Capítulo 52: "No busques más allá."

Resumen:

El miedo de Scully y la Frustración de Mulder. El regreso de Donnie Pfaster

Aviso: El dialogo y premisa del episodio "Orison" no me pertenecen, no los escribí porque no soy una sádica como los escritores de 1013 Productions. Fue escrito por Chip Johannessen, y pertenece a 1013 Productions y 20th Century Fox.

Nota al pie: ¡Mami, sostenme! ¿Saben cuántas veces me toco forzarme para ver "Orison" e "Irresistible" en estos últimos días? Mi piel aún se eriza. Donnie Pfaster es una de mis pesadillas, y una muy recurrente que me ha perseguido por años. ¿Hay algo mas horripilante que la cara de Nick Chinlund? .

Tambien quiero llamarle la atención a quien quiera que fue responsable por los subtitulos de "Orison". Cada vez que el nombre "Donny Faster" salía en la pantalla, quería arrojarle algo a la TV. ¡Vamos! Donny Faster? ¿es en serio?

Nota de la traductora:

Como siempre, mil excusas para todos los que han estado atentos a esta traducción durante todo este año y se han sentido, digamos, abandonados por mí. Mi capitana Marisu alias "Dana Scully" ha sido muy juiciosa pasándome los caps prácticamente listos, pero yo he sido la de la demora. Problemas y asuntillos familiares lo han complicado todo, así que mil disculpas gente, no abandonare el barco y seguiré publicando la traducción hasta que no haya más que traducir.

Notas:

Kings of Leon – "Cold Desert"

I'm on the corner
Waiting for a light to come on
That's when I know that you're alone
It's cold in the desert
Water never sees the ground
Special, unspoken, without a sound

You told me you loved me
That I'd never die alone
Hand over your heart, let's go home
Everyone noticed
Everyone has seen the signs
I've always been known to cross lines

I've never ever
Cried when I was feeling down
I've always been scared of the sound
Jesus don't love me
No one ever carried my load
I'm too young to feel this old

Is it you
Is it me
Or does
Nobody know
Nobody see
Nobody but me

El sábado 8 de enero Scully se despertó cuando la alarma del despertador de Mulder sonó a las 7:00 am. Ella estaba de su lado de la cama, frente a él, observó como Mulder parpadeaba lentamente despertándose, antes de inclinarse para apagar la alarma, quejándose. Él le dedicó una sonrisa de satisfacción perezosa, y ella le devolvió la sonrisa. Mulder extendió su mano izquierda hasta poder acariciarle suavemente la cara, mirándola atentamente con cariño. Mientras la miraba, Scully pensó que parecía como si él tuviese algo en mente y quisiera decirlo, pero las palabras no salían.

Y Scully se dio cuenta de que esta venía siendo una conducta repetitiva, él la miraba como si tuviese algo sumamente importante justo en la punta de la lengua, pero sin poder formar las palabras para expresarlo. Fox Mulder, quien podía arengar con tortuosos detalles sobre cientos de diferentes temas que a nadie más en el planeta le preocuparían, salvo a él mismo, quedaba absolutamente sin palabras cuando la miraba de esa manera. Estos silencios la hacían sentir incómoda, como si Mulder estuviese a punto de decir algo que no estaba preparada a escuchar, algo que llevaría esta cosa entre ellos a un territorio desconocido.

Sin embargo, era consciente que ella también permanecía en silencio. Sabía que no podía encontrar las palabras que explicaran sus sentimientos; que ni remotamente se acercarían a transmitir o reflejar lo que pasaba en su mente o en su corazón. ¿Qué podía decir que no sonara infantil o fuese un cliché, cursi o trillado? Todas las palabras y frases que denotaran amor y romance habían sido utilizadas en telenovelas melodramáticas y comedias cursis, entonces no tenían un gran sentido, lo habían perdido. De todas maneras, esas palabras no podrían describir jamás la profundidad de sus sentimientos por Mulder, y todo lo que él significaba en su vida. Scully sospechaba que eso mismo le sucedía a Mulder. No había nada que pudieran decir.

En cambio, ellos lo demostraban mutuamente, ponían de manifiesto la profundidad de esos sentimientos. Constantemente habían sido sinceros, auténticos y leales entre ellos. Donde las palabras fallaban, las acciones decían lo que había que decir. Llevaban intercambiando sin palabras, comunicándose con la intensidad de su intimidad física, y Scully no podía ver que eso menguara pronto. La forma en que Mulder la amaba físicamente la sorprendió, y sin embargo, no estaba realmente extrañada de que fuera así. Ella había sospechado algo así de él todo el tiempo. Él era enérgico, incisivo, versátil, con una previsible fijación oral, obsesivo, pero también era tierno, cariñoso, generoso, para nada egoísta. Mulder no era su primera pareja sexual, pero ningún hombre antes la había tocado y mirado en la forma en que él lo hacía. Ella había tenido varios amantes en el pasado que le habían profesado lo mucho que la amaban y la necesitaban. Mulder nunca le dijo esas cosas, pero a veces ella pensaba que sus ojos se lo decían a gritos. Y creía que había más verdad detrás de los ojos de su compañero que en cualquiera de los discursos románticos que había oído en los últimos años.

Scully había aprendido a bajar la guardia, y sus inhibiciones, con sólo una mirada, la suave caricia de su mano, o algunas palabras graciosas, y todo servía para implorar que confiara en él. Y ella, se encontró diciendo y haciendo cosas durante el sexo, que nunca había dicho o hecho con ninguna otra persona. Aunque, a veces, se moría de vergüenza al recordar su comportamiento en la cama, pero en ese momento era libre; libre de vocalizar lo que deseaba, libre para mostrar cuanto placer estaba sintiendo.

Mulder se sentía tan cómodo con su propio cuerpo, y trataba con tanta reverencia y veneración al suyo, que ahora, cuando ella se miraba en el espejo simplemente veía a una mujer. No a la médica o a la científica, o a una agente especial del FBI. Sólo veía a una mujer, fuerte, poderosa y hermosa. Ella no había sido capaz de verse a sí misma como lo había hecho desde los primeros días en la Academia del FBI, cuando quedó claro exactamente a qué tipo de club de chicos se había unido. Una mujer de la Academia que tenía citas era una puta decidida a acostarse con cualquiera con tal de acortar su camino a la cima. Una mujer que mantenía las cosas de manera estrictamente profesional era una frigida, una auténtica "Ice Queen".

Y fue evidente que Mulder no era uno de los "chicos del club" cuando lo conoció y se dirigió a ella llamándola: "Scully", en ese momento comenzó a gustarle. Durante los meses de entrenamiento en Quántico, y después también, la gran mayoría de agentes masculinos, se dirigían a ella y a las otras agentes por su nombre de pila y, se llamaban por los apellidos entre ellos. Eso siempre le había causado cierto fastidio, ya que la hacía sentir condescendiente. Pero con Mulder no era así. En Oregon, cuando frenéticamente fue a su habitación del motel, dejando caer su bata para que examinara las marcas de picaduras de mosquitos en la parte baja de su espalda, comenzó a confiar en él. A través de los años la confianza creció y creció hasta que él se convirtió en la única persona en quien más confiaba, además de su madre, y parecía imposible poder confiar más de lo que ella lo hacía. Pero estaba equivocada, había otros aspectos, como la confianza física que estaba experimentando con Mulder.

Pero era en la confianza emocional donde todavía no se había liberado. Confiar en otro ser humano entregándole su ser interior, sus pensamientos y sentimientos más profundos, era algo que Scully nunca había sido capaz de hacer, ni siquiera con los miembros de su familia. Scully se quedó recostada allí, relajada, contemplándolo, y se dio cuenta de que había palabras que ella le podía decir, dos palabras simples para ser exactos, que aún tenían un poderoso significado. Y ese poder infundió un gran temor en su corazón, debilitándola y silenciándola. Cuando la mente de Scully comenzó a llegar a la temerosa conclusión de que esa cosa entre ellos era cada vez mayor, más serio, demasiado romántico y demasiado peligroso, Mulder se inclinó y presionó sus labios contra los de ella.

- Mulder, tengo aliento matinal. - Scully murmuró contra su boca.

- Yo también. - Se rió entre dientes alzando los hombros, antes de profundizar el beso.

Mulder se separó para respirar y movió la boca a su cuello, acariciando su piel con los labios. - Mmm, Scully, hueles a sexo.

Ella sonrió haciendo una mueca. - ¿Estás listo para la segunda ronda? ¿Eso quieres decir?

Dio un suspiro cansado, y se movió para mirarla. - No. Creo que estoy paralizado de la cintura para abajo, en realidad.

Scully se rió.

- Ya no soy el macho joven que una vez fui. - Se lamentó en broma, y luego suspiró. - Estamos haciéndonos viejos, Scully.

Ella sonrió con suficiencia. - Habla por ti. Pensé que ya habíamos establecido que estoy en mi mejor momento.

Mulder sonrió abiertamente. - Entonces, eh, ¿qué estás diciendo? ¿Quieres un poco de sexo por la mañana? Podría hacer el esfuerzo, pero tendrás que ser completamente convincente.

Scully se rió entre dientes. - Nop. Me siento total y completamente saciada. - Pescó justo cuando su cara se torcía con una amplia sonrisa de satisfacción, y ella se lo quedó mirando fijamente. - Borra esa expresión de la cara, bastardo engreído.

Mulder se rió. Scully bajó de la cama, caminando hacia el lado de su compañero para recoger su ropa del suelo, y entró al baño. Después de higienizarse y vestirse, salió para ponerse los zapatos.

- ¿A dónde vas? - Preguntó.

- Voy a hacer la caminata de la vergüenza. - Bromeó. Luego le echó una mirada, todavía acostado en la cama, en su rostro se notaba la mezcla de descontento y confusión. - Tengo que ir a casa, Mulder. No voy a estar usando el vestido todo el día.

Él le dirigió una rápida mirada, y Scully se imaginó que a su compañero, probablemente, no le importaría en lo más mínimo si se paseaba por su apartamento todo el día en ese vestido. Miró hacia abajo y se deslizó en un zapato, él se sentó en la cama.

- Sabes, Scully… quizás deberías dejar algunas cosas aquí.

Ella se congeló, y después de deslizarse en el otro zapato y ponerse de pie, apartó rápidamente sus ojos de la mirada atenta de su compañero. - No veo por qué eso es necesario, Mulder.

- Bueno, de esa manera podrías permanecer aquí más tiempo en lugar de tener que irte a tú casa. - Le dijo simplemente, encogiéndose de hombros ligeramente.

Scully asintió. - Ok, bueno… te veo el lunes por la mañana.

Mulder se resistió a esa idea quejándose. - ¿Lunes? ¿Por qué me verás recién el lunes?

Ella suspiró, desviando la mirada. - Voy a hacer mandados durante todo el día, Mulder. Tengo una lista de una milla de largo de cosas de las que necesito encargarme. Y voy a pasar mañana por la casa de mi mamá. Charlie y Jennifer tal vez vengan con los niños, pero eso no es algo seguro.

Él asintió con la cabeza, suspirando. - Ok. Supongo que te veré lunes.

Scully se dirigió hacia la sala a través del vestíbulo, tomó su abrigo del perchero junto a la puerta y se fue.

La mañana del domingo 9 de enero, Mulder se despertó en su sofá con el timbre del teléfono. todavía atontado, extendió la mano para recoger su reloj de la mesa de café. Las 8:13 am. Se sentía agotado, no se había dormido hasta después de las 3:30 am. Se levantó del sofá, se acercó a la mesa y levantó el auricular.

- ¿Hola?

- ¿Agente Mulder?

- Sí. - Suspiró.

- ¿Agente Especial Fox Mulder? ¿Del FBI?

- Ese soy yo. - Dijo enderezándose, su cerebro comenzó a despertarse.

- Uh, yeah, soy Joe Daddo, de los US Marshals (Cuerpo de Alguaciles de EU. Institución encargada de ejecutar las órdenes de cortes federales. Considerados como el Poder Civil de las autoridades gubernamentales y una organización local con regulación federal. Forman parte del Departamento de Justicia garantizando su funcionamiento). Me preguntaba si podría darnos una mano.

La mente de Mulder se aceleró a toda marcha, tratando de discernir por qué un Alguacil lo necesitaría. - ¿Con que?

- Esta mañana, temprano, un tal Donald Addie Pfaster escapó de la prisión federal. - Dijo Daddo. - Creo que usted está familiarizado con este tipo.

El estómago de Mulder tocó fondo inmediatamente. - Sí. ¿Cómo hizo para escapar?

- Bueno, eh, realmente nadie lo sabe. Suponemos que solo salió caminando. Había guardias presentes, otros reclusos, el personal penitenciario, pero nadie lo vio salir. Él estaba allí, y de pronto estaba desaparecido. Usted y su compañera son los que dieron caza a este chiflado y lo aprehendieron, ¿correcto? - Preguntó Daddo.

- Yeah, es correcto. Pero, eh, ¿para qué necesita mi ayuda? - Mulder se sentía completamente shockeado. Nunca en un millón de años pensó que tendría que lidiar con Pfaster de nuevo. Darles caza a convictos fugados tampoco era exactamente su especialidad. Y, ¿cómo pudo Pfaster simplemente salir de una prisión federal sin que nadie viese lo que estaba sucediendo?

- Bueno, me preguntaba si a ti y a tú compañera no les importaría venir aquí, a Illinois, y ayudarnos con la operación. Creo que fue tú profile el que condujo su captura en primer lugar. Quiero que mi equipo sepa, conozca, y me gustaría saberlo yo también, con quién estamos tratando aquí exactamente.

El estómago de Mulder estaba en nudos. No quería llevar a Scully a esto. - Bien. Estaré allí.

- Excelente. Tenemos dos asientos reservados. El vuelo sale de D.C a las 9:55. Voy a enviar a alguien por ti y tu compañera al aeropuerto de Saint Louis para recogerlos. Luego hay unas dos horas en coche hasta la penitenciaría en Marion, Illinois.

- Ok. - Mulder suspiró.

Después de colgar el teléfono, se metió en la ducha, antes de vestirse y empacar su bolso de viaje. Había decidido no llamar a Scully. No la quería de ninguna manera cerca de cualquier cosa que tuviese que ver con Pfaster. No había vuelto a hablar con ella desde que dejó su apartamento la mañana del sábado. A él le había parecido que su compañera tenía demasiada prisa por irse, y que había evitado el contacto visual mientras se iba. No estaba seguro de por qué, pero podría jurar que, a pesar de su buen humor aparente y las bromas de esa mañana, estaba ocultando algo tras sus ojos. Mulder ni siquiera podía empezar a imaginar qué, pero algo en el cómo se había retirado le había dejado una ligera sensación de temor en la boca del estómago. Esperaba que Scully no comenzara a dar marcha atrás, a sabiendas de que eso era algo que esperaba totalmente que hiciera.

A las 9:20 am Mulder estaba sentado en la puerta del Dulles Airport, cuando de repente Scully se paró frente a él con los labios fruncidos y una ceja arqueada, cargando el bolso de viaje. Él notó que se había cortado el pelo, lo llevaba varias pulgadas más corto. No estaba seguro de cómo se sentía acerca de eso.

- Entonces, ¿Me ibas a abandonar? ¿Me ibas a arrojar a la cuneta? ¡¿Eh?! - Preguntó secamente.

Mulder suspiró. - ¿Cómo te enteraste?

- Me llamaron de la Oficina de los US Marshals. - Respondió. - Para que confirme mi asiento del vuelo a St. Louis, Missouri de las 9:55 am. ¿Por qué te ibas a ir sin mí? ¿Sin siquiera decirme?

Él suspiró de nuevo. - Creo que no es una buena idea el que vengas.

Scully le dirigió una mirada dura. - ¿Lo estás diciendo cómo mi compañero? ¿Cómo mi amigo? ¿O… cómo algo más?

Mulder sabía a dónde quería llegar. - ¿Crees que dejaría que mis sentimientos personales nublaran mi juicio?

- No sería la primera vez. - Respondió fríamente.

Se la quedó mirando fijamente. ¿Qué podía decir? Tenía razón. Así que no dijo nada. Escucharon el aviso por lo alto de que el embarque estaba a punto de comenzar y se dirigieron a formar la fila. Scully no le dijo nada más, subieron y encontraron sus asientos, ella junto a la ventanilla y Mulder a su lado, sobre el pasillo. Él se preguntó cuán irritada estaba en realidad, si incluso, quería realmente estar ahí buscando a Pfaster, o si solo le molestaba que había estado a punto de fugarse a algún lugar sin decirle. El avión comenzó el despegue y aceleró por la pista, cuando empezó a elevarse, Mulder se giró para mirarla. Ella también giró para encontrar sus ojos, todavía con una expresión dura en su rostro

- Sólo para que lo sepas… - Dijo, observándola atentamente. - No importa dónde estemos o lo que estemos haciendo, siempre seré tu compañero. Y siempre seré tu amigo.

La expresión de Scully se suavizó un poco, aunque no le dio ninguna respuesta, y se giró para mirar atentamente por la ventanilla. Mulder suspiró y se pasó el resto del vuelo esperanzado con que los US Marshals encontraran a Pfaster antes de que él y Scully incluso pisaran Missouri, pero sabiendo que eso no era algo factible.

Después de arribar al St. Louis International Airport dos horas más tarde, una SUV (Sport Utility Vehicle) con dos Alguaciles los recogió y los condujo a la Penitenciaría de EU en Marion. Después de la reunión informativa sobre Pfaster con el US Marshal Joseph Daddo y su equipo, Mulder siguió a Scully a la capilla de la prisión. Había estado inquieto desde que ella se había presentado en el aeropuerto, y su inquietud había ido en aumento desde que llegaron a la prisión, y se incrementó aún más hacía tan solo un par de minutos, cuando Scully salió apresuradamente de la reunión informativa después de rotundamente negar que hubiese algo sobrenatural para atribuirle a Pfaster.

- Caso cerrado. - Afirmó Mulder inexpresivo mientras atravesaba la puerta de la capilla. - No miraste el expediente, ¿verdad?

Scully se volvió para mirarlo. - Un hombre escapó de la prisión.

Mulder comenzó a caminar en círculo rodeándola. - No un hombre. Donnie Pfaster. Y no solo escapó, salió caminando. Salió caminando de una prisión de máxima seguridad y nadie parece saber cómo lo hizo.

- ¿No es por eso por lo que estamos aquí? - Preguntó secamente.

- Es por eso que YO estoy aquí. - Dijo Mulder, caminando hacia ella. - No sé tú. ¿Por qué estás TU aquí? Vete a casa, Scully.

- Mulder, este caso no me incomoda.

Bajó la voz. - El hombre te secuestró. Donnie Pfaster puso un número sobre tú cabeza, te tiene catalogada como nunca vi antes y está bien, comprendo... si decides irte.

- Mulder, ese hombre hace cosas a la gente que nadie se atrevería ni a pensar. Esta no es una cuestión de si debería quedarme. No tengo otra opción. Así que vamos a trabajar.

Sabía que conseguir que Scully abandonara este caso era algo que no iba a pasar. Así que… manos a la obra. - Bueno, este no es el primer incidente. Dos prisioneros escaparon de instalaciones de máxima seguridad en los estados vecinos el año pasado. A las 6:06 de la mañana Donnie Pfaster se convirtió en el tercero.

- ¿06:06? ¿Y qué es lo tan sobrenatural sobre eso? - Preguntó Scully, sorprendiéndose por la coincidencia de la hora, pero prefirió omitirlo y alejarlo de su cabeza.

- Decenas de testigos, guardias y personal, y nadie parece recordar nada. - Respondió Mulder. - Durante un tiempo, ellos ni siquiera sabían que estos chicos habían desaparecido.

- ¿Ellos fueron aprehendidos?

- No, a ninguno de estos hombres los vieron de nuevo. - Contestó.

- Bueno, eso suena como una conspiración de silencio. - Scully ofreció su opinión racional. - La cultura de la prisión suele generar fuertes lazos, vínculos cruzados entre convictos y guardias, relaciones que pueden llegar a ser extraordinariamente estrechas en los duros confines del encarcelamiento.

Sabía que ella estaba en lo cierto, pero que no creía que fuese el caso de Pfaster. - La naturaleza de los crímenes de Donnie pudo haberlo convertido en un hombre marcado, señalado. No había un guardia o un convicto que no deseara verlo muerto. Pensamiento ilusorio.

Se pasaron el resto del día entrevistando a guardias, personal penitenciario y a los reclusos que vieron por última vez a Pfaster antes de su fuga. Al final del día, Mulder tenía serias sospechas relativas al capellán de la prisión, el Reverendo Robert Gailen Orison. Había llegado a la conclusión de que algún tipo de hipnosis probablemente se hubiera puesto en juego para permitirle a Pfaster escapar sin que nadie se diera cuenta. También había notado que Scully parecía distraída, parecía obsesionada por una canción que sonaba por uno de los altavoces. Parecía incómoda o preocupada por la canción, y no comprendía por qué la estaría afectando tanto, por lo que intentó romper el clima diciendo algo como: "Si esta era una canción usada para una sesión de besuqueo se arruinó para siempre". Desafortunadamente, ella no respondió a su humorada.

Mulder los registró en dos habitaciones en el Drury Inn esa noche, pero no antes de insistir con que considerara la posibilidad de regresar a DC. Scully no tomó su pedido amablemente, y lo acusó de no creer que fuese capaz de manejar el caso. No le dirigió la palabra por el resto de la noche. Mulder acabó teniendo una irritante cena solitaria. La tarde siguiente, el lunes 10 de enero, ellos fueron a toda prisa hacia Harrisburg, Illinois al enterarse de que los US Marshals habían situado a Pfaster en una parada de autobús. Cuando llegaron, encontraron a los Alguaciles aturdidos y no había señales de Donnie Pfaster, pero finalmente ellos consiguieron ubicar al Reverendo Orison, había sido atropellado por un automóvil en el estacionamiento de la parada.

Al terminar de hablar con Orison en el hospital, Mulder estaba enojado, exasperado por la situación; todos esos nutjobs (pirados) religiosos y sus demandas fanáticas que pretendían hacer la obra de Dios, y solo la utilizaban como excusa para cometer los crímenes más atroces. Había presenciado cantidad de esos casos trabajando como behavioral analyst para el ViCAP y la VCU.

Mulder dejó la habitación de Orison y comenzó a caminar por el pasillo.

- ¿A dónde vas, Mulder? - Le preguntó Scully.

- A demostrar que el hombre es un mentiroso. - Respondió irritado.

- ¿Cómo puedes probar que alguien no está siendo dirigida por Dios? ¿No crees que esto suceda?

- Dios es un espectador, Scully. Él sólo lee las puntuaciones del resumen. - Se sentía fuertemente irritado, y sentía que tenía más que hacer que sólo exasperarse por el fanatismo religioso. Había algo más, mucho más profundo, pero no tenía tiempo para descifrar y averiguarlo en ese momento.

- Yo no creo eso. - Replicó Scully.

Mulder se preguntó de dónde venía esta convicción repentina después de todo lo que había puesto en duda desde el verano pasado. - ¿Crees que Dios guía a ese hombre? ¿Crees que lo obliga a matar?

- Donnie Pfaster no está muerto, y no sabemos si los otros presos que escaparon están muertos, tampoco.

- Entonces... ¿qué? - Mulder trataba de "envolver su cerebro" con la idea de "Dios usando a Orison para cualquier cosa". No le entraba en la cabeza. - ¿Crees que Dios lo induce a.… liberar prisioneros para asesinar?

- No, pero creo que el Reverendo cree lo que está diciendo, que es Dios trabajando a través de él. - Explicó Scully.

Síp, había oído eso antes. Montones de veces. - Bueno, infinidad de locos lo hacen. ¿Alguna vez habló contigo? - Vio una expresión herida inundando el rostro de Scully.

- Estoy tratando de no tomarlo como una ofensa.

Mulder ahora tenía curiosidad. ¿Scully realmente creía que Dios había hablado con ella? ¿Cuándo? ¿Por qué? - ¿Qué te dijo?

Suspiró. - Mulder, escuché esa canción tres veces hasta ahora. Puede que no signifique nada para ti, pero significa algo para mí.

- ¿Qué significa? - Preguntó.

- Nunca pensé sobre esto antes. Nunca significó nada para mí hasta ayer cuando me hizo recordar algo.

Mulder se dio cuenta de que esto era importante, y que Scully estaba a punto de compartir algo personal. Así que le habló con cuidado. - ¿Qué?

Ella suspiró de nuevo. - Cuando tenía trece años mi padre estaba destinado en San Diego. Yo estaba escuchando esa canción en la radio cuando mi madre entró y me dijo que mi maestra de catecismo había sido asesinada.

- Hmm... - Mulder respondió comprensivamente.

- La asesinaron en su patio delantero. - Continuó. - Y esa fue la primera vez que sentí que había realmente maldad en el mundo. Mulder, el Reverendo Orison me llamó "Scout". Es el mismo sobrenombre con que mi maestra de catecismo me llamaba. Donnie Pfaster escapó de la cárcel a las 6:06 am. Exactamente a la misma hora en que desperté la mañana de ayer cuando se fue la luz.

Mulder se preguntó a dónde era que quería llegar. - Entonces, ¿qué crees que Dios te está diciendo?

Ella abrió y cerró la boca sin decir nada. A Mulder no le pareció que Scully supiera la respuesta a esa pregunta.

La mañana del martes 11 de enero encontró a Mulder y Scully en la zona rural de Illinois rural, frente a una escena del crimen, la tumba del Reverendo Orison. Él había desaparecido la noche anterior, se había levantado y salido de la habitación del hospital, mientras ellos estaban en el laboratorio estudiando su escaneo cerebral. Mulder le explicaba a Scully cómo Orison se había perforado deliberadamente un pequeño agujero en el cráneo para permitir el ingreso de oxígeno a la cavidad cerebral, aumentando el volumen de flujo sanguíneo tres veces sobre lo normal, eso podía aclarar cómo podía proyectar alterando las percepciones a través de la hipnosis. Al regresar a su habitación para interrogarlo sobre eso, ya se había ido y dejado una nota detrás: No mires más allá Y ahora estaba muerto.

- Sabes, es gracioso, cuando todo está dicho y hecho, no hay... no hay demasiado misterio en un homicidio. - Dijo Mulder.

- Y es por eso que te debo una disculpa, Mulder. - ¿Cómo podía haber pensado que Dios estaba hablando con ella? ¿O con Orison, para el caso?

Él observó cómo giraba su cara para enfrentarlo. - ¿A qué te refieres?

- Bueno, tenías razón. - Dijo. - Me esforcé tanto buscando conexiones que no estaban allí. Orison era un asesino, lisa y llanamente. Él liberó a los prisioneros para poder traerlos aquí y pronunciar su sentencia final.

- Supongo que a su manera retorcida él estaba haciendo el bien con su Dios. Gloria. Amén. Vamos a casa, Scully.

Pero ella pensó que había algo muy inusual acerca de la situación. - Sabes, Donnie Pfaster hizo la llamada a la policía que nos guió hasta aquí. Es casi como que nos está rogando que le demos caza.

Mulder no quería dedicarle más tiempo del que ya le habían dedicado a esto. Quería que todo terminara; quería a Scully muy lejos de este lugar. - Este X Files terminó. Yace muerto allí en una fosa cavada por él mismo. Dejemos que los US Marshals tomen el relevo desde aquí.

Scully miró hacia abajo. No le gustaba la idea de dejar esto sin terminar. Pfaster todavía estaba por ahí afuera, y la vida de las personas estaban en juego.

- No busques más allá, Scully.

Después de chequear que todo estaba bien con los US Marshals e informarles de su partida, pudieron conseguir lugar en el vuelo que partía de St. Louis a las 14:00 horas y arribaron al Washington Dulles International Airport a las 16:55 hora local. Scully había estado intranquila, preocupada todo el viaje. Algo estaba mal, inconcluso. Mulder le decía continuamente que ya lo olvidara y siguiese adelante, y luego hizo la imprudente declaración acerca de que ella nunca debería haber ido en primer lugar. Scully frunció los labios con rabia y giró el cuerpo, casi dándole la espalda, para mirar por la ventana. Mulder se limitó a suspirar, y sacudir la cabeza. No hablaron durante el resto del vuelo, y cuando aterrizaron en Dulles, Scully lacónicamente dijo que lo vería por la mañana. Él la siguió con la mirada mientras subía a su coche y partía sin siquiera mirarlo, moviendo la cabeza en señal de frustración, antes de meterse en su auto y dirigirse a la oficina.

Después de llegar a casa y desempacar su bolso, Scully decidió ir a lo de su madre. Seguramente estaría decepcionada por su escapada a Illinois cuando se suponía que pasaría el domingo junto a ella, Charlie, Jennifer y sus sobrinos. Pero al llegar a su casa, descubrió que no estaba decepcionada en absoluto. Mientras cenaban, Maggie le aseguró con una cálida sonrisa que la entendía; que había comprendido hacía tiempo que su trabajo significaba mucho para ella, que conocía que su trabajo en el FBI era importante, y lo aceptaba, aunque eso significara que no siempre estuviese disponible para estar con la familia, y que estaba bien. También le aseguró que Charlie y Jennifer opinaban lo mismo.

Aproximadamente a las 21:45 horas, Mulder y Scully llegaron a sus respectivos apartamentos. Scully encendió las luces mientras ingresaba, y después de lanzar las llaves sobre la mesa auxiliar, se dirigió a su habitación.

Mulder cerró la puerta, lanzando las llaves sobre la mesa junto a la entrada, y colgó su gabardina en el perchero. Después de patear hasta quitarse los zapatos en el mismo lugar, entró en su habitación y dejó el expediente de Orison sobre la cómoda. Se quitó la corbata, la camisa y los pantalones, colgó su traje dentro del armario junto con la corbata. Arrojó la camisa sobre una pila de ropa destinada a la tintorería al fondo del armario, y entró al baño lanzando su camiseta en el cesto de la ropa sucia. Sacó de la cómoda una camiseta negra y el pantalón del pijama a cuadros negros de franela.

Después de encender las luces y lanzar la gabardina en la cama, Scully dejó el arma sobre la cómoda y se quitó la chaqueta del traje, acomodándola junto a la gabardina. Se desvistió, sacándose la blusa sin mangas azul marino, los pantalones, y el bra, buscó en el cajón de la cómoda el pijama gris de franela y se cambió para ir a la cama. Echó una rápida mirada al reloj. Las 21:56, tomó su abrigo de la cama caminando hacia el armario, se detuvo de golpe mirando el reloj; marcaba 6:66. De nuevo. Al igual que en la mañana del domingo a las 6:06 cuando la luz se cortó, cuando Donnie Pfaster escapó de la prisión.

Mientras estaba allí, sosteniendo el reloj, la luz se cortó. De nuevo. Giró y notó que la puerta del armario estaba entreabierta, su reacción de "lucha o huida" (Respuesta fisiológica ante la percepción de una amenaza a la supervivencia. El cuerpo reacciona, descargando hormonas, preparándose para luchar o escapar. Es la 1ra etapa del Síndrome de Adaptación General) haciendo efecto, la adrenalina comenzó a correr por sus venas. No. No, no, no, no, no, no, no, no, no. Cuando Scully se lanzó hacia delante para cerrar la puerta, esta se abrió de golpe.

Mulder estaba lavándose los dientes en su baño. Recordó que había puesto la alarma a las 07:00 a.m. el viernes por la noche, y necesitaba ajustarla para ir al trabajo mañana. Decidió que iría a la oficina temprano para escribir el informe sobre Orison, salió del baño para modificar el reloj. Mantuvo el cepillo entre los dientes y se sentó en la cama observando la hora, las 22:06, mientras ajustaba la hora a las 5:00 am, la radio se encendió y una canción comenzó a sonar, "Don't Look Any Further", la canción con la que Scully había estado tan obsesionada. Se quedó sentado allí, escuchándola, una inquietante sensación comenzó a crecer en la boca de su estómago. Fue al baño y se enjuagó la boca después de lavar el cepillo. Se acostó en la cama, inclinándose para tomar el teléfono inalámbrico y marcó el número de la casa de Scully. No hubo respuesta. Ella debería estar ahí en ese momento.

Una vez más, Scully se encontraba atada y amordazada dentro de un armario por obra de Donnie Pfaster. Había puesto mucha resistencia, fue un combate duro, pero él era demasiado grande, demasiado fuerte. Al escuchar el ruido del agua corriendo en su bañera, y "Don't Look Any Further" sonando en su equipo de música, una sensación nauseabunda creció en la boca del estómago. Oyó el teléfono llamando. Alejó esa sensación enfermiza; tenía que encontrar la voluntad de vivir y la fuerza para seguir luchando.

Mulder suspiró y colgó. Mientras estaba echado allí, su mente corría. ¿Por qué Donnie Pfaster los llamó para decir dónde estaba el cuerpo de Orison? Iba completamente en contra de su MO. (Modus Operandi). Tenía que haber una razón por la que quisiera guiarlos hasta allí. La inquietante sensación en el estómago se convirtió de pronto en un nudo de ansiedad, salió disparado de la cama cambiando el pantalón del pijama por unos jeans azules. Deslizó los pies en un par de zapatillas, tomó sus llaves, el arma, se puso una chaqueta y salió corriendo del apartamento.

La primera vez que Scully estuvo en esa situación, fue su familia la que le dió la fuerza para luchar. Pensó en su madre, sus hermanos, su hermana. Los imaginó recibiendo la noticia de lo que le había sucedido, se imaginó a su madre colapsada por el dolor. Con Dios en su corazón y la cara de su madre frente a sus ojos, había encontrado la determinación de luchar contra Donnie Pfaster hasta la muerte. No la iba a doblegar el miedo, y sucumbir a su destino. Iba a pelear, hacer todo lo que estuviese en su poder para salir de allí con vida, o morir en el intento. Y en todos los escenarios desde entonces, cuando se encontraba en peligro de muerte, su madre le daba la fuerza para sobrevivir.

Pero ahora, mientras se sentaba en el suelo de su armario, amordazada y con las manos atadas a la espalda, cayó en la cuenta, con un sentimiento de conmoción, que su familia ya no le proporcionaba esa voluntad de vivir, ni siquiera su madre. Recordando la reciente conversación durante la cena, Scully se dio cuenta de que su familia la había dejado ir, la había soltado. Ellos habían renunciado a toda expectativa sobre ella, sobre su vida, permitiéndole ser "ella misma", elegir su propio destino. Gradualmente la dejaron marchar, sabían que debían hacerlo, porque sabían que necesitaba irse. Scully no sabía exactamente cuando sucedió esto, tenía la fuerte sensación de que el proceso había comenzado con la remisión del cáncer, con la "loca idea" de Mulder de que poner el chip de vuelta en su cuello podría curarla. Y lo hizo. Y entonces su familia, con amor y sin condiciones, la soltó entregándola a Mulder y a su búsqueda. Incluso Bill Jr. Él odiaba esto, y odiaba a Mulder, y no se contuvo de vocalizar esos sentimientos, pero aún así se resignó a sus decisiones y elecciones y la dejó ir.

Entonces, ¿qué le podía dar la voluntad de vivir? ¿La fuerza para sobrevivir? Imaginó a Mulder entrando a la oficina por la mañana, encender las luces y sentarse en el escritorio. Se mantendría mirando el reloj, esperándola. Pero a medida que el tiempo se acercara más y más a las 9:30 am, sin ninguna señal, él se preguntaría dónde demonios estaba. Empezaría a llamar a su casa, al celular, pero no habría respuesta. Comenzaría a preocuparse, pero empujaría esa sensación a distancia y se tranquilizaría a sí mismo diciendo que probablemente estaba en otro lugar del Bureau. Iría a la oficina de Skinner y preguntaría por ella, bajaría a la cafetería, al laboratorio, a la biblioteca, y tal vez incluso al Bullpen, buscándola. La llamaría por teléfono de nuevo. Incluso asumiría que ella aún estaba irritada, y lo estaría evitando, negándose a ir a trabajar, obligándolo a escribir el informe sobre Orison solo. O tal vez sólo trataba de preocuparlo a propósito, para que fuera a verla, y pedirle disculpas. Así que a la hora del almuerzo manejaría hasta Georgetown, quedándose sentado dentro del coche frente al edificio durante unos minutos antes de decidir resueltamente subir. Llamaría a la puerta, esperando encontrarla de mal humor, enojada por su forma de actuar, por haber sido demasiado sobreprotector y quizás un poco controlador. Pero ella no atendería la puerta. Él usaría su llave y entraría. Miraría tranquilo en la sala, la cocina, pero no habría ni rastro de ella. Y finalmente entraría al dormitorio, encontrándolo en completo desorden, su corazón se hundiría en el estómago. Caminaría lentamente hacia el baño y encontraría su cuerpo, mutilado, sumergido en agua enrojecida por su sangre. Y Mulder se volvería loco por la pena.

Esa no era la manera en que todo acabaría. Este no sería el final para ellos. Scully se empujó hacia adelante hasta acostarse y se asomó por la rendija debajo de la puerta. Podía ver a su arma en el suelo del dormitorio, y miró el pomo de la puerta. Se puso de pie, de espaldas a la puerta del armario, y sigilosamente la abrió con sus manos atadas, antes de tirarse al piso de la habitación y cerrar el armario con el pie. Se arrastró debajo de la cama para pasar hacia el otro lado de la habitación.

Mulder llegó a Georgetown en 15 minutos. Miró hacia la ventana de Scully, las luces estaban apagadas. Incluso si estuviese dormida, se hubiera despertado y respondido el telefóno. Las entrañas se le retorcieron por el miedo mientras corría dentro del edificio y subía las escaleras hasta el tercer piso.

Scully logró atravesar la habitación reptando por debajo de la cama y salió por el otro lado, rodando sobre sus muñecas y hombros, Pfaster entró dirigiéndose al baño sin notarla, cuando lo escuchó salir por la puerta del pasillo Scully se acurrucó maniobrando hasta que consiguió pasar los brazos sobre sus pies trayéndolos al frente. A continuación, comenzó a arrastrarse sobre el suelo y el cristal roto del que había sido su espejo, para tomar su pistola.

Mulder no se molestó en llamar; sacó sus llaves y abrió la puerta, entrando de golpe. Su estómago tocó fondo al ver a Donnie Pfaster de pie en la cocina de Scully. Frenéticamente se preguntó si su compañera todavía estaba con vida, pero alejó ese pensamiento mientras apuntándolo le gritaba que pusiera las manos en alto. Mulder dio la orden de nuevo, pero él no estaba cooperando. Pfaster se volvió al escuchar a Scully caminar hacia la cocina desde el pasillo.

Glorioso alivio dominó a Mulder, y el miedo anudado en su estómago dio paso a la furia. - ¡¿Te lastimó?!

Scully se sentía dentro de un sueño. Mulder estaba allí y estaba gritando, pero no entendía lo que decía. Pfaster la miraba sonriendo, perversamente diabólico, barbárico. El arma en su mano se disparó, a la primer bala la luz del techo se cortó, las chispas saltando, y luego Pfaster cayó al suelo.

Los recuerdos de Scully sobre lo que había sucedido en el apartamento después de que le disparó a Pfaster estaban desdibujados. Sabía que Mulder la había llevado a la sala pasando una manta sobre sus hombros y envolviéndola antes de llevarle un vaso de agua. Cuando se sentó en el sofá inspiró profundamente, el olor de las velas perfumadas y la pólvora llegaron a su cerebro. Escuchó a Mulder hablando por teléfono con la policía, pero no sabía lo que decía exactamente. A continuación, él comenzó a recorrer el apartamento, entró a su habitación para tomar dimensión en el escenario principal, de lo ocurrido allí, intentó digerir lo que veía antes de volver a la sala para mirarla fijamente, completamente impresionado. Luego caminó hacia el baño y comenzó a apagar las velas, sintiéndose asqueado por Pfaster.

La policía apareció poco después, junto con los EMTs (Emergency Medical Technician) y el equipo forense, tomándoles declaración. Los EMTs atendieron a Scully tratando sus cortes y contusiones. Después de un rato, como si siguiera en trance, desorientada, empacó su bolso. De repente cayó en la cuenta de que tendría que ingresar al baño para conseguir algunas cosas que necesitaba, y se quedó petrificada, mirando fijamente con los ojos muy abiertos la puerta del baño, Mulder notó su recelo y se ofreció a buscar lo que necesitaba. Pero el sonido de su voz, llena de preocupación y protección, la trajo de vuelta a sí misma. No quería que él se preocupara por ella, que sintiese que tenía que protegerla de cualquier cosa. Scully se dirigió con decisión al baño y recogió algunos elementos, metiéndolos en su neceser de viaje.

Se sentó en el asiento del copiloto del auto de Mulder, y mientras iban en dirección a Alexandria, iba cavilando que no se sentía demasiado culpable por dispararle a Pfaster. Y eso la inquietaba. No sabía si había sido Dios, el que la condujo a actuar así, o sus propias tendencias humanas para la supervivencia, y tal vez la venganza. Había tomado la vida de otro ser humano, pero… ¿Pfaster era humano? Ese era un tema a debatir. La primera vez que él intentó asesinarla, ella no llegó a tomar su arma a tiempo. Si Mulder no hubiese tirado la puerta abajo, ahora estaría muerta. Esta vez había sido diferente.

El celular de Mulder sonó, él manoteó la consola central debajo del tablero con la derecha manteniendo la izquierda sobre el volante. - Mulder.

- Agente Mulder. - Dijo el Director Adjunto Walter Skinner.

Él se enderezó. - ¿Señor?

- ¿Quieres decirme cómo diablos sucedió esto?

Mulder pasó saliva. ¿Quién llamó a Skinner? - Yo... yo no lo sé.

- Acabo de hablar por teléfono con los US Marshals. No podían ponerse en contacto contigo. Un informe por cable acababa de llegarles acerca de que Donnie Pfaster había sido asesinado a balazos en DC como resultado de un ataque a una Agente del FBI. Los Alguaciles estaban extremadamente preocupados por la agente Scully. Y yo también.

- Ella está bien, sir. - Dijo, dándole un vistazo a Scully. Ella no se volvió hacia él a pesar de sentir su mirada, y se quedó con la vista fija en la ventanilla. - Está bien.

- ¿Cómo pudiste permitir que esto suceda? - Skinner le reclamó.

No sabía qué decir. - Yo... qu...

- Desearía que, después de saber que Pfaster había atacado a esa prostituta, hubieses al menos tenido alguna sospecha de que él iría por la agente Scully. Y, sin embargo, la dejaste completamente sola y sin ningún tipo de protección.

Él parpadeó. - ¿Qué prostituta?

Scully giró la cabeza para mirar a Mulder.

Skinner dejó escapar un suspiro de exasperación. - Los US Marshals te llamaron, Mulder, avisándote sobre esa prostituta que Pfaster había atacado. Él había solicitado específicamente "una pelirroja" a la agencia de acompañantes donde la chica trabaja. Pensé que sólo con eso alcanzaba para darte una pista de lo que Pfaster estaba tramando.

Mulder pasó saliva, su estómago se anudó. - Yo... yo nunca recibí esa llamada telefónica, sir.

Skinner suspiró de nuevo. - Agente Mulder, usted y la agente Scully quedan suspendidos durante una semana. Remunerados. Hay un procedimiento que seguir, aunque estoy seguro que esto es claro y evidente. Dile a Scully que tendrá que hacer una cita en algún momento de la semana para ver a uno de los consejeros de la BSU. También espero un informe completo suyo en mi escritorio para el final de la semana. - Dijo bruscamente antes de colgar.

Scully iba a preguntar acerca de la conversación, pero no pudo reunir suficiente interés para captar su atención en ese momento. Sospechaba que era la reacción de su mente por la descarga de adrenalina consumida hacía poco tiempo.

- Los dos estamos suspendidos por una semana. Con el pago, sin embargo. Así que, ya sabes, mira el lado positivo. - Le sonrió, tratando de aliviar la tensión en el coche, pero fue en vano. Scully asintió y se volvió hacia la ventana.

Una vez en Alexandria, Scully notó que Mulder tomaba el giro a la izquierda en lugar de a la derecha, y lo miró con sorpresa.

- Pensé que me ibas a llevar a la casa de mi madre.

Mulder le devolvió la mirada sorprendida. - ¿Por qué te llevaría ahí? Te vas a quedar conmigo.

Ella suspiró. - Mulder, no esperaba que tú...

- ¿Qué no esperas de mí? ¿Qué te cuidara? ¿Qué me ocupara de ti?

Scully pensó que su tono tenía una pizca de agresividad, y sabía que la conversación podía descontrolarse rápidamente. Pero no tenía la energía para cambiar de tema o endulzar sus sentimientos. - Esa no es tu responsabilidad. No espero que... hagas nada, Mulder. No tengo ninguna expectativa.

Mulder la miró fijamente. De todas las emociones que lo estaban atormentando en ese momento, la ira comenzó a elevarse por encima del resto. - ¡¿Qué carajo significa eso?!

- Mulder, no tengo expectativas. De nada. Trabajo. Mi vida. Tú. Simplemente no tengo.

Sus ojos se abrieron un poco. - ¡Por todos los putos cielos, Scully! Entonces ¿por qué molestarse en ir a trabajar? ¿Por qué molestarse en levantarse cada mañana de la cama?

Scully suspiró. ¿Cómo iba a explicar que las expectativas sólo conducían a la decepción? Y esperar cosas de Mulder podía conducir a la decepción final. Ella estaba viviendo un día a la vez. Era demasiado aterrador, demasiado peligroso, estar esperando algo, cualquier cosa, de parte de él. Su corazón sólo se rompería. Sabía que lo haría con el tiempo, tarde o temprano, pero si no tenía ninguna expectativa entonces tal vez el dolor no sería tan dañino.

Los pocos minutos que tardaron en llegar al apartamento los hicieron en silencio, tensos. Un centenar de diferentes pensamientos estaban asaltando la cabeza de Mulder; algunos sobre Pfaster y los US Marshals, pero la mayoría eran sobre Scully. ¿Por qué no tenía ninguna expectativa? La parte del trabajo no lo sorprendió mucho, él mismo se sentía frustrado últimamente por la falta de orientación. Pero ¿por qué no esperaba nada de él? ¿Por qué no sentía que era su responsabilidad el cuidar de ella? Porque Mulder sabía que era así, que la sentía su responsabilidad. Entonces, ¿por qué ella no?

Aparcó el coche y se dirigieron a su apartamento. Él cerró con llave la puerta detrás de ellos. Scully se quedó de pie en el vestíbulo, sosteniendo su bolso, con una indescriptible sensación de incomodidad. Había pasado la noche ahí muchas veces desde noviembre, pero esto era diferente. No sabía cómo sentirse. Mulder estaba enojado, podía decir. Se sentía agotada, pero completamente despabilada para dormir. Esto también era resultado de la adrenalina.

Después de encender las luces, él entró a la cocina, abrió la nevera y frunció los labios cerrando la puerta. - Yo, eh, no tengo mucho en este momento.

- Está bien, no tengo hambre. - Dijo Scully.

Mulder suspiró, abriendo algunos gabinetes. - Pero yo… eh, voy a la tienda mañana a comprar algunos comestibles. Haz una lista, y mañana conseguiré lo que te gusta.

- Mulder, no espero...

Se volvió hacia ella, interrumpiéndola. - Si, lo sé. No esperas nada. Pero debes esperar cosas de mí. Debes esperar que cuide de ti, que me ocupe de ti. Quiero que esperes eso de mí.

A Scully no le gustaba hacia dónde se dirigía esta conversación. Eran las situaciones, como la que acababa de experimentar, las que hacían que la gente sintiera que debían hacer ese tipo de declaraciones de repente. - Voy a tomar una ducha.

Él resopló con exasperación. - ¡Maldita sea, Scully! No me involucré en una relación personal contigo sólo porque me gustaba tener algo en que mantenerme ocupado entre caso y caso. O porque esta era la opción más conveniente. - Ella se lo quedó mirando fijamente, en un átonito silencio desde el vestíbulo. - Porque esto… - Dijo acaloradamente, señalando con su índice ida y vuelta, una y otra vez, entre ellos. - Esto no es conveniente. Eres mi compañera y mi amiga, y honestamente, debería estar corriendo en la dirección opuesta a esto que está pasando entre nosotros si quiero conservar las dos cosas a toda costa.

La boca de Scully se crispó, y se encontró luchando contra una sonrisa. - Nunca me enteré que tú te echaras atrás ante una dificultad o un reto, Mulder.

Él asintió con la cabeza ligeramente, mirándola fijo, y bajó la voz. - Pero tú no eres sólo mi compañera, y no eres sólo mi amiga. Eres todo para mí. Eres lo primero que pienso cuando me despierto, y lo último que pienso antes de dormirme. Creo que eso me da un cierto grado de responsabilidad contigo. Eso te da el derecho a esperar cosas de mí.

- Ok. - Susurró, contemplándolo.

Mulder de repente se sintió incómodo. - Voy… eh, voy a prepararte una taza de té mientras tomas una ducha. Voy a darte unos analgésicos, también. Y si te niegas a tomarlos, voy a llamar a los paramédicos para que te lleven al hospital.

Scully reprimió una sonrisa burlona, y cruzó la sala, dirigiéndose al baño, para tomar una ducha caliente. Después de salir del agua y secarse, salió del baño desnuda y decidió que prefería usar una de las camisetas de Mulder a dormir con el pijama que había empacado. Abrió el armario y sacó una de sus camisetas de los Knicks. Olía a Mulder, ella sonrió para sí misma. Notó que él había dejado una taza de té junto a tres analgésicos en la mesita de noche.

Mulder se sentó en el sofá, y encendió la televisión para ver en ESPN lo más destacados del deporte. Miró hacia su escritorio, y vio el parpadeo de luz en su contestador automático. Su estómago se revolvió. Se levantó y se sentó en el escritorio, apretando el botón de reproducción.

Agente Mulder, soy Joe Daddo de los US Marshalls en Marion. Acabo de hablar con una prostituta que identificó a Donnie Pfaster como su atacante. Alegó que Pfaster se enfadó mucho cuando notó que llevaba una peluca roja. Se alteró porque ella no era una auténtica pelirroja. ¿Esto significa algo especial para usted? Apreciaría que me devuelva la llamada.

Se inclinó hacia delante y puso su cabeza entre las manos. ¿Por qué no había revisado sus mensajes al llegar? Él estaba poniéndose cómodo para ir a la cama, mientras a Scully la golpeaba salvajemente un psicópata. Podría haber llegado a ella mucho antes. A continuación, se derrumbó en el sofá, permitiéndose batallar contra sus emociones. Casi la había perdido, una vez más. Y era totalmente responsable. Trató de luchar contra él mismo, pero una lágrima se desprendió, y luego otra y otra. Finalmente dejó de luchar y simplemente las dejó caer.

Scully se metió en la cama, sentándose contra una almohada, pasó los analgésicos con su té. Dió un vistazo a su izquierda, el lado de Mulder, y se preguntó cuándo vendría. Cuando terminó la infusión, apagó la luz y se acostó, tratando de dormir, pero no veía cómo eso sería posible sin Mulder acostado en la cama. Ni siquiera estaba segura de que el sueño vendría tampoco con él a su lado. Pero cerró los ojos y se quedó acostada por un tiempo, escuchando los sonidos débiles de la televisión que entraban a la deriva por debajo de la puerta.

Pasó algún tiempo, y abrió los ojos mirando el reloj sobre la mesita de noche de Mulder; las 3:37 am. Y él todavía no había ido a la cama. Pero ya no se escuchaba la televisión o veía el parpadeo de luz por debajo de la puerta del dormitorio. Scully pensó en todas las veces que casi lo había perdido, todas las veces que él casi la había el perdido, y lo milagroso que resultaba que ambos estuviesen con vida en ese momento, en su apartamento, juntos. Las cosas podrían haber resultado terriblemente mal, tantas veces a lo largo de los años. Y, sin embargo, allí estaban, juntos y con vida.

Rodó saliendo de la cama, la sala estaba bañada por la suave luz que entraba de la calle y de la luna a través de la ventana. Giró y lo visualizó tumbado en el sofá, despierto, mirando el techo. Se acercó hasta estar junto a él, y bajó la mirada hacia sus ojos.

Mulder movió la cabeza y miró hacia arriba para ver a Scully de pie a su lado, vestida con su camiseta de los Knicks que casi le llegaba a las rodillas. - ¿Estás bien?

Scully asintió. - Muévete.

Le echó una mirada sorprendido, y luego giró acostado sobre su lado deslizándose hacia atrás hasta que su espalda presionó el sofá. Scully se acostó a su lado apoyando la cabeza sobre el bíceps de Mulder, mirándolo a la cara. Él se estiró alcanzando del respaldo una gran manta de lana marrón y canela, cubriendo sus cuerpos.

- No tengo expectativas a largo plazo, Mulder… - Susurró. - debido a lo peligroso que son nuestras vidas; nuestro trabajo.

Mulder la miró. Pensaba que ahora la entendía, al menos en cierta medida.

- Pero eso no significa que no espero que te comportes de una manera que está en armonía con lo que sé que es verdad acerca de ti. - Continuó Scully. - Y acepto el hecho de que no podemos desvincularnos, separarnos a nosotros mismos del trabajo, aunque sé que ambos consideramos regularmente las consecuencias de eso. Por lo tanto, no tengo expectativas específicas, pero eso no significa que no espere, que no deseé ciertas cosas.

- ¿Qué esperas o deseas? - Susurró Mulder.

Se dio cuenta de que lo que más deseaba, por encima de todo, era que él pudiese, algún día, alejarse del trabajo. Y, también sabía, que nunca podría decir eso en voz alta, al menos no en ese momento. Él no estaba preparado para oír algo así todavía. - Oh, sólo... cosas personales.

Él le dedicó una pequeña sonrisa. - ¿Son esas cosas... algo que yo debería saber?

Scully lo miró sonriendo abiertamente. - Tal vez.

- ¿Tal vez? - Se rió entre dientes. - ¿Me las dirás... con el tiempo?

- Sí, Mulder, te las diré con el tiempo. Lo prometo.

Mulder suspiró. - Casi te pierdo.

- Lo sé.

- Es mi culpa, Scully.

- Por favor, no te culpes. No puedo soportarlo cuando lo haces.

- Pero podría haber llegado antes a tí.

- Tal vez no estabas destinado a salvarme esta vez, Mulder. Quizás lo que ocurrió fue lo que se suponía que iba a suceder.

- ¿Quieres decir... que es lo que Dios quería que hicieras? - Mulder creía saber por qué había estado tan preocupada y molesta. La idea de que a Dios le preocupara tanto esa venganza orquestada por Orison, liberando prisioneros sólo para asesinarlos, y sin embargo, aparentemente ignoraba las oraciones por algo bueno, lo llenó de ira. Tal vez su enojo era desacertado. Tal vez no había un Dios. Pero tal vez sí. ¿Esta era una verdad que él jamás podría aspirar encontrar?

Scully suspiró. - Cuando Donnie Pfaster fue a prisión, la fiscalía quería la pena de muerte. Pero le pedí al juez por su vida. Pensé que era un castigo más severo que una muerte rápida. Debido a eso, se perdieron más vidas. Fue mi culpa.

- Entonces… ¿estabas enmendando el error? Pero aun así la cagué, Scully. Podrías haber sido asesinada.

- Mulder, lo hecho, hecho está. Le hubiese disparado aparecieras o no en mi apartamento. Déjalo ir. - Levantó la pierna envolviéndola alrededor de la cadera de su compañero, y presionó la cara contra su pecho, respirando hondo su esencia. - No puedo dormir.

- Yo tampoco.

- Puedo pensar en algo que ayudaría. - Scully ronroneó, sonriendo contra su pecho.

Mulder se rió entre dientes, envolviéndola con sus brazos y tirando de ella. Las manos de Scully se deslizaron por debajo de su camiseta, para acariciarle la espalda y el estómago. Con una mano en el pelo, y otra en su espalda, él empezó a acariciarla de manera deliberada, para excitarla. Su mano se deslizó hacia el sur, pasando la palma sobre el culo, y descubrió que no llevaba ropa interior debajo de la camiseta de los Knicks, y gimió. Scully dio un murmullo de satisfacción contra el cuello de Mulder, mientras sus labios acariciaban su piel, y de repente la atmósfera en la sala se tornó espesa de sensualidad. Cuando su lengua se precipitó a probar su cuello, Mulder lanzó otro gemido, y Scully sintió que comenzaba a endurecerse contra ella.

- Esto es algo que deseaba. - Susurró, levantando los ojos para sonreírle con la mirada.

Mulder sonrió abiertamente, asintiendo con la cabeza, antes de capturar sus labios con los suyos, acariciando el interior de su boca con la lengua.

CONTINUARÁ….