Let me in, unlock the door. I never felt this way before.
[...]
—¡¿Sasuke?! — le preguntó entre susurros alterados a un no menos desconcertado Itachi.
—¡Sakura, abre la puerta por favor!
Se volvió a escuchar del otro lado y eso los alteró más. Sin más, Itachi se levantó del sofá y comenzó a inquietarse.
—No me puede ver aquí.
Cuando uno miente, no debe atenerse a la suerte. Pero ellos no metían, ni se ocultaban; sólo nadie lo sabía y eso estaba bien.
—¡Abre la maldita puerta de una puta vez, sé que estás ahí!
Bueno, todo había estado bien...
—¡En mi habitación! —indicó—, haré que no tarde mucho.
Cuando vio que la espalda de Itachi se perdía entre las sombras del pasillo, fue a la puerta y la abrió aún sin pensar bien en lo que hacía.
Sakura, en ese tiempo, se había empeñado en aprender a dejar de lado todo aquello tóxico que fuera en su vida, a cuidarse de sí misma, a saber qué quería y qué no. Sakura había aprendido bien.
Se enderezó a más no poder, se acomodó el cabello, cerró los ojos, tomó tanto aire que parecía imposible el hecho de existir tanto y cuando lo soltó, abrió la puerta.
Se tenía que sacar agallas de donde no se podía sacar.
—Sigues escuchando a esa estúpida música. —dijo con una sonrisa de medio lado.
Ahí estaba el descarado, con flores otra vez, impregnado a esa colonia pretenciosa y esa desfachatez digna de coqueteo.
Ahí estaba, el guapo quien alguna vez le hizo creer que todo el amor del mundo sería para ella. Pero ella, tonta, se había hecho a esas ideas sola. Sí, solita, Sasuke jamás se comprometió siquiera a bajarle un pedazo sucio de estrella.
Sasuke, seco y sin palabras, era directo; follaba y se largaba.
Hasta que, ya solo, se dio cuenta de la clase de mujer que había tenido sobre sus manos. Y ella, gracias a eso, se había dado por fin cuenta de la clase de hombre había tenido entre las piernas.
Y se repudió a sí misma.
—¿Me vas a dejar pasar?
Ella se hizo a un lado, tenía que terminar con aquello y haría las cosas bien. Él pasó, tanteando el terreno y visualizando todo aquello que estuviera en su perímetro visual. Nada había cambiado.
El departamento seguía igual que siempre, a la manera de Sakura, explosivo, chillante, colorido, desordenado. Todo parecía fantasía, nada coordinaba nunca. Pero vio un detalle, aquel que le hizo caer de golpe y fríamente las palabras que Naruto ya le había dicho.
—¿Sasuke?, te estoy esperando, ¿qué tienes que decirme?, tengo muchísimas cosas qué hacer.
—¿Estás con alguien más?
Dijo no mirándola a ella, si no al par de vasos que había en la mesita de la sala.
Y claro, esos tulipanes.
Finos, rosados, abiertos. Como ella, el regalo perfecto para ella. Y no esas corrientes rosas pintadas de un extraño azul, cubiertas en ese plástico que sólo hacían ver el objeto más desagradable.
—Sí, sí estoy con alguien más. —dijo segura, sin miedos.
—Desgraciada... —Sasuke apartó el rostro y las flores -de por sí muertad- en sus manos fueron injustamente maltratadas —¡Ni si quiera ha pasado un mes, Sakura!
—¿Me vienes a hablar tú de escrúpulos?
—Vengo a decirte que te quiero... que te quería... ¿cómo pudiste? —admitió bajo, recargándose en la pared, suplicando -a su manera- respuestas.
Pues no entendía, no entendía nada, ¿qué había pasado? ¿con quién? ¿desde cuándo?
—Pasó que ya no te quiero, que me cansé, que estoy mejor así.
—No es cierto.
—Sasuke...
—¡No es cierto, carajo!, ¡maldita cínica, ya tienes a otro, qué fácil te abrieron las piernas!, eres igual a...
No le permitió más y le volteó la cara de una sola bofetada. Estaba hirviendo en cólera, quería estrangularlo ahí mismo, quería desaparecerlo o desaparecerse a sí misma.
—¡¿Y tú?!, ¡¿qué me dices de Karin y esas tres veces que te revolcaste cínicamente con ella?!, ¿Y de aquella chica de mi propia facultad?, ¿y las quién sabe cuántas de la tuya?, el único cínico aquí eres tú, Uchiha imbécil —trató de respirar lo más hondo y recuperar la compostura —, ¿y todos los desplantes, los malos tratos, los abandonos e insultos?
—¡Ya te había pedido perdón!, ¿qué querías?, te trataba a tu modo, esperé todo el tiempo que quisiste para darme sexo, pero soy... necesitaba aquello... Ya lo habíamos hablado, no sé a qué viene ahora.
—Lárgate.
—Dime quién es. Quién es ese que tienes ahora.
—¡Que te largues de mi casa!
Y Sasuke afrontó la realidad y emprendió camino de regreso a la puerta. Pero en el transcurso, su mundo se vino abajo, ese mundo que prendía de un delgado y gastado hilo, se derrumbó.
Cayó en mil pedazos cuando vio en aquel sillón de color verde chillante unos trapos oscuros contrastando y llamando a gritos su atención. Aquella bufanda de color gris inconfundible con el logo de los Uchiha; aquella misma que él le había regalado a su hermano.
—Dile a ese desgraciado que jamás se lo perdonaré.
Escupió las ya deplorables rosas y las pisoteó antes de largarse.
[...]
—¿Entonces?
—Mikoto, es una locura.
¿Que si lo era?, ¿que si ella no lo sabía?
—Necesito a todo tu cuerpo de investigación, Kakashi, esto va más allá de los negocios... Estamos hablando de mafia.
La Uchiha sirvió otra copa de coñac mientras reía. Kakashi vio perturbante aquello.
—No quiero involucrar a más gente en esto.
No, no quería, de hecho, no quería ya ni estar él, pero ya era demasiado tarde, ya se había involucrado mucho.
Habían descubierto, a base de un pretencioso análisis interno gracias a cierto sobrino en la empresa, que sí, había faltantes en ingresos y curiosamente excesos de salidas. Se toparon con varios nombres, nombres de personas testigos de las injusticias ahí dentro.
Y no todo era la pinta de la empresa de franquicias más elaborada de medio mundo.
—Tus perros esos son la pieza faltante, ¿que no lo ves? —dijo ella haciendo entrega de la ya cuarta copa.
—Está bien. —Refunfuñó Hatake después de un silencio.
—Pero Kakashi —dijo seria —, sin tanto desastre, el apellido está de por medio.
Mikoto sonrió y chocaron copas.
—Ahora si me permites, tengo unos hijos qué buscar.
[...]
La tormenta que había dejado aquel suceso con nombre y apellido había sido catastrófico. Sasuke cada vez dejaba más pedazos damnificados en Sakura cuando éste se presentaba.
El llanto rellenaba hasta el último hueco de aquel departamento. Lloraba y temblaba intensamente del amargo sentimiento que la retumbaba.
Pero ya había pasado, ya estaba pasando. El torrente acuoso del que sus ojos fueron partícipes ya no era más que unas tranquilas lágrimas. Y cuando decidió por fin despegar su pecho y frente de la puerta, se dirigió al sofá y se dejó caer sin fuerzas de nada.
Un olor a sueño le hizo recordar la realidad. Eza fragancia, ese aroma... Aquella bufanda que se encontraba bajo ella. Esa realidad, esa que ya no distinguía si buena o mala, le hizo recordar que no estaba sola.
'¿Habrá escuchado?'
¡Cómo no iba a escuchar!, si hasta la vecina se asomó por el balcón de lado por semejantes gritos.
Muerta de pena, y con el corazón a un ritmo casi increíble, salió corriendo hacia el pasillo que daba a su habitación.
No llegó hasta ella, pues la razón de su búsqueda se encontraba sentado en el suelo en contra a la puerta de la misma habitación.
—Itachi —dijo mientras prendía la luz del pasillo.
Este no respondió y sólo flexionó las piernas para dar cabida a la presencia de Sakura en el estrecho pasillo.
Quedaron un rato en silencio, incapaces de buscar la cara del otro. Hasta que, sacándole del transe, la mano de Itachi se posicionó en la mejilla que tenía en frente y limpió las aún frescas lágrimas.
—¿Contra todo eso luchaste sola?
Sabía a qué se refería, Itachi había escuchado todo. Ella, incapaz de articular palabra, sólo asintió siendo víctima nuevamente de aquel llanto ardiente dentro que se negaba a ser apagado.
Agachó la cabeza y cubrió con sus manos la cara.
¿Por qué ahora era tan difícil?, es decir, ya no le quería y estaba mejor así.
Pero es que ella no comprendía que ya no lloraba por él, sino por ella misma. Por todo aquel daño que se dejó hacer, por todo aquel amor que se negó a darse.
Aún así, dolía el recuerdo, cada vez menos, pero cada vez más seguido. Itachi se dio cuenta y, sin apartar la mano de aquella cara impregnada, aprovechando la posición de esta, la jaló hacia él.
Ese tirón inocente de malicia, esa ventaja sobre la debilidad que no hacía mal. Esa intención de calmar aquel fuego doloroso en la garganta de ella. Ese abrazo que decidió darle ante aquel derrumbe.
—Lo siento mucho.
El sollozo se apagó en el pecho de él, lo rodeó con los brazos y, sólo entonces, supo en la situación en la que se encontraba.
Fueron varios los minutos que pasaron para que Sakura recuperara el habla y el real conocimiento.
—No pidas perdón por él, no tienes la culpa de nada.
—Ya todo estará bien, tranquila, ya pasara. —le habló Itachi como si de una pequeña cría se tratara.
Ella sonrió cuando él dejó de acariciarle el cabello y habló:
—Voy a salir.
—No sin antes cenar.
Y no hubo cabida para alguna discusión ante el carácter imperial de aquella delgada chica entre sus brazos.
[...]
Shisui era una persona con una bastante perfecta adaptación en cualquier sitio. A donde llegara y con quien llegara, en cuestión de minutos se desenvolvía como si estuviera en su casa. Era fácil para él, casi natural, pero una cosa no toleraba; tener a más de una persona en su casa.
Se sentía incómodo, inquieto, como un gato salvaje enjaulado.
Sólo Itachi había sido el merecedor de permanecer en aquellas paredes en calidad de huésped. Nadie más, nadie menos, nunca.
Claro, a menos que fuera una chica con las piernas entre sus caderas. Entonces hacía una generosa excepción.
Por eso, el esperar por aquel destructivo primo menor le tenía los nervios de punta.
—No entiendo cómo te llaman genio y se te ocurre reunirte con el pasivo de tu hermano en MI departamento.
Habló indignado Shisui sin verlo a la cara. Su mirada era destinada a la repisa de la sala, aquella donde su perfecta colección de autos en miniatura se encontraba, imaginándose el peor de los escenarios, donde un berrinchudo Sasuke tuviera un arranque y aquellos autos fueran sus víctimas.
Oh, aquella carita perfecta se vería afectada en ese entonces.
Pues Shisui ya se estaba cansando. Había pasado toda una vida alado de Itachi soportando ver cómo este y sus padres le consentían cualquier capricho, formando de a poco a la pequeña bestia que ahora era.
—No puedo dejar que sepa dónde estoy viviendo. Por cierto —dijo reclinándose en el sofá de la sala —, hoy fue al departamento de Sakura, yo estaba ahí.
—¡¿Qué?!, ¿y los encontró follando?
La mera cara de Sasuke en su cabeza lo partió de risa.
—No, Shisui. Sakura es una dama y ella sólo está teniendo buena voluntad conmigo...
—Sí, sí, sí —interrumpió Shisui —, ahora viene el cuento del "no me gusta". Deja me pongo cómodo.
—Por suerte no nos vio juntos.
—¿Y por eso lo citaste aquí?, digo, ¿o también eso vas a ocultar?
—Lo cité para cosas de la empresa. Ahora que es parte, debe saber como actuar ahí.
—Mn, ya veo, para entrenarlo.
Itachi iba a alegar que ese término no era el adecuado, pues su hermano no era ningún perro, pero el toque de la puerta irrumpió de prontro.
Demandante y fuerte, no podía ser otro más que Sasuke.
—Y bien dijo que llegaría tarde. —Dijo Shisui mientras caminaba a la puerta.
—¡¿Dónde está el bastardo?!
Se escuchó en la entrada. Itachi fue y lo que vio ya se lo medio esperaba. Sasuke no permanecía sin alcohol en su cuerpo pasando la puesta de sol.
—Sasuke, ¿no podías haber venido sobrio?
—¡Cállate, maldito falso!
Aquello sorprendió no sólo a Itachi, si no también a Shisui. Y no el hecho de verlo tan borracho arruinando todo plan predeterminado, sino el hecho de gritarle de esa forma a su hermano.
—¡Sasuke!, ¿qué te pasa?
—¡Tú no te metas, imbécil!
—¡Sasuke! —esta vez gritó Itachi.
—¡Sasuke nada!, ¡ya basta de hipocresía, Itachi!
Avanzó a paso agresivo y torpe por los efectos del alcohol. Itachi no retrocedió y Shisui no creyó que fuera Sasuke capaz de hacer una estupidez.
Pero la hizo.
—¡Me quitaste a la mujer que amo!, ¡a la única que se ha interesado por mí y te la llevaste!, ¡estabas hoy con ella, ¿crees que soy estúpido?!
—Sasuke, puedo explicarte...
No, Sasuke no lo dejó explicar y le plantó, torpemente, el puño en la cara. Itachi tambaleó y el otro aprovechó para arrojarlo a la pared. Como fiera iba, cegado a arremetar a aquel hermano, hasta que los brazos de Shisui lo lanzaron lejos.
Cuando lo vio a una distancia considerable y medio aturdido, corrió hacia Itachi, quien parecía más afectado. Lo vio, cuando ya estuvo lo suficientemente cerca, que estaba medio consiente, tomándose el pecho y sangrando por la boca. Fue lo último que vio, en realidad, pues aquella botella con la que Sasuke llegó de una mano, fue estrellada en su cabeza y perdió conciencia.
[...]
Continuará...
Hola, chicos, ¿qué tal? ¿mucho drama?, quizás me pasé un poco y quizás me faltaron muchas cosas. Y sí, es corto.
¡Nos leemos pronto!
