"La casualidad no existe, todo surge de la más profunda fuente del destino."

-Ferrik.

Dos años atrás, cuando la casualidad era inexistente y el desequilibrio presente, cuando él salía al exterior únicamente a contemplar y descubrir una estrella cada noche, ella salía a recibir la vitamina D de los más resplandecientes días. Tenían el mismo cielo, pero jamás las mismas tonalidades. No existía simultaneidad en sus pasos, pero sí en sus caminos. Cuando él venía, ella iba, en direcciones opuestas con un mismo destino.

No había espacio tampoco para la eventualidad.

La vida siempre es cruel de una u otra forma, siempre se ensaña en hacer aprender de la peor manera, pero siempre aguarda el momento del éxtasis en la dicha y felicidad. El cual nunca es eterno y no siempre duradero.

Pero es una compensación, y el cuestionarse por ello es una rara forma de aceptarlo.

Él lo único que sabía del amor, metodológicamente, era que se presentaba en dos partes; el 'pre-amor' y el amor verdadero. El 'pre-amor' daba lugar a los primeros dos años de relación, lo que restaba de esto era considerado el verdadero amor. Si después del 'pre-amor' no quedaba nada, esto era otro elemento en la lista de caprichos humanos obtenidos. Según la teoría del artículo en el que lo leyó hace algunos años.

En cambio, ella del amor tenía experiencia gracias a la práctica. Ella se había enamorado tantas veces en la vida desde temprana edad. Para ella era fácil amar, pero con el paso del tiempo entendió que lo difícil era ser amada.

Había acumulado un sinfín de experiencias, de las cuales concluían no satisfactorios resultados. Pero de todos había aprendido, de ninguno se reprendía, ella entregaba siempre todo a la persona -que según ella- amaba en ese determinado momento, le regresaban siempre un corazón roto y ella se encargaba de repararlo para entregarlo de nuevo a la siguiente persona.

Todo había seguido ese ritmo hasta ese día, ese veinticuatro de diciembre de hace dos años, en esa vieja dulcería artesanal del centro histórico de la ciudad, a las casi 6 de la tarde.

El día del encuentro.

Ella llegó ahí, abatida por prisas y con maldiciones ahogadas en la boca. Él llegó después, con toda la calma y elegancia del mundo.

El destino estaba haciendo su parte y lo estaba haciendo bien; más de dos veces los colocó en el mismo pasillo a escasos metros de distancia. Desafortunadamente, ellos no. Estaban tan sumidos y concentrados en la respectiva búsqueda que, al parecer, se habían olvidado del resto de la humanidad.

Él de vez en cuando dejaba de lado lo que hacía por concentrarse en ese aroma que abundaba por la pequeña tienda... Cerezos. Y ahí no vendían dulces de ese sabor, él lo sabía, era el más frecuente de los clientes.

Fue cuando ambos retrocedieron menos de un paso y sus espaldas chocaron. El choque estelar, el accidente perfecto de sus vidas.

Fue sutil y firme, no podría ser de otra forma. Y con eso fue más que suficiente para perder en ella el agarre de los dulces.

-¡Disculpa!-, gritó ella. Él iba a decir algo más, pero en ese preciso momento se giraron y sus ojos se encontraron, entonces ya no hubo vocablos.

Ya estaba hecho, el evento ya había sucedido. Se habían, por fin, encontrado.

Para Sakura, que no era nada escéptica al tema, fue la casualidad más bella de toda su vida. Para Itachi fue el imprevisto más hermoso y mágico del que pudo ser partícipe, y más aún, estelar.

Un choque estelar que duró casi medio minuto de enajenación mutua, de perdición en los ojos del otro, de contemplación sin palabras.

En la batalla interna de cada uno, para ella, el negro de esos ojos, era el más hermoso, elegante y cálido que jamás había visto, parecidos a unos del pasado, pero jamás igualada esa sensación intrigante. En cambio, para él, esos ojos verdes jades eran la vida que le faltaba... Lo que necesitaba, lo comprendió al ver esa energía natural desprender de esos grandes ojos.

Fue Itachi quien rompió ese transe cuando se agachó a recoger lo que ella había tirado. En ella, la capacidad de seguirle el paso y ayudarle, se le escapaba. Sólo era capaz de observarlo desde su altura.

Fue rápido, más rápido de lo que ella hubiera querido. Había algo extraño esa noche, en ella y en él.

"Son muchas cosas", dijo en un suspiro al retomar posición frente a ella, con la sonrisa más hermosa que Sakura quiso guardar para siempre.

-Lo son, soy malísima para las compras.-, mencionó sincera, con algo de rubor en la cara. Se apresuró a tomar las cosas que él le devolvía.

-No compre estos, es demasiado chocolate oscuro y poco azúcar.

Sakura observó en él cada movimiento de facciones cuando hablaba, a simple vista parecía un rostro estático e imperturbable, pero ella fue capaz de observar un ligero fruncimiento de entrecejo y un sutil aprieto en los labios mientras miraba curioso la pequeña barra de chocolate agrio.

Él se percató de esa atención y ese silencio en ella. Devolvió el empaque a ella y dijo:

-Disculpe, no debí. Es obvio que usted venía por esto y sus razones no deben ser juzgadas...

Nervioso. Sí, y mucho. Lo supo, a pesar de haber sido la primera vez en su vida con esa experiencia, supo que esos atentos ojos sobre él eran poderosos, más que cualquier reto impuesto en su vida.

Cuando ya estaba a punto de hacer una reverencia, la voz de ella lo detuvo.

-¡No!, digo... No es necesario. Te agradezco mucho, en serio, soy malísima.

Se limitó a decirle que si había escogido ese dulce, no había sido por otra cosa más que su bonito empaque. Qué pena.

Hubo otro contacto visual, no tan intenso como el primero, pero sí requerido por ambos. Después ella dijo apresurada:

-Tengo que irme... Feliz noche buena, y gracias.

Fue él quien ahora se quedó en completo silencio. Incapaz de perder de vista esa sonrisa. Tenía miedo incluso de parpadear y perderla de su eje.

Podía ver la luz del día en esos ojos. Parecía magia, y sin entender lo que sentía, supo que tenía que ver esa sonrisa cada día del resto de su vida.

-Ya has hecho mi noche buena.

Dijo en un susurro cuando la vio salir por la puerta del establecimiento, dejando destellos, fiesta y música sin orquesta en su trayecto. Claro, siendo él el único capaz de verlo.

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Continuará...

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¿Qué tal?, ¿algo corto?. Espero leerlos. :)