Still I always, look up to the sky, pray before the down.
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Había perdido la noción de los minutos que había pasado ya bajo ese árbol. Era la noche más extraña de toda su vida.
Si alguien, con al menos la mitad de susceptibilidad que él, se hubiera percatado de su estado y le hubiera preguntado qué pasaba con él esa noche, por primera vez en su vida, el genio Uchiha se hubiera quedado sin respuestas.
Sabía cómo debía sentirse, según los parámetros sociales, sin embargo, sentimientos como la felicidad o tristeza estaban lejos de tocarlo.
Había salido de la casa simplemente porque se estaba asfixiando, era demasiado bullicio y ruido para su inestable estado. Así que salió aproximadamente media hora atrás simplemente a terminarse la copa de vino tinto bajo las estrellas.
Y es que hasta él mismo sabía que la adoración que dedicaba al parlamento era tan fuerte y grande que había sido capaz de brindarle paz por toda su vida. Pero esa noche, en esas circunstancias, dudaba mucho de contar con la misma suerte.
Qué día tan más... Extraño.
No podía catalogarse de otra forma. No existía explicación, y para ser sincero, no la quería.
Un día de altas y bajas, sólo eso... ¡Pero qué bajas y qué altas!
Esa tarde había salido de esa dulcería soñando despierto. Su mundo estático se encontraba girando tan rítmicamente que sonreía con cada paso dado.
Itachi, quien era amante de lo sencillo y fiel admirador del parlamento nocturno, había salido toda su vida con su telescopio a admirar estrellas, pero esa tarde, él supo que su estrella se encontraba abajo, personificada y respirando el mismo aire que él.
Una estrella rosa con contrastes plateados.
Y es que él, primogénito y genio, había dedicado su vida a complacer y superar expectativas. Era esa, la primera vez en su vida, en la que se entregó al deseo de algo. No, mas bien dicho: alguien.
Un mal presagio llegó a él cuando salió del local y miró el cielo gris. Demasiada perfección no era normal. Parecía que el día estaba advirtiéndole de alguna forma que no todo era color rosa... Vaya ironía; su mundo sí se había convertido en color rosa.
Rosa, como ella.
Y no había sido sólo una advertencia. Una triste y tenue lluvia cayó por sólo unas horas cuando él salió del hospital después.
Por una pequeña fracción de tiempo, había sido víctima del cúmulo de sentimientos en él. La vida jamás había sido tan injusta y cruel con él como en esos momentos.
Se sintió mareado y con ganas de vomitar en la misma acera. Tomó asiento en una jardinera y recapituló los hechos y palabras ahí mismo, con las gotas taladrando su cabeza y el cuerpo entumecido de frío.
A ver... Había llegado a ese hospital con la mente inundada en flores de cerezo y planes para volver a encontrarla deseosos de ser llevados a cabo. Había pensado en buscarla, encontrarla y quizás, sólo quizás, invitarle un café. Estaba bien, ¿no?, a él le gustaba el café. También había pensado en su nombre, el cual no conocía. Cerezo, le había bautizado en su mente. Incluso había pensado en hablarle de ella a su mejor amigo esa noche, él era un experto en encontrar mujeres en esa ciudad, quizás lo hubiera ayudado, claro, terminando ese pequeño pendiente. Era cosa de ir por los resultados de los análisis que se había hecho hace semanas.
Pero no resultó así. Todo se complicó bastante, todos esos planes se deshicieron en pequeñas partículas de materia sobre un espacio inexistente.
Como su felicidad.
Había llegado ahí por una renuente tos y salió con el diagnostico de su fatídico estado deplorable de salud. Se moría, con cada respiro.
Y ante eso, él no podía hacer mucho. Le dolía y no tanto por él. Como siempre, Itachi Uchiha preocupándose por el resto antes que él.
Pero aunque su mente divagara por varias partes, la predominante en ellas fue la chiquilla de la dulcería. Entonces sí, ¡cómo dolía!. Dolía como jamás había dolido. Y no pudo evitar pensar en la alternativa situación de esos momentos si ella no se hubiera aparecido en su vida hasta hace unas horas.
Había experimentado una serie de dolores físicos, entre ellos en su pecho, pero nunca uno comparado como el dolor que sufría en esos momentos.
La lluvia cedía, él se estabilizaba. La gente iba y venía con cosas para la celebración de esa noche.
Se levantó de ese lugar y emprendió su retorno a casa. Entendiendo ese día, que se puede tener todo después de nada, para volverlo a perder en un sólo día.
Con cada paso dado, la resignación llegaba a él, su cerebro prodigioso hacía el trabajo excelente de siempre. Y entendió.
Entendió que era su destino. Que quizás debía luchar o quizás ceder, pero en cualquiera de las dos situaciones, él ya no tenía nada bueno qué ofrecerle a esa chica.
Volvió adentro, ya era tarde y los invitados comenzaban a irse. Sólo encontró la escena de los estragos de una buena fiesta, la decoración caída, papeles por todos lados, su hermano desparramado en el sillón de la sala con la elegante camisa bañada en licor. Encontró a su madre bailando felizmente abrazada de su borracho primo y mejor amigo, ella también parecía embriagada, pero reía tan bonito que Itachi no pudo evitar reír también.
—¡Tachi!, pequeño amargado. ¡Ven acá!, aún quedan unas botellas para ti.
Era cómica la escena, pero Itachi ya estaba cansado. Sólo quería subir a dormir y, con la casa en esa situación, la posibilidad de eso se escapaba.
—Deja a mi hijo, Shisui. Es un hombre trabajador y está cansado.— Dijo esta vez su madre, despejando toda duda de su alcoholizado estado por el arrastro de sus palabras.
De cualquier manera, Itachi se preocupó; su madre, aún en ese estado, había sido capaz de ver su débil estado.
Pero dio su brazo a torcer y se dejó llevar. Tomó un vaso de vodka lo suficientemente rápido para alcanzar el ritmo de su primo. Quizás la oportunidad ya no se presentaría de nuevo.
—Miren qué tenemos aquí... Alguien quiere olvidar problemas.— Dijo burlón.
—Cállate.
Las carcajadas de su primos se oían lejanas y el mundo comenzaba a ser inestable bajo sus pies. Él era tan malo con el alcohol como con las chicas. Pero comenzaba a entrar en un estado de relajación emocional.
—Dime qué pasa, primito. ¿Crees que olvidé que hoy recogías los análisis?
—Luego, quiero dormir ya.
Se levantó rápido y casi cae. La bendita pared de alado sirvió como jamás había imaginado que una pared fuera útil. Caminó torpe hasta su habitación y se dejó caer como costal pesado en la cama.
Se permitió pensar en el verso rosa que había llegado y se había ido de manera fugaz de su vida. Pensó en esa sonrisa y esos ojos de sol verde, en ese cabello exótico y en la dulce voz que resonó como música de orquesta en sus adentros.
Pensó en la vida con ella que había diseñado en cuestión de horas. Pensó en que si, por cosas del destino tuviera la oportunidad de una vida duradera, no la desaprovecharía para nada.
'Hubiera sido bonito...', pensó por último.
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Continuará...
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Sinceramente, me encuentro feliz de escribir por fin esto. Espero le esté gustando, me encantaría leer qué opinan al respecto, me ayudarían bastante.
Hasta pronto y saludos.
