Capítulo 47: "No existe el bien o el mal. La vida es sólo un camino. Sigue tu corazón y te llevará a donde se supone que debes ir".

Resumen:

Scully considera sus opciones. Los recuerdos continuan.

Nota de la Traductora:

Mil y mil disculpas a todos los que siguen esta historia por este par de meses de abandono. Multiples situaciones personales impidieron que me pudiera concentrar en publicar, pese a que mi pilota-copilota en esta aventura Marisu alias Dana Scully, si adelanto trabajo por mi y fue muy puntual, asi que LA CULPA ES MIA! Pueden apedrearme! xD Pero bueno, aqui estoy y ahora si se que de aqui a diciembre lo lograremos :D (Es broma xD )

Notas:

Lana Del Rey – "Sad Girl"

Being a mistress on the side
It might not appeal to fools like you
Creepin' around on the side
Might not be somethin' you would do

But you haven't seen my man
You haven't seen my man
You haven't seen my man
You haven't seen him

He's got the fire, and he walks with it
He's got the fire, and he talks with it

His bonnie on the side, bonnie on the side
Makes me a sad, sad girl
His money on the side, money on the side
Makes me a sad, sad girl

I'm a sad girl, I'm a sad girl, I'm a sad girl
I'm a sad girl, I'm a bad girl, I'm a bad girl

Bein' a bad bitch on the side
Might not appeal to fools like you
Creepin' around while he gets high
It might not be somethin' you would do

But you haven't seen my man
You haven't seen my man
You haven't seen my man
You haven't seen him

He's got the fire, and he walks with it
He's got the fire, and he talks with it

His bonnie on the side, bonnie on the side
Makes me a sad, sad girl
His money on the side, money on the side
Makes me a sad, sad girl

I'm a sad girl, I'm a sad girl, I'm a sad girl
I'm a sad girl, I'm a bad girl, I'm a bad girl

Watch what you say to me
Careful who you're talkin' to
Watch what you say to me
Careful who you're talkin' to

I'm on fire, baby, I'm on fire

He's got the fire, and he walks with it
He's got the fire, and he talks with it

His bonnie on the side, bonnie on the side
Makes me a sad, sad girl
His money on the side, money on the side
Makes me a sad, sad girl

I'm a sad girl, I'm a sad girl, I'm a sad girl
I'm a sad girl, I'm a bad girl, I'm a bad girl

Fueron unos minutos después de las 3:30 am del domingo 5 de diciembre, cuando Scully se despertó y no pudo volver a dormir. Mulder estaba a su lado, durmiendo profundamente sobre su espalda. La noche anterior, en el Marriott Hotel, se había obligado a pensar en cosas que había enterrado a lo largo de los años, recuerdos dolorosos que no deseaba pensar ni evocar por el resto de su vida. Los recuerdos se precipitaban sobre ella y su mente estaba obligándola a revivir todo de nuevo, a pesar de lo duro que trató de empujar esa basura fuera de su vida. Había hecho algo terrible, y hasta la fecha no se lo había perdonado. Tanto dolor y angustia podrían haberse evitado si solo hubiese rechazado la oferta de Daniel del champagne y salido de esa oficina de inmediato. ¿Y si hubiese…? ¿Y si hubiese tenido la fibra moral de alejarse de él? ¿Dónde estaría ahora si hubiese tenido más fuerza de carácter?

Mayo de 1989

El miércoles 24 de mayo, Scully se sentó en la cafetería del Hospital Johns Hopkins con algunos de sus compañeros, su amiga Michelle Kim y algunos de cuarto año. Era el último día de clases para los de 4to año, pero su último día sería recién el viernes. Tras las dos semanas de vacaciones de primavera en marzo, ella había comenzado sus prácticas clínicas básicas en neurología y psiquiatría. Las últimas ocho semanas habían sido un verdadero infierno. Pasó días y noches encerrada, en cualquier hueco alejado dentro del Johns Hopkins Hospital, Johns Hopkins Bayview Medical Center, y la Oficina del Examinador Médico Jefe. Algunos días incluso viajaba a Annapolis, Maryland al Anne Arundel Medical Center para las "Practicum" (Conjunto Integrado de prácticas que garantiza el acercamiento del estudiante al mundo laboral. Se realiza en entidades externas a la universidad) de neurología. Había estado sobreviviendo con cuatro horas de sueño por día.

El jefe Médico Forense, Donald Stewart, le había dicho esa mañana que después del "Memorial Day" no quería volver a verla hasta después del fin de semana del 4 de julio, Scully supuso que era debido a la preocupación y simpatía que demostraba por ella. Patología Forense era sorprendentemente agradable. Encontró el trabajo fascinante. Pero eso era algo que guardaba para sí misma, y especialmente evitaba hablarlo con Daniel. Cuando le habló de su pasantía en la Oficina del Jefe Médico Forense, él solo respondió con comentarios sarcásticos. Así que pronto dejó de mencionar algo de eso frente a él.

Además de todo, Jennifer estaba embarazada de nuevo y el bebé nacería en octubre. Una gran cantidad del tiempo libre de Scully lo había ocupado ayudando a Charlie y a Jennifer, tanto como niñera o ayudándolos a embalar para mudarse a un apartamento más grande. Fue una agradable sorpresa para Scully que Jennifer no abandonara la universidad cuando Ben nació dos años antes. Ella había ido fielmente a sus clases, entregado sus trabajos, y aprobado los exámenes. Convencida de la importancia en la formación de la educación primaria, estaba resuelta a graduarse y convertirse en maestra.

Cuando Scully se sentó en la mesa de la cafetería, vio a Daniel caminando por el pasillo contiguo hablando con un colega. Ella lo miró fijamente. La cabeza de él giró automáticamente en su dirección y se miraron a los ojos, ardiendo intensamente por un segundo, antes de que él volviera su atención al médico a su lado, e inmediatamente, Daniel desaparecía de su vista.

- Así que, uh, ¿alguien descubrió quién es la chica nueva de Waterston? - Preguntó Edward Thompson, de 4to año.

Los demás en la mesa negaron con la cabeza. Scully se había preguntado por qué los rumores de amoríos extramatrimoniales de Daniel habían comenzado repentinamente otra vez, viendo que nadie sabía lo que pasaba entre ellos y estaban siendo extremadamente cuidadosos en mantener su relación lejos de la vista del público.

- ¿Qué te hace pensar que tiene una chica? - Preguntó Scully.

- Todas "las señales reveladoras" están ahí. - Respondió Edward.

Scully no tenía idea de lo que eso significaba.

- Camina alrededor del campus silbando y tarareando para sí, sonriendo y guiñándole los ojos a la gente. - Explicó Timothy Pitt, otro de 4to año. - Así que "the game is up"… el juego terminó. Ya encontró una nueva protegida. Pero nadie puede averiguar quién es, lo que es muy raro.

Scully pasó saliva.

- ¿Por qué es tan raro? - Preguntó Michelle, que estaba sentada junto a Scully en la mesa.

- Porque todo el mundo acaba sabiendo siempre quién es su protegida. - Respondió Timothy. - ¿No es cierto, Sabrina?

Scully giró para mirar a Sabrina Lewis, una mujer de raza mixta sentada frente a ella. Estaba en 4to año, era muy bonita, con una piel perfecta que la hacía parecer como si tuviera un perpetuo bronceado de verano, largos rizos castaño claro, y ojos verdes.

- Cierra la puta boca, Tim. - Sabrina respondió con amargura.

Timothy se rió entre dientes. Scully sintió que su estómago se encogía haciéndose nudos. ¿Sabrina... y Daniel? Suposo que era la verdad. Scully supo con eso que todo lo que hablaban sobre Daniel era cierto. Había tenido numerosas relaciones casuales con estudiantes de medicina los últimos años, y eso era algo que le escondió. Él había sido muy abierto y honesto acerca de ello. Pero Scully también sabía que Daniel la amaba desde hacía mucho tiempo, y esto le había impedido hacerle avances. En parte porque notaba que ella era una persona fuerte que no se dejaría seducir tan fácilmente, y en parte porque no quería algo con ella parecido a sus otras aventuras sin sentido. Daniel tenía la fuerte sensación de que iba a enloquecerse, a engancharse realmente si empezaba una relación con Scully, y ese miedo lo detuvo. Sus sentimientos por ella también le impidieron tener alguna historia fugaz con otras mujeres.

- Lo que es aún más extraño… - Agregó Edward. - Es que, obviamente, no puede ser alguno de sus estudiantes de primer año, a menos que Waterston se haya vuelto gay de repente.

La charla dominante en agosto pasado, al inicio del 3er año de Scully, era que Daniel Waterston, por primera vez desde que alguien en la universidad podía recordar, había seleccionado a cinco estudiantes varones para ser su mentor. Ni una sola chica bonita entre ellos. Y eso fue después de pasar dos años sin tener un "proyecto favorito" entre sus estudiantes de medicina en el que era mentor. Nadie sabía qué hacer con eso. Todos suponían que Bárbara Waterston por fin había conseguido ponerlo a raya y estaba haciéndolo caminar por la línea. Pero en los últimos meses, se hizo evidentemente claro que el Dr. Waterston tenía algo serio con alguien y cuanto más tiempo pasaban sin descubrir la identidad de esa misteriosa mujer, la gente más curiosa se volvía.

- Además, se dice que él ya eligió estudiantes varones para ser su mentor el año que viene también. - Dijo Timothy.

Scully sintió mariposas agradables llenando su estómago y tuvo que luchar duro para evitar sonreír.

Michelle suspiró. - Tal vez no es una estudiante de medicina. Tal vez conoció a alguien que no tiene absolutamente ninguna afiliación con el Hopkins. Eso explicaría por qué nadie tiene idea de quién es.

- Hmmm. - Dudó Edward. - Yeah, quizás. Pero es poco probable. ¿Dónde iba a conocer a alguien? Él siempre está en el hospital o en la universidad.

- Eso no es cierto. - Habló Sabrina. - Le gusta salir por la ciudad, y tiene seminarios que lo llevan por todo el país.

Timothy la miró. - Bueno, tú lo sabes mejor que nadie…

Sabrina le clavó una mirada helada.

Todos comenzaron a levantarse de la mesa después de terminar su descanso, Scully y Michelle debían regresar a la sala de Cuidados Intensivos de Neurociencia en el 3er piso, Sabrina miró hacia Scully esperando que el resto de sus compañeros se alejasen.

- ¿Dana? - La llamó cuando Scully y Michelle comenzaban a retirarse también.

Scully se volvió para mirarla. - ¿Si?

- ¿Puedo hablar contigo un segundo? - Preguntó.

Scully giró hacia Michelle. - Nos encontramos allí arriba.

Michelle sonrió asintiendo con la cabeza, y luego salió de la cafetería. Scully regresó a la mesa ahora vacía, donde su compañera estaba de pie.

Sabrina dudó, pero luego la miró directamente a los ojos y bajó la voz. - Debes saber que Daniel nunca dejará a su esposa.

Scully palideció. - ¿Por qué... por qué me estás diciendo eso?

Ella le dirigió una mirada sarcástica. - No te preocupes, no voy a decírselo a nadie. Personalmente sé lo que es tener a la gente de aquí susurrando a tus espaldas, sé lo que es que se te queden mirando haciendo juicios. Pero creo que deberías saberlo. Daniel nunca dejará a su esposa por ti. No seas tonta. Si estás esperando que lo haga, sólo vas a salir lastimada. Créeme. Confía en mí.

Scully arqueó una ceja y, a continuación, le dijo la verdad. - No estoy esperando que lo haga.

- Ah, bueno, entonces supongo que no tendrás ningún problema. - Sabrina, bromeó antes de alejarse de ella.

Scully pensó que Sabrina claramente no había superado lo que había tenido con Daniel. Rodó los ojos, y se dirigió al tercer piso.

Más tarde esa noche, exactamente a las 20:00 horas, Scully caminaba por el pasillo de la tercera planta hacia los ascensores cuando el armario de almacenamiento del quirófano de neurología se abrió y una mano fuerte la tomó del brazo tirándola hacia dentro. Scully cerró la puerta detrás de ella.

No mucho tiempo después de eso, estaba inclinándose sobre un armario, los músculos de su vagina apretando alrededor del sexo de Daniel mientras él empujaba por detrás, y un orgasmo arrollador se manifestaba a través de todo su cuerpo. Antes de Daniel, ella pensaba que conocía lo que eran los orgasmos, creyó que los había experimentado un montón de veces. Lo equivocada que estaba. Esos eran orgasmos, eso era lo que se suponía que debía haber estado experimentando todos esos malditos años.

Llegando a la noche del viernes 26 de mayo, Scully salió del edificio donde estaba la Oficina del Jefe Médico Forense y se dirigió al estacionamiento, se sorprendió al encontrar un sobre blanco tamaño carta debajo de uno de sus limpiaparabrisas. Lo tomó y entró al coche, cerrando las puertas. El sobre contenía la llave de una habitación de hotel y una nota de Daniel.

Tengo un seminario cardiovascular en el Washington Hospital Center en Washington D.C. Nos dieron una suite en el Marriott Hotel en College Park por el fin de semana. Habitación 255, es la Executive King Suite. ¡Ya era hora de que usaramos una cama!

Scully giró la nota al notar que algo estaba escrito en la parte posterior.

Te amo.

Ella sonrió, sonrojándose. Se sentía emocionada, y luego sintió que su estómago se anudaba por los nervios. Había sido importante el mantener la guardia en alto, a pesar de lo enamorada que estaba. No estaba dispuesta a dejarse llevar por esa cosa que tenía con Daniel, no quería entusiasmarse demasiado, aunque ella misma se estaba dejando llevar también. Pero entonces se recordó que lo que tenían era obviamente imposible. Daniel estaba casado y todo el mundo creía, incluida ella misma, que nunca dejaría a Bárbara.

Agosto de 1989

La noche del domingo 6 de agosto, Scully había vuelto a su apartamento en Baltimore después del fin de semana en Chicago. Acababa de terminar sus últimas ocho semanas de pasantía básica en medicina de emergencia, y Daniel la había llevado por el fin de semana ya que tenía una conferencia de la American Heart Association. La inscripción y matrícula no comenzaba hasta el 18, y la Instrucción para 4to año no comenzaría hasta el 21. Scully estaba a la espera de ese muy necesario descanso.

A última hora de la mañana del lunes 7 de agosto, golpearon la puerta principal. Scully abrió encontrándose un cadete de la Maryland Messenger con una caja de cartón grande. Después de firmar el recibo y despedir al mensajero, llevó el paquete al dormitorio. Cuando lo abrió, encontró una gran caja de regalo rectangular de Calvin Klein. Los ojos de Scully se abrieron, y sonrió. Sacó la tapa, arrojó lejos el papel de seda, y levantó un corto vestido de fiesta rojo. Ella negó con la cabeza. Esto debió costarle a Daniel varios cientos de dólares. Desde febrero, la había colmado de flores, vestidos bonitos y joyas caras. Era agradable, pero la confundía. La sensación cálida y agradable se acoplaba con sentimientos de miedo, tristeza y culpabilidad. No se sentía exactamente culpable con respecto a la esposa de Daniel. Pero una poderosa culpa estaba presente allí, dando vueltas dentro, ella no podía definir exactamente el lugar, y debía reprimirlo con frecuencia.

Debajo del vestido había una nota.

Úsalo esta noche. Estate preparada para las 20:00 hs.

¿Esta noche? Pero era lunes. Nunca lo veía los lunes. Se preguntó qué se traía escondido bajo la manga. No era una aficionada a las sorpresas, pero obedientemente estuvo lista a horario. A las ocho en punto, una limousine estacionó frente a su casa.

Scully salió del apartamento, mirando como el chofer caminaba junto al coche y mantenía la puerta abierta mientras Daniel salía.

- ¡El huracán Scully!

Los ojos de Scully se agrandaron por la sorpresa, rápidamente miró para todos lados para ver si había más gente alrededor en tanto atravesaba el porche y bajaba hasta la limousine.

- Daniel, ¿qué estás haciendo en mi apartamento? Alguien podría verte.

Él se encogió de hombros. - Cualquier estudiante o profesor con algo de sentido común huyó de Baltimore hasta la inscripción.

- Supongo que no tenemos ningún tipo de sentido común o sensatez entonces. - Scully sonrió, arqueando una ceja.

- No tengo ninguna razón para huir, no mientras la mujer que amo esté en la ciudad. - Daniel respondió, sonriendo.

Scully hizo un gesto divertido, e ingresó a la limousine. Daniel se sentó a su lado en el asiento trasero y se abrazaron mientras el conductor los llevaba a su destino, besándose y susurrando palabras de amor. Entonces Scully meditó algo. Había pasado con Daniel todos los fines de semana desde junio, la mayoría de las veces se alojaban en el Marriott Hotel en College Park. Alguien iba a notar, a darse cuenta de ese detalle.

- Uh, Daniel… ¿Bárbara no sospechará que, inmediatamente después de regresar de un fin de semana en Chicago salgas esta noche también?

Él la miró, y luego suspiró. - Bárbara y Maggie están en el sur de Francia en este momento. Es un regalo por la graduación de la secundaria. Maggie quería viajar por Europa durante el verano. No las veo desde el 4 de julio.

- Oh… Ok.

- ¿Puedes creer que tengo una niña graduada de la escuela secundaria? Me siento tan viejo.

Scully se rió. - Daniel, sólo tienes 43. Eso no es ser viejo.

Cuando lo miró a los ojos, sintió que había algo en su mente. Parecía que estaba tratando de decidir algo, pero luego "ese algo" se había esfumado y él estaba sonriendo de nuevo, susurrándole al oído lo hermosa que era y lo mucho que la adoraba.

Esa noche, Daniel la llevó a "The Ambassador Kitchen", un exclusivo restaurante en la bahía interna del puerto de Baltimore. A pesar de que cerraba los lunes, Daniel había conseguido que el propietario, y chef del lugar, lo abriera sólo para ellos. El restaurante tenía una tenue iluminación, las mesas cubiertas de un rojo mantel con velas en la parte superior, y dos chimeneas para los meses de invierno. A lo largo de la cena se tomaron constantemente de las manos sobre la mesa, y mientras el piano de Claude Debussy sonaba de fondo ellos bailaron en el comedor vacío.

- Te amo, Dana. - Daniel le susurró mientras, con una mano, la sostenía por la cintura contra él y, con la otra, tomaba la mano de ella hasta apoyarla contra su pecho. - ¿Me amas?

Scully le sonrió. - Sí, por supuesto.

Él le dirigió una mirada penetrante. - No hay "por supuesto". O lo haces o no lo haces.

Scully suspiró, dudando. Lo amaba. Era un hombre soprendente, extraordinario y la adoraba. Nunca había conocido a un hombre como él. Lo miró a los ojos. - Sí, Daniel. Te amo.

Más tarde esa noche, se quedaron en una suite del "Omni Internacional Baltimore Hotel". Daniel le hizo el amor apasionadamente, diciéndole lo mucho que la amaba y necesitaba en el momento en que estaba acabando, las emociones de su poderoso orgasmo le llenaron los ojos de lágrimas. Y Scully, una vez más sentía esa especie de culpabilidad indefinida, junto al miedo y la tristeza.

Diciembre de 1989

La mañana del miércoles 20 de diciembre, el último día de su pasantía en Patología Forense, Donald Stewart la llamó a su oficina. Al entrar, se sorprendió al ver a George Hill del FBI sentado con Don. Ambos se pusieron de pie cuando ella entró y George se presentó de nuevo, estrechándole la mano. Scully se sentó en la silla junto a Hill, frente al escritorio de Don.

- Dana, te llamó porque George quería reunirse contigo. - Comenzó Don.

Scully se sorprendió. - ¿Conmigo?

George se rió entre dientes. - Sí. El FBI está muy interesado en ti.

Sus ojos se abrieron ligeramente. - ¿De verdad?

Él asintió con la cabeza. - Como ustedes saben, el Hospital Johns Hopkins es uno de los tres principales hospitales del país, y un MD (Doctor en Médicina) del Hopkins se considera el estatus de Élite en la profesión médica. El FBI recluta regularmente patólogos que hayan obtenido títulos médicos de estos tres hospitales.

- Pero... yo no soy patóloga. - Respondió Scully.

George inclinó su cabeza ligeramente. - Sí, es verdad. Todavía no, de todos modos. Como también saben, técnicamente para convertirse en patólogo forense se necesitan otros cuatro o cinco años de residencia después de completar la escuela médica.

Scully asintió, suspirando y mirando su regazo. Esa fue una de las grandes razones por las que se abstuvo de declarar "Patología Forense" como su elección de carrera. Cinco años de residencia en patología eran un gran compromiso, y eso no era algo que algunas personas en su vida aprobarían. Específicamente, Daniel y su padre.

Los hombres se miraron el uno al otro, antes de que George se aclarara la garganta. - Pero, eh, el FBI está dispuesto a… saltarse, torcer ese requisito en la educación en tú caso.

Ella lo miró, sorprendida. - ¿Por qué?

George le sonrió. - Porque eres la mejor del grupo. De todos los estudiantes de medicina haciendo sus pasantías clínicas en patología aquí, tú te destacas, estás ampliamente muy por encima de los demás. Los sobrepasas con creces. Tienes el conocimiento, las habilidades y la actitud necesaria para la investigación forense. Debo decirte que estuve por todo el país reclutando médicos para el FBI, leyendo informes de estudiantes y hablando con decenas de Forenses. Y debo decirte que te queremos en Quántico. Fuertemente. Los habituales cinco meses de entrenamiento para convertirse en Agente Especial en la Academia del FBI, que comienzan en junio y terminan en octubre, pueden extenderse por lo que vas a tener más educación forense en Quántico, estarás en curso constante hasta que completes los requisitos de educación para convertirte en una Patóloga Forense con todas las licencias.

Scully no sabía qué decir. Todavía no había tomado ninguna decisión acerca de lo que iba a hacer después de la graduación en mayo. Al comienzo del 4to año, en agosto, comenzó a solicitar para ambos, Cirugía y Patología, en los Programas de Residencia de la zona. Varios miembros del cuerpo docente de la facultad habían dejado claro que el Hospital Johns Hopkins la recibiría encantado cualquiera fuese su elección de especialización. Alojarse en Baltimore con Daniel era ciertamente algo atractivo. Muy pronto, tendría que decidir sobre su residencia de post-grado.

Había pasado los últimos cuatro meses haciendo las pasantías en "Enfermedades Crónicas" y "Cuidados Intensivos Avanzados". Ella tenía un gran interés en Neurocirugía, pero la Patología se estaba convirtiendo en una pasión. Había solicitado optativas para el 4to Año: la pasantía en "Neurología Avanzada" comenzaba en enero y duraba cuatro semanas, y la pasantía en "Patología Quirúrgica" en el "Bayview Medical Center" comenzaría a finales de marzo, después de las vacaciones de primavera y terminaba junto con su Instrucción de 4to Año, en mayo. A pesar de toda la planificación y las solicitudes, no había tomado ninguna decisión final sobre qué hacer con su carrera. La oportunidad de trabajar en Quántico, de todos los lugares, era una oferta para la que no estaba preparada. Sentía su estómago repleto de nudos, como una guerra, la ansiedad hacía estragos en su mente acerca de qué hacer con su vida.

23 de febrero de 1990

Era un viernes por la noche, y Scully estaba pasando su cumpleaños 26 con Daniel en el Marriott, en College Park. Cuando se sentaron a cenar en el restaurante "The Garden", en el vestíbulo del hotel, Scully quería hablar sobre sus planes post graduación. Pensaba que la Patología era un riesgo demasiado grande. Quántico era una oferta demasiado atractiva, pero ¿y si era la elección equivocada no practicar la medicina? ¿Y si, años más tarde, se daba cuenta de que había cometido un gran error y que debería haber hecho la residencia en cirugía? ¿Qué pasaba si, años más tarde, no podía pagarle a sus padres la escuela de medicina porque ganaba menos de 40 mil al año en el FBI? Su padre no había tomado su interés por la Patología demasiado en serio, y desde luego tampoco lo hacía Daniel. Cuanto más él hablaba en contra de la Patología, más Scully deseaba elegirla sólo para hacerlo enojar. Y creyó que finalmente él había notado eso porque había dejado de hacer esos comentarios burlones hacía meses. Patología Forense se sentía bien, pero no sabía si era la elección correcta. La idea de prácticar la medicina no tenía el mismo atractivo que una vez tuvo, pero la neurocirugía era fascinante y ella sabía que era algo que podía disfrutar. Tenía que tomar una decisión.

El restaurante estaba lleno, un típico viernes por la noche. Scully y Daniel estaban disfrutando el vino blanco y el cangrejo azul a la Maryland. Ella esperaba la primavera y el buen tiempo para volver a disfrutar, sentados afuera, del jardín asiático. Después de que terminaron su comida permanecieron en su mesa hablando, no tenían prisa por irse. Daniel tendió la palma de la mano sobre la mesa, y Scully puso la mano en la suya.

- Quiero hablar contigo de algo importante. - Dijo Daniel, mirándola.

- Ok. - Respondió. Sabía lo que venía. Él había estado preguntándole acerca de su elección de residencia por semanas, y siempre le había dicho que no lo había decidido aún. Sabía que Daniel deseaba que viviese en Baltimore, que estaba preocupado de que eligiese una residencia que la alejase de Maryland.

Daniel la miró fijamente. - Voy a llamar a mi abogado el lunes para que redacte los documentos del divorcio.

Scully retiró la mano. Oh, Dios. ¿Podría casarse con él? La idea de pasar el resto de su vida con Daniel era atractiva. La amaba, y le estaba ofreciendo la vida que siempre pensó que ella había querido. Así que ¿por qué su corazón le decía que no aceptara? ¿Cómo él podía hacer eso? ¿Dejar a su esposa? Él estaba arruinando todo. Sintió como el corazón se le caía al estómago. Estaba a punto de hiperventilar. El miedo, la tristeza y la culpa, repentinamente, se transformaron en oleadas torrenciales inundándola. Ahora, en ese instante, pudo reconocer puntualmente el motivo de esa culpa que la recorría. Pudo ubicarla. Supo exactamente por qué se había sentido tan culpable el último año.

- ¿Por qué vas a hacer eso, Daniel?

La miró confundido. - ¿Qué quieres decir? No estoy enamorado de Bárbara. Estoy enamorado de ti. Quiero que seas mi esposa. Estoy cansado de ocultar esto y escondernos. Estoy orgulloso de ti, estoy orgulloso de lo que tenemos. Y quiero que todos lo sepan.

Scully cerró los ojos, respiró profundamente, obligándose a no llorar. No podría hacer esto. Lo había sabido todo el tiempo. Nunca lo haría, y la culpa fue carcomiéndola. Tenía que alejarse de él. En esa fracción de segundo, tomó su decisión final.

- Daniel, cuando me gradúe Me voy a Quántico, Virginia.

Él la miró fijamente. - Dana, ¡¿Por qué dejar Baltimore?! Pensé que ibas a quedarte y hacer la residencia en Cirugía aquí. ¡Piensa en lo que estás dejando pasar! ¡Estás desperdiciando tú carrera! ¿Sabes cuántos estudiantes de medicina matarían por una residencia en la Universidad Johns Hopkins?

- Es mi decisión, Daniel. Es lo que quiero hacer. No quiero ejercer la medicina. Patología forense es lo mejor para mí. Y no hay nada que puedas hacer o decir para hacerme cambiar de opinión.

Él se opuso. - ¡¿No ejercer…?! ¡¿Qué... el FBI?! ¿Perdiste la maldita cabeza?! ¡Tú lugar está en Baltimore! Conmigo.

Scully abruptamente se levantó de la mesa y salió del restaurante, Daniel finalmente pudo alcanzarla en el estacionamiento, cerca de su coche. La tomó del brazo y la hizo girar.

- Mírame a la cara y dime que no me amas. - Le exigió.

- ¡Daniel, déjame ir!

- ¡Dime que no me amas! - Gritó enfadado, las lágrimas de dolor llenando sus ojos.

Scully sofocó un sollozo. La culpa estaba aplastándola. - ¡Si no me dejas ir, voy a gritar!

Daniel le soltó el brazo, y se derrumbó. - ¿Cómo puedes hacerme esto?

Scully giró sobre sus pies y rápidamente abrió la puerta del coche, consiguió entrar y arrancar en un segundo. A medida que se alejaba, podía verlo por el espejo retrovisor, mientras las lágrimas corrían por su rostro. Al principio, iba a dirigirse de nuevo a Baltimore, pero hizo un giro repentino y manejó hasta Alexandria. Pocos minutos después de las 21:30, estacionó frente a la entrada de sus padres.

Un minuto después de llamar a la puerta, su madre abrió, y ante los ojos de su madre Scully finalmente se quebró. Se arrojó directamente a sus brazos, y lloró sobre su hombro.

- Dana, ¿pasó algo malo? - Maggie preguntó, preocupada.

- No puedo decírtelo. - Dijo ahogada a través de sus sollozos. - Papá no está aquí, ¿verdad?

- No cariño. Es viernes por la noche. Sabes que él va jugar al póker.

Maggie caminó con su hija hasta entrar en la casa, cerrando la puerta detrás de ellas. Scully se sentó en el sofá de la sala, y luego se acostó, sus sollozos continuaban. Quince minutos más tarde, Melissa llegó.

- ¿Mamá? - Llamó mientras cerraba la puerta detrás de ella. - ¡Soy yo! ¿Dana está aquí?

Melissa entró a la sala encontrándo a su hermana desplomada sobre el sofá llorando. Se acercó sentándose en el suelo delante del sofá, quitándole con una caricia el largo pelo rojo de la cara.

- Dana, ¿qué sucede? ¿Qué está pasando?

- ¿Mamá te llamó? - Dijo Scully a través del llanto.

- No. - Respondió Melissa.

Scully la miró. - Entonces, ¿cómo sabías que estaba aquí?

- Tuve una fuerte sensación. - Dijo Melissa simplemente.

- Oh Dios, Missy. No esa mierda psíquica… No necesito escuchar eso en este momento.

Maggie entró en la habitación con una taza de té para su hija menor. Ella se sentó, tomando la taza y bebiendo un sorbo. Su madre se sentó en el sofá junto a ella. Maggie y Melissa se miraron preocupadas.

- Dana, explícame. - Maggie imploró.

Scully ahogó otro sollozo. - Vas a estar tan avergonzada de mí.

- ¿Dana? ¿Estás embarazada? - Preguntó su hermana.

- No, gracias a Dios. - Scully gimió. - Me pegaría un puto tiro para suicidarme.

Los ojos de Maggie se desorbitaron al escucharla. - ¡Dana Katherine! No usamos ese lenguaje en esta casa.

- Lo siento, mami. - Suspiró, dejando la taza sobre la mesa al lado del sofá.

Scully no podría soportar ver la expresión en el rostro de su madre si le decía la verdad, pero la culpa estaba resultándole abrumadora, y necesitaba extirpárselo del pecho. - ¿Conoces a mi consejero de la facultad, el Dr. Waterston?

- ¿Tú mentor? - Respondió Maggie.

Y Melissa lo entendió todo. Miró fijamente a su hermana, pero Scully se negó a hacer contacto visual con ella.

- Si. - Respondió Dana. - Él y yo… eh, bueno el año pasado, nos... enredamos.

Maggie suspiró. Sabía que el hombre era casado.

Scully sintió nuevas lágrimas llenando sus ojos. - Y esta noche, me dijo que iba a divorciarse de su esposa. Que deseaba casarse conmigo.

Melissa cerró los ojos y bajó la cabeza. Supo exactamente cuál era el problema.

- ¿Lo amas, Dana? - Preguntó Maggie.

Scully rompió a llorar nuevamente. - No soy una destroza-hogares (home wrecker). No puedo romper su familia.

Maggie suspiró. - Bueno, cariño, creo que es demasiado tarde para eso, estuviste involucrada con ese hombre desde el año pasado. ¿No pensaste que algo así podía suceder?

¿Cómo iba a explicarle a su madre que Daniel tuvo un montón de relaciones extramaritales por años y nunca había dejado a su esposa por ninguna de ellas? - No, mami. - Casi gritó. - Nunca esperé que quisiera dejar a su esposa.

Las sospechas de Melissa eran correctas.

Maggie suspiró. - Bueno, pero él te ama... ¿no quieres casarte con él?

Scully se limpió las lágrimas de su rostro, emitiendo un sollozo tembloroso, recuperando el aliento. - Pensé en eso. Pensé en pasar el resto de mi vida con él. Pero ahora... no puedo hacerlo.

Maggie suspiró de nuevo, frotando su mano sobre la de su hija menor. - Vas a estar bien, Dana. Ya lo verás… ¿Quieres pasar la noche aquí?

Scully asintió, acto seguido Maggie se levantó del sofá. - Oh, ma. No vas a decirle a papá, ¿verdad? ¿O a Bill Jr?

Su madre giró mirándola, y dándole una sonrisa comprensiva. - Cariño, voy a llevarme esto a la tumba. Buenas noches. Las veré en la mañana.

Scully le dedicó a su madre una media sonrisa, el agradecimiento estaba escrito por toda su cara, antes de que Maggie se fuera arriba. Giró para mirar a su hermana, quien no había dicho ni una palabra durante su confesión.

- ¿Cómo pudiste dejar que esto llegase tan lejos? ¿A este punto? - Preguntó Melissa.

Scully cerró los ojos, poniendo la mano sobre su cara. - Nunca pensé que querría dejar a su esposa.

- Dana, ¿cuándo vas a abrirte por fin y te permitirás amar a alguien?

Scully suspiró. - Yo... yo amo a Daniel. Lo hago.

Melissa sacudió la cabeza con incredulidad. - ¿Lo haces? ¿Honestamente? No es suficiente para hacer un compromiso. Te permitiste amar a alguien que creíste que nunca sería tuyo. Podías dejarte llevar en esta relación, te permitiste tener estos sentimientos, al tiempo que controlabas la situación, manteniendo algún tipo de distancia. Bajaste la guardia porque su matrimonio era una red de seguridad que te impedía arriesgarte demasiado. Y tan pronto como él te dijo que estaba a punto de ser libre, lo rechazas.

Nuevas lágrimas brotaron de los ojos de Scully, y ahogó un sollozo. El dolor y la culpa por lastimar a Daniel era demasiado difícil de soportar. - ¿Qué hice?

- Es obvio que le hiciste creer que estabas enamorada de él. - Le dijo Melissa, exasperada. - ¿Cuándo vas a dejar de hacer eso, Dana?

Scully sollozó mientras se reprendía a sí misma por permitir que su relación con Daniel se tornara demasiado seria, por dejar que él se involucrara, por quedar atrapada en el romanticismo de todo el asunto, e interiormente, se prometió que haría todo lo que tuviese en su poder por no volver a sentir ese tipo de dolor nuevamente.

Scully se despertó junto a un Mulder profundamente dormido, deseó nunca haberse embarcado en una relación con Daniel. Deseó haber sido más fuerte y resistirse a involucrarse con un hombre casado. Pero… ¿su matrimonio era el problema? No, ese nunca había sido el problema, realmente. Melissa tenía razón. Se había involucrado seriamente con un hombre tan bueno, tan brillante y tan amoroso como Daniel, a sabiendas de que no iba a quedarse con él para siempre, provocándole un sufrimiento terrible. ¿Cómo podía perdonarse algo así? Todo era su culpa.

Recordó de pronto otra conversación con Melissa. Fue durante la Navidad de 1990, después de que se graduara en la Academia del FBI y estaba ansiosa por comenzar su puesto como Instructora en Quántico después del Año Nuevo. Iba a dar conferencias de Patología a los nuevos agentes, enseñándoles acerca de qué pistas forenses debían buscar cuando encontraban

un cadáver en el campo. Era una clase básica que Scully enseñaría mientras paralelamente continuaba con su propia formación en Patología en la Academia de Quántico.

Pero Scully estaba nuevamente ansiosa, preguntándose si estaba haciendo lo correcto, si había tomado la decisión acertada. La escuela de medicina la había hecho sentir bien durante mucho tiempo, pero al momento de graduarse sintió que la medicina era algo equivocado. ¿Y si en algún lugar de la línea llegaba a la misma conclusión sobre la Patología y el FBI? ¿Y si todo lo que estaba haciendo era un gran error? Creía que su padre lo pensaba. Pero Melissa le había dicho algo, algo que repentinamente apareció en su mente.

- No sabes a quién vas a conocer cuando te unas al FBI. No sabes cómo tu vida va a cambiar o cómo tú vas a cambiar la vida de los demás.

¿Y si no se hubiese implicado con Daniel? ¿Dónde estaría en este momento? ¿Se habría visto obligada a correr al FBI para alejarse de él? Probablemente habría hecho la residencia después de la escuela de medicina, y en este momento probablemente sería cirujana en algún hospital en alguna parte. No estaría acostada en esa cama, junto a Mulder. Su vida en ese momento era un revoltijo, un confuso lío, un desastre, del que no tenía ni idea a dónde los conduciría esa cosa que tenían. Pero Mulder era bueno, brillante y amoroso. Scully esperaba fervientemente nunca, nunca hacerle daño.

Se arrastró sobre la cama hasta quedar pegada a Mulder y apretó su cuerpo contra su costado, pasando la mano arriba y abajo por su estómago y el pecho. Él gimió y giró la cabeza, parpadeando lentamente hacia ella.

- Scully, ¿estás bien? - Preguntó medio atontado por el sueño.

- Sí, Mulder, estoy bien. - Susurró sin dejar de recorrer con su mano el pecho de su compañero hasta rozar el camino de vellos al sur de su ombligo. - Quiero que me hagas el amor.

Él parpadeó completamente despierto, y le dedicó una sonrisa de sorpresa. Inmediatamente rodó sobre Scully, besándola apasionadamente.

CONTINUARÁ….