POV. Renesmee

Alec comenzó a dar vueltas por la habitación alrededor de nosotros, podía escuchar como los engranajes en su cabeza giraban, entendiendo lo sucedido la noche anterior y de no ser porque sabía que nos había escuchado, diría que estaba inventándose teorías sobre como no podía corresponderle exactamente como quería. Claro, no es que esas teorías estuviesen muy lejos de la verdad.

-¿Rene?- cuestionó finalmente el vampiro de cabellera castaña y solo bastó que le mirara a los ojos para negar, porque no, no lo sabía. No aún.

-Pero tiene que saberlo, así que de menos el hecho de que me siguieras puede servir de algo.

Aunque el gemelo no estaba de acuerdo con lo que le pedía también entendía que no tenía muchas opciones, así que deteniendo ese andar que no lograba más que ponerme nerviosa, comenzó la historia. Desde el día en que volví a la guardia, lo que prometimos hacer y lo que habíamos hecho hasta el momento. Claro que ocultó buen número de detalles sin los cuales aún se podía entender el plan, pero a Ethan solo le importaba uno en especial.

-¿Dónde está?

-A salvo- ni siquiera le permití continuar replicando o alzar más la voz, era todo lo que iba a obtener por seguridad de mi hijo…de nuestro hijo. –No te tienes que preocupar por eso. Hemos hecho un buen trabajo escondiéndolo y así se va a quedar hasta que llegue el momento.

Entre maldiciones el pelinegro dejó ir mis manos y tan solo las acomodé a mis costados, esperando que asimilara lo dicho, lo suficiente para entender lo que ahora deberíamos de hacer.

-¿Y piensan deshacerse de mí?

Al mismo tiempo que solté un "no", Alec escupió un "sí", logrando que le mirara y que por ende él retrocediera un paso, aceptando a regañadientes que esa no era su decisión para tomar. Nunca lo había sido.

-No –reafirmé, ahora añadiendo un movimiento de cabeza, como si fuese necesario confirmar lo que había dicho después de la intrusión del otro. –Pero tampoco puedo enviarte donde él…Y no se me ocurre donde esconderte.

-Bajo sus narices- comentó casi al instante, sus nuevos orbes rojos bailando entre Alec y yo. Por un momento estuve a punto de pedirle que dejara de hablar, pero entonces lo entendí.

-No es tan mala idea…Mientras te mantengas en movimiento entre las casas y no te alimentes dentro de la ciudad no debería haber problemas.

-¡No!- espetó con fuerza y al tiempo en que se colocaba frente a Ethan, siendo movido solamente por mis manos, cayendo a unos dos metros de nosotros. –Es demasiado tiempo y riesgos.

-Entonces lo movemos para dentro de dos semanas. Tú mismo dijiste que teníamos todo en su lugar, ¿por qué esperar más? ¿No estás tan harto como yo de estar en ese lugar?

Claramente lo estaba, pero su orgullo jamás le dejaría admitirlo en voz alta cuando implicara que debía darle la razón al chico que claramente detestaba. Así que tan solo resopló, llevando su vista hacia la puerta.

-Lo hablaremos con los demás y volveremos mañana…así será menos sospechoso.

Una risa seca de parte de Alec le dio a Ethan todo lo que necesitaba para entender porque era más fácil pretender que todo estaba bien si salíamos juntos y aquello lo hizo alejarse de los dos como si apestáramos. No dije nada porque realmente no era el momento para discutir estas cosas.

-Estamos a punto de entrar en guerra. ¿Pueden aguantarse hasta que esto termine? –aunque silencio fue la respuesta que obtuve, era todo lo que necesitaba. –Bien.