Capítulo 32: "Un hombre con fe puede permitirse el lujo de escepticismo"
Resumen:
Los límites de Scully y su efecto sobre Mulder. Alguien se lleva una sorpresa.
Notas:
Death Cab for Cutie – "I Will Possess Your Heart"
How I wish you could see the potential
The potential of you and me
It's like a book elegantly bound but
In a language that you can't read, just yet
You gotta spend some time, love
You gotta spend some time with me
And I know that you'll find, love
I will possess your heart
You gotta spend some time, love
You gotta spend some time with me
And I know that you'll find, love
I will possess your heart
There are days when outside your window
I see my reflection as I slowly pass
And I long for this mirrored perspective
When we'll be lovers, lovers at last
You gotta spend some time, love
You gotta spend some time with me
And I know that you'll find, love
I will possess your heart
You gotta spend some time, love
You gotta spend some time with me
And I know that you'll find, love
I will possess your heart
You reject my advances and desperate pleas
I won't let you let me down so easily, so easily
You gotta spend some time, love
You gotta spend some time with me
And I know that you'll find, love
I will possess your heart
You gotta spend some time, love
You gotta spend some time with me
And I know that you'll find, love
I will possess your heart
You gotta spend some time, love
You gotta spend some time with me
And I know that you'll find, love
I will possess your heart
Ella subió las escaleras de su casa en Stevensville, Maryland y caminó hasta el final del pasillo alfombrado. Dio la vuelta a la izquierda y se quedó mirando la puerta blanca. Esta habitación siempre solía estar abierta, pero la puerta había sido cerrada desde el sábado, cuando amigos y parientes la habían acompañado de regreso a la casa desde la iglesia, ese día había experimentado algo que nunca debería haber experimentado. No había sido capaz de decidirse a entrar a esa habitación y hacer lo que tenía que hacer, pero no podía seguir ignorándolo por más tiempo. Debía hacerlo.
Abrió la puerta y fue recibida por las familiares paredes blancas, la moqueta verde apio, la colcha de lilas púrpuras y hojas verdes, y el tocador antiguo de madera a juego con la silla y escritorio. Recordó con cariño cuando la ex ocupante de ese dormitorio con entusiasmo había escogido los muebles y la ropa de cama cuando tenía sólo 15 años. ¿Realmente había pasado tanto tiempo? Parecía como si fuera ayer. La habitación en realidad no se había vuelto a ocupar desde 1977, y sólo se utilizaba cuando su anterior ocupante volvía a casa para las vacaciones o en sus visitas ocasionales de fin de semana. Pero ya no habría más visitas, ni habría más vacaciones que pasarían juntas.
Dejó las cajas de cartón en el suelo y se dirigió al armario. Quitó los vestidos, faldas y otras prendas bonitas. Tomó el vestido de graduación lila con volados alrededor del escote redondo y en las mangas, la cintura ajustada con una cinta, y la capa de tul con discretos lunares. Las lágrimas llenaron sus ojos. Ella había sido tan feliz esa noche, y estaba tan orgullosa de la mujer en que su hija se estaba convirtiendo: era hermosa, e inteligente, muy inteligente, y tan resuelta.
Dobló el vestido con cuidado, y lo colocó dentro de una caja de cartón. Una vez que el armario estuvo vació, pasó a la cómoda y llenó otra caja con pantalones, camisas, pijamas y ropa interior. Una vez vacío, se trasladó al tocador y descartó las pocas botellas de perfume y la caja de joyería con los tesoros de adolescencia de su hija. Tomó la fotografía enmarcada, la única foto ahí, tomada en la Graduación Universitaria de su hija hacía poco más de 10 años. En realidad había obtenido un Doctorado en Filosofía (PhD). Había estado tan orgullosa de su niña. Ese había sido un día feliz.
Miró al hombre de la foto. Él tenía su brazo sobre el hombro de su hija, y estaban sonriendo. Su hija había estado perdida por ese hombre. Él era todo sobre lo que hablaba. Qué cosas malas habrían obrado para que no funcionara la cosa entre ellos. A ella le gustaba bastante ese chico. Colocó la fotografía dentro de una de las cajas junto a las otras cosas.
Cuando terminó de vaciar el tocador, trasladó las cajas al pasillo. Regresó a la habitación y echó otro vistazo alrededor, se quedó mirando la cama. Supuso que no estaría de más comprobar. Se puso de rodillas, levantó el faldón, y miró debajo de la cama. Bueno, esto era una sorpresa. Nunca había visto eso antes. Lo sacó de debajo de la cama. Había un sobre blanco tamaño carta pegado a ella, dirigido a: 'Mamá'. Un nudo se le formó en la garganta y las lágrimas comenzaron a caer mientras pasaba el dedo índice izquierdo por el sobre y lo abría.
Scully se quedó acostada, cuando la luz de la mañana la despertó al iluminar su habitación, viendo a Mulder dormir. Se sentía en conflicto, como siempre. Lo quería allí con ella todo el tiempo, pero sabía que acostumbrarse demasiado a tenerlo a su alrededor, sobre todo en forma personal cuando el trabajo no estaba involucrado, la haría más dependientes de él. Y esto, a su vez, haría la angustia y el dolor que le esperaba a futuro aún más insoportable. Quería a Mulder allí, pero el instinto de conservación estaba ganando la pelea, como de costumbre.
Salió de la cama, fue al baño y se puso el albornoz marfil. Cuando regresó a la habitación Mulder seguía dormido, acostado de espaldas y con la mitad inferior de su cuerpo cubierto por la sábana color crema.
- Mulder, despierta. - Dijo, agitándole suavemente el brazo.
- ¿Hmmmm? - Respondió él, con los ojos todavía cerrados.
- Necesito que te despiertes. Es hora de que te vayas a casa.
Mulder comenzó a parpadear despierto. - Pero es sábado, Scully. - dijo, bostezando.
- ¿Cuál es tu punto? Mulder, has pasado las últimas nueve noches aquí. De corrido.
Él le sonrió. - ¿Las estás contando, Scully?
Ella lo miró fijamente.
Mulder seguía sonriéndole. - ¿Por qué no vuelves a la cama, Scully?
Comenzó a estirarse hasta ella, pero Scully dio un paso hacia atrás. La reacción fue de lucha y huida para evitarlo. Por la noche, en la oscuridad era una cosa. Sexo con Mulder a plena luz del día era otra cosa totalmente distinta, y ese no era el camino que ella estaba preparada para descender.
- ¿Tengo que recordarte que en realidad no vives aquí, Mulder? Es hora de que te vayas a casa.
Él suspiró, sentándose en la cama. - ¿Por qué? Quería quedarme contigo aquí a pasar el día.
Scully le dedicó una mirada exasperada. - Mulder... tengo cosas que hacer. Tengo que escribir ese artículo para la Forensic Sciences Journal y nunca voy a terminarlo si estás aquí. Ya estoy asumiendo que piensas pasar las noches aquí toda la semana que viene también.
- Sí. - Dijo Mulder sin vacilar.
- Bueno, entonces, tengo que hacer esto. - Respondió Scully. - Mulder, ¿no tienes cosas que necesitas hacer? Debes tener una montaña de ropa sucia, y no estaría de más limpiar ese desastre que llamas "apartamento".
Mulder rodó los ojos y se levantó de la cama cuando Scully salió de la habitación y se dirigió a la cocina. Mientras ella ponía la tetera al fuego, Mulder entró, completamente vestido.
- ¿Quieres que desayunemos juntos antes de irme? - Preguntó.
- No. - Le respondió secamente. Si se lo permitía ahora, se convertiría en un hábito, y luego se convertiría en otro aspecto de su co-dependencia. Scully pensó que poner un poco más de distancia entre ellos no podría hacerle daño.
Mulder la miró fijo. Y suspiró. - Bien... entonces...
Se acercó a donde estaba, de pie frente al fregadero, colocando ambos brazos alrededor de ella y apoyándose contra el borde de la encimera. Scully se sentía atrapada. Parecía que estaba a punto de besarla. Ellos nunca se habían besado por el simple hecho de compartir un beso, a pesar de que ella podría decir que Mulder había querido hacerlo muchas veces en la última semana. Pero el beso había sido mantenido para un propósito: para dar lugar a las relaciones sexuales, junto con todas las demás muestras de afecto entre ellos. Scully necesitaba mantener algún tipo de control sobre la situación, si no quería dejarse llevar y empezar a actuar como una adolescente enamorada. Estaba luchando por no sentirse aún más unida a Mulder de lo que ya estaba.
La tetera comenzó a silbar y Scully giró el rostro, alejándose de Mulder, que había comenzado a inclinarse hacia ella, empujó su brazo por un segundo, hasta que él se soltó de la encimera. Mulder suspiró mientras la observaba verter el agua caliente en la taza, se volvió y caminó hacia la puerta principal. Scully lo siguió, y abrió la puerta para él.
Una vez que él cruzó el umbral, se volvió a mirarla con una expresión decepcionada. - Scully... ¿no puedo quedarme?
Ella lo miró fijamente. - No. ¡Santo cielo, Mulder! ¡Es sábado! Ve a hacer algo, cualquier cosa. Limpia tu apartamento. Alimenta a los peces. Has algunos recados. Ve a correr. Juega al baloncesto. Visita a los Pistoleros Solitarios. Has lo que sea, sea lo que sea que hagas normalmente los fines de semana. Estoy segura que tienes una vida a la que necesitas regresar... ¿Ok? Nos vemos el lunes por la mañana.
Mulder la miró. Sentía que estaba a punto de decirle: "Tú eres mi vida" pero se contuvo en el momento justo, y luego comprendió lo que ella había dicho.
- ¡¿El lunes?! - Se sentía aturdido.
Scully suspiró. - Sí, Mulder. Nos vemos el lunes por la mañana. En la oficina. - Y le cerró la puerta en las narices.
Mulder refunfuñó para sí mismo todo el camino desde el pasillo hasta el ascensor. Fue un esclarecimiento: Scully estaba creando reglas. Hasta el momento no había permitido tomarse de las manos, besarse (salvo que fuera por la noche en su apartamento), y otras muestras de cariño, especialmente en público. No iba a dejar que la llevara a cenar o cualquier otra cosa que pudiese significar "una cita". Mulder suponía que no había nada malo en ello. No era como si quisiera que su amistad con Scully se convirtiese en algo parecido a sus relaciones anteriores. Realmente no tenía idea de cómo hacer que una relación romántica funcionase, de todos modos. Toda mujer que había estado seriamente involucrada con él lo había dejado, por lo que algo debía estar haciendo mal.
Pero al mismo tiempo, sintió que algo faltaba. Siempre sentía una punzada de decepción cuando no podía besar a Scully después de un "hola" o un "adiós", cuando sus manos se rozaban mientras caminaban por la acera y Scully ponía la suya en el bolsillo de su chaqueta justo en el momento preciso en el que Mulder automáticamente iba a tomarla, cuando descuidadamente y con cierta indiferencia le frotaba la espalda o los hombros en la oficina y ella se alejaba de él. Mulder por lo general no dejaba que esto le molestase demasiado, recordándose que no tenía ni idea de cómo ser romántico de todos modos, Scully claramente quería mantener una cierta sensación de límites entre ellos, y que "eso" que había entre ellos era lo bastante bueno en la forma en que estaba sucediendo.
Pero en el fondo, en lo más recóndito de su corazón, Mulder quería algo más que sexo. Quería que Scully lo amara, y no sólo como un amigo. Tal vez si conseguía que ella se abriese más a él, no tan sólo en la oscuridad de la habitación, Scully llegaría a amarlo. Cuando se acostaban juntos por la noche, podía ver el cariño en sus ojos pero, fuera de su dormitorio, ella le cerraba la puerta expulsándolo, dejándolo fuera, escondiéndose de él. Deseaba saber por qué. Él había estado reprimiendo esos sentimientos desde la mañana siguiente en que ella había volado a su regazo sobre su sofá y su alianza había cruzado a territorio desconocido. Y en lugar de sentarse y hablar sobre estas cosas, el tema acababa de unirse a todos los demás temas sobre los que habían evitado hablar en los últimos años. Él y Scully eran profesionales en eso del no hablar.
A decir verdad, había sido fácil enterrar esos sentimientos en el pasado porque nunca había sabido realmente lo que era crecer en un hogar lleno de amor y afecto. Pensó que había amado a Phoebe, pero al crecer se dio cuenta de que sus sentimientos estaban más cerca a la obsesión y que Phoebe en realidad nunca lo había amado en absoluto. Pensó que había amado a Diana, pero muchas cosas sobre esa relación no lo hacían feliz y ahora que sabía la verdad sobre ella, prefería simplemente olvidarse de todo. Nunca había conocido o entendido realmente al amor, el amor verdadero. Nunca había experimentado, ni lo había visto ejemplificado en los adultos de su vida cuando era más joven.
Pero oculto en el fondo, Mulder anhelaba la seguridad de una relación amorosa con alguien que realmente se preocupara por él, alguien que nunca jodiera con su cabeza, alguien que nunca le mintiera. Los anhelos profundamente arraigados de Mulder sobre la familia y la paternidad, que había reprimido durante la mayor parte de su vida, también se estaban volviendo cada vez más presentes en el fondo de su mente. Ahora que había conseguido degustar algo de ese "todo" que Scully le podía ofrecer, esos deseos largamente enterrados empezaron poco a poco a burbujear sobre la superficie y se estaba volviendo algo difícil de ignorar. Esto sólo añadía algo más a la confusión. No tenía idea de lo que él y Scully eran o a dónde iban, ni cuánto tiempo duraría eso que estaba pasando. ¿Sólo era por un corto tiempo hasta que lograran sacarlo de su sistema? Mulder esperaba que no sea así. ¿Sería para siempre? Mulder suprimió rápidamente ese pensamiento.
Y mientras Mulder se dirigía hacia la puerta principal del edificio de Scully, era muy consciente de que realmente hubiese querido quedarse con ella todo el fin de semana. Deseaba pasar más tiempo con ella y hacer cosas que no necesariamente implicaban sacarse mutuamente la ropa. Estaría perfectamente contento solo con sentarse en el sofá todo el día y ver televisión junto a ella. O sentarse y escuchar su charla, acerca de cualquier cosa. No le importaba. O llevarla a algún lugar agradable, a pesar de que por lo general sentía que ella le habría disparado al sugerírselo los días previos. Pero... la temporada de baloncesto estaba por comenzar. Tal vez podría conseguir entradas para ver algunos juegos de los Maryland Terrapins. Si estaban involucrados los deportes, Scully no podría pensar que estaban cruzando los límites personales que estaba creando.
Cuando piso la acera, se dio cuenta que no tenía auto. Dio un suspiro de exasperación y, a continuación, comenzó a caminar hasta llegar a la P Street NW y paró un taxi. El taxi lo dejó en su restaurante favorito: "Abigail" a sólo tres cuadras de su apartamento en Hegal Place. Después de un desayuno de huevos, picadillo de carne en conserva, y tostadas, se dirigió a casa.
Mulder no sabía qué hacer con él mismo. Su apartamento era una pocilga. Su ropa había sido lanzada en todas direcciones por todo el dormitorio. Sus platos del desayuno estaban apilados en el fregadero. Pensó en limpiar, como Scully le sugirió, pero luego abandonó rápidamente la idea. Se puso su desgarrada, sudadera sin mangas de los Knicks y unos pantalones cortos, tomó el balón de baloncesto, y se dirigió a la cancha local.
Ella condujo su 1995 Buick LeSabre plateado por una hora, y se encontró girando en una calle familiar. Habían pasado casi nueve años desde la última vez que había estado por ahí. Lo recordó vívidamente. Acción de Gracias de 1990. En lugar de que su hija fuera a su casa, al igual que solía hacer para las fiestas, ella había querido preparar la cena de Acción de Gracias en su apartamento. Los padres de su novio también habían ido, algo que su hija no había previsto. Habían sido invitados, pero la idea de que acudieran había ido disminuyendo inicialmente porque ellos no dieron una respuesta definitiva. Su novio estaba casi seguro de que no aparecerían. Pero se presentaron después de todo, y ella recordó la atmósfera del lugar: muy tensa y torpe. Se había sentido muy mal por el joven. Pareció sentirse completamente miserable durante todo el día.
Encontró el edificio donde su hija vivía, pero tuvo que conducir un poco más para encontrar un lugar donde estacionar. Se sentó en el coche durante bastante tiempo, sin poder salir. No estaba segura de que iba a decir. Bajó la mirada hacia el asiento del acompañante. Recordó la carta que su hija había unido a eso con las instrucciones. No había entendido algunas de las cosas que la carta decía, y las razones de su hija al guardar eso debajo de su vieja cama, y por qué le había pedido que lo trajera aquí. Obviamente había cosas en la vida de su hija que había mantenido completamente lejos de ella.
Después de quedarse sentada en el coche unos 10 minutos, salió. Abrió la puerta del asiento del acompañante, y lo tomó del asiento. Cerró y comenzó a caminar hacia el edificio. Entró por la puerta principal, y se dirigió a los ascensores.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el piso correcto, caminó por el piso de madera hacia el extremo opuesto del pasillo. Se paró frente a la puerta del apartamento, y levantó la mano para llamar, pero se quedó inmóvil. ¿Qué iba a decir? ¿Debería dejarlo, e irse? ¿Debería quedarse y ver si lo abría delante de ella? ¿Tenía el derecho de pedirle saber qué había ahí? La carta de su hija le había hecho sentir que preferiría no saberlo. Pero ¿y si golpeaba la puerta y nadie abría? No podría dejarlo en el pasillo. ¿Reuniría el valor para conducir ahí por segunda vez?
Pero después de tomar una respiración profunda, golpeó.
- ¡Espere! ¡Ya abro! - Gritó una voz familiar desde el interior del apartamento.
Su estómago se llenó de mariposas cuando la puerta se abrió, y lo vió allí de pie con el pelo mojado, con solo un par de jeans, sosteniendo una toalla en la mano, y con una mirada de asombro absoluto en su cara.
- ¿...Señora. Fowley?
Ella sonrió. - Hola, Fox.
CONTINUARÁ…
