Nobody said it was easy...
[...]
—Así que madre te hizo pagar la deuda de la tarjeta... No me extraña.
—Yo me ofrecí.
—Eso tampoco me extraña.
—Sólo no lo vuelvas a hacer. —Finalizó para darle paso a un determinado silencio mientras comenzaban con el platillo que justamente se les iba sirviendo.
—Te deshiciste rápido de mí. —Dijo después de un rato.
—No digas eso —replica serio a pesar de que el otro había usado su tono bromista, pero era sólo el tono, sabía que eso pensaba.
—Como sea... ¿De qué querías hablar?, ¿de eso?
El canto -que para su gusto era excesivo- de las aves domesticadas que ofrecía el local donde lo citó su hermano comenzaba a irritarlo y éste parecía cómodo al tenerlo en ese café que él siempre detestó por ser tan simple y sencillo.
—Primero termínate tu comida.
Sasuke sólo rodó los ojos.
—¿Cuándo dejarás de tratarme como un niño?
—Cuando dejes de comportarte como uno.
E inconscientemente, Sasuke regresó su atención al plato de comida que estaba frente a él. Itachi rió por dentro, su hermano seguía obedeciendo su mando.
Eso, de igual manera, lo estremeció. Itachi jamás había desconocido el gran aprecio e idolatración que su hermano le tenía, sabía que era la única persona que respetaba y escuchaba, entonces, ¿era capaz de fijarse en la -recién- ex novia de Sasuke?
Porque ni siquiera Shisui había logrado sacarle de la cabeza la idea de que era eso traición hacia su hermano en el más puro estado.
—¿Por qué te quedaste tan pensativo?, ¿qué sucede?
Sasuke jamás prestaba atención en las personas, jamás se interesaba por otro más que él mismo y su hermano. Era un egoísta, sí, pero... ¿Y quién se interesaba en él?, además de la persona que estaba en frente suyo en esos momentos. Nadie.
Le disgustaba no tener las cualidades de percepción de su hermano, pues por más que él observara, jamás había sido capaz de leer a su hermano como lo hacía con él.
—Estaba recordando la última vez que vinimos aquí. —Mintió.
—Aún éramos sólo tú y yo.
El mayor entendió lo que su hermano quería decir. Le desagradó la idea de saber que Sasuke seguía tan estancado en ese tema, que no pudiera crecer ni superar, pues la última vez que estuvieron ahí había sido hace casi un año, antes de que su madre regresara a sus vidas.
—Deberías estar feliz de que ahora seamos más.
—Yo no pedí ser menos.
—Sasuke...
—No—Interrumpió rápidamente —No, Itachi. Ya sé que fue madre quién te envió a hablar conmigo porque ella no tiene el valor de hacerlo, pero no cambiará nada.
Apretó el puño con el tenedor en sus manos y golpeó ligeramente la mesa. La impotencia lo estaba controlando y le fue necesario apretar los ojos e inhalar todo el aire posible.
E Itachi, quien siempre esperaba en paciencia por la conclusión de los berrinches de Sasuke, sólo se limitó esta vez a verlo terminar su comida para encararlo.
—Nadie me envió, sólo quiero hacerte ver que así no terminarás en nada bueno.
—¿Y es muy bueno estar rodeado de gente que no te quiere?
—Madre te adora.
—¡Mientes!, y deja de defenderla, ya sé lo que estás haciendo, Itachi.
—¿Qué estoy haciendo?
Sasuke apretó los labios incapaz de seguirle gritando a su hermano, dándose cuenta de su error pero al miso tiempo sintiendo el cólera incrementar en él.
Desvió la mirada y en voz baja, casi en un susurro, habló:
—Entiendo que te tenías que ir, esa fue tu decisión, pero no trates de unirme a madre sólo porque me dejas. Estaré mejor completamente solo.
Itachi jamás pensó que unas palabras de su hermano le calarían tanto el alma como esas. Jamás imaginó que las circunstancias fueran tan similares.
El me dejas que su hermano acababa de escupirle en la cara le pareció una cuchillada directamente en el corazón.
Porque en realidad sí lo estaba dejando, porque sin querer se estaba muriendo.
Y ante el silencio malinterpretado, Sasuke tomó su chaqueta, se paró de ahí y se largó sin decirle más que un escueto "hasta luego". Itachi sólo lo observó en silencio, destrozado y buscando fuerzas para convencerse de que era eso lo mejor.
—Nadie dijo que sería fácil... —se dijo en un susurro mientras cerraba el puño derecho.
[...]
Sasuke Uchiha hizo acto de presencia en su casa ese día como no se veía desde hace muchos años: por la mañana.
Arrivó colérico y con el afán de azotar cuanta puerta se le atravesara. Esperaba encontrar a su madre por algún rincón de la cocina y gritarle todo lo que su rencoroso pecho guardaba, pero no la encontró. Gritó su nombre (no "madre") por toda la casa hasta que la vio cruzar el umbral de la puerta de su despacho. La misma imagen hizo que la piel del muchacho se pusiera de gallina.
Con documentos en una mano y el smartphone en otra, la ropa de ejecutiva y anteojos de oficina salió Mikoto del estudio al que por años le dedicó su tiempo restándolo por completo a él y a su hermano.
La imagen de esa mujer frente a él lo dejó helado y atónito. ¿Dónde había dejado los delantales?, ¿ya se había rendido ante la idea de ser madre entregada a sus hijos?
La respuesta que su propia mente arrojó lo decepcionó.
—¡Hey, Sasuke!, responde qué significa esto, ¡te estoy hablando!
Pero Sasuke estaba perdido en el mundo de recuerdos que el escenario ahora le pintaba.
—¡Sasuke!
El taconeo sobre el suelo de madera lo hizo reaccionar e impulsivamente retroceder. Mikoto dejó el desconcierto de lado cuando miró el rostro blanco y asustado de su hijo, cuando lo vio retroceder a ella y, sobre todo, cuando éste se fue casi corriendo a su habitación.
—¿Qué pasa?, ¿quién fue? —preguntó Kakashi al salir del despacho segundos después.
—Dame un momento, Kakashi.
Se fue sin esperar respuesta de su visita y subió a la planta alta hasta llegar a la habitación de su hijo menor -y el único que aún vivía ahí-, claro que ésta estaba cerrada con seguro.
—Sasuke...
—¡Lárgate! — se escuchó del otro lado.
—Sasuke, abre la puerta.
No hubo respuesta alguna del mencionado, en cambio, la música en su máximo nivel comenzó a sonar desde adentro, haciendo imposible si quiera escuchar el ruido de sus propios pasos
Kakashi esperaba con las manos en el bolsillo y la expresión habitualmente relajada.
—Qué pena...
—Descuida, son jóvenes.
Lo era, Sasuke era muy joven aún. Pero ya estaba harta de justificarlo.
[...]
Dos días antes, los segundos habían perdido su noción tornándose horas cada uno.
—¿Cómo te sientes?
—Esta es la número cuarenta y seis que preguntas. —Contestó adormilado, sin poder abrir los ojos ni girar la cabeza en dirección a su primo.
Lo observó otra vez. Ya había perdido el sentimiento incómodo y doloroso de verlo ahí y así, tirado en esa camilla, conectado a tantos cables y mangueras que le era imposible contarlos. Pero ya no huía la mirada de lo pintaba el escenario frente a él. Tenía que ser tan fuerte -o quizás más- de lo que su primo era en esos momentos.
La enfermera había dicho, después del coqueteo sutil hacia cualquiera de los dos, que quedaba poco para terminar el tratamiento de ese día y que Itachi se fuera de ahí.
Shisui, en cambio, vio esto ilógico. Su primo no podía ni mantener los ojos abiertos, ¿cómo se iría?
Jamás pensaron en la posibilidad de que éste terminara de este modo. Necesitaba a alguien que lo cuidara y claro que él se ofrecía a hacerlo -y lo haría aún si fuera negado-, pero él no tenía los conocimientos -ni el tiempo- de hacerlo. Y no creía que le permitieran quedarse en ese hospital y menos creía que Itachi lo permitiera.
Cuando vio a su primo caer profundamente dormido, salió al pasillo a despejar la mente, las respuestas y esperanzas llegaron a él cuando una melena rosa entre todo el blanco del lugar se daba a notar mientras se acercaba con paso rápido a él.
—Shisui.
—¡Hasta que llegas!, ya casi termina.
—Tuve mucho trabajo, ¿y cómo estuvo?
—No sé cómo se deba estar en esto —dijo con gracia.
Sakura de adentró a la habitación y encontró al susodicho dormido, o al menos eso parecía. Se acercó y un destello de emociones nació en ella.
Siendo médico, imágenes como esas serían imposibles de hacerle quebrar la postura, pero ahora al tener a Itachi así, a ese hombre que conoció por accidente en una dulcería, con el que tuvo encuentros primeramente accidentales y después no tan accidentales, al muchacho que le ofrecía compañía y seguridad, al hermano idolatrado de su ex pareja, verlo así, le estrujaba el alma.
Se acercó a él y, cuando comprobó que sí se encontraba profundamente dormido, pasó su mano por la cabeza azabache y retiró unos mechones largos de la frente. Recorrió la hilera gruesa y tupida de pestañas que por poco rozaban la mascarilla de oxígeno y pasó de largo a sus manos. Tomó la que estaba un poco más libre de cables y tubos incrustados y la observó con pena, esa blanca piel -en ese momento algo roja e inflamada- al siguiente día se encontraría llena de hematomas.
Shisui fue espectador del tacto suave y gentil que le ofrecía a su primo, se supo el hombre más agradecido en la vida entonces.
Era eso lo que Itachi necesitaba y, ese día, se le era entregado sin haberlo pedido.
Salió satisfecho al ver la mirada tierna de la médico y les dio privacidad. El cierre de la puerta hizo reaccionar a Sakura rápido, se dio cuenta de que se había quedado sola con él y se apuró a ser la médico que ese muchacho necesitaba. A fin de cuentas, era su paciente a medias.
Revisó su estado, los niveles de sangre, el flujo de líquido, el ritmo cardíaco... Observó que unas cosas estaban un poco alteradas, pero nada que podría complicar el momento y encontró otras que estaban lo más estable posible. Lo arropó pues tenía la piel helada y limpió con un trapo húmedo la cara que delataba un sudor ya pasado.
A la media hora Itachi despertó. Desorientado y cansado buscó noción de dónde estaba, recordó rápidamente y trató de encontrar a su primo por alguna esquina, pero sólo encontró esos ojos verdes que lo volvían loco. ¿Y cómo no hacerlo si siempre eran acompañados de una sonrisa brillante?
Pero ahí la tenía en frente, valiente, sin saber -según él- a lo que se enfrentaba. Porque ahí la tenía, guapa y fuerte, en una guerra que no le pertenecía y que decidió lucharla sin escudo ni espada.
No concebía el hecho de que la presencia de ella llegara siempre en momentos caóticos como esos. Desde el día que la conoció supo también de su enfermedad, la misma que lo tenía en esa camilla ese día, como si ambas cosas fueran de la mano.
Pero recordó que se trataba de su médico. Había sido adyacente a su enfermedad.
Fue cuando, dicha médico se acercó a él hasta sentarse al borde de la camilla y le brindó un beso en la frente acompañado de una caricia en la mejilla, que no, no había sido casualidad encontrarla cuando lo peor de su vida comenzaba.
—Tu alta ya está listo. — le susurró como a un niño a punto de dormir.
—Gracias.
Le causó gracia el cuidado excesivo y los cientos de disculpas que Sakura dio cuando le retiró el catéter de suero y los demás cables. Se preguntó si era igual con sus otros pacientes, y la respuesta en negativa no supo si alegrarlo o no.
Cuando ella salió en busca de Shisui, Itachi aprovechó para tratar de sentarse por sí solo. Agradeció que nadie estuviera con él, pues con inhabilidad con la que logró sentarse le resultaba vergonzosa incluso en la soledad.
Pero logró hasta pararse y buscar sus pertenencias por la habitación. Con cada paso dado, el miedo de que su cuerpo dejara de funcionarle ahí mismo, las post sacudidas emocionales que la quimioterapia conllevaba llegaban a él cuando se daba cuenta de lo difícil que era avanzar.
Pero él jamás había sido miedoso. Estaba ahí ya y no por él, se obligó a recordarse.
[...]
—Vengo por ti en una hora, nene. Pórtate bien.
Sólo un golpe recibió de aquel primo que dejaba tumbado en el sofá de ese colorido departamento. Unos ojos que lo querían matar, una retirada de cara y a Shisui le bastó para irse.
—A veces lo odio tanto...
—Me encanta ver cómo se llevan. —dijo entre risas.
Salió de la cocina cuando decidió que la sopa no necesitaba ya mucho cuidado y fue a la sala. Ahí estaba Itachi, ahí lo había dejado su primo después de una hora con veintisiete minutos de discusión.
Shisui apelaba con argumentos convincentes acerca del notablemente estado físico de la comadreja; era ilógico y hasta descabellado que éste se fuera a su departamento solo. Itachi simplemente se negaba. Hasta que Sakura -como ya se estaba haciendo costumbre-, entró en acción tomando cartas sobre el asunto. Y al igual que la última vez (cuando lo convenció con una caja de dangos), logró ganar partida de manera madura y responsable; con un chin-chan-pú.
E Itachi había sido siempre portador de una suerte no tan buena, o al menos eso pensó cuando perdió. Claro, que él tampoco vio el instantáneo complot entre sus dos contrincantes. Un movimiento de ojos bastó para que Shisui y Sakura tiraran pulgar arriba y dejar fuera a Itachi en la primer ronda. En la segunda y última Shisui se dejó perder y fue así que la toma de decisiones la había ganado Sakura.
He ahí entonces la razón de tenerlo en su departamento.
—Itachi, si estás muy cansado y quieres dormir, puedes ir a la habitación con toda confianza. Sólo permíteme limpiar un poco porque...
—Sakura —la detuvo rápidamente en medio pasillo a la habitación —ya habíamos hablado de esto.
—Ya sé, ya sé. Lo siento, sólo...
Aunque, saliendo del hospital, habían acordado los tres en no tratarlo como el enfermo que era, la vio luchar contra la vergüenza y entendió que sólo lo hacía por preocupación.
—Descuida, lo entiendo. Disculpa, sólo tengo un poco de frío.
—¡Te traigo una cobija!
—No, puedo ir yo.
—¿Seguro?
—Sakura...
Eso iba a ser más difícil de lo que imaginaba.
[...]
—Descuida, es normal, estaba agotado y el medicamento suele funcionar como somnífero.
—A buena hora me lo dices, tremendo susto me llevé...
Porque sí, a Shisui se le había acabado el mundo cuando desesperado movía el cuerpo de su primo y este no respondía más que balbuceos. Sakura llegó cuando los movimientos eran bruscos y parecía a simple vista que Shisui le arrancaría los hombros al otro.
Cenaron y charlaron juntos con la presencia dormida de Itachi entre ellos en la cama. Encontró ella en Shisui un parecido bastante peculiar a su amigo Naruto y él encontró en ella algo de Mikoto.
Quizás pareciera incoherente la comparación si se tenía la imagen de su tía en la actualidad, pero Shisui alcanzó a conocer a esa madre de Itachi que fue joven, y la recordaba bien.
Sakura pintaba bien para ser alguien que estuviera el resto de los días con Itachi.
Instintivamente llevó su mirada a su primo, a ese pobre ingrato con rostro en aparente descanso, pero sabía bien que aún dormido Itachi seguía luchando.
Casi en la madrugada, acordaron sin hablar que lo mejor sería que los dos Uchiha pasaran la noche en ese departamento. Shisui hubiera preferido irse, ya sea llevando o dejando a su primo, pero la primera opción le parecía riesgosa y hasta le producía miedo; ¿qué hubiera pasado si Itachi se ponía mal?, él no hubiera tenido la experiencia que tenía Sakura, él no sabía cómo reaccionar... En cambio, era mucho abuso marcharse -de nuevo- y dejarle toda la carga a Sakura, que ni obligación tenía.
Es por eso que, sin dar explicaciones, comenzó a acomodarse en el sofá de la sala y deseó buenas noches en voz alta.
No contó con despertarse espantado, cuando al sol aún le faltaban un par de horas para posicionarse como todas las mañanas, por el espantoso golpe que se escuchó en el pasillo que llevaba a la recámara.
Itachi había salido disparado de la cama al cuarto de baño cayendo en el camino, Shisui se asomó rápidamente y alcanzó a verlo tratando de llegar al baño a gatas y escuchar lo que parecía vómito caer en la taza. Después los pasos apresurados de Sakura hasta llegar a él y ayudarlo de una forma u otra.
—¿Qué hago aquí aún? —preguntó alterado entre dificultosas respiraciones.
—Tranquilo... Fue lo mejor.
Le dijo suave mientras le sobaba la espalda y le tomaba la mano más cercana, la derecha, y la apretaba fuerte. El otro sólo volteó a ver el acto y ya no dijo nada, por falta de fuerzas, supuso Sakura.
—Nadie dijo que sería fácil. —Le dijo ella, derrumbándolo de nuevo.
Shisui apareció en ese instante al fondo del pasillo.
—¿Y qué haces tú aquí?, ya no entiendo nada.
No hubo tiempo de explicaciones cuando Itachi fue atacado por otra arcada acompañada de vómito.
El resto del día y la mañana del siguiente fueron así. Hasta que por la tarde, Itachi ya había recobrado fuerzas y se marchó de ese departamento.
Se había puesto de acuerdo con su hermano para comer juntos y, después de eso, tenía vueltas en la empresa y una cita con su madre.
Y ahí estaba ese Itachi fuerte de nuevo. Ese que no volvía a la vida de Sakura hasta verse desquebrantado.
Porque eso no sería fácil.
[...]
Continuará...
Notas del autor:
Hola, querids ¿les parecen bien los nuevos separadores ([...])?, me habían comentado algo sobre lo confuso que eran los anteriores. Por otro lado, prometo responder todo comentario atrasado y/o nuevo hoy mismo.
Por cierto, mil gracias, chic@s, me ayudan bastante.
¡Nos leemos pronto!
