Capitulo 2.

Pov. Renesmee

-Amo- musité mientras bajaba la cabeza en una breve inclinación y si bien se me permitía no arrodillarme no por ello podía levantar la cabeza hasta que se me fuese señalado, algo que siempre ocurría con un movimiento de cabeza, uno que venía del hombre frente a mí. Sus facciones denotaban aburrimiento hasta para pedirlo, como si aquello le fuese común, como si no supiera lo que aquello implicaba para mí.

En seguida llevé las manos a mi espalda, uniéndolas en un firme agarre. Recitando la ejecución de aquel desordenado grupo de Neófitos en Nueva Zelanda, explicando que ninguno tenía dones e incluso esbozando una que otra sonrisa ladina para transmitirle seguridad. Aquello le emocionaba, porque a su parecerte ja nuevamente el control, pero no era así. No cuando aquellos vampiros recién mordidos nunca existieron, sus desastres si pero no era provocados por ellos, sino por personas cautelosas que habían elegido el destino de reunión en esa ocasión.

Y él lo sabría, podría saber todo aquello si tan sólo levantara un poco mi escudo, pero si antes era cuidadosa con este, ahora lo era aún más.


La reunión terminó en cuanto la comida también lo hizo, por lo que salí limpiando los restos de sangre de mis labios con ayuda de mi lengua, pisándome los talones venía mi compañía de siempre, sólo que todos terminaron separándose en algún punto del pasillo, todos menos Alec, quién no me abandonó ni cuando llegué a mi puerta.

Sabía lo que quería y no tenía problema con dárselo, no cuando de alguna manera también lo deseaba, así que abrí la puerta y moví suavemente mi cabeza a un costado, dejando que tuviera un acceso a mi cuello, mismo que beso con ansias antes de empujarme dentro de la habitación. Sus dedos apresurándose por mi piel, tanto que en cuestión de minutos me encontraba solamente con mi lencería y los restos de sus besos sobre mí.

-Joder...te adoro tanto- replicó con una sonrisa, sus orbes rojos analizandome como si fuese la primera vez y sólo pude devolverle la sonrisa, jamás las palabras, porque aún no estaba ahí, donde mismo que él, en sí, ni siquiera sabía si jamás lo estaría. No cuando tenía otro nombre en el fondo de mi mente para completar aquella oración.


Pov. Omnipresente

Alzó los lentes de sol cuando el mismo ya no estaba por ningún lado, así como las calles se encontraban más vacías, nadie podía prestarle tanta atención como para notar sus orbes rojos, unos que observaban directamente a aquel imponente castillo.

Aún no sabía como lo haría, en aquello le había mentido a Meredith cuando abandonó aquello que ella quería llamar hogar, pero si que tenía que lograr hablar con ella, dar explicaciones y exigir la suyas. Sobre todo una: ¿qué había sucedido con su hijo?