Canción para una Noche de Lluvia
por Mie Ame
Capítulo 04: Cumulonimbus
Unas cuantas semanas habían pasado, sus encuentros fortuitos eran cada vez más frecuentes y excitantes, a veces en el departamento de Tamachi, otras, en algún hotel del amor en el centro de Tokio. La vida parecía sonreírles, a pesar de todo lo que ocurría. Para Ken, de quien Miyako había sido su única pareja, ésta nueva relación que había empezado a cultivar con Takeru implicaba una atípica novedad que le llenaba el estómago de mariposas. Takeru, que siempre estuvo enamorado de él, veía por fin cumplido el sueño de estar a su lado.
No obstante, la salud de Nadine empeoraba con el transcurrir del tiempo. Poco a poco más evidente físicamente; su cuerpo dejando de obedecerla, la frustración que esto le causaba, contenida en sus pálidos ojos, siempre intentando mantenerla a raya, por el bien de Nobu. Aunque, por supuesto, Nobu era listo, y había veces que Nadine no podía evitar preocupar a su hijo.
Ken escribía su reporte de aquel día, "Sin eventualidades", dispuesto a dirigirse al departamento que llevaba alojándolo por unas semanas, pensando si sería un buen momento para invitar a Takeru a cenar, cuando su teléfono sonó. Se trataba de un mensaje del rubio.
Internaron a Nadine. Hospital Internacional de St. Luke, habitación 305.
Ken se apresuró a terminar sus pendientes y tomó un taxi que lo llevara directamente al hospital. Al llegar, ya se encontraban ahí Yamato y Miyako, quien había dejado a los niños con sus padres para poder ir al hospital a ver a Nadine. Takeru llenaba los papeles de ingreso, al mismo tiempo que hablaba con un doctor sobre la situación de su esposa. El detective se acercó una vez percibió que el rubio había terminado los procedimientos que lo ocupaban.
— ¿Qué sucedió? — preguntó Ken, poniéndo una mano en el hombro del otro hombre, en señal de apoyo.
Takeru intentó tragar el nudo que se había formado en su garganta.
Yamato, quien también se había acercado a su hermano, respondió por él. — El daño en las neuronas motoras está avanzando rápidamente. Nadine ya no puede controlar sus piernas y comienza a perder el movimiento en sus brazos. El doctor estima que en las próximas semanas perderá el movimiento de todas sus extremidades permanentemente. Y, al parecer, ella le ocultaba a Takeru que comenzaba a tener dificultades para masticar y tragar sus alimentos. Tendrán que internarla para poder monitorear el avance de la enfermedad de ahora en adelante. No es algo que pueda hacerse en casa. —
Tras unos momentos más acordando ciertos detalles con su hermano con respecto a las próximas semanas, Yamato se retiró para recoger a Nobu de casa de los padres de Miyako y llevarlo con su abuela, quien se encargaría de cuidar al hijo de Takeru. Él se reuniría más tarde con ellos para explicarle a Nobu la situación de su madre.
Miyako fue la primera en entrar a ver a Nadine una vez estuvo estable. Ken buscó a Takeru, quien se había retirado a la escalera de emergencias para estar sólo. El rubio se encontraba sentado en los escalones, sus codos en las rodillas, y la cabeza apretada entre sus manos. Ken se sentó a su lado y pasó un brazo sobre sus hombros. Por un largo rato permanecieron en silencio, Takeru permitiéndole que lo consolara de esa manera, cálida e impersonal a la vez.
— La estoy perdiendo, Ken. — susurró Takeru, pero ésta vez, no había lágrimas en sus ojos, sólo frustración en su voz al saberse derrotado, impotente ante el inminente desenlace que se aproximaba.
Ken, por su parte, sintió un tirón en el corazón al percatarse de la posesividad que aún le profesaba Takeru a su esposa. Pero no era momento para estar celoso. — Todo va a estar bien... Yo sigo aquí contigo. —
Takeru lo besó. Necesitaba hacer tangible lo que Ken le aseguraba.
— Todo estará bien. — murmuraba Ken una y otra vez, en los momentos en que Takeru se separaba para tomar aire. — Aquí estoy. —
Un par de semanas después Ken, había invitado a Takeru a su apartamento para ayudarlo a distraerse de la preocupación y los desvelos por tener a su esposa hospitalizada. Comenzaron viendo una película en la televisión de la sala, pero habían terminado besándose, ignorando por completo la pantalla que permaneció iluminada. Una cosa llevó a la otra y al final, eran un par de cuerpos ardientes palpitando como uno sólo.
Takeru trazó el labio inferior de Ken con el pulgar, el moreno dejó salir un gemido casi inaudible. Todavía vestidos, intentaban a toda costa de borrar el espacio que aún había entre sus cuerpos. Solos, en aquella obscura habitación, era inútil tratar de contener el deseo que sentían el uno por el otro. Lo que había empezado con un extraño acercamiento, había logrado desatar un tumulto de sentimientos, contenidos todos esos años en los que habían negado la atracción mutua.
Entre un beso y otro, Ken comenzó a desabrochar los botones de la camisa de Takeru, quien hacía lo propio con la prenda del detective, reclamando de vez en cuando su pálido cuello. Blanca tela voló y cayó sobre la madera del piso, mientras que otra quedaba colgando de la mesita de centro. Probablemente podrían haberse movido de la sala a una de las habitaciones, pudiendo tener más espacio en una cama, que en el sofá, pero la idea jamás cruzó por sus mentes. Lo único en lo que podían pensar ambos hombres era en las fascinantes sensaciones que experimentaban en los brazos del otro, y los recovecos que esperaban ser descubiertos y conquistados.
Ken dio la vuelta, posicionándose sobre Takeru, sus piernas a ambos lados de las caderas del rubio, tomando así el control. Entrelazó sus brazos al rededor del cuello del escritor y lo besó con fervor. Takeru lo apretó contra sí, ávido de sentir cada centímetro de piel ajena tocar la propia. Sus respiraciones eran aceleradas, pero sincronizadas a la vez, al igual que los latidos resonando fuertemente en sus oídos. Palabras susurradas e inteligibles, que pasaban de los labios del moreno para derretirse en la boca del rubio.
En la cocina, un celular repicaba en mudo frenesí dentro del bolsillo de una gabardina abandonada, completamente ignorado por los amantes en la habitación de al lado, que demostraban con acciones lo que sus corazones sabían años atrás que sentían, desdibujando el espacio entre ellos, ahogándose en pasión, fundiéndose ansiosamente en un sólo ser de amor, deseo, entregándose completamente al otro, despintando así la tenue línea entre lo correcto para los demás, y lo correcto para ellos.
Jou regresaba a casa después de un congreso al que había asistido en Odaiba. Caminaba hacia la estación para abordar el último tren con destino a su hogar, cuando una curiosa escena llamó su atención. En cualquier otra ocasión, no le habría dado importancia, pero reaccionó al reconocer a uno de sus amigos protagonizar dicho evento. Confundido por lo que veía, decidió dar parte de la situación a quien podría indagar más y hacer algo al respecto.
Al día siguiente, por la tarde, Yamato se encontraba golpeando enérgicamente la puerta del apartamento de su madre, en busca de una respuesta.
— ¿Podrías tratar de no hacer tanto ruido? — pidió Takeru abriendo la puerta, e invitándolo a pasar. — Estoy intentando que Nobu haga sus deberes antes de que mamá llegue, ya que le prometió llevarlo a ver esa película de la que lleva meses hablando. —
Yamato observó a su sobrino concentrado resolviendo algunos problemas matemáticos en su libreta. Volteó a ver a su hermano seriamente. — Bien, hablaremos cuando se vayan. —
Natsuko no tardó mucho en llegar, llevándose a Nobu para cumplir con la actividad prometida, aunque preocupada al ver el semblante de su hijo mayor.
— ¿Qué sucede hermano? ¿De qué quieres que hablemos? — preguntó Takeru, mientras preparaba un poco de té.
— Jou me habló anoche, — comenzó el mayor tomando asiento. — estaba muy preocupado. —
— Bueno, eso, hasta cierto punto, es normal en el superior Jou. — comentó Takeru conteniendo una risita. Se le notaba de muy buen humor, incluso a pesar de que Nadine llevaba hospitalizada ya unas semanas.
Yamato decidió ir directo al punto. — ¿Estás engañando a tu esposa, Takeru? —
El aludido se quedó de una pieza ante la pregunta. Cuando por fin reaccionó, volteó a ver a su hermano con el rostro de quien ha visto a un fantasma.
— ¿Cómo...? — no lograba dar forma a las palabras para contestar.
— Te lo dije, Jou se comunicó conmigo. — respondió Yamato, controlando su ira. — Me contó que te vio llegar cerca de aquí en un taxi, y que ibas acompañado de alguien. Dijo que eso no le sorprendió, lo que lo tomó por sorpresa fue que al salir del vehículo, te vio volverte para besar a la persona que te acompañaba. No pudo distinguir de quien se trataba, pero tomó la sabia decisión de contactarme de inmediato. —
La habitación se quedó en silencio por un largo rato. Yamato se encargó de romperlo. — ¡¿Qué rayos estás pensando?! —
Takeru movía la cabeza de un lado a otro, incrédulo, mientras la tetera tiritaba en sus manos. Jamás pensó que sería descubierto, mucho menos por el superior Jou o suhermano. La alegría que lo había embargado hasta entonces debido a su encuentro fortuito con Ken la noche anterior, se desvaneció y fue reemplazado por incertidumbre.
— ¿Quién es ella? ¿La conozco? — preguntó el mayor con severidad. — Por favor, dime que no es Hikari Yagami... o alguna de nuestras amigas... —
Takeru negó con la cabeza una sola vez antes de dejarse caer en la silla del lado opuesto de la mesa, derrotado. — No es tan sencillo. No... no lo entenderías... —
— ¡Haz la prueba! — exclamó Yamato perdiendo la poca paciencia que le quedaba. — Intenta explicarme ¡¿cómo es que se te ocurrió que era una buena idea engañar a tu esposa, cuando ésta está a unos pasos de la muerte?! —
— ¡Yo no planeé sentirme así en éste momento, hermano! — se defendió Takeru. — Es cierto que mis sentimientos por él no han cambiado desde que éramos unos adolescentes, pero eso no quiere decir que lo que siento por Nadine haya menguado. Es sólo que... —
Yamato escuchaba la confusión palpable en las palabras de su hermano, pero un detalle saltó a su atención. — Espera, espera, espera. ¿Él? —
— Sabes perfectamente que soy bisexual. — contestó Takeru ofuscado.
— Creí que eso había terminado cuando te casaste y tuviste un hijo. — comentó Yamato confundido.
— Uno no deja de ser uno mismo al casarse y tener hijos, hermano. — replicó Takeru ofendido. — Sin importar cuanto tiempo haya pasado, ni nuestras circunstancias, ni nuestras esposas- —
— ¡¿Ese hombre también está casado?! ¿Y tú lo sabías, y aún así estás teniendo una aventura con él? — preguntó Yamato desconcertado. Ya no reconocía en quién se había convertido su hermano menor.
— ¡No lo estoy obligando a nada! — replicó Takeru. — Estoy seguro de que Ken me lo diría si no qui..si..e..ra... ¡Oh, cielos! —
— ¿"Ken"?, como en ¡¿Ken Ichijouji!? — exclamó Yamato a voz en cuello. — ¡¿Qué demonios sucede contigo, Takeru?! —
— ¡Lo amo, hermano, eso es lo que me sucede! — contestó el hombre más joven. — Cada vez que lo veo, cada vez que estoy con él, soy feliz. Por primera vez desde que nos entramos de la enfermedad de Nadine, soy realmente feliz. Sé que no es justo para nuestras esposas, ¡claro que lo sé! Pero estar con Ken... Saber que él también siente lo mismo por mí... Eso para mí vale todo... Incluso irme al infierno, ¡o a donde quiera que sea que creas que me estoy condenado! —
Yamato permaneció en silencio por un largo tiempo, viendo a su hermano sentado frente a él, su pecho elevandose y desendiendo visiblemente perturbado con el esfuerzo de introducir aire a sus agitados pulmones. No estaba ni cerca de aceptar el comportamiento de Takeru y Ken, pero ciertamente podía ver, ahora que conocía la situación, que su relación con el detective estaba salvando a Takeru del derrumbe emocional que seguramente habría tenido, de encontrarse solo. Dio un gran suspiro. ¡Esto era una locura!
— ¿Nadine lo sabe? — preguntó mirando a su hermano directamente a los ojos.
Takeru negó con la cabeza. — No le he dicho nada... Pero estoy seguro de que lo sospecha. Es una chica lista. — una sonrisa melancólica se posó en sus labios.
Yamato volvió a suspirar y miró a su hermano con franqueza. — De acuerdo, no se enterará por mí. Y me aseguraré de hablarlo con Jou. — la seriedad en su rostro se intensificó, si eso era aún posible. — Pero debes prometerme que tú y Ken resolverán las cosas. No pueden seguir ocultándolo para siempre, deben decidir si lo que están haciendo va en serio, o no, y tomar las medidas necesarias, según lo que decidan. — Takeru asintió. — Y, recuerda, Takeru, no importa qué, deben entender que la decición que tomen afectará a más personas, además de a ustedes. —
Yamato se levantó y le dio un ligero apretón al hombro de Takeru en su camino hacia la salida. No dijo nada más, ni siquiera se despidió, sólo salió del departamento, dejando a su hermano debastado, con muchas cosas en la mente.
El sonido del teléfono alertó a Takeru, que no estaba seguro cuánto tiempo había pasado desde que Yamato se había ido, sólo notó que ya había anochecido; pronto, su madre y Nobu estarían de regreso, y él aún no había preparado la cena. El teléfono volvió a timbrar.
Takeru se apresuró a contestar. — Residencia Takaishi. —
— Con el Sr. Takeru Takaishi, por favor. — pidió una voz masculina al otro lado del audicular.
— Él habla. — respondió Takeru, haciendo memoria para reconocer la voz.
— Me comunico del Hospital Internacional de St. Luke, — explicó el hombre. — de parte del doctor Yamada, con respecto a su esposa. —
¡Qué vergüenza la mía!
Más de un año sin subir este capítulo. En mi defensa, tuve un año lleno de situaciones que no podía haber anticipado. Y creo que no fui la única, el foro Proyecto 1-8 estuvo bastante abandonado (al menos en los topics que suelo frecuentar) durante este tiempo... ¡Este año ni siquiera tuvimos Gala!
Pero, bueno, el pasado está en el pasado.
Lamento mucho la tardanza, Chia.
Espero que éste capítulo sea de tu agrado, estuvo un tiempo bastante largo sin terminar, porque no sabía cómo resolver la reacción de Yamato a todo este asunto. Al final, anoche me llegó la inspiración y pude terminar de escribirlo y escribir a grandes rasgos de lo que va a tratar el siguiente capítulo. Quería ahondar más en otros temas, pero creo que esta historia quiere ser algo corta.
Por si aún continúas leyendo este fic, Kaede, sip, por ahí van apareciendo unos personajes más, aunque a veces estén más como cameos, pero algo es algo, ¿no?
Ahora tengo un poco de tiempo por las vacaciones de semana santa, así que espero poder avanzar con el siguiente capítulo y ponerme a trabajar en el fic que le debo a Chia, en donde Ken será un joven modelo de ropa... Ya veremos qué tal me sale eso...
¡Nos estamos leyendo!
