Fuerza y sensibilidad
Nueva York- apartamento de la familia Swan- Mills
-Amor, ¿y si es otra niña?- Emma acariciaba el vientre pensativa mientras admiraba a Regina pasándose crema hidratante por la misma zona
-Voy a amarla mucho…- respondió sonriendo. Aquella pequeña vida se movía de forma perezosa. Regina podría jurar que su bebé estaba disfrutando de las caricias, sus manos se deslizaban por la parte alta de su bajo vientre, era reconfortante.
-Quiero decir…los nombres…Escogimos Lana cuando estabas embarazada de Henry…- Swan se sentó en la cama, de forma lenta, había acabado de despertarse -¿Aún quieres ese nombre?- soltó un largo bostezo alisándose los cabellos desgreñados
-Oh sí…nuestra Lana…- encontró sus ojos a través del espejo del tocador.
-¿Entonces mi panda será Lana? Porque quiero llamarla por el nombre…- Emma parecía soñar al imaginarse con la hija en brazos
-Creo que debemos esperar…no hemos pensado en otro nombre si es niña…- Regina se levantó y se sentó en el borde de la cama al lado de la esposa
-Yo sé…- la rubia se mordió el labio inferior sonriendo traviesa, sus ojos brillaban.
-¿Cuál?- Regina arqueó una ceja curiosa
-No lo voy a decir…¡Será una sorpresa!- cogió el mentón de la esposa como si fuera a darle un beso, pero la otra desvió
-Ah, Emma…¡Déjate de tonterías!- la morena la empujó fingiendo rabia
-¡No es tontería! ¡Es tradición! Cuando mire su rostrito, diré su nombre, si ella reacciona positivamente, así se llamará…- contó soñadora
-Pero…Y si espero un niño…Nuestra hija se llamará Lana…- afirmó preocupada, ¿y si Emma quería cambiarlo?
-¡He tenido una idea!- la rubia levantó los brazos entusiasmada –Vamos a hacer así, la que nazca primero será la pequeña Lana…Y si das a luz después y es niña…yo elegiré el nombre…- sonrió traviesa
-¿Por qué piensas que tú darás a luz primero?- preguntó desafiante
-No sé…Solo deseo que sea así…- acarició su vientre
-Está bien…Espero que al menos sea un nombre decente…- dijo pensativa
-¡Un nombre digno de fuerza y persuasión!- afirmó convencida
-¿Qué nombre será ese, Dios?- dijo más para ella que para la rubia, sentía recelo -¡Ok! ¡Trato hecho!- concordó con los "términos"
-Deseo que Lana sea mi hija…- sintió una pequeña puntada dentro de sí, aquella "cosita" parecía haberse despertado.
-Lo será, amor…- Regina pasó las manos sobre la saliente barriga de la esposa con cariño, ¡cómo le gustaba sentirla!
-Esperemos, quiero que nazca primero…quiero poder ayudarte cuando llegue el momento…- explicó el verdadero motivo
-¡Estoy segura de que me ayudarás aunque estés con un barrigón!- le tocó la punta de la nariz y sonrió transmitiéndole confianza.
-Sí, lo haré…- soltó un largo suspiro preocupado –Es que….No sé si estoy preparada para verte dar a luz otra vez, sabiendo que mi turno está a punto de llegar…Yo preferiría tenerlo antes…- agachó la cabeza avergonzada, Swan tenía miedo con cada día que pasaba, sabía que lo que vendría era inevitable.
-No te preocupes por eso, mi amor…Estaré a tu lado…- le acarició el rostro blanco, un poco más redondeado que antes –Te daré todo el apoyo y fuerza que necesites…- apartó algunos mechones del rostro de la rubia para besarle los labios rosados con pasión y delicadeza.
-Yo…- Emma cogió aire intentando regular su respiración. ¿Por qué este corazón bobo se empeñaba en acelerarse siempre que Regina le demostraba tal preocupación y comprensión? Aún no sabía la respuesta, quizás muriera sin descubrirla, lo que Regina y ella compartían era algo mágico, incluso después de años juntas –Confío en ti…Y…¡Ay!
-¿Qué ocurre?
-¡Auu! Ella…- puso morritos –ha golpeado muy fuerte…- puso otra mueca de dolor
-Eh, pequeña…- Regina acarició la barriga de la otra con cariño comenzando un diálogo –No le hagas eso a tu mamá…Siente dolor, y no está bien pequeñaja- advirtió e hizo que Emma soltara una carcajada. Mills le lanzó una mirada atravesada como si le dijera "¡no me quite la autoridad, srta. Swan!" claro que la rubia reviró los ojos y esperó a que la morena continuara –Mamá Emma se está esforzando mucho para mantener una dieta saludable…por ti. ¿Puedes creerlo? He intentando durante años hacer que esta rubia testaruda comiera correctamente, y mira. Te ama tanto que está cumpliendo con nuestro trato de forma correcta…¿Ves? Has hecho que se produzca un milagro, pequeña panda…- sonrió emocionada cuando finalizó la conversación. Emma miraba a la esposa con adoración, nunca imaginó lo bueno que sería ser mimada por la morena -¡Estoy muy orgullosa de ti, Em! Tú…- su frase fue interrumpida por el sonido del móvil -¿Mi madre?- dijo extrañada al ver el nombre en la pantalla, Cora no llamaba con frecuencia, aunque estuvieran muy bien en su relación de madre e hija, solo daba noticias cuando era necesario, sabía que la madre estaba en México con la hermana, así que más extraña le pareció la llamada -¿Habrá pasado algo?- miró a la esposa con expresión preocupada mientras deslizaba el dedo para atender la llamada –Buenos días mamá. ¿Está todo bien?
No hubo respuesta, Regina escuchó a su madre sorber, ¿estaría llorando…?
-¿Mamá? ¿Qué ocurre?- preguntó nerviosa, su corazón ya estaba acelerado.
-Ella se fue…- las palabras salieron en un hilo de voz, pero Regina entendió. Sus ojos se llenaron de lágrimas de inmediato, Emma al ver la expresión triste de su esposa, le tocó el hombro para enseguida acariciarle la espalda. Regina no conocía a la tía, no tuvo esa oportunidad, pero podía imaginar el sufrimiento de la madre, que automáticamente se reflejaba en ella.
Cora no necesitó decir nada más, también lloraba al otro lado del teléfono. Regina, prontamente, dijo que volarían a México para estar con la madre, pero Cora lo rechazó, dijo que las dos no tenían que viajar por ella, la señora Mills se preocupaba por el bienestar de los nietos, además Henry no podía quedarse solo y perder clases, Regina se quejó, pero al final la última palabra la tuvo su madre que la tranquilizó diciéndole que no estaría sola, que tenía a alguien para darle todo el apoyo y organizar las cosas de la cremación.
Ciudad de México
Ya habían pasado dos días desde el fallecimiento de Ruth, Malévola había partido de Nueva York para estar al lado de Cora en su tierra natal hasta que su pequeña sobrina pudiera abandonar la incubadora y tener el alta.
El viento castigaba los cabellos que volaban sobre los rostros frente al muelle, el mar parecía estar revuelto, sin embargo el sol parecía sonreír y el cielo estaba despejado, aquella tarde reflejaba el interior de Cora, que, a pesar de la tristeza, estaba tranquila. Cuidaría de su sobrina como no había tenido oportunidad de cuidar de sus hermanos, cuidaría de aquella pequeña vida como no había cuidado de Zelena o de Regina. Una segunda oportunidad, la vida le estaba ofreciendo una nueva oportunidad de redención a Cora, no la desperdiciaría. No esta vez.
-Estoy segura de que Ruth está en un lugar mejor…- Mal abrazó a Cora por detrás apoyando su mentón en el hombro de la más vieja. Cora había acabado de tirar las cenizas de la hermana a las aguas saladas de la playa.
-Al menos ahora…puede conocer la inmensidad del mar…- secó una testaruda lágrima.
-Tengo la certeza de que estos rayos de sol reflejan el orgullo que siente hacia ti en este momento…- Mal giró a Cora hacia ella, sonriendo, agarró su rostro con ambas manos –Este viento refleja su soplo de alivio…ella está en paz…- susurró enjugando una nueva lágrima del rostro de Cora.
-Tú has sido mi oasis en medio del desierto, Mal…- le besó la palma de la mano –Yo realmente no sé cómo darte las gracias, solo Dios sabe lo entera que me siento después de la devastación…Me siento viva…Y…nunca me he sentido así antes…- confesó con los ojos húmedos.
-Pues créelo tú…¡nunca me he sentido tan viva tampoco!- abrazó a Cora con delicadeza, un abrazo apretado, cargado de sentimiento y pasión.
-Gracias por amarme…- pegó sus cabezas
-¿Dejaría de amar yo a alguien como tú? No debes darme las gracias por eso…- tocó la barbilla mirando los ojos color almendra –Mi corazón es tuyo desde el primer beso…me robaste el juicio…- le dio un rápido piquito
-No sé qué viste en mí, sra. Smith…- se mordió el labio inferior esperando una respuesta a pesar de no haber hecho una pregunta.
-Una mujer conflictiva, triste, llena de rencor, quizás…arrepentida…- sonrió de lado al recordar a Cora cuando la vio por primera vez –Una mujer que, a pesar de la edad, no conocía el significado del amor…Deseé enseñártelo en cuanto mis ojos se encontraron con los tuyos en aquella boda…Me sentí desafiada por tu imponencia y arrogancia, ese aire de superioridad…dueña del mundo…- distribuyó piquitos por el rostro de la más vieja, parecía querer sanar cualquier dolor.
-¿Aún soy un desafío, sra. Smith?- arqueó una ceja
-Bueno…Tendremos un largo desafío de ahora en adelante…Un bebé es un gran responsabilidad…- encaró a Cora seria, a pesar de no haber tocado el tema, la camarera conocía bien lo que pasaba por el corazón de su amada.
-¿T…tú…?
-Seremos una familia, Cora…Juntas criaremos a tu sobrina…¿Acaso lo has dudado?- le tocó el mentón
-Jamás te pediría tal cosa…¡No tienes esa obligación! Yo pued…
-¡Shhh! Te amo, Cora…y deseo pasar el resto de mis días a tu lado. Y eso incluye estar contigo en cualquier decisión que tomes…- reafirmó mirando profundamente los ojos de la otra, sabía que la señora Mills no dejaría a la bebé sola.
Cora no pudo contener las lágrimas emocionadas tras aquella declaración, los días habían sido difíciles, pero con Mal allí todo era soportable, cualquier dolor podía ser sanado.
Las semanas que siguieron fueron tranquilas, la sobrina de Cora se recuperaba de prisa y pronto sería dada de alta. Los papeles de la adopción estaban casi listos, se respetaría el lugar de nacimiento de la pequeña y la memoria de su fallecida madre.
Regina y Emma estaban en el séptimo mes, era mediados de septiembre, aquella estación anaranjada derramaba belleza, había follaje por todas partes, las calzadas estaban cubiertas de hojas, dando color al ambiente y trayendo la suavidad del débil sol de aquella tarde de lunes. Ellas estaban sentadas, apoyadas en un árbol, observando a Henry correr cerca del lago haciendo volar una cometa. Central Park estaba lleno de familias paseando y conversando, con ellas no era diferente, pues necesitan ese tiempo juntos, Emma y Henry habían conseguido convencer a la morena para que se cogiera el día libre.
Regina se acariciaba calmadamente la barriga, respiraba e inspiraba con los ojos cerrados para aplacar aquella agitación en su útero, podía sentir el aroma de los árboles y escuchar el canturreo de los pájaros en las ramas, podía escuchar los pies del hijo sobre el terreno de arena y piedra un poco más apartado de donde estaban, donde solo había césped blando y un mantel extendido en el suelo. Emma, por otro lado, observaba cada gesto de la esposa, se deleitaba con la visión de Regina relajada apreciando el ambiente a su alrededor, recordó el motivo que las había llevado ahí
-Vamos, Re…solo una mordidita de nada…- insistió melindrosa señalando el chocolate que acababa de comprar
-¡Sabes que eso no está incluido en nuestra dieta!- le reprendió señalando con mirada seria la barra
-¡Lo leí en Internet! ¡Quieres saberlo! ¿No quieres tanto como yo?- apeló al punto flaco de la morena, ella suspiró revirando los ojos
-¡Eso no garantiza que descubramos el sexo del bebé hoy!- Regina fue realista
-Amor…¡tienes todo para que salga bien!- comenzó una explicación sobre todo lo que había leído en Internet, colocó todo en práctica. Temprano por la mañana, trató de despertar a la esposa con caricias nada convencionales y evidentemente eso las llevó a un placentero sexo matinal antes incluso de que el despertador sonara -¿Me vas a decir que ella no está agitada?- preguntó traviesa, Emma decía "ella" con tal convicción que Regina estaba empezando a acostumbrarse a la idea de que era otra niña.
-¡Sí, srta. Insistencia Swan! "Ella" se está moviendo bastante hoy…- afirmó contrariada -¡Dame eso!- cogió el chocolate de la mano de a rubia y mordió con cierto desespero, masticó y tragó ansiosa para enseguida soltar "hmmmm", lamiéndose satisfecha los labios.
-Pensé que no querías, madame Mills…no forma parte de nuestra dieta!- imitó la voz de la esposa con sarcasmo
-¡Callada, Swan! ¡Lo he hecho por ti!- sacó un pañuelo del bolso para limpiarse los labios.
-Uhum…ya…- Emma reviró los ojos fingiendo creerla. Regina iba a contestarle, pero fue interrumpida por la voz del obstetra que las llamaba.
Todo estaba yendo bien con la gestación de las dos, los bebés estaban saludables y con un desarrollo adecuado. Emma aún estaba por encima del peso conveniente, pero había ganado menos aquel mes, lo que le valió un elogio por parte de la morena y una mueca de la rubia.
Otra vez el médico informó de que no había podido ver el sexo del bebé de Regina, ella lo consideró extraño ya que sentía en su interior una agitación que podría compararse a una fiesta, llegó a pensar que Whale ya no era apto para aquella función. Se limpió el gel frustrada y miró a la esposa con mirada inquietante, Swan parecía demasiado calmada, justo ella que estaba ansiosa por descubrir si era niño o niña.
El día transcurrió tranquilo. Emma llevaba plasmada una sonrisa encantadora, sus ojos brillaban como si supiera algo my bueno, algo que la morena ciertamente desconocía. A Regina le extrañó tal humor, llegó a la conclusión de que serían las hormonas, ya que cada mes cambiaban sus rutinas, pero decidió disfrutar del estado de su esposa, cosa que las había llevado a hacer un pic-nic en el parque en pleno lunes.
Emma hurgaba en la cesta buscando algo que no estaba allí.
-¿Pero qué?- preguntó para sí mientras colocaba las frutas encima del mantel.
-¿Em…? ¿Qué buscas? ¡Tus nueces están en el coche!- Regina tocó la espalda de la rubia creyendo que buscaba tal alimento.
-¡Ah! ¿Cómo he podido olvidarme? ¡Qué cabeza la mía…! ¡Ya vengo!- disimuló sobre lo que realmente estaba buscando, aquello era una sorpresa para Regina. Intentó levantarse, pero sin éxito, su barriga le dificultaba el movimiento -¡Arrrr! ¡No puedo levantarme!- resopló nerviosa, Regina dejó escapar una pequeña risita que enseguida escondió en cuanto Emma la fusiló con la mirada.
-¡Espera ma!- Henry amarró la cometa en una rama y corrió en dirección de la rubia -¡Yo te ayudo!- el pequeño se acercó entusiasmado, amaba sentirse útil y ayudar a sus madres era un pasatiempo para él.
-¡Gracias chico! Si no fuera por ti estaría encallada como una ballena fuera del agua!- le dio las gracias al hijo en cuanto se hubo levantado con su pequeña ayuda –Porque tu madre…- le lanzó una mirada de reprensión –¡sinceramente ya ha sido más atenta!- se quejó
-¡Em! No digas eso…quería ayudarte, sin embargo parece que estoy en las mismas situaciones que tú, cosa que me imposibilita levantarme con facilidad…Es más…¡La próxima vez traeremos dos sillas de playa!- hizo una nota mental.
-¿Quieres que te ayude, mamá Regi?- el pequeño se presentó voluntario
-No será necesario, querido…- sonrió al hijo –Solo a tu madre Emma que quiere coger el paquete de nueces del coche…¡Ve a ayudarla!- le guiñó un ojo en señal de confianza
-¡Es para ya mamá!- salió corriendo hacia el coche
-¡No corras Henry!- advirtió Regina, sin embargo, el niño ya estaba lejos. Emma se quedó admirando al hijo por algunos segundos, atónita, Henry era sin duda el mejor hijo del mundo -¡Emma! ¡Despierta y ve tras nuestro hijo!- le hizo una seña con la mano
-¡Voy, voy!- dio dos pasos y se paró a mirar a la esposa -¿Ya te has dado cuenta de cómo corre ese niño? ¡Cielos! ¿Cómo tendré capacidad para jugar con TRES?- se rascó la cabeza pensativa
-¡Ve Swan! ¡Henry!- la reprendió una vez más. Emma resopló mientras caminaba con las piernas abiertas arrastrando los pies. Regina no pudo aguantar la risa ante tal escena –Y amor…¡Has pasado de cisne a pato! Caminas como uno…- rió sola mientras abría el libro en la página que estaba leyendo.
Algunos minutos pasaron y Regina miró por encima de las gafas las figuras de su esposa e hijo caminando hacia ella, charlaban alegres y en cierto momento Emma hizo un gesto como si pidiera a Henry que callase algo, la morena sintió curiosidad con aquello, en el fondo sentía unos ligeros celos de la complicidad que ellos tenían como madre e hijo, a veces incluso más que con ella misma, ¿sería por ser tan rígida? Swan parecía una niña la mayor parte del tiempo, era comprensible la cercanía entre ellos.
-¡Hemos vuelto mamá!- Henry fue a abrazar a la morena dando saltitos, en seguida se sentó en el suelo, cruzando las piernas y acariciando la barriga de la madre. Los ojos de él brillaban en un castaño intenso, por algún motivo parecía más que feliz.
-Lo veo, mi pequeño príncipe…- agarró sus manitas sobre su vientre -¿Fuisteis a plantar las semillas de las nueces? Porque…¡Mirad! Casi os perdéis el comienzo de la puesta de sol- señaló hacia el lago donde ahora se reflejaba el sol.
-¡Oh! ¡Se ha movido, mamá! ¡Aquí!- Henry desorbitó los ojos y abrió la boca en una "O", entusiasmado
-Oh, sí, querido…- Regina llevó sus manos junto con las del pequeño a la zona donde el bebé se movía –Ahora está aquí…
-¿Duele, mamá? ¡Es tan extraño!- preguntó curioso
-No duele mi amor…- le besó las manos
-¡Ah, sí duele!- Emma protestó
-¡Emma!- lanzó una mirada enfadada, no quería asustar al hijo –No es así, mi pequeño…- pasó una de las manos por la cara del pequeño
-¿Y cómo es entonces, mamá?- los ojos brillaban ante la expectativa de la respuesta
-Es bueno…y…extraño al mismo tiempo…No sé cómo explicarlo…- dijo la verdad, aquello era mágico
-¡Hum!, Mamá, ¿cómo hacen bebés los chicos? ¿Por dónde mete el médico la semillita?- preguntó pensativo, en su cabeza aquello no era posible, ya que nunca había visto a un hombre "embarazado"
-Er…- Regina se quedó sin habla, ¿qué responder ahora?
-La semilla que el médico pone en las mamás viene de un hombre…- Swan explicó con recelo. ¿Y si Henry preguntaba sobre el padre? Aquello es lo que temía.
-¿Cómo es eso, mamá Em?- se rascó la cabeza sin entender, aquello era demasiado complejo.
-Bueno…Err…Todo hombre lleva esa semilla…- explicó incómoda. Rezaba para que no vinieran más preguntas.
-¿Yo tengo semilla, mamá?- dijo -¿Tengo que ser médico para ponerla en una mujer?- dijo sorprendido
-¡Oh cielos!- Regina se tapó el rostro con vergüenza.
-Chico…Vamos a dejar esta conversación para otro momento…¿Qué tal si le damos la sorpresa a mamá Regi?- Emma cambió de tema rápidamente, la morena respiró aliviada.
-¡Guayyy! ¡Mama Regi, cierra los ojitos! ¡No puedes mirar!- alzó sus manos para taparle los ojos a la morena
-¿Sorpresa? Pero…¿qué sorpresa?- alzó una ceja, curiosa
-Si te lo dijera no sería una sorpresa, ¿no, amor? ¡Cierra los ojos!- ordenó la rubia
-¿Am? ¿Por qué? ¿Qué estáis tramando?- desconfió, no le gustaba perder el control de la situación
-¡Cierra los ojitos, mamá! ¡No vale espiar!- Henry ordenó en tono severo, lo que hizo que las dos mujeres soltaran una carcajada, ¡tenía a quien salir!
-¡Muy bien chico!- Swan tocó el hombro del hijo en gesto alentador
-¿Em?- Mills abrió un ojo
-¡No espíes mamáaaaaaaaa!- Henry cruzó los bracitos enfadado -¡Vas a estropear todo! ¡Jo!- le guiñó un ojo a la madre rubia que sacó de dentro de la bolsa unos zapatitos.
-¡Ok! ¡Pase lo que pase…no abriré los ojos!- se dio por vencida
En seguida Regina notó las pequeñas manitas del hijo levantando su camisa, sintió unas enormes ganas de preguntar qué estaba pasando, pero se contuvo.
-Puedes abrirlos, amor…- Emma estaba arrodillada al lado de la esposa con una enorme sonrisa, ella y Henry esperaban la reacción de la morena con ansias.
Regina abrió los ojos lentamente tocándose la barriga y allí había un par de zapatitos rosa, sonrió emocionada al darse cuenta de lo que se trataba la tal sorpresa, sus ojos se inundaron de lágrimas y la sonrisa en sus labios denunciaba la inmensa alegría que sentía en esos momentos.
-¿Es…niña?- agarró los zapatitos con toda la delicadeza del mundo, como si aquello fuera su bien más preciado.
-¡Sí mamá! ¡Tendré dos hermanitas!- afirmó Henry entusiasmado
-Yo…yo…no sé qué decir…Esto…¿Cómo lo sabes, Em?- estaba aturdida
-Aquí está el resultado de la ecografía, amor…- le entregó el sobre a la morena –Le pedí al dr. Whale que no te lo contara…- sonrió traviesa mordiéndose el labio inferior
-T…tú…¡eres de lo que no hay srta. Swan!- le dio un golpe en el hombro
-Tengo mis trucos…- dijo convencida
-Yo…Er…Digo…Estoy tan feliz…- tocó su barriga –Mi princesita…- secó las lágrimas
-¡Ahora nuestra familia está completa, mamás!- Henry se sentó entre sus madres tocando alegremente sus barrigas.
El sol se puso lentamente y con el final de la tarde, los tres decidieron cenar fuera, por ser más precisos, Henry insistió en que fueran a Granny's, sabía que a aquella hora de la noche Hércules estaba allí ayudando a las madres.
-¡Hey, Herc!- Henry se sentó en uno de los taburetes de la barra mientras sus madres entraban dadas de la mano
-¡HENRY!- el hijo de Ruby y Lily rodeó la barra para abrazar al amigo.
-¡Miren quienes han decidido dejarse caer por aquí!- Ruby aplaudió a las dos irónicamente -¿Os habéis acordado de que existo, verdad?- se quitó el delantal para abrazarlas.
-¡Oh Rubs! ¿Sabes que estamos que no paramos, no?- Emma señaló las dos grandes barrigas
-Ya lo sé, sí…es más lo sé por mi hijo…porque si dependiera de vosotras…- reviró los ojos fingiendo rencor
-¡Ven acá Rubs!- Emma atrajo a la amiga a un apretado abrazo –vives en mi corazón, ¿ok?- afirmó -¿Dónde está Lily?- barrió el local buscando a la morena. Regina ya estaba en la barra escogiendo los pedidos, era más seguro si lo hacía ella, así ni Emma ni Henry huirían de la comida saludable.
-Lily fue a comprobar el stock, dentro de poco aparecerá. ¿Cómo estáis?- la camarera acarició el vientre de la rubia
-Estamos muy bien, confieso que nerviosa por ver la carita de nuestras pequeñas- la rubia dio una sonrisa bobalicona. Regina observó aquella escena y también sonrió, también compartía ese deseo.
-¡Espera! ¿También es niña, Regina? ¿Dos niñitas?- Ruby abrazó a las dos al mismo tiempo, toda entusiasmada –Bueno, ¿qué vais a querer hoy? ¡Os merecéis lo mejor de este sitio!- cogió el bloc y el bolígrafo.
-Yo deseo desde el fondo de mi corazón una ración de papas y una hamburguesa lo más llena posi…- Emma fue interrumpida por Regina, que ya tenía aquella mirada fulminante
-Dos sándwiches naturales y jugos, Ruby- dijo con aire algo sombrío, causando cierto miedo en la rubia que se encogió de hombros haciendo reír a la camarera
-Ok, chicas. Dentro de un momento vuelvo con la comida- dijo caminando hacia la cocina
-Emma, sabes que no puedes estar comiendo esas porquerías
-Lo sé, amor, pero lo deseo. Quiero mucho, mucho de verdad- puso cara del gato con botas
-¡Ya he dicho que no, srta. Swan!- respondió irreductible. Emma suspiró frustrada acariciándose la barriga y lamiéndose los labios
En una mesa apartada, Henry conversaba con Hércules, animado sobre los nuevos lanzamientos de HQ de Superman. Regina les echaba un ojo, hacía un tiempo que había reparado en la manera de actuar de los chicos.
-Hey, amor, ¿qué ocurre?- Emma preguntó mirando en la misma dirección que la morena
-No es nada, Em. Solo que observo a Henry…amor, ¿no crees que nuestro hijo está actuando algo…extraño?
-¿Extraño? ¿Cómo, amor? Henry está como siempre…quiero decir…Ha mejorado mucho desde que hablamos con su profesora..
-¿No crees que mira de forma diferente a Hércules?
-No, amor, siempre han sido amigos, debe ser cosa de tu cabeza- se encogió de hombros
-Hum…no sé…- Regina dijo algo confusa. Nunca había visto al hijo mirar a alguien de aquella manera, "a no ser a la profesora de primaria", pensó. ¿Aquello se parecía a la pasión? No. ¡Henry era solo un niño! ¿Pero…? Los niños también se apasionan.
En seguida Lily llegó con la comida arrancando a Regina de sus inciertas deducciones.
-Hola Ems, hola Regina, ¿cómo estáis?- dijo colocando los platos frente a ellas
-Bien, y hambrientas. Solo con mirar a estos sándwiches naturales quedo decepcionada- la rubia dijo con mirada triste, lo que hizo que Lily riera y Regina revira los ojos con aquella exageración.
-¡Hola Lily! ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Claro…- Lily se sentó frente a ellas poniendo los codos en la mesa –Dime…
-Tú…mira a aquellos dos…¿Has percibido algo extraño?- Regina señaló la mesa donde estaban Henry y Hércules conversando alegres sobre tebeos
-Sí, algunas veces los he visto dados de la mano…Muy cercanos…No es que lo vea mal, sé que ellos se quieren y son solo niños inocentes, quizás la malicia esté en mi mente, porque ya hablé con Ruby, pero ella parece estar cegada, y no se da cuenta…- reviró los ojos
-Creo que se bien lo que estás pasando…- la morena le lanzó una mirada a la rubia, como si dijera "Esa persona cegata esta a mi lado", aún así Emma no se dio cuenta de nada.
-¿Qué pasa?- dijo Swan con la boca llena y sin entender absolutamente nada. Lily y Regina se echaron a reír.
-Nada, mi amor, continúa comiendo- Regina dijo intentando contener la risa
Continuaron conversando y comiendo en aquel clima relajado. Henry y Hércules se sentaron en la mesa con ellas y compartieron el postre hecho de frutas.
-Vamos, amor, mis pies están hinchados y quiero mi cama- dijo Emma haciendo una mueca al poner los pies en el suelo.
-Oh sí…yo también estoy exhausta…Vamos-miró a las dueñas de la cafetería –Ciao, Lily, ciao Ruby. ¡La cena estaba divina!- guiñó en señal de agradecimiento avanzando hacia la puerta.
-Venga chico- Emma llamó. El muchacho caminó hacia la puerta con ellas, pero escuchó una voz infantil llamarlo.
-¡Hey, Henry!
-¿Hum…?- él miró hacia atrás, en seguida Hércules le dio un piquito de despedida
-Hasta mañana Henry- Herc corrió hacia la cocina, desapareciendo de la vista de ellas, dejando al chico rojo y a Emma y Regina boquiabiertas.
-¿Pe…pero qué…?- Regina pareció despertar del susto tras algunos segundos. Henry ya estaba en el coche.
-¡Shhh! Finge que no has visto nada, después hablamos con Henry sobre eso…- Emma intentó disimular escondiendo su propia sorpresa –Fue una despedida inocente, cosa de niños a esta edad…- explicó acariciando la espalda de la esposa
-¡Henry tiene SEIS años, Emma! ¡SEIS!- los ojos de la morena se llenaron de lágrimas, se sentía desesperada, perdiendo el rumbo. ¿Cuándo su príncipe dejó de ser un bebé?
-Sí, cariño…Lo sé…Pero no tienes por qué poner esa cara de espanto…Le explicaremos algunas cosas a nuestro hijo cuando lleguemos a casa- acarició el rostro preocupado de la morena –¡ahora deshaz esos morros y dame un beso!- reivindicó los labios carnosos para ella.
POV Regina
Me levanté más temprano de lo normal. Emma dormía calmadamente a mi lado, estaba echada de lado y con una expresión serena. La noche se pasó tranquila, la temperatura era amena en aquella hora de la mañana, lo que contribuía a que nuestras princesas estuvieran menos agitadas.
Di una sonrisa boba al acordarme de cómo Emma tenía el don de calmarme. Supo darle la vuelta al "beso" de Henry con maestría. Reí por dentro por ser una madre tan posesiva. Me senté en la cama y coloqué mejor las almohadas para apoyar la espalda, y deposité un beso casto en los labios de mi rubia, sentí que se movía perezosamente. Emma estaba radiante aquella mañana, ¡no es que nunca lo estuviera! Todo lo contrario, Emma poseía una sonrisa de sol, tan pura y peculiar…Una mirada cautivadora e infantil, me arriesgaría a decir que inocente si no la conociera bien…Estaba hermosa con aquel camisón blanco de fino encaje que quise comparar para su comodidad, una embarazada necesita todos los cuidados posibles, aún más si esa barriguita es mía.
Sonreí otra vez con mis locos pensamientos. "Mi patita" ¡Ah, sí! Porque…cisne ya no pegaba, al menos de momento.
Admiro a mi mujer, la admiro todos los días y hoy puedo decir que la admiro aún más, sobre todo después de su decisión de engendrar a nuestro bebé. Saber que se está embarazada es descubrirse a una misma, es aprender nuevas emociones y sentidos, es volverse abierta para compartir tu vida con alguien más y ser el reflejo en la vida de otro. Es permitirse nuevos desafíos y muchas veces desistir de ciertas cosas. Cuando se descubre un embarazo, descubres un amor nuevo y las proporciones son liberadas según las etapas de esa fase, la sensación de descubrir quién es ese bebecito que existe dentro de ti es una de ellas, no importa cuántos embarazos se tenga, ese descubrimiento es especial y único. Ahora nosotras lo sabíamos, dos princesas, yo me sentía flotar, -no por el hecho de estar hecha un bola, porque…definitivamente lo estoy-sino feliz a niveles exorbitantes, compartir una gestación con Emma era increíble, nos entendemos en todos los aspectos y nuestras pequeñas parecían conectadas de alguna forma, parecía algo mágico. Cuando Emma quiso ser la donante de los óvulos, me sorprendí y quedé inmensamente feliz con la petición, ella quería ser la madre biológica de nuestro próximo hijo. Ah…Mi Em quería tanto una niña que fuimos premiadas con dos.
Acaricié mi barriga para después repetir el gesto en la de mi esposa. Sabía que ella estaba despertándose, su respiración cambió en cuanto toqué su vientre.
Yo estaba feliz y también algo melancólica, quizás por la reciente muerte de mi tía que no tuve la oportunidad de conocer, o por el simple hecho de no poder darle a Emma todo el cuidado y la atención que me gustaría, solo Dios sabe lo feliz que estoy por estar embarazada y solo Él sabe lo que desearía no estarlo en estos momentos. Sé que si no fuera de esta manera, probablemente ya no podría quedarme embarazada debido a mi edad, aún así de vez en cuando pienso en cómo sería si solo Emma llevara a nuestra hija, yo la mimaría más, la cogería literalmente en mis brazos y le haría el amor de la manera que ella se merece. Me gustaría despertar las maravillosas sensaciones que nuestro cuerpo puede experimentar en esta placentera fase, nuestro cuerpo siente todo con más intensidad, estamos sensibles y las hormonas exhalan por nuestros poros. Deseo enseñarle eso a ella, amarla como nunca la he amado antes, despertar instintos y sensaciones desconocidas.
Decidí levantarme, ya que Emma se quedó dormida otra vez. Comenzar el día con un desayuno especial-y fuera de la dieta saludable- era una óptima manera de comenzar a agradar a mi esposa.
Antes de bajar a la cocina, decidí pasar por el cuarto de Henry. Dormía calmadamente. Acaricié su rostro, recoloqué las sábanas y caminé hacia la cocina.
Opté por preparar un desayuno bien reforzado. Al final, comer cuando se trata de mi rubia…no es solo para dos, sino para un batallón entero "¿No es así, Swan?", pensé y reí mientras disponía la bandeja.
Preparé algunas tortitas y dejé el frasco de miel al lado, también coloqué tostadas con mermelada de fresa, jugo de manzana, café con leche y canela- la canela no puede faltar- galletas con chispitas de chocolate y algunas frutas, como kiwi, uva y fresas frescas. Solo para no perder la costumbre de dieta saludable.
Organicé la bandeja y sonreí satisfecha con mi trabajo. Parecía más un desayuno para Henry, pero Swan era un niña grande, si apareciera con el desayuno saludable de todos los días, seguramente escucharía: "Jo, Regina, esto no es un desayuno para una madre gestante, ¿quieres que la pandita nazca flacucha?" Reí mentalmente al imaginarme su tono de voz irritado.
Cogía la bandeja con aquellas golosinas, coloqué un capullo de rosa amarilla para crear ambiente romántico. Entré en el cuarto con todo el cuidado del mundo- al final cargar una bandeja llena con esta barriga enorme es casi una misión imposible. Dejé nuestra bandeja en la punta de la cama y pude ver que Emma aún dormía. Me acerqué, acariciando sus cabellos y deposité varios besitos en aquella mejilla rosada, tenía la piel tan clara…Pasé la punta de mis dedos con delicadeza sobre su barriga, sentí a nuestra hija moverse y aquello disparó mi corazón, respiré profundamente para tranquilizar aquella agitación. ¿Cómo Emma podía provocarme tantas cosas después de todos estos años? Fui arrancada de mis pensamientos cuando noté que Emma me tocaba la mano.
-Buenos días, dormilona…- besé su mano que agarraba la mía, ella se estiró lentamente
-Hummm…buenos días, amor…- dijo restregándose los ojos. ¡Qué hermoso era verla despertarse! –Tenemos hambre…- se acarició la barriga –La pandita está muy hambrienta- aquella era su frase todas las mañanas desde que supimos que estábamos embarazadas. Reviré los ojos divertida.
-Aham, sí…¡la pandita!- solté una carcajada y finalmente pude contemplar sus ojos verdes -¡La "pandita" tiene suerte hoy!- dije haciendo comillas con los dedos, lo que hizo que me tirara la almohada con mirada indignada. Reí de su exageración y seguí hablando -¿Qué tal si sacias su hambre…?- señalé la bandeja a los pies de la cama. Ella desorbitó los ojos, sorprendida y me regaló aquella sonrisa de sol.
-¿Todo eso es para nosotras?- preguntó desconfiada -¿Y…la dieta?- estrechó los ojos
-Hoy abriré una excepción, srta. Swan…- guiñé cómplice -¡Aprovecha!
-¿Quién soy yo para rechazar una orden tuya…?- mordió el labio inferior y se echó un mechón suelto tras la oreja
Un simple gesto venido de ella era hermoso para mí. Tenía el poder de remover todos mis sentidos. Hice otra leve caricia en su barriga y sentí a nuestra princesita moverse tan perezosamente como su madre, aquello sucedía con cierta frecuencia de unas semanas para acá. ¿Acaso me reconocerá? Pensé "Creo que sí, Regina", me dije a mí misma acercando el desayuno hacia nosotras.
Nos colocamos en la cama para estar más cómodas y comenzar nuestro desayuno. Emma parecía una niña, se ensució toda, comía con el mejor gusto del mundo y con un brillo encantador en los ojos. Se percibía la alegría en sus ojos verdes. ¡Cielos! ¿Acaso he dejado tanto que desear como esposa? Pude percibir que ella no esperaba eso, lo que hizo sentirme aún peor.
-¡Regina! Es el mejor desayuno que he tomado en toda mi vida- dijo limpiándose, o mejor, intentado, la boca.
-Veo que te ha gustado, estás más sucia que Henry cuando come macarrones…- dije depositando un piquito en sus labios
-¡Es porque estaba todo muy bueno!- sonrió con aquel aire inocente intentando quitarse las migajas de las galletas del camisón y del pelo. Hice un esfuerzo gigante para no reírme de aquella situación. La realidad es que amo esas maneras de ser de ella.
-Creo que necesitas un baño, amor…- dije con segundas intenciones –Te preparo la bañera…- lancé una mirada maliciosa, que enseguida mi rubia entendió. Emma era lenta en muchas cosas, sin embargo esa regla no se cumplía cuando el tema era sexo.
Entramos en el baño dadas de la mano-yo quería algo especial, ser romántica, quizás-dejé la bañera llenándose y fui al armario a escoger algunas sales de baño. De vez en cuando espiaba a mi esposa por el rabillo del ojo. Su cuerpo era hermoso, su barriga le daba un encanto especial. ¡Bella! Extremadamente bella…fui arrancada de mis pensamientos por su voz frustrada.
-¡Quitarse la ropa está cada día más difícil!- Em comentó resoplando, llevaba unos minutos intentando quitarse la prenda.
Yo sabía lo que ella estaba pasando, vivíamos la misma situación, así que me coloqué tras ella y la ayudé.
-Yo te ayudo, amor…- dije en tono provocativo y retiré el camisón dejando besos húmedos en sus hombros.
Ahora Emma estaba solo con unas braguitas de algodón fino, sus pechos estaban expuestos y eso provocó que todo mi cuerpo se estremeciera por entero, sentí mi boca salivar ante aquella visión de sus rosados pezones. No me resistí a mis instintos, agarré y apreté aquella grandiosidad suave de forma delicada. Emma dejó escapar un quedo gemido de sorpresa y placer ante mi inesperado toque, causándome una excitación inmediata, tuve que cerrar mis piernas para contener aquel deseo. Al menos, de momento.
-Entra en la bañera, Swan…- mi voz salió en un susurro demasiado bajo, sin embargo ella lo sabía, cuando yo usaba su apellido era una orden y ella prontamente obedeció, como una bella súbdita que era…¡Oh sí! ¡Cómo adoraba dominar en ciertos momentos! Este con toda certeza era uno de esos días.
Mordí el lóbulo de su oreja y besé su cuello dándole leves mordidas y chupadas. Sentí sus pelos ponerse de puntos bajo mis labios en señal claro de que mi excitación era compartida.
Observé a Emma hacer un movimiento lento para quitarse las bragas, era bello verla con dificultades, al menos a mis ojos. Era encantador. En seguida entró en la bañera mirándome de frente, como si dijera: ¿te vas a quedar ahí mirando?
No me contuve. Retiré mi ropa lo más deprisa posible, sentía la mirada de Emma devorarme y aquello me estaba consumiendo por dentro, podía sentir mi vagina palpitar por las ansias de algún alivio. Por más rápida que quisiera ser, no podía debido a mi condición de "gorda", respiré hondo y deslicé mis bragas.
-¡Regina, entra ya en esta bañera! No me tortures de esta manera- Emma me miraba de arriba abajo, no se perdía un movimiento, el deseo era palpable en su mirada de fuego.
Entré en la bañera y me senté de medio lado. Ella me atrajo más cerca con delicadeza debido a nuestras barrigas y selló nuestros labios en un beso ardiente. Yo paseaba las manos por su resbaladizo cuerpo con destreza, conocía sus zonas erógenas preferidas. Yo quería proporcionarle diferentes sensaciones en aquel momento. Percibí que se colocó en la bañera buscando una posición más cómoda. Ya estaba totalmente entregada a mis osadas caricias. Su cuerpo se quedó más recto, dándome una visión privilegiada y perfecta de sus rígidos pezones. Los apreté y ella jadeó en mis labios, mordí su labio inferior con voluptuosidad. Mis latidos ya estaban acelerados.
-Te deseo cada día más, Em-ma…- pronuncié su nombre lentamente, sabía el efecto que causaba en ella cuando la llamaba de aquella manera sensual y provocativa. Me senté en su regazo cuidadosamente, colocando nuestras barrigas de una manera más cómoda. Confieso que el agua estaba ayudando bastante en el proceso, estaba caliente, y nosotras estábamos calientes.
Descendí mi mano derecha hacia la vagina palpitante de mi rubia y comencé a masajear aquella carne suave con dos dedos.
-Tan caliente, tan mojada…tan….buena…- dije besando y mordisqueando su cuello.
La besé con deseo y aumenté la velocidad de los movimientos. Emma gemía en mi boca y apretaba mis pechos con la misma intensidad en que se sentía arder. Prensé su clítoris entre los dedos, colocando una presión mayor en el movimiento y amenacé con penetrar su encharcada hendidura con la punta de mi dedo corazón.
-¡Re…Regina, quiero más! Ne…necesito más…- pidió con voz quebrada y los labios entreabiertos. Yo sabía lo que ella quería, pero no perdería la oportunidad de provocarla, aquello era una de mis perversiones personales. Tener el control de la situación era demasiado excitante. Continué con los movimientos en su clítoris, sin embargo presionando un poco más, sentí su cuerpo contraerse en contacto con el mío y un gemido escapar de sus labios.
"Arr"
-Dime, Emma…dime- hundí mi dedo corazón dentro de ella. Sentí mi propia vagina palpitar ante ese acto, mis paredes internas ansiaban el toque, yo necesitaba ser llenada también -¿Qué quieres…?- gemí la frase en su oído con voz más ronca de lo normal. "Hummm"
Emma agarró mi mano y dijo con voz aún más rota –¡Te quiero a ti dentro de mí, Regina, así!-agarro dos de mis dedos con posesividad, para en seguida enterrarlos dentro de ella con desespero. Gemimos al unísono.
"Amn"
"¡Oh, sí, Emma!"
Comencé los movimientos de vaivén dentro de ella, lentamente, a pesar de toda la excitación de nuestros cuerpos, tenía que ir con calma y cuidada, no estábamos solas…Podía sentir la agitación dentro de mí. Era una mezcla de placer e incomodidad. Extraño, pero placentero.
-Aahh Regi…- el entra y sale de mis dedos tomó proporciones mayores, ahora con un poco más de velocidad y con el pulgar estimulaba el clítoris de mi rubia en movimientos circulares. Sentía su vagina abrazar mis dedos, ella mordía sus labios y se agarraba con firmeza al borde de la bañera, el agua formaba pequeñas ondas denunciando nuestra "agitación"
Cerré mis piernas alrededor de su muslo y embestí de forma corta y rápida: una, dos, tres, cuatro. Ella gimió más alto, arañando mis hombros con fuerza, sentí que quemaban, pero lo ignoré. Continué: cinco, seis, siete, ocho…fue en ese instante en que sentí su cuerpo convulsionar junto al mío como si corrientes eléctricas pasaran entre ellos. Gemí, gemimos juntas, me di cuenta de que el orgasmo me había alcanzado de forma brutal, pues todo mi cuerpo tembló, un placentero estremecimiento me recorrió de los pies a la nuca, disipándose en mi bajo vientre. Noté el cálido líquido resbalar por entre mis dedos a la vez que sentía lo mismo resbalar de dentro de mí. Sus músculos se relajaron. Habíamos alcanzado el clímax.
Nuestras respiraciones estaban descontroladas y nuestras pequeñas agitadas, intentábamos recuperar el aliento a media que nuestros corazones desaceleraban. Emma pasaba las manos por la barriga y yo hacía lo mismo intentando calmar a aquellas "fieras", era una sensación tan placentera. Alivio y placer.
Recosté mi espalda en la bañera, al lado de mi esposa y acaricié su rostro sonrojado. ¿Cómo conseguía estar más hermosa? Pegué nuestras cabezas y toqué su vientre sintiendo aquella pequeña vida moverse. Sonreí emocionada con aquello, no me resistí, reivindiqué sus labios en un casto beso. Cuando el beso cesó, Emma abrió los ojos sonriéndome. Aquello hizo que mi corazón se saltara un latido. Ella parecía tan satisfecha.
-Am…amor, ha sido…- su voz estaba ahogada y su cuerpo aún flojo debido al orgasmo
-Increíble…. –completé sus palabras y le di un apasionado beso a continuación. Aquel sencillo beso encendió todo mi cuerpo por segunda vez, dando señales claras de excitación. Cuando el beso cesó, mordí su labio inferior con lujuria y susurré en su oído en un tono cargado de sensualidad y deseo -¿Qué tal si continuamos en la cama…?
