Aviso: Escenas fuertes a mitad del capítulo. Rating M.

Aprendizaje

Aquel lugar estaba demasiado lleno. ¿Tenía Mérida tantos conocidos? Ese era exactamente el pensamiento de Emma cuando entró en la enorme sala de estar de la casa nueva de la pelirroja y de la oriental. ¿Aquello no era un baby shower? La verdad es que parecía más una fiesta de compromiso. Mulan exhibía el anillo con una sonrisa que podría rasgarle el rostro, todos la saludaban y le daban las felicidades, los más íntimos golpeaban el hombro de la oriental y les decían que ya se le estaba pasando el arroz.

-¡Lily!- Swan divisó a su amiga en una esquina de la sala -¿Qué haces aquí?

-¡Barriguita!- abrazó a la rubia en un gesto caluroso –Ruby y Mulan se conocían desde hace años…- explicó

-Ah, es verdad, lo había olvidado…¿Qué encuentras de todo esto?- hizo un gesto con la mano abarcando todo el local.

-Una exageración sin fin…- susurró al oído de la amiga y estallaron en una carcajada acto seguido.

-¿Cuál es la gracia? ¿Puedo saber?- Regina llegó sonriendo agarrando la mano del hijo.

Ella había saludado a las dueñas de la casa y dejado los regalos a Mérida.

-Hola amor, nada- Emma le dio un piquito a la esposa -¡Hey, hijo! ¿Aún no has encontrado a Herc?- acarició cariñosamente al niño

-No, ma Em, ¿vienes a buscarlo conmigo? ¡Hay una cama elástica en el jardín! ¡Y una piscina de bolas!- contó dando saltitos.

-¡Es verdad, chico! ¡Vi un tobogán gigante afuera, de aquellos hinchables!- dijo entusiasmada agarrando ya las manos del niño caminando hacia la puerta.

-Emma…- Regina la llamó en tono de reprensión –Nuestra hija, amor, cuidado que estamos al final del embarazo, nada de esfuerzo, ¿ok?- pidió suplicante

-Lo sé. No voy a tirarme con él…- reviró los ojos saliendo con el hijo

-No crece…- Lily comentó sonriendo

-No…- Regina suspiró apasionada –Amo esas maneras infantiles, esa petulancia…- se pasaba la mano por la barriga, sus ojos brillaban mientras miraba la figura de la rubia alejarse.

Amaba a Emma con sus cualidades y defectos, no cambiaría aquel espíritu libre y juguetón.

Emma encontró a Ruby y al hijo cerca de los columpios del jardín, Henry enseguida se las apañó parta despistar a las madres e ir al tobogán gigante con Herc. Había muchos niños, probablemente parientes o hijos de los amigos de las dueñas de la casa. Swan le contaba a la amiga de mechas rojas las sensaciones de tener un bebé moviéndose dentro cuando Elsa llegó acompañada de su esposa Ariel.

-¡Wow prima! ¡Qué linda estás, Ems!- abrazó y palpó la barriga de la rubia –Nunca imaginé verte tan…tan…- buscaba la palabra adecuada

-¿Gorda?- Emma miró divertida a la prima

-¡No iba a decir eso, Emma! ¡Estás bellísima!- agarró las manos de la rubia para que diera media vuelta y mirar todo su cuerpo.

-Dices eso porque no has visto a Regina…- Swan sintió sus mejillas sonrojarse, no estaba acostumbrada a ser el centro de atención.

-Ah, ¿competencias de embarazadas por aquí?-Ariel entró en la conversación –¡Mi prima es sin duda la embarazada más hermosa del mundo!- hinchó pecho

-Mira gente, este asunto de vosotras…- Ruby señaló a Mulan y Mérida que se acercaban a ellas –Solo quería resaltar que las embarazadas son extremadamente sensibles a cualquier cosa…

-¿Qué tipo de cosas?- Mérida se paró en el pequeño grupo que se había formado en medio del jardín

-¡Pelirroja!- Ariel abrazó a la prima con un caluroso abrazo

-¡Te he echado de menos rojita!- Mérida saludó a todo el grupo con la cabeza

Ellas conversaron y recuperaron un poco el tiempo que no se veían, resumieron cómo iban sus vidas e tramaron planes futuros. Elsa y Ariel pensaban tener hijos, pero aún no estaban completamente decididas. Ruby y Lily no deseaban otro, Hércules era todo lo que más amaban. A Mulan se le caía la baba con su esposa y Mérida se derretía con los mimos destinados a ella.

Conversación va, conversación viene, Regina se acercó junto con Lily.

-¿Reunión del club de la pelirroja y no me invitan?- fingió desilusión yendo a abrazar a Emma de lado

-Te estaba buscado, Regina, pero Emma me dijo que estabas conversando con Lily…no quise molestar…- Mérida sonrió a la morena

-Sí, Lily y yo tenemos muchos asuntos en común…- ambas miraron a sus esposas, que, por cierto, eran muy parecidas en varios aspectos.

-¡Ahora sí!- Mulan dio una palmada -¿Dónde está el fotógrafo? ¡Quiero sacar una foto de todas nosotras!-la oriental hizo un gesto llamando a un hombre que rápidamente colocó la máquina sacando una foto de todas.

Después llamaron a Henry y Hércules para que se colocara junto a sus madres, y otra foto fue sacada. El fotógrafo, analizando a aquellas familias, reparó en algo curioso.

-¿Puedo sacar una foto de ustedes?- se acercó a Regina

-Oh, sí, claro…- Mills atrajo a su esposa hacia ella ya posando

-La sra. Dunbroch también…Yo…

-¿Am? Pensé que quería una foto nuestra…-Emma juntó las cejas

-Sí, puedo sacar de ustedes dos, pero quiero de las tres, no siempre veo embarazadas tan hermosas y bellezas tan distintas…Rubia, pelirroja y morena…- el profesional sonrió-¡Vengan!

Colocó a las tres cerca de un florido árbol y comenzó a disparar. Salieron en varios posturas, morena, pelirroja y rubia en medio, después se cambiaron, prácticamente un álbum de las tres.

-¡Yuhuuuu!- Ruby aplaudió -¡Lindas! ¡Ya podéis quitaros las ropas!- gritó divertida -¡Voto por la rubia para embarazada más bella!- bromeó

-¡Yo también!- Lily fue con la esposa

-Yo voto por mi pelirroja…- Mulan abrazó a la novia por detrás tocando la barriga

-Yo voy por la pelirroja…- Ariel señaló a la prima

-Disculpa Emma, pero tenías razón, Regina estás hermosa…- dijo Elsa

-¡Ah, lo sabía! ¡Dijiste aquello para agradarme!- Swan rio en el mismo momento en que cogía un tentempié del camarero que estaba sirviendo.

-Tengo que estar de acuerdo, no puedo competir con Regina…- dijo Mérida acariciándose la barriga

-Tengo que estar de acuerdo contigo, cabello de fuego…Mi esposa es la más hermosa…- Emma robó un beso rápido a la morena que sonrió avergonzada a la esposa

-¿Y tú, Regina? ¿Quién es la más hermosa para ti?- Ariel gritó desde la rueda. Al final solo la morena no había dicho nada.

-¿Qué?- desorbitó los ojos

-La pelirroja está bien embarazada, ¿eh? No parece que carga con tres, yo no aguantaría…- Lily comentó al oído de Ruby bebiendo un sorbo de jugo

-¡Ah, pero claro que va a decir que Emma!- afirmó la pelirroja

-Disculpa, Mérida, pero tienes razón- sonrió acariciando el vientre –Debo confesar que estás hermosa embarazada, pero no más que mi esposa…- tocó la barbilla de la rubia y enseguida su barriga –Emma…Estás perfecta así…- miró los ojos verdes y la besó tiernamente. Swan abrió una enorme sonrisa.

-¡Eh,eh! ¿Paramos con este empalago? ¡El azúcar está muy alto!- Ruby palmeó frente al rostro de ellas -¡Vuestro amor es lindo! ¡Todos lo sabemos! ¡Estáis ensombreciendo a la anfitriona de la fiesta!- rió divertida. Las mujeres rieron de las gracias de la sra. Lucas.

-Disculpa Ruby…No puedo evitarlo…- Regina reivindicó los labios de la esposa otra vez.

-¡Misericordia! ¿Qué fuego es ese?- la morena de mechas puso una mueca

-¿Dónde está la Ruby descarada que conocí? ¡Te estás pareciendo a mi suegra!- Mills rió inclinando la cabeza hacia atrás

-¡Mira lo que dices, Regina! ¡Mi madre es un ángel! ¡Es un pecado hablar así de ella!- Emma defendió bromista

-Me gusta tu madre, amor…- tocó las manos de la otra en un gesto cariñoso –¿Ahora podemos ir a casa? ¡Mis pies y mi espalda me están matando! – se tocó la zona poniendo cara de dolor.

-¡Bingo! ¡Has leído mis pensamientos, Regina!- Emma respiró aliviada

Quería marcharse, pero tuvo recelo de hablar y que la morena pensara que era a causa de Mérida. No es que a Emma le importara, en realidad sí, pero sabía mantener los celos, al final, ¿amar no era eso? Saber controlar los sentimientos en pro de algo mayor.

La noche llegó y el cielo se nubló, el frío se intensificaba a medida que el fin de mes de noviembre se acercaba.

Cora y Malévola pasaron aquellos días atareadas, la madre de Regina aprendía y reaprendía los cuidados a un bebé. Desde el regreso de México, ambas mujeres se preocupaban más con el bienestar de la pequeña Ruth, mientras se olvidaban del de ellas. Claro que se amaban y de eso no dudaban, sin embargo echaban de menos el contacto de pareja. Un recién nacido en el hogar consume demasiado el tiempo y Cora Mills era consciente de su "ausencia" para con Mal.

Malévola estaba sentada en la mecedora en el acogedor y rosado cuarto de Ruth, se balanceaba hacia atrás y hacia delante mientras canturreaba una nana. Cora se paró en el umbral de la puerta, encantada con la sutileza de la voz de la otra, no conocía ese lado artístico de Mal. Se emocionó al final de la canción y una lágrima desobediente resbaló por su rostro.

Carraspeó al entrar en el cuarto.

-He traído el biberón…- su voz salió algo fallida debido a la emoción que sentía.

-¡Uff! Se ha dormido- Mal soltó el aire aliviada. La pequeña había tardado en quedarse dormida.

-Hasta yo me dormiría después de escuchar una canción como esa…Tienes una hermosa voz- elogió tocando los hombros de la rubia

-¿Escuchaste?- desorbitó los ojos, sorprendida, sintió sus mejillas sonrojarse

-Sí. Y lo encontré divino. ¿Por qué no me has contado que sabías cantar?- acarició el rostro enrojecido de Mal.

-En realidad no sé, es solo un hobby para matar el tiempo…- respondió. Sentir el toque ligero de la amada en su piel era placentero.

-Debes dejar de hacer esto conmigo, sra. Smith. Te la pasas sorprendiéndome- sonrió depositando un beso leve en los labios de la otra.

En ese momento, la bebé rezongó en los brazos de la rubia.

-Shhh, shhhh pequeña. Está todo bien, hija…Aquí está tu leche…- Mal balanceó a la pequeña y le dio el biberón que enseguida agarró con ahínco –Err, disculpa, yo…- bajó la mirada avergonzada por lo que había dicho.

-No me debes nada, también es tu hija. Si así lo deseas…- Cora miró los ojos azules con una sinceridad que podría tocarse –Nada me haría más feliz que tenerte como madre de ella. Es nuestra hija- tocó la mano de la otra en un gesto de confianza.

-Gracias Cora- sonrió con los ojos llorosos –Siempre he imaginado cómo sería cuando ese día llegara, y de todas las formas que imaginaba, esta nunca se me pasó por la cabeza, convertirme en madre después de los cincuenta es una novedad para mí, por otro lado siento una alegría que no me cabe en el pecho. Hacía mucho que había desistido de ser madre y ahora me veo presa, tan rehén de este amor…- pasó el pulgar por la minúscula mejilla de Ruth –Me has dado más que amor, Cora, me has dado una familia de la que preocuparme. Una familia de verdad…- agarró firmemente la mano izquierda de la más vieja.

-Tú me has proporcionado tal cosa, Mal, no yo…- la besó con cariño –Si hoy poseo una familia de verdad es porque me has amado, me has dado la posibilidad de cambiar y me has mostrado el lado bueno que la vida puede tener, incluso sin lujos. Aprender es algo continúo, por mayores que sean nuestras experiencias, siempre habrá espacio para aprender más, contigo vi un mundo todo nuevo, aprendí a darme valor, a respetarme y darle valor a mi familia. Viví una vida sin amor, rodeada de lujo y riquezas y hoy puedo ver lo tonta que fui, siento vergüenza por no haberme permitido sentir, percibo cuánto tiempo perdí, privándome…No quiero, no deseo perder más tiempo. Ya he perdido demasiado tiempo, demasiados años, de al menos una cosa estoy segura- miró los ojos azules con profundidad –¡Quiero vivir a tu lado hasta el fin de mis días! Pretendía hacer esto de otra manera, una cena elegante, quizás algo más lujoso, algo que ciertamente me hubiera agradado hace años, pero mereces más que eso, mereces sentimiento de verdad y el momento ha venido al pelo: Quédate conmigo el resto de la vida, Mal. ¿Me concedes el honor de ser mi esposa, sra. Smith?


-¿Mamá…?- Henry entró en la sala en cuanto percibió que su madre morena iba a la cocina a preparar la cena, Regina cocinaba con cierta frecuencia desde el descubrimiento de los embarazos, pues Emma siempre se las apañaba para burlar el menú "perfecto", saludable como Mills corregía todas las veces.

-Hola chico…- Emma desvió la mirada de la película que pasaban por la tele para mirar al hijo

-Tenemos que hacer algún tipo de operación…- se detuvo frente a la rubia con mirada esperanzada

-¿Cómo?- no sabía de qué hablaba el hijo

-¡Ya no aguanto comer verduras y cosas a asadas, mamá!- hizo una mueca

-Ni yo, chico…¡Daría mi escarabajo por un hamburguesa de queso y dos donuts de chocolate!- soltó el aire acariciándose la barriga.

-¿Cómo? ¿Has dicho el escarabajo?- el pequeño desorbitó los ojos

-¡Has entendido chico!- tiró del niño para que se sentara a su lado en el sofá, y le despeinó los cabellos en una cariñosa caricia

-¡Sí, sí! Entendí- se libró del apretón de la madre -¡Eso significa que estás desesperada!- sonrió victorioso, conocía a sus madres

-¡Oh, y cómo…!- suspiró pasándose la lengua por los labios

-He tenido una idea, ma…Pero mi mamá Regina no puede saber…- susurró al oído de la rubia

-¡Ok! ¿Cuál es el plan?- Emma conocía a su hijo y sabía que iba a proponerle algo

-¿Vas a estar de acuerdo a la primera, ma?- arqueó la ceja asombrado

-¡Sí, chico! ¡Necesito esa hamburguesa y esos donuts!- podía sentir la boca hacerse agua y su bebé agitarse ante el antojo.

-¡Bien! Entonces, ¿esto será una operación?- Henry se entusiasmó, tenía aquella manía de ponerle nombres a sus rocambolescos planes, debía ser divertido para él.

-¿Operación hamburguesa con queso?- Swan entró en la broma con una sugerencia -¡No!- cambió de idea -¡Operación donut!- estalló los dedos con expresión pensativa

-¡No, mamáaa! Así queda muy obvio…¿Ya pensaste si mamá Regina lo escucha? ¡Obvio que ella lo descubre!- dijo de forma inteligente agarrando el rostro de la madre con dos manitas.

-Está bien, chico…¡Puedes darle el nombre que quieras! ¿Cuál es el plan?- preguntó ya impaciente –Quiero algo grasiento para ayer

-¿Qué tal…operación X-burguer?- sonrió con las mejillas sonrojadas, formándosele pequeños hoyuelos, su sonrisa se hacía más linda, Emma se quedó admirándolo

-Algo "obvio", ¿no?- intentó imitar la voz del hijo, Emma se preguntaba cómo el aprendía aquellas palabras

-¡Ya ma Em! Mira…¡Tenemos que pensar en otro nombre, no puede ser el verdadero significado! ¿Comprendiste?- dijo creído considerándose un genio, Swan solo rió moviendo la cabeza de un lado a otro

-Está bien para mí…¿En qué has pensado?- dejó la historia del nombre para después, aquello poco le importaba, quería ya los caprichos.

-Pedirle a Hércules que las lleve a la escuela…- estalló los dedos

-Hummm Hércules…Tú y Hércules…- pensó en la conversación que debía tener con el hijo, pero lo estaba dejando pasar -¿Cómo lo llevaría?

-Le digo que le diga a sus madres que va a haber una fiesta sorpresa en la escuela para un compañero de clase

-¡Hummm, no está mal hijo! Pero tenemos que dejar esto más creíble. ¡Ya sé! Le dirás que le diga a Ruby que la profesora pidió para que cada alumno lleve varias cosas de comer.

-¡Yeah!- levantó los brazos celebrando –¡Mañana tendremos caramelos, chocolates, hamburguesas y papas fritas en nuestras manos!

-¡Oh, sí, chico! Pero no te olvides de mis donuts- recordó –Ya sueño con el día de mañana- se pasó la mano por la barriga lamiéndose los labios.

-¡No te preocupes, ma Em! ¡Voy a salvar nuestra vida!- batió en la mano de la rubia.

-Nuestras vidas, Henry…¿Y de qué necesitan ser salvadas?- Regina entró en la sala al terminar la cena.

-Err…-el pequeño desorbitó los ojos, asustado, ¿y si la madre había escuchado el plan?

-Es sobre un juego, amor, nada que valga la pena saber…¿No es verdad, chico?- le guiñó un ojo en gesto cómplice

-¡Claro mamá! ¿Podemos jugar después de cenar?- aprovechó la situación para intentar convencer a la madre morena de dejarlo jugar antes de dormir. Cosa en que la morena no abría la mano.

-Hoy no, Henry, después de cenar nos vamos a dormir, mañana tienes clase…- respondió como de costumbre

Aun así se permitió admirar a su familia, Henry y Emma eran, con toda certeza, las personas más importantes en su vida, aunque ahora tenía dos vidas en camino y el amor que sentía dentro de ella ya era equivalente al amor que sentía por los dos.


-¿Me estás pidiendo en matrimonio?- Malévola no conseguía creer en las palabras proferidas por la más vieja.

Quería, deseaba más que una relación estable, sin embargo no esperaba tal actitud, ni siquiera se le había pasado por la cabeza aquel pedido y jamás imaginó que fuera Cora quien lo haría.

-Bueno, creo que sí…- Mills se rascó la nuca, avergonzada. Aquel era un gran paso. Quizás su decisión más importante en años.

-¿Cora Mills está dispuesta a casarse? ¿Casarse con una camare…?

-Shh- silenció a la camarera con el dedo índice –Si hay algo que he tardado en aprender, ya hoy lo he aprendido…Eso no importa, eres la persona que he escogido para amar. ¿Qué me dices?- miró con esperanza

-Sí…- su respuesta fue rápida y corta, sin embargo aquellas dos letras tenían un poder grandioso.

Los corazones acelerados en ambos pechos, sonrisas formándose que expandían la alegría que sentían en sus rostros. Un toque en el mentón. Un beso tierno y cariñoso. Un llanto estridente en sus oídos.

La pequeña Ruth se agitó en los brazos de la rubia, quizás por la fuerte lluvia que había comenzado a caer fuera.

-Bueno, en otros tiempos te besaría y te arrancaría la ropa inmediatamente, pero…-apoyó la pequeña en su hombro

-…tenemos a esta pequeña…- tocó su nariz, estaba más calmada, parecía tener sueño, pues soltó un largo bostezo –Vamos a aprovechar esta lluvia para irnos a dormir las tres…-propuso

-Hum…Nada mejor que dormir en los brazos de quien se ama…- Mal se levantó pasando la pequeña a los brazos de Cora.

El día amaneció frío, el viento castigaba los árboles afuera, las hojas más resistentes terminaron de llenar el suelo mojado denunciando la eminente llegada del invierno.

Ruth estaba en la cuna desde la madrugada. Cora dormía serena sobre el pecho de Mal, ella velaba su sueño enrollando algunas mechas en su dedo índice.

Pensaba y recordaba el inusitado pedido de la noche anterior, sonreía como una adolescente antes de probar su primer beso.

-Hum, sabes lo que sucede cuando acaricias mi pelo de esa manera…- Mills dijo con voz de sueño

-Quizás lo sepa…Quizás sea exactamente lo que busco…- Mal besó los olorosos cabellos, en seguida depositó un largo beso mojado en la nuca de la otra.

Aquel mínimo gesto despertó un gran estremecimiento en el cuerpo de Cora que, de inmediato, apretó los ojos, suspirando.

-Ah, sra. Smith…- abrió los ojos para mirar aquella inmensidad azul, los suyos ya estaban oscuros de deseo.

Nada más fue proferido por los labios de Cora, esta avanzó sobre el cuerpo de Mal con posesión, deseo, dominación, como si reivindicase lo que era suyo por derecho.

Malévola no tendría oportunidad en aquella lucha, sabía que tarde o temprano Cora cambiaría las posiciones, Mal nunca se dejó engañar, conocía y sabía interpretarla como nadie, si un día dominó fue porque Mills así lo quiso.

Un beso hambriento robaba el aliento de la rubia, intentó, intentó luchar por dominar, pero aquella pelea de dientes y lengua era feroz. Sus camisones fueron convertidos en meros finos pedazos de tela tirados por el suelo.

Cora besó y chupó el cuerpo de Mal con destreza, marcó con mordidas y lamidas, dejó senderos de saliva por el valle de los pechos y los apretó. Mal gimió bajo al sentir la respiración caliente y pesada en su pelvis. Mills miró los ojos azules descaradamente, con la intención de provocar.

-Abre las piernas para mí…- susurró en el oído izquierdo, así lo hizo la camarera

Sus corazones estaban acelerados y la excitación se desprendía por los poros. Cora arañó, besó, mordió y chupó la pelvis de la rubia, ella se retorcía de placer y ansiedad, aquella provocación tendría vuelta. Fue lo que pensó, pero su pensamiento se disipó al sentir la lengua caliente de Cora en contacto con su vagina.

-¡Joder, Cora!- apretó la cabeza de la otra para obtener más contacto

-¡Shh! Vas a despertar a Ruth, ¿quieres eso?

-Noooo- gimió ronroneante. Aquella visión era extremadamente placentera, tener a Cora entre las piernas era su fetiche particular.

-¡Entonces estate callada! ¡O tendré que parar!- dijo autoritaria dándole una palmada en el lado derecho del muslo, sus dedos dejaron marcada la piel blanca.

-¡Deja de hablar y lámeme el coño, Cora!- ordenó

En ese mismo instante, Mills devoró a Mal con una sencilla mirada, sus ojos reflejaban malicia y una sonrisa sarcástica brotó en sus labios

-¿Tienes prisa, querida?- sonrió presionando el clítoris de la rubia con el pulgar.

Para Cora la única que mandaba allí era ella y nadie más. Mal jadeó ante el gesto de la más vieja, adoraba aquel aire de superioridad.

-¡Solo chúpame, por favor!- dijo jadeante debido a los toques que recibía en su intimidad. Cora sonrió victoriosa una vez más.

-¡Mucho mejor así! Mucho mejor…- dicho eso, Mills encajó su cabeza en mitad de las piernas de Mal y pasó la lengua por toda la extensión de la vagina de la rubia.

-Arrrgh…Lame bien este coño, Cora…así…- Mal presionaba la cabeza de la otra contra su vagina en busca de más contacto

Cora chupaba a su mujer con maestría, a pesar de ser "novata" en esas lides, sabía cómo provocar fácilmente. Intercalaba chupadas y mordidas por toda la mojada región.

-¡La madre que…Mills!- Mal gimió más alto cuando sintió que la más vieja le había mordido el clítoris y lo agarraba entre sus dientes en una succión dolorosa y al mismo tiempo placentera.

-¡Ya te dije que no gritaras!- le dio otra dos palmadas en el muslo a la rubia, que solo se mordió el labio inferior intentando contener la excitación creciente ante aquel acto provocador.

Cora levantó las piernas de la mujer pasándolas por encima de sus hombros y al mismo tiempo intensificó las chupadas, aumentando la velocidad de los movimientos de la lengua, mientras arañaba, apretaba y soltaba varias palmadas en el trasero de Malévola.

-¡Fuerte! ¡Fóllame con fuerza! ¡Fóllame, Cora!- Mal estaba adorando aquella mezcla de dolor y placer. Sentía su vagina palpitar con cada palmada que Mills le daba en su trasero y con cada mordida en su vagina.

Cora sonrió entre las piernas de la camarera y sin aviso previo, introdujo dos dedos en su interior al mismo tiempo que succionaba aquella carne hinchada. Malévola jadeó una vez más, no podía esperar más, Cora tendría que terminar aquello. Inclinó las caderas en busca de un contacto mayor, sin embargo la más vieja parecía querer prolongar aquella tortura al máximo, y fue cuando la dueña del bar salió de aquella postura quedando por encima de la otra. En un gesto desesperado, se sentó sobre el rostro de Cora apoyando los brazos en el cabecero de la cama.

Mills se sorprendió, pero entendió el recado, aumentó la intensidad de las chupadas y resbaló tres dedos sin delicadeza alguna dentro de Mal, ella gimió alto tumbando el cuello hacia atrás. Las estocadas ganaron fuerza y agilidad, Cora sentía la vagina de la rubia comenzar a contraerse alrededor de sus dedos y en ese momento introdujo un cuarto.

-¡Perra!- insultó a la más vieja por atreverse a hacer aquello. Sentía sus paredes doloridas, aquello era demasiado, aun así le estaba gustando -¡Folla rápido Cora! Voy a correrme…- Mal avisó, agarró con fuerza el cabecero de la cama y ondas comenzaron a alcanzarla, una corriente eléctrica recorrió su cuerpo, el sonido murió en su garganta y el orgasmo llegó intenso, destruyendo a Mal por completo.

Cora sintió el líquido en su boca y resbalar por sus dedos, y en ese momento comenzó a "limpiar" la vagina de la rubia sin dejar rastro de humedad en ella. Malévola dejó caer el cuerpo en el colchón intentando recuperar el aliento.

-¡Tan sabrosa…tan mía…tan pasiva!- dijo Cora creída mientras subía por el cuerpo de Mal dejando un camino de besos hasta llegar a su boca –Prueba lo sabrosa que eres…- levantó a la más joven para sentarse en su regazo y atraerla a un hambriento beso.

El beso fue interrumpido cuando el aire se hizo necesario. Los ojos de malévola transbordaban deseo y segundas intenciones.

-¡Ahora te voy enseñar el mayor de los placeres!-dijo tirando de los cabellos y mordiendo el labio inferior de la más vieja con bastante fuerza, quería vengarse. Cora pagaría por aquellas palmadas. Comenzó a ondear en el regazo de la rubia y al momento Mal la tiró sobre la cama en un único gesto -¡No, no! ¡Ahora voy a demostrarte quién manda aquí de verdad, Madame Mills!- Mal se sentó encima de la más vieja y en un rápido movimiento abrió el cajón de la mesilla de noche y cogió una de sus corbatas, específicamente una que usaba para otro fines que no era el vestir, y ató las muñecas en el cabero de la cama.

-Pero….¿Pero qué es eso, Mal?- Cora preguntó, asustada, pero su cuerpo correspondía con expectativas ante aquella nueva situación.

-Esto solo es el comienzo, amor…- respondió mordiéndole los pezones –Quién manda aquí soy yo y tú te vas a quedar calladita, ¿entendiste?- ordenó mordiendo el labio inferior de la otra, en seguida tiró de sus cabellos con fuerza, inclinando su cabeza hacia atrás. Cora nada dijo, estaba en transe, su vagina palpitaba, latía y podría gozar en cualquier momento -¡Pregunté si entendiste!- Smith mordisqueaba el cuello de la más vieja dejando varios chupones que con certeza dejarían marcas al día siguiente.

Mills estaba completamente entregada a aquella mujer y aunque quería tocarla y devolverle la afrenta, se dejó llevar por el placer.

-S…Sí, entendí- dijo con voz jadeante, cargada de excitación.

Malévola abandonó el cuello de Cora y descendió dejando un rastro de saliva hasta llegar a los pechos, con rapidez y voluptuosidad se llevó el izquierdo a la boca mientras masajeaba el derecho. Hizo eso varias veces, dando atención a ambos, mordió y chupó hasta que quedaron hinchados y marcados.

-¡Puta mierda, fóllame de una vez…!- Cora imploró, necesitaba más contacto, no aguantaría por mucho tiempo.

Malévola soltó una irónica carcajada

-¡Miren quién tiene prisa ahora! Hum…- dijo pasando las uñas por el abdomen de la más vieja arañándolo, provocando estremecimientos de dolor y placer. Smith subió hasta el rostro de Cora, besó su cuello hasta llegar a su oído –¡Abre las piernas para mí, zorrita! Voy a follarte tan bien que tu coñito va a palpitar por más…- mordió el lóbulo de la más vieja. Su voz estaba cargada de lujuria, lo que hizo que la vagina de Cora se encharcara aún más.

Cora obedeció rápidamente el pedido de su mujer, abrió las piernas para que la otra, con agilidad, llevara su boca hasta su vagina. Mills estaba completamente perdida, nunca había sentido placer de aquella manera, el fuego se esparcía por todas sus venas.

Malévola recorrió la vagina de la mujer con la lengua y chupó el clítoris con ganas, succionaba con fuerza mientras arañaba los muslos. La más vieja se retorcía, quería arrancar aquella maldita corbata y tocar a Mal, tirar de sus cabellos, quería poseerla…Sin embargo, actuar de acuerdo a sus pensamientos era imposible, su cuerpo respondía de forma opuesta, no conseguía pronunciar una palabra siquiera, estaba entregada.

Smith continuó succionando y los gemidos de Cora ganaron fuerza. Aquello era música para sus oídos.

-Awnnn… Eso, Mal, fóllame. ¡Cómeme!- decía jadeante, con la voz ronca debido a su excitación

Mal introdujo dos dedos en la melada vagina de Cora, la morena ondeó gimiendo alto. Comenzó a estocar con fuerza y rapidez al mismo tiempo que chupaba y prendía los labios entre los dientes. Las mujeres sudaban y sus cuerpos exhalaban aroma a sexo.

-¡Gime para mí, Madame Mills! ¡Gime igual que una buena perrita!- miró a Cora haciendo media vuelta dentro de ella, aquello llevó a Mills a la locura, sus ojos reviraron en las orbes, y sus uñas marcaban las palmas de su propia mano, estaba en agonía, buscaba alivio.

En ese momento, Mal sintió cómo sus dedos eran apretados por Cora, en ese instante dejó de chuparla subiendo para llevar su boca a sus pechos. Continuó estocándola, sin embargo lo más rápido que podía, maltrataba y mordía con fuerza sus pechos, ella gemía alto ante la mezcla de dolor y excitación. Cora se entregó al orgasmo gritando el nombre de Malévola cuando sintió un tercer dedo invadirla fuerte y hondamente, sin delicadeza alguna, ella se había corrido.

La rubia sintió el líquido caliente resbalar en sus dedos e inmediatamente se los llevó a la boca a Mills.

-¡Chupa! Prueba tu sabor, mira lo deliciosa que eres- así la más vieja lo hizo, chupó los dedos de su amada hasta el final, para provocar hizo un movimiento de vaivén, haciendo que la camarera delirara con la visión.

-Bésame Mal…¡Bésame!-ordenó, pero su fatiga era tan grande que aquello más pareció un pedido impaciente. De inmediato, Mal atrajo a Cora por los cabellos y se apoderó con deleite de aquellos carnosos labios.

El beso estuvo cargado de deseo, pasión y ¿por qué no? Amor. Fue interrumpido por Malévola que mordió el labio inferior de Mills tirando de él.

-¡Aún no ha acabado!- dijo Mal deshaciendo el nudo de la corbata, en sus ojos azules había deseo. Cora solo sonrió, se lamió los labios y los sintió arder, probablemente a causa del beso anterior. No le importaba, amaba todo lo que venía de su amada.

-Soy completamente tuya, Mal. ¡Completamente!

Esas palabras para Malévola eran como una declaración de amor. Ella había quebrado todas las barreras y prejuicios que Cora algún día tuvo. Cora le pertenecía.

La rubia sonrió soltando los brazos de la otra. Cora, de inmediato, entrelazó los brazos al cuelo de su amante. Mal se sentó en el regazo de ella y ambas comenzaron a mover sus cuerpos en una sincronía perfecta.

-Quiero correrme contigo…- dijo Cora besándola con deseo y pasión

El beso se intensificó, mientras los movimientos de sus cuerpos aumentaban gradualmente. Ambas estaban entregadas en aquel momento. Sus cuerpos sudados, excitados y borrachos de placer. Era el mundo particular de ellas, no existía nada más en aquel cuarto, se habían olvidado de todo.

Malévola cesó el beso para mirar los ojos de la otra mientras masajeaba su vagina. Cora hizo lo mismo con la rubia. Se miraban, se desvendaban y se amaban. Ambas aumentaron la fricción de sus dedos en la otra, a la misma velocidad mientras continuaban moviendo sus cuerpos.

Mal volvió a los labios y los movimientos fueron intensificados, los dedos fueron introducidos y las estocadas se hicieron más fuertes. El olor a sexo planeaba en el aire.

-¡Coo…Cora, me voy a correr! ¡Mete con fuerza! ¡Eso…Así, venga, mete!- Malévola suplicó mientras se movía salvajemente sobre el regazo de la otra.

Ambas sintieron sus vaginas contraerse en los dedos de la otra. Segundos. Aquellos segundos se disiparon por el aire, choques eléctricos sobrepasaban los límites de sus almas. Temblaban en medio del calor y el sudor. Llegaron al clímax juntas, un orgasmo que ninguna de las dos habían experimentado.

Cora atrajo a su amada por la nuca y reivindicó los labios en un beso cargado de sentimiento. Sus lenguas estaban en un baile perfecto, ya no luchaban por espacio, solo se completaban en perfecta sintonía. El beso cesó en piquitos cuando el aire faltó en sus pulmones. Cayeron exhaustas en la cama y ambas sonreían contemplando la más pura felicidad.

-Quién diría…- Mal apretó a la otra contra su pecho –Cora Mills me ha pedido en casamiento…- le besó la cabeza sonriendo

-Y en breve lo oficializaremos, sra. Smith…- respondió apartando algunos mechones rubios de la cabeza

-Smith- Mills…- Mal fingió pensar –Lo apruebo…

-¡Te amo!- afirmó Cora anidándose en el cuerpo de Mal, echando su cabeza en su pecho

-Yo te amé desde el primer beso, Madame…- Mal besó la parte alta de la cabeza de Cora y apretó su cuerpo contra el de ella en un acogedor abrazo.

Se quedaron intercambiando caricias hasta quedarse dormidas. Aquella mañana había sido la mejor de todas sus vidas. Ambas sin miedo, sin amarras, sin reservas, sin rótulos o preconceptos.


Era tarde de aquel mismo día, Henry había acabado de llegar de la escuela, estaba en el baño mientras Emma devoraba la hamburguesa con queso junto con el donut cubierto de chocolate y canela, cuando escuchó pasos en dirección al cuarto del hijo.

-Em, Lily me acaba de llamar diciendo que…Pero, ¿qué…?- se quedó estática en el marco de la puerta.

La visión que tenía allí delante era la de una rubia embarazada devorando dos donuts. Sobre la cama varios bolsas de Granny's, dedujo que eran dulces y cosas grasientas, pues el olor a fritura le alcanzó la nariz de pleno, haciendo que su propia boca salivara y su estómago se retorciera en un ruido relativamente alto. Enseguida llegó a la conclusión de que se trataba de la "fiesta" desconocida por Lily.

Emma estaba con los labios manchados y había trozos de pan por su pelo. Una escena cómica que a ojos de Regina era hermosa.

-¡Opss!- se tapó la boca con las manos

-¿Qué significa esto, Swan?- cuando la morena usaba el apellido de la rubia era una pésima señal, sin embargo no pretendía pelear o llamarle la atención, todo lo contrario, la entendía de cierta forma.

-Err…- agarró la bolsa de las papas fritas para ofrecerle de forma cínica. De verdad era una sinvergüenza -¿Quieres un tro…?

-Mamáaaa, traje dos más de…- Henry que corría en dirección al cuarto, se desinfló cuando vio a Regina con los brazos cruzados sobre la voluminosa barriga – Mamá Regi…- su voz murió, él movía el cuerpito con las manitas atrás. Estaba avergonzado.

-Entonces, ¿este es el juego donde teníais que "salvas vidas!?- Mills fusiló a los dos con una simple mirada, como resultado ambos se encogieron de hombros

-Er…mamá Regi, yo solo quería ayudar a mi hermanita, mamá Em quería mucho comer un donut y una hamburguesa…Tú dices que Henry es el hombrecito de la casa y tengo que cuidar de las mamás…¡Cuido de mamá Emma y de mi hermanita, mamá! No te enfades, ¿vale? ¿Por favorcitooo?- dijo todo de un tirón.

Agarraba las manos en un gesto suplicante. ¿Cómo negarle algo con aquellos ojitos del gato con botas?

-Ay, Henry…¡Le has mentido a mamá!- le tocó el mentón al hijo

-No le pelees, Regina. Yo le di la idea…- mintió para defender al muchacho

-No me importa de quién fue la idea, Emma…Ya hemos hablado de eso, amor…- miró a la esposa y después al hijo –Debíais haber hablado conmigo sobre lo que queríais…¿No confiáis en mí?- se sentó en la cama al lado de la esposa y trajo a Henry hacia ella.

-Pensamos que no nos ibas a dejar, mamá…- fue sincero

-Probablemente no…- confesó

-¿Ves por qué tuvimos que esconderlo? Eres mala, Regina…- Emma la acusó

-¡No soy mala!-se defendió enfadada

-¡Prueba ma! No pelees más con Henry o con mamá Emma

Regina soltó el aire vencida

-No voy a pelear con vosotros…

-¡Yuhhuuu! ¡Lo sabía mamá! ¡Lo conseguimos! ¡Operación X-burguer realizada con éxito!- alzó los brazos en celebración

Y así fue con el transcurso de los días, Emma y Henry juntos conseguían todo de la morena. Ella protestaba la mayor parte del tiempo, pero acababa cediendo a los gustos de los dos.

Regina había cambiado y aprendido a abrir la mano, no siempre las cosas eran como ella planeaba, aprendió que hacer las cosas de otra manera no siempre era malo, no tener el control de todo podía ser liberador.

Días después…

La noticia sobre la boda de Cora y Mal se esparció rápidamente, los murmullos en la Mills Company eran grandes.

"¡Sí, Cora Mills!" "¡La madre de Regina!" Madre e hija" "¡Qué poca vergüenza esas dos!" "¡Los ricos hacen esto para presumir!"

Gold no quedó muy feliz con la noticia, él, que había mantenido una relación larga con la mantenedora de la empresa, estaba en boca de los trabajadores.

"¡El señor Gold no se dio cuenta de nada!" "Siempre encontré a la madre de Regina demasiado para él" "¡Seguro que él ya ni funciona!"

No soportaba la idea de haber sido cambiado por una mujer, Cora iba a pagar por tal humillación.

Quien realmente celebraba la noticia era el pequeño Roland, que actualmente ya no eran tan pequeño, había cumplido 12 años y no se había olvidado de Malévola. Su esperanza había permanecido intacta durante años, aunque era un adolescente en formación creía que su abuela podía ser feliz, el pequeño poseía la gracia de un niño y la educación de un lord. Las hermanas Mills querían festejar la llegada de Mal a la familia, más específicamente Zelena que, a pesar de insistir en dar una fiesta de compromiso, no consiguió convencer a la madre. Culpó a Regina de no ponerse de su lado. "Si mamá no quiere grandes alardes, respeto su decisión".

Robin no cuestionó sobre la nueva elección de Cora, tampoco se manifestó sobre eso. Si había algo que el padre de Roland apreciaba, era el respeto. Aprendió a respetar a las personas y sus ideas. Admiraba a la suegra antes de ser apresado y esa admiración permaneció tras salir de la cárcel. La relación entre ellos cambió consecuentemente durante aquellos años, las personas cambian, el curso de nuestras vidas cambia y necesitamos encontrarnos en medio de tales cambios. Robin Hood cargaba consigo una lección importante después de ser detenido, un código: Respeta al prójimo si deseas ser respetado. Sé honesto, justo y bueno.

Emma se rió tanto de la suegra con la noticia que poco le faltó para que le dieran ataques de tanto reír. Henry enseguida preguntó si podía llamar abuela a Mal, y Cora respondió que sí, si ese era su deseo. ¡No tuvo que decirlo dos veces! Era abuela Mal para acá y para allá.

Cora pasó a frecuentar la casa de la hija pequeña para ayudar en las últimas semanas del embarazo, no quería estar lejos de Regina, además de poder participar en la etapa final aprovechaba para subsanar dudas sobre los cuidados de los bebés.

La ayuda de Cora fue muy bienvenida, al comienzo. Los días que antecedieron al actual, compartió momentos en familia, jugó con los nietos, mimó a Regina y hasta a la nuera que no perdía la oportunidad de "abusar" de la suegra, sin embargo sus maneras autoritarias de ser irritaba a las embarazadas con cierta frecuencia. Lo que calmaba a Emma y Regina era la pequeña Ruth que siempre acompañaba a Cora, ellas la amaban y la cuidaban con todo el cariño, era casi un entrenamiento para la tan esperada llegada de sus pequeñas.

La casa estaba llena, ora Zelena y los hijos, ora Mal, ora Lily, Ruby y Herc, sin contar la presencia de David, Neal y Mary Margareth que básicamente vivía en la mansión ayudando a Emma. ¡Mary podría ganar el trofeo de madre-abuela boba del año!

Aquellos días parecieron meses para las mujeres que, finalmente, estaban en el noveno mes, ambas completaban 38 semanas. No aguantaban la convivencia con Cora y Mary Margareth bajo el mismo techo, la casa sí, era mayor, sin embargo aquellas dos parecían causar un tumulto sin fin. Cora no quería la compañía de Mary, hacía todo a su manera, lo que creía mejor para Regina. Mary Margareth, por otro lado, quería entrometerse en toda decisión de la más vieja, no creía necesario la presencia de la madre de Regina allí, a fin de cuentas Cora tenía otro bebé para cuidar. Ellas vivían discutiendo sobre lo que era mejor para una y no para la otra, en realidad, nunca llegaban a un acuerdo. Regina y Emma estaban a punto de echarlas de allí, ambas hablaban mucho sobre el tema, sin embargo aquella era la mejor opción, Henry era el único feliz con toda aquella algarabía, ayudaba en todo, cuidaba a Ruth y siempre recogía las cosas con Mary, para él todo era fiesta, amaba tener a sus dos abuelas cerca.

Aquella tarde, las esposas salieron a escondidas del almuerzo, mientras sus madres una vez más discutían sobre qué coche llevar en caso de que se pusieran de parto, Henry se quedó en la mesa terminando el almuerzo mientras balanceaba el cochecito de la pequeña Ruth, observó a sus madres ir al cuarto.

-¡No aguanto más Regina!- Emma lloriqueó caminando de un lado a otro –¡Mi madre no para de entrometerse! ¡Tu madre parece querer controlar todo a nuestro alrededor! ¡Henry me reclama atención, tiene un cuaderno de deberes para hacer y no consigo concentrarme para ayudar a mi propio hijo! ¡Para completar ella no para! Hija…- habló con aquella inmensidad que era su vientre –Por favor…Deja a tu madre descansar…Por lo menos un rato…O sal de una vez…- juntó las cejas pensando que lo que había acabado de decir -¿Quieres saber? Olvida eso, hija…Mamá aún no está preparada, ¿ok?- se sentó en el puff del vestidor -¿Está todo bien, amor? Yo aquí hablando como un papagayo y tú callada…- miró a la esposa, llevaba un vestido blanco aparentemente cómodo, estaba sentada en el borde de la cama pasándose las manos por la barriga sin parar, Regina estaba dispersa, parecía no escuchar una palabra de lo que rubia decía.

-No me encuentro bien…- soltó aire –Se mueve sin parar…- respondió aún intentando librarse de la incomodidad –Parece querer rasgarme de dentro afuera…Y…- se calló para pensar –Siento pequeños cólicos desde hace un tiempo…- al final de la frase su expresión cambió y de repente Regina se encogió intentando reprimir el dolor. Emma desorbitó los ojos en un primer momento, pero luego se tranquilizó, fue al encuentro de la esposa a ayudarla –Em-ma…- su voz salió débil debido al dolor que sentía

-Estás en trabajo de parto…