I was scared, I was scared, tired and under prepared... But I wait for it.
[...]
Esa noche no hubo cita alguna.
Vaya, ni siquiera habían podido salir del pasillo, mucho menos del edificio.
Sólo esas paredes ruidosamente alumbradas por lámparas fueron testigos del hecho que impidió lo tan deseado. El hecho fue rápido, demasiado instantáneo, sin preverlo y mucho menos programarlo, eso sí, bastante desgraciado.
—Lo siento.
Había dicho aquello cuando ya estaban de regreso aquel departamento del cual fueron escasos los minutos que no estuvieron. Salieron seguros y confiados en que sería esa la noche más esperada por ambos.
Y así hubiera sido, hasta que el mundo bajo los pies del muchacho dejó de ser estable y su vista comenzó a nublarse.
Fue rápido; un mareo, unas fuerzas que se iban de su cuerpo como la luz y su velocidad, una punzada en su pecho, una presión en la cabeza que sólo reflejaba la falta de aire en su organismo e Itachi terminó de rodillas en el piso -afortunadamente- alfombrado.
Hubiera caído más, pero fue sostenido. Unos brazos correctos reaccionaron rápido para evitar el desplomo total.
Y entonces, sólo entonces, supo que ya nada podía salir más mal.
—En serio, lo siento.
—Ya, tranquilo. —Le confortó dulce.
¿Por qué si la vida misma se estaba yendo de él, no le dejaba al menos espacio para uno que otro momento agradable?, ¿Por qué tanto ensañamiento con él?
La única respuesta que la mente aturdida y los sentidos desorbitados arrojaba era simple y desgraciada con él; era algún tipo de castigo por no haberla vivido en su debido tiempo.
—Era muy de esperarse que esto pasara, ¿qué pretendías?, ¿tomar tu primer quimioterapia e ir a dar un paseo por la ciudad al siguiente día...?
—Al segundo día. —Corrigió a penas con fuerzas.
—Itachi, ¡estás en estado crítico!, no puedes andar por la vida como si nada pasara. —Sentenció haciendo gala de su firme carácter.
—Sí, sí puedo.
—Sí, puedes, pero sólo unas horas —medio gritó exasperada. El Uchiha era terco. —Por favor, —agregó después suave —entiende, no estás en condiciones...
Sakura realmente hablaba con miedo. Limitaba su espontaneidad por temor a su imprudencia, algún punto débil o un orgullo herido del muchacho, a fin de cuentas no dejaba de ser un Uchiha, ¿no, Sakura?
No, muy al contrario de los pensamientos de la pelirosa, ella sólo recibía de Itachi risas cuando lo aprendía de ese modo.
'Insufrible Uchiha.'
Pues era ella la que sufría cuando le ganaban las mariposas en el estómago cada vez que la comadreja la miraba de esa forma en medio de sus regaños.
—¡Es en serio, Uchiha! —chilló preocupada.
—¡Deja que me ría, mujer! —controló un poco la risa para agregar: — Saliendo de aquí seré el miserable de siempre.
—No digas eso, tú no eres nada de eso.
—Incluso ahora mismo pretendo olvidar que eras novia de mi hermano hace meses o que eres mi médico. —Le sonrió sincero.
—Itachi... —Le susurró quedito mientras le retiraba los mechones largos del rostro.
¿Qué hacía ese hombre para hacerla sentir tan cálida?, ¿qué tenían esos ojos negros para encantarla tanto?
—Así que, sólo por este rato, déjame, —comenzó a moverse y agregó: —déjame al menos prepararte la cena. Será sorpresa.
—¡De ninguna manera!
—Te va a encantar.
—Itachi...
Pero ya no lo pudo detener. Ese hombre, una vez más, sacó fuerzas de donde no las había y se levantó como si nada pasara de ese sillón que lo vio llegar casi al borde de un colapso.
[...]
—Es trampa si miras.
—¡Que no estoy mirando!
Él le permitió la vista nuevamente. Primero alzó los dedos índices y por último retiró por completo sus manos del rostro de Sakura.
Su ligero grito de emoción lo hizo reír. Esa chiquilla era adorable.
—Me encanta. —Admitió fascinada.
La mesa, muy pequeña y sencilla, estaba repleta de comida igual que ésta; sencilla. Fruta picada, una jarra de jugo y otra de agua natural, un par de sándwich con sus respectivos platos, unas galletas caseras y una flor ultrajada del balcón vecino en una simple botella fueron suficientes para llenar lo pequeña que era aquella mesa.
—Te dije que te iba a encantar. —dijo con fingido soberbio.
Más que encantada, Sakura estaba sorprendida. Si el sólo hecho de cocinar a Sakura le pareció sorprendente, ver esos sándwiches lo fue más, y bueno, la razón de ello es que venían de un mismísimo Uchiha. Una vez más, Itachi tumbó la imagen altanera y vanidosa que Sakura tenís de los Uchiha en su cara. Pues no había algún platillo exquisito o gourmet en la mesa.
—¿Sakura?, se va a enfriar la cena.
—¡Oh, sí!, disculpa, me quedé pensando.
—¿En qué?
'En la última "cena" que tuve con tu hermano.'
Fue inevitable la comparación, uno era el contraste del otro.
Aquella última cita en la que Sasuke se había enfadado en medio de la cena y se retiró rempujando meseros y demás clientes, dejándola ahí, sola en ese restaurante con miradas de gente estirada sobre ella.
—En nada.
Trató de olvidar y vivir el momento. Ahora tenía una versión de hombre diferente y hacía por ella hasta una cena cuando ni de pie podía estar. Él pareció entenderlo sin palabras y la dejó.
—No debí dejarte hacer esto. —Dijo cuando lo vio apoyarse al filo de la mesa en medio de un mareo.
El otro Uchiha, Shisui, ya le había advertido lo necio que podía llegar a ser Itachi. Pero ella jamás pensó que tanto y algo dentro de ella le decía que eso no era nada.
—Tonterías. —dijo él.
—Sigo pensando en que debemos ir al hospital.
—Y yo en que tu cena se sigue enfriando.
Sólo suspiró ante aquello. No le iba a ganar ni lo iba a mover de ahí. Se sentaron y el silencio comenzó a reinar.
—¿Me vas a contar qué te pasó en la mejilla? —preguntó después de un rato.
La sorpresa en él no se manifestó por fuera, pero por dentro era otra cosa. Había olvidado por completo aquel hecho.
—No entenderías.
—Explícame de modo en que entienda.
Él la miró a los ojos por un momento. Trató de descifrar lo que su tono no quería decir, trató de descubrir si ella lo decía en serio o no, pues le parecía difícil creer en que alguien -y alguien como ella- se interesara tanto en él.
—Está bien... —suspiró retirando la mirada aún inseguro si contarle o no —Luché contra los dragones que están afuera de este casillo para poder subir a la torre y ver a la princesa.
Sakura no soportó y estalló en carcajadas. Él también rió y el departamento se convirtió en un perfecto concierto de risas sincronizadas.
[...]
Sasuke ya no sabía qué estaba bien y qué estaba mal. Su vida se había convertido en un péndulo en el lapso de los últimos días y tampoco sabía ya a quién culpar.
Lo que antes veía bien ahora lo hacía cuestionarse si estaba mal y viceversa. Ya no sabía tampoco si había sido lo correcto hacerle caso a su hermano.
Total, el ingrato ese ni lo había buscado en esos últimos días.
Y por más que intentó, no pudo sacarle información sobre su nueva residencia. Ni Sasuke ni Mikoto sabían dónde vivía, con quién ni el por qué de que todo esto fuera un misterio. Había días seguidos en los que ni respondía el teléfono ni los mensajes y Shisui alegaba que él tampoco lo sabía, pero claro, a Sasuke no lo engañaba.
Oh, Shisui sabía. Tenía que saber.
Sasuke a veces pensaba que su primo sabía más cosas sobre su hermano que el mismísimo Itachi.
—¡Sasuke!, ¿tú aquí?
Por eso la misma presencia -como siempre espontánea- de su primo le hacía sentir una repulsión bastante comprendida.
—Si no es para decirme dónde puedo encontrar a mi hermano, tú ni me hables.
Shisui sólo rió por la nueva ocurrencia de su primito.
—El pequeño Sasuke está enojado —dijo burlesco ignorando la anterior petición.
—Sólo dime cuál es la oficina de mi padre y piérdete de mi vida.
Una carcajada sarcástica sólo se escuchó al fondo del pasillo, y cuando Sasuke quiso voltear y alegar, Shisui ya no estaba.
—Padre.—Susurró bajo, muy bajo frente a esa puerta cuando por fin dio con la oficina se dirección general.
El gran Sasuke Uchiha, rompecorazones, quien jamás perdía y todo vengaba, ese muchacho que se forjó a golpes de la vida, tenía miedo de siquiera tocar aquella puerta.
Pero entró. Muy contrario a sus deseos y con la pinta -y sólo eso- de saber lo que hacía, Sasuke tocó, abrió y entró con paso firme. Pero no, las cosas no eran así.
La última vez que había pisado ese inmueble fue hecho un crío tomado de la mano de su madre. Ahora era diferente, ya era casi un hombre, no había madurado -y él lo sabía-, pero ya no contaba con la misma protección que antes y eso era sólo un indicativo de que tenía que darse prisa con ese asunto de la madurez. Las manos le temblaron y en el estómago se le formó un agudo nudo cuando la mirada de su padre recayó en él.
—¿Sasuke? —dijo desde un rincón una tercera persona que no estaba contemplada en los planes del menor.
—Tobi. —Sasuke no lo disimuló, fue una sorpresa verlo ahí.
—Hijo, qué bueno es verte. —Dijo Fugaku.
—Padre, vengo a hablar contigo.
—Obito, puedes retirarte. —Se dirigió al otro miembro en la oficina.
'¿Obito?'
Para todos ahí había sido una sorpresa ver al menor de los hijos de Fugaku llegar, pero sin duda la sorpresa mayor se la llevó este mismo al ver a Tobi ahí. Sasuke tenía años sin acordarse de su existencia y, por una extraña razón, ese de ahí no parecía aquel primo que había conocido hace muchos años. Claro que era él, seguía con esa cara de estúpido -según la perspectiva de Sasuke y de muchos-, seguía con ese cabello particularmente común y con esa mala espina que le transmitía.
El hijo de su tío Madara salió y le dedicó una sonrisa al pasar a un lado suyo.
—¿Qué hace ese estúpido aquí? —preguntó una vez que estuvieron solos.
—Se unió esta mañana a la compañía. —respondió simple su padre.
—¿Hablas en serio?, digo, es Tobi, ¿ya se te olvidó la vez que se tragó una moneda en plena fiesta de cumpleaños y la estropeó toda?
—¿Vienes a juzgarme?, se te olvida que Obito es tan Uchiha como tú. —le dijo su padre desde el otro lado de un fólder —Sé lo que hago, Sasuke.
'Ah, ¿sí?, ¿desde cuándo?'
—¿A qué se debe tenerte aquí, hijo?
'Ni siquiera yo sé...'
—Itachi me contó lo que pasó.
—¿Y vienes a pelear por él como lo hizo Shisui?
—No, —dijo Sasuke sin saber en realidad qué hacía —vengo a tomar mi puesto en esta empresa.
[...]
—Puedo confiar en ti, ¿verdad?
—Sí... No estoy de acuerdo, pero sí.
—Bien, gracias.
Por instinto inclinó la cabeza casi a la altura de Sakura y quedó a pocos centímetros de ella, pero no sucedió más, se retiró demasiado rápido. Se marchó con la imagen de la joven sonriéndole en su cabeza y eso, para él, fue suficiente.
—¿Por qué así, Itachi?
Soltó ya que se encontró el completa soledad. Pero la cuestión no se fue, llegó para quedarse, al igual que la incertidumbre e impotencia.
"—No, ni mi madre, ni Sasuke ni nadie deben saberlo... Ya sabré yo cómo ocultarlo.—" Había dicho el de coleta.
—¿Cómo ocultar que te estás muriendo?
Le preguntó en su momento y ella se lo preguntaba ahora a solas. Se sorprendió al sentir la garganta helada y la vista empañada.
'¿Llorar por ese hombre?, vaya, Sakura, ya estás perdida.'
Pues estaba haciendo lo que se prometió haace tiempo no hacer; derramar lágrimas por un hombre. ¡Menos por un Uchiha!... Otro, dicho sea de paso.
Respiró profundo y se alejó de la puerta. Presa de miedo a sus instintos de salir corriendo a aferrarse a la espalda perfecta de aquel hombre, decidió que lo mejor sería ocupar la mente. Y bueno, no fue difícil, Sakura era experta en tener pendientes domésticos. Cuando decidió que lavar los trastes estaba bien, se topó con la vaga imagen de Itachi usando esos mismos trastes para servir la cena.
A Sakura se le partió el alma, y entendió -oh, sí que entendió- que sí, lloraba por Itachi, pero no por los mismos motivos por los cuales siempre terminaba llorándole a los hombres. Lloraba por su vida, por su desgracia.
El chico sufría y consecuentemente, Sakura también.
Pues sí, claro que lloró. El pecho le dolía y el hueco en el estómago le dejaba un sabor agridulce en el paladar y sí, se debía al Uchiha ese.
Lo supo, cuando adentrados en una profunda plática ligada firmemente a los sentimientos del otro, él le contó de sus planes. El por qué se aferraba a la poca vida que le quedaba, el por qué de su lucha solo y, sobre todo, el por qué aún no podía morir.
" —Adoro demasiado a Sasuke."
Le confesó con una sonrisa de adorno. Y supo, que ese hombre de coleta ahí, lo único que buscaba era un apoyo. Y ella, sin palabras verbales, le afirmó que lo sería.
[...]
Continuará...
