Now I met you. And honey, you should know that I could never go on without you.

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Cinco marchitas y tristemente muertas rosas le dijeron a Sasuke Uchiha, en todas las maneras posibles, que era un nefasto detallista.

Claro, cuando las compró no estaban tan mal, pero las pobres duraron medio día entero en el auto. Y él no era culpable de eso.

Y claramente no gastaría en otro ridículo detalle como ese.

Había sido la primera vez que compraba algo así, ¿qué se esperaba?, ¿que dedicara de su atención y tiempo en elegirlas?, ¿o que supiera identificar cuando una de ellas estaba en estado deteriorado?

No. Por dios, era un Uchiha.

Bueno, aunque la excepcionalidad siempre cabe en cualquier lugar; su hermano Itachi era de los que, personalmente, investigaba el significado de los tipos de flores, y después las elegía para regarlas a su madre.

Pero él era Sasuke Uchiha. Él no había sido criado para esas ridiculeces.

Sin embargo, ahí estaba, a punto de tocar a la puerta con la mano libre del insípido ramillete de flores. Si es que se podría nombrar así.

Tocó y la puerta no tardó en abrirse, dando como resultado uno no esperado. A cambio, una mirada azul lo examinó rápidamente con un asco singular.

—¿Qué haces aquí, Uchiha?

—Buscarte a ti no, como te imaginarás. Quiero ver a Sakura.

Tales palabras fueron una peculiar broma para los oídos de la rubia. Las molestas carcajadas fueron dirigidas con desprecio al muchacho y dieron un golpe limpio a su molesto rostro.

—Mírate, gusano, con ese feo ramo, con ese aire de "tengo poco tiempo" buscando a lo único bueno que tuviste en la vida...

Comenzaba a disfrutar la sensación de liberar ese veneno cuando el moreno golpeó ligeramente la pared. Suficiente para hacer callar a la Yamanaka.

—¿Está o no? —fue frío, ya no jugaba.

—Púdrete, Uchiha.

Y la puerta se cerró en su cara al momento.

Maldita perra. Era valiente. Pero Sasuke no era un simple joven al que le podían estar hablando así.

Se las pagaría, pero luego. En ese momento sólo tenía que hablar con Sakura.

Una semana de libertad ya había sido suficiente para ella. Él reconocía también que se había excedido un poco. Quizás el alcohol de la noche, o que su novia -en ese entonces- estuviera encima suyo siempre.

"Sasuke, te preparé una cena especial."

"Vamos al cine, Sasu."

"Te compré estos chocolates."

Esos chocolates.

Los que su madre le compraba a él y a su hermano cuando eran niños. Era esa la razón.

Ahg... Quizás le daría otro par de días en libertad.

~

Aún no entendía su comportamiento. No, más bien: lo desconocía. Y estaba lejos de aceptarlo.

¿Salir con el hermano de tu ex novio?, recién ex novio, además.

Eso jamás hubiera entrado en la vida ética de Haruno Sakura. Porque no podía fingir o hacerse de la vista gorda ante la situación, ya no podía. Ya sabía demasiado.

¡Jodido y sucio destino!

Hasta hace unas horas se había sentido una princesa en un cuento de hadas al recordar ese veinticuatro de diciembre.

Ni soñado hubiera sido tan perfecto.

Pero la vida era corta, por decirlo sutilmente. Y ahora se encontraba en el punto más caótico de su existencia.

Pero... ¿Por qué tomarlo así?

No siempre se busca un romance con una invitación a tomar algo, ¿verdad, Sakura?

Sabía que no.

Pero se trataba de ese chico, el culpable de que su mente repitiera una y otra vez el día en que lo vio por primera vez. Mismo culpable de que sus noches solo distaran de sueños fantasiosos en los que lo encontraba de nuevo.

Mismo culpable de que visitara esa dulcería a la misma hora todos los días con la esperanza de hallarlo ahí de nuevo.

Pero el destino se había reído de ella. Y no sabía si era capaz de enfrentar las circunstancias y salir con él por encima de sus sentimientos.

No se puede amar a alguien en días, Sakura.

Era cierto, Sakura no lo amaba. Hasta hace una hora había conocido su nombre. Lo había pensado mucho en esos días, su físico la había atraído hasta tal punto. Y sólo había sido eso: atracción.

No está mal salir con él, tonta. No pasará nada...

Enfocó su atención en otra cosa, cualquiera que le despejara los pensamientos de ese tema, al menos en lo que restaba de esa eterna media hora. Y se encontró con el papelero que tenía que organizar. No tardó en toparse con ese expediente. El sello de seguridad de ese fólder estaba aún intacto sobre el papel.

Uchiha Itachi. Caso 1640332. Tsunade a cargo.

~

Era la tarde más cálida de lo iba de ese frío invierno. El clima era confortable y excelente para salir a pasear, y al parecer la gente lo supo; había docenas de familias ahí.

Era una pequeña plaza que se encontraba en el centro de la ciudad, era rodeada por importantes edificios, entre ellos el Hospital privado del que minutos antes había salido.

Se sentó en una banca cerca de ahí, con vista a la puerta de dicho edificio y bajo la sombra de un árbol.

Había mucho barullo, gritos de niños extasiados jugando, vendedores y automóviles. Pero se concentraba en escuchar el cantar de los pájaros que estaban en el álamo sobre su cabeza, en las risas del grupito de niños jugando frente a él y en el caer del agua de la fuente decorativa detrás suyo.

Era amigo de las cosas sencillas como esas.

Se encontraba en un estado de paz. Que sabía bien, no dudaría mucho. Por lo mismo lo disfrutaba, o al menos eso trataba. De hecho, al llegar ahí estaba lejos de estar en paz.

Llegó hecho un mar de confusiones. Las dudad, miedos y ansiedades hacían que sus dedos temblaran y que las manos le sudaran fríamente.

No era justo. ¿Él era tan egoísta?, ¿desde cuándo importó más lo que él quería, sin importar lo que los demás necesitaban?

Era la primera vez en su vida en la que actuó bajo capricho. Él le había ofrecido una bebida a esa chica aún sabiendo que no podía ofrecerle más de su vida.

La idea de irse y olvidarse de esa fantasía había sucumbido su cabeza un par de veces. Tan intensamente que ese par de veces se levantó de la banca para emprender retirada... Ambas veces decidió finalmente regresar a ella.

Concluyó su tormento con su propia derrota. No tenía caso, él regresaría a ella.

Regresaría como lo hace el invierno después de cada primavera.

Seguía nervioso, debía admitirlo. Quizás un poco menos que al principio, pero esa chica, Sakura, lograba hacerlo temblar por dentro como flama al viento.

Sí, sentía fuego y viento dentro de él cuando ella era el motivo de sus pensamientos. Vino a darse cuenta de ello cuando por fin la tuvo en frente.

La espera había terminado, ya no vestía esa bata y él ya estaba seguro de que era por esa sonrisa que moriría ahí mismo si era posible.

—Pensé que te irías.

—Y yo también.

Dijo serio, honesto y a los ojos. Pero esa sonrisa no desapareció, incluso aumentó ante sus palabras; ella sabía que decía la verdad seriamente.

—Pues me alegra que no lo hayas hecho.

—Y a mí también. —esta vez sonrió, sólo para ella y por ella.

~

—Te he fallado, Uchiha. Como médico mi deber era mandarte a descansar a casa, ¿no crees?

Hablaba seria mientras cruzaba el umbral de la puerta que era abierta por su acompañante, quien no pasó desapercibido el detalle de nombramiento.

Era un lugar pequeño, casual y un poco tradicional. Ella lo conocía, había ido ahí con Naruto en sus tiempos de estudiantes.

Y para ser sincera, era el último lugar que pensó en ser llevada por un Uchiha. Era demasiado sencillo.

Pero lo agradeció así. Ese era el tipo de lugares que ella amaba, no los restaurantes pretenciosos que al otro Uchiha le gustaba llevarla.

Se autoimpuso a la tarea de ni siquiera pensar su nombre en presencia de Itachi.

Honor de dama, se dijo. Aún sin saber por qué lo hacía.

—Usted hizo lo correcto, Sakura. De todos modos no hubiera ido a mi casa si quisiera descansar.

Volteó a verla con una sonrisa confiada, dejándola en completo estado de curiosidad.

Llegaron a la barra y una anciana no tardó en salir a atenderlos. Curioso a los ojos jade, puesto la anciana parecía conocerlos en la lejanía.

—¡Itachi!, qué gusto verte por acá. —las manos de la anciana alcanzaron -con gran esfuerzo- el rostro del muchacho. Este en respuesta puso sus manos sobre las de ella y sonrió.

—Señora Seiko, el gusto es mío. ¿Cómo está?

—¡Feliz de verte de nuevo!, ¿por qué no habías venido?, tú y Shisui me tienen muy abandonada, niño. —dijo con fingida indignación mientras pellizcaba las mejillas en sus manos.

—Oh, señora Seiko, me está avergonzando...

Y, como reacción esperada, dejó de lado la cara de Itachi para dirigirse a Sakura. Quien hasta el momento se mantuvo en silencio, observando divertida la tierna escena.

—Hey, ¿quién eres tú, linda damita?

—Sakura, Haruno Sakura.

Sakura no supo cómo descifrar o tomar la sonrisa que la mujer le otorgó después. Fue una mezcla de ternura y confidencialidad, de cualquier manera, la agradeció con otra sonrisa.

—¿qué le podemos ofrecer a la parejita?

—No, no, no, nosotros no... —se apresuró a decir una sonrojada Sakura.

—Té y dangos para mí, por favor... ¿Sakura?

¡¿Qué?!

¿Pareja?, ¿y dejar de negarlo frente a esa mujer de dudoso parentesco familiar con el Uchiha?

—L-lo mismo, por favor.

—Pónganse cómodos, en un momento les servimos.

Tomaron asiento en la terraza, el día estaba fresco. Todo lo contrario al rostro Haruno.

—¿Podrías explicarme, Uchiha?, ¿o debo decir pareja?

El sólo rió levemente mientras tomaba una servilleta y comenzaba a jugar con ella.

Miraba hacia el cielo, hacia los árboles y el tejado. El día era un poco soleado aún y la sombra del tejado sólo hacía favor a las facciones masculinas de su rostro. Las pestañas hacían una considerable sombra bajo sus ojeras y las cejas se enmarcaban perfectamente al rostro.

Sakura no pudo evitar apreciarlo sin parpadear un momento. Y él se percató de ello.

—Conozco a la señora Seiko, no iba a dejarnos en paz si no escuchaba lo que quería. Le pido una disculpa por las molestias. —dijo serio, bajando la mirada a la servilleta maltrecha en sus manos.

—Oh, se ve que sí se conocen bien... —dijo divertida, ocasionando un -casi invisible- sonrojo en él. —No te preocupes, no me molestó.

No le molestó...

Sintió una pizca de alegría por esas palabras. Y un alivio profundo también.

—Seiko nos crió desde muy pequeños. A Shisui y a mí.

—¿a Sasuke no?

Esa imprudencia, la mayor de todas, hizo que el tiempo de detuviera para ambos.

Estúpida. Imprudente. Torpe.

¿Cómo se le pudo salir algo así?, jamás había sido muy cuidadosa con lo que salía de su boca, pero tampoco tan descuidada.

El ceño fruncido y la mirada entornada de él le dijeron claramente lo descolocado que sus palabras lo habían dejado.

—¿Cómo sabe de mi hermano menor? —fue frío. Tan frío como lo había sido en la mañana con su primo.

—Yo... Bueno, nosotros nos conocemos —comenzó a decir, nerviosa ante la mirada de él. Era claro; no entendía, necesitaba detalles. —Até cabos en la mañana, al parecer no me equivoqué.

—Ya veo... —dijo mientras prestaba atención a la porción que le era servida en ese justo momento. —¿De dónde se conocen?

—Estudiamos juntos hasta antes de la universidad, fuimos novios hasta hace unos días.

Y el muy desgraciado destino se hacía presente en sus vidas de nuevo.La ex novia de su hermano. La mujer que le había robado el aliento y que había añorado con todas las hebras de su alma desde el primer momento que la vio era la ex novia de su hermano.

Rió amargamente. Se burló de sí mismo y su suerte parecía ser el chiste mejor escuchado por sus oídos.

Parecía estar maldito esos últimos días.

Era tristeza, decepción, frustración... Todo mezclado en esa sonrisa y esos párpados caídos. Ella lo miró. Se dio cuenta.

Y decidió acompañarlo. Después de todo, compartían el mismo sentimiento.

—Así que... terminé sentado con la ex novia de mi tonto hermano menor, ¿no? —esta vez la miró a los ojos y le sonrió, la misma sonrisa amarga.

—¿Tonto?, créeme, no lo es. —Ella bajó la mirada, las palabras salieron con veneno de su boca al recordar la tóxica relación con Sasuke.

Fue turno de Itachi en darse cuenta.

—Sólo un tonto deja ir una mujer como usted.

Sorprendida levantó su mirada y encontró la de él. Tenía el rostro en alto y una gran sonrisa con hoyuelos en los lados apareció después.

Sonrió feliz con él. Ya no había tapujos, ya estaba claro todo.

A partir de ahí, la historia era de ambos.

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Continuará...

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Notas

¡Hey!, ¿qué tal?

Son vacaciones y espero poder avanzar mucho con la historia. Seré más constante con las actualizaciones.

Nos leemos pronto, ¡saludos!