entre sus ramas paseaba flores blancas, estiro sus pies por el pasto y saco su armónica. Hace tiempo que no la usaba realmente. La guitarra había remplazado su lugar como instrumento. Coloco el instrumento cerca de sus labios, en su lugar, sujetándolo con ambas manos, y comenzó a tocar una melodía suave, sin sentido, solo disfrutando del momento.

Poco a poco el mismo se fue arrullando junto a la paz del lugar, por lo que termino por pasar parte de su espalda baja a que tocara el pasto, colocando el instrumento sobre su estómago, las manos por detrás de su cabeza, los ojos cerrados, y Morfeo no tardó en hacerle compañía.

De vuelta en la parte del bosque donde los demás pretendían jugar, Mimi y Davis aun discutían sobre el acomodo de los equipos. El ánimo de los demás fue disminuyendo, al ver que por más que pasaran los minutos no se decidían por quienes se esconderían, y quienes los buscarían. Izzy incluso había encendido su ordenador, Miyako observaba todo lo que el tecleaba, mientras Ken mirando al cielo le sostenía una mano entre las suyas, con una sonrisa en el rostro y ademan cariñoso. Sora se encontraba sentada cerca de Taichi, le comentaba algunas cosas sobre su último partido de tenis, mientras el castaño le respondía solo de vez en cuando, porque estaba más concentrado en la forma de vociferar de la princesadel grupo. Joe solo negaba con la cabeza, lamentándose el momento en que acepto ir a ese viaje poco organizado. Takeru abrazaba por la cintura a su novia, observando también la discusión, sin percatarse de que Hikari no estaba presente. No realmente. Su cuerpo estaba ahí, entre esos brazos claros y fuertes, pero su mente estaba viajando lejos, a un lugar donde posiblemente el mayor de los rubios podría encontrarse.

Nadie le había prestado mucha atención a Yamato cuando se fue, ni siquiera Sora, que era su novia, ella solo se encogió de hombros cuando Hikari le pregunto si algo le pasaba al elegido de la amistad cuando ella solo dijo 'No tenía ganas de jugar, seguro'. Takeru afirmo aquella declaración, pensando que solo era preocupación momentánea y común en la chica de la luz, pero no, eso iba más allá de su preocupación habitual.

Yamato, Yamato, ¿Dónde te metiste? Se preguntaba la castaña en su mente, deseando ir con todas sus fuerzas ir hacia él, buscarlo, sin importar que su poco sentido de la orientación la hiciera perderse al momento de encontrar el camino de vuelta. Todo valdría la pena si llegaba a su lado.

¿Si algo le pasa? ¿La universidad, quizá? ¿El grupo? ¿Estará enfermo? ¿Su padre?

Tantas ideas cruzaban por la mente de Hikari, que no se percató del momento en que Taichi se levantó, tomo del cuello de la camisa a Davis y le empujo lejos, haciendo que este se callara, al igual que Mimi.

-¡Eres un animal, Tai!- chisto Davis, que tras haber sido empujado tropezó con una piedra y rodo al piso. Todos rieron, menos Hikari y el despistado del hazmerreír del grupo tomo eso como que no estaba de acuerdo con lo que había hecho su hermano e intento usarlo a su favor-. ¡No es gracioso! ¡No! ¿Verdad, Kari?- al escuchar su nombre la aludida respondió con un débil '¿Huh?' el cual hizo que el chico volviera a maldecir en silencio a todos.

-¿Todo bien, Kari?- inquirió Takeru, cuando al fin se percató de que su novia no les seguía el ritmo, pero esta asintió con una fingida pero convincente sonrisa, que el chico no tuvo por qué dudar de ella. Sino que le deposito un beso en la frente y miro a su cuñado que ya acomodaba el juego, en su faceta de líder.

-¡Izzy, Ken, Hikari, Davis, Mimi y Joe, van a esconderse! Mientras que Takeru, Sora, Miyako y yo los buscamos. ¡Simple!

Nadie estuvo en contra de eso. Entonces, como Mimi alego que algunos de los participantes eran unos tramposos, los que buscarían a los demás se colocaron boca abajo en el pasto, con los ojos cerrados, y contarían hasta cincuenta. Y a eso sí que Taichi quiso oponerse, pero una dura mirada de la chica, lo puso en su lugar, siendo el primero en obedecer su señal, dispuesto a esperar a sus compañeros de equipo para contar, y comenzar el juego.

-¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco…!- Canturreaban los cuatro a juego, entonces los demás corrieron hacia el bosque, cada quien por su lado, nadie acompañado de nadie.

Hikari corrió lo que pudo, todo su camino en la misma dirección que había visto a Matt irse. Pero claro, hubo un punto en donde este se había perdido de su vista, a lo que la chica, trastabillo entre ramas, maleza, árboles, arbustos y demás, siguiendo un instinto y la fe de que encontraría al rubio. Al mayor de los rubios. No al que era su novia.

No deberías estar buscando al chico que es tu cuñado, Hikari.

No sigas por ahí.

Regresa al juego.

No lo hagas.

-¡Oh, ya!- mascullo la chica, para ella misma. Y sin hacer caso de esas voces en su cabeza, continuo buscando.

No sabía ni cuanto había pasado, pero el guitarrista no aparecía. Ella se detuvo abruptamente, negando con la cabeza.

Debería esconderme, y ya. No seguir vagando por aquí, en busca de él. Se replicó mentalmente.

Justo estuvo a punto de girar sobre sus talones y buscar donde ocultarse cuando un ronquido, no fuerte, no suave, le dio la señal que necesitaba para encontrarlo. Siguió el sonido, para llegar al claro, donde un chico rubio, con la camisa gris levantada por encima de su ombligo, descansaba, ya más tirado en el piso, que apoyado en el árbol, con la armónica a un lado suyo. Ella no pudo evitar sonreír. El chico brindaba una imagen bastante tierna. Sobre todo porque siempre se veía confiado, fuerte, para nada indefenso como lo estaba durante su sueño. Sin pensarlo realmente se fue acercando poco a poco a él, hasta quedar en cuclillas a un lado suyo. Estiro su mano, temblorosa por lo que iba a hacer, con su mente gritándole que no, que lo dejara pasar, que se fuera, pero sintiendo un enorme deseo de tocar su piel, ver que tan cálida era, saber cuál era su textura.

Y lo hizo.

Paso la yema de sus dedos por su abdomen. Dibujando figuras invisibles, una y otra vez, hasta que el chico se removió un poco. Ella se asustó, quedo congelada en su lugar, pero tras unos tortuosos segundos, donde ella imaginaba pretextos para explicar porque acariciaba su bien trabajado cuerpo, el jamás despertó. Solo murmuro algo inentendible y continuo dormido, solo que sin roncar esta vez. La castaña soltó todo el aire que no sabía que había estado reteniendo.

Entonces, solo entonces, alejo sus manos del torso de Yamato y le acomodo la camisa en su lugar, más para que la vista de esa zona le fuera una tentación que por amabilidad. Un suspiro salió de sus labios rosas, antes de que el pacifico rostro que le ocultaba esos orbes azules tan distintos a los de Takeru, pero a su vez similares. Ella frunció el ceño, en una mueca bastante infantil, acto seguido volvió a acercar su mano, solo que esta vez a su rostro. Ya no temblaba, no. Porque no pensaba que fuese a despertar, así como que el tocarlo le producía seguridad, calidez, y más cosas que jamás había sentido y que no quería admitir.

Delineo sus pómulos, su barbilla, su respingada nariz, sus cejas y el contorno de sus ojos. Las manos volaron hasta sus orejas, para después pasar a sus cabellos rubios. La chica estaba embobada, detallando la belleza de Ishida, que no se percató de que la respiración del muchacho ya no era tan acompasada como antes, ya no estaba soñando, estaba despierto pero fingiendo no estarlo, con la respiración más acelerada con cada segundo que pasaba, con la piel cosquilleando cada que ella retiraba sus dedos de alguna zona.

Yamato conocía perfectamente ese olor a vainilla, sabía que era Hikari, la novia de su hermano, la que estaba acariciándolo, quien lo hacía sentir ese tipo de cosas que hace tiempo no sentía. Una parte suya lo maldecía, de traidor y bastardo no lo bajaba, mientras otra le pedía que pasara así el resto de su vida, si eso le aseguraba que la Yagami estaría junto a él siempre.

Pero, ¿Qué carajos piensas, Yamato? Se reprendió a sí mismo, en su interior, al tiempo que la muchacha volvía a su rostro, solo que esta vez, uso ambas manos, y las deslizo desde sus mejillas hasta sus hombros. Entonces el no pudo más y estiro las suyas, para atrapar las muñecas de esta.

Ella soltó un grito ahogado. Abriendo los ojos de par por la sorpresa, y él le mostro sus orbes azules al fin. Azul y miel se mezclaron, una mezcla que jamás había ocurrido y que probablemente no debió ocurrir.

Matt tiro de ella, para que quedara de rodillas a su lado, en lo que él se levantó un tanto, para quedar en la misma posición que ella, sin liberar aun sus muñecas. Se acercó lenta y peligrosamente a su rostro, el rubor invadió el rostro de la castaña haciendo que ella no pudiera verse más adorable y él lo noto, lo aprecio. Y claramente, lo recordaría por siempre.

-Hikari- musito el rubio, estrellando su aliento contra el rostro de ella. Embriagándola con su aroma, despojándola de su sensatez, su razón, acercándola más a él, tanto que sus labios se rozaban tenuemente, pero nada más.

-Hikari- volvió a decir. Y ella comenzó a adorar como se escuchaba su nombre en sus labios.

-Dilo de nuevo- musito con timidez, ansiando escucharlo. Y él lo pronuncio. Lo pronuncio con tanto fervor, como si de una plegaria se tratara.

-Hikari.

Ella cerro los ojos de golpe, el pego su frente a la de ella. Solo, solo si se atrevían podían besarse. Ya estaban ahí. Solo faltaba el valor.

-¡Oh, Kari! ¡Te encontraremos!- vocifero Miyako, rompiendo su burbuja al momento. Ambos se separaron un par de metros, como si quemaran. Yamato se volvió dándole la espalda, como si ella no existiera, mirando al árbol, la cosa más entretenida del mundo, o eso era ahora. Ella sacudió la cabeza con fuerza y se dispuso a alejarse, entonces, antes de salir del claro quiso decir algo, pero las palabras no llegaron jamás, pero el sí pudo decir algo.

-Anda, que de seguro mi hermano debe estar buscándote.

Su tono de voz frio, molesto, herido, la hicieron recordar que el chico era el hermano de su novio. Y ahí si salieron las palabras de parte de ella:

-¿Por qué tenías que ser tú?- dijo tan bajo que no estuvo segura de que él la hubiese escuchado, pero lo hizo, aunque el no dijo más nada, ante lo que ella se echó a correr.

Corrió hasta encontrar un gran árbol que sirviera de 'escondite', pero claro, no sirvió de mucho, porque al instante Miyako la encontró y echo a correr por todo el bosque gritando que la última que faltaba, ya no faltaba. Ella esbozo una media sonrisa, sin seguirle el paso, casi arrastro los pies por el camino que su amiga ya había recorrido. La voluntad y la emoción los había dejado en aquel claro.

Aquel claro donde cierto chico rubio, daba de puñetazos a un árbol, repitiéndose las palabras que ella le dijo antes de partir.

¿Por qué tenías que ser tú?

¿Por qué?

¿Por qué ella?

¿Por qué yo?

Si su cabeza antes era un lio. Ahora era mil veces peor.

-Eres la hermana de mi mejor amigo. La novia de mi hermano. No deberías hacerme sentir esto- farfullo antes de recargar su frente en la corteza.