Canción para una Noche de Lluvia
por Mie Ame
Capítulo 03: Punto de Rocío
El teléfono dentro de su bolsillo sonaba y se agitaba pidiendo atención. Takeru, una vez habiéndole pasado sus medicinas a Nadine, se disculpa para revisarlo. Es un mensaje de Ken.
¿Podemos vernos? Se lee en la pantalla. Takeru no puede evitar sonreír.
Claro. Responde inmediatamente. ¿Nos vemos en tu casa?
La respuesta tarda en llegar. ¿Te parece si mejor quedamos en el Digimundo?
Está bien, ahí estaré. Acepta Takeru de buena gana. ¿A qué hora estaría bien?
Salgo de trabajar a las 6 de la tarde. Explica el otro hombre a través del dispositivo.
Te veré ahí. Contesta el rubio y vuelve a guardar el apartado en su bolsillo.
— ¿Sucede algo? ¿Quién era? — pregunta Nadine con curiosidad, pues no le pasó desapercibida la pequeña sonrisa en el rostro de su esposo.
— Era Ken. — contestó sin vacilar el hombre. — Quería saber si me gustaría que nos reuniéramos un rato por la tarde. —
— ¡Oh, eso es maravilloso, cariño! — exclamó la mujer con felicidad. — Es perfecto para que te despejes un poco de todo el trabajo que has estado realizando aquí en casa. Yo me ocuparé de hacer las cosas que están pendientes, tú divierte. —
En efecto, aquel había sido un día ocupado: después de preparar el bentou para Nobu, Takeru hizo un poco de aseo en la casa, fue al supermercado a comprar los ingredientes para la comida y se sentó un rato a acompañar a su esposa a ver una película en la televisión, luego cocinó antes de que Nobu regresara de la escuela e incluso preparó un rico postre para su familia, lavó la ropa y se puso a hacer algo de investigación para su nuevo libro. Ver a Ken sería la perfecta forma de olvidarse por un momento de todas las cosas que aún tenía por hacer, y relajarse un poco de las exigencias de la vida cotidiana.
Esa tarde, Takeru abrió el portal al Digimundo desde su estudio para ir a ver a su amigo. Una vez en el mundo digital, fue al lugar de reuniones de los elegidos, en donde esperó pocos minutos hasta que Ken apareció por el horizonte que comenzaba a teñirse de tonos violetas, justo del color del cabello del joven hombre que se acercaba, dándole un aire de misterio muy interesante.
Sin decir palabra alguna, caminaron hacia la pequeña casa a orillas del bosque que los digielegidos solían utilizar para sus reuniones en el Digimundo. Una vez dentro, Takeru se encargó de preparar café para ambos y sacó una caja de galletas del cajón de provisiones que tenían ahí. Llevó todo hasta la pequeña mesa de la sala, en donde Ken lo esperaba, notoriamente alterado.
— ¿Ocurre algo? — la pregunta del rubio logró sacarlo de una concentración profunda.
— ¿Eh? Ah… No, nada, estoy bien. — fue la titubeante respuesta de Ken.
Takeru tomó asiento a su lado y, soplándole un poco a su café para enfriarlo antes de beberlo, añadió. — Ese "nada" suena a mucho. —
Ken suspiró. ¿Por qué sería que, tanto Hikari, como Takeru, podían leerlo tan bien?
Cuando le mandó el mensaje a Takeru, había tomado la resolución de ponerle fin a la situación que se había venido suscitando con el rubio esas últimas veces en las que había pasado tiempo a solas con él pero, en ese momento, estando a su lado, lo único que quería era ser capaz de rozar su mano, acariciar su mejilla o entrelazar sus dedos con aquellos rodeando la taza ajena… toda la determinación que tenía, se había esfumado. Tenerlo ahí, junto a él, sólo para sí, sin nadie más presente que le recordara que aquello no estaba bien, le hacía muy difícil trazar la línea entre lo correcto y lo que por mucho tiempo había estado ocultando, inclusive a sí mismo. Takeru le atraía, sí, mas no era sólo en términos físicos, esa sensación estaba acompañada por un sentimiento que no recordaba haber experimentado hacía mucho tiempo.
Tras un prolongado silencio, la voz de Ken sonó suave e indecisa. — Creo que… estoy... enamorado de ti. — confesó el detective, sus palabras llenas de pesar.
Sonriendo melancólica e irónicamente, Takeru agregó. — Lo haces sonar como una noticia digna del fin del mundo. —
— ¡No estoy bromeando, Takeru! — exclamó Ken disgustado. — Esto es serio. ¿Qué no comprendes? Estamos casados. Tenemos esposas e hijos. ¡No podemos hacerles esto! —
— ¿Entonces piensas vivir mintiéndote a ti mismo y a Miyako eternamente, por el resto de nuestras vidas? — replicó Takeru manteniéndose en calma. — ¿Crees que eso es justo para ella? ¿Para ti? ¿Para nosotros? —
— Pero no hay ningún "nosotros", Takeru. — objetó Ken.
— Podría haberlo, — argumentó Takeru volviendo a tomar un sorbo de café para dar una pequeña pausa. — si nos das la oportunidad. Tú mismo lo has dicho, estás enamorado de mí. Yo también estoy enamorado de ti, Ken. —
— ¿Cómo puedes decir eso? — preguntó Ken angustiado. — Tu esposa… ella está… —
— Muriendo. — sentenció Takeru con seriedad, serenamente. — He tenido tiempo para hacerme a la idea de que Nadine ya no estará con nosotros, que su partida será pronto y que no existe nada en el mundo que yo pueda hacer para evitarlo. Nadine y yo lo hemos hablado; Nadine espera que yo pueda encontrar a alguien que me haga compañía cuando ella se haya ido. Sabe que la soledad no es lo mío. —
— Pero… ¿Por qué ahora? ¿Por qué conmigo? — preguntó Ken, incrédulo. — Me cuesta creer lo que dices que sientes por mí. ¿Qué no eres feliz con ella? Tienen un hijo juntos… —
Takeru dejó ver nuevamente una sonrisa triste. — Nunca creí que el sentimiento pudiera llegar a ser mutuo entre tú y yo; que pudieras lograr corresponder lo que siento por ti. Fue por eso que, cuando comenzaste a salir con Miyako, decidí marcharme por un tiempo. Fui a visitar a mi abuelo en Francia y me permití abrirme a las posibilidades, en todos los sentidos; conocí a nuevas personas, amplié mi círculo de amistades, salí con algunas personas y, sin proponérmelo realmente, me enamoré de Nadine. Por mucho tiempo la amé, sí, y Nobu es sincero producto de ese amor. Pero siempre he tenido un sentimiento especial hacia ti, Ken, desde que éramos un par de adolescentes y, a pesar del pasar de los años, no se han desvanecido. Más que eso, creo que ha crecido. Esa noche, en la azotea… no sé cómo explicarlo, pero en tu mirada pude ver la posibilidad del "nosotros". En parte fue el alcohol, pero no puedo escudarme del todo en su influencia, sólo puedo culparlo de ayudarme a tomar la decisión consiente de ir por todo en ese momento. Por mucho tiempo esperé algún indicio de que pudiéramos tener algo juntos. Sé que tu matrimonio no es lo que solía ser, Miyako se lo ha confesado a Nadine, ella dice que pasas más tiempo fuera de casa que con ellos, poniendo de excusa al trabajo. Lo que yo pienso es que ya no te sientes igual en esa relación y por eso la evitas. Créeme, no me gusta ésta situación más que a ti; entrometerme entre Miyako y tú… ambos son mis amigos. Si supiera que su matrimonio es pleno… que eres feliz con ella, jamás lo habría hecho. Pero para mí, esta es una oportunidad que no quiero perder. —
Ken permaneció boquiabierto durante la explicación de Takeru. No se habría podido imaginar que el rubio hubiera ocultado por tanto tiempo aquello que sentía por él. Jamás se había percatado de sus sentimientos. ¡Qué buen detective que resultaba ser!
Takeru retiró la taza de manos de Ken y dejó la propia a su lado en la mesita. Suavemente, procurando no arruinar el momento, acarició con cariño la mejilla del otro hombre, quien cerró los ojos disfrutando del suave tacto de su compañero. Recorrió su barbilla, subió por sus mejillas hasta sus párpados y luego regresó a sus labios, reconociéndolos, grabando en su mente cada uno de los detalles de su fisionomía. ¡Vaya! ¡Ken era hermoso! Bajó la mano por su cuello, consiguiendo arrancarle un ligero gemido al apuesto detective. Llevó con cuidado su mano a la nuca del moreno, entrelazando sus dedos con listones de cabello obscuro y aprovechó la posición para acercar a Ken hacia sí y así robarle un beso apasionado, que fue correspondido de inmediato. Al separarse Ken abrió los ojos y lo miró directamente.
— Nos iremos al infierno. — comentó el moreno con la respiración agitada.
— Podremos estar juntos allá también. — Takeru sonrió, viéndose triunfante, dándole un casto beso. — Además, yo no creo en el infierno. —
Ken movió la cabeza de un lado al otro, mas no pudo ocultar una pequeña sonrisa asomándose en sus labios. — Eres imposible. —
Esta vez, Ken tomó la iniciativa, arrojó sus brazos alrededor del cuello de Takeru y ambos cayeron en el sofá besándose apasionadamente. Pronto se encontraron en el suelo, escurriendo de café al haber volteado el líquido sobre sí mismos cuando golpearon una de las patas de la mesita en una de sus luchas por el dominio de la situación.
Ken suspiró, esa sería una mancha difícil de explicar. — Vamos, iremos a casa de mis padres a lavar la ropa y tomar un baño. No podemos regresar con nuestras esposas en éste estado. —
Takeru asintió y siguió a Ken. — ¿Entraste desde casa de tus padres? —
Ken volteó a verlo con cierto aire de tristeza y culpabilidad. — Es cierto lo que dices. Tiene meses, quizás hasta un par de años, que no me siento cómodo durmiendo en casa con Miyako… —
Takeru asintió en comprensión. Tomó la mano de Ken y continuaron su camino.
Entraron por la pantalla de la computadora en la antigua habitación de Ken. Hacía muchos años que Takeru no visitaba aquel lugar. Le traía tan buenos recuerdos de las reuniones que hacían cuando eran chicos, en compañía de sus compañeros digimon; Daisuke y Veemon siempre haciendo tonterías que tenían a todos sus amigos al borde de las lágrimas riéndose a carcajadas, la dulce Hikari y Tailmon siempre atentas de cuidar de sus amigos, Iori y Armadimon manteniendo el equilibrio entre todos, y Miyako y Houkumon entusiastas y positivos hasta el cansancio…
Ken fue a su armario y buscó ropa que pudieran ponerse en lo que lavaban la que llevaban puesta. Le dio a Takeru una playera y un pantalón deportivo, disponiéndose a abandonar el cuarto para darle algo de privacidad. Sin embargo, dudó por un momento, tiempo que el rubio aprovechó para arrinconarlo contra la pared, besándolo nuevamente. El sutil olor a café que emanaba de sus cuerpos, y se intensificaba con el calor que irradiaban, sólo conseguía excitar sus sentidos. Con gran esfuerzo, se separaron, arreglándose para volver a casa.
Un par de horas más tarde, Takeru se encontraría camino a casa, portando una sonrisa incuestionable, sintiéndose el hombre más feliz del mundo.
Hacía varios días que Ken no regresaba a casa, así que ese día, cuando llegó del trabajo, sus hijos exigieron su atención hasta caer dormidos.
— ¡Papá, papá! — exclamó el pequeño Ryouta. — Cuéntanos a Aiko y a mí un cuento. ¿Sí? ¿Sí? —
— Anda, papá, ¡di que sí! — apoyó su hermana mayor.
Ken en realidad se caía de cansancio, pero se dejó guiar por sus hijos hasta la habitación que los pequeños compartían y, una vez preparados dentro de las cobijas, les contó las aventuras de los niños elegidos en el Digimundo. Una vez se durmieron, los arropó y salió en puntillas de la habitación. Miyako se había encargado de dormir a Hiroto, su hijo más pequeño, así que la casa al fin se encontraba sumida en paz y quietud. Después de tomar una rápida ducha, Ken se dirigió a la habitación que compartía con su esposa, esperando encontrar a Miyako dormida, pero no fue así.
— Ken, cariño, — susurró Miyako para no despertar al bebé que dormía en su cuna en el mismo cuarto. — Mañana es el cumpleaños de mi padre y los niños y yo estábamos pensando en prepararle un pastel y llevar algo para cenar con mis padres. ¿Crees que podrás llegar a tiempo para acompañarnos? —
— Mmmm… Eso espero. — respondió Ken, un poco incómodo al ver a la mujer acostarse a su lado y rodearlo con un brazo.
Miyako, inconsciente de la incomodidad de su esposo, comentó pícaramente. — ¿Ya te vas a dormir? —
Ken aguantó por un momento la respiración dejándola salir en un suspiró profundo. Esa noche, no disfrutó la compañía de la mujer a su lado, todo el tiempo se sintió mal consigo mismo por mentirle, y tuvo que pensar en la tarde con Takeru para evitar que su esposa sospechara lo que ocurría. El remordimiento y la culpa no lo dejaron dormir, así que decidió no volver a casa la noche siguiente; saliendo del trabajo, iría al apartamento que le dejaron sus padres.
Yo sé, yo sé, tardé mucho en actualizar… ¡Lo siento mucho!
Tenía planeados cierto número de capítulos para ésta historia (cinco, de hecho), pero después de leer el comentario de Kaede me quedé pensando que tenía razón, se sentía muy rápido el ritmo y luego, intentando reacomodar el tempo, ya no quedaban las ideas que tenía en un principio, después tuve un bloqueo de escritor y, para continuar, llegó octubre, que es un mes muy ocupado para mí porque es cumpleaños de mi hijo (el 30 de octubre) y hay que organizar fiesta, o celebración, familias, amigos, disfraz de Halloween, Día de Muertos, etc, etc… Bueno, ya se darán una idea.
Quería terminar éste fic para finales de año, pero dudo que eso vaya a suceder. -_-
Respondiendo a los reviews:
Kaede: Como comentaba, traté de arreglar el ritmo, espero que ya no lo sientas tan rápido en los siguientes capítulos. :P
Y sí, ya salió Hikari y por ahí hacen su aparición en el siguiente capítulo Jou-senpai y Yamato-nii, aunque básicamente estaremos manejando a los Ichijouji y Takaishi, puesto que ellos son los protagonistas (y porque no se me da mucho eso de manejar múltiples personajes a la vez… entré más son, menos en carácter los logro escribir).
Chia: No te preocupes por el tiempo que te tomas para comentar o leer, más pena me da a mí tardar en subir nuevo capítulo.
¡Oh, suerte la mía! De todas las enfermedades en el mundo, y vine a escoger una con la que estás familiarizada. Perdóname mucho. Si lo prefieres, la puedo cambiar.
El departamento está ahí por una razón, y es que no quiero involucrar a los niños en el asunto. Igual en algún momento podrían irse a un hotel o algo así… ya veremos.
Yo creo que, a pesar de que Takeru ame a Ken, siempre tendrá un cariño muy especial y fuerte por Nadine. En realidad nunca dejas de querer a al padre o madre de tus hijos, por muchos problemas o rupturas que haya.
Por el momento eso es todo.
Nos vemos en el siguiente capítulo, ¡y espero sus reviews!
