Sometimes stars decide to reflect in puddles in the dirt.

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—Uchiha Itachi.

Ese apellido, ¿sería a caso...?

Quizo pensar en un imposible, pero no tenía la certeza, tampoco tenía el tiempo; el corredor del hospital se acortaba y ella no detenía su paso.

El hecho era que ya iba tarde. A la decadente e inútil cafetera no sólo le bastó dejar de funcionar correctamente en el momento menos oportuno, no, sino que aprovechó para dar una ligera explosión y salpicar de producto el uniforme impecable de Sakura. Ahora se le había hecho tarde por haber ido a cambiarse.

Esa tarde cumplía ya medio mes de prácticas en el hospital, y por fin, Tsunade -su madrina y jefa de dicho hospital- la ascendería al área de Oncología.

Estaba emocionada. Sus enfuerzos eran reconocidos y los resultados de dichos ya llegaban; era la única en su generación que lo había logrado.

Pero Sakura, a pesar del máximo coeficiente intelectual en su generación, tenía la peor suerte del mundo. Y ese día, desde sus inicios, había sido la prueba.

Energética, vivaz y explosiva. Demasiado optimista, aún en los peores días, como ese. Era considerada una -casi- excelente médico. Era gentil y su grado de humanidad era sorprendentemente mayor que su inteligencia. Tenía tacto y comprensión, además de una desmesurada pasión por su profesión.

Era luz. Brillo y colores.

Era Haruno, brillante aprendiz de la mejor médico de medio Japón.

'Ojalá también lo fuera resolviendo demoras'. Pensaba siempre tras escuchar esto último.

No, porque nadie en la vida había podido enseñarle a manejar toda esa energía de manera perfectamente coordinada con el entorno. Para ella, los hechos simplemente ocurrían.

Y con 'hechos' se refería a 'percances'.

Percances, muchos de ellos. Pero ninguno tan bonito como el de noche buena.

En aquella dulcería. El efímero contacto que aguardaba en lo más cálido de su corazón. Porque sí, además del mundo de cualidades que ya tenía, Sakura era una mujer romántica.

No importaba la cantidad -gran cantidad- de rechazos que había acumulado a lo largo de su vida, ella sólo necesitaba muy poco tiempo para reparar su alma y volver a entregarla.

Justamente había sido esa noche la que quedaría como prueba de que se puede vivir lo mejor y lo peor del mundo en cuestión de horas.

Había salido con el cúmulo de emociones más hermosas que jamás había experimentado con un completo desconocido, se dirigió a la cena de noche buena (donde seguramente sus amigos ya esperaban desde hace horas) y discutió con su novio. Una discusión mayor a veinte minutos. Después de eso, y ahí mismo, él rompió su compromiso con ella.

¿La razón?, aparentemente ella no había comprado los chocolates correctos.

Esa noche se retiró inmediatamente después del rompimiento, ni siquiera se despidió debidamente y lloró mares en su casa.

Porque así era el 'proceso de reparación' en Sakura; ocasionaba tormentas, huracanes y catástrofes. Desprendía las más intensas vibras y sacaba todo hasta quedar dormida por la pérdida de fuerza. Así también era Sakura.

Lo odió esa noche, lo aborreció, juró que había sido el peor hombre en su vida y deseó jamás haberlo encontrado en su camino.

Pero a la mañana siguiente, los estragos y restos de la tormenta, proyectaban un hermoso e hipotético arcoiris en su vida. Entonces, lejos de seguir odiándolo, le agradeció profundamente. Agradeció poder ver lo que realmente afectaba su vida, y eso era él.

Después, a finales de la mañana, sólo se permitió estabilizar un poco su vida. Por más patán que haya resultado, ella le quería demasiado y no sería tan sencillo superarlo.

Pero, incluso para su sorpresa, su mente no estaba inundada en la fallida relación que intentaba superar; el chico de la dulcería.

'El experto en dulces de coleta larga de caballo'.

Se sentía una chiquilla tonta. Había sido sólo desconocido.

¡Pero qué ganas tenía ella de volver a encontrarlo!

Lo único que se le antojaba en esos momentos, era encontrarse con ese individuo de nuevo y contarle la historia del cómo la había botado Sasuke Uchiha.

"Terminó conmigo por los chocolates que me recomendaste."

Y, por más extraño que pareciera, el mundo de Sakura no se desplomaba como ella había imaginado tantas veces que sería.

Quizás ya estaba madurando. O quizás ya no lo amaba tanto y no se había percatado de ese hecho.

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¿Cómo había terminado ahí?

"El legado Uchiha pertenecerá a ambos hijos. Pero será sólo cuando cada uno llegue a los 23 años y estén preparados profesional y humanamente."

Ah, sí... Por eso.

Y aunque a él se le "otorgó" apenas un año después de la mayoría de edad, sabía que esa situación era renuente a repetirse con Sasuke.

'Tonto hermano pequeño.'

Le quería demasiado como para abandonarlo a su suerte en ese mundo consumado por el odio y poder. Quizás en el pasado no había sido suficiente su esfuerzo para protegerlo, pero esta vez sí lo sería. Tenía que serlo.

Era lo último que Itachi haría en vida.

Por eso había terminado ese día ahí. No por gusto -inexistente- a los hospitales, ni por no tener nada más importante qué hacer; necesitaba tratarse. Necesitaba medicación para prolongar su vida. Al menos unos tres o cuatro años (por mucho) más.

Sabía de antemano, que si Sasuke fuera un poco menos rebelde y más consciente, otra fuera la historia. Sabía que su padre no sabía qué hacer con él y que él no quería saber nada de responsabilidades aún. Pero también sabía que para Sasuke no había sido fácil crecer. Lo entendía.

Pero sobre todo, Itachi sabía que si aquella era, no era culpa de Sasuke. Él no había pedido ser mal criado por sus padres, ni consconsentido por su hermano mayor.

La segunda última cosa que Itachi haría en vida, sería corregir un poco el camino de su hermano pequeño.

Estaba ahí por Sasuke, su madre y porque lo obligó su primo mayor.

~

Cuando escuchó por primera vez de Tsunade, después de los elogios, excelentes referencias y atributos, escuchó de su vicio por las apuestas y el gran gusto por el alcohol, después de eso escuchó de lo difícil que era poder encontrarla.

Pensó que era sólo una exageración, hasta su segunda cita cancelada... Por ella.

Genial, ahora tendría que volver al siguiente día.

'Como si tiempo fuera lo que me sobrara...'

Por una extraña -y hasta perturbante- razón, ya había asemejado completamente la idea de que su tiempo se acortaba con cada respiro.

Quizás sí era demasiado prodigio... o quizás simplemente siempre tuvo espíritu suicida.

Se sentía abatido por el tema y su primo, su única base de confianza, no había ayudado mucho; ese día se lo dijo y pareció triste y serio, después se embriagó hasta quedar dormido en el baño. Pero al siguiente día, juntos llegaron a la conclusión que lo mejor era inscribirse en el programa adecuado para atenderse en el más prestigioso y altamente capacitado de los hospitales. Había sido un afortunado -según las lenguas- de que Tsunade estuviera prestando temporalmente su servicio en esa institución.

De igual manera, si tendría que viajar y buscarla por todo el continente, lo haría lo más pronto posible.

Pero al ver la odisea que era dar con el paradero de esa mujer, Itachi comenzó a sentir desesperación por primera vez en su vida. Aunque sólo haya perdido día y medio.

Quizás se estaba volviendo dramático.

'Y demasiado despistado.' Pensó primeramente al sentir el golpe contra su pecho de algo que no vio por ir enfocado únicamente en mirar el suelo al caminar.

'¿Cómo se le llamaba a eso...?, oh, sí; Deja vú.'

Pues al abrir los ojos después del impacto, el cuál esta vez sí fue un poco más demandante, visualizó en cámara lenta, las imágenes borrosas y escasas de nítidez, sus manos en el concreto del patio del hospital cubiertas al igual que este de pétalos rosas. Pétalos de cerezos.

'Cerezo...'

Y, como resultado a sus ahogados añoros internos, al voltear al cielo se encontró con unos hermosos ojos verdes.

'Esos ojos...'

La imagen era mágica; el cielo se pintaba de un tenue color rosa pálido y dos soles color verde lo miraban.

Quizás ya se encontraba en el paraíso.

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Continuará...

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¿Qué tal?, ¿cómo ha estado?

Quisiera contarles que, hasta este punto de la historia, experimento un sentimiento bastante desgraciado.

Había pensado (y afirmado) que sería fácil, que podría. Y sinceramente ahora lo dudo; ahora siento que escribo a la deriva. Es más difícil de lo que pensé escribir (bien o mal) y no saber si eres leído.

Pero bueno, espero poder superar esto y que con el paso del tiempo esto sea diferente, mejor.

Espero leerlos, hasta pronto.