Hielo 11: Agenda
Todos miraron acusador a Sinbad algo atrapado, su sonrisa era forzada al estar arrinconado en esa oficina demasiado pequeña para su gusto en un ambiente que lo obligaba a retroceder, cabe decir que era más mérito de su segundo al mando que del adolescente a su lado-no lo tomen así- expreso rendido pero algo confundido.
Alzando la barbilla demasiado estricto con su postura irritado -es un niño, no merece tal trabajo- airado expreso Jafar.
El rey parecía solo en esa lucha cuando miro por apoyo por lo cual bajo un poco los hombros pero dispuesto a defender su punto -es un príncipe, será entrenamiento- aclamo buscando en los ojos de su más seguro aliado.
-Él ya tiene suficiente, no lo dice pero lo sé... es pequeño, ya fue suficiente con permitirle pensar que el solo podía detener todo esto- Alibaba parecía convincente y protector desechando las esperanzas del rey.
-Y eso que no había contacto hasta el día en que despertó- se quejó Sinbad internamente, viendo la actitud del rubio para un chico que trato como si hubieran sido conocidos desde pequeños.
-Dejarlo pensar de esa manera- negó con un suspiro cansado el peliblanco, cubriendo sus manos para alzar intensamente sus ojos a su líder.
Era verdad, cuando despertó... hablando de esa manera culposa delante de todos ellos, quizás era una cosa buena su estado inestable por la enfermedad, era seguro no se abriría hasta que sea tarde.
Pero el rey de los mares no estaba de acuerdo por esa actitud de ambos -Lo sofocaran- aclamo demasiado en serio sus ojos eran intensos y acusadores -el mismo se molesta al ser tratado como un niño-apretó los labios los otros no podían refutar esa parte -No lo traten así-
La boca de ambos se abrieron de respuesta y aunque no lo dijeran, ambos pensaban en lo hipócrita cuando fue el primero en tratarlo de esa forma… cerraron de golpe pero la mirada del rey no titubeo, se hacía más intensa.
-Es un niño- aclamo airado Jafar alzando su dedo -se le debe consideración- fulmino a su rey, Alibaba estaba un poco acobardado por la mirada aguda del múltiple conquistador.
-Un prodigio- aclamo el peli morado con mortalidad, consciente de los rumores en el entorno al pequeño -uno que merece participar en todo esto- dio un desplante desde su altura cruzando sus brazos ahora tintineantes de joyas.
-Está recuperándose- Alibaba contradijo cuando encontró su propia voz.
-Entiendo sus malestares- el rey suspiro espantando su actitud oscura volviendo a una consoladora, ligera risa suave -quizás ni participe activamente- ideo para calmar a sus cuestionadores.
Pero Jafar tenía la sospecha, conociendo a Sinbad sabía que Toshirou estaba en su mira… esto no era por consideración, era para probar en un ámbito más administrativo el alcance del chico… su rey estaba probando al prodigio ahora que sabía sus habilidades.
Bajo la mirada el segundo, sus réplicas muriendo al ceder al capricho del peli morado… algo que este sabia, aunque el rubio no parecía percatarse de esa discusión donde la victoria ya estaba dicha.
-No se preocupen, estoy seguro que Toshirou estará bien- insistió el rey de los mares con certeza, una actitud confiada que alumbro al joven en esa habitación.
-Bien, entonces supongo que no será nada malo- Alibaba parecía comprar fácilmente esto, afirmo en dirección a su héroe con confianza en que no haría daño que su sobrino estuviera viéndolos trabajar aunque ya era muy entrado los acuerdos… seguro y sin subestimarlo, no les entendería (el todavía no entendía la mayoría).
-Sus tutores hablan muy bien del chico- aplaudió Sinbad, causando al peliblanco apretar su mano por dicha investigación sin consultarle -es aplicado y muy inteligente- alababa ocasionando un malestar en Jafar no detectable en su rostro neutro.
Alibaba rio -por supuesto, cuando lo conocí tuvo una discusión con un comerciante y gano- recordó esa vez con Budel.
Ambos lo miraron largamente -en serio- fue el rey con sorpresa.
-Por supuesto- aclamo orgulloso el rubio -aunque…- inclino su cabeza con duda, los adultos esperaron expectantes -arrojo una joya que pago los daños- provoco que los escuchantes parpadearan por tal detalle.
Al parecer siempre había algo que aprender, la astucia de Sinbad brillo en esos momentos compartiendo una mirada cómplice con su segundo por tal insinuación -si el niño tenía riquezas…-
-No significa nada- corto el peliblanco, el rubio no parecía captar cual era el problema.
-Está bien, pero hay la posibilidad- con terquedad dijo el peli morado una sonrisa ladina se dibujó al cruzarse de brazos.
-No se encontró nada- volvió a decir el segundo con los ojos cerrados de manera demandante, su postura rígida.
Sinbad rio -cierto, puede que sea casualidad- cedió pero sus ojos decían otra historia, por su parte Alibaba miro entre ambos… se encogió de hombros dispuesto a ignorar las sospechas de los adultos.
XXXXX
Toshirou miro su habitación con aburrimiento, era temprano por la mañana de Baldad y en su mente ya trabajaba en una agenda para el día, porque hoy sería el ideal para dejar esa cama además de restaurar su fachada estoica.
Se quitó las sabanas con cuidado, todavía mirando el entorno como en espera que alguien saliera a detenerlo (Jafar como siempre)... suspiro de alivio cuando nadie vino, no es como si pudieran detenerlo el día de hoy... pero el sujeto en sí, tenía una tenacidad para lograr que lo obedecieran.
No lo dice porque lo haya hecho, aclarando… pensó con aprensión.
Si tan solo Matsumoto fuera trabajadora como lo era ese segundo de Sindria, no se quejaba de su teniente... todavía tenía sus puntos buenos, pero era obvio que el adulto responsable era la segunda opción en una escala fuera de lo visto en un vasallo.
Se levantó sintiendo el destensar de sus músculos que le provocaron un ligero fruncir de ceño, debía alimentar su entrenamiento para ponerse al corriente... la debilidad no era una opción aunque esta era inducida por la falta de movimiento.
Busco sus zapatos con la vista, para localizarlos acomodados justo al lado de su cama... luego su ropa con diligencia, era gratificante verla acomodada... era quizás su lado pulcro y ordenado pero todo estaba en su lugar.
Luego de hacer su cama, se vistió para iniciar su día.
Su faja color turquesa, sus pantalones holgados color gris y su camisa con mangas largas en una apariencia noble pero sencilla... se miró satisfecho, aunque prefería los colores negros, estos no fueron permitidos por su padre.
Al pensar en él, en Sahbmad su rostro se volvió melancólico, pero negó... poniendo su mejor mascara de indiferencia, aquella que titubeo por culpa de su enfermedad y debilidad.
Aunque respeto y agradeció las atenciones del nervioso fallecido, no podía llorar tanto tiempo la pérdida... pero aun esa calidez desconocida en su tiempo de Shinigami, quizás su hermana o su abuela se lo ofreció... o hasta ese molesto de Ichigo… pero diferente, tan diferente.
Suspiro para ir a donde su único mueble descansaba, era pequeño en apariencia pero abrió su cajón donde solo eran inocente papel o pluma con algunos pendientes escritos, notando que tenía tarea pendiente y dudaba que sus instructores regresaran.
O si murieron.
Se encogió de hombros con frialdad, paso de esta fachada diligente para hacer unos movimientos de ligero kido... reiatsu azul centellaba de la punta de sus dedos, sonrió al ver los símbolos brillar en identificación abriéndole un pasadizo en ese mueble.
Ahora un cajón más profundo con riquezas acomodadas, piezas de oro y joyerías diversas también algunas monedas del mismo metal... pero su atención era un pequeño saco en específico, que saco para revisarlo levemente.
Una pulsera, tobillera y tres anillos... cada uno brillando en reconocimiento, hasta había algún tipo de sentimiento de enojo en ellas -lo siento... lo siento, pero si los llevo será obvio- se disculpó con prontitud poniéndolas en la palma de sus manos.
La calidez era palpable, suspiro de alivio sintiéndose mas fuerte... era un pequeño truco que aprendió, su reiatsu era malo en grandes cantidades y casi el descontrol le había costado su cordura pero los djinn ayudaban a mitigarlo o anivelarlo.
-Gracias Señores y señorita- agrego con una sonrisa ligera llena de respeto… se sentía algo traidor con Hyorinmaru en aceptar la ayuda de los djinn pero no podía negar la tranquilidad que dan a su reiatsu.
Las joyas brillaron cómplices, el frunció el ceño severo -no, es cuestión de orgullo- regaño ante las voces que el solo escuchaba de reclamos airados por el desuso -se eso- cedió un poco exasperado -ya tengo suficiente interés como para mostrarlos- amonesto más seriamente.
Era verdad, primero fue Judal con su ataque cobarde que lo hiso mostrar algo de sus artes, luego estaba su kido con ese gigante azul para cerrar con broche de oro en su casi desestabilidad durante el djinn negro.
-Estaré bien- agrego con su rostro serio -solo… no esperaba que me afectara tanto- cedió ante la insistencia de sus contenedores… pensar en su padre ahora fallecido, solo traía un dolor bastante conocido… no podía ceder a la idea de su apego.
-Aun a su manera, el me quiso- decirlo en voz alta era bastante inquietante, sus ojos querían lagrimear pero espanto la idea sentimental, miro sus joyas con un aprecio bien oculto a causa de su verdadera preocupación… como si fueran parte de su cuadrilla, aunque él no los deseaba esos fueron tercos para obligarlo a llevarlos consigo.
-No dañe a nadie- advirtió con ligero alivio, sus ojos vagaron ligeramente por la ventana en un suspiro para volver su atención a los objetos de su mano que expedían comprensión, temía salirse de control y el rukh no ayudaba.
Pero a su manera, aunque no lo pareciera… el miedo seguía ahí en lo profundo de su corazón, uno que supero al no congelar el reino por completo… tenía sus ventajas la debilidad.
Sus sentidos captaron a alguien acercarse dentro de su perímetro, lanzo un sonoro suspiro y miro sus joyas dando una ligera inclinación de despedida para ocultar estas pertenencias prontamente.
Sello con diligencia para desaparecer justo cuando su puerta se abrió.
Alibaba busco en el entorno confundido al notar lo ordenado que estaba tan temprano (para el), mientras Jafar daba un barrido molesto a la habitación.
XXXXX
La armería era algo surtido, un espacio confinado con una ventana donde la luz ingresaba orgullosa a iluminar los diversos filos o herramientas bajo la mirada crítica del antes shinigami.
Este entro con paso ligero, tomando la espada que llamo su atención para analizar el acero con experiencia y balancearla ágilmente en prueba de peso, su ceño se profundizo tratando de anivelarla sin embargo no estaba satisfecho… con un suspiro la dejo en su lugar para pasar a la siguiente.
Sus manos menudas traían una espada elegante, sus ojos brillaban astutos al verla contra luz -General Barkak… buen día- saludo aun sin voltear mientras hacia una estocada de prueba, sacándole un suspiro decepcionado.
El general abrió sus ojos al ver al pequeño ahí, pero negó para volver a una actitud amable -buen día, joven príncipe- expreso con diligencia entrando a la armería -es bueno verlo con bien- agrego… este solo dio un desplante de reconocimiento por tal pregunta.
Para el soldado era agradable ver al chico levantado, si… estaba preocupado por las aparente ganas de ponerse a trabajar, pero tampoco amonesto porque respetaba al joven príncipe… cuyo título acababa de ser restablecido durante la mañana, algo que este seguramente no sabía que le habían revocado -veo que no encuentra nada de su agrado- indico.
Un movimiento de sus muñecas con otra espada, negó con vehemencia al dejarla con amonestación en el pedestal-la última fue difícil de encontrar si no fuera por ese sacerdote…- gruño con ira reprimida, pero negó… también había tomado una cualquiera durante su fiebre, pero esta no resistió.
Barkak entonces ingreso por completo, desapareciendo en el fondo donde había otra puerta pesada… por su parte Toshirou siguió su diligente inspección gruñendo por lo bajo la pérdida de tiempo que le estaría llevando.
Barkak salió con una pesada caja de madera pulida -joven príncipe- llamo para que este volteara con un ligero arqueo de ceja por lo que traía entre manos -hecha por los mejores herreros y el metal más resistente… fue mandada a hacer por el virrey- el tono era solemne al ponerla sobre una de las mesas, el chico parecía estatua viéndolo como si trajera algo inaudito, esto le provoco una sonrisa consoladora -venga- apremio.
Toshiro dio pasos ligeros sus ojos no vacilaron ni se movieron de la gran caja, su silencio era extenso aún más de lo normal.
El general dio un vistazo al niño a su lado, aunque en el exterior parecía neutro… la emoción era notable en sus ojos suavizándole el gesto endurecido -el sabia de sus dificultades con las espadas… la verdad pensamos que era una cosa extraña que alguien como usted pudiera rasgar armas tan duras con facilidad…- acepto riendo cuando los turquesa le dieron un desplante - él hubiera querido dárselo con una fiesta privada… pero…- no tuvo que terminar la oración, ambos sabían las dificultades que pasaron y la distancia familiar con el rey solo empeoro esto.
Las manos del adulto destaparon mostrando una espada larga con su filo algo delgado a lo normalmente manejado en el reino… sin embargo tampoco era del estilo katana, con un mango estrecho con tiras de cuero blanco, quizás tan alto como el príncipe pero no importaba en los ojos del general… era obvio que esto no impedía un buen manejo para el experto prodigio.
Con cuidado el antes shinigami la tomo mirando la luz del sol filtrado brillar en contra, palabras de orgullo talladas en la base del filo causándole un nudo en su garganta al balancearla con aprobación -gracias- su tono era neutral pero eternamente agradecido.
Barkak sonrió -de nada… y feliz cumpleaños, aunque este haya pasado- concluyo con orgullo al entregar la funda que descansaba dentro de la caja, una cosa azul de alta calidad con el nombre saluja tallado en ella también.
Acomodándoselo en la espalda y enfundando con agilidad el arma otorgada, la neutralidad de nuevo en el rostro juvenil -gracias, General Barkak- se inclinó en respeto humilde -también agradezco que no haya dicho nada-
La risa bonachona del general -por supuesto, advertí a todos que no dijeran nada a los "invitados" sobre su cumpleaños- acepto fácilmente -sin embargo, tengo la sospecha que el señor Jafar es otro asunto- aclaro con un brillo sospechoso.
Un gemido irritado, pasándose la mano por el rostro sin embargo no le extrañaba pero tampoco le importaba los motivos de tal conocimiento -sin embargo nadie ha ido a molestarme, por lo cual- se encogió de hombros también agradecido sabiendo la actitud de su nombrado tío y todo ese montón de gente entusiasta a un nivel más allá de Matsumoto.
Ahora sabiendo que era su cumpleaños, no quería lidiar con la molestia enerva nervios de una fiesta.
Ambos se miraron con gracia, el adulto más evidente que el pequeño este salió de la armería yendo al sitio de entrenamiento cercano… esquivando ágilmente las áreas donde detectaba alguno de esos invitados se encontraban.
No quería toparse con ellos tan temprano en la mañana.
XXXXX
Fue a medio entrenamiento que noto sus presencias pero no se molestó en voltear a reconocerlos, su concentración en la estocada final para hacer un arco con el filo y enfundar su espada ligeramente, cerrando sus ojos al soltar un gran suspiro.
Aplausos fueron escuchados -eso fue impresionante Toshirou- era Sinbad con una sonrisa alegre al filo de su asignado campo de entrenamiento, sus ojos centellaban al acercarse ahora con sus brazos cruzados en su pecho de manera descuidada.
Los turquesa lo fulminaron con irritación -Hitsugaya- corrigió negando con aprehensión al notar el tono confiado.
Un silbido de apreciación -un gran espadachín a tu edad- sacudió sus manos pasando fácilmente de la reprimenda, su sonrisa nunca vacilo -haría a mi general temblar ante la perspectiva de tu crecimiento- agrego pícaro.
El peliblanco volteo los ojos por tal comentario pero se abstuvo de alguna ingeniosa respuesta, ya era mucho soportar la mirada dorada llena de jovialidad.
-Buen día, joven príncipe- por su parte Jafar apenas se ponía al lado del rey con el saludo correspondiente, mirando al niño desde su altura olfateando el entorno para inclinarse en interés -espero que no se esté esforzando- sonrió amablemente pero por su aura, la sutil amenaza estaba inyectada.
El joven arqueo su ceja en una actitud ajena nada tocado por tal comentario, solo cruzo sus brazos indiferente con un toque de reto -Deje de preocuparse- agrego con advertencia -No es asunto suyo- corto con un suspiro.
Jafar tuvo un temblar de ceja -lo es, usted debe estar bien… sería malo una recaída- contradijo sin su sonrisa vacilar.
-Sería mi responsabilidad- los turquesa estaban lejos de ceder, ya fue mucho permitirle la libertad que se tomó durante su estancia en la cama.
Un ligero tic en la comisura de los labios de esa sonrisa -no puedo permitir eso, no bajo mi supervisión- aclamo calmadamente.
-Una que no se le solicito- expreso ácidamente el niño.
-Pero debo tomar, usted no puede llevar esa carga- la tranquilidad era forzada en el asesino.
-Pero la llevo porque ahora puedo- lo inexpresivo estaba rompiéndose en un fruncir imperceptible de la ceja blanca.
-No debo permitirlo- el adulto replico.
-Quien le dio esa responsabilidad- el niño indico con monotonía.
-Yo la tome por iniciativa-la sonrisa nunca vacilo en el segundo de Sindria.
-Agradezco su preocupación, ya hiso suficiente- el duelo de miradas inicio en una situación donde ambos no iban a ceder al otro.
-Chicos- llamo el que miraba eso con una sonrisa forzada, sin embargo dio un paso hacia atrás al ser doblemente fulminado -no, ustedes sigan- balbuceo no dispuesto a ser el daño colateral de este choque de temperamentos.
Que el rey en serio esperaba desde el inicio.
El duelo de miradas silenciosas prosiguió mientras el rey Sinbad miraba de un lado a otro dando sonrisas ocasionales a quienes pasaban, ambos con sus posturas rígidas de manera testaruda sin embargo fue el asesino quien desvió su atención a la espada en cuestión.
-Es un arma hermosa la que dejo el virrey para usted joven príncipe- exclamo más ligeramente, sus ojos volviendo al rostro neutro del niño quien cedió su propia hostilidad.
Moviendo la funda para lograr traerla enfrente mostrándola a los presentes, sus gravados de la casa Saluja presentes que el rey de los mares aprecio con cierta experiencia sobre la calidad -gracias- expreso sinceramente.
-Feliz cumpleaños- agrego Jafar ante la exclamación ahogada de su líder por tal sorpresa, viendo al niño como si hubiera hecho algo inaudito (que en este caso, era la nula emoción de regalos por dicho festejo)-en verdad, lamento que haya sido durante todo el alboroto- su gesto era de culpa.
Los turquesa se levantaron de su herencia para mirarlo sospechoso -como obtuvo dicha información- su tono era frio pero firme.
La temperatura bajo un poco, provocando tensión pero Jafar no cedió simplemente sonrió con nostalgia.
-Eso no importa-corto al ponerse en su altura, su expresión neutra -ahora, si me disculpa… Sinbad- se inclinó en sumo respeto para alejarse con tranquilidad.
-Bien, eso es extraño- murmuro dicho rey con cierta aprehensión, luego volteo al pequeño -Pero es o fue tu cumpleaños….- aplaudió entusiasta el gemido de dolor de su acompañante fue ignorado -esto debe celebrarse, ya casi eres un hombre- tomo esos hombros para envolverlo y mirar a un horizonte donde muchas posibilidades se abrían para el adulto… el otro solo pensaba que si lo congelaba ¿sería señalado como único sospechoso? Quizás.
XXXXX
Aladdin reía al momento en que jugaba con unos niños en el puerto, estos platicaban animados de su pesca del día exitoso detallando en grande desde el inicio de su jornada, para los ojos inocentes del peli azul.
Sentados en círculos en el vil suelo, siendo observados por algunos comerciantes… para el magi era tan brillante el rukh de estos, que parecían haberse mantenido al margen de todo el conflicto junto con sus familias.
El motivo de tal hecho, cuando casi todos los barrios pobres habían estado involucrados… era su firme confianza en el príncipe Toshirou, ahora nombrado prodigio de Baldadd.
-Es que nuestro hermano es muy sabio- dijo una chiquilla chimuela con afirmación voraz, miro el entorno con vergüenza y un pequeño sonrojo.
-Solo porque tienes un enamoramiento- alguien acuso, todos estallaron en risas cómplices.
-Entonces les ayudo- pidió Aladdin con curiosidad.
Todos volvieron su atención al extraño que llego preguntando su experiencia con el príncipe al enterarse que eran amigos -no- dijo el mayor con una sonrisa -dijo que si nos ayudaba, entonces ¿Cómo íbamos a sobrevivir sin él?-
Aladdin abrió sus ojos en comprensión, sonrió ligeramente ante tal astucia y sabiduría.
-No vivir de limosnas- agrego otro del grupo balanceándose en su asiento.
-Nos enseñó a valernos por nosotros mismos- otro más apunto, todos afirmaron.
-Luego se lo llevo el virrey- se encogieron de hombros de manera unánime.
Todos suspiraron por el recuerdo -el seguía supervisándonos después de eso-
-Pero ya tenía más responsabilidades- murmuro otro con cierta rabia.
El silencio vino, para el magi era asombroso tal efecto aunque pequeño… todavía tenía cierta consecuencia, miro más allá del pequeño grupo… todos animados en ayudar en la reconstrucción, los rumores de su príncipe… la esperanza creciendo por la voluntad de Alibaba.
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Sinbad gruñía airadamente dando pisotones en torno al palacio, había tomado el día libre justo cuando se enteró de la festividad pasada con la intención de tomar al chico y salir a divertirse en el reino, sabía que era un niño… PERO HASTA ALADDIN SE APUNTO… pero de alguna forma se le escapo.
Siguió pisoteando no sin darle sonrisas coquetas a algunas mujeres del servicio, entonces se topó con Alibaba en la vuelta de un pasillo quien al verlo se acercó -lo encontraste- pidió.
Este negó con un jadeo de cansancio -ese niño, es como si nos sacara la vuelta- agrego airado.
Ambos se miraron ante tal sospecha de la búsqueda infructuosa en todo el palacio -no creo- desecharon en monotonía, no creyendo que el chico fuera tan malo o bueno escondiéndose.
Se separaron sin detenerse a observar como con tranquilidad Morgiana caminaba a través del pasillo con una torre de papeles y una expresión nula.
XXXXX
Morgiana colocaba la torre de papeles sobre la mesa, ella no cuestionaba como termino en esa situación pero tampoco pregunto… solo miro aquella oficina improvisada a la que entraba, era una cosa alzada en medio de la biblioteca.
Su mirada en su actual acompañante quien no esperaba la solicitara-Los de la izquierda son acuerdos recientes- agrego monótona al que estaba en el escritorio leyendo algunos traídos con anterioridad.
-Gracias, señorita Morgiana- mascullo concentrado Toshirou, suspirando con negación -estos acuerdos están muy restringidos… se necesita un poco de libertad en ambas fronteras para ser satisfactorio-
La fanali se posiciono al lado del asiento, con sus manos detrás de la espalda como Jamil le había enseñado, pero no cedió ante el recuerdo amargo de su "jefe" solo observo al niño trabajar con una experiencia que no cuestiono.
Y era por esto que Toshirou busco a la Fanali, interrumpiéndole su jornada de ayuda entregando alimentos a los necesitados.
Tenía la impresión que era de confianza, callada y que le ayudaría sin cuestionarle o entregarse a sentimentalismos innecesarios, acertando de manera maravillosa.
Mover papeles del centro de negociaciones de Baldadd hasta su actual escondite para una revisión profunda de los avances para la reformación, hasta el momento se está centrando en el comercio pero pronto entraría en el ámbito político delgado.
-Ellos están buscándole- su tono sin emociones interrumpió, ella miro al chico que suspiro.
-Espero que no haya dicho dónde estoy- pidió volteando a verla inexpresivo.
Negó con sencillez -no preguntaron- agrego aburrida.
Una sonrisa satisfecha, Toshirou suspiro de alivio -toma asiento, señorita Morgiana- agrego al centrarse en sus papeles.
Ella afirmo mirando por encima con cierto esfuerzo para desviar su atención hacia el frente después de un tiempo para ver a través de la ventana el día maravilloso que no le importaba perderse.
Esto fue notado por el prodigio -sabe leer- pidió de la nada, no era un insulto pero esa mirada era conocida de alguien cuya imposibilidad era obvia.
Morgiana volteo en su dirección -nunca fui enseñada- agrego sin una pizca de vergüenza, pero bajo la mirada ante memorias de Jamil burlándose de ella.
El noto la postura rígida, suspirando por su nulo tacto -Puedo enseñarte- ofreció la chica lo miro con sorpresa -estas ayudándome, es lo mínimo que puedo hacer por ti- sonrió con diligencia.
-No quiero molestarlo- la pelirroja entono algo mortificada.
Por supuesto el shinigami negó -sé que eres muy inteligente, puedes con eso mientras yo sigo trabajando- se encogió de hombros como si no hubiera problema, ajustando su agenda puede ayudarla entre sus horarios administrativos -aunque soy un tutor exigente- arqueo una ceja por la reacción.
Ella lo miraba con sus ojos abiertos, una ligera lagrima queriendo salir pero su rostro inmutable que casi ponía incomodo al antiguo capitán -yo… agradecería- aseguro con una sonrisa dulce.
Toshirou sonrió con la misma confianza agradecido de que las emociones se hayan mantenido a raya… era bien sabido… más por Matsumoto que no tenía la delicadeza con las damas, sin saber que para la joven fanali era la primera vez que alguien la alababa y depositaba la confianza en su inteligencia más allá de su fuerza física.
Algo que la toco muy en el fondo.
XXXXX
Cuando Jafar entro a la biblioteca con la sospecha en sus ojos de que su objetivo estaba en ese territorio, la agilidad de sus pasos para no ser escuchado aunque sabía el niño podía saberlo desde antes… una sospecha… pero que crecía verdadera al saber por Sinbad que no lo encontraron durante el día.
La noche estaba enfriando el entorno, con sus estrellas a través de las ventanas de la biblioteca, entre sus manos traía la cena para dos personas… sabiendo que había alguien ayudándolo, negó equilibrando los platos y el postre.
Se escucharon murmullos que no se detuvieron aun cuando fueron visibles para él, ahí parado al lado del pizarrón era Toshirou explicando con experiencia la gramática básica de las oraciones… sentada cual alumno diligente era Morgiana que miraba concentrada hacia su dirección.
El niño se movía como un maestro que llamo la atención del asesino por el aire escrupuloso que expresaba, dando un vistazo al trabajo de la niña -excelente Señorita Morgiana, esto es solo lo básico… pero todo se empieza por algún lado- alabó.
Afirmando la niña miro entre el pizarrón para luego anotarlo en una hoja -trata de no tomar con fuerza la pluma, solo lo necesario…- opino poniéndose a su lado -toma la postura que más se te acomode…- agrego -no, señorita Morgiana… no es necesario que escriba como yo, cada uno desarrolla el tipo de escritura que nos define- se acercó para inspeccionar, sonriendo orgulloso -para ser un primer día y sin oportunidad de practica…- miro a la fanali poniendo el papel en la mesa -es un buen avance- aplaudió.
Era sorprendente como leía a la inexpresiva fanali, más la labor que estaban ejecutando… no pudo más que sentirse orgulloso de la tarea de enseñarla tan evidente que se le olvido hacerse notar.
-Buenas noches, señor Jafar- saludo Toshirou levantando su atención hacia él.
Olvidando un poco lo enojado de no descansar del todavía convaleciente a su vista, el asesino entro por completo en esa sala donde parecían habían estado trabajando durante el día.
Los ojos de Jafar con agudeza captaron los trabajos, suspirando ante lo acertado de su rey en sospechar de la inteligencia del niño… otra fase de su "prueba" superada con creces de su objetivo nuevo.
Pero lo paso por alto para limpiar un espacio con agilidad y poner los alimentos -coman, ya que se han pasado la cena- amonesto.
Ambos se miraron, la fanali obedeció y el príncipe entrecerró sus ojos acusadores por el evidente cuidado.
-Por favor, joven príncipe- aclamo con calma Jafar sabiendo el motivo de su primer desacuerdo, posicionándose al lado de la mesa que acomodaba no sin notar con sorpresa los diferentes títulos que se estaba topando, rio un poco divertido sabiendo el motivo de documentos desaparecidos cuando Alibaba y Sinbad rendidos se fueron a trabajar.
Sin embargo ahora más evidente que en verdad, su rey tiene la razón en tener al niño a la vista… tuvo un hueco en su estómago, pero lo agolpeo fuera de la mente.
Toshirou no quería consentir ante los cuidados de alguien a quien le aseguro no se los pidió, pero el hambre le recordaba lo descuidado que estaba siendo con su salud -bien- cedió sentándose plácidamente.
El los vigilo en sus alimentos, aun durante este los consejos del shinigami a la fanali eran otorgados no sin un tinte de experiencia que abrumo al antes asesino… esta los aceptaba agradecida muy a pesar de la expresión de piedra.
Pronto un bostezo lo acompaño -podemos seguir mañana- irrumpió la pelirroja ganándole el plan al adulto en la sala.
Toshirou la miro, pero siendo ella afirmo -creo que si- expreso limpiándose uno de sus ojos, un gesto inocente.
-Alguien puede suplirte en tu lugar, Morgiana- Jafar ofreció llamando la atención de ambos niños, este sonrió consolador -no será impedimento de tu aprendizaje- se excusó.
-Pero…- la joven parecía dudosa, como si tal opción no fuera posible para ella -yo quiero ayudar- indico monótona.
Toshirou bajo la servilleta con la que se limpiaba -puedo ajustar el horario, dedicándome a la papelería en tu ausencia… podre desocuparme y de esta manera dedicarme a ti cuando vengas- expreso como agenda.
Jafar quería replicar por lo pesado que se oía todo esas responsabilidades, tuvo que morderse para no hacerlo por lo dedicado del niño.
Los ojos de la fanali eran suficiente para matar las quejas del asesino, más en el entusiasmo de alguien de la gran raza característicos por lo distante (si mazru no era ejemplo suficiente).
-Llevare los platos- se ofreció Morgiana al ponerse de pie, dando una inclinación y un ligero -hasta mañana- para salir de la biblioteca con una actitud ajena.
Los peliblancos se quedaron viendo en silencio, el niño poniéndose de pie para acomodar algunos papeles -Puede no decirle al rey y a Alibaba de este lugar- pidió como quien no quiere la cosa.
Jafar lo miro -no le diré, se lo molestos que pueden ser- agrego siendo el principal motivo por el cual desvió cualquier intento de esos dos por llegar a la biblioteca, mas sabiendo sus planes de festejo.
-Gracias por desviarlos- agrego Toshirou cómplice, dando a conocer que el sabia de dicho trabajo del adulto.
Este rio por ser atrapado, pero también curioso de tal alcance pero desechándolo a favor de suavizar el gesto -de nada-
Un largo bostezo de Toshirou -lo siento- murmuro por lo bajo acomodándose su espada en la espalda con fluidez, comenzando su camino hacia su habitación siendo custodiado por Jafar el cual recibió una mirada mordaz al tomarse dicho deber, pero no se perturbo.
Pronto sin embargo, alguien entro a la biblioteca después de que se fueron… mirando la mesa bien ordenada de papeles… cruzo sus brazos y una sonrisa demasiado presuntuosa -todo un prodigio- dijo satisfecho más por los apuntes en hojas al azar separando documentos del comercio, político y presupuestos.
Sinbad aunque estaba algo frustrado de su día de fiesta boicoteado, por "el" sabía que el niño estaba en la biblioteca todo el tiempo por más que Jafar lo desvió en aparente éxito, también al notar la falta de documentos en la oficina donde Alibaba buscaba como loco aun a esta hora… solo su interés aumentaba, pero también sus ojos se llenaron de una oscuridad.
La soledad de esa biblioteca, el viento soplan de vez en cuando para ser escuchado por sus agudos oídos en un ambiente que combinaba con el cambio radical del descuidado rey.
El rostro jovial lavado por uno desprovisto de emociones, la mirada aguda y una línea recta de sus labios -tan prometedor, sin embargo… aun tu cuna humilde es una cosa con la que debes luchar, mi buen Toshirou- exclamo más para sí mismo en esta prueba impuesta a su parecer.
Como el en algún momento de su ascensión.
XXXXX
Cuando Toshirou paso de la puerta de su habitación no sin un sinfín de recomendaciones de su escolta para descansar, miro entre la oscuridad con su ventana firmemente cerrada… sin embargo habia alguien ahí.
-Me ahorraste el trabajo de buscarte- expreso al dar unos pasos sin miedo a sus aposentos, saliendo entre las sombras Aladdin ofrecía una sonrisa ligera -mi agenda ya está muy ajustada- ofreció al dirigirse a su ropero donde busco ropa para dormir.
-Gracias por ayudar a Morg- el niño magi expreso al saltar a la suavidad de la cama ignorando el desplante de regaño por tal libertad tomada.
El prodigio desecho -sin embargo no vienes por eso- acuso al encararlo, quitando su espada para ponerla al lado de la cama.
Los ojos del magi brillaron en sabiduría pero un poco de culpa -tenemos que hablar- agrego.
-Por supuesto- estuvo de acuerdo, pues aunque nadie parecía notarlo… para el shinigami era obvio que el niño enfrente de él, tampoco era alguien inocente.
No con esa mirada de sabiduría de algún shinigami, suponiendo que vio tanto durante su estancia con ese secuestrador.
XXXXX
Fin del capitulo.
