~ La boda ~
Capítulo VI.
Ami
Su cuerpo se volvió a arquear, mientras sus manos se mantenían firmes en el asiento del inodoro. Llevaba haciendo esto alrededor de una hora, pero es que simplemente no había podido parar de hacerlo. No después de la sensación de nervios y miedo que recorrían todo su cuerpo, después de enterarse que una niña había sido violada y asesinada en un callejón cerca del parque de diversiones, donde había acudido ayer con su hermana pequeña.
La sola idea de que esa niña fuera su hermana le revolvía todo el estómago de culpa.
Jamás se perdonaría si en realidad la víctima de eso hubiera sido su hermana, nunca se lo perdonaría porque todo seria culpa de ella por no haberla cuidado lo suficiente.
Se limpió la boca con el dorso de la mano, intentando quitar todos los residuos que pudieron haber quedado en su boca y se levantó, haciendo que todo girará por unos momentos a su alrededor.
Maldición, no debido de haberse parado de golpe.
Se detuvo enfrente del lavabo, mirando su pálido rostro y grandes ojeras mientras lavaba sus manos. Vaya, al parecer si se veía tan mal como se sentía. Agarró un poco de agua entre sus manos y mojo su cara, dándose valor. Era mejor ir a comprobar si la niña era su hermana.
Solamente esperaba por todos los medios que no lo fuera.
Abrió la puerta y entrecerro los ojos por un momento, sintiendo la luz del sol en estos como si los quemará.
Al parecer el sol ya había salido, algo de lo que no se sorprendía demasiado ya que no había cerrado los ojos ni un solo momento desde ayer, por ese motivo no le sorprendió tanto ver su aspecto cansado a través de él espejo del baño.
—Muévete. —escuchó a alguien gruñir mientras su brazo era jalado con fuerza hacia al frente saliendo por completo del pequeño cubículo del baño, que se encontraba atrás de unos puestos. —No eres la única que quiere utilizarlo.
Fue empujada hacia adelante, desde la espalda. Enserio que esa persona quería usar el baño.
Rodó los ojos fastidiada, a pesar de que estuviera agotada y preocupada por saber donde se encontraba su hermana pequeña. Ella no podía evitar seguir con la misma actitud de siempre.
—Pues deberías ir al baño de tu casa, idiota. —ironizó, al ver como la persona se encerraba en el cubículo con fuerza.
Giró su cabeza hacia la larga fila que tenía a su derecha. ¿Es que acaso la gente no tenía baño en su casa o algo por el estilo?
Empezó a caminar, sintiéndose de manera curiosa algo débil en cada parte de su cuerpo. Las ganas de cerrar los ojos y dormir aunque sea por un momento era tan tentadora, que tuvo que llenarse la cabeza sobre malas ideas de lo que le había pasado a Ami, por su pequeño descuido.
—¡Flores! ¡llevé sus flores frescas y maravillosas! —arrugó un poco la nariz al sentir el olor dulce que emanaba de las rosas, el cual hacia que le dieran náuseas. —¡Son perfectas para regalar! —miró a la mujer que las vendía, la misma de la que había escuchado sobre lo del callejón.
Llevo una mano a su boca y otra a su nariz, intentado por todos los medios evitar vomitar ahí mismo. Apurando el paso para alejarse lo más rápido posible de ese olor.
Cuando había llegado al callejón —el cual no quedaba demasiado lejos del puesto de rosas, donde se había encontrado anteriormente. —, no pudo evitar sentir un gran temor por todo su cuerpo, al ver un cuerpo pequeño tapado de arriba a abajo con una gruesa manta azul. Pobre criatura.
–¿Segura que quiere verlo? —asintió con la cabeza ante la pregunta del policía. Aunque la verdad es que ella no quisiera que levantarán la manta por ningún motivo, la sola idea de que fuera su hermana le revolvía el estómago. —Muy bien, pero por favor evite respirar demasiado. El cuerpo produce un olor asqueroso.
Se mordió el labio inferior nerviosa, mirando como él elevaba la manta lo suficiente para ver una maraña de pelo castaño.
Oh, no podía ser cierto.
Todo empezó a girar a su alrededor, no. No lo podía creer, se negaba siquiera a hacerlo. No era posible que fuera su hermana pequeña.
—No, no, no, no. —susurro mientras empezaba a agitarse, viendo con atención cada movimiento que hacía el oficial para terminar de quitar la manta. —No, por favor, deténgase. No quiero ver, no quiero. —su voz había salido más como un grito ahogado, impidiendo que el policía pudiera siquiera saber que había dicho.
Sus ojos se empezaron a llenar de lágrimas, haciendo que todo fuera borroso ante su vista.
No debía creer que era su hermana solo porque el pelo de la víctima era castaño, tal vez realmente estaba exagerando las cosas por los nervios, ¿no?
—¿Me puede dar algunos detalles de la víctima? —trago en seco, pidiendo mentalmente que no fuera Ami, que no fuera su hermana pequeña por nada del mundo.
El oficial asintió con la cabeza hacia su dirección, mientras se encontraba concentrado en poder quitar por completo la manta. —;Claro, la criatura tenía el pelo castaño, como usted se podrá dar cuenta. De estatura pequeña, y grandes ojos rojos. —terminó de quitar la manta, mostrando al chico que se encontraba desnudo y con los brazos abiertos alado de su cara. —Pobre niño.
La lastima que tiñó el tono de voz del policía no pasó desapercibida ante ella. Aunque su mente se encontraba más concentrada en la palabra «niño» y al chico desnudo que tenía enfrente de sus ojos.
Un niño, era un niño y no una niña. ¡Que suerte tenía de que no fuera Ami!
Inhaló con fuerza, llenando sus fosas nasales con el podrido olor en descomposición que el cuerpo del niño soltaba a su alrededor en grandes cantidades.
Gran error.
Arqueo su cuerpo con ganas, expulsando todo el contenido que no poseía adentro de su estómago.
—¿Se encuentra bien, señorita? —preguntó el oficial al darse cuenta que llevaba rato hablando con el mismo. Y que ella se encontraba demasiado concentrada vomitando.
—Si. —respondió después de un rato, mientras limpiaba lentamente los posibles residuos que quedaron en su boca. —Me hayo bien.
Demasiado bien, a decir verdad.
–¿Y bien? —la impaciencia de Uta hizo que por accidente el celular de Kukai resbalara de sus manos y empezara a caer, hasta golpear con fuerza contra el suelo. —¿La a hayado ya?
—No tengo ni la más mínima idea. —murmullo mientras se agachaba y recogía su móvil. Soltando un suspiró de alivio al darse cuenta que nada le había pasado a este. —Lo más probable es que no. Ya que si ya la hubiera encontrado se hubiera comunicado enseguida con nosotros para decirnos.
—Cierto. —susurró, antes de sentarse en la banca y tomar entre sus manos su rubia cabellera.
La noche en París era tan bella y deslumbrante, que podía emitir un aura de romance y tranquilidad. Aunque para la joven pareja de japonés era imposible sentirla, no cuando los nervios se los comían vivos. El solo hecho de pensar en la preocupación que recorría en el cuerpo de la que consideraban su hermana menor, les ocasionaba que no lograrán cerrar aunque sea por un momento los ojos.
Hacía al menos un día después de que Amu se había comunicado con ellos para decirles que había perdido a Ami, y desde entonces no habían tenido ni una sola notificación sobre cómo iban las cosas haya.
—Debería llamar a Ikuto. —se apresuró a decir, sacando de manera torpe el celular de su bolso. —Le vendría bien algo de ayuda a Amu, ya sabes como se pone cuando esta preocupada por algo. No descansa hasta poder estar tranquila, en este caso sería; Buscando a Ami, hasta encontrarla.
Empezó a teclear de manera rápida sobre la pantalla del celular, siendo detenida por la mano de su esposo, el cual la miraba con una sonrisa implantada en su rostro, intentando por todos los medios calmar los alterados nervios de su novia.
—Relajate, cariño. —enredó sus manos con las de ella, logrando al fin obtener toda la atención de su esposa sobre sus palabras. —Todo estará bien, te lo prometo. —alzó un mechón rubio detrás de la oreja de la chica. —Y aparte quiero a tu hermano lo más alejado de Amu. —gruñó, siendo traicionado por los celos que se habían apoderado de su sistema. —Y hablo enserio.
La risa escandalosa de la rubia solamente lo hizo enojar más. No era para nada gracioso lo que el había dicho, mucho menos cuando se trataba de Amu y chicos, en la misma oración. Cuando el decía que quería a alguien lejos de la que consideraba su hermana menor, él hablaba enserio sobre eso.
—¡Kukai, no me lo puedo creer! —logró decir aún contagiada por la risa. —¡Ichituso y Jamuchita son como primos! ¡es más! ¡te puedo asegurar que son considerados parientes! —río con más fuerza al ver el ceño fruncido de su otra mitad, cuando escucho decir los apodos que ella le había dado a ambos. Esta bien, lo aceptaba; Sus apodos eran un asco.
—No lo creo. —bufo. Al parecer su cariño, había olvidado varias cosas.—Sabes a la perfeccion qué la familia de Amu y la mía, no son parientes por ningún motivo. —la interrumpió antes de que ella pudiera decir algo. —;Nuestros padres se hicieron tan amigos durante la primaria, que decidieron que sus hijos iban a hacer igual de amigos que ellos. Lastima que Amu nació varios años después de todos nosotros. Así que en otras palabras, no somos nada. Y eso significa que nadie vería mal nada, si tu "hermano" decidiera coquetearle a mi hermana.
Entre cerró con más fuerza la frente. La sola idea de alguien coqueteandole a ella le desagradaba tanto, que ya estaba matando a esa persona en su mente. ¡Pobre del chico que decidiera enamorarla! ¡terminaría muerto en manos del castaño!
—Que sobre protector eres Kukai. —se burló, sintiendo algo de lastima por Amu. La cual era considerada como la hija menor de la familia Souma, ocasionando también que sea vista como la hermana más chica de todos los hermanos de su esposo —que eran como unos 7—,y también por el mismo mencionado. ¡Ocho chicos que eran capaces de golpear al imbécil que tomará el valor de acercase a Amu! —Ahora si me lo permites, querido. Tengo que llamar a Ikuto, para que ayude a Amu.
En algún momento de la conversación, su esposa había logrado librarse de las manos de Kukai, los cuales habían estado sosteniendo los suyos la mayor parte del tiempo.
—¿Qué? —abrió los ojos. —¿Vas a llamarlo a él para que la ayude? —Maldición. Gruñó al ver a la dueña de su corazón asentir varias veces. —No lo harás Uta. Así que detente de una vez.
Demasiado tarde.
Antes de que el logrará quitarle el celular de las manos, ella había presionado con gran euforia el botón a llamar.
Un suspiró brotó de su boca mientras se tiraba encima del enorme sillón negro de la sala, mientras tomaba de entre sus manos su móvil.
Se encontraba cansado, somnoliento y confundido. —aunque la última cosa era más por la reciente llamada que había recibido de su hermana mayor. — La noche anterior no había podido dormir más que por unos minutos, por causa de la pequeña —de nombre Ami. — que a cada momento lo levantaba por el fuerte sonido de su llanto.
La gente mentía cuando decía que solo los bebés lloraban por la noche. Al parecer los niños también lo hacían.
Elevó su brazo hasta lograr tapar sus ojos de la molesta luz que se empeñaba a no dejarlo dormir, a pesar de lo cansado que se encontraba.
Había conseguido dormir a Ami después de tanto esfuerzo de su parte, lo cual había sido algo difícil ya que no dejaba de llamar por su hermana a gritos, en cada momento, para luego llamar a una tal Amu. Que él desconocía por completo quien fuera.
El insistente sonido del timbre y golpeteo de la puerta, lo obligaron a levantarse y dirigirse hacia a la entrada con paso lento y torpe.
Malditacea quien fuera el que no le permitía descansar.
Amu literalmente estaba apunto de dar una patada a la puerta que tenía enfrente de ella.
Apartamento #158, quinto piso. Ubicado en los mejores departamentos de la cuidad, los cuales se encontraban cerca de su casa.
Demasiado cerca.
Después de haber visto el cadáver del niño, había escuchado por parte del policía que hace poco el encargado del parque de diversiónes le había avisado que habían abonado a una niña ahí y que un joven había decidió hacerse cargo de ella en lo que la persona responsable de la criatura iba a buscarla. El alivio fue casi instantáneo.
Por lo mínimo no había caído en malas manos su hermanita.
Cuando fue al parque, el guardia de seguridad de este le había afirmado toda la información que el oficial le había dado a ella, y a cambio le había soltado un poco más sobre lo que habría pasado si aquel joven no hubiera salvado a la niña de las manos de ese pervertido. Después de eso ella le había preguntado sobre cómo era el aspecto físico de la criatura, a lo que él había respondido que era idéntico al de ella, solo que más infantil e al instante le había otorgado la dirección en la que se encontraba la pequeña.
Y ahí estaba ella; esperando que la persona imbécil del otro lado de la puerta le abriera.
Ikuto abrió la puerta con total lentitud, antes de alejarse un poco al ver como esta se abría de una patada. Mostrando a una joven de rizado y largo cabello castaño, y ojos mieles.
La misma chica que había visto en el supermercado la otra vez.
—¡Como te tardas en abrir una jodida puerta, imbécil! —chilló, antes de pararse recta y caminar hacia adentro sin una invitación previa. —Soy Hinamori Amu; hermana mayor de Ami. Y vengo por ella.
Hinamori Amu, Hinamori. ¿De donde le sonaba el nombre?
—¡Hermana! —el gritito agudo detrás de él, le hizo saber que la pequeña se había levantado. —¡Hermana, hermana! ¡Amu!
Vio como la niña se tiraba encima de los brazos de su hermana, completamente alegre. Antes de que la mayor se desmayara en el suelo provocando que la menor cayera en pánico.
Arrugó el ceño.
¿Era enserio? ¿desmayarse?
Suspiró. Adiós a su idea de descansar, ahora tendría que calmar a Ami y cuidar de la hermana mayor de esta.
~ La boda ~
Se que no tengo perdón por no haber actualizado en todo este tiempo. La verdad es que no me sorprendería si ya nadie lee este fic.
Pero la verdad es que sucedieron bastantes cosas en ese período.
Y es que ya tenía todos los fics concluidos y guardados en mi memoria. La cual cayó en manos de la que en ese entonces era mi amiga y ya no pude hacer nada para recuperarlos.
Y por ese motivo se pueden dar cuenta que la historia está cambiada. —lo voy a hacer también con las demás a su debido tiempo. —. Y bueno, espero que si ahí alguien leyéndola por lo mínimo deje una señal que le agrado. (aunque sea un punto :0).
Pero si no la ahí lo comprendere. Es mi culpa al fin y al cabo.
Because I am change my all history's?
(Porqué estoy cambiando todas mis historias?)
—Perdonen por la pregunta en inglés, es que me fue fatal en el examen, ×saque un 2 en el examen. × (logre aprobar la materia con un ocho este mes) y ocupó practicarlo un poco—
Simple, tengo el temor de que mi actual ex-amiga las haya publicado y me notifiquen de plagio. Cuando la historia es mía, en realidad.
:(
Yo y mis preocupaciones desde tiempos inexistentes. XD.
Gracias a Lacie Baskevelli y a Ai Tsukiyomi. Puesto la verdad llevaba tiempo sin darme una vuelta por esta historia y me alegro ver que no estaba tan abandonada. Y espero —si es que todavía continúan leyendo este fic que tarde años en actualizar. —, les haya gustado el Cap. —si es que lo leyeron :3—
