Capítulo 49: "Una pesadilla nacida de mis temores más profundos, me llega sin protección. El viaje que me esperaba no era más prometedor que el reflejo de mi pasado. Hasta que, por fin, llegó a su final. Me enfrento a una verdad que ya no puedo negar. Sola, como siempre." Resumen: Scully pasa la Navidad en San Diego con su familia. Mulder pasa la Navidad solo, en su mayoría. Otro capítulo extra largo. Debido a que es Navidad. Bueno, por lo menos en la historia.
Notas:
Linkin Park – "My December"
This is my December
This is my time of the year
This is my December
This is all so clear
This is my December
This is my snow covered home
This is my December
This is me alone
And I
Just wish that I didn't feel
Like there was something I missed
And I
Take back all the things I said
To make you feel like that
And I
Just wish that I didn't feel
Like there was something I missed
And I
Take back all the things that I said to you
And I'd give it all away
Just to have
Somewhere to go to
Give it all away
To have someone
To come home to
This is my December
These are my snow covered trees
This is me pretending
This is all I need
And I
Just wish that I didn't feel
Like there was something I missed
And I
Take back all the things I said
To make you feel like that
And I
Just wish that I didn't feel
Like there was something I missed
And I
Take back all the things that I said to you
And I'd give it all away
Just to have
Somewhere to go to
Give it all away
To have someone
To come home to
This is my December
This is my time of the year
This is my December
This is all so clear
Give it all away
Just to have
Somewhere to go to
Give it all away
To have someone
To come home to
La mañana del jueves 23 de diciembre, Mulder se despertó en el apartamento de Scully para descubrir que su compañera ya no estaba. Ella se había arreglado, terminó de llenar su bolso para el fin de semana, y se marchó a San Diego, para no regresar hasta la noche del miércoles. Sin ni siquiera decirle "adiós". Mulder sintió la rabia burbujeando en la boca del estómago, acompañado por un nudo de miedo y angustia. Aunque no estaba exactamente seguro a que le temía o que lo angustiaba. Tomó su celular y la llamó, sabiendo que probablemente ya estaba en el avión, la llamada saltó directamente al correo de voz.
- ¡¿Qué carajo, Scully?! - Despotricó. - ¿Porque hiciste eso? Podrías haberme despertado y despedirte. ¡Maldita sea! - Cortó.
Scully había llorado la mayor parte de la noche anterior, y él había llorado con ella, pero luego su compañera se tranquilizó y no habló mucho más por el resto de la noche. Estaba metida en su cabeza, dejándolo fuera, sin compartir lo que pensaba. Mulder sabía que él había hecho lo mismo. Era también culpable del silencio, y la distancia. ¿Por qué era tan difícil para ellos hablar de lo que necesitaban hablar? Porque no querían hablar del fracaso de la IVF o si Scully deseaba intentarlo nuevamente. Él no quería darse por vencido. Y Parenti era positivo y tenía esperanzas de lograr un tratamiento de IVF exitoso.
Pero Scully no parecía compartir ese positivismo. Parecía adormecida, entumecida en su dolor, distanciándose, haciéndolo sentír impotente. Mulder sentía que algo había cambiado entre ellos. Como si la luna de miel, a falta de un término mejor, hubiese terminado y la realidad hubiera traído y arrastrado por todos lados la desilusión, la decepción y aplastado las esperanzas. Esa cosa, nueva e indefinible, entre ellos comenzó cuando la anterior IVF fracasó, el dolor demandando consuelo. ¿Sería el mismo dolor la razón de que terminase? ¿Qué sucedería si Scully decidía no volver a intentarlo? Ella no.. cambiaría de opinión acerca de esta reciente transición en su relación, ¿verdad? No iría a apartarse de él, ¿no? Mulder sintió el miedo anudándose en su interior.
Mulder se dirigió a su apartamento, se cambió y fue a trabajar. El Headquarters del FBI era casi un desierto, la mayoría de los agentes y el personal administrativo estaban de vacaciones por Navidad. Mulder pensó en ir a Connecticut para ver a su madre, pero luego lo meditó mejor. Odiaba la Navidad, bueno, había comenzado a odiarla desde la abducción de Samantha. Durante la mayor parte de su juventud y adolescencia, odió la tensión y la incomodidad de pasar las vacaciones dividido entre dos padres. No importaba con cuál de ellos estuviese, no había diversión, alegría o buen ánimo allí. Una vez que se mudó a New York para asistir a la NYU, intentó duramente evitar regresar a lo de sus padres para Navidad. Lo mismo ocurrió cuando fue a Oxford, y el hábito se extendió los siguientes años.
Pero por mucho que se repitiese que odiaba las Fiestas, y que no le encontraba absolutamente ningún significado, en el fondo sabía que eso se debía a que ellas eran sinónimo de: "familia" y él no tenía una. Esto lo dejaba con un pesado sentimiento de vacío y soledad, que aprendió a reprimir tempranamente, desde pequeño. Pero conforme iba pasando el tiempo, cuanto más adulto se volvía, más crecía esa sensación de vacío y soledad esos días. Y no lo notó plenamente hasta la Navidad pasada. La mejor Navidad que había tenido desde niño, había sido la pasada. Claro, algunos fantasmas en esa casa embrujada habían jodido con sus cabezas, pero no había salido tan mal la cosa. En realidad, lo había disfrutado, en general. Pero sólo porque Scully estaba ahí con él. Cuando se sentó en su escritorio, para leer sus mails, pensó que tal vez los días festivos se habían vuelto algo cada vez más vacío, vacuo y desolador porque su compañera la pasaba con su familia, y él solo, sin ella.
Cuando Scully y su madre arrivaron al San Diego International Airport el jueves por la mañana, se sorprendió de que Bill Jr estuviese extremadamente educado, caballeroso incluso, con ella cuando las recogió. Él no se había comportado de esa manera por bastante tiempo, no desde que había estado ahí hacía ya dos navidades. Estaba tratando de no pensar en eso, no pensar en Emily. Pero pasar la Navidad en San Diego inevitablemente traía ese recuerdo, y no tenía la fortaleza para alejarlos de su mente. Se sentía emocionalmente agotada, y agradeció que Bill no la saludara con falsa cortesía.
Mientras iban en auto hasta la US Naval Station, Scully chequeó su correo de voz. Dejó escapar un suspiro después de escuchar el mensaje de Mulder, y apagó el teléfono. Había pensado en despedirse pero luego cambió de opinión. No deseaba ver más dolor y decepción en su rostro. Esperaba fervientemente que al regresar de San Diego, ambos estuviesen predispuestos a olvidar el intento fallido de IVF, dejarlo pasar y no hablar más de ello.
Honestamente quería estar en cualquier lugar, pero no rodeada de gente, especialmente de las miradas penetrantes de los miembros de su familia. Este fin de semana en San Diego iba a ser agitado, concurriría a todas las fiestas de Navidad y eventos de la iglesia. Parte de Scully agradecía la distracción, pero otra parte deseaba estar sola. Deseaba solo poder quedarse en la cama o acostarse en el sofá, y no levantarse durante días. ¿Cómo iba a contribuir con la alegría de las fiestas? No tenía nada que ofrecer, no le quedaba energía ni fuerza.
Al llegar, fueron recibidas con entusiasmo por Tara, que sostenía en brazos a Matt. Su segundo cumpleaños sería en pocos días. Bill y Tara lo celebrarían el siguiente domingo, y Scully agradecía tener que viajar al D.C antes del Año Nuevo. No sabía si iba a poder enfrentarse a una casa llena de padres jóvenes con sus pequeños niños.
Esa noche, después de cenar en familia, ayudó a Tara con las gemelas Eleanor y Delphine, de solo dos meses. Su cuñada amaba a su abuela materna, Delphine du Pont, hija de inmigrantes franceses y criada en New Orleans, ella había fallecido justo el día en que Bill y Tara se enteraban que tendrían dos niñas. Para desconcierto de su esposa, Bill quiso nombrar a la otra niña Eleanor, en homenaje a Eleanor Roosevelt. Scully recordaba con cariño la divertida conversación telefónica con Tara cuando ellos habían discutido sobre eso, unos meses atrás. Su cuñada dejó que Bill se saliese con la suya. No porque le importase de un modo u otro Eleanor Roosevelt, lo hizo porque creía que los dos nombres sonaban bien juntos.
- Estoy tan contenta de que estés aquí, Dana. - Dijo Tara dulcemente, mientras se inclinaba sobre la bañera junto a Scully dándole un baño a las gemelas.
Ella le dedicó una media sonrisa. - Yo también.
- Así que... ¿cómo está ese lindo compañero tuyo? - Preguntó, guiñándole un ojo.
Scully sintió que se le encogía el estómago en un nudo. Jennifer no le habría contado a Tara. ¿O sí? - ¿Qué quieres decir?
- Nada. - Su cuñada se rió entre dientes. - Sólo estoy preguntando por él. ¿Qué iba a hacer en Navidad?
Se relajó. - Oh, está bien. Um, no estoy segura, exactamente. Podría ir a lo de su madre en Connecticut, pero no lo sé.
Tara se echó a reír de nuevo. - ¿Qué quieres decir con que no lo sabes? ¿No se hablan el uno al otro?
Scully no sabía cómo responder a eso, así que sólo se rió junto con Tara. ¿Hablaban? Hablaban del trabajo, de los últimos acontecimientos, teorías, realidades, hechos e ideas. En realidad no tenían grandes conversaciones personales; no hablaban mucho acerca de sus vidas, y ciertamente no hablaban sobre sus sentimientos. Pero tenían un lenguaje secreto que les era propio, un lenguaje de expresiones faciales y gestos, de miradas profundas y un contacto físico ligero que podía transmitir una serie de diferentes significados. Incluso una sola palabra podía significar tantas cosas diferentes entre ellos. Scully sabía que diciendo simplemente: "Mulder" podría tener más profundidad y significado que todo un discurso, podía tener tantos significados diferentes dependiendo de su tono de voz y la expresión de su rostro. Pero se preguntó si eso que había entre ellos alguna vez contendría una verdadera comunicación personal, un intercambio real, no sólo esas intensas y profundas miradas y esas toneladas de sexo. Bueno, había toneladas de sexo hasta hacía tres semanas. No había habido mucho desde entonces.
Tara suspiró, mientras utilizaba la esponja suavemente sobre la piel de Delphine. - Estoy tan feliz, Dana.
Scully giró para mirar a su cuñada, se había sujetado el rubio cabello con una banda elástica para apartarlo de su rostro cansado, y le sonrió. - Puedo notarlo. Estoy muy feliz por tí.
- Gracias, dulzura. No hay mayor felicidad que ser madre. - Scully asintió, volviendo su atención a la inquieta Eleanor.
Tara la miró de reojo. - Dana, ¿eh, no pensaste en tratar de adoptar nuevamente?
La miró sorprendida. - ¿Adoptar nuevamente?
- Yeah. Sé que las cosas no funcionaron con Emily. - Suspiró. - Esa pobre niña … Pero, ¿pensaste en adoptar a un niño? No veo por qué no sería posible.
Eso nunca había cruzado su mente. - Uh, no, Tara, no pensé en eso. No sé, es sólo que... no me atrae la idea en este momento.
Tara asintió. La idea de criar a un niño que no sea suyo no tenía el mismo atractivo para Scully como tener un hijo con Mulder. ¿Y qué podría sentir él si ella lo hacía? Ni siquiera habían tenido una conversación acerca de lo que harían o dejarían de hacer en relación a un hijo biológico. Scully suspiró. No quería pensar en eso. No quería pensar en Mulder, en la IVF, y en tener hijos en ese momento. Deseaba solamente olvidarse de él por un tiempo, pero le estaba resultando imposible.
- Dime, ¿qué más hay de nuevo? - Preguntó Tara, sacando a Delphine de la bañera. - ¿Estás saliendo con alguien?
Scully titubeó, levantó a Eleanor y la envolvió con una toalla. - Mmm no. No estoy saliendo con nadie.
Su cuñada suspiró con fuerza. - Quiero disculparme de nuevo por lo que Bill hizo, lo de pedirle a ese policía que te invite a salir. Sé que puede ser agobiante y autoritario, y que en ocasiones se niega a aceptar que ya eres una mujer adulta con su propia vida. Es que simplemente se niega a quitarse esas anteojeras de hermano mayor y dejar de protegerte.
- Está bien, de verdad. - Se rió entre dientes. - No fue tan malo finalmente.
Llevaron a las gemelas a su habitación, y las acostaron en sus cunas para que duerman.
La noche siguiente, Bill y Tara tuvieron su fiesta anual de víspera de Navidad. Sus amigos y algunos compañeros de la marina con sus esposas, se reunieron con los Scully para celebrar. Durante el transcurso de la tarde, Scully conversó informalmente con varios de ellos, a algunos los conocía de la adolescencia, cuando vivía en San Diego. A las 22:15, la familia se apiló en la minivan de Tara y 10 minutos después llegaban a la St. Joseph's Cathedral para la Misa de Gallo.
Una vez ubicados en su banco habitual, empezaron a conversar con los feligres sentados cerca. Scully miró a su alrededor, notando que su madre ya no estaba. Se dirigió a la parte trasera de la Nave (espacio de la iglesia entre el portal y el coro donde se colocan los fieles), y encontró a Maggie de pie en un gran altar lateral frente a la estatua de Jesús, llenó de largas velas votivas cónicas. Se colocó junto a su madre, observando como pasaba de vela en vela, encendiéndolas. Cuando su madre encendió la vela número15, Scully le dirigió una mirada de perplejidad.
Maggie la miró de reojo y sonrió. - Para Fox.
Scully la miró fijamente. - ¿Estás encendiendo una vela de oración para Mulder? ¿Por qué?
- Lo hago todos los años, cariño.
Esto era algo nuevo para ella. - ¿Qué... qué es lo que pides para él?
- Oh, lo usual, lo de siempre. Le ruego a Dios que lo proteja, para que pueda protegerte. Bueno, eh, este año mi oración fue un poco diferente, no estoy segura por qué. Tal vez porque finalmente pudo celebrar con nosotros el día de Acción de Gracias. Pero simplemente oré para que él encontrara algo de amor y felicidad.
Scully sintió que sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas, y se apresuró a parpadear para contenerlas.
Maggie miró a su hija. - ¿Vas a encender algunas velas, Dana?
Ella suspiró. ¿Cuál era el punto? El sonido de la Misa de Gallo a punto de comenzar la salvó de tener que responder. Cuando la misa concluyó una hora más tarde, y su familia estaba a punto de salir de la iglesia, junto con los demás parroquianos, Scully miró de reojo el altar frente a la estatua de Jesús, y las velas votativas. Se detuvo y las observó fijamente. Giró la cabeza hacia su familia mientras caminaban lejos de ella, sin notar que había quedado atrás, y luego volvió a mirar el altar. Se acercó, y después de realizar la señal de la cruz, encendió una vela y murmuró una oración: "Que Mulder algún día, de alguna manera, pueda ser padre". Después de realizar la señal de la cruz por última vez, salió de la iglesia y se unió al resto de su familia.
Mulder había tardado todo el tiempo posible en el sótano del FBI, con el fin de pasar el menor tiempo posible en su apartamento vacío. Pasó todo el jueves encerrado en la oficina leyendo archivos y expedientes de casos antiguos, en busca de posibles conexiones, nuevas pistas o respuestas que pudiese haber pasado por alto en aquellos años, y no regresó a su apartamento hasta bien después de las 20:00 horas. Se quedó dormido en el sofá en algún momento después de las 02:00 de la mañana, despertando sólo cuatro horas más tarde.
Lo mismo había hecho la víspera de Navidad; se quedó en la oficina todo el viernes hasta bien entrada la noche. Se dedicó a desmontar y desarmar la oficina en busca de cámaras y micrófonos, y afortunadamente no encontró ninguno. Cuando regresó a su casa del hospital el verano pasado, había encontrado y removido varios micrófonos. Así que periódicamente chequeaba la oficina y su casa desde entonces, pero no había vuelto a encontrar nada. Tal vez Scully tenía razón. Esos hombres, en su mayoría, estaban muertos, su conspiración derrotada, y tal vez el gobierno simplemente ya no se preocupaba por ellos.
Entonces, ¿Contra quién o contra qué estaba luchando? ¿El único propósito que le quedaba era averiguar qué había sucedido con Samantha? ¿Alguna vez podría averiguarlo? ¿Quién sabía la verdad? Tal vez Cancer Man, pero no tenía idea dónde estaba escondido. Parecía haber desaparecido. Tampoco pensaba que iba a ponerle la verdad frente a sus ojos porque sí, de todos modos, incluso si él la supiese. Su madre podía saber algunas cosas, pero ¿cuáles eran las posibilidades de que alguna vez hablase de lo que sabía?
Giró su silla para mirar el póster en la pared: "I Want to Believe". Si la conspiración estaba muerta, entonces... habría invasión, colonización. Con el Consorcio ausente, desaparecido ¿quién iba a detenerlos? ¿O a posponerla? ¿Kurtzweil estaba en lo cierto? ¿Se había fijado una fecha específica? ¿Cuándo? Él había dicho que sería un día de fiesta nacional. Pero… ¿Cuál? ¿Qué tan lejos en el futuro? Tomó su móvil y llamó a Scully, pero saltó directamente al correo de voz.
Vaciló. ¿De verdad deseaba interrumpir su víspera de Navidad con mensajes acerca de conspiraciones e invasiones alienígenas?
- Scully, eh... - Suspiró con fuerza, su voz fue volviéndose triste. - Lo siento, Scully. - Y colgó. No estaba exactamente seguro de por qué se estaba disculpando, pero sintió que una disculpa era necesaria. La culpa estaba burbujeando en la boca del estómago, y él había estado tratando desesperadamente de ignorarla desde que habían salido de la oficina del Dr. Parenti. Mulder rápidamente alejó el pensamiento de su mente. Regresó a su apartamento de Hegal Place alrededor de las 21:00, suspiró mientras atravesaba la puerta. Deseó que Scully estuviese allí. Se acercó a su escritorio y golpeó el botón de reproducción de su contestador automático.
Hola, Fox. Soy tu madre. Sólo quería desearte una Feliz Navidad. Espero que te estés cuidando. Hazme una llamada cuando tengas la oportunidad.
Suspiró. Debería llamarla. No hablaba con ella desde hacía bastante tiempo. El sonido de la voz de Langly llenó la sala.
¡Mulder, Feliz Navidad! No te vemos desde hace mucho tiempo. ¿Qué pasó con eso? Oh, uh, Frohike quiere saber por qué no vienes por aquí y por qué estás manteniendo alejada a la agente Scully de nosotros. Debes traerla uno de estos días. Por lo menos hazlo para que Frohike deje de lloriquear y quejarse. De todas formas, Byers está pasando el fin de semana en Sterling, Virginia con su gente. Si no estás haciendo nada especial, vamos a celebrar nuestra tradición anual de ver todos los episodios de The Twilight Zone. ¡Come on over! Oh, elimina este mensaje después de escucharlo.
Borró los mensajes, y se dirigió a la cocina. Decidió prepararse un sándwich de pavo mientras calentaba una lata de sopa de pollo con fideos para cenar, y se sentó frente a la televisión. ¡Merry fucking Christmas to me! Casi todo en la televisión era sobre temas festivos, por lo que se conformó con el maratón de Battlestar Gallactica en el Sci- Fi Channel. Alrededor de la medianoche, apagó las luces, bajó el volumen de la televisión, y se acostó en el sofá, finalmente se quedó dormido un par de horas más tarde. Se despertó alrededor de las 4:30 am, pero volvió a caer en la inconsciencia pocos segundos después.
Mulder estaba caminando por la playa. Se sentía tan bien estar ahí. La brisa salada, el calor del sol. Estaba tranquilo, en paz. Vio a Scully a la distancia, un poco más lejos, y se dirigió hacia ella. Estaba sentando en la arena, su corazón se inflamó y una cálida paz llenó su pecho. Ella miraba fijamente hacia otro lado sin notar que se había acercado. Su pelo rojo estaba más largo, pasaba sus hombros, llevaba unos jeans azules con una camisa blanca de manga corta. Le gustó que estuviese usando esa ropa informal, relajada. El trabajo estaba muy, muy lejos de ahí.
Scully giró hacia él y le sonrió, pero había algo de tristeza en su mirada. Mulder no sabía por qué. Ella hizo un gesto para que se sentara a su lado, y él se sentó, acomodándose junto a su compañera. Scully se deslizó más cerca de él, y enredó su brazo alrededor del suyo, enhebrando los dedos de la mano con la suya, y le sonrió de nuevo. Mulder tuvo la sensación que algo no estaba bien. El ovni de arena no estaba allí. El niño de ocho años, tampoco. ¿Dónde estaba? Comenzó a mirar a su alrededor, buscándolo. Scully señaló en la dirección que estaba mirando antes de que él llegase. Y allí estaba él niño, lejos en la playa. Pero ya no tenía ocho años, era más pequeño ahora, tal vez unos cuatro o cinco años menos, y estaba con un hombre y una mujer. Mulder no los reconoció. El chico estaba feliz, corría metiendo los pies en el agua y luego frenéticamente corría hacia la pareja, riendo a carcajadas. ¿Por qué el chico no estaba con él y con Scully? Eso lo hizo sentir mal.
Miró a Scully, había regresado su triste sonrisa. - Él va a estar bien, Mulder.
Mulder observaba como el niño reía junto a la pareja, mientras el hombre lo alzaba y la mujer le limpiaba la arena mojada de sus pies con una toalla, y entendió que Scully tenía razón. El chico era feliz, y sintió que estaba bien cuidado por ellos. Pero aún así no era correcto, estaba equivocado. Todo eso estaba mal. ¿Por qué los había abandonado? Y ¿por qué era más pequeño, en lugar de más grande? ¿Por qué no podía estar con Scully y con él? Él era suyo, les pertenecía. ¿Cómo había sucedido eso? ¿Había hecho algo mal? Estaba tratando de recordar,
pero no hallaba respuestas. Se levantó y trató de llamar al pequeño, pero se dio cuenta que no sabía cómo llamarlo. ¿Cuál era su nombre? No lo sabía. ¿Cómo podía no saberlo? Comenzó a entrar en pánico.
Se despertó en el sofá, parpadeó intentando adaptarse a la luz brillante del sol que llenaba la sala través de las ventanas cubiertas de nieve. Echó un vistazo al reloj; las 10:38 de la mañana del día de Navidad. Los pequeños detalles del sueño se le estaban escapando, pero el pánico perduraba, y pronto fue reemplazado por la culpa. Se culpaba a sí mismo, completamente, por la IVF fallida. Nunca debería haber aceptado ese caso de la UCV. Debería haberse quedado con Scully. Sólo le había causado stréss y preocupaciones en un momento donde su atención, cuidado e interes debían estar enfocados hacia otro lugar. Hacia ella misma. El proceso de fecundación in vitro era tan lento, consumía tanto tiempo, por no mencionar el costo monetario, que sólo poner algún tipo de traba en el asunto le resultaba una tontería, sin hablar de lo insensible y cruel que se sentía por haber sido absorbido por ese caso. ¿Y si la IVF hubiese funcionado? ¿Por qué no podía rechazar la solicitud de perfiles? ¿El niño estaba perdido? El chico había desaparecido, lo habían alejado de ellos, se lo habían quitado. Mulder pasó el resto del día tirado en el sofá, ahogándose en la miseria.
Para las 21:00 horas, necesitaba desesperadamente dejar de darle vueltas a su cabeza. Alejarse de pensamientos y culpas. Se duchó, se cepilló los dientes, se puso unos jeans azul oscuro, un sweater carbón, un abrigo negro, y salió. Paró un taxi para ir al D.C, terminó en "The Lantern" en Mount Vernon Square. Como era de esperar, la barra estaba relativamente llena. La ciudad, generalmente, era tranquila en Navidad. La mayoría de los negocios cerraban, incluidas las oficinas gubernamentales, ya que los empleados y trabajadores se reunían con amigos y familiares para las fiestas e intercambio de regalos. Incluso aquellos que no celebraban la Navidad se tomaban el día libre. Una serie de bares y pubs de la ciudad habían creado un "reducido hueco", abrían a las 20:00 o 21:00 horas y cerraban a las 2:00 o 3:00 de la mañana. Después de unos años, el "Bar-Hopping" (Recorrida de una noche por distintos bares y pubs.) de Navidad se había convertido en todo un evento social, atrayendo a personas que, o bien no habían viajado a casa para las fiestas, o a familias y amigos que aprovechaban salir juntos una vez que la fiesta había acabado.
Mulder se sentó en el bar y pidió una cerveza. Una hora más tarde, después de tres cervezas consumidas, decidió que necesitaba algo más fuerte para calmar su mente y ordenó un par de shots. Tras cierto tiempo, alguien se sentó en el taburete a su derecha. Pudo sentir su perfume, algo florido. Oyó una musical voz familiar pidiendo un vodka martini. Giró la cabeza y la observó con sorpresa. Se fijó en su atractivo rostro, su suave piel de márfil en fuerte contraste con el largo cabello castaño oscuro, sus pómulos y la mandíbula definida, su nariz aguileña, los labios rojos llenos, moldeados, las cejas oscuras y sus negras pestañas largas rodeando el iris color chocolate.
- Hola, Mulder. - Dijo Natalie, sonriendo.
La contempló, sus ojos rápidamente la recorrieron reparando en su mini vestido sin mangas, con escote en V de profunda caída, que dejaba al descubierto una amplia cantidad de piel, la tela negra era tipo poliéster/spandex hasta la cintura, donde se unía a una estrecha falda de terciopelo rojo. - Agente Black.
- Natalie. Entonces… Tampoco fuiste a casa, ¿verdad? - Preguntó haciéndole una caída de ojos.
Mulder negó sacudiendo la cabeza. Su cerebro estaba difuso, y sentía la lengua pesada.
- Yeah, yo tampoco. Mis padres se fueron en un crucero con el club de Bridge. - Rodó los ojos. - Estoy aquí con unos amigos.
Mulder seguía mirándola profundamente. - ¿No tienes, uh, hermanos o hermanas?
Natalie vaciló. - Um... Tenía un hermano mayor. Jeremy. Pero... fue asesinado hace siete años. Bueno, casi ocho años, ahora.
Sus ojos se abrieron en estado de shock. - ¡¿Qué?!
Ella asintió. - Yeah. Se involucró con las personas equivocadas. Se casó con una chica al salir de la escuela, y su familia traficaba con drogas. Se metió en la, uh… "empresa familiar". Una entrega salió mal y lo asesinó un sociópata en la afueras de Las Vegas.
No sabía qué decirle. - Yo... oh, wow. Eso es terrible. Lo siento.
- Gracias. - Susurró con una pequeña sonrisa. - Yeah, fue algo brutal. Incluso la manera en que fue asesinado… me ahorraré los detalles. Era una estudiante de primer año en la Universidad de Alabama cuando sucedió, justo antes de los finales así que puedes imaginarte. Eso fue también otra pesadilla. De todas maneras, había estado pensando en la especialización en Literatura Inglesa, pero después de lo de mi hermano me decidí por la justicia penal.
Mulder cabeceó, suspirando. - Puedo ver por qué.
En ese momento, fueron interrumpidos.
- Bueno, bueno, bueno, mira quién está aquí. Agente Mulder. ¡Hola Amigo!
Mulder giró encontrándose al agente Sam Cole de pie junto a ellos, con el pelo negro mojado por la nieve que caía fuera. Sus ojos azules le sonreían. Mulder gimió interiormente. Amigo, mi culo.
- Así que, uh, ¿quién es tu cita? - Preguntó Sam, meneando las cejas.
Antes de que Mulder pudiese corregirlo, Natalie tomó la palabra y le tendió la mano. - Agente Natalie Black.
Sam la miró fijamente. - Oh, ho, ho, ¿en serio? ¿No me digas? Bueno, es muy agradable conocerte, Natalie.
Mulder observó como Cole giraba y daba una mirada mordaz a las dos personas que estaban junto a él, a quienes ni siquiera había notado hasta ahora, vio como la agente Brewer rodaba sus ojos a Sam.
- Soy el agente Sam Cole. Esta es mi compañera, la agente Sarah Brewer, y su marido, Jason. Quienes fueron lo suficientemente buenos en acompañarme esta noche. Mis padres fueron a Alemania a visitar a mi hermana, su marido está destinado allí.
Natalie estrechó la mano de Sarah y Jason. - Encantada de conocerlos.
- De cualquier manera, los dejaremos sólos tortolitos. - Dijo Sam, guiñando un ojo. A continuación, los tres se alejaron. Mulder los miró irse con una expresión pétrea.
- Siento lo de ese tipo. - Se disculpó con Natalie.
Ella sonrió pestañeando, sus ojos brillantes se clavaron en los suyos. - Está bien. No me importa.
Mulder miró de reojo el reloj, su visión estaba ligeramente borrosa, advirtió que casi era medianoche, ese era un buen momento para retirarse, pensó sacando su billetera. - Bueno, fue, uh... realmente un placer haberte encontrado. Debería marcharme ya.
Natalie colocó la mano izquierda sobre el muslo de Mulder, su rostro absolutamente sugestivo. - Tú realmente no quieres estar solo esta noche, ¿verdad?
Él se la quedó mirando fijamente.
Mulder estaba acostado en su cama, se sentía enfermo. Estaba sudando, los oídos le zumbaban y su cabeza palpitaba por el dolor. De repente, una voz femenina susurró en su oído izquierdo. - Yo puedo hacer que te sientas mucho mejor.
- Ve por Scully. - Dijo con voz ronca. - Necesito a Scully.
- Puedo cuidar de ti. - Susurró la voz.
La visión borrosa de una cara bonita y un pelo oscuro pasó frente a sus ojos. Su cabeza lo estaba matando, cerró bruscamente los ojos, no sin darse cuenta antes de que el cuerpo unido a la cara llevaba nada más que un sostén en la parte superior.
- Sé lo que quieres. - Le susurró. - Sé lo que necesitas. Permíteme dártelo.
- ¡Scully! - Mulder gimió. - ¡Quiero a Scully!
De pronto se sintió más cómodo, el aire fresco acariciando su piel recalentada.
- Voy a hacer que te sientas mucho mejor. - Susurró la voz.
Sintió algo caliente en su ingle, sus ojos se abrieron para ver una cabeza de pelo oscuro sobre su entrepierna, acercándose a sus boxer. Él se sacudió irguiéndose, empujándola para alejarla de su cuerpo. - ¡¿Qué estás haciendo?! ¡Encuentra a Scully!
Mulder se sacudió levantándose de golpe del sofa, se tambaleó en el lugar y cayó pesadamente, volcando la mesa de café en su camino al suelo. ¿Qué había hecho? ¡Oh, no! ¡Oh, no! Frenéticamente se sentó, mirando alrededor de la sala. ¡Oh, Dios! ¿Qué había sucedido en el bar? Se levantó del suelo y entró al dormitorio tropezándose con todo lo que iba cruzando en su camino, no había nadie allí. Salió y fue a la cocina; nadie allí tampoco. No había ninguna señal de que alguien más que él hubiese estado ahí.
Se sentó en el sofá, respirando con dificultad. Se dio cuenta de que no se sentía enfermo, y su cabeza no lo estaba matando. Se miró, todavía llevaba la misma ropa de antes. Su mente regresó al bar.
- Tú realmente no quieres estar solo esta noche, ¿verdad? - Preguntó Natalie.
No, no quería estar solo esa noche. No quería regresar a un apartamento vacío. En el fondo había deseado tener un lugar donde ir en Navidad, algún lugar que no fuera Greenwich, Connecticut, algún lugar lleno de amor y una familia en lugar de amargos recuerdos. No quería estar solo. Quería a Scully.
Se puso de pie, alejando la mano de Natalie, y arrojando dinero sobre la barra. - Buenas noches, agente Black.
De forma inestable se retiró de la barra, tomó su abrigo del perchero y se dirigió fuera. Se sentó en la acera mientras esperaba un taxi para hacer su camino de vuelta a su apartamento en Alexandria. Cuando llegó, literalmente, se estrelló contra su sofá, su cerebro cansado y el alcohol en sus venas le permitieron sucumbir al sueño pocos segundos después.
Dio un suspiro de alivio. Había estado soñando, o bien, tal vez había estado sólo medio dormido, entrando y saliendo de la inconsciencia. Le había parecido demasiado real. Pero… esa mujer del sueño no era Natalie Black. Era Diana. Algo había provocado que su memoria lo trasladara al momento en que Diana lo había encontrado en aquel hueco de la escalera de la American University y lo llevó a su casa, antes de ingresarlo al hospital.
Echó un vistazo a su reloj; las 5:42 am. Se preguntó por qué Scully no lo había llamado, y esperaba que fuera porque estaba demasiado ocupada con su familia y no porque no quiso hacerlo. En ese momento deseó no haber dejado ese mensaje enojado en el buzón de voz, la mañana del jueves. También lamentó no haber podido despedirse de ella antes de que se fuera, abrazarla, besarla; algo, cualquier cosa. La echaba de menos, y esperaba que los próximos días pasaran rápidamente. En el fondo, se ilusionaba con la idea de que Scully lo extrañara también.
El día de Navidad había sido muy ajetreado para los Scully. Temprano, por la mañana del sábado abrieron los regalos, y después toda la familia se puso a mirar Toy Story, película escogida por Matt, en la sala. Charlie y Jennifer llamaron por teléfono, y todos hablaron por altavoz un largo rato. Maggie y Scully prepararon un gran desayuno, y a las 11:30 la familia completa se dirigió a servir el almuerzo en un refugio para mujeres sin hogar a cargo de las Catholic Charities Diocese of San Diego. Al regresar disfrutaron de una tarde de relax en casa antes de sentarse frente a la cena navideña.
Más tarde esa noche, una Scully completamente desvelada, no paraba de girar en la cama de la habitación que compartía con su madre. Se preguntaba lo que el próximo año le tendría reservado, si sería mejor o peor, o igual. Luego añadió rápidamente "se mantendrá igual" en el peor sentido. ¿Qué sucedería con Mulder? ¿Hacia dónde iría? ¿Cuál sería el resultado final? ¿Tendrían algún destino? ¿Estaban trabajando en obtener alguna meta personal? ¿Por qué nunca hablaban de eso? Pero, de nuevo, ¿por qué esperaba eso de él cuando a ella le era tan difícil hablar? ¿Qué era lo que quería? ¿Dónde se dirigía su vida? ¿Dónde se veía a sí misma en cinco años? ¿Y en diez? No lo sabía. ¿Quería intentar otra IVF nuevamente? No creía poder intentarlo de nuevo.
Oyó a una de las gemelas llorar a los gritos, justo al lado de su habitación. Rodó para salir de la cama. Bill y Tara se merecían un descanso. Entró a la habitación infantil justo cuando los gritos despertaban a la otra gemela, y en un segundo las dos estaban llorando. No tenía ni idea cómo Tara manejaba esa situación todos los días. Cuando se inclinó sobre la cuna para alzar a Eleanor, Bill entró por la puerta.
- Hey, no esperaba verte aquí. - Susurró.
Scully le dio una media sonrisa. - Oh, bueno, estaba despierta, y quiero ayudar mientras estoy aquí.
Su hermano asintió, tomando a Delphine de su cuna y tranquilizándola. - Dime, Dana, ¿cómo estás?
- Estoy bien, Bill. - Susurró, caminando por la habitación en círculos, mientras mecía a Eleanor.
Bill suspiró. - No pareces estar bien.
Ella sintió que las lágrimas pinchaban en sus ojos, y parpadeó para contenerlas. Bill no era alguien que soportara escenas emocionales. No había llorado delante de él desde que era una niña, y él solía burlarse duramente por eso. Aprendió rápidamente que las manifestaciones emocionales no eran bienvenidas por su hermano, y desde entonces las mantuvo ocultas de su vista.
- Estoy bien, Bill. Sinceramente.
- Siempre fuiste horriblemente mala para mentir, Dana. - Scully suspiró. - ¿Es por Mulder? - Preguntó con un dejo de desprecio en su tono. - ¿Qué hizo esta vez?
Ella suspiró de nuevo. - Mulder no hizo nada, Bill. Ha sido realmente... genial, últimamente. No tengo ninguna causa real de queja en lo que se refiere a mi compañero.
Bill miró a su hermana menor. - Estaba pensando en invitar a Jonathan Kresge a cenar mientras estás aquí. ¿Qué piensas?
Ella lo miró fijamente. - Apreciaría mucho que no lo hicieras, Bill.
- ¿No la pasaste bien? Él me dijo que la pasó bien contigo.
Scully hizo una mueca ante la idea de su hermano mayor hablando sobre su vida amorosa. ¡Con el tipo que había salido! Nada había cambiado. Siempre que Bill Jr regresaba a casa de la marina para una visita familiar, y ella estaba saliendo con alguien, solía leerle la "Riot Act" (ley de orden público), dándole todo el rollo, advirtiéndola severamente. En muchos sentidos, para los jóvenes que salían con ellas, él resultaba aún más severo y amenazante que su propio padre. Pero a pesar de eso, jamás la había presionado o intentado forzar alguna relación. Nunca la había instado a salir con alguien como ahora que casi arrojaba a Kresge en su camino. Su odio hacia Mulder debía ser aún más fuerte de lo que había pensado en un principio.
- Sí, la pasé muy bien. Pero no estoy interesada en él. Por favor, por favor, no lo invites, Bill.
- Ok, Dana, no lo haré. - Suspiró. - Oye, ¿puedes creer que voy a cumplir 40 el mes que viene?
Scully se rió entre dientes. - Desde los 13 pareces de 40, así que ya era hora de que te pusieras al día.
Las gemelas finalmente se durmieron, y las acostaron de vuelta en sus cunas. Salieron de la habitación, Bill iba en dirección a su dormitorio cuando se giró para mirarla.
- Sólo quiero que seas feliz, Dana. - Le susurró. - ¿Sabes eso, no?
Se quedó observando a su hermano mayor. - Sí, Bill. Lo sé.
Bill le dio una pequeña sonrisa, y luego desapareció detrás de la puerta del dormitorio principal. Scully sintió que las lágrimas una vez más, llenaban sus ojos y en lugar de regresar a su habitación, silenciosamente bajó las escaleras hacia la sala y se sentó en el sofá, doblando las piernas debajo de ella. Ya no pudo reprimir sus pensamientos inquietantes, y se permitió sentir lo que estaba sintiendo, no se reprimió y dejó que las lágrimas comenzaran a caer mientras su mente corría.
estaba molesta consigo misma. ¿Qué le sucedía? ¿Por qué ya no tenía el suficiente deseo de seguir intentando tener un bebé? Todos los padres decían que sus hijos eran la mayor alegría de sus vidas. Entonces, ¿por qué renunciar después de sólo dos intentos? Incluso en la sala de espera del consultorio del Dr. Parenti, conoció mujeres que entusiasmadas le contaron que habían quedado embarazadas después del cuarto o quinto intento de IVF. ¿Deseaba intentarlo tantas veces? ¿Pasar ella y hacer que Mulder pase por un escurridor emocional, haciéndolos atravesar esos malos momentos, valía la pena?¿Podía incluso darse el lujo de seguir intentando e intentando hasta quedar hundida pagando $20,000 por cada IVF? ¿Y entonces que? ¿Terminaba igual a como había empezado? Con nada. Sola, al igual que siempre.
También se sintió triste; triste porque nunca viviría la experiencia compartida de la creación con Mulder, nunca experimentaría un embarazo, ni la sensación de tener una vida creciendo dentro de ella, ni la emoción de los nueve meses y la espera por la llegada del bebé, no viviría el milagro del parto, ni la lactancia materna, ni las hormonas del amor de una nueva madre, el incondicional amor dado y recibido por un niño. Madres, a ella, siempre le habían parecido tan femeninas, tan fuertes, tan poderosas, al igual que la suya. Ella nunca sabría lo que era eso. Nunca sabría lo que era dar a luz y criar un niño, y eso a menudo la hacía sentirse aislada del resto de las mujeres. Y tal vez esas, eran las grandes razones por las qué temía seguir intentándolo. Realmente no sabía, y nunca sabría, lo que era ser madre. Nunca realmente sabría que se estaba perdiendo, la maternidad sería siempre un concepto extraño.
Tenía miedo de terminar sola. Si alguna vez perdiera a Mulder, no tendría hijos, ninguna familia inmediata. Un día, uno de ellos moriría y dejaría al otro solo. No podía soportar la idea, el temor debilitante de la pérdida aferrándose impiadosamente a su corazón y nuevas lágrimas escaparon de sus ojos. La idea de que ella y Mulder no dejarían descendencia, que cuando desaparecieran nadie iba a recordarlos, era tan extraña. No podía ser posible, pero esa era la realidad que estaba frente a ellos.
La idea de que Mulder nunca fuera padre la llenó de tanta angustia, que tuvo que ahogar un sollozo. Él sería un padre maravilloso. Sería el mejor proveedor, protector, maestro y amigo que un niño podría desear. Su carácter moral y su disposición afectuosa harían de su hogar un lugar seguro y feliz. Merecía ser padre, él merecía tener una familia propia.
La liberación emocional pronto le permitió al cerebro descansar, y se sintió lo suficientemente agotada como para ir a dormir. Se recostó en el sofá, tirando una manta sobre ella, y se adentró a la inconsciencia mientras contaba los días que faltaban para regresar a su casa y a Mulder.
CONTINUARÁ…
