Mimi Tachikawa era conocida como la mujer más pura que había pisado el instituto de Odaiba, a sus 16 años era considerada una de las mujeres más lindas del centro académico.

Para el resto de la población femenina seguía siendo la niña consentida que había llegado de Estados Unidos hace cuatro meses, esos pensamientos a ella le daban realmente lo mismo, estaba consiente de quienes la conocían y quiénes solo especulaban.

No era un secreto para nadie del alumnado que su querido amigo -muy querido por ella- su rubio amigo Yamato Ishida, alias "lobo solitario" por las chicas y por ella su terco y antipático "Yama", dicho chico siempre estaba a su lado, logrando impedir que algún moscón la molestará y siempre a final del día Ishida sonreía complacido al ver que su objetivo se había cumplido nuevamente.

Ella ignoraba ampliamente el hecho que Yamato tenía sentimientos encontrados con ella, Mimi estaba más enfocada en no demostrarle al rubio lo mucho que lo quería, no quería mandar al diablo todos los avances que habían tenido, ¡Se comunicaba más con Yamato que el mismo Taichi!

Hasta que luego de meses de luchar con su propio corazón, decidió que no podía ocultar esos sentimientos ni un solo minuto más. Ese era uno de sus grandes defectos, le gustaba ser transparente ante todo, sin importarle que ella saliera perjudicada con sus propios actos.

Estaba decidido Mimi Tachikawa se declararia a Yamato Ishida, no sabía cuándo, ni donde, pero lo haría, eso lo prometía como se llamaba Mimi Tachikawa.

No era el día más cálido de todos, es mas se había estado obligando a sí misma a ponerse un par de pantis, si había algo que odiaba eran las malditas pantis, hacían que sus muslos se vieran muy extremadamente delgados, aunque luego de meditarlo y rebuscar en sus cajones encontro un par de calcetas lo suficientemente largas y que fácilmente le quedaban sobre la rodilla dando una separación de casi dos manos entre la falda y las calcetas, sonrió satisfecha a su reflejo, para dejar su habitación y encaminarse al instituto.

Como todas las mañanas se encontró con Taichi y Sora, así que se unió su caminar. No tardaron en llegar al establecimiento y cada uno tomo su camino a sus aulas, más bien ella se separó de ellos cuando pasaron por fuera de su salón, dejo sus cosas en su pupitre para salir a comprar un café a la cafetería y fue cuando atravesó el patio para llegar a su destino que vio a su rubio favorito con unos libros sobre la mesa, no se sorprendió al verlo sólo así que fácilmente la idea de llevarle un chocolate caliente se alojó en su cabeza y comenzó a caminar más rápido para que el tiempo no le jugará en contra.

Salió de la cafetería con prisa en dirección a Yamato que seguía con sus libros, que ahora podía identificar de la clase de Inglés y español, idiomas que se le daban fatal al rubio.

- Para que el estudio sea más ameno - hablo la castaña mientras dejaba el vaso con chocolate frente a Yamato y lograba capturar toda su atención en ella

- No debiste Meems

- Un gracias habría sido más lindo, pero por ser tú lo acepto

- Eres muy tierna - rió el rubio al ver como Mimi se sentaba a su lado haciendo un puchero y luego se fijaba en sus apuntes

- Vas muy bien con los apuntes - celebró Tachikawa al ver las pequeñas notas que Yamato anotaba en sus cuadernos y libros para ayudarse así mismos

- Eso es por qué tengo una buena consejera

- ¡Que tierno eres Yama! - soltó con alegría Mimi para regalarle un abrazo con el cual junto las mejillas de ambos

- Esta fria, deberías haberte abrigado más, señorita no me gustan las pantis - el mismo se rió de su último comentario, pero Mimi no parecía tomarle mucha importancia

- No tengo tanto frío, tu chocolate se enfriará - recordó ella y al finalizar la frase el timbre que indicaba el inicio de las clases llegaba a sus oídos

- Gracias - sonrió antes de tomar un poco de chocolate caliente

- Suerte en el examen

Iba a besar su mejilla en señal de despedida, pero sintió el impulso por probar los labios del rubio y así lo hizo, fue un beso corto y no espero a que Yamato siquiera se diera cuenta, pero fácilmente pudo percibir el sabor a chocolate cuando se mordió el labio inferior.

- Definitivamente ya no tengo frío - eso fue lo último que dijo para luego guiñarle un ojo y salir corriendo a su salón para evitar que el rubio viera su rostro sonrojado.