In your tears and in your blood. In your fire and in your flood, I hear you laugh, I hear you sing.

I wouldn't change a single thing.

[...]

Cuando arribó en la mansión tuvo una punzada en el pecho tan fuerte como la mañana del día en que secuestraron a Sasuke; y este suceso había dado cabida en entradas horas de la noche. También la tuvo la noche anterior del día en que Sasuke había tenido aquella pelea escolar y terminó siendo ingresado al hospital por lesiones ocasionadas con un cúter.

No era preocupación, pues esa siempre la tenía. Le bastaba el hecho de no saber de su hijo mayor y tener que andar cuidando de las estupideces del menor para tenerla en cada minuto del día.

Era otra sensación, una cosa maldita dentro de ella que le decía que algo estaba por pasar.

'Oh, sí, intuición materna'.

Al menos eso le quedaba de madre.

Cuando se adentró a la casa y vio aquellos finísimos jarrones exportados de quién sabe dónde que Itachi le regaló el cumpleaños pasado destrozados en el piso, los muebles de la sala volteados y a la gente del servicio apurada e inquieta, supo que ahí había de una: Sasuke estuvo ahí y ella acertaba con esa intuición.

—Señora Mikoto, el joven Sasuke llegó muy alterado y se fue demasiado enojado y borracho. —dijo la chica del servicio más joven. La que aún no aprendía a no hablar sobre los asuntos de los familiares.

Entonces la punzada en su pecho se intensificó y, por una extraña razón, la imagen de Itachi había ido a su mente.

—¿Sabes a dónde fue?

—No, el chófer debe saber, pidió ser llevado.

—Gracias, Yugi. —habló nerviosa Mikoto.

Con paso meramente automático salió de ahí y marcó un número ya estando en su propio auto.

—Suike —dijo cuando le fue respondida la llamada —, habla Mikoto, quiero saber a dónde diablos llevó a mi hijo... Está bien... Gracias. —colgó y se dirigió al hombre que callado esperaba indicaciones detrás del volante —Vamos a la casa de mi sobrino Shisui.

La intuición de Mikoto jamás se equivocaba.

[...]

—¡Shisui!

Al quinto grito su sobrino pareció despertar, no lo suficiente, pero le aseguraba estar con vida. Así que fue por un vaso con agua a la cocina y sin mucho cuidado la arrojó a la cara del muchacho.

—¡Tía! —gritó asustado.

—¿Qué ha pasado, Shisui?, ¿qué ha pasado con mis hijos?

En la aturdida cabeza de Shisui las imágenes vinieron de golpe, tanto que dolieron. Justo donde aquel vidrio se estrelló en su cabeza, ahí dolió.

Con muy pobres penas, rodó los ojos por todo el departamento. Vio un cuerpo, tirado y maltrecho, pero no era el que buscaba.

Itachi no se encontraba ahí.

Pero las gotas de sangre que se dirigían a la parte interna del departamento le dijeron exactamente qué sucedía ahí. Genio como siempre, habló.

—Su hijito estúpido vino a agredirme con ese grado de alcohol que lo hace más estúpido.

—¿Itachi no estuvo aquí? —preguntó Mikoto extrañada.

Pero Shisui, actor de regadera, colega en mentiras y, aún cuando era proclamado "genio", si se trataba de su primo o algún otro amigo, respondía siempre un falso "no sé", o en su necesario caso, un:

—No —respondió inmediatamente, sin titubeos —, Sasuke llegó exigiendo saber de él, yo no sabía, me agredió y lo tuve que poner en su lugar... Después me estrelló la botella y ya no supe nada.

—Entiendo...

—Debe llevarlo al hospital, tía, puedo apostar que lleva una seria intoxicación alcohólica.

Mikoto lo miró preocupada. Hizo una seña al chófer y este inmediatamente levantó al muchacho en cuestión como un saco de harina y lo sacó de ahí.

—¿No quieres que te lleve también?

—No, yo estaré bien... Sólo, espero que no se vuelva a repetir.

Mikoto se despidió y después de ver que su sobrino podía andar sin problemas y que aquella lesión no era nada grave, se marchó.

En cuanto esto dio lugar, Shisui corrió a su habitación como alma que lleva el diablo.

—¡Itachi! —llamaba Shisui casi a gritos.

Cuando no lo encontró ni en el baño jaló de sus rizados cabellos y pensó en lo peor.

¿Cómo pudo haberse desmayado?, ¿cómo pudo bajar tanto la guardia?

La última imagen que tenía de Itachi en la mente lo estaba matando y ahora no lo veía por ningún rincón.

—Shisui.

Se escuchó quedo, bastante bajo y débil, pero... ¿Dónde?

—Aquí... —se escuchó a sus espaldas, detrás de la puerta del balcón.

—¡Tachi! —gritó sonriente Shisui cuando lo vio -relativamente- bien.

—Madre ya se fue.

—Sí, fueron al hospital a llevar al mocoso.

—Bien.

Shisui estaba por decir algo más, comenzaría con la cuenta y el dictamen de los daños ocasionados a su -jamás humilde- morada, pero el otro Uchiha no lo dejó. Captó su atención sin querer cuando lo vio torcer la cara por el dolor en su pecho y apretar con sus manos éste. Se horrorizó cuando de su boca salió un gran chorro de sangre, mojando por completo desde su boca hasta la clavícula, manchando y dejando en el olvido el blanco que era su camisa.

—¡Itachi! —lo sostuvo cuando lo vio perder el equilibrio.

Se arrodilló junto su primo y preocupado comenzó a alterarse.

—¡Tranquilo, tranquilo! —decía el mayor muy contrario a sus acciones —ya haré algo.

Recordó aquellos tutoriales vistos de primeros auxilios que solía ver últimamente en youtube y sólo atinó a nada.

Cuán inútiles resultaban aquellos vídeos.

—Estaré bien. —Habló en susurros cuando el ataque ya había cesado.

Estaba mintiendo, Shisui lo sabía. Estaba luchando demasiado para no rendirse ahí mismo y, con el miedo en sus palabras, Shisui tiró provocando:

—Entonces ya levántate de ahí.

—Aquí estoy bien.

¿Cómo era posible que, a esas alturas de la asquerosa vida, su primo se aferraba a aparentar lo que no era?, y con él -Shisui-, para lo peor del caso.

—Debería dejarte morir aquí por estúpido, tú no estás nada bien.

Habló mientras hacía lo propio que el chófer había hecho con el otro hijo de Mikoto.

[...]

—¿Entonces no lo golpeaste ni le dijiste nada?

La respuesta quedó enfrascada en la intriga cuando el otro pareció no querer responder jamás.

Pero es que Itachi estaba completamente entretenido en la nueva cuestión que había llegado a su mente desde hace unos momentos; ¿cuántas veces terminó escondido en el pasillo del baño ese día?

Dos.

Dios, cuánta analogía a una comadreja...

Había sido demasiado Itachi para ese día.

Ya estaba, por decirlo sutilmente, devastado. Y ni siquiera eran las doce.

Qué horror. Era lo peor de cuando ingresaba al odioso hospital; que el tiempo se fuera lenta y tormentosamente. Podía soportar (y a esas alturas ya no mucho) que los analgésicos fueran tan fuertes que sirvieran como alguna clase de droga muy leve; demasiado baja como para mantenerlo despierto y consciente de cualquier cosa que se dijera y pasara a su alrededor, pero no para mantener sus cinco sentidos en un correcto funcionamiento.

Pues vaya, qué tortura era esa en la que el insoportable tono de voz de su primo, la luz de la lámpara, el olor excesivo a cloro de ese lugar, o incluso el hecho de voltear demasiado rápido a una dirección, todo eso (junto o separado) provocaba en él mareos y tantos de esos vómitos involuntarios. Mil horrores.

—Eres una comadreja demasiado blanda.

Escuchó de su primo decir. Lo vio levantarse y salir del cuarto, no sin antes provocarle alguna molestia; un pellizco en la mejilla esa vez bastó.

Decidió rendirse ante el sueño. Ya con su primo afuera tenía la certeza de no estar olvidando que alguien estaba con él en esa habitación. Realmente no sabía cuánto tiempo más estaría ahí, ya habían pasado tres horas, quizás le quedaría otras dos, o quizás días, meses...

—No importa. —Se dijo en un susurro. Sólo por sacar esas palabras de su mente y escucharlas.

'Todo estará bien.'

Aprendió de Shisui a decir eso.

Y cayó, por fin, ante un descanso tan necesitado.

[...]

Cada vez que salía de una habitación de ese gran hospital, desde que su primo estuvo ahí por primera vez, Shisui se autollamaba de distintas formas según el caso. Cuando encerró a la médico Haruno con el moribundo de su primo, se dijo ser un Cupido. Cuando Itachi recibió la primer parte de su tratamiento, Shisui no supo cómo catalogarse y terminó por decirse una excelente compañía.

Pero esa noche salió de ahí autoproclamándose un loco. En realidad, consideraba todo aquello ya una locura. Y no se sorprendería que todo lo arrastrara a una caída sin fin en cualquier momento si se descuidaba.

Por eso y no más, en ese momento y en ese lugar, sólo podía pensar en el mañana.

Sabía que no podía pararse a pensar y detallar el presente, pues, aún sobre sus cimientos espirituales idealistas que rayaban de lo budista, no quería recibir ese presente.

No, no lo quería, lo negaba, lo repudiaba, le temía. Y el pasado... bueno, el pasado no era mejor.

Sólo le quedaba pensar en sus siguientes movimientos, en el futuro. Pensar con la cabeza fresca, con mirada objetiva, tal cual cazador era.

Tal cual genio que solían llamarlo.

Pero, por más que hasta él mismo solía olvidarlo, no eran más que un par de seres humanos.

Jóvenes, inconclusos, con miedos y errores.

No era momento para pararse a maldecir y recriminar el presente (por más que quisiera), pero si las fuerzas cada día se agotaban y el miedo cada vez crecía más en su pecho, él sabía muy bien el porqué.

Oh, claro que lo sabía. Pero valía más hacerse el tonto y andar por ahí con esa sonrisa de oreja a oreja.

—Quisiera hablar con Tsunade.

—Lo siento, Tsunade no puede atender a nadie en estos momentos.

Pero cuando el Uchiha ese tenía un plan, nadie ni nada se interponía entre el éxito de este. Ni siquiera esa recepcionista y su desvergonzada coquetería.

Porque en esa materia él era experto.

—¿Y por qué no hacemos como que entré sin que te dieras cuenta —habló Shisui reclinándose hacia la chica, cogiendo entre sus dedos un rizado mechón y llevando sus pupilas con picardía por todas las magnitudes de ella —, y cuando salga de aquí tú y yo vamos por una copa?

Ella rió, emocionada con el encanto de Shisui. Ya lo conocía, era el del cuerpo parpadeante.

Y sólo las chicas que habían estado con él sabían el por qué de este apodo.

En realidad, el apellido Uchiha tenía demasiado peso en la comunidad del género femenino (eso sin contar el masculino), eran demasiado conocidos y codiciados.

—... ¿O te vas a negar? —le susurró en el oído.

La chica no contuvo la risa nerviosa y emocionada cuando sintió la lengua del chico en el lóbulo de la oreja.

—Que sea rápido.

Y sin hacer dudar de su apodo, Shisui desapareció de ahí como la luz.

'Quizás sea más de una copa'.

[...]

—No debe tardar en despertar, no fue tan grave después de todo.

—Gracias, doctor Togiko —dijo Mikoto en el otro extremo de la habitación —, se verá bonificado por su excelente servicio y claro, por su discreción también.

Dicho lo último, el médico se retiró de la mansión. Mikoto había acertado cuando vio que su hijo no estaba tan grave y decidió no ir al hospital. Llamó al médico familiar y ahora tenía a su Sasuke plácidamente dormido, oliendo a alcohol y a quién sabe qué otras sustancias sobre la cama.

—Naruto, ¿sabes dónde estuvo Sasuke hoy después de verte?

Habló al teléfono ya fuera de la habitación.

No sé exactamente, señora... Iba a ir con Sakura y yo le dije que no estaba bien, ¡pero es un idiota, 'dattebayo—se escuchó del otro lado de la línea.

—¿Quién es Sakura?

Oh, Naruto y su gran bocota.

Eh, bueno... Es una "amiga" por así decirlo... ¡Sí!, es una amiga mía, nos conocimos en el preescolar...

—¡Naruto!

¡Ay, señora Mikoto, no me regañe!, ¡Es la ex novia de Sasuke! me va a matar si se entera que le dije— lloriqueó Uzumaki.

Ex novia...

Con eso era suficiente para la matriarca.

Pero... —se oyó de pronto seguido de un curioso silencio

—¿Pero?

El bastard... digo, Sasuke, comentó algo sobre una cita con su hermano Itachi, no sé si le sirva de algo, mamá Mikoto. —Naruto enfatizó esto último con un mimado tono.

—Sí, Naruto, de hecho me sirve bastante.

¿Y para qué quiere saber? —preguntó curioso.

—Te tengo que colgar, cariño. A ver cuando vienes y te preparo esa asquerosa sopa, besos.

Mikoto colgó ignorando los balbuceos incoherentes de un Naruto confundido.

Con que Shisui había mentido...

No le extrañaba, Itachi y él siempre fueron cómplices hasta en las mentiras. Había sido ese muchacho el que había llevado por el mal camino a su Itachi, por el camino de las mentiras.

Pero la Uchiha jamás iba a aceptar que Itachi siempre fue un mentiroso nato y ella una ilusa que caía siempre en sus mentiras.

Se iba a volver loca. Su hijo mayor, el menor, su ex marido y ahora hasta su sobrino. Era suficiente.

Entró y vio a su hijo, aún dormía. Se acercó lo suficiente y notó que los nudillos de su mano derecha estaban algo enrojecidos, que en la camisa arrugada, por la parte del cuello, se encontraban unos dedos marcados por sangre. Encontró eso y, si su hijo no traía heridas y su sobrino no demostró alguna hemorragia en la lesión, entonces, ¿de quién era la sangre?

'De Itachi'.

[...]

En cuanto puso un pie en su departamento, Itachi creyó que prepararse un baño era lo más prudente que podía hacer. Así que, sin mucho ánimo, aventó todo objeto que traía de más, fue a la parte interna y comenzó a llenar la tina en el baño.

No le gustaba mucho usar la tina, pero debía admitir que su cuerpo lo único que pedía era un descando decente, relajante y el agua tibia debía servir.

Había logrado salir del hospital sin que nadie lo notara, sin que Shisui se enterara y Sakura estaba demasiado ocupada con su turno que no había ido a verlo.

Así que aprovecharía la soledad para sentirse como una persona normal de nuevo. O bueno, quizás no normal, pero al menos fingir un poco de mejor salud.

Se sonrió a sí mismo pensando en lo patético que eso resultaba, pues su cuerpo ya estaba marcado por el uso de aparatos médicos y las cicatrices ya comenzaban a reinar en su piel. Sí, sonrió con asco.

Estando ya dentro y con el agua hasta los codos, no quiso pensar en nada, pero su mente era rebelde. Siempre pensando de más.

Maldito prodigio.

Pues la carita enojada de su hermano le vino a taladrar la cabeza.

Harto, cerró los ojos y echó su cabeza para atrás. Ya estaba demasiado cansado por todo lo que luchaba como para adjuntar una carga más.

A pesar de no haber descansado como tenía planeado, salió de ahí sintiéndose un poco mejor... físicamente. Cuando al llegar a la cocina, se topó con el móvil y sus quince llamadas perdidas. Diez de ellas eran de Mikoto.

Cuando estuvo a punto de regresar la llamada algo lo detuvo, el toque de la puerta le puso los nervios de punta.

'Paranoico'.

¡Qué va!, si sólo corrió a ponerse la primer camisa y tomó el primer cepillo que se le cruzó por su vista como objeto de defensa personal.

Sólo por si Sasuke o quien fuera tumbaba la puerta, porque él no pretendía abrir.

—¡Itachi! —Se escuchó del otro lado.

Oh, vaya, ese no era Sasuke. Y claro que ningún otro desconocido.

—¿Sakura?

—Itachi abre, muero de frío.

Despojando dudas y miedos, el Uchiha abrió la puerta. Y la encontró tan hermosa como siempre.

Ella pasó en cuánto el cerrojo de la puerta se escuchó abrir, sin mucho permiso se adentró a los aposentos del que solía llamarse su paciente.

—¿Qué pasa?

Preguntó él al verla tan nerviosa. Sakura, inquieta sólo se aproximó a la ventana.

—Creo que aquel auto de allá me venía siguiendo.

Confesó y él, asustado pero sin demostrarlo (obvio), miró también.

—¿El negro?

—¡Sí!

Lo reconoció. Esos autos solían verse ya sea rondando la mansión o en Uchiha Royalties, eran adquisición de la familia.

Fugaku. No pudo venirse alguien más a su mente que el nombre de su padre.

—Tranquila, es el vecino —mintió—, suele tener chóferes.

Ella decidió hacerle caso y tranquilizarse. Fue, cuando tomó el asiento que aún no le era ofrecido en aquella sala, que se dio cuenta de la confianza con la que se había adentrado en aquel departamento. Completamente avergonzada, a punto de hablar, el muchacho le robó la palabra.

—¿Cómo supiste dónde vivo?

—Eh, bueno... Shisui me dijo.

Qué milagro. Shisui de imprudente, como siempre.

—Ya veo, ¿y qué se te ofrece aquí?— preguntó tomando asiento.

—Quería... Bueno, me preguntaba...

'Quería verte.'

—¿Sakura?

—Saber cómo estabas, qué pasó y bueno, me quedo más tranquila al saber en dónde vives.

Él vio adorable en ella aquel nerviosismo que no pudo ocultar.

—Puedes venir cuando quieras, sólo que nadie sepa. —Dijo al mismo tiempo que se levantaba en dirección a la cocina.

—Dime... —habló muy no segura de seguirlo o quedarse ahí. —, ¿qué fue lo que pasó con Sasuke?

La espalda de Itachi se tensó y ella fue capaz de verlo.

—Él, no sé cómo, pero nos vio —Itachi habló bastante serio mientras servía té en dos tazas —y bueno, no se lo tomó muy bien.

Le entregó una taza y le sonrió.

—No pongas esa cara, era de esperarse. Mi hermanito nunca fue muy maduro que digamos.

—Pudo sucederte algo grave, tú no sabes qué tan agresivo puede llegar a ser Sasuke cuando está borracho.

—¿Más que una arteria casi dañada? —preguntó con una inexplicable gracia. —Descuida, aún soy el hermano mayor, lo conozco.

El paquete de galletas que puso en la mesita y el té fueron quienes dieron entrada a un determinado silencio. Ella viajó con sus ojos por todos los rincones del departamento.

Todo estaba exquisitamente ordenado. Incluso los colores, en escalas de grises, blancos y negros, todo así, sin perder su peculiar patrón. Muebles sencillos pero elegantes, no había televisión, alguna una planta o algo que representara vida además de ellos dos. Triste pero lindo, supo definir Sakura. Había sólo cuatro retratos que se perdían en la complejidad del entorno, ella, con toda esa confianza que jamás imaginó tener con él, se acercó y los tomó en las manos.

En uno, el más viejo, aparecía una mujer de mirada y sonrisa tierna, demasiado hermosa y elegante, que tenía a un Sasuke de unos cuatro años sentado en sus piernas. El chiquillo luciendo unas ropas que parecían de un príncipe y una sonrisa casi imposible para ser de él, incluso retratado se veía inquieto, como si en medio de una carcajada hubieran tomado dicha foto. A un lado, con ropas no menos finas y sólo tomando de la mano a su madre, estaba Itachi, un poco más mayor y con una sonrisa mucho más tranquila pero dulce. Con los mismos ojitos cansados, con el aura seria y triste que lo definía.

Itachi, con el ojo bien puesto en Sakura, presenció la sonrisa que salió de ella instantáneamente.

—¿Qué?, ¿te estás burlando de mi overol? —preguntó con gracia a medida que se acercaba a ella.

—Eran demasiado tiernos, incluso tú con las rodillas raspadas. —Dijo con gracia.

—Shisui me tumbó del columpio ese día.

Sakura ahogó su carcajada tras la palma de su mano ante esa confesión.

El otro retrato era de él con Sasuke a la edad de un par de años menos, Sasuke con el rictus serio y mirada arrogante, aún así, tenía un brazo alrededor del cuello de su hermano en forma de abrazo. Detrás de ellos se veía la torre Eiffel y Sakura recordó el presente prometido que jamás llegó a ella de ese viaje.

Pasó de largo al siguiente retrato y se encontró con un Shisui mostrando toda su dentadura riendo y teniendo muy abrazado a Itachi, el cual tenía en la cara rastros recién hechos de betún pastelero. Sakura rió, pues no era difícil imaginar que había sido otra travesura del mayor.

—No es mi mejor foto con Shisui, pero él, personalmente, fue quién dejó ese retrato aquí. "El toque especial" dice.

El último era de Itachi con aquella mujer del primero. Porque claro, era imposible confundirla con alguien más, ni siquiera el tiempo tenía marca en ese fino rostro. Elegantemente tomada del brazo del muchacho, aquella mujer sonreía, e Itachi levemente también. Tenían los mismos hoyuelos a los lados, y Sakura supo que era ella de quién habían heredado los hermanos Uchiha esa belleza enigmática. Sobre todo Sasuke, pero Itachi tenía también mucho parecido con ella.

—Es mi madre.

Claro que era su madre. Era obvio. Pero había algo que no cuadraba, algo extraño.

—Sasuke me dijo una vez que ella murió cuando él era un niño.

Itachi no se sorprendió de aquello. El mismo Sasuke le había ya gritado a su madre a todo pulmón cuán muerta estaba ella para él.

—Es complicado, pero así es Sasuke...

La Haruno no comprendió muy bien, pero al ver el rostro del Uchiha, comprendió que era un tema delicado.

—Mi madre lo adora, pero él no es capaz de verlo. —Agregó.

—Entiendo...

Ella lo tomó de la mano cuando lo vio perder la vista en la lejanía, y sólo eso lo hizo volver sonriendo. Sólo eso le brindaba la seguridad de que ya no estaría solo.

—¿Te quedas a dormir?

Le preguntó él, aprovechando y apretando delicadamente su mano con la de él.

—Sólo si me dejas colgar una fotografía mía ahí. —Dijo falsamente caprichosa Sakura.

Él rió ladeando su cabeza de la ternura de ella. Ella aprovechó para contemplar su perfil y esa nariz que se hacía más respingona cuando gesticulaba una sonrisa.

Dios, era tremendamente guapo.

Y, aquel muchacho de sonrisa perfecta y hoyuelos, supo que era ese rosa el que su departamento necesitaba sólo cuando lo tuvo en frente, entre sus brazos, y entonces, sólo en ese entonces lo supo.

[...]

—¿Tú qué diablos haces aquí?

—Buenos días, amor.

Volteó al reloj y miró la hora; las 5 a. m. Era jodidamente temprano.

—¡Lárgate de mi habitación ahora mismo!

No, Mikoto no se iría. No hasta saber lo que desconocía, comprobar lo que sospechaba y despejar las incógnitas necesarias. Haría gala de su inteligencia sobre su hijo.

Cuando la vio arrastrar una silla y posicionarse cómodamente en ella, Sasuke estalló en una rabieta.

—¡Maldita sea, que te largues!

—¡No!, no me iré a ningún lado hasta que me digas por qué pasó eso con Itachi.

Y el cuerpo de chico parecía haberse congelado.

Mikoto era astuta, bastante ágil al momento de usar palabras. Y Sasuke no era más que un pobre diablillo que aún le faltaba mucha maldad para darse cuenta de esto. Su madre le había tendido una trampa y él había caído. Pues la cara impresionada y los ojos bien abiertos le delataron.

Vualá. Mikoto sonrió por sus adentros.

—Ese bastardo es igual de hipócrita que tú. —Declaró al tiempo que se recargaba en el respaldo de la cama, sabiendo que le quedaba una larga charla por delante.

—Resultó gravemente herido.

Los hombros de Sasuke se tensaron y sus ojos delataron una preocupación que se negaba a declarar.

¿Qué había hecho?

¿Había sido capaz de herir a su adorado hermano... por Sakura?

El estómago se le revolvió y difícilmente sabría si era por la tremenda congestión que se metió la noche anterior o por los nervios de aquella noticia.

—¿Sasuke?

—Él me quitó a la única mujer que he amado y que me ha amado... —escupió las palabras con cierto veneno— Yo no quería herirlo, pero él sí lo logró. Tú y él son iguales, siempre lo dije.

Y el corazón de la matriarca dolió, esas palabras retumbaron efectivamente en su achicado corazón. Porque era su hijo, su amor pequeño, el último hombre que había llegado para quedarse para siempre en su alma. Y cómo dolían sus palabras.

Tenía a su Sasuke ahí, roto. O al menos lo que quedaba de él. Y su Itachi, bueno, quién sabe dónde estaría.

—Sasuke, saldremos de esta juntos.

—¡Cállate, desgraciada!, ¡cállate y lárgate lejos, déjame...

Mikoto, por vez primera en su vida, se mordió el corazón, tomó de la mano al orgullo y recordó su honor. Por primera vez, Mikoto Uchiha, había plantado una bofetada merecida en el rostro de su malcriado hijo.

—¡Saldremos de esta y de todas, juntos!, porque te amo, a ti y a tu hermano.

Y Sasuke, impactado, sólo se perdió en los ojos llorosos y furiosos de su madre como cuando era pequeño.

Con la mano puesta donde había recibido el golpe, y demasiado inconciente sobre su actitud, asintió sin dejar de mirarle a los ojos, asustado.

—Duerme, hijo. Iré a arreglar todo, te amo.

Dijo, aún con la furia en la boca y salió de ahí. Se dirigió sin rumbo fuera de la habitación de su hijo, sin sentido y sin emociones definidas.

Sasuke se quedó ahí, anonadado.

... ¿Era esa su madre?

[...]

Sakura se quedó lo que quedaba de la madrugada esa vez. Esa vez que era la primera de muchas. Parecía que se quedaba para ya no irse nunca.

A Itachi le dio la impresión de que era ella quien faltaba en ese departamento desde hace mucho.

No durmieron hasta que el sol salió y dio cabida a un nuevo día. Ella preparó café y el encendió la chimenea por primera vez desde que adquirió ese inmueble.

—¿Sabes?, me gusta pensar que estamos haciendo bien, pero me duele que tu hermano malinterprete todo...

—¿Malinterpretaciones?

Volteó a verla, desprendiendo su mirada un momento después de las llamas.

Se habían quedado un momento así, demasiado juntos, rozándose brazo con brazo en silencio. Había aprendido ella de él, en esas escasas horas, que disfrutaba de perderse en el fuego, del café y que se le daba tranquilizarse con las estrellas. Era enigmática toda su persona.

Platicaron por buen rato de sus problemas, Sakura lloró y él la consoló con poesía. Después, le mostró la tranquilidad del fuego y así se quedaron buen rato. Itachi con el dedo índice acariciaba la piel del brazo que rozaba con el suyo y Sakura terminó por apoyar su cabeza en el hombro del chico.

—No quiero que sean malinterpretaciones. —Confesó él.

—Ni yo.

Itachi se giró un poco a su lado y besó su frente, Sakura cerró sus ojos, disfrutando la caricia. Él tomó el suceso como permiso a seguir y bajó a la mejilla que tenía en su lado, después a la barbilla y, cuando estuvo demasiado cerca del final de sus labios, susurró:

—Hagámoslo realidad.

La Haruno sonrió y se adherió más al cuerpo del chico, lo abrazó y contempló sus latidos. El Uchiha jaló una manta y se acurrucaron en el piso alfombrado.

Fue la primera noche juntos, en calidad de uno solo.

[...]

Continuará...

[...]

Notas de autor:

Hola, chicxs. ¡Volvieron los capítulos largos!

Atención: el capítulo acaba de ser modificado, les pido una disculpa por haberlo publicado incompletamente.

Y quiero aprovechar para agradecer el comentario de Val (aún estando el capítulo de la anterior manera), tus comentarios son demasiado cálidos y estoy honrado de que cada vez sean más puntuales.

Espero les agrade, es mi regalo para ustedes de navidad.

Gracias a todos por sus lecturas y bellos comentarios, estaré respondiendo lo mas breve posible y a quien no pueda por ser usuario invitado, quiero agradecerles igualmente, son siempre bienvenidas sus palabras.

¡Felices fiestas y nos leemos pronto!

-Alexis.