Hola a todos. En esta oportunidad les traigo una historia escrita por mi amigo Sam the Stormbringer, la cual es un premio obtenido en un concurso en el que participe de una de sus historias. Mas concretamente No muevan ni un musculo.
El fic que aquí presento se ambienta en el universo de Tierra de sombras y se ubica poco después del one shot Horizonte oscuro.
Sin más que decir, empecemos con esto.
Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.
El canto del cisne
Royal Woods, Michigan
23 de febrero de 2017
4:42 am
La entrada de la casa Loud
Volverás a edificar sobre las ruinas antiguas y reconstruirás sobre los cimientos del pasado; y todos te llamarán: El que repara sus muros, el que arregla las casas en ruinas.
-Isaías 58:12
Luna veía con consternación sus muchos instrumentos. Todo el aparato con el que había tratado de hacer su vida, ahora yace arrumbado en un rincón junto con algunos de los materiales de bromas de Luan. Lo que una vez fue fuente de miles de alegrías y consuelo, hoy no es más que un montón de chatarra casi inútil. Por supuesto, todavía Jay Rock, su locutor favorito en la radio local, sigue emitiendo a las cuatro de la tarde como todos los días, pero lejos de ser todas aquellas canciones que alegraban sus tardes, ahora las transmisiones que hacía eran sobre todo aquellas que dan un dejo de esperanzas a la gente, una sensación de alivio antes de que la gente recuerde el estado de sitio en el que se sienten.
Echa de menos los días que tocaba con las Cabras Lunares. Extraña las salidas con Sam, las tardes en Bangers 'n Mosh comiendo papas con queso de cabra, salchichas y frijoles casi a reventar, las bromas que entre ellos solían jugarse, incluso salir con Sam a tomar un helado o algo más fuerte cuando querían estar lejos del agobio de sus familiares.
Odia reconocer que ya nada es como antes. Hace poco, lograron meterse a la casa de la maestra Vaporcyan, al otro lado de la ciudad, y saquearon todo cuanto de valor pudiera tener la anciana docente. Sobre todo joyas, dinero y electrónicos, aunque después no faltó el rapaz que, sin ahorrarse nada antes de que llegaran los soldados a investigar (de manera superficial, pero investigar al menos), se encargó de vaciarle la despensa y el baño de lo que pudiera ser necesario.
Escuchando los sonidos de la noche, logra percibir algunas pisadas que sacuden el suelo, seguida de varios sonidos que parecen una especie de cánticos primitivos pero acompasados en perfecta sincronía a lo lejos. Agradece que todos tengan el sueño pesado, pues algo así haría saltar los aparatos de Lisa en todas las frecuencias posibles.
Con el frío del invierno en esas regiones del mundo, salir como ella lo está haciendo es una verdadera temeridad. Con rachas de viento que daban una sensación térmica de -20°F debido a la humedad de la región, salir en ese solo camisón raído y pantaleta es todo un suicidio que las pantuflas de conejito de Luan apenas y remedian el contacto con la duela y el suelo nevado en cuanto salió.
La luz de su homónima en español, ya estando a poco de entrar en cuarto menguante, le dio a ver los suficientes motivos para olvidarse un poco del frío y salir sin protección.
En el cielo, pudo apreciar un halo lunar. Según Lisa, eso es una mala señal para los próximos días si no cuidan incluso su provisión de leña para la chimenea, pues es un indicador de que el viento del polo golpeará con fuerza. En el suelo, a tres cuadras de su casa, podía apreciar contra la luz resplandeciente en el cielo despejado dos hechos de los que hablaría después. Una pequeña manada de saurópodos que no supo identificar, ya que el tema de los dinosaurios nunca le había interesado en realidad después de que, cosa que le ganó una fuerte reprimenda, intentara salir cuando Sully le llamó para decirle que buscarían someter a algún carnívoro para sacarle unos dientes como recuerdo.
Altos, de cuellos erguidos, con las patas delanteras más largas que las traseras y una cola corta y gruesa, que le sirve de contrapeso, el grupo de brachiosaurus se dirigía al parque Ketcham, dejando ver sus largos cuellos dominando el paisaje nocturno. Estos todavía no alcanzaron sus máximas dimensiones, pero la altura ya es notable como para que esos apacibles gigantes se dieran el lujo de deshojar las copas de las coníferas más cercanas y de los añosos robles y olmos de las calles a placer.
Eso, por raro que suene viniendo de ella, la maravilló, a pesar de que el gusto no le duró demasiado.
-¡Luna Loud! -oyó vociferar a Rita-, ¡¿Qué rayos estás haciendo?!
-¡Mamá! -exclamó sorprendida Luna.
-¿Cómo se te ocurre salir con este frío? ¡Y con saqueadores encima! -añadió Rita, exasperada, dando un espectáculo que atrajo las miradas indiscretas de los vecinos de la cuadra- ¡Vas a regresar a casa de inmediato, y en la mañana ya hablaremos de tu castigo!
-Pero mamá, ¡yo solo…!
-¡Ya escuchaste a tu madre! -bramó Albert, enfundado en una pijama gruesa de polar y un rifle de asalto- ¡Lo que acabas de hacer fue muy irresponsable!
En medio de reniegos, Luna teme que llegue el amanecer. Rechazando en un inicio una taza de chocolate caliente que ya le estaban preparando para hacerla entrar en calor y olvidando tanto el espectáculo bajo la luz de la luna como alrededor de esta, sabe que las cosas pueden ir para mal en estos días.
Como todos los días, las primeras luces de la mañana habían dejado en claro que el día, de nuevo, sería lóbrego. Después de que Luna se metiera, una masa de aire polar trajo consigo un barrido de nubes altas que a las ocho se hizo bastante grueso. Y, como se había vuelto una costumbre en los últimos días, el desayuno fue tenso por dos razones en particular.
-¿Por qué Lincoln está comiendo su tonto cereal? -protestó Lola, mirando con asco el tazón de salvado que le sirvieron y con envidia los Zombie Bran de Lincoln.
-¿Otra vez tendremos esa discusión? -contuvo Luan- Algunos alcanzamos a conseguir cosas antes de que dejaran de hacerlas.
-No es como que estemos para quejarnos -secundó Leni-. Puedes tener mis waffles de tostador.
-Si no hubieran tomado la determinación de conseguir ciertos lujos innecesarios y se hubieran adaptado a lo que habría almacenado, ahora no tendríamos esta discusión, hermana mayor -cortó Lisa con frialdad.
-¡Hum! Lo dice quien de desayuno tiene galletas -acusó Lola.
-Son galletas de avena -aclaró Lisa, arqueando una ceja con presunción-. Le pedí hace dos meses a mamá y papá que las consiguieran al coste que fuera necesario. Dos al día en el desayuno y he visto muchos de mis requerimientos calóricos más que cubiertos.
-Mejor no discutan y sigan comiendo -apuntó Rita, pasando tras Lisa y las gemelas-. En media hora empezamos con los cuadernos de trabajo.
-Esto no pasaría si todos compartieran todo lo que tienen -bufó Lynn.
Lynn compartía el mismo sentir que Lola. En mayor o menor medida, todos habían podido comprar algunas cosas que les gustan, entre golosinas, chocolates, cereales y galletas, y lo mismo Rita (aunque ella lo hizo con gran secreto, pues tanto su marido como su padre y Myrtle se mostraron reacios a mantener ciertos lujos que se daban en pos de un racionamiento). Con relativamente poco ejercicio y deportes que hacer, para su horror notó que sus músculos empezaron a flaquear en beneficio de una naciente lonja en el abdomen y flacidez en brazos y piernas. Por ello, se empeñaba en escaparse aunque sea al patio trasero o le pedía a Lori o Luna que la acompañaran.
Debido a su adicción por el azúcar (Lola) y los suplementos, barras y batidos de proteína, no se midieron y ambas hermanas agotaron pronto su provisión y atacaron la de Lucy de galletas cubiertas de chocolate amargo, culpando a Lincoln de ello. Veían con recelo cómo sus hermanos podían disponer de algo adicional a lo que ya comían, aunque fuera también racionado. Ambas en su momento sintieron muy injusto que incluso Lana tuviera por un tiempo panquecitos, pero desde el último día de las bromas que Luan les hizo sufrir, esta tuvo que aprender a la mala a racionar. Y eso se hizo extensivo la comida y los premios de las mascotas, mismos que ya tiene prohibido tomar.
En general, la familia ha estado tomando el racionamiento de gobierno muy en serio. No solo con la comida almacenada han estado pudiendo tener una alimentación decente, cosa que muchos de quienes vivían lejos de la avenida Franklin, aún mucha gente adinerada, envidian al desconocer la situación de la familia. Cierto, los Loud han podido sortear con relativa sencillez las carencias del resto de la ciudad, pero la población desconoce el problema de alimentar a más de diez personas tres veces al día, sin incluir colaciones y picoteos.
Por ello, una vez que terminaron con las lecciones del día, Rita había decidido revisar qué era lo que podría hacer falta en la alacena de la cocina.
-¡Muy bien, niños! -anunció Rita con voz estridente, lo habitual- Voy a salir por comida. Necesito que alguien me acompañe, Lori, Leni, Luan, Lynn jr, Lincoln…
-¡Yo voy! -gritó Luna, saltando del sillón después de pasar una agobiante hora estudiando la campaña de Guillermo I de Normandía.
-¿Oyeron que dije Luna? -preguntó retórica Rita- ¿No? -preguntó de nuevo, dirigiéndose a Luna ahora- Vas a estar castigada por dos semanas.
-¿Qué hizo? -preguntó Lana.
-Ella sabe bien lo que hizo -respondió Rita, frunciendo el ceño-. Voy a necesitar a dos personas, ¡y les aviso que esto no será una gira social!
Borrando las sonrisas de la cara, tanto Leni como Lynn volvieron a lo suyo, esperando que allí pudieran volver a ver a algún amigo y matar el tiempo en lo que su madre se encargaba de las compras. Luan, por su parte, le puso el pie a Lori en el camino para luego empujar a Lincoln. El chico, por suerte, aprovechó el impulso que le dio la comediante para dirigirse a la puerta.
-Pensándolo bien, Lincoln se queda.
-¡¿Qué?! -dijo incrédulo el principal interesado- ¡Ay, por favor!
-Es lo justo, apestoso -dijo burlona Lynn.
-Si él no va, yo no voy -declinó Lori.
-Lori, sé que necesitas compañía para relajarte, pero creo que Lincoln salió la semana pasada.
-De hecho -apuntó inoportuna Lisa- no ha salido de aquí desde la pasada Navidad. Sugiero que él sea quien te acompañe a la tienda por suministros -añadió.
-¡Está bien! -gruñó Rita, volteando hacia Luan- Pero si algo pasa te haces responsable. Vámonos.
Viendo a esta sacarle la lengua, Lori se levantó y esperó a que cerraran la puerta para tomar un cojín y soltar un grito.
-¡¿Por qué, literalmente, nada me sale bien?! -preguntó Lori gritando a los cuatro vientos.
-Porque saliste las últimas tres veces y mamá necesita…
-¡Era una pregunta retórica! -bramó Lori, callando a su hermana dotada.
-Muchas gracias, Cerebrito -secundó Lynn, levantándose y pasando junto a ella a darle un sonoro coscorrón en la cabeza.
-¡No ayudas en nada y todavía lo defiendes! -secundó Lola, queriendo imitar el gesto de Lynn.
-Ha pasado por mucho estrés como nosotros -justificó Lisa-, y con más razón. Una cosa es Lori -señala a esta-, que ahora mismo se va a encerrar para llamar a Bobby, y una muy distinta Lincoln. Es un tema muy escabroso para alguien de tu entendimiento, pero ya lo sabrás cuando tengas que saberlo.
-¿Qué tan escabroso puede ser ahondar en un cabeza hueca?
-Créeme, hermana. Su pubertad será algo que ninguna chica querrá presenciar cuando empiece con ciertas conductas que nuestro padre deberá de explicarle. Si toda esta contingencia pasa en cosa de semanas, ya me tomaré el debido tiempo para estudiarlo de primera mano.
Viendo a Lisa ir a la planta alta, Lola no siente que la justificación que le dieran no es suficiente. No entiende (ni desea saber) lo que pasaría por la mente de un chico que está por entrar a la pubertad -palabra que considera estúpida y duda que exista-, pero todo lo que entendía de su situación fue algo entre líneas. Si él necesitaba salir para relajarse, ella lo necesitaba aún más, necesitaba de toda la atención posible como antes.
Refunfuñando, subió mientras el resto se quedaba viendo una película para matar el aburrimiento general.
-"Tonta Lisa", pensó, "con sus estúpidas palabras rebuscadas y sus… cosas de nerds…"
Todo pensamiento en su mente se fue en cuanto oyó ruido de alguien masticando. Tenía antojo por algo dulce, pero era evidente que esos sonidos vinieran de alguno de los cuartos. Los únicos que podrían estar masticando algo serían el abuelo, apenas llegado de una guardia nocturna y una revista a quienes se encargarían de la vigilancia diurna; su padre, probando que el pan tostado que quedó de la mañana se pudiera aprovechar para usarlo como si de empanizador se tratara y Lisa, con sus galletas de avena. Si era eso, podría hacerle el favor de aliviarle la carga.
El problema con eso es que el crujido viene del cuarto de Lincoln. Su hermano había dispuesto una cerradura adicional y copias a sus hermanas menores por si algo ocurría y su cuarto fuese una especie de habitación del pánico. Considerando que el tobogán inflado que habían instalado sigue funcional, sería su última ruta de escape, y la más viable tanto al búnker de Lisa como a la avenida.
Acompañando a ese crujido, había un aroma demasiado particular. El mal aliento de Lynn, su ropa sudada y el pestilente aliento que todo mundo tiene que aguantar cada que ella come algo dulce. Abriendo un poco la puerta, no era de esperarse ver que alguien estaba atacando cierta provisión.
-¿Lynn?
El viaje forzosamente tiene dos paradas. Por un lado, el supermercado. Lincoln sabe que las granjas, de la nada y temiendo una carestía generalizada, cerraron sus puertas a las ventas generales, limitándose en el mejor de los casos a una venta sobre pedido no mayor a ocho libras en total, o a un cierre total y una clausura absoluta en el peor. Por esa razón, la visita a los Hunnicut queda descartada, obligando a las familias de sus amigos a conseguir víveres y equipamientos en otros lados.
Conforme avanzan, tanto Lincoln como Luan se percataron de que la militarización de la ciudad se había vuelto una realidad. Hace meses que Luan había visto un par de blindados ligeros la última vez que fue a la preparatoria hace meses, y en sus viajes tanto Luna como Lori daban fe de que vehículos similares y personal entraba y salía de Royal Woods.
Por el otro lado, su primera parada, la tienda de Flip. Saben de primera mano que el tendero, una vez que se empezaron a decretar los toques de queda y los consiguientes y eventuales confinamientos, empezó a aumentar sus precios, a pesar de que la calidad de sus mercancías dejaba mucho que desear.
Nada más llegaron a la estación, los Loud veían como algunos clientes iban y venían, tal cual su caso, por algunas cosas que necesitaran. Uno de ellos, Trent, estaba escupiendo el batido del que estaba bebiendo para cuando entraron.
-Recuerden -señaló Rita, entregándoles una lista a cada uno-. Solo lo indispensable, sin antojos. Si tienen para pagarlo de su bolsillo, está bien, pero tendrán que etiquetarlo y guardarlo con el resto. No pienso completar si les falta, ¿entendido?
Asintiendo de mala gana, ambos chicos entraron, mas Flip se dio cuenta de cómo podrían proceder. Podría haber accionado, de no ser porque Trent se le acercó molesto.
-¿Qué clase de basura es esto? -preguntó el chico, molesto.
-Lo siento, jefe -dijo Flip, sonando zalamero de entrada-. No hay cambios ni devoluciones.
-¿Cómo que no hay cambios o devoluciones? -protestó Trent, furioso- ¡Pasé una semana paleando entradas para venir aquí!
-Son las nuevas políticas del negocio, niño -respondió el tendero, cambiando el tono por uno más agresivo-, ¡ahora largo!
Trent estaba a punto de decir algo, pero un fuerte retortijón en el abdomen le hizo cambiar de opinión. Tan pronto como entró salió, para malestar de Lincoln, temiendo que el batido que estuviese bebiendo tuviera algo de malo.
-¿No es ese un amigo tuyo? -preguntó Luan.
-¿Trent? No -respondió Lincoln-. Se hizo amigo de Chandler cuando Ronnie Anne se mudó a Great Lakes City.
-No recuerdo a ningún Chandler.
-McCann, una de tus últimas fiestas -le recordó el peliblanco-. Su pastel de moras estaba muy seco.
-Ugh, si -bufó Luan, recordando que tuvo que beber medio cartón de leche solo para darle algo de consistencia a ese engendro mal llamado pastel que, para variar, ni siquiera tenía un sabor decente-. Ni siquiera me pagaron completo ese día -añadió, poniendo un gesto de pocos amigos-. ¿Qué hacía aquí?
-Ni idea, pero donde está él tiene que estar Chandler. Es la regla general.
Tomando las cosas de sus respectivas listas, ambos hermanos se encontraron con que una lata de carne curada de cinco dólares ahora cuesta quince, estando abollada y con el obvio peligro que podría entrañar comer de allí, así como un fuerte aumento al ya de por sí castigado precio de medio galón de anticongelante.
No les tomó mucho darse cuenta de que no podian conseguir adquirir los productos de sus listas. Luan tuvo que dejar dos bandejas de huevo porque el precio por unidad ya estaba marcado en dos ceros, un par de galones de leche porque la consistencia se veía más parecida a una repulsiva pasta pese a la -alterada- fecha de caducidad y una charola de budines, así como Lincoln tuvo que resignarse a elegir el pan blanco por encima de un paquete de bagels que Lori ya estaría esperando.
-¿Qué rayos…? ¡Flip! -gritó Rita, tosiendo un sorbo del café que se sirviera para intentar relajarse- ¿Hace cuánto que tienes esta porquería en la jarra?
-¡Lo puse esta semana, señora Loud! -repuso Flip, cruzando los brazos molesto- No es mi culpa que no sepa apreciarlo.
-¿Esta semana? ¡El café bueno dura dos horas en la jarra!
-Pues lo puse esta semana, no hay más grano hasta la semana que viene.
-¡Flip! -llamó Chandler desde la puerta- La puerta de tu baño se cerró y tu basura de cerradura se averió, ¡ve a arreglarla!
-¡Los dos me deben una cerradura cada uno, mocoso! -exclamó Flip, indignado.
-Para lo que sirve -maldijo Chandler, azotando la puerta y rompiendo los vidrios en el proceso.
-¡Más te vale no volver, niño!
El humor que Rita venía mostrando se fue agriando cada vez más, pues Flip no solo le dijo que muchas de las cosas que llevaban tenían un "aumento por nuevos impuestos", que jamás anunciaron pero logró convencer de ello- tenían ya un precio mayor todavía al de la semana pasada, sino que algunos en especial ya no se podían vender. Para rematar, el café que escupió le salió bastante caro, pues el vaso de ocho onzas triplicó su costo respecto del inicio de los toques de queda.
Oyendo mascullar insultos a su madre mientras carga combustible, Luan se acercó a la chica de hace unos momentos, su amiga y colega del club de teatro Ruby.
-Mis papás están pensando seriamente salir de la ciudad -dijo la chica, vistiendo una pesada chaqueta tipo anorak rosa y un grueso pantalón de lana gris.
-¿Por qué quieren hacerlo? -preguntó Luan, mientras Lincoln metía lo poco que pudieron conseguir a los asientos traseros de Vanzilla.
-Es ese cristiano, Ryker -confesó Ruby, mordiendo por los nervios la punta maltratada de su trenza-. ¿No has visto sus programas?
-Mamá nos prohibió verlos cuando los pasaron al horario de El barco de los Sueños-respondió Luan, un tanto molesta-, ¿qué esperabas?
-Que al menos nos fuera mejor que en otros lados. ¿Sabías que están llamando a delatar a los "infieles"?
-¿Infieles, infieles o infieles…?
-No estoy de humor para bromas -cortó Ruby-, aunque una no vendría mal. Anoche en su programa habló de buscar seguidores de su carpintero hecho dios.
-¿Qué es lo peor que podría pasar? -preguntó en broma Luan, sacando un par de carcajadas.
-¡Luan! -llamó Rita- Ya vámonos. ¡Dije que esto no sería una visita social!
-¡Ya voy! -dijo Luan- Solo le pedía información. Luego te veo -se despide con un fuerte abrazo.
-Si es que nos vemos de nuevo -añadió Ruby, lo que a Luan le cayó como balde de agua helada.
El trayecto al supermercado se hizo todavía más complicado. Para Luan, no era una novedad, pero para Lincoln la cosa se puso bastante más pesada. Si bien tenían prohibido volver a comprar allí antes de la contingencia, supo por Lori que el gerente tuvo que acceder a regañadientes a levantarles tal negativa de servicio bajo reservas.
A diferencia de la tienda de Flip, quien los recibiría fue un militar de apariencia más bien bonachona. Uno que, Rita se lamentó, retrasaría todavía más su regreso a casa.
-Adelante, ¡no se detengan hasta que se los indiquemos! -dijo un viejo conocido de Lincoln con acento británico, tratando de organizar la fila de entrada-. Identificación y tarjetas de racionamiento en mano, por favor.
-¿Por qué no nos dijiste que estaba aquí? -preguntó Luan por lo bajo mientras preparaban bolsas de tela, ya que las plásticas terminaron por agotarse.
-¡No lo sabía! -respondió Lincoln a la defensiva.
-Bueno, es hora de Hugh-ar con Hugh
-Nada de eso, Luan -sentenció Rita, cansada de lidiar con Flip-. A lo que venimos y se acabó.
En cuanto les tocó entrar al estacionamiento, Lincoln vio que Luan hacía un enorme esfuerzo por mantener una postura siquiera decente. El solo verla resultó patético incluso para él, pero una vez que estuvieron a una buena distancia, Rita procedió a un rápido interrogatorio antes de bajar de la van.
Repitiendo la mis a operación que en la tienda de Flip, esta vez pudieron sortear con relativa facilidad el mar de gente. Incluso a Rita se le olvidó su propia regla, poniéndose al día para comprar algunas revistas para sí, sin importar demasiado lo que la gente murmuraba a espaldas de los tres.
-Ahí viene de nuevo esa acaparadora.
-Escuché que solo tuvo a la flatulenta y al mocoso, que al resto los recogió para tener ayudas del seguro social.
-¿De verdad? Se ve como una buena mujer.
-Otra vez los Loud. ¿Cuándo dejarán de llevarse la maldita tienda?
-¡Esos Loud no tienen ni cómo llenar el estómago!
-A mi que ella solo le abre las piernas al perdedor que tomó por esposo.
-Yo escuché que Lynn jr. se acabó un buffet.
-¿De verdad? Ese niño no parece suyo. ¡Mira esos dientes enormes!
-Escuché a mis hijos decir que…
-Siempre son un desastre.
-¡Qué clase de gente se lleva 120 rollos de papel higiénico!
-Se me hace que todo lo revenden…
Oír todos esos murmullos no podía poner de peor humor a Rita, pero el colmo fue que, a la hora de pagar y usar las tarjetas de racionamiento, escuchó a alguien decir con un lenguaje de verdad soez tras ella.
-¿Por qué no prostituye a las zorras que tiene de hijas? -dijo un viejo tras ella en la caja- Pagaría por darle una buena salchicha a la paya…
El pobre desgraciado no sintió uno, sino dos golpes. Un codazo en el hígado que le sacó todo el aire de los pulmones y un puñetazo directo a la cara. De rodillas, hizo lo posible por pedir auxilio en su patético estado, pero antes de que pudiera articular palabra parecía que sus ruegos fueron escuchados.
-¡Se lo advertí, señora Loud! -tronó el gerente, respaldado por militares que ya tenían sujetos a Lincoln y a Luan- Cualquier acción de ustedes y se largan, ¡se los dije!
-¡Insinuó que yo le hiciera cosas! -gritó Luan, estando reducida contra el suelo.
-Es una mentirosa -gritó una mujer varios metros atrás que Lincoln reconoció como la madre del chico que meses atrás quiso ganar su caja de Zombie Bran-, ¡vi como se le fueron encima por un paquete de salchichas!
-¡No es cierto! -replicó un antiguo compañero de trabajo de Rita, Brandon, no lejos de aquella mujer pero sí más cerca de las cajas- Escuché que empezaron a insultarla.
-¿Qué te prometió por acostarse contigo, Tontules? -insinuó una mujer robusta
La trifulca que se desató a raíz de la respuesta del asistente dental fue aprovechada en un inicio por algunos para alertar que fue un saqueo en toda regla. La respuesta de los militares que custodian el supermercado no fue menos brutal que someter a la mayoría de los implicados y deslindar responsabilidades de forma rápida.
Rita, Luan y Lincoln no fueron los únicos que tuvieron que dar testimonio y acusaciones. Después de una ronda de disparos -mismos que Rita esperaba fueran al aire- para dispersar a la multitud, al menos una treintena de personas que fueron detenidas y de inmediato azotadas para castigo a los implicados y, lo que a Lincoln y a Luan sorprendió, una macabra diversión del populacho.
Una vez esclarecido el altercado, con Vanzilla todavía más cargada -para desencanto de muchos de los concurrentes-, Rita se veía cansada. Tanto Lincoln como Luan lo entendían, y el que la castaña tuviera pocas ganas de animar el viaje de regreso hizo más lúgubre el tiempo a bordo. Peor aún, les tocó un bloqueo a solo cuatro calles de casa.
-¿Ahora qué? -preguntó Lincoln, pecando de imprudente.
-Te agradecería mucho que no hablaras, Lincoln -esperó Rita-, y lo mismo va para ti -añadió señalando a Luan-. Estoy así de cerca de un colapso y necesito llegar a acostarme.
-C-claro, mamá -respondió Lincoln.
-Mamá… -dijo Luan, señalando a la calle frente a ellos.
-¡¿Qué?!
Frente a ellos, a unos veinte metros, lograba verse una columna de hadrosaurus de distintas especies. Entre varios corythosaurus (la mayoría rondando unos dos metros a la cadera aunque los había hasta los tres, de piel marrón clara y con una cresta alta redondeada), parasaurolophus (bastante más robustos y de piel terrosa con su característica cresta alargada en los machos y curvada hacia abajo en las hembras, de casi dos y medio metros a la cadera los más grandes) y algunos edmontosaurus (hasta los cuatro metros de altura, de un tono verde hoja uniforme y con su característico pico de pato, había un gran número de hypsilophodons, pequeños dinosaurios corredores de no más de dos metros de largo con el lomo variopinto sobre el resto del cuerpo en un profuso color arena y un hocico rematado en un pico parecido al de los pericos, y unos cuantos dinosaurios con cuernos y gola que Lincoln creyó eran triceratops, aunque la cresta era mucho más alta que gruesa. Algunos se acercaban con curiosidad a los autos, siendo ahuyentados por los bocinazos que resuenan en el aire, mientras que otros esperan pacientes a algunos miembros del rebaño que se dedicaban a mascar con cómoda indiferencia la vegetación del vecindario.
-¡Mis petunias premiadas! -maldijo una mujer rubia de rostro angulosos, viendo al improvisado azote de su jardín galardonado.
Uno de los corythosaurus que mascaban dichas plantas soltó un potente graznido, mismo que asustó al pequeño bulldog de dicha mujer. Mientras, los pequeños herbívoros daban cuenta tanto del poco pasto existente y quemado por el frío como las ramas latentes de la vegetación depredada.
-¿Qué es eso? -preguntó Rita, bajando de Vanzilla y olvidando su enfado.
Con el avance del rebaño, olvidaron que algunos conductores, impacientes por llegar a casa o salir a ampliar su despensa, querían cumplir su cometido. Uno de ellos, poseedor de un deportivo, terminó por ir en contraflujo y quiso embestirlos, logrando apenas una pequeña carrera que no abrió ni un solo resquicio en la vialidad.
Gracias al percance, Rita salió de su asombro, uniéndose a los bocinazos y lanzando maldiciones. Uno de los crestados parasaurolophus se detuvo y, algo indolente por la impaciente mujer, emitió un graznido que resonó como una trompeta, más profunda y prolongada.
Frustrada, Rita solo echó la cabeza contra el claxon, sonido que un macho interpretó como el inicio de una estampida general que despejó el camino a medias.
Sentadas en la cama de Leni, tanto Lynn como Lola se sentían como unas acusadas.
Lori se siente un tanto incómoda teniendo que ponerse de nuevo en una posición tan incómoda como lo es ser mediadora. La última semana no se moderó con su consumo de botanas y su reserva de chocolates se terminó, y con un antojo por algo dulce unirse al asalto de lo que Lincoln se guardó habría sido su única respuesta, de no ser porque a esa hora tenía su videollamada con Bobby.
-Quiero que se expliquen -dijo Lori, molesta-. ¿Qué hacían comiéndose las cosas de Lincoln?
-Yo ni siquiera entré -respondió Lola, molesta-. Apenas y abrí y la vi comiendo ese cereal.
-Quise decirle que Lincoln me dio permiso -alegó Lynn, que ya se había limpiado la cara-. Se la cambié por mi postre de dos días.
-¡Es mentira y todas lo saben! -protestó Lana, intercediendo por su gemela.
-¿Quieren comportarse, niñas? -cuestionó Albert, saliendo del baño.
-Perdón, abuelo, pero esto es entre nosotras.
-Pelear por cualquier pequeñez no las llevará a nada, niñas -aconsejó el viejo militar-, y ya hubo guerras por cosas más tontas que… por cierto, ¿cuál es el problema?
-Lynn se estaba comiendo el cereal de Lincoln ¡y no compartía nada! -respondió Lola, tapando con la mano la boca de Lynn.
-¡Es lo más absurdo que he escuchado! -dijo Albert, conteniendo una sonora carcajada- Si su hermano tiene algo que decir, esperen que regrese y déjense de disparates.
-¡Si Lynn tiene el cereal de Lincoln, también quiero! -protestó Lola, mientras su abuelo iba a la planta baja.
-También yo -secundó Lana, ya cansada de intentar tomar las galletas de Charles.
-Ya escucharon al abuelo -resolvió Lori-. Solo nos queda esperar a que llegue con mamá.
-¡Van a pasar como un millón de años! -alegó Lana.
-No exageren -minimizó Lynn-. Solo serán una hora o dos.
-Ya mejor váyanse -dijo Lori, zanjando el asunto-, y Lynn
-¿Qué?
-Aléjate de la habitación de Lincoln -ordenó Lori-. Luego ajustamos cuentas.
Esperando a que las gemelas se fueran, Lynn fue a su propio cuarto. El gusto de estar a solas no le iba a durar tanto por Lucy, sino por Luna.
-¿No te dijeron que no podías entrar a mi habitación? -cuestionó Lynn.
-¿A dónde más puedo ir? -dijo Luna- Luan cerró la puerta de nuestra habitación y las gemelas me echaron de la suya.
-Pues no conmigo, hippie.
-Pero…
-¡Ve a otro lado!
-¡Odio estar tan encerrada!
Azotando el puño contra la cama de Lucy, Luna se levantó y quiso tirar de la puerta para azotarla, mas no alcanzó a tomarla.
-Pfff, ¡qué débil! -bufó Lynn- ¿Qué pasó para que estés así?
-Nada que te importe -respondió Luna, yéndose molesta.
Viendo salir a Luna, al menos puede respirar tranquila para tener su cuarto para sí por un rato. No es que no quiera o necesite compañía, pero es leer de nuevo por centésima vez los almanaques que su madre guardaba en el ático o arriesgarse a salir.
Ruinas de Royal Woods, Michigan
14 de marzo de 2018
Ha pasado más de un año desde que todo empezó a irse al infierno y unas semanas desde que terminaron las luchas entre las fuerzas remanentes del reverendo Ryker. Para pronto, el que ya no quedase nadie en la ciudad es una realidad.
Muy a su pesar, Lisa ha estado tratando de trabajar con lo poco que tiene a su disposición para tratar de contrarrestar los efectos del PEM que silenció Royal Woods, pero ninguno de los aparatos de la casa pudo volver a funcionar.
Sentada en la por ahora improvisada atalaya que construyeron para vigilar el barrio y sus movimientos, Luna recordaba lo que sucedió esa tarde. Más que con Lynn, Lincoln se molestó con Lola por no respetar su privacidad. Si hubo un intercambio, pero por cómo fue que Lynn entró y la discusión que implicó al abuelo el trato tuvo que cancelarse.
Victoria para Lola, las cajas de cereal pasaron a ser comunales. Derrota para todos, sus golosinas y botanas corrieron con la misma suerte, aunque el racionamiento fue algo duro de aceptar cuando tras la caída de la ciudad, comenzaran las guerras entre los distintos grupos que habían formado el ejército de Ryker. El cual, tras su muerte, se dividió en diversas facciones que lucharon una contra la otra.
Fijó su vista al horizonte, pensando en la gente que perdió. En una de sus primeras salidas con Lori la semana anterior, producto del deshielo, encontró primero los restos de Mazzy, con un hueco de bala en la cabeza, y por un collar con un candado pudo reconocer los de Sully. Ello la conmocionó pese a que Sam, en su huida, le puso rápido al tanto.
Enterrar los restos fue una de las cosas más dolorosas que pudiera haber hecho. Emocional como había sido toda la vida, tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para demostrar que no le afectaba, aunque lo justo es decir que caló más en su ánimo que perder la electricidad. Algo muy cercano a perder al abuelo ese día que, todos pensaron, las fuerzas de Ryker se hubiesen desbandado por la fuerza que se había querido demostrar.
Bajando un poco más la mirada, veía a Lincoln en el patio tratando de enseñar a las gemelas en el uso del arco. Antes de todo esto, pudo importarle menos, pero dados que las armerías estaban saqueadas en su totalidad dependían de todo lo que pudieran hallar y les fuese útil.
Su hermano, al menos, parecía un tutor bastante competente. Vio que tomaba el arco de Lola y le quitaba algunas decoraciones que esta había puesto, y pese a que la reprimenda apenas y podía escucharla, es fácil deducir lo que estaba diciendo.
Mantenerse visibles al mínimo si la situación lo requiere. Estar ocultos es la clave.
Se siente incómoda con el suyo. La única vez que hallaron una tienda de artículos de caza ya casi no quedaba nada, y entre las pocas cosas que quedaban había hachas tanto de excursión como arrojadizas y flechas que la gente ignoraba solo porque eran demasiado ligeras y cortas, así como unas cuantas guías de supervivencia tanto de Rip Hardcore como de otros como Wolf Grills y de la Asociación de Boy Scouts. En otros lados tuvo idéntica suerte, pero en la estación de bomberos había un hacha que, pese a la longitud del mango, la cual sentía demasiado larga para su gusto y acabó por recortarle el mango para, según sus cálculos, poder asestar un golpe más certero y potente.
Para matar el tiempo, sacó de su abrigo una flauta dulce y tocó una melodía. Si no era para nadie, por lo menos tocaría para sí aunque eso le traiga problemas.
Cada nota, cada acorde, a sus casi inexistentes escuchas le traería alguna visión de tiempos más sencillos de aquellos inviernos antes de que todo cambiara. Las salidas a patinar a un estanque cercano, el chocolate caliente, las guerras con bolas de nieve, aún las mañanas que paleaban la entrada y echaban a suertes quién limpiaba Vanzilla antes de buscar asiento y esperar al faltante mientras disfrutan del calor al interior. Hasta las visitas al asilo Cañón Sunset no eran tan malas si iban a ver al abuelo.
A lo lejos, Luna ve mientras toca a una pequeña manada de corythosaurus rumiar la poca vegetación que encuentra. Algunas crías incluso se entretenían simulando peleas, jugando como cualquier niño. Las pocas aves que no migraron ni fueron presa de los predadores devolvían en respuesta un canto que solo hacía más melancólico el ambiente. Incluso un pequeño grupo de mononychus, pequeños dinosaurios parecidos a raptores de apenas un metro y plumaje blanco que les ha hecho prosperar en el ambiente nival de la región, daban buena cuenta de algunas ratas que intentaron colarse a la casa sin éxito por la idea de Lana de rodear la casa con excrementos frescos de Cliff al son de su melodía.
Poco más de un minuto le duró el gusto de tocar para sí. Lynn sr, preocupado de que algo fuese a ocurrir, subió a la improvisada atalaya para ver qué pasaba.
-¿Está todo bien? -preguntó su padre, que a resultas del tiempo con estrés encaneció y está a poco de quedar completamente calvo.
-Solo tocaba un poco para mi, es todo -contestó Luna.
-Sabes que no puedes hacerlo al aire libre -reprochó Lynn Sr.
-Como sea… -bufó Luna antes de mirar al montón de raptores miniatura disputando los jirones de una infeliz rata.
-No digo que no lo hagas. Solo te estamos pidiendo que…
-Si, lo sé, "que lo haga dentro y de noche" -rezongó un poco Luna-. Ya no soy una niña, hombre.
-Para mí, tú y tus hermanas lo serán siempre -remató Lynn, revolviendo un poco el cabello de Luna-. Baja ya, la guardia le toca a tu madre y a Lincoln.
-¿Y por qué la tengo que hacer yo sola?
-Todavía hay algo de luz -respondió Lynn-. Cuando oscurezca…
-Si, lo sé…
La melodía, tan pronto como le vino, se fue sin más. Como muchas otras en días pasados.
Entre tanto, mientras ellos bajaban Rita y Lincoln hacían lo propio. Era difícil imaginarse para ella cómo es que ambos congenian mejor de lo que ella misma o casi cualquiera de las chicas lo hacían con su madre, y darle vueltas al asunto no hacía sino confundirla más.
-¿Alguna novedad? -preguntó Lincoln antes de seguir a su madre.
-Solo unos pollos comiendo ratas -respondió Luna, desdeñosa respecto a los mononychus, antes de ir a la trampilla que da al pasillo del segundo piso.
-Claro… -dijo Lincoln, arqueando una ceja con incredulidad.
-Solo asómate y verás.
Luna lo tiene bastante claro. No importa lo que haga, el mundo no cambiará si se mantiene buscando que todo volviera a su anterior orden.
Todavía tiene muy presente la noche del pulso. Para matar el tiempo, la noche que ocurrió a Sully lo habían enviado a descansar y, cosa inusual, le pidió a ella y a las chicas jugar una partida de ajedrez aunque nadie supiera gran cosa del juego en sí. Estaba en su tercera partida cuando el cielo se iluminó y todos los aparatos se volvieron inservibles de súbito, y lo último que escuchó fue que, tras su amigo, se escuchó el sonido de docenas de botas chocando contra el suelo helado y el crujir de la nieve bajo estas.
Entrando a su habitación, mira al rincón donde yace su guitarra eléctrica. Inservible, lamenta que la física no fuera su punto fuerte, y hasta donde sabe no tiene idea de cómo revertir algo semejante, aunque a decir verdad es algo por completo inútil, irrelevante.
Subiendo a su cama, miró el póster de Mick Swagger antes de hacerse una pregunta que, a estas alturas, era algo estúpido y banal. ¿Algún músico habrá sobrevivido? ¿Algún famoso, no importa el lugar o la ocupación a la que se dedicara antes?
Recordando las noticias que viera, una idea sombría le vino a la cabeza.
"No… si sobrevivieran a los dinosaurios, es muy seguro que la gente habría ido por ellos", pensó. "Todo lo que pudieran tener es como la comida ahora".
Dándose la vuelta hacia la pared, lo último que hizo fue tomar el póster y arrancarlo lentamente del techo antes de lanzarlo al suelo. Ya no tiene sentido tener a quién adorar si, en primera, todos los medios electrónicos y digitales pasaron a ser chatarra inservible, y menos si desconocen el tiempo que duran las afectaciones por lo que están dañados. Todo cuanto le quedan de esos días sencillos son recuerdos, las letras que alcanzó a copiar en un cuaderno y, si bien le va, alguna ocasional melodía.
Con la cena, llegaron las eventuales dificultades. Para este punto, toda golosina, botana y demás ya era un recuerdo, y la comida que está guardada en el sótano empezó a menguar y no precisamente de a poco.
Lori y Lynn padre recién llegaron de una salida de caza que no fue tan mala. Si bien el padre fue renuente a permitir que ninguno de sus hijos le acompañe, tuvo que admitir que Lori tenía buena puntería, aunque su fuerza es algo que debería poner más atención.
Las presas del día no eran tampoco de esperar que fuesen a durar, pero siendo Vanzilla un vehículo análogo, el PEM no le afectó gran cosa. Pese a ello, en el recorrido que dieron a la casa de los McCann no dudaron en acorralar una piara de cerdos fugados de alguna granja, aunque el éxito no les duró mucho, ya que ni disponían de sal suficiente para curar la carne ni tuvieron tiempo de cargar a dos de los animales abatidos por las flechas. Para complicar todo, una manada de lobos les arrebató uno de ellos, lo que significó una flecha perdida y una presa desperdiciada.
Allí donde la vieja van antes se demostró poco confiable, con fallos y todo, ahora es un recurso fundamental para mantener en el estado más óptimo posible, lo que les permitió tener hasta hoy más de una salida veloz. Por lo tanto, era preciso abastecerla de combustible cada que pueden, y las estaciones del dicho recurso no son precisamente una buena idea para tomarlo. Por consiguiente, los autos afectados por el PEM fueron, si no estaban cerca los dueños o quienes buscan lo mismo, su principal forma de obtenerlo.
-¿Por qué no bajó Luna? -preguntó Lana, extrañada y envuelta en una manta.
-Dijo que se sentía mal -respondió Lincoln-. Le pregunté si quería cenar sola y me cerró la puerta.
-Pff, ¡que débil! -dijo Lynn jr, algo jactanciosa aunque no estaba mejor que el resto.
-Lo dice la Señorita Rabias cuando supo que su jugador favorito se… -empezó a hablar Luan, recibiendo miradas de reproche de todo mundo.
-Vamos, dilo y te…
-Nadie se va a matar aquí -dijo Myrtle con toda tranquilidad-. Quedamos en que nadie hablaría de muertos si no es para honrarlos.
-Ella empezó -murmuró Luan entre dientes, recibiendo un bizcocho en la cabeza por parte de Lynn-. ¡Ahora ve…! ¡Suéltenme! -exclamó mientras intentó saltar para irse a los golpes con su agresora.
-¡Contrólate, mujer! -maldijo Lincoln mientras la sujetaba por detrás.
-¡Estás… arruinando la cena! -secundó Lori, sometiendo a Lynn jr junto a Lucy.
-¡Ya basta! -gritó en seco Lynn sr, molesto de ver que las chicas siguen con semejantes actitudes- ¿Qué no se pueden comportar?
La cena terminó de golpe, no por la interrupción del jefe de familia, sino por un par de clicks provenientes de arriba, señal de que debían de apagar todo y callar absolutamente.
Hasta hace poco, Rita se mantuvo serena, esperando a que su padre reapareciera. Mientras, la vigilancia era, fuera de esos pocos momentos de tensión en que algún saqueador se apersonara para fisgonear y robar las casas en busca de provisiones, tan aburrido como ver las conferencias del Senado a las que Lisa era tan afecta.
Una vez que el sol se ocultó tras las colinas y las ruinas de lo que es ahora su hogar, Lincoln bajó para llamar a su propio padre a tomar su relevo, solo para volver y decirle que estaba ocupado con la cena y hay todavía buena luz en el crepúsculo. Agradece la compañía de su hijo, aunque esta ya fuera más un peligro que una utilidad.
Con el chico bajando a cenar, Rita se mantuvo expectante como escucha. El frío cortando sus labios, la brizna que amenaza con helar la noche, los sonidos nocturnos de la fauna que de momento se acerca, en sí son buena compañía. Incluso esa ardilla que conociera en el parque durante su servicio comunitario venía de vez en cuando hasta que una tarde no apareció. Con todo, seguramente fue la cena de algún carroñero o de alguien desesperado por comer aunque sea carne cruda y sin tratar.
Tomando una vela que puso a resguardo del viento boreal, escribe en un pequeño diario.
Papá no volverá.
Desearía que las cosas fueran menos malas de lo que fueron cuando mamá murió, cuando tuve que quedarme un tiempo con la tía Ruth mientras él se iba al Golfo como instructor y oficial de campo. Todas las noches que seguía esperando a que llegara y entrara por la puerta de su casa son apenas mejores que lo que hoy siento.
"Ten fe de que volveré", me dijo cuando se fue. "Cuida a mis nietos y a Myrtle y al atolondrado de Lynn, enséñales lo que sepas y busca ayuda si pueden". Desde entonces, nada de él.
Desearía que al menos un soldado viniera y nos dijera que papá hizo lo que debía hacer, qué pasó con él.
El lejano destello llameante de una flama interrumpe su escritura. Era algo grande para ser una antorcha solitaria, pero no lo suficiente para ser una amenaza real en otros tiempos.
Sin demora, apaga su luz y truena un par de castañuelas que Luna tenía guardadas. Oía un tumulto abajo, cosa que los pondría en peligro mortal si se descuidaban.
Las luces seguían avanzando. Tanteando, parecían ir sobre la calle Olivo en dirección a la primaria o a Fern Valley, hacia la secundaria. No distingue nada a causa de la creciente oscuridad, pero apenas y oye una conversación.
-¿Crees que haya alguien aquí? -preguntó una mujer ya algo mayor.
-Ni de chiste -dijo un hombre que sonaba agudo, algo más joven sin ser un adolescente-Sabes lo que le hizo ese pastor loco a la gente antes de morir. Los mandó colgar de una construcción por ser fenómenos o algo así antes de que le rajaran el cuello.
-¿Crees que haya gente con algún refugio? -preguntó un tercero, una chica que sonaría como de la edad de Lori.
-¿Cómo los de la carretera junto al circo?
-Si.
-Una pena -dijo la primera voz-. Seguro se quedaron encerrados con las luces. ¿Huelen algo?
Conteniendo el aliento, maldijo a su familia por olvidarse de la atracción que ejerce el olor a comida caliente.
-No huelo nada -repuso la segunda voz-. La sinusitis me arruinó la nariz y apenas distingo entre pan y cartón remojados.
-¿Crees que…? -inquirió la tercera voz.
-¿De dónde dices que viene? -preguntó la segunda.
-De esa calle -señaló la primera-. F… Fran… klin… Franklin.
Par este punto, los invasores ya estaban sobre la esquina de Olivo y Franklin, buscando cualquier señal de vida humana.
Cargando una vieja carabina Mosin-Nagant que alguien seguramente sacó de las estanterías de una armería antes de que Lynn sr. le diera muerte la semana pasada, envolvió en trapos y ropa vieja el cañón para disminuir el ruido del disparo. No se sentía una Simo Häyhä ni mucho menos, habiendo leído en sus días de escuela sobre La Muerte Blanca, pero era cuestión de vida o muerte. Al menos eso pensó mientras abría el cerrojo para una bala que apenas y cabía en el compartimiento.
-¿Oyeron algo? -dijo ahora la tercera voz, forzando a todos a aguzar el oído.
-No es nada -ninguneó la segunda-. Seguro el hambre ya les juega una mala pasada.
-Tienes razón -dijo resignada la primera-. Ya vámonos.
-¿A dónde?
-Cinco calles más, si no hay nadie nos quedaremos allí la noche antes de ir al río.
-Ojalá esté congelado -dijo la tercera voz-. Espero que esa amiga que nos dices pueda acogernos.
-Así será, cariño -tranquilizó la segunda voz-, así ser… ¡Oh Dios…!
Los alaridos y gritos que siguieron le dejaron claro que algunos animales siguen rondando. Aguzando más la vista, Rita pudo ver a un enorme gato de color azul claro (a causa de la luz mortecina) dar cuenta del desgraciado, dando pie a una loca carrera de las mujeres que huyen sobre la avenida Franklin.
-¡Ayúdenme! -chilló desesperada la tercera voz, que se confirmó como una chica de diecinueve a lo poco mientras corría y un segundo felino atacó a la primera mujer- ¡Ayuda! ¡Por favor ayúdenme!
El segundo felino volvió su atención a la chica, que cayó de bruces. Sin reparos, Rita descargó su arma sobre el felino, vaciando la recámara de la carabina y, a causa de la oscuridad, errando todos sus tiros menos uno.
-¿Qué ocurre? -preguntó Lynn sr., arrebujado en una manta parda.
-P-parecen leones, Lynn -respondió Rita, aterrada-. Blancos y más… grandes.
-Vayamos abajo, cariño -animó Lynn, envolviendo con su manta a Rita-. Vamos a cenar y a la cama.
Con nerviosismo, Rita cayó en cuenta de que lo que llegue a quedar de la humanidad dejó de ser el supremo escaño de la cadena alimenticia. Toda creencia de que el ser humano era la máxima prueba de la evolución se fue por la borda.
Echando una mirada final al dantesco espectáculo, veía al enorme león de las cavernas dar cuenta de su presa, que hacía casi inerte sobre la nieve. Dulce ironía, al menos hoy estarán a salvo, pero si se quedan aquellos predadores en el barrio es un hecho que todos pasarán hambre.
Nota del autor:
Lo que acaban de leer es un panorama de lo que pudieran haber pasado los Loud en una situación apocalíptica. Para quienes ya leyeron Tierra de Sombras, obra de El Caballero de las Antorchas, es probable que, en opinión del creador de dicho fanfic y otros que conforman un universo por sí solo, esto pueda considerarse canónico en dicha narrativa.
En sí, este es el premio que prometí cuando establecí aquella mecánica en No muevan un músculo establecida en el segundo capítulo. Acertó, aquí está lo acordado, viejo. Si vuelvo a establecer alguna mecánica similar, no duden de participar. Total, el fanfic es algo tan trabajoso como el arte gráfico, aunque menos reconocido. No obstante, se hace, ya sea con esfuerzo o deleite.
Por mi parte, es lo último que me verán este año de 2022.
Sam the Stormbringer
Nota del editor:
Algo que no muchos conocen es que Sam y yo hemos hablado mucho sobre el Shadowverso, nombre al que le doy al conjunto de fics que van desde Flechas y trofeos hasta lo que venga más adelante. Si bien no hay reviews suyas en mis fics si solemos compartir ideas y pensar en como la hubiera pasado tal o cual personaje.
En cuanto a si la historia es o no canon del universo mencionado, prefiriendo dejar mi verdadera opinión a los más cercanos, pero he de decir que ha sabido trabajar con perfección el sentir de los Loud en aquellos meses en los que la civilización moderna se empieza a derrumbar.
Le doy las gracias por darse el tiempo de trabajar con un universo al que le tengo un gran cariño y por dar su máximo esfuerzo en ello.
El Caballero de las Antorchas.
