We're going to get it, get it together, somehow.

Going to get it, get it together and flower.

[...]

—Hay cosas que no cambian, Mikoto.

—Lo mismo digo, Kakashi... —Hizo una pausa en el transcurso del tiempo que tomaba en llenar el vaso de whisky. —Me han contado bien que el nuevo Buffett ha dado realmente de qué hablar, han superado varias expectativas.

Entre esas las de ella, ambos lo sabían.

Tras recorrer con aparentemente desinterés en la mirada, Hatake detuvo su atención en un retrato algo viejo de dos niños con cabellera azabache, uno menor y más sonriente que el otro, muy similares y abrazados. Eran los hijos de Mikoto en la infancia.

—Así es, el Buffet de abogados crece cada día más... Al igual que muchas cosas. —Dijo obviando el retrato.

—Y veo que aún piensan crecer más, quieren entrar a las grandes ligas de un sólo golpe.

—Te equivocas, Mikoto. —dijo girándose —No ha sido de un sólo golpe.

—Entonces han sido demasiado sigiliosos.

Kakashi rió de aquello. Claro que lo habían sido, si tenían en sus manos una documentación perfectamente estructurada para derribar justamente desde los cimientos sucios de Uchiha Royalties, no era precisamente por una loca idea surgida de la noche a la mañana.

—Si le hemos estado siguiendo el paso a tu marido...

Ex marido. —Interrumpió fuerte.

—A tu ex marido —continuó —sigilosamente es porque ya una vez nos equivocamos... Itachi nos enseñó que no debemos confiarnos, ¿sabes?, por eso mismo ahora me pregunto por qué diablos me citaste con tanta urgencia, precisamente tú y precisamente aquí.

—Itachi en aquel entonces sólo hizo lo que creyó correcto y a lo que se vio obligado, defender a su padre y su legado, y es curioso, Kakashi —musitó con gracia— ese hijo mío te hizo pedazos siendo a penas un crío...

Cuando el rostro de Kakashi delató lo desquebrantado que había quedado su orgullo, Mikoto supo que ya había sido suficiente. Y que si lo había llamado ahí, no había sido para agrandar asperezas, al contrario, para limarlas, y el dejar en claro el desagrado que Kakashi le ocasionaba no ayudaba en mucho.

Kakashi y ella habían sido conocidos muy amigables en su respectivo tiempo, compartieron algún grupo social, algunas amistades, comidas y desayunos casuales, asesorías mutuas y en uno que otro caso que Mikoto le permitía ayudar y aprender de ella. Fue hasta que, Kakashi con su espíritu justo y democrático, se topó con el curioso caso de la riqueza ambigua de los Uchiha, con sus empresas fantasmas, con sus ingresos injustificados y la cantidad de fraudes acumulados que parecían no tener un fin.

Todo estaba claro, entonces, ¿por qué seguían en el poder?

—Sí, tu hijo es un excelente abogado, lástima que un poco manipulado... —contraatacó.

En esos años, cuando Kakashi trabajaba con euforia y hambre de justicia, había casi logrado hundir a los Uchiha. Había logrado lo que casi nadie había podido lograr, mantuvo en aprietos a Uchiha Royalties por varios meses. Los vio desesperados hasta que sacaron su mejor carta: el más joven de esos empresarios, el chiquillo que aún ni se graduaba, el hijo mayor de Fugaku, Itachi.

También ex alumno y amigo de Kakashi... Ex amigo, se autocorrigió mentalmente imitando el tono de Mikoto.

—Voy a ser clara, Kakashi. Quiero destruir a Fugaku tanto como tú.

—¿Y por qué yo debería creer en semejante barbarie?

—Porque el me destruyó tanto o más que a ti. Y me levanté tanto o más que tú.

Kakashi no se burló, pero una risa salió de él al admitir que eso era cierto.

—Tengo en mi poder el conocimiento y las pruebas necesarias para acabarlo. Admítelo, me necesitas tanto como yo a ti.

Hatake quedó en silencio un rato con su único ojo visible. Pasó su mano por la parte cubierta de su cara y agregó:

—Los Uchiha por naturaleza son traicioneros y vengativos —encaró firme— ¿Por qué debería yo de creerte y confiar en ti, mujer?

—Porque quiero llegar a un trato, quiero beneficiarme, obviamente. —dijo mientras servía whisky— Quiero ese noventa y cinco por ciento de la empresa que peleas. El otro cinco lo consigo yo.

Terminó con voz simple que fue el mejor chiste para los oídos de Kakashi.

—Debes estar volviéndote loca.

—No, sé bien que trabajas bajo las órdenes de Danzo y su consejo. Quiero destruir a Fugaku pero tampoco permitiré que mi fortuna termine en manos de ese gusano. —argumentó furiosa bebiendo de un sólo trago lo que quedaba de alcohol en su vaso.

—A mí tampoco me parece justo. Pero es difícil que yo trabaje fuera de las órdenes de Danzo, me destruiría.

—Es por eso que te invito a unirte a mi despacho. Te ofrezco el doble de lo que Danzo te da y, además, un porcentaje de lo que pelees.

—Un golpe de estado... —musitó bajo y pensativo —Ustedes no cambian.

[...]

Los días normalmente en la vida de Sakura eran cansados porque ella los hacía así. Eran largos y demandantes, pero ella lo era más, era muy energética, muy productiva y siempre trataba de estar de un lado a otro; por esta razón, su energía quedaba en ceros cuando llegaba a su casa. Era el ritmo de Sakura, porque si de otro modo fuera, uno más pasivo, el resultado fuera otro, uno más prometedor si de hacer una actividad a la hora de llegar a casa se tratase. Pero no, llegaba arrastrando los pies casi a la par que arrastraba su mochila.

Esta situación se complicaba cuando no dormía lo suficiente y la energía en el día disminuía, tal cual caso como el de la noche anterior.

Y aunque era cierto lo que su amiga Ino y su casi hermano, Naruto, le reprochaban; hacía tiempo que no se desvelaba en una fiesta, en una cita o en una simple charla con sus amigos, siempre era estudio y trabajo últimamente. Pero esa noche no, su razón de desvelo había tenido nombre y apellido: Itachi Uchiha.

Y, aunque la misma idea a Sakura le hacía chillar como adolescente hormonalmente activa, sabía que estaba lejos de ser lo que su doble intención interpretaba. Aún así, el mismo recuerdo de ese hombre dormido en su cama -donde ella se recostó junto a él, dicho sea de paso-, le hacía sentir las mejillas hervir. Sonrió de oreja a oreja ahora que ya se encontraba por abrir la puerta de su hogar.

—Hey, eres tú, bandido —saludó al gato de sabrá dios quién que siempre se adentraba sin permiso en su departamento.

El gato, arisco como cualquier intruso, huyó sólo al verla. La Haruno sólo le dedicó la misma mirada indignada de siempre cuando lo vio salir por la ventana.

Se adentró en busca de una cerveza en la nevera enfrascando toda su atención en esta. Cuando la tuvo en las manos y tomó de ella, supo lo despistada que había sido.

Un bouquet de tulipanes rosados, hermosos y abiertos, se encontraba en un elegante jarrón en su mesa. Una caja de tamaño considerable y una nota se encontraba a un lado de éste.

Se acercó sorprendida y maravillada al arreglo. Los apreció de cerca y sonrió. Eran hermosos.

Tomó la nota y comenzó a leerla.

"Para ti, que te gustan las flores y te sobran fuerzas hasta para darme. Gracias.

-Itachi."

Pensó que era un sueño, que era tan hermoso lo que sentía que jamás lo había vivido. Ese hombre, razón de sus anhelos, era una cajita de sorpresas.

Observó, después, la caja y esta creó una reacción diferente. Claro, después de leer una pequeña nota que decía "Esto es un extra" y ampliar aún más su sonrisa.

Pero volvió a la caja queriéndola abrir y observó que la esquina superior estaba rasguñada y mordida. Abrió la caja y se comprobó que no sólo la caja había sido víctima de robo de una parte, sino también su contenido; el pastel de chocolate estaba incompleto.

Era de Deli-sweet, la mejor pastelería de la región y era su pastel favorito.

Sí, en tiempo pasado; era.

—¡Maldito bandido!

Pero el mencionado felino ya estaba muchos metros lejos de ahí, limpiando sus sucios bigotes de chocolate y burlándose de ella, pensó colérica Sakura.

[...]

Ya varios años habían pasado desde la primera vez que había puesto un pie en ese inmueble. Lo admitía, había crecido junto con él.

Recordaba al Uchiha Royalties de antaño y veía el actual, y la comparación sí que dolía.

Los muros nacieron junto con él, éstos, ahora tapizados finamente, llenos de recuadros de miles de pesos y con pantallas amplias, sólo le hacían recordar aquellas paredes grises y vacías que poco a poco se fueron llenando hasta ser lo que son.

Lo que había comenzado con un proyecto familiar y modesto, era ahora el imperio de franquicias más poderoso de todo el país.

Y él se seguía sintiendo tan pequeño como la primera vez.

Cuando su padre lo mantenía ahí todo el desquiciado día archivando, documentando y generando cálculos, en lugar de estar en casa o cualquier parque como el niño menor a diez que era.

No, porque de tal manera no estaría pisando ese azulejo brillante y fino, ni lo atendería esa preparada recepcionista, ni hubiera esa excesiva seguridad rodeándole.

—En un momento el señor Fugaku está con usted, joven Uchiha.

—Gracias, lo esperaré en su oficina.

Le pareció curioso el trato de esa secretaria, sabiendo el hecho de que la había visto en un estado deplorable de alcohol colgada del cuello de Shisui hace días, se le cruzó por la cabeza la idea de que su padre se había enterado de tal situación y tomó cartas en el asunto.

Y claro, como si de una invocación se tratara...

—¡Comadreja!, ¿qué diablos haces aquí?

Y, como muchas veces en su vida, agradeció esa vez que su primo apareciera tan mágicamente en el momento más preciso.

—Es mi empresa también, ¿no?

La risa de su primo se escuchó por todo el pasillo al escuchar eso. Se acercó a él y le pasó el brazo por el cuello.

—Me alegra que ya estás bien... extraña ya ese humor tan amargo tuyo.

—Déjame en paz, Shisui. —alegó de mala gana mientras forcejeaba por deshacerse del agarre.

—Itachi.

La voz hizo callar las risas y desapareció el buen momento. El patriarca hacía acto de presencia a espaldas de ellos.

—Padre, —saludó serio— he venido a hablar contigo.

—Pues vayamos a mi oficina entonces.

Dijo girándose, ignorando al otro Uchiha como de costumbre. Itachi sólo dirigió una mirada a su primo y éste asintió.

—Tenía días sin verte por aquí, quisiera saber a qué se debe eso. —Dijo cruzando el gran umbral de la puerta. Tomó asiento y esperó por la respuesta de su primogénito.

—Eso no importa, —sentenció tomando asiento— ya no me verás más aquí.

—No te entiendo...

—Padre, he venido a renunciar.

Su padre se levantó estrepitosamente de su asiento.

—¡¿Qué carajos dices?! —gritó furioso.

Itachi, quien ya se esperaba esa reacción, no movió ni un sólo músculo ahí.

—¡Responde!

—Que renuncio, padre —alzó la voz, calmada y firme, pero sin matiz —que ya le he entregado mucho a esta empresa.

—¿Que le has entregado mucho dices?, Itachi, es tu patrimonio, tu legado, ¡esto es tuyo, carajo!

—No, te equivocas, padre. Yo no quiero esto.

—¡No seas imbécil!, no permitiré que renuncies y dejes de lado tu responsabilidad, ¿me oyes?

—No, —dijo más firme que nunca —ampliaré mis horizontes, saldré de aquí porque esto se está pudriendo desde adentro y la única manera de salvarlo es por fuera.

Su padre, quien furioso respiraba y caminaba de un lado a otro, quedó en silencio y estático. Volteó a verlo con mirada profunda y se acercó demasiado a él, pero Itachi no se inmutó.

—Explícate —susurró en tono amenazante — ¡Exijo tu explicación!

—Te lo diré porque de todas formas te enterarás —lo confrontó a los ojos —, madre tendrá mi total apoyo.

Fue rápido, su padre fue bastante rápido; los ojos abiertos de Fugaku, el agarre que ejerció en el cuello de su camisa, el vaso de whisky estrellándose a en la pared opuesta y, por último, la bofetada en la mejilla de Itachi. Todo fue muy rápido y confuso, en un abrir y cerrar de ojos Itachi tenía la cabeza ladeada.

—¡Traidor!, ¡maldito traidor! —se alejó de él y aventó la pobre silla que quedaba de lado —¡¿Ya se te olvidó quién te dio de comer cuando ella se fue a alimentar niños africanos?!, ¡¿Por qué, Itachi?!, ¿Por qué ahora haces esto?

—Por Sasuke.

Silencio. Fugaku quedó en completo y frío silencio.

—¿Por Sasuke? —la voz le salió rasposa de tanto grito —¿qué tiene que ver él en esto?

—Tiene que verlo todo, ¿no entiendes?, él es la única esperanza para este lugar.

Fue gracia para Fugaku esas palabras. El sólo pensar en su hijo menor siempre le daba dolores intensos de cabeza. El muchacho era un caso perdido y él no era capaz de exigirle más de esa desfachatez propia de Sasuke.

—Padre, esta empresa va a caer en cualquier momento y...

—Cállate. —Interrumpió.

Pero Itachi no calló.

—... Y tenemos que pensar en las generaciones siguientes, en Sasuke, que lo han dejado a la deriva. Esta empresa, patrimonio como dices, ha sido creada vilmente...

—¡Que te calles!

—¡Es una infamia!, ¡siempre lo ha sido! —gritó por primera vez a su padre.

—Lárgate, Itachi. Lárgate y ya no vuelvas, me encargaré de que te echen si te atreves a poner un pie aquí... Ah, y no me limitaré, te destruiré también.

El mencionado sólo asintió y se retiró de ahí.

[...]

El medio día estaba muy fresco y joven aún, el rocío del jardín tan bien cuidado le hizo erizarse la piel y la taza de café que su madre le había preparado le ocasionó una nostalgia de momentos que jamás había vivido.

—Tu padre es una bestia —lamentó su madre tocándole la inflamada mejilla con miedo, como si de un fino y delicado pétalo se tratase, como si lo fuera a romper.

Pero su hijo yacía roto ahí. Y ella lo veía, lo sabía, lo lamentaba también.

—No pasa nada, madre, no te preocupes por esto.

Los gritos ya habían cesado, el coraje y la rabia de madre se habían apaciguado eventualmente. Ya era posible hablar en la misma sintonía que su hijo, Itachi ya le había contagiado de esa -aparentemente- calma infinita.

Cuando lo vio llegar temprano, después de no verlo ni saber nada de él por tantos días, con una bolsa de papel en un brazo y unos girasoles en la otra, le hizo sentir el corazón derretido y salió corriendo a abrazarlo. Cuando se percató del semblante tenso y la mejilla hinchada y roja, supo que ya había sucedido lo que a tanto temía y, sabía, pasaría.

Obviamente se enojó. Hirvió en coraje con la vida, la suya y la de sus hijos, con lo injusta que era ésta, con Fugaku principalmente, por la manera en que hacía las cosas y la manera en que trataba a sus hijos, y por último, se enojó con ella por ser incapaz de proteger a sus hijos. Que, a pesar de ser mayores ya, seguían siendo víctimas directas de maltratos entre ellos. Y claro, coraje al ver en persona ahora la manera en que sus hijos fueron tratados mientras ella no estaba con ellos.

—Madre, tranquila —le consoló Itachi —esto tenía que pasar, tarde o temprano.

'Esto ya había pasado', se limitó a decir.

No le pondría más sal a la herida.

—Lo sé, hijo, créeme que lo sé... Pero ya, —dijo tratando de sonreír— ya basta de lamentos, hay que estar fuertes. Esto será aún más difícil.

Lo vio, lo idolatró ahí sentado en el amplio y blanco sofá, con la luz excesiva de la ventana detrás y supo que lo había extrañado tanto. Que la vida era tan difícil que ni se había percatado de eso.

—Hijo, vuelve a la casa, por favor.

—Ya habíamos hablado de esto, madre. —Dijo en un susurro viéndole a los ojos.

Así era Itachi. Por más frío y distante que se hiciera pasar con ella, siempre era noble y le hablaba en un dulce tono que, Mikoto afirmaba, no era merecedora.

—Itachi, aquí las cosas no están bien... Tú no lo estás tampoco, ¿crees que me lo puedes ocultar? —dijo tomando la mano maltratada de su hijo, aquella que era delatadora con moretes del uso tosco del catéter e hizo esto obvio con una caricia lo que trataba de decirle.

'Perdón, madre, no puedo, estoy muriendo y no permitiré que ustedes lo vean.'

—Tienes razón, me ha costado una deshidratación nada severa el acostumbrarme a mi nueva vida, pero fue sólo eso, una deshidratación. —Mintió.

Y Mikoto, como siempre, le creyó a la primera. Era difícil saber si esto era por la excelente habilidad de Itachi por mentir o por la desmesurada confianza que su madre le tenía.

—Tu hermano y yo te necesitamos... —se escuchó a penas en un sollozo.

—Ya habíamos hablado de esto, Sasuke te necesita y te necesita fuerte, madre, él no puede más que tú...

'Y yo no estaré aquí siempre.'

—Madre, —dijo aprisa antes de que sus propios pensamientos lo abatieran — escúchame —buscó la temblorosa mano de su madre y capturó su mirada —aprenderemos a estar unidos, no juntos pero sí unidos, y saldremos adeltante con esto, sí, Sasuke es difícil, ¿crees que no lo conozco?, pero te aseguro que es un buen chico.

—Sasuke... "Todo esto es por Sasuke", siempre me digo eso cada noche —sonrió amargamente.

—Por ti también, madre.

Agregó finalmente y le dio un beso en la frente para levantarse de ahí.

'¿Y por ti quién hace algo, Itachi?', pensó Mikoto en el momento en que lo vio entrar a la cocina, y el mismo pensamiento se quedó con ella para ya no irse.

[...]

—¿Qué haces aquí?

Sasuke Uchiha era muy claro en sus reglas, la principal de ellas era la de no entrar a su habitación bajo ninguna circunstancia -a excepción de su hermano, que siempre entraba como si de su habitación se tratase-, y eso incluía no poder estar siquiera en el umbral de su puerta, como Mikoto lo estaba.

—Tu hermano está aquí, está preguntando por ti.

—Pues no quiero verlo, dile que, por mí, se puede retirar. —dijo sin sacar la cabeza de las sábanas.

Escuchó el sutil "está bien" de su madre antes del cerrar de la puerta.

¿Así, sin más?, ¿sin un regaño por el desplante?

Vaya día tan más aburrido.

No, realmente era decepcionante. El sentido más reprimido en su ser le pedía que saliera corriendo de la cama en busca de su hermano, pero su solemne y determinado orgullo le hizo negarse a la idea.

Pero su corazón lo delató cuando latió acelerado al escuchar la voz de su hermano subir las escaleras. Aún así, no se movió de ahí.

—Con que estás enojado conmigo.

—Lárgate de aquí, Itachi.

Sólo escuchó la risa de su hermano a, lo que imaginó, unos dos metros lejos de él, ¿cuándo se había acercado tanto?

Quién sabe, él no saldría de las sábanas.

—Mírate, hecho un crío berrinchudo.

—¡Que te larges!, ¿no entiendes?

—No.

—¿No?

Más que molesto y en un arrebato de coraje, desprendió las sábanas de él para encarar al descarado de su hermano. Itachi estaba raro, estaba inusualmente contento y la sola idea a Sasuke le intrigaba.

—Dejamos una conversación pendiente en la mañana.

—Pues yo no quiero hablar contigo y no saldré de aquí por nada.

—Bueno...

Sasuke sólo sintió -por que se había envuelto tan herméticamente de nuevo en las sábanas- el incremento extra en el colchón de la cama, salió de nuevo y vio cómo Itachi se acurrucaba a un lado suyo.

—¡Itachi!

—Hablaré yo entonces.

—¡Qué insoportable eres!, ¿qué me dirás?, ¿que te va de maravilla con tu nueva vida?, ¿que hoy casualmente te acordaste de mí y viniste a buscarme? ¿o por fin te despedirás?, porque la última vez no lo hiciste —la risa de su hermano sólo lo hizo colerizar más— A mí no me engañas, Itachi, por algo traes la cara golpeada, no te va muy bien que digamos.

—No, no me va muy bien, pero te equivocas en el resto, —se incorporó y agregó casi con miedo — hablé con padre en la mañana.

Sasuke, en cambio, sí se horrorizó. Rápidamente se incorporó.

—Él te golpeó... ¿qué pasó, Itachi?

La comadreja dudó bastante en contarle. No dudaba de la capacidad de comprensión de Sasuke, sino de su madurez, pues hasta hace momentos estaba enrollado en las sábanas dispuesto a no salir nunca de ahí y, ahora, estaba serio, con el cabello despeinado, pero serio y preguntando por temas relativos a lo que se negaba ser parte.

—Renuncié a la empresa esta mañana.

—¿Qué?, ¿en serio?, ya déjate de bromas.

—Sasuke, es en serio.

Sí, Itachi ya empezaría a hablarle con la verdad. Entendió hace ya tiempo que la única manera de hacer que Sasuke dejara de comportarse como un niño era dejar de tratarlo como uno.

—¿Por qué, Itachi?, ¿te has vuelto loco?

—¿Me vas a juzgar? —le preguntó a los ojos y el menor los retiró muerto de vergüenza, vio la negación de su hermano y prosiguió: —Quiero que sepas, estaré con madre. Lucharé con madre.

Bueno, le contaría la mitad a medias...

No le agradó para nada escuchar eso, pero tampoco le desagradaba la idea de que su hermano se liberara de su padre. No sabía cuál bando era mejor, sólo sabía que estar con su hermano era lo único que quería.

—Bien, entonces yo también denegaré a Uchiha Royalties.

—No. No, tú no, Sasuke.

—¿Y por qué no? —preguntó bastante alterado.

—Tú debes mantenerte dentro, luchar desde adentro. Padre no puede despedirte, nadie puede, eres ahora el único heredero.

Abrió bastante los ojos y pensó que todo era una broma del peculiar humor en Itachi.

—No entiendo nada.

—Tú confía en tu hermano, que está aquí para cuidarte.

El leve rubor en las blancas mejillas de Sasuke desapareció tan rápido como llegó tras recibir el golpe de su hermano mayor en la frente.

Claro que confiaba en él, así el mundo se manifestara tan retorcido como siempre.

[...]

Salió después de varias insinuaciones de su madre porque se quedara esa noche y varios reproches directos de su hermano.

Caminó con el miedo y la seguridad juntos. Tranquilo de dejar la situación un poco más estable con Sasuke y su madre, un poco más prometedora y serena. Y por otro lado, temeroso del nuevo escenario que se había formado entre su padre y él, asustado no por él, sino por el desquicio de su padre apoyado por su tío Madara.

Y, debía admitirlo; iba cansado. El día tan productivo lo había dejado fatigado y sin fuerzas. Así que, sin pensarlo mucho, decidió tomar un taxi.

Ya era noche y hacía frío. Se había traído -o lo habían obligado a llevarse- la bufanda gruesa color tinto de su madre y, por eso mismo y el abrigo gris formal, no la estaba pasando tan mal. El panorama de la ciudad pintaba a ser el más cálido que se podría apreciar en todo el año, a pesar de la gruesa nieve que cubría casi todo, y supo que él no estaba del todo bien hasta que pasó por la entrada de aquel barrio histórico del centro de Konoha. Donde los árboles de cerezo adornaban preciosos de ese rosa tan particular.

Ese rosa.

Entonces supo que no estaba del todo bien; le faltaba algo.

—Espere, dé vuelta en la izquierda, por favor. —Ordenó todo inseguro al taxista.

No, le faltaba alguien.

[...]

El toque de la puerta la sorprendió como si jamás hubiera presenciado tal suceso. No esperaba visitas y ya era tarde para ellas.

Sus amigos ya deberían estar en algún antro medio ahogados en alcohol a esas horas. Y ella ahí, de un lado a otro buscando la bata de dormir para cubrirse "decentemente" y no salir a abrir en ropa interior.

Por fortuna la encontró rápido y, al abrir la puerta, supo que no, las sorpresas no habían llegado hasta ese momento.

—Itachi.

El recién llegado, firme, solemne y serio como siempre, sólo atinó a saludar con una muy ligera reverencia.

'Tan formal como siempre', pensó ella.

No, Itachi estaba hecho un torrente de nervios a punto de colapsar ahí mismo.

—Buenas noches, disculpa las molestias...

—Hola. —Apenas mencionó. —Disculpa, entra, pasa. —Aprisa dijo cuando se dio cuenta de que aún lo tenía en el margen de la puerta.

El entró y agradeció el silencio de poder estar ahí.

Se quedaron en silencio varios segundos. Ella ansiosa y emocionada, él nervioso y con las palabras estancadas en su garganta.

—Yo... —lo vio apretujarse los dedos de las manos, el pulgar de cada mano tocaba con cada uno del resto rápidamente a los costados y llevar la mirada de un lado a otro.

Estaba completamente nervioso.

Pero, ¿nervios?

'¡Vaya, Sakura!, ¿pues qué le has hecho a este pobre muchacho?'

—Yo estoy aquí porque tengo un par de dudas.

'¿Dudas?, ¿que él tenía dudas?', vaya, al menos no era la única en el caso.

Pero ahora era ella la nerviosa. ¿Qué clase de dudas podría él tener de ella?, quizás le preguntaría por Sasuke, por su capacidad médica para atenderlo, o algo privado...

—¿Te gustaron las flores?

'¡Ay, Sakura mal pensada!'

—¡Me encantaron! —chilló —, están divinos, Itachi.

Itachi rió enajenado y perdido entre las pupilas brillosas de esa chica, esa perfecta sonrisa lo hizo derrumbar cualquier barrera de nervios que cargara y la magia que desprendió Sakura dando brinquitos emocionada en ese momento le hicieron saber que había hecho la mejor inversión de su vida en esas flores.

—¡Soy una torpe!, ni siquiera te he agradecido.

—No, ya lo hiciste. —Habló con esa voz profunda y seria que la hacía volver loca.

—¿Y cuál es tu segunda duda?

—Quería saber si te gustaría ir a cenar conmigo ahora mismo.

Y Sakura, en sábado de fachas, con la bata de dormir, sin una pizca de maquillaje y el cabello hecho nudos, sólo aspiró a sonreír bajo la tenue luz de la lámpara del recibidor -porque no se habían movido de ahí-, tomar atrevidamente la mano temblorosa de Itachi y dar la única respuesta que se autopermitía.

—Sí, claro que sí.

E Itachi ya no soportó más y amplió lo más que pudo su sonrisa. Esos hoyuelos a los lados fueron la cereza en el pastel de Sakura.

Y la noche, el regalo de ambos.

[...]

Continuará...

[...]

Notas:

Gracias por leer y por sus lindos mensajes. Espero disfruten del capítulo más largo hasta el momento.