Una promesa de amor

16 años después

-¡Estoy yendo a recoger el traje de tu hija rubia!- dijo Regina bromista conduciendo su clásico Mercedes recién puesto a punto.

-¿Ahora es Mi hija?- respondió Emma a la llamada de voz dentro de su escarabajo, aquel viejo escarabajo amarillo -¡Y yo yendo a buscar a TU hija a casa de su novio pelirrojo!- reviró los ojos

Con tantos muchachos en el planeta tierra, Lana fue a enamorarse precisamente por uno de los gemelos de Mérida.

-¿No estarás yendo en el proyecto de abeja…no?- preguntó temiendo la respuesta, pero ya lo sabía

-¡Pues claro que sí! ¿Con qué coche iría a buscarla? Tú estás con tu Mercedes y Henry fue a buscar a su novia con el BMW…- usó como disculpa

Emma no soltaba aquel coche por nada, si antes era el ojo bonito de la rubia, tras el nacimiento de su hija pequeña el escarabajo fue promovido a amuleto de la suerte. Destino.

-¡Cielos! ¡No cambias, Emma!- rio mirando por el retrovisor

-Ciertas cosas no cambian, Regina…- Emma rio –Como el encantamiento de la pelirroja por ti…¿o será por Lana?- rió –Para mí, Mérida planeó ese romance entre los dos. ¡No es posible! ¡Nunca me libraré de la infeliz!- bromeó

-Tú y tus manías con ella…- Regina se puso las gafas de sol para mirar mejor. El sol brillaba fuera aunque no hacía calor –Mérida es de la familia ahora…- dijo a propósito, quería escuchar la reacción de la esposa

-¡Por Dios, amor! ¡Hubert es de la "familia", aquella pelirroja llena de pecas es la suegra de Lana! Yo no entro en eso-hizo la señal de la cruz como si se reprendiese por ese pensamiento desagradable.

-Engáñate todo lo que quieras…- Regina se burló

-Si ese hijo de su madre hace algo que no debe con Lana…¡acabo con la cara de aquella pelirroja!- apretó los dedos en el volante

-¡Wow! ¡Qué enfado, amor…!- la morena aguantó la risa –Creo que Mérida le ha dado una buena educación a los muchachos. Ahora…- cortó el asunto de raíz, no era el día para que Swan se estresase –Vamos a volver al tema del proyecto de abeja, ya es hora de que lo reformes. La última vez fue en el nacimiento de…

BI, BIP, BIP

-¡Espera!- Emma comprobó la llamada en el panel del coche -¡Ah! ¡Me está llamando! ¡Después te llamo!- colgó la llamada sin darle oportunidad de despedirse

-Ok, amor…- Regina meneó la cabeza negativamente

Sabía que Emma amaba a sus dos hijas, pero su rubia era, de hecho, su predilecta, hacía de todo por aquella muchacha. Swan se volvió más boba que la morena, tenía celos alocados de las hijas, al contrario que Regina, que siempre celó más a Henry.

El día estaba claro, el otoño coloreó las calles con los amarillos y naranjas, algunos árboles secos, otros soltando sus hojas. Un día lindo. Un día perfecto para celebrar la tan soñada fiesta de los 16 años de las muchachas. Toda muchacha americana sueña con ese día y ellas no serían diferentes. Se juntaron para pedir solo una fiesta, incluyendo a la "prima" Ruth, que en realidad era tía abuela de las muchachas, sin embargo siempre se trataban como primas debió a la edad cercana.

Henry tenía 22 años, un hombre formado, inteligente, guapo y educado. Ya no vivía con las madres desde que había entrado en la universidad, pues vivía en Harvard. Estudiaba literatura con la intención de hacerse escritor. Siempre había escrito y tenía algunas obras publicadas con su nombre, ya de joven, Henry poseía un rico bagaje cultural. El orgullo de sus madres, sobre todo de Regina que al hablar del "pequeño" príncipe sacaba pecho emocionada.

Emma abrió siete franquicias del restaurante Swan-Mills con el paso de esos dieciséis años y recientemente había sido invitada a participar en un programa de televisión mundialmente famoso, donde sería la parte femenina del jurado. Un desafío para la chef que siempre había sido amable con sus cocineros.

Regina aún se dedicaba a la Mills Company, que se expandía cada vez más. Henry no tenía interés en administrarla y nunca fue cuestionado por sus madres cuando lo dijo, el problema fue Cora que soñaba en ver a su nieto como presidente. Al final Roland se mostró como un excelente empresario al lado de su tía, que en dos años se retiraría y le pasaría su cargo al hijo de Robin y Zelena. Roland era el mayor orgullo de su padre, Hood, que siempre quiso ser presidente, soñaba con ver a su hijo al frente de la Mills Company.

-¿Amor?- Regina volvió a llamarla –Tengo el traje, ya hablé también con Mal, está encargándose de la organización en la Hacienda…

-¡Hola bella! Acabo de llegar a la mansión, Lana está bajando…La voy a dejar, junto con las chicas, en el salón de belleza…- se refería a su otra hija y Ruth.

-¡Ah, qué alivio! Pasaré por el concesionario y comprobaré los regalos. Espero que acierten con la dirección de la Hacienda…- dijo preocupada. Nada podría salirse de lo planeado.

-No hay equivocación alguna, amor, si prefieres, llamo a Neal para que vaya a buscar los coches, y además mis padres están allí decorando el sitio para la fiesta, va a ver movimiento…- explicó calmadamente –Lana está aquí…Cuelgo, hablamos más tarde. Besos- colgó la llamada.

Emma dejó a las tres muchachas en el salón, era la hora del almuerzo, no había comido nada, el día había sido bastante agitado. Pasó por Granny's para coger su pedido hecho a Ruby, algo sencillo y de su agrado: refresco, hamburguesa y papas fritas.

-¡Aquí está, sra. Swan!- Hércules le entregó la bolsa a la madre de su amigo

-¡Llámame Emma, Herc!- hizo una mueca –Así parezco una vieja carraca…-reviró los ojos

-La sra. Mills lo prefiere así…- dejó la bolsa en la barra

-Eso que has dicho, Regina lo prefiere así. Yo no. ¿Dónde están tus madres?- barrió la cafetería con su mirada

-Están en la cafetería de Time Square…Hoy me encargo yo de esto- dijo orgulloso

Hércules se graduó en administración, llevaba las cafeterías de las madres. Tras la muerte de la abuela Granny, abrieron dos establecimientos en Nueva York.

-¡Ok! ¡Os espero allá, no os olvidéis!- cogió la bolsa y salió

Entró a toda prisa en el escarabajo, apenas se puso el cinto y ya estaba masticando la hamburguesa cuando otra vez sonó el teléfono.

-Emma Swan- dijo con la boca llena

-¿Mamá?

-¿Qué fue esta vez, Lana?- resopló "No me vais a dejar en paz ni a la hora del almuerzo", pensó

-¡Los zapatos! ¡Los zapatos, mamá!- decía desesperada

-¡Calma, Lana! Ya entendí que son los zapatos…¿qué les pasa?- arrancó el coche

-Me los he olvidado en casa de Hubert. ¡Mamá! ¡Tienes que ir a buscarlos por mí! ¡Haré la ceremonia con ellos! ¡Joder, soy una idiota!

-No es necesario ese drama, Lana…- reviró los ojos -¿Dónde está tu hermana? ¿Sus zapatos con quién están?

-¡Se está riendo en mi cara, ma!

-¡No te rías de tu hermana, mocita!- fingió reprender, pero en el fondo se estaba riendo ella más que la hija. Consideraban a Lana algo "estirada", la copia perfecta de Regina.

-Los tiene Henry…¡Mamá! Tienes que ir pronto, Mérida va a salir dentro de poco de la empresa…

-¿Por qué todo ese desespero, Lana? Los zapatos no saldrán corriendo…Ya voy a buscarlos…- paró en el semáforo en rojo comprobando el reloj, realmente tenía que darse prisa, Mérida y Mulan eran puntuales tras al almuerzo. Aquellas dos trabajaban demasiado, ¿no descansaban ni los fines de semana?

-¡Bien merecido! Te dije que no los llevaras. Quisiste exhibirte ante tus suegras

-¡Eso no tiene gracia, Panda!

Emma escuchó las carcajadas y los rezongos de las hijas, a lo lejos escuchó la voz de Ruth diciendo que no pelearan. Rio en silencio, ¡cómo amaba a aquella familia!

-¡Chicas, parad! Ya estoy de camino, voy a llamar a vuestra madre para avisarla…Disfrutad el spa en vez de preocuparos, nos estamos encargando de todo, tendréis una fiesta digna de princesas…

-Buf, preferiría celebrar mis 16 haciendo puenting- la más pequeña protestó cuando la peluquera cogió un mechón rubio sujetándolo en lo alto de la cabeza. Odiaba los salones de belleza.

-¡No eres normal, Panda!- Lana reviró los ojos, no podía creer en las palabras de la hermana. Siempre había soñado con aquella fiesta. Era el sueño de todas las muchachas o…casi todas.

-Hijas, tengo que colgar porque tengo más cosas que hacer que escucharos discutir…- colgó la llamada riendo

De hecho, la muchacha se parecía mucho a Emma, era una "marimacho", no le importaban las cosas de niña. Siempre había sido así desde pequeña. Mientras Lana jugaba a las escuelitas y muñecas, la rubia saltaba, jugaba al balón y destruía los cochecitos de su hermano. Al único juego que los tres jugaban juntos sin pelear era a cocinar, con el resto, Regina y Emma tenían que estar atentas.

-Amor, estoy volviendo a casa de la pelirroja…- llamó a la esposa

-¡Vaya! ¿Os habéis hecho ahora las mejores amigas?- se burló en cuanto atendió la llamada

-Eso está lejos de suceder, mi amor…- respondió irónica –Lana se olvidó los zapatos allí…

-¿Por qué no llamaste a Hubert y que los llevara a la fiesta?- aquella sería la solución más lógica, ¿no?

-No va a estar en la casa…Y ya estoy de camino…¿Y tú?

-Saliendo del concesionario, voy a almorzar dentro de un momento, querría almorzar contigo, amor…- suavizó la voz

-Eh…estoy comiendo en este exacto momento…- dijo victoriosa

-Basura, supongo…¡El colesterol! Em…¿te tomaste la medicina?- preguntó preocupada.

-Ah, Regina, otra vez…Sé cuidarme…- reviró los ojos

-Sabes muy bien que este año has tenido que ir dos veces al hospital…- recordó

-No exageres, Regina, no fue nada…¿Sabes? No tiene nada que ver, pero ese hospital me hizo recordar una cosa…- se mordió el labio inferior pensativa

-Ahí vienes…- rio- Puedes empezar…

Quería saber. Era bueno recordar el pasado.

-Estábamos de reposo, nuestras pequeñas tenían poco más de un mes…¿Recuerdas?

-Oh, sí…Tan pequeñitas…Han crecido deprisa…- se emocionó

-Cuando Henry encontró un paquete de compresas en el baño…- rio

-¡Wow! Me acuerdo…Lo peor es que años después, él le enseñó a Lana a ponérselas…- puso una cara de "¿Cómo fue eso posible?" –Recuerdo nítidamente la vergüenza que pasé. "¿Para qué usáis esto, mamás?"- cambió el coche de carril. Se sentía flotar en medio de los recuerdos.

-Y esa no fue la peor situación que tuvimos, Regina…- Emma estalló en una carcajada alta, cuando finalmente dejó de reír y se secó las lágrimas, continuó -¡La caja de consoladores!

-¡Dios! ¡Aquel día definitivamente quise morir!


Henry siempre pasaba un tiempo con las hermanas después de la escuela en la sala de juegos de la mansión. Como de costumbre, había muchos juguetes por el suelo: mordedores, ositos, puzles de piezas grandes y libros de plástico, pero aquel día las pequeñas estaban agitadas y nada de aquello les agradaba. El pequeño, queriendo ayudar a sus madres, pensó en buscar algún juguete nuevo que gustara las pequeñas y que las distrajera hasta el término de la cena. Era su deber vigilar a las hermanas en ese cortó tiempo, Emma y Regina estaba todo el rato pendiente, sin embargo querían poder confiar en el muchacho mientras los dejaban solos. Fue al vestidor de las madres y allí encontró una caja interesante, de colores y llena de "juguetes" nuevos. Henry colocó la caja en el suelo para escoger algunos, estaba maravillado con aquellas piezas, miraba para ellas pensativo.

-¡Esto se parece a mi colita!- examinó el accesorio. Sin querer apretó un botón del juguete y este comenzó a temblar –¡Ah! Entendí. ¡Es para hacer masajes!- lo metió de nuevo en la caja -¿Y este? – cogió uno menor -¡Perfecto!- escogió algunos.

En seguida volvió a la sala de juegos, las pequeñas tenían algo más de seis meses y los dientitos comenzaban a aparecer. El pequeño pensó que era un mordedor y le dio uno a cada una de ellas, ya que en su cabeza esos accesorios servían para aquel fin.

A las hermanas les encantaron esos juguetes y el silencio se hizo en el lugar, pues Henry también jugaba con ellos encima del tatami de colores, distraído con la caja de juguetes.

Cuando Regina y Emma entraron, el espanto fue inmediato, no sabían cómo reaccionar, ni Swan supo cómo proceder ante aquella situación.


-¡Hasta el día de hoy la caja está cerrada en lo alto del vestidor!- comentó Emma en cuanto dejó de reírse

-Verdad…- Regina dejó de reír –Estamos nostálgicas hoy…Siento como si todo esto hubiera pasado ayer…- suspiró pensativa –Las pequeñas ya con 16, y Henry ha puesto fecha para su boda. ¡Por Dios! ¿Durante cuánto tiempo he dormido, Emma?- era difícil creer en las artimañas del tiempo.

-Creo que nos hemos quedado dormidas juntas…- cambió de marcha y comprobó el nivel de gasolina. Tendría que llenar a la vuelta –Confieso que nuestro hijo me sorprendió…

-¿Cómo?- Regina paró el Mercedes para dejar cruzar la calle a una mujer

-Yo habría jurado que Henry se casaría con Hércules…- dijo inconforme

-Son amigos Em, aquello fue cosa de adolescentes, descubrimientos, hormonas…Henry siempre ha estado enamorado de Violet…

-Eso te crees tú, Hércules ha marcado la vida de nuestro muchacho…- rio maliciosa. Regina no superaba aquella historia.


-¡Eh, Violet!- gritaba Henry a la muchacha a la salida del colegio

Desde que Violet había salido del hospital y entrado en la escuela de forma regular, Henry intentaba una aproximación, incluso años después se acordaba de ella, aquello ojos quedaron marcados en la memoria del pre-adolescente, el sentimiento que tenía era de gratitud. Quería corresponderle.

-¡Hola chico!- la muchacha parecía tener prisa, cargaba algunos libros que había sacado de la biblioteca

-Bueno, estaba pensando-él hizo una pausa, no era bueno haciendo invitaciones –Err… ¿Te gustaría ir a tomar un chocolate caliente con canela y comer algo?- dijo todo de una sola vez, cosa que hizo reírse a la muchacha.

-Claro Henry, me encantaría. Solo tengo que pasar por casa a dejar estos libros- la muchacha agarraba la pila de libros con dificultad -¿Te veo allí, vale?

-¡Guay! Te estaremos esperando, no tardes- se despidió de la muchacha con un asentimiento

Hércules estaba con él, observando solo la interacción de los amigos. El camino hasta la cafetería no fue largo, sin embargo el silencio era constante.

-¿Qué ocurre, Herc? Has venido todo el camino callado- dijo el muchacho sentándose en una mesa al fondo.

-¡No es nada! ¡Solo un dolor de cabeza!- el joven se limitó a decir con cara seria.

-¡Ok, entonces!- dijo Henry mirando la carta

Antes de hacer el pedido, la puerta se abrió y Violet entró. Henry, prontamente, se levantó para recibir a la muchacha. En contrapartida, Herc resopló y centró su atención en la carta.

-¿Tardé?- dijo la muchacha sentándose al lado de Henry -¡Hola Herc! ¿Ya pedisteis?- el muchacho nada dijo

-No tardaste, y te estábamos esperando, Violet. Yo pediré un chocolate con canela y algunas tortitas de fresa. ¿Me acompañas?- en ese momento, Hércules miró al amigo y reviró los ojos.

-Quiero entonces lo mismo que tú. ¿Y tú, Herc, ya escogiste?- dijo la muchacha con una cordial sonrisa.

-No tengo hambre. Solo quiero un té helado de camomila- en ese momento, Henry miró con asombro. ¿Hércules estaba de verdad rechazando comida? ¿Y té? ¿Desde cuándo el amigo tomaba té helado? "Arrgh, eso es muy de mi madre, no de mi amigo", pensó.

Los pedidos llegaron. Violet y Henry comían y conversaban animadamente sobre la escuela y sobre el hecho de que Henry había ayudado a la muchacha a integrarse con facilidad. En cambio, Hércules jugaba con su móvil con cara de pocos amigos.

-¡Hey! Cuidado, te vas a manchar- la muchacha se reía de Henry, que tenía la boca manchada de mermelada de fresa –Deja que te ayude –ella delicadamente pasó la servilleta por el mentón de Henry y lo limpió.

-¡Con permiso! ¡Voy al baño!- Hércules salió rápidamente, dejando a los dos amigos sin entender tal reacción.

-¿Qué le pasa? No nos ha dicho palabra hasta ahora- preguntó la muchacha

-Ah, ¡le duele la cabeza! No sé, debe ser cansancio. Es así, incluso parece hijo de mi madre…- el muchacho rio y volvió a centrar su atención en su chocolate caliente. Pensaba en la actitud del amigo, pero no la entendía.

Minutos después, Hércules volvió del baño y se sentó. El día estaba pasando calmadamente y la tarde de ellos estaba siendo agradable, bueno, al menos en parte.

-Bueno, chicos, ya se está haciendo tarde. Tengo que irme a casa- dijo la muchacha mientras se levantaba.

-¿Quieres que te acompañe?- Henry se levantó y de nuevo Hércules reviró los ojos ante tal escena.

-Mi padre ha venido a buscarme. Pero, ¿me acompañas a la puerta?- sonrió la muchacha y ambos fueron hasta la salida y se despidieron. Hércules apenas los acompañó con la mirada.

Al llegar a la salida, Violet agarró el rostro de Henry y le dio un beso en la mejilla, muy cerca de los labios. Lo que no pasó desapercibido para el muchacho, que se ruborizó en seguida.

-Te veo mañana, Henry- dijo marchándose.

De lo que ambos no se percataron fue de que tal escena tampoco había pasado desapercibida a ojos de cierto muchacho que esperaba en la mesa.

-Hey Herc, ¿nos vamos?- Henry se acercó a la mesa llamando al amigo

-¿Por qué la invitaste, eh? Y aún peor, ¿por qué me invitaste a mí?- Herc dijo nervioso e inquieto. Henry volvió a sentarse frente a él.

-Bueno, la invité a ella porque tiene que hacer amigos y porque mi madre me lo pidió. Y te invité a ti porque eres mi amigo, ¿no?- Henry no entendía el porqué de aquellas preguntas y el porqué del nerviosismo de su amigo.

-"Cuidado de no mancharte, Henry", "Deja que te ayude, Henry"- Hércules imitó la voz de la muchacha, ignorando las explicaciones del amigo -¿De verdad? Y para terminar…¿Puedo acompañarte?- ahora imitó con ironía la voz del amigo

-Solo quise ser caballeroso como mi madre siempre me ha enseñado. No entiendo por qué estás así, Herc- Henry realmente no estaba entendiendo nada.

-¿Tan caballeroso que hasta os besasteis, no? Aff Henry…mira, ¡adiós!- el muchacho se levantó y se marchó pisando fuerte.

-Perooo…- Henry se quedó allí sentado con cara de "¿qué es lo que he hecho?"

El muchacho se levantó y se marchó a casa caminando enfrascado en sus pensamientos. "¿Qué será lo que le pasa a Herc? Parece tener celos. Pero, ¿de Violet o de mí? Pero, ¿de mí? ¡Qué confuso esto! Pero yo no lo cambiaría, qué tontería la de él, sabe que es mi mejor amigo"- el muchacho llegó a casa con miles de pensamientos. Subió al cuarto sin ni siquiera saludar a las madres aquel día, tomó un baño y se fue a dormir. Sin embargo, con una idea fija en la cabeza: llamaría a Hércules para entender todo lo que estaba pasando.


Desde ese momento en adelante, Regina notó el cambio de comportamiento del hijo, Henry no dejaba al amigo por nada, siempre que estaba con Violet evitaba mayores aproximaciones. Pocos años más tarde, Violet viajó fuera del país con sus padres, Jekyll y Hyde, una despedida triste para el hijo de Emma que sintió la distancia de la amiga.

Hércules le dio todo el apoyo a su amigo en aquella fase, y desde entonces se acercaron mucho más, y la amistad que tenían se transformó en algo profundo cuando finalmente alcanzaron la adolescencia.

-Prefiero no recordar ciertas cosas, Em…De verdad…- pidió Regina suplicando al otro lado de la línea

-Pero hay cosas que son divertidas de recordar. Igual que aquella vez en que encontraste revistas gays en su cuarto…- ella podía visualizar con claridad las expresiones de su esposa. Le encantaba provocar.

-¡Henry era muy joven para ver porno, Emma! ¡Tenía 13 años! ¡Trece!- dijo con pesar

-Un muchacho con deseos sexuales como cualquier otro…- provocó un poquito más –Recuerdo tu épica frase…- se echó a reír ante las imágenes volviendo a su mente.


-¡Henry no es gay!- afirmó Regina convencida, como si quisiera creer ella en sus propias palabras

-Amor…nosotras somos gays…¿Cuál es el problema de que nuestro hijo se relaciones con chicos?- Swan no entendía la lógica de la esposa

-No lo entiendo, Emma…La mujeres son mucho mejores…- lloriqueó escondiendo el rostro entre las manos

-En eso tengo que estar de acuerdo…Pero la opción es de él, no nuestra…Y tú sabes que lo opción sexual es lo que menos importa si nuestro hijo nutre reales sentimiento por quién quiera…- explicó calmadamente mirando a los ojos a la morena.

-Ay, Em…no sé si estoy preparada para lidiar con esto…¿Cómo voy a conversar con él? Explicarle…que…cómo voy a decirle que…- Regina apenas podía concluir de tanta vergüenza.

-¿Qué duele?- completó la frase Emma. Regina se tapó el rostro, estaba roja.

-Sí…- lloriqueó

-Yo hablo con él- dijo determinada saliendo de la cocina

-¿Em? ¡Espera!- la morena la agarró del brazo

-Sí, amor…

-No le des muchas explicaciones…Yo…nosotras…- no sabía cómo decirlo

-Lo encuentro gracioso, si a Henry le gusta de verdad la cosa, salió a ti…- rio en la cara de la esposa y salió corriendo.

-¡EMMA!- Regina gritó furiosa, pero ya era tarde.


-Admite, por lo menos una vez, que fue gracioso- Emma intentó tocar el tema, sabía que Regina estaría con expresión de enfado.

-No le veo la gracia, Swan…- reviró los ojos, aunque en el fondo sabía que la rubia tenía razón.

-¿No? Un año después bien que descubriste por qué tenía tantas revistas. Estaba aprendiendo la teoría para ponerla en práctica…- se burló

-Amor…Me cansas, ¿sabes? ¿Ya cogiste los zapatos?- intentó cambiar de tema. Aquella conversación se había extendido más de lo previsto.

-Aún no, estoy llegando…- respondió rápido continuando con el tema –Pero, me soportas porque sabes que no puedes vivir sin mí. ¡Soy tu amor!- dijo creída –La pillada…- se echó a reír y fue inevitable que la mente de la morena viajara al pasado automáticamente.


Ellas llegaron a casa besándose, las pequeñas estaban en casa de sus abuelos, Henry siempre estudiaba en casa de su amigo Hércules a esa hora, tendrían la casa solo para ellas.

Se besaban con deseo, ya quitándose las ropas y tirándolas en mitad de la sala cuando escucharon un ruido proveniente del cuarto de Henry.

-¿Emma?- Regina desorbitó los ojos

-Parece que nuestro hijo ha llegado más temprano…- Emma besó a la esposa de forma calmada –Vamos a tener que hacerlo en silencio- la besó una vez más conduciéndola a la habitación. Escucharon otro ruido, ¿parecía la cama?

-Voy a ver a Henry- Regina se soltó del abrazo y echó andar en dirección de la habitación del hijo

-Regina…Ven…Deja a Henry quieto…- pidió

-Solo voy a ver si está bien, amor…Ya vuelvo…- fue al cuarto. Abrió la puerta y el susto fue inmediato, se llevó las manos a la boca, estaba perpleja.

Su hijo estaba follando con su mejor "amigo"

-¡Henry!- gritó

-¿Mamá?- se subió los pantalones, Hércules hizo lo mismo

-¡Dios mío, Henry! ¡Ay, Dios mío! ¡Emma!- llamó desesperada, enseguida su esposa llegó –Yo no sé lidiar con esto, Emma…Cielos…- estaba sin reacción

-¡Mamá! Puedo explicar…

-¡No digas nada, Henry!

-Sra. Mills…Disculpe…- Hércules estaba rojo, intentaba formular una explicación.

-¡Por Dios, Hércules! ¿Qué le voy a decir a Lily? ¿Y Ruby? Decidme que ha sido la primera vez…Por favor…- casi lloraba

-Amor…Calma…- Emma llegó intentando apaciguar la situación

-¿Usáis condón, al menos?- preguntó Mills devastada.


Emma estalló en una carcajada una vez más en aquel día, conseguía visualizar con claridad la expresión de pánico de la morena.

-¡Para de reír, Emma!- Regina reprende a la otra por teléfono

-¡Imposible!- rió aún más -¡A Rubs casi le da un infarto! Recuerdo el sermón que las dos INTENTASTEIS darnos a Lily y a mí. Nunca me olvidaré, apenas conseguías hablar…- se secó las lágrimas.

-Ok, Em, voy a colgar…Ya hemos viajado al pasado bastante por un día- sonrió –Les llevaré los trajes a las chicas. ¿Nos encontramos en la hacienda?- consiguió dar fin al tema suavemente. Tenía muchas cosas que terminar antes de la fiesta.

-Sí, hermosura…Acabo de llegar. Recojo los zapatos. ¡Nos vemos allá!- colgó la llamada.

Tras algunos minutos, Emma ya estaba en el coche de nuevo. Recordó que necesitaba poner gasolina, estacionó y bajó del escarabajo en el puesto de gasolina, en cuanto terminó volvió a subir al coche y arrancó. Al hacerlo, sintió un gran golpe en la parte trasera del vehículo.

"¡Oh, mierda! ¡Esto solo puede ser una broma de mal gusto! ¿Precisamente hoy?- resopló saliendo del coche para comprobar los daños. Miró alrededor buscando al desastrado o desastrada, estaba lista para pelear cuando sus ojos se encontraron con ciertos ojos de color chocolate.

¡Broma del destino! Solo podía ser eso.

-¿Regina?

-¿Emma?

Dijeron a la vez y en ese instante las dos echaron a reírse a carcajadas.

-¿De verdad? ¿Le he dado al proyecto de abeja de Emma Swan?- consiguió decir Regina tras secarse las lágrimas de tanto reír -¿No estabas al otro lado de la ciudad?- dijo indignada

-¿Hace media hora? Sí, lo estaba- miró el golpe de nuevo haciendo una mueca -¡Joder!- le dio un golpe al hierro –Sabía que te vengarías por tu Mercedes más pronto o más tarde…- se sentó en el capó del escarabajo –Sí, abejita…Realmente necesitas una buena a puesta a punto, ya que tu rival ha hecho el favor de cargarse tu trasero- miró a Regina fingiendo enfado –Pagarás el arreglo, sra. Mills, pues no voy a gastar mi dinero…

-Ah, srta. Swan…No pagaré nada- arqueó la ceja con una mano en la cintura –Sigo esperando el dinero de MI arreglo…Y por mi cuenta ese dinero nunca pasó…- le guiñó un ojo irónica

-¿Compraste el permiso de conducir?- bromeó recodando la primera vez que se habían visto –Deberías ser llevada presa por beber borracha. No ver un escarabajo AMARILLO solo puede ser efecto de aquella sidra de manzana…- provocó

-Conduciría borracha mil veces si fuera a chocar contigo, Emma…- se acercó a la esposa y la agarró por la cintura –Sigues siendo la misma desvergonzada de siempre…solo que…- apartó una mecha rubia de su cara –Con algunos cabellos blancos…

-Uff, no tienes que recodarme eso, amor…- reviró los ojos, los años habían pasado, pero Emma seguía siendo la misma niña de siempre.

-Estás linda…- besó el canto de los labios. Ella sonrió con un leve rubor en sus mejillas.

-Están mirando…los empleados de la gasolinera…- susurró Swan. Regina miró a la esposa sin entender

-¿Y qué?

-Está mal visto que dos señoras se agarran en el puesto de gasolina…- dijo como si fuera obvio.

-¡Dios! ¡Han abducido a mi Emma!- llevó la cabeza hacia atrás riendo –Te estás volviendo una vieja cascarrabias, Swan…

-Una viejita recatada…- dijo sacando pecho

-Uhum, ahora ignora las miradas y enséñales que una hermosa señora con pinta de 40 sabe besar mejor que mucho joven de por ahí…- enroscó la mano en los cabellos atrayéndola hacia un tierno beso –No me importa lo que otros vayan a pensar, eres mía, Emma…Siempre será así…- rozó los labios tras el beso.

-Viejecita moderna, tú…- le tocó el mentón a la morena

-Aún puedo sorprender- usó su mejor tono de malicia –Ven aquí…- Regina bajó a la esposa del capó –Te dejo conducir…

-¿Tu coche?- se sorprendió

-¿Hay otro?- meneó la cabeza –Sí, tonta…- agarró la derecha de la otra –Vamos ya, tenemos que acabar el local de la fiesta y esperar a nuestras princesas.

-Este cumpleaños será inolvidable…- afirmó Emma emocionada -¿Cómo ha pasado el tiempo tan rápido?- preguntó mirando hacia la nada

-No sé, amor, me lo llevo preguntando hace varios años…- soltó el aire

Ambas compartían los mismos pensamientos, las mismas ansias en silencio, no decían nada, pero sus mentes estaban conectadas. Sabían que el tiempo no perdonaba, llega para todos inevitablemente, soterradamente. Con ellas no iba a ser diferente, el tiempo no se detiene.

Se marcharon del sitio pensativas. Después, Regina llamaría a alguien para que fuera a buscar el escarabajo y volvería a la mansión Swan Mills reformado. Si había algo que ambas habían compartido durante todos esos años era el apego a sus automóviles.

Haciendo Encantados- Fiesta de los 16

El espacio abierto estaba siendo decorado con medianas y pequeñas lamparitas redondas, había color y brillo en el sitio, la estructura cubierta y enmarcada en vidrio reflejaba la belleza de las plantas y flores, dejando el aire más natural y ligero, con muchas velas y luces de colores, todo quedo moderno y acogedor. Saliendo de los clichés de fiestas realizadas en salones extremadamente caros.

Los invitados llegaron a montones, parientes, amigos, amigos y colegas de los hijos, personas importantes que habían marcado la vida de aquellas muchachas. De hecho, la familia había aumentado y con ella, las fiestas de la familia Swan Mills habían ganado proporciones realmente grandes.

El ambiente fue dividido en zonas y cada zona era de una temática, había tres enormes tartas, cada una decorada con los colores que las propias cumpleañeras habían escogido: rosa, rojo y violeta. Aquel que llegara podría pensar que eran tres fiestas diferentes, sin embargo todo tenía armonía, desde los colores de las flores hasta los globos y decoraciones del techo, nada estaba fuera de sitio, ningún tono sobresalía sobre el otro.

La música que el DJ ponía comenzó a agitar a los invitados, la playlist que las muchachas habían escogido resonaba creando un clima agradable. Los deliciosos bocados y las bebidas eran servidos por los elegantes camareros, nadie hacía un trabajo tan perfecto como Malévola, incluso estando ahí como madre de una de las muchachas cuidada personalmente de todo.

Las muchachas hicieron una entrada triunfal, descendieron de la limusina rosa brillante, pisando la ancha alfombra de tres colores. Algunos esperaban ansiosos, otros emocionados. Ellas desfilaron por la alfombra como si desfilaran por una pasarela.

Ruth llevaba un vestido largo de color rojo sangre, sus labios pintados del mismo color destacaban la forma natural de su rostro perfectamente moldeado por los mechones castaños sueltos que contrastaban con sus brillantes ojos bajo la luz. Malévola sintió su corazón saltarse un latido, aquel rostro le recordaba a Cora todos los días, pero ahí, en aquel momento veía a la mujer, su hija ya no era una niña. Sonrió con los ojos llorosos, fue inevitable, los recuerdos asolaron su mente.


-¡Vamos Malévola!- Cora la llamó ansiosa. Era la primera Navidad de ellas en familia y el regalo prometía ser inolvidable. Y lo fue.

En cuanto el reloj marcó medianoche, Cora le entregó una caja a Mal, ella agarraba a Ruth en la mecedora, sonrió intentando adivinar lo que sería el regalo.

-¿Un libro?- preguntó sospechando del envoltorio

-Abre y lo verás…- Mills sonrió desafiante –Venga…- incentivó

La camarera miró a la otra de soslayo, pero estaba abriendo la fina caja. Los ojos azules de inmediato se llenaron de lágrimas y la sonrisa que Mal esbozó fue capaz de llenar de colores el mundo de Cora. Dentro del sobre estaba escrito Ruth Smith Mills.

-Lo…lo hiciste…- decía sin creerlo

-¿Lo dudaste, amor?- Cora tocó el rostro de la más joven -Ella es nuestra, nuestra pequeña…Deseo pasar el resto de mis días contigo, con nuestra familia…Que este sea el primero de muchas que pasaremos juntas…Feliz Navidad, mi amor…- besó la cabeza de la otra.

-Gra…gracias…- fue lo único que Mal consiguió pronunciar.

Aún se sorprendía con Cora, ella siempre podría sorprenderla. Como cuando le pidió que se casara con ella, después el anillo dentro de una botella de vino blanco en una cena casual. Mills lo había aprendido, las cosas sencillas valían más que los bienes materiales.


Lana llevaba un vestido rosa bebé corto, ligeramente con vuelo, y ceñido a la cintura. Sus cabellos lisos, con rizos en las puntas, combinaban armoniosamente con su sonrisa de diamante que parecía iluminar cualquier cosa a su alrededor, su belleza llamaba la atención de todos. Hubert no conseguía apartar la mirada de su novia, estaba encantado y no veía la hora de sacarla a bailar.

Emma y Regina estaban muy emocionadas, aquella nostalgia insistía en golpear, todo parecía demasiado surreal. Y con ellas no fue diferente que con Malévola.

Regina recordó la primera presentación de ballet de la hija en infantil, Lana parecía volar y saltar como si hubiera nacido sabiendo hacerlo, Mills lloró durante toda la representación. Emma admiraba a las muchachas con mirada emocionada, intentaba aguantar la emoción, pero estaba fallando miserablemente, sus ojos verdes aguados brillaban y sus labios formaban una fina línea trémula. Fingía ser una durona, pero cuando sus ojos se posaron sobre ella, su mundo se derrumbó y las lágrimas resbalaron libres, fue como volver en el tiempo…


-Mi niña…mi panda…- Swan continuaba llorando con la pequeña en los brazos

David respiraba nervioso, quería llegar pronto al hospital y socorrer a su hija, Regina, por otro lado, estaba calmada, sabía que llegarían, lo peor había pasado y su familia estaba bien.

-Nuestra niña, mi amor…Tu pequeña…- acarició el rostro sudado de la esposa y le dio un beso en la cabeza -¿Cómo se llamará?

-Eva…Se llamará Eva…Aquella que tiene vida…- pronunció el significado del nombre –En homenaje a mi abuela…- apretó a su hija en los brazos.

-Hermoso, Em…Nuestra pequeña llena de vida…- Regina lloró emocionada.


Eva le sonrió a la madre rubia, sabía lo que Emma estaba pensando, le había contado aquella historia centenares de veces.

-Naciste en ese escarabajo, no quisiste llegar al hospital. Tu madre fue muy valiente aquel día, ella te trajo al mundo…

Eva podía leer las expresiones de Emma, ambas se conocían tan bien, eran más que madre e hija, eran amigas, cómplices. Se acercaron y el abrazo fue aplastante.

-No me hagas llorar, mamá…Por favor…- la rubia pidió en cuanto pudo recuperar el aliento tras el abrazo.

-Mírate, panda…- admiró a la hija de cabeza a los pies –Estás tan crecida…

-Y tú derretida, mamá. Para…- dijo tímida

-Ok…- sonrió –Has arrasado con la elección de ropa…- guiñó un ojo orgullosa

Eva no llevaba un vestido normal como el de Lana o Ruth, había optado por recibir a los invitados usando un traje violeta, con camisa blanca y corbata del mismo color del chaleco, en los pies, zapatos también blancos. Los cabellos rubios estaban peinados en una perfecta trenza transversal con algunas horquillas plateadas.

La fiesta transcurría tranquila y alegre, algunos invitados bailaban en la pista, algunos comían, mientras otros solo conversaban para recuperar el tiempo perdido.

Después de que las tres cumpleañeras cantaron el cumpleaños feliz y los 16 deseos fueron pedidos como reza la tradición, llegó la hora más esperada por todos: el cambio de zapatos.

Las chicas habían quedado que se haría por edad, entonces sería Ruth la primera en ser presentada en el centro del salón.

Malévola hizo los honores, trajo los zapatos de tacón sobre un almohadón y ella misma se los cambió. Ruth abrazó a la madre y Mal correspondió al abrazo llorando.

-Querría que mamá me pudiera ver…era su sueño realizar esta fiesta…- dijo Ruth con pesar

-Cora estaría muy orgullosa de ti, mi amor…- secó una lágrima del rostro de la hija.

-La echo de menos, mamá…- bajó la cabeza, tristona

-Yo también- alzó el rostro de la muchacha por el mentón –Pero sé que siempre estará con nosotras- apoyó la mano en el corazón de la hija –aquí…- forzó una sonrisa débil.

Echaba de menos a Cora, ya habían pasado algunos meses desde su fallecimiento, sufrió una parada cardiorespiratoria mientras dormía, fue un shock para todos los familiares y conocidos. La ceremonia fúnebre fue multitudinaria, ni Zelena ni Regina esperaban tantas personas para despedir a su madre.

Los meses que se sucedieron tras la muerte de Cora Mills fueron complicados para la familia, Regina sintió la pérdida con fuerza, Zelena, Henry y Roland no lo aceptaban, pero Malévola fue la que más lo sintió. La dueña del bar (sí. Dueña, pues tras la boda Cora quiso comprar el local y dárselo de regalo a la esposa) se aisló, cambió, muchos se preguntaban cómo conseguía mantenerse en pie o sonreír ante tanto dolor. La señora Smith no dejó de trabajar, todo lo contrario, se hundió en sus quehaceres y el poco tiempo que le restaba se lo dedicaba a su hija, Ruth, a ella solamente, pareció olvidarse del mundo y hacía apenas unos días que había vuelto a actuar con naturalidad con toda la familia. No lo había superado, quizás jamás lo hiciera, pero lo intentaba, lo intentaba todos los días.

Llegó el turno de Lana para hacer el cambio y quien lo llevó a cabo fue su protectora, Regina jamás dejaría que otro lo hiciera, ese honor no estaba en discusión.

-Has dejado de ser la princesa para convertirte en reina, querida…- Regina besó su cabeza sonriendo

Tiró de esa metáfora por el gran significado de la celebración, a final de cuentas, alcanzar los 16 para una muchacha americana era eso, dejaba de ser niña para volverse mujer.

-Gracias mamá…Pero jamás podré ser reina, ese título es tuyo…- agarró las manos de la madre gentilmente

Cuando llegó el turno de Eva fue diferente, tenía que serlo. La rubia entró al ritmo de una música electrónica de fondo, sonreía animada para todos los presentes, al pararse en el centro hizo una reverencia llamando a su madre rubia con la mirada como si dijera: "¡haz los honores señora Emma!"

Y Swan lo hizo de una manera brillante, se echó a reír al terminar el cambio de los zapatos bajos por los de tacón.

-Buena suerte con eso, chica...¡Los pandas no llevan tacón!- le guiñó irónica

-Salí a ti, mamá…Algunas chicas serán siempre niñas…- le guiñó a su vez

-Confianzuda- Emma rió dándole una palmada en el hombro

-Tengo a quien salir…- abrazó a la madre -¡Te amo vieja!

-¡Eh, ese respeto, muchacha, aún soy tu madre!- miró feo, pero Eva sabía que Swan estaba bromeando

El vals sonó y cada una bailó con su par. Ruth bailó con Roland, Lana con Hubert, y Eva con Henry. Al final del baile, los demás se juntaron a ellos en la pista.

Era gracioso cómo el tiempo pasa y algunas cosas cambian, pero otras no tanto. Lily y Ruby bailaban agarradas, Hércules conversaba con Hamish, uno de los trillizos de Mérida, el otro, llamado Harris, comenzó una animada conversación con Melody, la hija de Ariel y Elsa, quizás estaba comenzando algo por ahí.

Mérida y Mulan se deslizaban por la pista, los demás habían desaparecido del campo de visión de ambas, crearon una burbuja donde se amaban. En los brazos de la oriental, la pelirroja había descubierto el mayor de los sentimientos, el amor.

Killian estaba en el bar tomándose la tercera copa de ron, estaba muriéndose de celos a cuenta de su hija Lizzy, y verla siendo cortejada por Neal lo estaba corroyendo por dentro, Tinker intentaba calmarlo.

Elsa, Ariel, Ana y Kristoff conversaban animados sobre los hijos y los estudios que les gustaría realizar.

Zelena y Robin bailaban al lado de Belle y Graham. Dorothy ya toda una mujer sacó a Hércules a bailar, el muchacho se vio sorprendido ante la petición, siempre habían estado próximos por estudiar en la misma escuela, pero no intercambiaban muchas palabras, el pedido de la prima de Henry fue realmente inesperado.

Roland, como un caballero, sacó a su secretaria, Grace, a bailar en cuanto terminó el vals con Ruth, Jefferson y August se dieron una cómplice sonrisa, les daría mucho placer si el heredero Mills escogiera a su hija como esposa.

Mary y David observaban a los demás en silencio, apreciaban el ambiente con las manos entrelazadas sobre la mesa, la familia que tanto anhelaban estaba ahí, el sueño se había hecho realidad, estaban en paz.

La música lenta cesó y dio paso a las canciones movidas. Eva se entusiasmó y enseguida estaba bailando en medio de las muchachas, ella no salía con nadie ni pretendía, le gustaba ser libre y disfrutar la vida. Una verdadera Emma Swan en su plena adolescencia.

Regina y Emma estaban afuera, necesitaron salir a coger aire, el día había sido movido y ya no tenían tanto aguante como antes, la música alta también les molestaba, pero no serían ellas quienes estropeasen la gran fiesta de las hijas.

-Eva está rodeada de chicas, y ellas están tirándosele encima…- dijo Emma con orgullo

-Los chicos también, solo que ella no les presta atención…- observó Regina –Siempre ha preferido a las chicas…

-Conoce el lado bueno de la vida…- dijo maliciosa, como si supiera algo que Mills no supiera

-¿A qué lado se refiere, sra. Swan?- preguntó desconfiada

-Ninguno…- se hizo la desentendida –Mira…- señaló al hijo bailando con su prometida, Violet

-Están bien juntos…- Regina suspiró orgullosa

-Estoy de acuerdo. Forman una linda pareja…¡Enseguida nos darán nietos!- Emma hizo una mueca al pensar en lo dicho, Regina solo sonrió

-Me daría mucho placer…- sacó pecho imaginándose a los nietitos en los brazos

-Mejor que un nieto pelirrojo…- Emma dejó el pensamiento salir en voz alta cuando avistó a Lana correr con Hubert hacia atrás de un árbol –Quiero decir…¡Nietos! ¡Estaría bien!- intentó arreglarlo, pero ya era tarde.

-¿Qué has dicho?- Regina no entendió

-Si Lana continua con aquel empalague, tendremos nietos más rápido de lo que imaginamos…- los celos la golpearon -¡Voy a castrar a aquel chico!- dio pasos firmes hacia el césped en dirección a los dos

-¡Emma!- Regina la cogió del brazo – Cálmate- pidió –Lana sabe cuidarse, vamos a darle un voto de confianza a nuestra hija…

-Yo confío en ella, ¡es en aquel proyecto de pájaro carpintero en quien no confío!- resopló frustrada

-Lo comprendo, amor, y tengo la misma preocupación que tú, pero hoy es su día. Vamos a ser flexibles al menos hoy, ¿ok?- pidió con aquellas maneras dulces

Emma no tenía ánimo para discordar, solo miró al árbol, dudosa, y tiró de la esposa hacia dentro de la casa en silencio. Al llegar, la música que llenaba el ambiente era lenta, pocas parejas bailaban en la pista, la mayoría de los invitados se habían marchado. La música volvió a cambiar y la melodía era bastante conocida por la pareja.

-¿Me concedes este baile…?- dijeron a la vez

Sonrieron la una a la otra, la conexión entre ambas era palpable. No respondieron, sencillamente juntaron sus cuerpos y se dejaron llevar por la melodía.

Al ritmo de From this moment on, la música que amenizó su ceremonia de boda, bailaban algunas parejas enamoradas.

Ruth, que apreciaba el fin de fiesta en silencio, observó a su madree pensativa en una mesa. No debía ser un día triste, ¡era un día de celebración!

No se lo pensó dos veces y sacó a la madre a bailar. Malévola sonrió emocionada ante la actitud de la hija. El luto no era algo malo, en realidad era necesario. Es una etapa que necesitamos encarar, comprender, vivir para seguir viviendo de forma equilibrada y saludable. Así que, en esas situaciones quizás todo lo que podamos ofrecer sea un sencillo abrazo, el ofrecimiento de un hombro. Ruth quería mostrarle que la añoranza no solo la golpeaba a ella, sino a todos, pero todos estaban allí reunidos y llorarían con ella si fuera necesario.

-Yo también la echo de menos…- susurró Regina al oído de su esposa. Estaba viendo la escena de Mal y Ruth, abrazadas en medio del salón. Podía entender, compartía el mismo dolor.

-Yo también echo de menos a esa vieja…- Emma bromeó, en el fondo lo sentía tanto como la morena. Quería a Cora, llegó a quererla tanto como a Mary –Ruth está tan crecida…- sorbió intentando contener las lágrimas, quería cambiar de tema.

-Mi madre está viva en su mirada…- disminuyeron los pasos de baile para observarlas.

-Mal es muy fuerte. No sé si soportaría mirar a Lana todos los días sin tenerte…Duele demasiado…- miró a Ruth, ella era una copia de Cora, solo que más joven –Los recuerdos duelen…- dijo pensativa

-Nadie vive para siempre, Em…-Regina tomó un soplo de aire –Pero deseo desde el fondo de mi corazón…que…Digo, cuando llegue ese día…quiero irme contigo…pues no sabré vivir ni un día sin estar a tu lado…- dijo

-Prométeme que al menos lo intentarás…- Emma soltó, no soportaba imaginar a su esposa sufriendo.

-No puedo prometer algo que no voy a cumplir…- desvió la mirada intentando borrar las lágrimas

-Mírame- Swan tiró del rostro de la esposa por el mentón –Haremos así…- sonrió como si hubiera encontrado una solución mágica -¿Crees en otras vidas?- sustentó la mirada en los castaños

-No sé…Nunca he pensado en eso…- respondió sin entender

-No importa…Si existen…Te prometo que te encontraré…estés donde estés…Y vamos a vivir nuestro amor otra vez…en cualquier lugar de este mundo o en otro…¿qué me dices?- esperaba la respuesta con expectativa.

-No lo sé, Em…eso suena…extraño…- hizo una mueca

-¡No importa! Te lo he dicho…- sonrió y de nuevo acarició el mentón de la esposa -¡Vamos! ¿Qué me dices? ¿Lo prometes?- puso carita de gato con botas

-Te lo prometo, mi amor…- Regina sonrió ante la expresión de la esposa –Mi corazón siempre será guiado hacia el tuyo…- apoyó la mano sobre el pecho de la otra.

-¡Espera que tengo una clausula!- dijo Swan bromista, Emma siempre conseguía relajar el momento –¡Si en otra vida tengo que pelear por ti con ella, juro que la mato!- no tuvo que precisar de quién estaba hablando, solo miró a donde estaba la pelirroja. Regina solo sonrió, sabía exactamente de quién hablaba.

-No será necesario, amor…- agarró el rostro de la esposa con las manos –Podrán existir centenares de Méridas, o millares de mundos, yo, siempre, siempre te escogeré a ti entre todos…- juró

-¿Eso es una promesa?- preguntó Swan desconfiada

-Sí, mi rubia del escarabajo amarillo…- continuó agarrando el rostro de su esposa entre sus manos –Eso es una promesa de amor…

Emma sonrió genuinamente, clavó sus ojos en los almendrados y selló sus labios con un beso lento, cargado de cariño y amor.

¿Qué es el fin? El fin son ciclos, ciclos vividos, comienzan y acaban, pero el fin no es de hecho el fin, pues es la puerta para un nuevo comienzo, el inicio de un nuevo acontecimiento, de una nueva historia.

Emma y Regina se habían amado, vivido y disfrutado de ese amor de una forma plena, y ellas sabían, por más intenso que fuera ese amor, que jamás sería suficiente solo una vida, ningún espacio de tiempo sería suficiente para tal sentimiento.

Vidas…Es un ciclo, nacemos, morimos, la mayor ley del universo, lo único cierto que tenemos. Algunas vidas se cruzan, otras chocan, pero algunas almas son eternas…

-Te amo, Emma…por toda la vida…- pronunció en cuanto el beso cesó

-Quizás hasta después, amor…- Emma acarició aquel perfecto rostro, algunas expresiones cambiadas debió al tiempo, y aún así, Regina siempre sería la mujer más bella para los verdes ojos de Emma.

Una sonrisa se formó en ambos labios, y ellas sabían, si tuvieran que morir esa noche, o cualquier otra, estarían en paz, plenas, ligadas por aquel sentimiento, pues su corazones siempre se verían atraídos el uno por el otro. Y sus historias serían contadas de otras formas, incontables veces.

Ese es el verdadero amor, aquel que se construye sobre los límites del tiempo, sobre las barreras de la vida.

La vida es incierta, los caminos son inciertos, pero el amor…¡Ah! Ese siempre encontrará su lugar, su dirección, su norte…Así es el amor, algo sublime e inexplicable, él es sentido, y pude ultrapasar todo aquello que la lógica humana es incapaz de entender.

Amor eterno.