POV. Renesmee

Aquella noche se había convertido en una de las peores de mi vida, no estaba en el primer lugar, eso era imposible, pero si estaba entre las peores cinco. Y parecía ir de mal en peor al momento en que Alec no dejaba de llamar a la puerta, preguntando donde había estado, porque no le respondía y si verdaderamente no lo quería conmigo esa noche. Lo único que respondí fue un "no" a la enésima vez que me pidió entrar, lo cual aunado al tono que utilicé fue suficiente para que se retirara.

Me tomó hasta el amanecer, pero pude decirlo, incluso en voz alta. Ethan estaba vivo. O de menos algo por el estilo. Era tan increíble como peligroso ya que se había convertido en un cabo suelto en el plan que llevábamos desarrollando por meses. Tenía que averiguar si alguien además de la persona que la que estuvo viviendo sabía de su existencia. Dudaba que ella estuviera pregonando la propia, considerando que abandonó a la guardia en mitad de un enfrentamiento, todos le habían dado por muerta y le convenía mantenerse así.

Pero de todas maneras tenía que averiguarlo.

O eso era lo que me seguía diciendo a mí misma en lo que me vestía, en lo que escondía mis cortos rizos bajo la capucha negra.

No era complicado salir del castillo mientras no me encontrara con nadie que no tuviese temor a dirigirme la palabra. Afortunadamente ese no fue el caso, por lo que con algunos de los primeros rayos del sol ya me encontraba entre las pocas personas que ya vagaban por las calles. Y no, no es como si pudiera rastrearle, pero no lo creía necesario. Él me había pedido volver y era tan necio como para continuar en el mismo lugar donde lo dejé.

Casi solté una risa al ver que básicamente era así, solo que se encontraba bajo la marquesina de una tienda, con el gorro de lo que parecía ser un impermeable cubriendo lo más que podía de su rostro. Un simple movimiento de cabeza le indicó que era momento de seguirme, así que procuré mantenerme en las sombras, aunque fuese innecesario para mí. Los lentos pasos del pelinegro estaban siempre cerca, manteniendo el mismo ritmo de los míos.

No me detuve hasta llegar a una de las tantas casas ya vacías de Volterra, girando la perilla como si tuviera la llave, pero en realidad arrancándola en el proceso para poder entrar. Y aunque sabía que él podía hacerlo rápidamente, que era lo mejor, aún me sorprendí cuando lo hizo, quitándome la madera de entre los dedos al cerrarla tras de sí.

-Comienza a hablar, porque no sé cuánto tiempo tengamos.

Y aunque tratara de mantener una postura neutral, mi tono no lo era. Un atisbo de pánico se había asomado entre ellas, uno que habría deseado haber ocultado ya que causó que intentara acercarse a mí para tomar mis manos. Aún no estaba lista para ello y él no estaba listo para verme retroceder ante su tacto.

-Pensé que morí, se sentía como si lo hice. Una y otra vez, por lo que me sorprendí cuando vi sus ojos rojos y mi garganta ardía. Me explicó como después de que casi me drenaran no pudo evitar ceder ante mis suplicas, dijo que le recordaba a ella misma, así que tomó la misma elección que quien la creó y me permitió continuar.

Los siguientes minutos estuvieron llenos de su nueva voz, contándome como aprendió a controlarse, más que nada pensando en mí y en mi familia, como trataron de encontrarme, aprendiendo que había vuelto con los Vulturi, que no mucho después habíamos perdido a nuestro hijo. Su voz más ronca con el paso de la historia y no por el tiempo que llevaba hablando, sino por lo que implicaba.

-Y entonces te encontré. No es que fuese muy difícil, el castillo es lo más grande de la ciudad –una suave risa se escapó de su boca, contrastando con su expresión preocupada. Seguramente la misma que tenía yo.

-Entonces nadie sabe que existes…tan solo ella.

-¿Eso es lo que te importa de todo esto?

-Sí.

Y ni siquiera me sentía culpable de decírselo, porque detrás de ese sí había muchas más personas, algo más importante en este momento que sus sentimientos.

-No, nadie lo sabe.

Todo lo que recibió entonces fue un asentimiento y mis pies moviéndose en círculos mientras trataba de descifrar lo que tenía que hacer a continuación. ¿Pedirle que se escondiera? ¿Mantenerlo cerca para cerciorarme de que no muriera? ¿Qué no lo utilizaran en nuestra contra? ¿Explicarle todo? ¿Dejar que tomara una decisión?

-Honestamente pensé que te alegrarías aunque sea un poco de verme –su tono estaba lleno de molestia y sus palabras trataban de conseguir que me sintiera culpable, pero lo único que lograron fue que me riera.

-Hay mucho más en juego de lo que te imaginas –y tan solo para tranquilizarle, no por lo que había dicho, sino por lo que iba a pasar fue que sujeté sus manos, llegando a entrelazar nuestros dedos. -¿No es así, Alec? –el castaño no tardó en entrar al lugar, haciendo que una ráfaga de aire golpeara nuestros rostros por la velocidad a la que lo hizo. –Eres estúpido si crees que no me di cuenta que ibas detrás de mí todo el camino.