Capítulo 53: "Se trata de desorientación".
Resumen:
Mulder y Charlie limpian el apartamento de Scully antes de que ella regrese. Mulder y Scully van a los Angeles, California a trabajar en un caso y pasan un tiempo en San Diego.
Este capítulo contiene material sexualmente explicito.
Nota de la traductora:
Disculpas de antemano a todos aquellos que siguen la historia y que tuvieron tanta paciencia para esperar esta actualización, en serio mil gracias. Por motivos de indole personal y familiar no habia podido asomarme por aca, asi que ya superado el inpase, aqui me tienen xD. Por un momento mi pilota/copilota Marisu alias (Dana Scully) y yo nos desanimamos porque Melissa no habia subido ningún capitulo mas, pero ya hablamos con ella y dice que no lo va a abandonar y seguira con la historia! :D. Bueno, ahora si menos bla bla bla y a la historia!
Notas:
Chris Isaak - "Wicked Game"
The world was on fire and no one could save me but you
It's strange what desire will make foolish people do
I never dreamed that I'd meet somebody like you
And I never dreamed that I'd lose somebody like you
No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
With you (This world is only gonna break your heart)
What a wicked game to play, to make me feel this way
What a wicked thing to do, to let me dream of you
What a wicked thing to say, you never felt this way
What a wicked thing to do, to make me dream of you
And I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
With you
The world was on fire and no one could save me but you
It's strange what desire will make foolish people do
I never dreamed that I'd love somebody like you
And I never dreamed that I'd lose somebody like you
No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
No, I don't wanna fall in love (This world is only gonna break your heart)
With you (This world is only gonna break your heart)
No, I...
Nobody loves no one
La mañana del viernes 14 de enero, Mulder se dirigió a Georgetown. Al llegar a la puerta del apartamento de Scully fue recibido por la familiar figura esbelta de pelo castaño de Charlie Scully. En la mano, él sujetaba firmemente un bolso de lona.
- Hey, gracias por venir. - Dijo extendiendo su mano para estrechar la de Charlie.
- Si, no hay problema. - Respondió Charlie, mientras Mulder abría la puerta. - Quería ayudar.
Una vez dentro, se quedaron petrificados mirando fijamente la cocina, la sangre de Donnie Pfaster manchando el suelo. Charlie tragó duro, parpadeando. Mulder lo miró de reojo.
- ¿Estás seguro de que quieres hacer esto? Puedo manejarlo sí no.
Charlie negó con la cabeza. - Yeah, estoy bien. Yo sólo, eh, no sé. Sólo vi este tipo de cosas en televisión.
- Si. - Mulder asintió. - Bueno... vamos a trabajar.
Charlie puso su bolso sobre la mesa de la cocina mientras Mulder sacaba del armario del pasillo la mopa y un balde. Mientras Charlie limpiaba la cocina Mulder fregaba el piso. Algunos de los cajones eran un desastre, uno había sido retirado y saqueado.
- Qué demonios quería este tipo en el cajón de los cubiertos está más allá de mí imaginación. - Dijo Charlie.
- Cuchillas y tijeras. - Respondió de manera casual, mientras llenaba el balde con agua caliente en el fregadero. - Probablemente están ahora en el baño.
Charlie se quedó inmóvil, congelado y alzó la vista para mirarlo fijamente, con los ojos muy abiertos.
Mulder cerró los ojos, suspirando. - Lo siento. Yo, eh... lo siento.
Charlie pasó saliva. - Entonces este tipo… era un verdadero psicópata, ¿no?
- No tienes ni idea. - Susurró Mulder mientras añadía lejía en el balde.
Una vez que la cocina estuvo impecable y colocaron cuidadosamente todo en su lugar, se trasladaron al dormitorio. Charlie lo recorrió pasando saliva ruidosamente, sus ojos una vez más, se ampliaron con terror al ver el estado de la habitación: vidrios rotos por todo el piso, piezas de una lámpara rota, adornos, libros y elementos dispersos que una vez estuvieron acomodados en la biblioteca. Charlie sacó dos pares de guantes de trabajo del bolso y algunas bolsas de basura, y comenzaron a limpiar el lugar.
- Así que, uh, ¿cómo está Dana? - Preguntó su hermano, comenzando a superar el impacto de la situación.
- Está bien. - Respondió Mulder. - Tuvo algunas pesadillas los últimos días, pero aparte de eso lo está haciendo bien.
Mulder recordó la noche anterior, cuando Scully había despertado en estado de pánico después de soñar que se estaba ahogando en una bañera. Por lo menos esta había sido mucho menos gráfica que las otras. La pesadilla que había despertado a Scully, y a él, el miércoles por la mañana cuando dormían en el sofá había sido particularmente escalofriante. La noche anterior, había saltado de la cama y corrido al baño por un paño con agua fría, antes de regresar con Scully y secarle el sudor de la frente y las lágrimas de su rostro. Le tomó un tiempo, a su compañera, volver a dormirse, pero finalmente lo hizo después de apretarse contra su pecho, respirando su aroma, con la pierna alrededor de su cadera, flexionándola para aferrarse firmemente a él.
Charlie asintió. Y entonces recordó algo. - Sabes, su habitación ahora, se ve terriblemente similar a como había quedado, hace un tiempo, su dormitorio en Baltimore.
Mulder lo miró fijamente. - ¿Qué había pasado?
- Sólo yo con un bate de baseball. - Charlie rió sombríamente. - Dana había salido con un chico, un tal JJ, en su primer año en la escuela de medicina. El tipo sufría de unos celos enfermizos, y se volvió muy desagradable. Ella se deshizo de él, terminó la relación, pero el tipo no la dejaba en paz. Una noche, se presentó en su casa, despotricando incoherencias, y se metió al apartamento por la fuerza. Dana llamó a la policía, y luego a mí. Bueno, yo llegué primero. Con mi bate. Lo encontré en su dormitorio revisando cajones, buscaba pruebas de que ella estaba con otros chicos. Nunca la molestó de nuevo después de eso.
- Estoy convencido que los Scully son un grupo feroz. - Mulder bromeó. - Recuérdame no molestar a ninguno.
Charlie lo miró, pero no dijo nada.
- Este chico, JJ dijiste que se llamaba, ¿no? ¿Lastimó a tú hermana? - Preguntó, esperando que la respuesta fuese negativa.
- Nah, nunca le puso una mano encima. Era verbalmente agresivo cada vez que le daba un ataque de celos, sin embargo. La llamaba "puta"; "basura", y toda esa mierda típica de un puto hombre de las cavernas. Dana no es de las que aguantan esas cosas, así que le dio una patada en el culo. Y el que terminase con él sólo lo puso más loco.
Mulder asintió. - ¿Qué pasó cuando la policía se presentó?
- Fuimos arrestados. - Respondió. - JJ fue arrestado por allanamiento de morada, terminó siendo acusado por allanamiento ilegal, y yo fui arrestado por sacarle la mierda a golpes al imbécil. Le partí una costilla. La policía llegó antes de que le hiciera algún daño real. Papá tuvo que ir a la cárcel para pagar mí fianza. Me dijo: "Felicitaciones por ser el primer Scully sentado tras las rejas". - Charlie se rió. - Awww, papá. Imposible no amarlo. Si tan sólo hubiese vivido lo suficiente para ver en toda la mierda que Dana se metió contigo. De todas formas, él no estaba tan enojado después de enterarse el por qué estaba en la cárcel. Creo que ese fue el momento en que comenzó a sentirse orgulloso de mí. Sólo le tomó unos 18 años.
Mulder lo miró fijamente con sorpresa. - ¿Sólo tenías 18 años cuando sucedió eso?
- Síp. - Asintió. - Todos los cargos fueron retirados finalmente.
Después de que la habitación estuvo limpia y en un aceptable orden, ingresaron al cuarto de baño.
- Mierda!. - Susurró Charlie, advirtiendo las velas dispersadas por toda la habitación y notando el cuchillo y las tijeras al lado de la bañera, que aún estaba llena de agua.
Mulder suspiró. Una vez que el baño estuvo limpio y despejado de todas las velas, recogieron las bolsas de basura llevándolas junto a la puerta principal.
- Gracias de nuevo por la ayuda. - Le dijo Mulder. - De a dos personas avanzamos mucho más rápido.
- No hay problema. Quería hacer algo positivo para Dana. Y sé que deseaba volver al apartamento este fin de semana.
Mientras salían del edificio, Charlie lo observó, y al llegar a la acera, le habló. - Um, Mulder, ¿puedo hacerte una pregunta?
Mulder le echó un vistazo mientras sacaba las llaves del coche del bolsillo de la chaqueta. - Seguro.
- Um... ¿cuánto tiempo más crees que estarás haciendo esto?
Mulder le dedicó una expresión de desconcierto. - ¿Haciendo qué?
- En los X- Files. - Charlie respondió.
- Uh... - Realmente no sabía cómo responder. - No lo sé. Uh, nunca tuvo un plazo de tiempo.
Charlie asintió. - Pero… ¿hay un objetivo en mente? ¿Tienes alguna idea cuánto tiempo te tomará alcanzar esa meta, antes de terminar lo que te propusiste con los X- Files?
Una vez más, no sabía exactamente qué decirle. - Creo que sólo, uh, busco la verdad. No sé cuánto tiempo me tomará encontrarla.
- ¿La verdad sobre qué? ¿Aliens? Porque pensé que ya habías probado que existían. Y sé que ellos existen, después de lo que Dana vio en África.
Mulder lo miró sorprendido. - ¿Ella te habló de eso?
- Yeah. - Asintió. - Con instrucciones explícitas de no decirle nada a mamá, o a Jennifer. O a Bill Jr. Aunque, probablemente a él se lo debería contar. Podría conseguir que cierre la boca de una vez. Pero, bueno, ¿qué verdad estás buscando ahora?
- Yo... - Mulder suspiró. - Espero saberlo cuando la encuentre.
Charlie asintió de nuevo, en silencio. - Bueno, tengo que irme. Tengo práctica con el equipo esta tarde. Dale mis saludos a Dana.
- Ok, lo haré. - Dijo, estrechando su mano, y luego lo vio alejarse hacia su camioneta Toyota negra. Suspiró mientras se metía al coche, sabiendo que la verdadera pregunta, la subyacente era: ¿Cuánto tiempo más Scully tendría que hacer esto? ¿Cuánto tiempo faltaba para que ella estuviese a salvo de los psicópatas que parecían amenazar constantemente su vida? El sentimiento de culpa comenzó a anudarse en su estómago.
- Oh, yeah, Charlie llamó y me dijo que tu apartamento parecía el más espeluznante episodio de La ley & el Orden que había visto.
Scully se rió en el teléfono, y luego suspiró. - No tienes ni idea.
- Puedo imaginarlo. - Respondió. - ¿Segura que estás bien?
Scully levantó la vista para ver a Mulder entrando por la puerta. - Estoy bien. Escucha, tengo que irme. Te llamaré más tarde.
- Ok. Adiós. - Dijo Jennifer, antes de colgar.
Presionó el botón para cortar la llamada en su celular levantándose del sofá mientras Mulder entraba a la sala.
- Bueno, tu apartamento quedó impecable y brillante. - Le informó.
Ella suspiró. - En realidad, no deberías haberte molestado, Mulder. Podría haber contratado algunos limpiadores.
Mulder frunció los labios. - Scully, está bien aceptar mi ayuda y sólo decir: "gracias".
Ella reprimió una sonrisa. - Gracias. Aprecio esto.
- ¿Era tan difícil? - Preguntó sonriendo, a pesar del sentimiento de culpa asentado en la boca del estómago desde que habló con Charlie fuera del edificio.
A última hora del viernes, Scully se sentó en la mesa del comedor mientras Mulder lavaba los platos de la cena. Había estado tranquilo durante todo el día, yendo y viniendo por su casa. Cuando él regreso de acomodar y limpiar el apartamento, almorzaron juntos, y después se fue a la lavandería. Dos horas y media más tarde regresó y guardó la ropa limpia, dio unas vueltas y salió a correr. La había invitado, pensó con poco entusiasmo, pero le recordó que ella nunca lograba mantener su ritmo. Mientras estuvo fuera, su compañera preparó la cena: pastel de carne, puré de papas y guisantes con mantequilla; la comida favorita de Mulder.
Cuando cenaban él le dijo que se había contactado con Skinner. Después de leer el informe del caso y hablar con el psicólogo con el que se había entrevistado en Quántico, Skinner le dijo que eran libres de regresar al trabajo. Aparte de esa información, Mulder estuvo más bien callado. Scully sospechaba que el regreso a la escena del crimen, que era su apartamento, lo había afectado. Ella suspiró mientras lo veía de pie en el fregadero.
En sus primeros meses como compañeros establecieron en silencio los límites en los que deberían trabajar. Y ahora, sentada allí recordando esos primeros tiempos, pensó en lo mucho que le había gustado, se había sentido atraída por él, y supo que esos límites habían sido un reto a cumplir por sí misma en un primer momento. Su inclinación natural habría sido involucrarse personalmente, físicamente, no mucho después de entablar una estrecha relación de trabajo.
Ese era su . Cagar donde comía. Mojar su pluma en la tinta de la empresa. Pero, a diferencia de las otras relaciones en las que se había encontrado anteriormente, Mulder no hizo avances o trató de comprometer su integridad y profesionalismo de ninguna manera. Mulder no era Daniel, y no era Jack Willis. Su fundamento era el respeto, la confianza y la amistad, y pronto esas líneas imaginarias que había dibujado parecían terriblemente necesarias para la supervivencia de su asociación. Pero a medida que pasaba el tiempo, poco a poco, comenzaron a doblar esas líneas entre el trabajo y la relación personal, sin siquiera ser conscientes de ello. Y ahora, esas líneas se habían convertido en algo borroso a punto de no existir.
Incluso cuando trabajaban como en el caso Orison, al acabar de abordar hacia Illinois, era tal el amor y la protección feroz en la manera en la que Mulder interactuó con ella. Ella se había enfadado contra esto, luchando por mantener un límite profesional entre ellos. Pero pensó en lo que Mulder había dicho en el avión hacia St. Louis; lo que él le había dicho airadamente hacía unas noches, cuando la llevó a quedarse en su apartamento. Y ahora Scully supo que esas fronteras ya no existían en lo que se refería a Mulder. No importaba si estaban parados junto a un cadáver en la escena de un crimen, desplomados sobre un escritorio en la redacción del informe de un caso, o enredados en la cama. Siempre sería Scully para él. No había ninguna diferenciación, nada distinto. A diferencia de Daniel y Jack, Mulder nunca utilizó un aspecto de su relación para ganar posicionarse o controlar al otro.
Continuó allí mirándolo secar los platos, con pantalones de chándal grises y camiseta negra de manga corta, se puso de pie, caminando hacia la cocina hasta que estuvo justo detrás de su compañero. Envolvió sus brazos alrededor de la cintura de Mulder, y susurró contra su espalda.
- Eres un buen tipo.
A Mulder se le cortó el aliento. Los momentos donde ella tomaba la iniciativa de decir o hacer algo cariñoso, fuera de la habitación, siempre lo sorprendían. No era típicamente demostrativa. Y no sólo lo llenó de sorpresa, sino que logró que su corazón se inflamara de sentimientos cálidos y tiernos. Pero suspiró, sin responderle. Su mente estaba una vez más en la familia de Scully y su preocupación por su bienestar, seguridad y su destino. Nunca tendrían la mente en paz mientras trabajase con él.
Scully frunció el ceño. - ¿No lo crees?
Sólo se limitó a suspirar de nuevo.
- Mulder, lo eres. Estoy más segura de eso de lo que nunca estuve sobre ninguna otra cosa.
Sonrió, apoyó el repasador sobre la encimera, y giró hacia ella, envolviéndola con sus brazos. - Me gusta tenerte aquí, Scully. Quiero decir, ya sabes, tenerte aquí durante varios días consecutivos. Sin trabajo. Simplemente pasando el rato. Eso me gusta.
Ella lo miró sonriendo. - Pero voy a volver a casa mañana, recuerda.
También le había gustado quedarse allí con Mulder, y no tener que afrontar el stress diario del trabajo. Eran simplemente ellos dos pasando tiempo juntos, bajo el mismo techo. Casi se asemejaba a la normalidad, a la vida doméstica. Y le había gustado. Probablemente un poco demasiado, y estaba ansiosa por volver a su propio apartamento.
Mulder suspiró. - Lo sé.
Scully le regaló una sonrisa simpática. - Y vamos a volver a trabajar.
Él desvió la mirada. - Sabes, estaba pensando en no tomar casos inmediatamente. Durante algunas semanas, tal vez.
Arqueó una ceja. - ¿Por qué?
- Bueno, Scully, el caso Orison nos expuso a superar muchísimas cosas, uh, tal vez no sea bueno el saltar de inmediato a otro caso peligroso y potencialmente traumático.
Ella le dio una mirada comprensiva. - Pero te conozco, Mulder. Si un caso intrigante llega a tu escritorio, no importa cuán peligroso sea, vamos a estar en el próximo vuelo saliendo de D.C
Él torció la boca, y luego suspiró. - Pero las cosas cambian a veces, Scully. Y no me gustaría... que nadie piense que, uh, siento que el trabajo es más importante que... otras cosas, que no soy capaz de reorganizar y reubicar mis prioridades.
Scully asintió, sonriendo. Luego impulsó sus manos debajo del dobladillo de la camiseta de su compañero y comenzó a acariciar lánguidamente con sus dedos arriba y abajo sobre la piel caliente de su espalda. Mulder levantó las manos para sujetar su cara, dulcemente hacia él, y bajó la cabeza para besarla con suavidad. No habían tenido relaciones sexuales, desde la noche en el sofá el primer día que ella llegó al apartamento, y el aire pronto comenzó a estar cargado.
Esa noche su intimidad física fue tierna, delicada y romántica, se acostaron uno al lado del otro de costado, Scully dándole la espalda, una de las manos de Mulder acariciando sus pechos mientras la otra presionaba sobre su clítoris en círculos firmes, su boca en la cara y cuello, besándola y susurrándole al oído, las embestidas de su sexo por detrás eran lentas y profundas. Scully siempre había preferido el enfoque duro y rápido, y se sorprendió de que su cuerpo respondiese con dos liberadores orgasmos. Mulder saboreó el sonido de Scully gritando su nombre cuando su cerebro desbordó de placer, provocando su propio clímax.
El sábado por la mañana, Scully empacó su bolso y lo llevó vestíbulo, antes de deslizarse en sus zapatos y ponerse su abrigo.
- ¡Oh, Scully! Dejaste tu neceser debajo del lavabo del baño.
Se mordió el labio inferior. - ¡Um, está bien! Déjalo ahí.
Mulder camino a través de la habitación hasta la apertura del vestíbulo. - ¿No necesitas llevártelo?
Scully, para su propio fastidio, sintió que se ruborizaba. - Bueno, um...
Una sonrisita se extendió lentamente por el rostro de Mulder. - ¿Quieres dejarlo aquí?
Ella apartó la mirada. - Uh, yeah, creo que probablemente es una buena idea.
- Yo también. - Respondió, los ojos pestañaron brillantes mientras la miraba fijamente.
- Ok, bien. - Scully suspiró. - Te veré el lunes por la mañana. De vuelta al trabajo.
Mulder sonrió y asintió con la cabeza. - De vuelta al trabajo.
La observó tomar su bolso, ella asintió con la cabeza mientras salía por la puerta, cerrándola detrás. Mulder se sentó en su sofá, sonriendo para sí, antes de que una punzada de angustia y ansiedad llenaran su estómago. Comenzó a calcular cuánto tiempo le tomaría a Scully llegar al apartamento, decidió llamarla y así saber que llegó bien.
A las 10:13 am, Scully estaba parada fuera de su apartamento, mirando fijamente la puerta. Descubrió que tenía miedo, sabía que se trataba de un miedo irracional. Donnie Pfaster estaba muerto. No había nadie en su apartamento. No estaba en peligro. Sin embargo, su reacción de lucha o huida comenzaba a hacer efecto en su sistema nervioso, su mano tembló al levantar la llave para abrir la puerta. El repique del teléfono sonando dentro la ayudó a armarse de valor e ingresar. Después de cerrar y pasar llave, se dirigió rápidamente a contestar el teléfono. Era Mulder, tal como lo había sospechado, llamaba para asegurarse de que había llegado bien. Scully pensó que tal vez él estaba tan irracionalmente asustado como ella por su regreso al apartamento.
Después de asegurarle que estaba bien, colgó y miró a su alrededor. Su apartamento parecía impecable, y olía a lejía. Caminó por el pasillo y se detuvo frente a la puerta del dormitorio, petrificada. Su corazón comenzó a golpear con fuerza y sus palmas a sudar, su respiración se aceleró y sus entrañas se revolvieron por el miedo. Trató de razonar con ella misma en voz baja, tranquilizándose con que no había nada que temer. Pero mientras entraba a su dormitorio, una sensación nauseabunda creció en la boca del estómago, dirigió una amplia mirada con los ojos muy abiertos hacia la puerta del armario, dejó caer su bolso en el suelo y se precipitó al cuarto de baño, la bilis ascendiendo por la garganta, cayó de rodillas y se inclinó sobre el sanitario. Los olores persistentes de las velas aromáticas sólo empeoraron sus arcadas aún más.
Se recostó presionando su mejilla acalorada contra las baldosas frías, y pensó en llamar a Mulder, diciéndole que lo necesitaba, que no quería estar sola. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Jesucristo, Dana, contrólate.
Ella siempre confió en sí misma, y la idea de que Dana Scully necesitara de un hombre era limitante. Pero Mulder no era sólo un hombre; era su compañero, su mejor amigo. Eso era lo que necesitaba, a su amigo. Sin embargo, no se atrevía a admitirle algo así, tomar el teléfono y decir simplemente que lo necesitaba. No quería depender aún más de él de lo que ya lo hacía. Debía enfrentarse ella misma a eso, aferrándose a su independencia, contrarrestando la creciente codependencia. Pero se acurrucó en posición fetal, con las lágrimas corriendo por su rostro, deseando poder estar de vuelta en el apartamento de Mulder.
La mañana del domingo 16 de enero, despertó en su sofá. Finalmente, había conseguido levantarse del piso del baño e intentó seguir normalmente su rutina, se puso un pijama de franela a cuadros negros, encendió el fuego en la chimenea de la sala y puso la televisión. Esa noche, se quedó dormida en el sofá, con todas las luces del apartamento encendidas.
Scully se levantó y tomó una ducha, tenía la buena voluntad de vestirse con su traje de falda de Prada marrón y conducir hasta Alexandria para asistir a la iglesia de St. John con su madre. Pero entonces recibió una llamada de Mulder justo antes de las 7:00.
- ¿Sí? - Respondió con un fingido recelo.
Mulder se rió entre dientes. - ¡Scully, Hey! ¿Cómo te suena Los Ángeles, California en este momento?
- ¿En qué contexto? - Preguntó, sacando conclusiones.
- Un X- File.
Scully suspiró. - Mulder, es domingo. Sabías que pasaría el día con mi madre.
- Vamos, Scully. Tenemos un caso. Y uno que te intrigará, pero te daré los detalles más adelante.
Claro que lo harás. Scully suspiró. - Mulder...
- Piensa en la luz del sol, Scully. Y el océano. Y, no sé, ¿qué más hay ahí? Las palmeras. ¿No sería agradable salir de D.C por unos días? Esta no será una pérdida de tiempo.
Ella rodó los ojos. Iba a protestar, pero ante la desalentadora idea de pasar otra noche en su apartamento el viaje sonaba atractivo.
Mulder tomó su silencio por su típica aquiescencia. - Conseguí dos boletos en el primer vuelo sin escalas a Los Ángeles, Sale a las 8:15 am. Nos encontraremos directamente en el aeropuerto.
Scully suspiró y colgó el teléfono, tomó su bolso, y se puso a empacar a toda velocidad.
A última hora de la mañana del jueves 20 de enero, Mulder y Scully salían de una cárcel de Los Ángeles bromeando sobre trucos de magia. Mulder se puso al teléfono para averiguar si había asientos disponibles en los vuelos de regreso a D.C ese día, pero no consiguió nada hasta la tarde del viernes. Después de que colgara el teléfono, a Scully de repente se le ocurrió una idea. Ella no tenía prisa por volver a D.C, ni a su apartamento. Con el plus, que el clima del sur de California era tan perfecto, casi 23 grados y soleado. Pensó que el sol estaba haciendo maravillas con su estado de ánimo.
- Entonces… ¿Cuándo es el próximo vuelo? - Preguntó.
- Mañana por la tarde. - Contestó Mulder. - Así que tenemos otra noche en el espectacular Econo Lodge en Inglewood.
Scully asintió, desviando la mirada. - Um, Mulder, ¿qué piensas acerca de permanecer aquí más tiempo?
Levantó las cejas. - ¿Cuánto tiempo más?
- Oh... sólo el fin de semana. Podríamos volar de regreso el domingo.
La observó, lamiéndose los labios. - Eso no sería tan malo.
Scully asintió. - Estaba pensando, uh, ¿y si nos dirigimos a San Diego?
Mulder le dirigió una mirada en blanco. - Scully, no tengo ningún interés en ver a Bill Jr.
- Bien, porque yo tampoco. - Bromeó.
- Entonces, ¿por San Diego?
Ella sonrió. - Resulta que me gusta San Diego. Es el lugar donde pasé mis años de formación adolescente, si recuerdas.
Él sonrió, asintiendo con la cabeza. Desearía haber conocido a la Scully adolescente. - Ok, vamos. Me gustaría saber todo acerca de tus años de formación adolescente, Scully. Especialmente de ti, con ese uniforme de colegiala católica.
Scully trató de reprimir una sonrisa maliciosa, pero no pudo. - Te gustaría, ¿eh?
- Estoy a favor de un viaje por el carril de la memoria. - Dijo, meneando las cejas. - Vamos a suponer que estamos de vuelta en la escuela secundaria, Scully.
Ella resopló, sacudiendo la cabeza. Después de hacer el checking out del motel y dejado el Ford Taurus plateado asignado por el Bureau en la Oficina Local de Los Ángeles, se subieron a un taxi y Scully le indicó al chofer ir a la Regency Rental en la Marina Del Rey. Le gustaba la idea de revivir los momentos felices en San Diego con su compañero. Cuando arribaron a la agencia de alquiler, Mulder caminó alrededor de la playa de estacionamiento examinando la colección de coches clásicos y de lujo aparcados. Se preguntó si Scully escogería un Mercedes Benz o un BMW. Al verla salir por la puerta de la oficina, se dirigió a tomar su equipaje del interior, antes de unirse a ella en el estacionamiento.
- Están trayendo el coche. - Le dijo.
Mulder observó atentamente como un Cadillac Eldorado Convertible blanco de 1970 con el interior en cuero rojo oscuro se detenía junto a ellos.
- Mira, Starbuck, es la gran ballena blanca. - Mulder comentó inexpresivo.
Scully se rió. - Pensé que querías oír todo acerca de mis años de adolescencia, Mulder.
Se giró para mirarla. - ¿Este coche fue parte de eso?
Ella asintió con la cabeza, mirando hacia el auto. - Definitivamente.
Mulder dio un vistazo entre Scully y esa especie de barco que era el coche, y se preguntó cómo exactamente un Cadillac Eldorado figuraba en su juventud. Estaba emocionado por averiguarlo. Scully se subió por el asiento del conductor mientras él cargaba los bolsos en el maletero. El paseo de una hora por la costa de San Diego fue agradable y muy entretenido. Scully había encendido la radio con la música fuerte. Mulder no dejaba de echar miraditas a la cara sonriente con gafas de sol negras de su compañera, mientras meneaba la cabeza y tamborileaba los dedos contra el volante al ritmo de la música. Él no conocía la mayoría de las canciones vigentes, pero aún así disfrutaba viendo la boca de Scully siguiendo las letras. La imaginó de adolescente, una despreocupada California Girl, y sonrió ampliamente.
Una vez que llegaron a la ciudad, Scully manejó hacia Nico´s en Mount Acadia Boulevard. El sitio era un verdadero agujero en la pared, y por eso mismo sabía que a él le gustaría. El restaurante era un favorito de los locales, con su salsa picante casera y un guacamole excepcional. Después de sentarse en una mesa en el interior, Mulder pidió un té helado y ella agua helada con limón.
No habían transcurrido dos segundos desde que la camarera comenzara a alejarse, cuando Scully se giró bruscamente. - En realidad, tacha eso. ¿Podemos tomar una jarra de Margarita?
Mulder la miró fijamente con sorpresa cuando la camarera volvió y asintió con la cabeza, escribiendo la nueva orden en el ticket. Scully muy ocasionalmente bebía vino o cerveza, pero nunca la había visto bebiendo licor. Nunca supuso que fuese el tipo: "chica de tequila y Margaritas". En especial, no una "chica de tequila y Margaritas" a la hora del almuerzo.
- Las Margaritas son un requisito para las vacaciones. - Explicó Scully, encogiéndose de hombros.
La contempló sonriendo.
Después de unos minutos su jarra llegó junto con dos vasos escalonados para Margarita con sal en los bordes, y Scully empezó a verter la bebida en ellos. Mulder quería que Scully seleccionara la comida, "así almorzaremos como la gente local", le dijo. Y ella ordenó tacos de pescado y burritos con carne asada para compartir.
- Esto está tan bueno. - Gimió Scully después de tomar un trago de su segundo Margarita.
Mulder asintió. - Entonces, uh, Scully… ¿vas a decirme cómo los factores de "la última gran ballena americana" influyeron en tus experiencias adolescentes?
Scully sonrió abiertamente. - Mi novio de la secundaria poseía un 1976 Cadillac Eldorado Convertible blanco.
Él parpadeó, su interés alcanzó su punto máximo. - ¿Tu novio?
- Sí. Marcus.
Mulder sonrió de forma maliciosa. - Entonces, lo que estás tratando de decirme es que pasaste mucho tiempo en el asiento trasero de ese coche, ¿verdad?
Scully se mordió el labio inferior, tratando de reprimir una sonrisa. - No mucho, no. Pero algunos, sí. Marcus obtuvo el coche como un regalo de graduación unos 15 días después de nuestra Fiesta y Baile de graduación. Sólo tuvimos un par de semanas juntos después de eso, antes de que él se fuera a la universidad en Santa Clara y mi familia se mudara de regreso al este. Por lo tanto, nosotros no pudimos pasar un montón de tiempo en el asiento de atrás.
Durante el transcurso del almuerzo, Mulder llegó a la conclusión de que el tequila hacía que Scully se riese mucho. Ella le contó una historia sobre la noche del baile de graduación y el tener que regresar a la ciudad en un camión de bomberos, y de pronto comenzó a reír después de mencionar una terrible sensación de déjà vu, pero Mulder no entendía realmente por qué se estaba riendo. Ella sólo se sonrojó furiosamente y comenzó a reírse de forma algo nerviosa. Y él sólo podía reír con ella; amaba cuando se reía. Su risa era contagiosa.
También llegó a la conclusión de que el tequila hacía que Scully flirteara sin verguenza, ya que su pie se había deslizado fuera de su zapato y encontrado su camino en su pierna derecha, y allí se quedó durante todo el almuerzo. Cada vez que se miraban, mientras almorzaban, sus grandes ojos azules centelleaban hacia él con sugestión desde el otro lado de la mesa.
- Scully, si no dejas de hacer eso, las cosas se van a poner muy embarazosas para mí. - Bromeó Mulder, sintiendo como su ingle comenzaba a tensarse.
- ¿Dejar de hacer qué? - Preguntó inocentemente, sonriéndole con suficiencia.
Mulder frunció los labios.
- Háblame de tu fiesta de graduación. - Le dijo Scully, su pie todavía estaba acariciándole la pantorrilla.
Él sintió la familiar sensación de humillación, y vaciló.
- ¡Vamos! Te dije mi historia, Mulder. ¿Cuál era el nombre de tu cita?
Mulder suspiró. - Christine.
- ¿Era tu novia?
Sacudió la cabeza. - Nunca tuve novia en la secundaria. No era más que una chica a la que le pregunté si quería ir al baile.
Scully asintió. - ¿Te gustaba?
- Sí, me gustaba mucho. Estaba loco por ella, en realidad. Pero, eh, su madre era una especie de amiga de la mía, y Christine casi fue forzada a aceptar mi invitación. Cuando llegamos al gimnasio de la escuela, rápidamente me abandonó para pasar el rato con sus amigos.
Sus ojos se abrieron con sorpresa. Scully no podía entender cómo alguien no lo querría como su cita. - No puedo creerlo. Por lo menos… ¿llegaste a tener un poco de diversión? ¿Pasar el rato con tus amigos?
Mulder suspiró. - Realmente no tenía amigos, Scully.
Ella le dirigió una mirada de perplejidad.
- Martha´s Vineyard era una comunidad pequeña. Y yo era el chico raro con un mal corte de pelo, padres divorciados, y una hermana pequeña desaparecida. La gente me evitaba, especialmente las chicas.
Scully suspiró. - Bueno, ciertamente las chicas, digamos que evitarte no es algo que hagan ahora. Incluso ¿Te diste cuenta la forma en que nuestra camarera te estaba mirando?
Mulder frunció el ceño con confusión, y la miró con recelo. - Uh, no. No la estaba mirando a ella, te estaba mirando a ti. ¿Por qué? ¿Cómo me estaba mirando?
Scully inhaló, sacudiendo la cabeza. - Te estaba mirando exactamente igual que lo hacen la mayoría de las mujeres en el trabajo cuando caminas por los pasillos. Ella, obviamente, piensa que eres hot, al igual que el resto de nosotras.
Sus ojos se abrieron ligeramente, y él comenzó a sonreírle abiertamente. - ¿Crees que soy hot, Scully?
Ella se sonrojó, interiormente reprendiéndose a sí misma. - No dejes que se te suba a la cabeza.
Mulder seguía sonriendo abiertamente. - Así que, eh, ¿qué tienes planeado para este fin de semana por el carril de la memoria? Porque quiero experimentar todas las cosas buenas. ¿Crees que podrías echar mano a un uniforme de la escuela católica?
Scully torció la boca, tratando de reprimir una sonrisa, y arqueó una ceja.
Un rato después de terminar el almuerzo dejaron la mesa y se dirigieron al coche, Scully le traspasó a Mulder las llaves ya que él había ingerido una significativamente menor cantidad de Margarita que ella. Le indicó conducir por el paseo marítimo y eligió el Manchester Grand Hyatt, donde se registraron en una habitación de la Harbor Tower´s .
Una vez que desempacaron y se vistieron con ropa informal, pasaron una tarde de ocio acostados boca abajo sobre la cama king size viendo la televisión. Un financiado episodio de Frasier estaba en pantalla, Mulder odiaba el programa, pero estar acostado al lado de Scully hacía que fuera casi "mirable". Segundos antes de las 18:00, cuando el segundo episodio estaba terminando, ellos aún yacían en la cama, mirando sin comprender como corrían los créditos en silencio. No se habían reído ni una vez durante los episodios. Mulder pensó que ese hecho era divertido de una manera irónica, y a medida que sus cabezas giraban para mirarse comenzaron a reír tan pronto como hicieron contacto visual. No tenían idea qué era lo divertido, pero seguían riendo.
- Esa es una hora de mi vida que nunca va a volver. - Bromeó él.
- ¡Oh, ni siquiera se te ocurra! ¿Qué hay de los últimos cinco días, Mulder? Me trajiste aquí sólo para que nos tomaran de imbéciles unos magos furtivos. ¿Este es el tipo de trabajo al que llegamos? ¿A esto es a lo que se reducirá mi vida?
Mientras se burlaba de Mulder con buen humor y con tono de falsa frustración, ella honestamente había sentido momentos de frustración real y cierta molestia sobre el caso. ¿Cuál demonios era el punto? ¿Por qué estaban aún ahí? La policía local podría haberlo manejado. ¿Era esto realmente lo que Mulder quería hacer con su vida? ¿Significaba que estaría estancada para siempre en esa interminable línea de casos extraños que no iban a ninguna parte? ¿En esto se convertiría su vida?
Mulder se estiró para hacerle cosquillas, algo que su compañera odiaba, pero ella fue más rápida y lo tomó del brazo, empujándolo hasta tumbarlo de espalda. La atmósfera en la habitación de repente cambió, y no mucho después Scully estaba tendida entre las piernas de Mulder y su boca caliente y húmeda se deslizaba, subiendo y bajando, sobre su sexo hinchado.
- Oh, Dios. - Lloriqueó al sentirla lamer sus bolas mientras suavemente lo acariciaba con su mano, arriba y abajo por su eje duro, girando sobre la cabeza sensible.
Scully ronroneaba contra él.
- Eres jodidamente increíble. - Gimió mientras Scully chupaba uno de sus testículos suavemente en la boca. No es como que ella nunca lo hubiese hecho antes, pero cada vez que se lo hacía, lo sorprendía poniéndolo increíblemente caliente.
La boca de Scully pronto volvió a su pene, deslizándolo hasta sentir la punta pincelando la parte posterior de su garganta, causando que él se estremeciera.
- Scully... Scully... carajo, Scully... eres tan jodidamente buena... aahhh, voy a acabar...
Podía oír su desesperación, y comenzó a apretar con más fuerza, acariciándolo más rápido, chupándolo con más firmeza. Mulder abrió los ojos y miró hacia abajo, su pelo rojo balanceándose mientras subía y bajaba sobre su sexo, y cuando sus ojos se encontraron, esa mirada bastó para hacerlo estallar en su boca.
- ¡Scully! ¡Carajo!
Ella lo mantenía en su boca, exprimiendo su liberación hasta que su orgasmo pasó, antes de tragar y lamerlo hasta dejarlo limpio, luego suavemente acarició su sexo, ya flácido.
- Eres lo mejor que me sucedió. - Dijo Mulder, respirando con dificultad. - ¿Sabías eso?
- Sí. - Respondió de manera casual, sonriendo en forma maliciosa mientras salía de la cama.
Él se echó a reír. - Ok, bien. Me alegra que lo tengamos claro. - De reojo vio su cabeza entrando al baño. - Hey, ¿qué hay de ti?
- Más tarde. - Respondió. - Voy a tomar una ducha y prepararme para la noche.
Después de que ambos estuvieron duchados y cambiados, Scully sugirió ir al cine. Ninguno de ellos había salido a ver una nueva película en bastante tiempo, y después de decirle que ir al cine era un suceso regular de fin de semana cuando era una adolescente, él movió las cejas y preguntó si podían sentarse en la última fila. Fueron al Pacific Theatre sobre la Fifth Avenue, compraron entradas para The Talented Mr. Ripley, y después de adquirir soda y palomitas, ocuparon dos asientos en la última fila. La película era bastante buena, y cualquier plan de "besuqueo" con Mulder se disipó por el interés en la película.
El viernes por la mañana, decidió sorprender a Mulder y manejó unos 90 minutos hasta llegar al Caltech's Palomar Observatory en Cleveland National Forest. Recorrieron el museo Greenway Visitor Center, y luego hicieron el itinerario grupal alrededor del Observatorio, y esto le permitió a Mulder, finalmente, ver el famoso Hale Telescope de 200 pulgadas (508cm). El corazón se le inflamó por la enorme sonrisa estampada en el rostro de su compañero todo el día, ya que su naturaleza infantil asumió completamente el control con entusiasmo y ojos maravillados. Al pasar por la tienda de regalos, le compró una camiseta gris carbón con el logo en blanco del "Palomar Observatory" a la izquierda sobre el pecho, y una cita de George E. Hale en la parte posterior: "Make no small plans, dream no small dreams" (No hagas planes pequeños, sueña sin pequeños sueños). Pensó que el regalo era apropiado para Mulder. Se quedaron hasta las 15:00, horario del cierre, y luego regresaron a San Diego.
El sábado, el tiempo realmente se elevó hasta casi los 27 grados y pasaron todo el día en La Jolla, una de sus antiguas guaridas. Mulder trató de tomarla de la mano unas cuantas veces mientras caminaban por los alrededores, pero para su frustración, ella siempre se apartó. Su actitud hacia él era amable y amistosa, estaba pasándola bien, pero supuso que cualquier exhibición pública de afecto y cariño era todavía un trabajo en progreso.
Por la tarde pasearon alrededor de La Jolla Cove Beach antes de chequear horarios para visitar la Sunny Jim Cave. Caminaron hacia la Sunny Jim´s Cave Store sobre Coust Boulevard, una vez que pagaron la pequeña cuota, subieron por la escalera los 145 escalones a través de un túnel para poder explorar la cueva. Scully le relató una historia de cuando ella y su hermana eran adolescentes, habían ido en kayak remando a través de las otras cuevas a lo largo de la orilla del mar y se encontraron con algunas personas nefastas contrabandeando alcohol. Los hombres les gritaban de manera agresiva, y Scully pensó que iban a asesinarlas, pero los hombres no se arriesgaron más y las dejaron salir ilesas. Fue una experiencia aterradora de la que aprendieron a reírse más adelante. También era una historia que habían mantenido en secreto para el resto de su familia, y Mulder sonrió mientras ella comentaba que a Melissa no le importaría que se la contara a él. Mulder deseaba escuchar sus historias sobre el asiento trasero en el Eldorado, pero ella sólo hacía una sonrisita cada vez que se lo mencionaba.
Al volver al hotel, se ducharon y cambiaron para cenar. Scully no tenía un uniforme de la escuela católica, por supuesto, pero el viernes al llegar de la visita al Palomar Observatory, cuando Mulder se acostó para tomar una siesta, silenciosamente salió a hacer compras por los alrededores recorriendo algunas de sus tiendas favoritas y adquirió una falda tubo a cuadros hasta la rodilla, de un patrón similar a su viejo uniforme con los colores azul marino, verde, blanco, y negro. La combinó con una camisa blanca de manga corta y la chaqueta negra del traje, y podría decir que Mulder "la estaba comiendo con la mirada", mientras salían camino al Cadillac, decidieron subirle la capota, ya que había comenzado a refrescar luego de la puesta del sol.
- Así que, Mulder, ¿dónde te gustaría ir? - Preguntó después de sentarse en el asiento del copiloto. - Puedes elegir entre una pizzería o un restaurante.
Él le dirigió una mirada divertida. - ¿Esas son mis únicas dos opciones?
Scully sonrió de forma bulona. - Sí, porque esos eran prácticamente los únicos dos lugares donde ibamos con Marcus la mayoría de las veces después de que le dieran el coche. A menos que quieras ir a un salón de juegos o a un centro comercial.
Mulder alzó las cejas. - ¿Voy a escuchar algunas historias de asientos traseros, Scully?
Ella se rió entre dientes. - Sólo estoy compartiendo algunos recuerdos de la adolescencia.
Él asintió con la cabeza. Tenía la esperanza de que lo aguardaran cosas buenas. - Restaurante.
Scully sonrió, y luego le indicó como ir hacia Rudford´s en El Cajon Boulevard. Rudford´s era un restaurante abierto las 24 horas que existía desde la década del ´40, y servía la comida a la antigua, al viejo estilo, el lugar tenía paredes plateadas con cabinas de cuero rojo. Una vez sentado, Mulder ordenó el filete de pollo frito con salsa de país y Scully eligió el pargo rojo a la parrilla.
- Así que… háblame acerca de Marcus. - Le dijo Mulder después de tomar un sorbo de su té helado. - ¿Cuántos años de tu adolescente vida él ocupó?
- ¡¿Años?! - Se burló. - Sólo el 12° grado. Um, bueno, él era el capitán del equipo de basketball…
Mulder negó con la cabeza. - Lo sabía.
Scully le dirigió una mirada de perplejidad. - ¿Sabías qué?
- Eras una porrista, ¿verdad? Siempre pensé eso. Que habías sido una de las chicas populares y su novio era el quarterback de campo del equipo de fútbol, con las mejores calificaciones, una alumna "A", admirada y amada por todo el mundo.
Ella se burló de nuevo. - La parte de las "A" en las calificaciones es correcta. El resto está muy lejos.
Mulder sonrió. - Ilumíname.
- De ninguna manera, forma o modo fui alguna vez una porrista. - Dijo, dándole una breve mirada mordaz. - No era popular, pero era amiga de la mayoría de mis compañeros de clase. Los uniformes ayudaron, ya que no había presión para usar la ropa más cool o más cara. Mi familia no era ni rica ni nativa residente de San Diego. Estás olvidando una pieza vital de información sobre mí, y es que era una "navy brat" (Hijo/a de un miembro que sirve a tiempo completo a la Marina. Dentro de ese mundo es un término de cariño y respeto, pero fuera puede ser usado de manera peyorativa), una "mocosa marina" y vivía en una Base. Entonces, era una especie de forastera, de intrusa que llevaba lentes y sacaba buenas notas. Pero me llevaba muy bien con todo el mundo y realmente no tuve malos ratos, la pasaba bien. En noviembre de mi último año, Marcus Hayes necesitaba un tutor en matemáticas, se enfrentaba a una suspensión académica del equipo de basketball, así que me lo asignaron para que lo ayude dándole clases en la biblioteca después de la escuela.
- Y el joven amor floreció. - Señaló Mulder en forma burlona.
Scully ladeó su cabeza de lado a lado. - Bueno... se sentía de esa manera en el momento. Pero ¿una chica de 17 años realmente cuánto sabe de esas cosas? Estaba obsesionada con él, ya lo sé. Y lo más impactante fue que él estaba tan enamorado como yo.
Él le lanzó una mirada de perplejidad. - ¿Por qué sería impactante?
- Pensé que iría más por el tipo porrista. - Scully sonrió. - Alta, rubia y muy alegre.
Mulder se rió. - Así que, uh, una vez que él tuvo esa ballena de coche, me imagino que encontraron algunos buenos lugares para aparcar.
Scully le dio un mordisco a su pescado. - Mm- hmm.
Él la contempló unos segundos. - ¿Scully?
- ¿Sí?
Mulder bajó la voz acercándose unos centímetros. - ¿Perdiste tu virginidad en el asiento trasero de un 1976 Cadillac Eldorado Convertible blanco?
Ella se mordió el labio inferior, tratando de detener su sonrisa maliciosa, pero no funcionó muy bien. Mulder sonrió abiertamente, sus ojos se agrandaron y sus cejas se elevaron cuando Scully comenzó a sonrojarse.
Justo antes de las 22:00 horas, dejaron Rudford´s y se dirigieron a la playa de estacionamiento por el auto. Mulder giró el encendido y mirándola de reojo mientras se abrochaba el cinturón de seguridad. - Me gustaría saber algo de tus anécdotas del asiento trasero, Scully. Háblame sobre esos puntos para el "besuqueo".
Scully sonrió, recorriéndolo con la mirada. - ¿Qué tal si te enseño el lugar?
Se quedó inmóvil, mirándola fijamente. - ¿El lugar en el que perdiste la virginidad? Vamos para allá.
- Ok, pero voy a tener que conducir yo. - Le respondió. - Vas a perderte en la oscuridad si no sabes lo que estás buscando.
- ¿A cuántos chicos le dijiste algo así? - Murmuró impasible.
Scully se rió por la insinuación, y abrió la puerta del coche. - Eres tan jodidamente ridículo.
Mulder sonrió, se levantó y caminó alrededor para entrar en el asiento del pasajero. Scully condujo hacia el Lake Murray, cerca de unos ocho minutos, y después giró a la izquierda en Baltimore Drive, manejó hasta un trecho alto antes de poder girar y descender por el otro lado de la calle. Mantuvo los ojos bien abiertos, atenta al camino, hasta que vio el familiar sendero clandestino bien disimulado a la derecha, y muy suavemente giró ingresando en él antes de apagar las luces.
- Los accesos al Lake Murray se cierran después de la puesta del sol, pero este camino nos llevará a una carretera junto al lago, que está a unas tres millas y media directo. - Explicó Scully.
Después de encontrar una zona con césped saliendo de la carretera, y principalmente rodeado de árboles, ella condujo en reversa y estacionó el Cadillac en el sitio justo para que el coche quedara de cara al lago. Mulder la observó mientras su compañera encendía la radio, manteniendo el volumen bajo, se desabrochaba el cinturón de seguridad, abría la puerta, moviendo su asiento completamente hacia adelante, y se metía en el asiento posterior, justo detrás de él. Se quitó la chaqueta negra, y sacó una toalla que había tomado de la habitación del hotel de una bolsa debajo del asiento delantero y la puso sobre el cuero rojo del asiento.
Lo contempló mientras se sentaba, él la miraba fijamente desde el asiento delantero. - ¿Vas a unirte a mí, o qué?
Mulder no necesitaba que se lo pregunte dos veces. Se bajó del coche, corrió el asiento hacia adelante, cerró, y dio la vuelta para entrar por el lado del conductor, metiéndose en el asiento de atrás, antes de cerrar la puerta tras de sí. Luego se deslizó junto a Scully, pasando el brazo derecho alrededor de sus hombros mientras ella se giraba ligeramente para mirarlo.
- ¿Esto es lo que hiciste con Marcus? - Susurró.
- No quiero hablar más de Marcus. - Respondió, observándolo y levantando su mano para acariciar su rostro.
Mulder hizo una mueca antes de sonreír. - Pero tengo curiosidad. ¿Cómo estuvo?
Scully negó con la cabeza, reprimiendo una sonrisa burlona. Mulder siempre tenía curiosidad. - Memorable y olvidable, todo al mismo tiempo.
- ¿Acabaste? ¿Marcus te hizo acabar?
Ella se mofó, preguntándose por qué él siquiera deseaba conocer esas cosas sobre su vida. - Por supuesto que no. No sabía ni lo que estaba haciendo, y yo tampoco. Teníamos 18. Era nuestra primera vez. ¿Por qué es importante eso?
Mulder se encogió de hombros. - No importa, de verdad. Sólo quería saber. Quiero saberlo todo. Así puedo sólo cerrar los ojos y fingir que fuimos a la secundaria juntos.
Scully suspiró, sonriéndole. - Bésame.
Mulder inclinó la cabeza y capturó sus labios, suavemente al principio antes de profundizar el beso. Unos segundos después pasó la lengua por los labios, buscando entrar. Ella abrió la boca para él, y su compañero barrió lentamente su lengua dentro para acariciar su piel, acariciar su lengua, registrando sus contornos en la memoria. Quería recordar esta noche por el resto de su vida.
Scully comenzó gimiendo suavemente en su boca mientras los besos se volvían más apasionados. Mulder dejó caer su cabeza para acariciar con sus labios su mandíbula y siguió bajando hasta besar su cuello, mientras su mano izquierda se movía de su cintura para comenzar a desabrocharle la camisa, haciendo una pausa en el medio mientras deshacía lentamente un botón a la vez. Ella comenzó a jadear por la impaciencia, su clítoris estaba tenso y el deseo húmedo se reunía en su centro caliente.
- Sabes, Scully… - Susurró contra su cuello. - Podría haber personas desconocidas peligrosas ahí afuera por la noche.
- Tal vez. - Respondió. - Pero no es muy probable en el Murray Lake a menos que las cosas hayan cambiado seriamente por aquí. Además, nuestras placas y armas están bajo el asiento delantero.
- Podríamos estar en serios problemas por exhibición indecente.
- Es verdad. Pero no creo que las fuerzas policiales recorran el Parque por la noche.
- ¿Quieres parar? - Preguntó Mulder.
- No.
Él asintió con la cabeza mientras le desabrochaba el último botón, abriéndola finalmente, moviendo la tela hacia los lados y sus hábiles dedos, descubrieron felices que ella llevaba un sujetador con cierre frontal. Lo abrió y empujó las copas lejos de su cuerpo. Mulder recapturó los labios de Scully mientras la palma de su mano se aferraba a un suave pecho, pasando el pulgar sobre el endurecido pezón, su compañera comenzó a lloriquear de placer en su boca.
El sonido melódico de la radio, la sensación de sus cálidos labios sobre los suyos, la insistencia de su lengua, el peso suave de su pecho, estaba enviando una oleada fresca de sangre a su ingle y su sexo duro se tensó dolorosamente en sus jeans oscuros. Movió la mano desde su pecho y estrujó su culo a través de su falda a cuadros. Dios, él amaba su culo. Era tan perfecto.
Scully no podía esperar más, el dolor palpitante de su clítoris la estaba arrastrando a la locura. - Recuestate contra el asiento.
Mulder, con los ojos muy abiertos, se movió hasta quedar al ras contra el respaldo. Scully lanzó su camisa a un lado y se quitó el sujetador, antes de bajar la cremallera de la falda.
- No, déjatela puesta. - Le pidió en voz baja.
Lo miró sonriendo, complacida de haber comprado la falda, y se subió la cremallera de nuevo. Luego metió las manos por debajo y deslizó sus bragas rosa pálido por las piernas. Se ubicó delante de su compañero poniendo los pies en el suelo, él se desabrochó los jeans respirando agitadamente, bajó la cremallera y enganchando los pulgares en dos presillas comenzó a sacarlos, ella lo ayudó, tiró hacia abajo mientras él levantaba las caderas desnudas del asiento. No llevaba ropa interior. Scully alzó la mirada buscando sus ojos con sorpresa.
- No quería ir al lavadero hasta no llegar en D.C. - Explicó Mulder.
Ella sonrió con satisfacción, su cuerpo se elevó sobre sus piernas antes de volver a sentarse sobre el regazo de espaldas a él. Mulder se quedó mirando fijamente la suave piel de su espalda fuerte mientras amontonaba el dobladillo de la falda en su cintura, se concentró en su culo suave y perfectamente redondo sobre su regazo. Scully se inclinó hacia adelante y guió su miembro a la entrada de su sexo mojado, levantó las caderas para introducirlo en su interior de golpe, hasta el fondo, él pensó que había muerto e ido al cielo mientras se aferraba con fuerza a su trasero y observaba como su sexo entraba y salía al ritmo de sus embestidas. Dios, ella era tan jodidamente hot.
Scully gimió e hizo una especie de maullido, su cabeza colgaba hacia delante y sus manos se aferraban con fuerza a la parte posterior del asiento delantero mientras sus caderas se movían sobre el sexo de Mulder. Cada embestida golpeaba ese punto sensible en su pared frontal, la exquisita tensión construyéndose y desarrollándose en espirales ceñidos. Los golpes del estrecho sexo de Scully sumado a la forma de contraer sus músculos para retenerlo lo estaban empujando al borde, pero luego ella se detenía, cambiaba el ritmo retrasando su gratificación, para volver a empezar.
- Scully, me estás enloqueciendo. - Su creciente tensión desarrollándose en sus testículos; las olas del placer atravesándolo a toda velocidad, tensando su ingle, estómago y muslos.
Ella estaba empapada e hinchada, el latido en su centro dolía insoportablemente. - Frota mi clítoris. - Susurró.
Mulder decidió que iba a llevarla al borde, hasta volverla loca. - No lo pediste en forma amable.
Scully lloriqueóó. - Ahora, por favor. Frótame el clítoris. Hazme acabar. Por favor.
Él gruñó de satisfacción, antes de llevar su mano derecha entre las piernas de su compañera rozando su clítoris con dos dedos, en círculos, presionando cada vez más duro y acariciándola más rápido. Scully apretó con fuerza los músculos de sus paredes interiores alrededor de él para mostrarle cierto agradecimiento, y Mulder gimió. Ella podía sentir su orgasmo acercándose inmediatamente, brotando desde lo más profundo, desde dentro de la boca de su estómago anudado.
- Mulder... Mulder... - Gimoteó, su orgasmo construyéndose y desarrollándose hacia el precipicio.
- Vamos, Scully. - Él gimió, sintiendo su ingle tensándose aún más, la presión edificándose en sus bolas. - Quiero tu apretado coño acabando jodidamente sobre toda mi verga dura.
Sus palabras explícitas lo hicieron, superaron la tensión y la ajustada espiral en su centro brincó liberándose y aflojándose, el orgasmo la golpeó con fuerza, cerró los ojos y apretó las caderas contra él, sus gemidos llenaron el coche y sus dedos se clavaron en el asiento delantero. Scully, rápidamente, llevó su mano derecha hacia abajo más allá de su centro y exprimió los testículos tensos de su compañero mientras los dedos de este continuaban rasgueando su clítoris mientras ella cabalgaba su orgasmo.
Los ojos de Mulder se cerraron bruscamente, y vio estrellas cuando un intenso orgasmo surgió apoderándose de su cuerpo, sus manos se movieron para aferrase a su culo duro, fuertes gemidos guturales se escaparon de su garganta, su sexo embistiendo profundamente dentro de ella, y su semilla caliente llenó su vientre a copiosos borbotones.
- Oh, mi puto Dios, Scully. - Jadeó, con la cabeza caída contra el respaldo del asiento, su erección relajándose mientras sus manos le acariciaban el culo.
Se sentía agotada, y estaba agradecida por los fuertes músculos de sus piernas. - ¿Quién de nosotros está en condiciones más idóneas para conducir de vuelta al hotel?
Mulder se rió, moviendo cariñosamente sus manos para acariciarle la espalda mientras ella se inclinaba sobre el asiento delantero. Scully siempre pensaba racionalmente, siempre era práctica. Finalmente, Mulder tomó al volante para los 15 minutos en coche de regreso al Manchester Grand Hyatt por el paseo marítimo. A la mañana siguiente, el domingo 23 de enero, partieron del hotel para regresar a Los Ángeles, devolvieron el coche, y tomaron un taxi hasta el LAX (Aeropuerto de Los Ángeles) para conseguir un vuelo sin escalas a D.C.
Scully estaba ahora absolutamente contenta de haber ido a California, a pesar de la insensatez de la razón inicial para ir hasta ahí. Sentía que el sol le había hecho bien, y regresar a San Diego la había llenado de cálidos recuerdos felices de su juventud. Había disfrutado salir y pasar tiempo con Mulder, y deseó poder hacer con él ese tipo de cosas más a menudo. Pensó que nada era mejor que tomarse varios días libres, simplemente para descansar y pasar un buen rato junto a su mejor amigo.
Pero a medida que iba acercándose a la puerta de su apartamento, comenzó a llenarse de una profunda sensación de terror. Su estómago se volvió un nudo apretado por el miedo, su reacción de lucha o huida dando patadas en respuesta, su respiración se aceleró y sus palmas se pusieron sudorosas. Sintió el pánico creciendo en su pecho, su mano temblaba al sacar las llaves de su chaqueta y abrir la puerta, las placenteras sensaciones que había traído desde San Diego se fueron desvaneciendo lentamentamente.
CONTINUARÁ...
