If you should fall upon hard times, if you should lose your way, there is a place, here in this house, that you can stay.

[...]

Lloraba ya sin lágrimas. No podía respirar bien entre los espamos ocasionados por los sollozos contenidos.

Se tallaba la cara con ganas de arrancársela, sus cabellos eran firmes al cuero cabelludo mientras estos eran jalados salvajemente. La cara, esa linda y fina cara difícilmente distinguida de la porcelana, estaba ahora hinchada y llena de venas alteradas.

—¡¿Dónde está el bastardo?!

—¡Kabuto, grandísimo imbécil, se te escapó! —se escuchó una bofetada —¡Ya no tenemos tiempo!

Un disparo. No, más, seis disparos fueron los que detonaron y Sasuke no se contuvo, gritó de miedo. Esperaba el séptimo y morir después. Presa del pánico soltó ese pequeño grito que su garganta había tenido reprimido. Esperando por su muerte, se llevó la sorpresa de ver luz después de tantos días.

El catastrófico ruido no lo dejaba distinguir, pero estaba seguro de escuchar sirenas de patruyas. Pasaron unos minutos en los que no quería ni mover un dedo y verse expuesto desde su escondite. Ese montón de cajas donde halló -a ciegas- un hueco para él.

—Aquí estás, pequeño.

Reaccionó arisco al toque de unas manos que decidieron no descubrirle los ojos de esas ataduras. Volvió a llorar, asustado y trató de reaccionar; sus sentidos le decían que ya no había peligro. Fue cargado y llevado fuera de ahí. No sabía, en ese entonces, exactamente dónde estaba y tampoco quería ver.

—Ya, pequeño, ya estás a salvo.

Era una mujer, sabrán los dioses qué mujer, pero no pudo haber sido una persona más correcta para la situación.

Pasó entre los cuerpos sangrantes con el chico de unos trece años en brazos. Lo subió a la ambulancia, lo cubrió con una manta y entonces, sólo entonces, le destapó los ojos y lo liberó de las ataduras. Ella lo apreció, sucio, golpeado y empapado en lágrimas, aún así, hermoso.

Él apenas la vio, la perturbación y el miedo no le permitieron entender lo que esa mujer le decía. Su vista se nubló y cayó en un sueño profundo.

Despertó al siguiente día. Únicamente lo bueno de todo eso había sido ver el rostro dormido de su hermano muy junto de él. Itachi le rodeaba con un brazo y tenía la frente reposada en su hombro. Sasuke no se supo más agradecido con la vida en ese momento.

Pues la mañana de aquel martes, cuando esas lacras allanaron la residencia Uchiha, Itachi había sido golpeado por uno de ellos al tratar de proteger a su hermano. Sasuke lo vio caer al suelo después de un golpe y su cabeza comenzó a soltar sangre tal cual un chorro de agua en una manguera bajo presión. El menor lo dio por muerto y fue cuando se lo llevaron.

Por eso mismo, verlo ahí, dormido, sano, vivo, había sido lo único bueno de todo aquello.

Se removió en un intento de abrazar a su hermano, pero su maltratado cuerpo sólo le permitió pegar su cara a la cabeza (la cual tenía vendas rodeándola) de la muy joven comadreja. Y al primer movimiento del menor, Itachi despertó.

Fue la primera (y última que recordara) vez que había visto a su hermano quebrarse en llanto.

—Perdóname... Hermanito, perdón... Perdón... —decía en medio de sollozos y temblores.

Le prometió aferrado a su cuerpo, entre un llanto incontrolable, que jamás lo descuidaría más y que nada más lo dañaría.

No lo había podido proteger en ese entonces. Pero Sasuke sabía que ambos tenían que ser protegidos.

Caminando ahora, con la mayoría de edad, entre esos muros de esa empresa, le fue inevitable recordar aquello.

Aún así, sonrió; Itachi le había cumplido.

Había tantas cosas turbias dentro de esa desgraciada empresa, y el secuestro que vivió cuando fue niño no fue mas que consecuencia de los medios "justificados" para la posición en el mercado de Uchiha Royalties.

[...]

—¡Necesito hablar con él!, ¿no entiendes?

Tras el golpe a su escritorio, ese que tenía delante suyo, Shisui subió la mirada. Burlesco como siempre se encogió de hombros.

—¿Y qué quieres que yo haga?

—¡Que me des la maldita dirección, carajo!

—A ver, niño —Shisui provocó —¿qué parte de "no sé dónde vive" no entiendes?

Rabioso jaló de sus cabellos. Se alejó unos pasos del escritorio y comenzó a patear la silla hasta que esta, por leyes naturales y de inercia, salió volando fuera del alcance de la rabieta del Uchiha. Shisui sólo observó todo con la cara recargada en una mano, como si de lo más normal en el día se tratara.

Cuando ya no tuvo más cosas que patear, regresó a sus cabellos y le dio la espalda a Shisui.

—¿Ya?, ¿o mando a traer más sillas para que desparpajes?

—¡No!, ¡Entiende, estúpido alcahuete, necesito a mi hermano! —le tomó de la camisa del cuello no muy seguro de lo que hacía — No me contesta, no sé dónde encontrarlo, ¡no sé nada de él! ¡y lo necesito!

La rabia y prepotencia habían fulminado en un débil y casi imprescindible tono de voz y eso fue suficiente para Shisui. Que si bien el chiquillo siempre le causó gracia por ese odio injustificado a cualquier objeto -vivo o no- en la tierra, era su primo, el más pequeño de todos y su amor era más grande que los problemas que ocasionaba. Ahora, verlo así, no le dijo más sólo que ya había sido suficiente.

—Cálmate, recoge esa silla, siéntate y respira profundo.

—No me digas qué hacer.

—Bueno... —dijo Shisui con falsa resignación —Haz lo que quieras entonces, pero con mi ayuda no cuentas. —hizo ademán de irse.

—¡No!, Shisui... por favor.

'El nene ha pedido un favor, ¿debería grabarlo?'

—Entonces obedece, yo veré qué puedo hacer. —sacó el teléfono del saco y comenzó a teclear.

—No te va a responder —dijo mientras hacía lo indicado bajo la mirada y risa superior de Shisui.

—¡Hey, comadreja bastarda!

Shisui rió ante el desconcierto que eso ocasionó en Sasuke.

—¿Como que si qué quiero? ¡Quiero quitarme al mocoso menor de encima, eso quiero!

Una carcajada soltó Shisui y Sasuke rodó intensamente los ojos.

—Quiere verte... Sí, ya sé... No... ¿Y qué le digo entonces? ¡¿Qué?!, no, no, no... ¡Itachi! —Shisui despegó el aparato de su oído y lo miró, ahora él, con enfado. Después guardó el smarthphone bufando en su saco.

—¿Y? ¿qué dijo?

—Esta noche en mi departamento a las 8. Llega temprano.

—Llegaré a la hora que me dé la puta gana.

Fue lo último que escuchó antes de el azote a la pobre puerta.

—Ay, Sasuke, Sasuke... —Shisui murmuró ya después del infantil desplante de su primo.

[...]

El tic-tac del reloj en la pared era lo único presente en el consultorio D-274, el frío ahí dentro era inexistente y la luz excesiva.

Estaba ansioso, ya tenía esperando ahí cuarenta y ocho minutos, según su propio casio de muñeca. Ya se tenía que ir y reunirse con la montaña de papeles que tenía en su departamento.

Se sentía débil, pero se sentía relativamente mejor. Habían sido días difíciles y ya estaba aprendiendo a afrontar sus bajas de salud solo. Aún contaba mucho con la ayuda de Shisui o Sakura, pero ya no era totalmente dependiente de ellos, a pesar de ser cada vez más intenso el impacto del tratamiento a su enfermedad en su cuerpo.

El silencio se rompió con el ruido del cerrojo de la puerta.

—Uchiha.

Propiamente, Itachi se levantó y saludó como Tsunade jamás había visto a ningún chico -ni adulto- saludar hace mucho tiempo. Recordó que era hijo de Mikoto, aquella vieja conocida, y lógicamente vio normal el comportamiento del muchacho.

—¿Cómo has estado? —lanzó Tsunade únicamente por educación, aún cuando la frase tomara todos los sentidos distintos a ese.

—Pues, eso debería decírmelo usted, ¿no? —esbozó la sonrisa de alguien que sabe que nada estaba bien.

Tsunade suspiró. Le agradaba el chico, le gustaba la determinación y la fuerza que demostraba ante las adversidades, pero le oprimía el alma ver la resignación de morir en alguien quien apenas debía comenzar a vivir.

—Tengo mucho que decirte, Itachi.

—No muy bueno, me imagino.

—No te equivocas... —Tsunade lo vio sonreír amargo y apresuró su acción a los fólder —Verás, aquí tengo los resultados de tus últimas pruebas —dijo haciendo entrega del primer fólder — y aquí, los resultados parciales de tu tratamiento. —Finalizó haciendo lo mismo con el segundo.

El Uchiha ni los abrió. —Dígame.

Él pidió y ella le respondió con sinceridad. Después, en conclusión y en una comunicación más coloquial, dijo:

—No estás mejorando, Itachi. Quizás hemos evitado una metástasis, pero...

—En cualquier momento podría pasar. —completó cuando escuchó la voz de Tsunade apagarse.

Tsunade se levantó y fue hacía él. Con aquella confianza que le caracterizaba, puso el esteptococo sin presionar mucho sobre la espalda del muchacho. Negó con los ojos cerrados al escuchar la irregularidad en el organismo de Itachi, dolía sólo de escuchar.

—Tus ataques son cada vez más seguidos, tu corazón ha demostrado un deterioro también, incluso podrías necesitar un respirador las veinticuatro horas del día...

—Tsunade, dígame qué sigue. El tratamiento no funcionó... ¿Entonces? —comenzaba a impacientarse.

—Una biopsia y subiremos el nivel, por así decirlo, de tu tratamiento. Por ahora. —agregó al final.

Itachi, aún sabiendo lo que significaba, sólo asintió. La vio llenar un formulario, varias notas y órdenes.

—Por cierto, Itachi —le llamó dejando de lado todo —¿has entrado ya a uno de esos programas de ayuda psicológica?, el seguro lo ofrece y es casi obligatorio en pacientes con tu caso.

—Sí, pero me negué. No tengo tiempo para eso, Tsunade.

—¿Y alguien más ya lo sabe?, ¿alguien ya está viviendo contigo?

—No, no ha sido necesario.

—Terco... Pero créeme, lo vas a necesitar, así que...

La vio tomar el teléfono y un pánico entró en él. Tsunade era muy controladora, quizás estaba llamando a su madre.

—Cariño, ven a mi consultorio, por favor.

Y cuando colgó, la vida regresó a Itachi. La médico rió de él, de ver en esos negros ojos una injustificada preocupación.

—Tranquilo, sé lo que piensas, pero hay una norma paciente-médico que no me permite violar tus peticiones... Pero sí velar por tu seguridad.

Itachi pareció no entender lo último, pero en ese momento (y como siempre), ciertos ojos verdes llegaron para darle las respuestas.

Aquel corazón desgastado de Itachi, ese que daba lucha cada día, latió intensamente al voltear a la puerta y ver a esa muchacha ahí, y sólo el ojo analítico y crítico de Tsunade pudo percatarse de ese hecho por los dedos del moreno que rápidamente se aferraron al asiento. Aún así, de ese rostro imperturbable, salió una casi invisible sonrisa cuando cruzaron las miradas.

¿Qué más pruebas quería Tsunade para darse cuenta de que hacía lo correcto al tener a la Haruno ahí?

—Sakura, pasa, tu lugar es aquí, con tu paciente. —dijo la rubia indicándole a la vez el asiento de lado del muchacho.

—Lo sé, Tsunade, pero dicho paciente no me dijo que hoy le había usted citado. —respondió Sakura mirando con desaprobación al muchacho.

—No es necesario tanta atención... —se comenzaba a defender él mismo cuando Tsunade, molesta, se quitó de un sólo tirón los lentes de la cara y le dirigió una mirada -más allá de desaprobatoria- amenazante.

—¡Claro que lo es!, estás bajo su cuidado también, deja de ser tan idiota y comienza por preocuparte más —comenzó Tsunade el regaño.

Sakura, quien conocía de propia fuente el mal genio de su madrina y sus regaños, se arrepintió tanto de directamente haber metido al Uchiha en ese sermón por su impertinente comentario.

—Tsunade... —intervino Sakura —Fue error mío también, lo olvidé, él sólo no me recordó.

Con la cabeza baja y sin delatarse, Itachi sólo junto las cejas con bastante confusión.

—Bueno, bueno, al grano, toma.

Le hizo entrega de los resultados en cuestión. Los ojos verdes iban y venían rápido entre lo escrito, buscando algún error en su propia lectura o simplemente verificar que se trataba del mismo muchacho que tenía a un lado suyo.

—Esto... no es, no...

—Sí, Sakura, es lo que dice. —se apresuró Itachi a hablar después de buen rato.

Parecía que la chica buscaba algo en el aire con los ojos acuosos en frustración, las palabras no salían de ella y el papel en sus manos cruelmente fue arrugado.

—Vamos a encontrar la solución. — Afirmó ella posicionando su mano en el antebrazo del Uchiha.

Él sólo le sonrió triste y a punto de decirle lo que nadie quería escuchar, Tsunade habló.

—La tengo, es un poco anti profesional, pero sin duda la mejor.

Rió soberbia ante las miradas jóvenes y asustadas que tenía en frente.

[...]

—Perdón, sólo dolerá un poco.

Él rió bajo por eso. Sakura siempre se disculpaba demasiado cuando tenía que clavar alguna jeringa en su cuerpo. Para su gusto, aquello era demasiado adorable.

—No tienes por qué hacerlo, Sakura.

—Claro que tengo, es parte de tu tratamiento, ¿y qué crees? aquí quedan otras tres —le dijo con cejas juguetonas mientras movía entre sus manos el resto de las inyecciones —, así que no te muevas.

—No me refiero a eso.

Sí, y resultaba que Sakura sí sabía a qué realmente Itachi se refería, pero le era más fácil hacerse la desentendida. Pero la mirada negra esa la sabía leer, sabía desmentirla y hacerla perderse.

—Podría irme a mi departamento, la verdad no quiero incomodar. —agregó él ante el silencio delatador de ella.

El dichoso plan maestro de Tsunade no fue más que una idea remota al ver aquel contacto entre ellos esa mañana en su consultorio.

Prestar atención médica las veinticuatro horas del día al paciente; Itachi siendo el paciente, Sakura la médico y la sede de esto sería nada más ni nada menos que el departamento de la médico.

Ella, emocionada y deseosa, aceptó. En sus más fantasiosos sueños, cuando las horas de tristeza llegaban y pensaba en que quizás, sólo quizás, aquel hombre que poco a poco se fue ganando su cariño y que moría más cada día, estaría mejor si ella pudiera cuidarlo siempre.

'Pero, Sakura, eso es imposible.'

Hasta que Tsunade llegó con su picardía y atrevimiento.

Yo sé porqué hago las cosas, niño."

Llegó a decirle a Itachi a solas. Después de la rotunda y simple negación de él, pidió que se quedara.

" —¿No te das cuenta?, estamos luchando por tu vida, no sabemos si ganaremos o no, pero en el proceso, ¿por qué negarse al placer?, ¿crees que nací ayer, mocoso?, sé de miradas, sé de gestos... Sakura y tú comparten los mismos, y yo una vez los compartí con quien amé. Date la oportunidad, Itachi, ya hiciste mucho por los demás."

Habían sido las palabras que medio convencieron al Uchiha. Y medio, porque Itachi -por mero orgullo, quizás- no se la dejaría tan fácil.

No se mudaría completamente -como proponía el plan de Tsunade-al departamento de Sakura, pero sí pasaría ahí sus días críticos, o al menos la mayoría de las horas del día. Era un acuerdo justo, según el razonamiento del Uchiha. Era un terco, según las palabras salidas de la boca de Tsunade.

—Itachi, no estamos en condiciones de cuestionar, tú necesitas descansar para tu biopsia y yo ya necesitaba vacaciones pagadas. —dijo Haruno después de un rato.

—No entiendo cómo permites a un desconocido estar así en tu hogar.

Ella rió ante esas palabras mientras recogía los desechos del instrumental médico.

—Sé más de ti de lo que imaginas.

Fue momento de reír de él.

—No lo creo.

—Entonces hay que conocernos.

El sonrió y fue la respuesta positiva absoluta para ella. Se recargó en el respaldo del sofá y cerró los ojos suspirando con pesar. Ella, preocupada, se sentó a su lado y notó su aflicción.

—¿Te sientes mal?

—Sólo estoy cansado. —sonó débil.

—Iré por agua, recuéstate mientras.

Escuchó él en la lejanía mientras se rendía ante el espontáneo sueño.

[...]

—¿Es en serio, teme?

—¿Qué cosa? —preguntó sin interés mientras entregaba un billete a la persona encargarda de aquella florería y recibía aquel ramillete de rosas baratas.

—Esto, tu espectáculo este de siempre, en serio, ella está mejor sin ti. —molesto dijo el Uzumaki.

Sasuke, quien ofendido por la agresiva honestidad del rubio, sólo le dirigió una mirada molesta y decidió ignorarlo.

—¡Te estoy hablando, dattebayo'!, ella está bien así, está creando una vida mejor.

—¡Nadie te pidió que vinieras!, no te estoy pidiendo apoyo ni ayuda, déjame en paz.

Naruto ya estaba acostumbrado al temperamento del Uchiha, y debía admitirlo, lo había extrañado también.

Su amistad se había disuelto completamente por un par de años atrás y por circunstancias de la vida -y ese raro vínculo que los conectó desde niños- los hizo dejar el orgullo y retomar la amistad perdida. Ahora esta no era más que un inestable péndulo en el cual, como esa vez y como siempre, las discusiones eran las que los mantenía unidos.

—Escúchame —dijo detrás de Sasuke —, eres mi amigo, pero ella también, y no es justo que hagas esto.

El Uchiha sólo se mantuvo caminando directo a su auto, sin escuchar, sin pensar y por supuesto, sin retroceder a su plan, aún cuando sabía que aquellas explosivas palabras estaban llenas de razón.

[...]

Aquel vaso de agua le había devuelto un poco la compostura. Lo vio ahí, arrancando su soledad echado en ese sillón que ya lo había recibido antes.

'Y se atrevía a llamarse desconocido.'

Si existía un sentimiento de fuerza en ella, una fe que jamás había sentido, si había una luz celestial y flores en aquel departamento, había sido por él. Eso dejaba hacerlo un desconocido.

Lo vio descansar, sabía que no estaba dormido a pesar de tener los ojos cerrados y el cuerpo completamente adherido al respaldo de ese sofá, lo vio incapaz de sostener con fuerza en las manos aquel vaso y sostenerlo entre el sillón y la mano. Lo vio y no pudo evitar sentarse muy junto a él.

No le importó si aquello le molestaba al moreno, ella no pudo con el impulso. Lo vio abrir lentamente los ojos cuando retiró el vaso de aquel soporte y estuvo atenta a cualquier movimiento, cualquier indicativo de que estuviera violando alguna regla de espacio personal ajeno.

—Tienes manos frías. —le dijo con voz ronca mientras volvía a cerrar los ojos y volteaba la cara a su dirección.

Había sido eso el permiso de permanecer ahí.

—Estaba lavando algunos platos... Ya no podrá haber sólo uno aquí.

Él rió ante esa confesión aún con los ojos cerrados, ella se dejó llevar por el deseo y retiró el cabello de su rostro. Se quedó ahí, perdida en esas hebras negras entre sus dedos, esas que cada vez eran menos y más opacas.

—Harás que me quedé dormido. —murmuró muy, pero muy bajo Itachi.

—Pensé que ya lo estabas.

Aún sin retirar esas caricias en él, Sakura buscó el control de la tv y sincronizó su smartphone con esta.

—¿Qué música quieres?

—¿Mm? —abrió un ojo y vio a qué se refería.

—Bueno, pondré lo que crea que te guste y me dices si adivino o no.

—Mm... —aceptó.

Ella rodó divertida los ojos al recordar ese familiar gesto. Escogió una canción y escuchó de él algo que no logró entender. Un murmullo adormilado que le hizo sonreír.

—¿Qué dices?, no te entendí.

—Que también me gusta the Killers.

—¿Y cómo sabes que a mí me gusta?, ¿cómo sabes que simplemente sé que te gusta?

—Sakura —llamó Itachi mirándola a los ojos con una pequeña sonrisa —, tienes un póster en la pared de atrás tuyo.

—Oh...

El ruido de aquel golpe a la puerta los hizo sobresaltarse. Itachi abrió de golpe los ojos y ella se levantó de una no mejor manera.

—¿Esperas a alguien? —preguntó él confundido.

—No... —respondió ella más confundida aún. Fue hasta la puerta y a centímetros se quedó de esta —¿Quién es?

—Sasuke. —se escuchó del otro lado.

[...]

Continuará...

[...]

Notas de autor:

Hola, leyentes y estimados, ¿cómo han estado?, ¿cómo ha estado el capítulo?, es sólo la primera parte.

Espero estén bien, nos leemos pronto.

Por cierto, no sé si lo notaron (o alguna vez lo notaron), pero esta vez cambié el grupo de la parte principal del capítulo, pienso que venía bien Killers y no el de siempre.